viernes, 28 de junio de 2019

FESTIVIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, "la Devoción que es Síntesis del Misterio de nuestra Redención"




              El protestantismo en el siglo XVI y el jansenismo en el XVII, habían puesto todos los medios posibles para desfigurar uno de los dogmas esenciales del cristianismo, cual es el amor de Dios a todos los hombres.

              Era pues necesario que el Espíritu de Amor, que rige siempre a la Santa Iglesia, encontrase un medio nuevo para oponerse a la herejía avallasadora, a fin de que la Esposa de Cristo, lejos de disminuir su amor a Jesús, lo sintiese acrecentado cada día más y más.

              En el culto católico, esa norma tan segura de nuestra creencia, fue donde se verificó tal manifestación, al instituirse la Festividad del Corazón Sacratísimo de Jesús.

              Las dos vírgenes benedictinas Santa Gertrudis y Santa Matilde, en el siglo XIII, tuvieron una visión muy clara de toda la magnitud de la devoción al Sagrado Corazón; San Juan Evangelista, se apareció a la primera y le anunció que "la revelación de los dulcísimos latidos del Corazón de Jesús, que él mismo había oído al recostarse sobre Su Pecho, estaba reservada para los últimos tiempos, cuando el mundo, envejecido y enfriado en el divino Amor, tendría que calentarse con la revelación de estos misterios". (1)

              Este Corazón, dicen las dos Santas, es un altar sobre el que Cristo se ofrece al Padre como Hostia perfecta y en todo agradable. En este Corazón se ennoblecen y se tornan gratas al Padre las alabanzas y acciones de gracias que a Dios damos y todas cuantas buenas obras hacemos.

             Para que este culto fuese público y oficial, la Providencia suscitó primeramente a San Juan Eudes, el cual compuso ya en 1670 un Oficio y Misa del Sagrado Corazón. Después escogió Dios a Santa Margarita María de Alacoque, a la que Jesús mostró Su Corazón en Paray-le-Monial, el 16 de Junio de 1675, entonces Domingo del Corpus, y le mandó que estableciese una Fiesta del Sagrado Corazón el Viernes que sigue a la Octava del Santísimo Sacramento. Del Beato Claudio de la Colombière, jesuita y confesor de la vidente salesa, heredó la Compañía de Jesús el celo por extenderla.

              Esta Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús no se relaciona con ningún misterio particular de la Vida del Salvador, sino que los abarca todos, y por ende, la devoción al Sagrado Corazón se extiende a todos los beneficios que durante el año nos ha prodigado la Caridad Divina. Ésta es pues la Fiesta del Amor de Dios a los hombres.





            "...del Corazón traspasado del Redentor nació la Iglesia, verdadera dispensadora de la Sangre de la Redención; y del mismo fluye abundantemente la gracia de los sacramentos que a los hijos de la Iglesia comunican la vida sobrenatural, como leemos en la Sagrada Liturgia: «Del Corazón abierto nace la Iglesia, desposada con Cristo... Tú, que del Corazón haces manar la gracia».

          Nada, por lo tanto, prohíbe que adoremos el Corazón Sacratísimo de Jesucristo como participación y símbolo natural, el más expresivo, de aquel Amor inexhausto que Nuestro Divino Redentor siente aún hoy hacia el género humano. Ya no está sometido a las perturbaciones de esta vida mortal; sin embargo, vive y palpita y está unido de modo indisoluble a la Persona del Verbo Divino, y, en ella y por ella, a Su Divina Voluntad. Y porque el Corazón de Cristo se desborda en Amor divino y humano, y porque está lleno de los tesoros de todas las gracias que Nuestro Redentor adquirió por los méritos de Su Vida, Padecimientos y Muerte, es, sin duda, la fuente perenne de aquel Amor que su Espíritu comunica a todos los miembros de Su Cuerpo Místico.

          Así, pues, el Corazón de Nuestro Salvador en cierto modo refleja la imagen de la Divina Persona del Verbo, y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y así en él podemos considerar no sólo el símbolo, sino también, en cierto modo, la Síntesis de todo el Misterio de nuestra Redención. Luego, cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en Él y por Él adoramos así el Amor increado del Verbo Divino como Su Amor humano, con todos sus demás afectos y virtudes, pues por un amor y por el otro Nuestro Redentor se movió a inmolarse por nosotros y por toda la Iglesia, Su Esposa, según el Apóstol: «Cristo amó a Su Iglesia y se entregó a Sí Mismo por Ella, para santificarla, purificándola con el bautismo de agua por la Palabra de vida, a fin de hacerla comparecer ante Sí llena de Gloria, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino siendo Santa e Inmaculada"...


Papa Pío XII, "Haurietis Aquas", 15 de Mayo de 1956



NOTAS ACLARATORIAS

1- Santa Gertrudis, Heraldo del Divino Amor, Liv. IV, c.4 




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