jueves, 2 de abril de 2026

EL EJERCICIO DE LA HORA SANTA: REPARACIÓN INFINITA A DIOS PADRE



                    La Hora Santa nació en 1674, cuando en una alocución de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, desde el Tabernáculo de Paray-le-Monial, le dijo:

                    «Todas las noches del Jueves al Viernes te haré participar de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de los Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Y para acompañarme en aquella humilde plegaria, que entonces presenté a Mi Padre entre todas Mis angustias, te levantarás entre las 11 y las 12 de la noche y te postrarás con la faz en tierra, deseosa de aplacar la cólera divina y en demanda de perdón por los pecadores».

                    Dos son, evidentemente, las ideas fundamentales de este ejercicio. Es la primera, una intención de amor compasivo, que une en esa hora el alma del consolador, y del confidente, al Corazón Agonizante de su Salvador. «Te haré compartir, dice Jesús, la tristeza mortal de Mi Getsemaní...». Y es la segunda, una reparación del pecado, un fin de desagravio redentor y de consuelo: «Pedirás perdón por los pecadores». Desde entonces, la práctica de La Hora Santa, ha sido practicada cada Jueves por millones de almas enamoradas de Jesús Sacramentado. 

                    Este canal de gracias espirituales que produce la práctica de La Hora Santa, ha alcanzado no sólo a quienes acompañan al Señor en el Sagrario o expuesto solemnemente, sino que el influjo divino de la Caridad Eucarística, llega también a todos aquellos enfermos que hacen su Hora Santa desde la cama, así como a todas aquellas buenas almas que no tienen la posibilidad material de estar cerca de un templo, y que se transportan en espíritu, rindiendo su corazón a los pies del Tabernáculo, donde vive, con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad el que es Rey de todos los corazones.


LA HORA SANTA
reparación infinita a Dios Padre

                       "Quiero conquistar los corazones por la fuerza de Mi amor. Quiero que las almas se dejen penetrar por la verdadera luz. Quiero que los niños, esos corazones inocentes, que no me conocen y crecen en el hielo de la indiferencia, ignorando lo que vale su alma... Sí, quiero que esas almitas que son Mis delicias, encuentren un asilo donde les enseñen a conocerme y donde crezcan en el temor de Mi ley y en el amor de Mi Corazón.

                     Mi deseo es el que seáis el combustible de este fuego que quiero derramar sobre la tierra, porque de nada sirve encender la llama si no hay con qué alimentarla. Por eso quiero formar una cadena de almas encendidas en el Amor, en ese Amor que se confía y lo espera todo de Mi Corazón, a fin de que, inflamadas ellas, lo comuniquen al mundo entero. 

                       No penséis que voy a hablaros de otra cosa que de la Cruz. Por Ella he salvado a los hombres, por Ella quiero atraerlos ahora a la Verdad de la Fe y al Camino del Amor. Os manifestaré Mis deseos: He salvado al mundo desde la Cruz, o sea, por medio del sufrimiento. Ya sabéis que el pecado es una ofensa infinita; por eso os pido que ofrezcáis vuestros trabajos y sufrimientos, unidos a los méritos infinitos de Mi Corazón.

                     Inculcad a las almas, con quienes estéis en contacto, el Amor y la Confianza... Empapadlas en Amor, en Confianza, en la Bondad y Misericordia de Mi Corazón. Y cuando tengáis ocasión de darme a conocer decidles que no me teman porque Soy Dios de Amor.

                       Tres cosas especiales os pido:

             1ª El Ejercicio de la Hora Santa; por él se hace a Dios Padre reparación infinita, en unión y por medio de Jesucristo Su Divino Hijo.

            2ª La Devoción de los Cinco Padrenuestros a Mis Llagas, pues por Ellas ha recibido el mundo la salvación.

            3ª En fin, la unión constante, o sea, el ofrecimiento cotidiano de los méritos de Mi Corazón, porque así lograreis que vuestras acciones tengan valor infinito. Valerse continuamente de Mi Sangre, de Mi Vida, de Mi Corazón; confiar incesantemente y sin temor en Mi Corazón; he aquí un secreto desconocido para muchas almas... Quiero lo conozcáis y que sepáis aprovecharlo".


Extraído de "Un Llamamiento al Amor"
Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la mística española Sor Josefa Menéndez




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