sábado, 18 de febrero de 2012

NUESTRA SEÑORA, PRINCIPIO Y FIN DE LAS OBRAS DE DIOS

   
   El corazón me ha dictado cuanto acabo de escribir con alegría particular, para demostrar que la excelsa María, ha permanecido hasta ahora desconocida y que ésta, es una de las razones de que Jesucristo no sea todavía conocido como debe serlo. De suerte que si el conocimiento y reinado de Jesucristo han de dilatarse en el mundo como ciertamente sucederá esto acontecerá como consecuencia necesaria del conocimiento y reinado de la Santísima Virgen, quien lo trajo al mundo la primera vez y lo hará resplandecer, la segunda.


   Confieso con toda la Iglesia que siendo María una simple creatura salida de las manos del Altísimo, comparada con tan infinita Majestad es menos que un átomo, o, mejor, es nada, porque sólo Él es EL QUE ES. Por consiguiente, este Gran Señor siempre independiente y suficiente a Sí mismo, no tiene ni ha tenido absoluta necesidad de la Santísima Virgen para realizar su voluntad y manifestar su gloria. Le basta querer para hacerlo todo.




   Afirmo, sin embargo, que dadas las cosas como son habiendo querido Dios comenzar y acabar sus mayores obras por medio de la Santísima Virgen desde que la formó, es de creer que no cambiará jamás de proceder: es Dios y no cambia ni en sus sentimientos ni en su manera de obrar.



   Dios Padre entregó su Unigénito al mundo solamente por medio de María. Por más suspiros que hayan exhalado los patriarcas, por más ruegos que hayan elevado los profetas y santos de la antigua ley durante cuatro mil años a fin de obtener dicho Tesoro, solamente María lo ha merecido y ha hallado gracia delante de Dios por la fuerza de su plegaria y la elevación de sus virtudes. El mundo era indigno dice San Agustín de recibir al Hijo de Dios inmediatamente de manos al Padre, quien lo entregó a María para que el mundo lo recibiera por medio de Ella.


   Dios Hijo se hizo hombre para nuestra salvación, pero en María y por María. Dios Espíritu Santo formó a Jesucristo en María, pero después de haberle pedido consentimiento por medio de los primeros ministros de su corte.


   Dios Padre comunicó a María su fecundidad, en cuanto una pura creatura era capaz de recibirla para que pudiera engendrar a su Hijo y a todos los miembros de su Cuerpo Místico.


   Dios Hijo descendió al seno virginal de María como nuevo Adán a su paraíso terrestre, para complacerse y realizar allí secretamente maravillas de gracia.


San Luis Mª. Grignión de Montfort
"Tratado de la Verdadera Devoción"

*  *  *

4 comentarios:

  1. El Tratado de san Luis María Grignion de Monfort me fue de gran ayuda cuando lo leí. Creo que debo volver a releerlo y refrescar toda mi promesa a María santísima.

    Un saludo y, de verdad, muchas gracias por acercarme de nuevo a estas palabras del Tratado.

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  2. Quien de veras ame a Nuestra Señora y quiera entregarse a Ella en calidad de Esclavo de Amor, tendría no sólo leer, sino rumiar palabra por palabra de este gran Tratado; creo que no conocí la virtud y el poder de intercesión de la Virgen Purísima hasta que llegó a mis manos este libro de cabecera, tan recomendado por mi querido Dr. Plinio Correa de Oliveira.

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    1. Lo que dices no puede ser más cierto. La expresión 'libro de cabecera' es aquí totalmente certera y evocadora.


      In Christo et in communione laudis

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  3. Que hermosas palabras y cuanta devoción a Nuestra Madre del Cielo, Bienaventurados aquellos Santos a los cuales se les develaron tan grandes secretos acerca de María, son los hijos mas pequeños los que han sido favorecidos con tan grandes gracias y Sabiduría y no podemos decir menos de Nuestro Querido San Luis por algo el mismo se llamaba ESCLAVO DE MARIA.

    Seamos nosotros pues al igual que este gran Santo, esclavos de Mamita María.

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