lunes, 13 de abril de 2026

ANA DE MONTEAGUDO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO (III)



                    El Padre Marcos, Capellán de la Madre Ana de Monteagudo, dice que un año, estando cercana la Fiesta de San Nicolás de Tolentino, la Madre Monteagudo no tenía dinero alguno para hacer los sufragios para las Almas del Purgatorio y se fue al Coro de la iglesia conventual a pedirles que mandaran todo lo necesario. 

                    Al poco rato, llegó a la portería el Obispo Monseñor Gaspar de Villarroel y Ordóñez, e hizo abrir las puertas, pues ya estaban cerradas. El Prelado hizo llamar a la Madre Ana y le preguntó qué estaba haciendo. Ella le respondió que encomendándose a Dios para que moviese a alguien para darle lo necesario para los sufragios de las Almas del Purgatorio en la Fiesta de su Patrón, San Nicolás. El Señor Obispo le dijo que, mientras estaba rezando el Oficio Divino, le habían quitado el breviario de las manos sin saber cómo, quedando asombrado. Inmediatamente, le vino a la mente la Sierva de Dios y sus Almas. Por eso, sin esperar más, había acudido al Monasterio para saber qué necesitaba. 

                    La Madre Ana de Monteagudo le dijo que necesitaba 200 escudos, y el Obispo, sin vacilar, se los dio. Así pudo celebrar bien la Fiesta. Por ello, les pidió a las Almas que se mostraran agradecidas al Obispo, aumentándole los bienes materiales y espirituales. Entonces, se le hicieron presentes algunas Almas con una bandeja en la que había cruces resplandecientes. Ella les dijo que le dieran las cruces para adornar a su Patrono, pero le respondieron que eran de Monseñor Villarroel, quien iba a ser nombrado Arzobispo de La Plata. Pero, después de más de un año, se tuvo noticia de que otro había sido nombrado para ese cargo. 

                    El Obispo Villarroel fue al Convento a decirle que por qué le había engañado. La Madre Ana le respondió que no podía ser, porque sus Almas nunca le engañaban. El Obispo le hizo jurar que así iba a suceder. Hizo el juramento y, pasados algunos días, la Madre Monteagudo le mandó decir al Obispo el día y la hora en que recibiría la noticia de su nombramiento para que estuviese preparado. Así fue, pues llegó un soldado a caballo al palacio del Obispo con los documentos de su promoción al Arzobispado de La Plata, con lo que el Obispo quedó maravillado.


NOTA BIOGRÁFICA

                    Ana de los Ángeles de Monteagudo y Ponce de León nació en Arequipa (Virreinato del Perú) en 1602. Fue desde los dieciséis años monja en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de la misma ciudad, donde durante casi setenta años se dedicó a Dios y su pueblo, siendo un verdadero ángel del buen consejo en sus cargos de Sacristana, Maestra de Novicias y Priora. Vivió con incansable entusiasmo para la reforma del Monasterio, para la caridad con los necesitados, y rezando incesantemente por las Almas del Purgatorio. Sus últimos años fueron de penosa enfermedad, soportada con ejemplar serenidad. Entregó su alma a Dios el 10 de Enero de 1686 y su cuerpo se venera en la iglesia del mismo monasterio donde vivió. El 13 de Junio de 1917 fue nombrada Sierva de Dios por el Papa Benedicto XV.



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