viernes, 6 de noviembre de 2026

LAS SANTAS LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO



                    La Doctrina Católica sobre el Purgatorio encuentra un auxilio supremo y consolador en la devoción a las Sagradas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo. La Piedad Tradicional de la Iglesia y los escritos de los Santos han enseñado de forma constante que las Llagas de Cristo Nuestro Señor no solo son el sello de nuestra redención en la Cruz, sino un tesoro infinito de méritos que se puede y se debe aplicar en sufragio por las almas dolientes.

                    Las Llagas Santísimas representan el precio material e incruento con el que se pagó la culpa de la humanidad. Aplicar este Mérito a los difuntos es un acto conforme a otra Verdad Católica: la Comunión de los Santos. El Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, explica en la Suma Teológica la eficacia de la Pasión y de los miembros llagados de Cristo aplicados a la remisión de las penas: "La Pasión de Cristo obró de un modo eficiente la salvación humana, no solo por modo de mérito, sino también por modo de eficiencia. [...] Y como la Pasión de Cristo fue suficiente y superabundante para los pecados de todo el género humano, Sus méritos se aplican a los Fieles tanto vivos como difuntos a través de los Sacramentos y de los sufragios de la Iglesia" (1).

                    Esta misma doctrina sobre la eficacia de la Sangre y las Llagas de Cristo como sufragio infalible fue reiterada siglos más tarde por el Concilio de Trento, al definir el carácter propiciatorio del Santo Sacrificio del Altar, donde se renuevan los méritos de la Pasión: "Por lo cual, ofrecido legítimamente a Dios por los vivos y difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y otras necesidades, se aplica con toda verdad, por la tradición de los Apóstoles, en sufragio de los Fieles Difuntos que murieron en Cristo y no están aún enteramente purificados" (2).

                    Las almas retenidas en el Purgatorio padecen penas intensísimas de expiación, y al no poder ya merecer por sí mismas, dependen enteramente de la caridad de la Iglesia militante. Ofrecer al Padre Eterno las Sagradas Llagas es invocar el argumento más poderoso ante la Justicia Divina, puesto que se le presentan las Llagas de Su propio Hijo amado en satisfacción por las culpas ajenas. 

                    A la Venerable Sor María Marta Chambon, Nuestro Señor reiteradamente le confió de manera explícita la eficacia de este tesoro para el alivio de las Almas del Purgatorio: "Las Santas Llagas son el tesoro de los tesoros para las almas del Purgatorio", "Voy a darte una ocupación: tú ofrecerás tus sufrimientos, en unión con los Míos divinos, por las Almas del Purgatorio..." ,"Cuando ofrecéis Mis Santas Llagas por los pecadores, no olvidéis hacerlo también por las Almas del Purgatorio, ya que pocos piensan en lo que Ellas sufren." (3).

                    En la misma línea de la tradición ascética, San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, exhortaba en sus escritos a ofrecer los Dolores y la Sangre de Cristo por los difuntos: "Padre Eterno, os ofrecemos la Sangre Preciosísima de Jesucristo, en sufragio de las Almas del Purgatorio, y en particular por la más devota de este lugar... Dios mío, tened piedad de aquellas Almas que arden en el fuego purificador, y aplicadles los Méritos de la Pasión Santísima de Vuestro Hijo" (4).

                    El Papa León XIII, en su encíclica Mirae Caritatis, ratificó la amplitud de los frutos de la Pasión aplicados a la Iglesia Purgante: "La eficacia del Sacrificio Eucarístico, que es una misma cosa con el Sacrificio de la Cruz, se extiende amplísimamente no solo a los vivos, sino también a los difuntos que murieron en Señor y que aún no han pagado completamente la deuda de sus pecados" (5).

                    La devoción a las Llagas de Cristo unida al sufragio por los difuntos constituye una manifestación excelsa de la Caridad Cristiana dentro del Cuerpo Místico, por lo que presentar las Benditas Llagas ensangrentadas del Salvador al Padre Eterno es interponer el escudo de la Misericordia frente al rigor de la Justicia, acelerando el tránsito de las almas purgantes hacia la eterna Beatitud Celestial.


NOTAS


            1) Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae.

            2) Concilio Ecuménico de Trento, Sesión XXII.

            3) Autobiografía y Escritos espirituales.   

            4) Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima para todos los días del mes, Visita decimocuarta.

            5) Encíclica Mirae Caritatis, 28 de Mayo de 1902.



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