lunes, 18 de mayo de 2020

APARICIONES DE LA VIRGEN DOLOROSA DE LA CODOSERA. Parte I


               La Codosera es un municipio español, limítrofe con Portugal, al noroeste de la provincia de Badajoz. En aquél sencillo pueblo, en los duros años tras la guerra fratricida, aquejado por las miserias resultantes de la reciente Guerra Civil, Nuestra Señora quiso hacer un nuevo llamado para que vivamos una vida de sencillez, sacrificio y mucha oración. 

              Fueron dos las videntes de estas celestiales apariciones, prácticamente al mismo tiempo, a mediados de los años cuarenta. He estimado narrar la experiencia de cada una por separado, a fin de saborear mejor los pequeños detalles que envuelven estas Manifestaciones de la Madre Dolorosa, que, como en cada visita que nos regala, nos recuerda el Evangelio y la Doctrina de Su Hijo el Redentor.




MARCELINA, LA PRIMERA VIDENTE 
DE LA VIRGEN DOLOROSA DE LA CODOSERA
hija y nieta de republicanos de izquierdas

               En este pueblecito de la Codosera vivía Marcelina Barroso, una niña que llegó al mundo a punto de estallar la Guerra Civil Española; su padre sería fusilado por sus simpatías con el bando republicano, además de ser hijo del alcalde del pueblo, de ideología izquierdista. Por ese motivo, su familia nunca se caracterizó por ser muy religiosa, motivo aún mayor para creer como ciertas estas manifestaciones de la Virgen Dolorosa, ya que la vidente no era una niña a la que se pudiese tachar de soñadora o bien, que fuese manipulada por los sentimientos religiosos de su entorno.

               Como todas sus amigas, Marcelina iba a la escuela y a pesar de su corta edad, ayudaba en casa en las tareas domésticas. No era una niña consentida y tal vez demasiado madura para su corta edad.

               El Domingo 27 de Mayo de 1945, la madre de Marcelina le encarga que junto a su prima, Agustina González, vayan cerca de la frontera con Portugal, a un conocido caserío donde se adquirían artículos de estraperlo. La niña, ajena a los deberes religiosos del Día del Señor, atendió el pedido de su madre y se encaminó a donde le decían para contentarla.

               Había recorrido unos tres kilómetros, cuando, al cruzar el paraje denominado Chandavila, reparó en un oscuro bulto que se divisaba sobre un castaño, distante unos sesenta metros, a la derecha del camino. No hizo caso entonces, pero a la vuelta venía pensando si persistiría aún el extraño objeto. Empujada por una fuerza interior, se acercó para despejar las dudas.

               Fue entonces cuando vio a la Santísima Virgen, vestida al modo de Su advocación de Los Dolores, envuelta en rayos luminosos, elevada hacia la mitad del tronco del castaño, de perfil, mirando para el pueblo de la Codosera, aureolada de luceros brillantes, con manto negro, bordado de estrellas, manos juntas y rostro bellísimo, en el cual se reflejaba mortal y divina tristeza. En Su rostro se reflejaba una tristeza infinita. Lloraba mucho, angustiada... quizá por tantos hijos que se estaban perdiendo en aquél enfrentamiento bélico que fue la Segunda Guerra Mundial, anunciada por Ella en Fátima, el 13 de Julio de 1917,  y que causaría la muerte de alrededor de sesenta millones de personas. (Puede leer el relato de esa Aparición tocando AQUÍ)

              Desaparecida la visión, Marcelina echó a correr hasta el pueblo, juntamente con su prima Agustina, que aunque la acompañaba no fue la elegida para ver a Nuestra Señora. Al llegar a casa, quiso guardar silencio, pero, con el corazón rebosante de alegría y a la vez de confusión por la Aparición de la Virgen, no pudo callar durante mucho tiempo y le contó a su madre todo lo ocurrido; pronto se corrió la voz por el vecindario y el pueblo.

               Apenas transcurridos nueve días de la primera Aparición, el Lunes 4 de Junio, por la mañana, la Virgen de los Dolores se le vuelve a manifestar visiblemente en el mismo lugar y le dice a Marcelina: 

             -Hija mía, Yo soy la Madre de Dios, la Virgen de los Dolores, vuelve esta tarde, para hacer una penitencia que te diré en presencia de los habitantes de este lugar. 

               Marcelina obedeció, y ante más de un millar de personas, españolas y portuguesas, efectuaría una marcha extática, que llamó poderosamente la atención.

               Esa tarde, estando Marcelina a unos sesenta metros del castaño, vuelve a gozar de la visión de Nuestra Señora de los Dolores, que, poco a poco, fue descendiendo hasta colocarse delante del árbol, como la vio la vez primera.

               Invitó a la niña a que anduviera de rodillas el trecho que Ella la separaba; ante las dudas de Marcelina, la Madre Dolorosa la anima diciéndole: -No temas. No te pasará nada. Yo iré poniendo delante de ti una alfombra de juncos y hierbas para que no te hagas daño.



Dos fotografías originales de Marcelina Barroso, Vidente de Nuestra Señora 
de los Dolores en Chandavila, La Codosera, Badajoz. En edad adulta se consagraría
como Religiosa: primero en una Orden de Caridad, luego en el claustro de un convento


               Ya sin miedo por las palabras de Nuestra Señora, la pequeña Marcelina comenzó a andar de rodillas por entre las dos filas que le abrían los espectadores. Su madre, Agustina, que estaba presente se desmayó. 

               Marcelina, tras la marcha de rodillas, permaneció unos diez minutos arrodillada junto al árbol: la Virgen le concede la gracia de ver tras el castaño, una hermosa iglesia, cuajada de lámparas y muy luminosa. En el altar de dicha iglesia, se hallaba la Virgen María, que le indica que moje sus dedos en la pila del agua bendita y se santigüe, gesto que contemplan todos los circunstantes. 

               Después la Aparición baja del retablo y le pregunta que si quería irse con ella. Al contestarle: "Sí, Señora, ahora mismo", la Santísima Virgen se sonríe, la  abraza y la besa en la frente, sintiendo la niña sobre su cara el roce del manto de la Madre de Dios. Con aquella hermosa visión, la Madre de Dios expresa su deseo de que en el mismo lugar se levante en Su honor una capilla que honre Sus Dolores.

               Al volver del éxtasis, Marcelina, se fue a hablar con sus amigas, como si nada hubiera pasado; sus rodillas, después de haber caminado los sesenta metros, no tenían señal ni rasguño alguno.

               La joven vidente fue bendecida con más visiones de la Virgen de los Dolores, en privado algunas veces y otras con testigos como Doña Josefa Martín, maestra nacional. 

               Marcelina fue enviada a un colegio de Religiosas de Villafranca de Los Barros (Badajoz) para posteriormente ingresar como Religiosa, en la Congregación de Hermanitas de la Cruz, el 2 de Agosto de 1975, en Sevilla, dedicándose al cuidado de pobres y ancianos; tomó entonces el nombre de Sor María de la Misericordia de la Cruz. Algún tiempo después pasaría a formar parte de una Comunidad Contemplativa en Ciudad Real (España) en el más absoluto anonimato.


(Continuará...)




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.