domingo, 16 de marzo de 2014

SIETE DOMINGOS A SAN JOSÉ; SÉPTIMO Y ÚLTIMO; SERMÓN PARA EL SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA


Séptimo Dolor y Gozo
San Lucas 2, 40-52


San José, ejemplar de toda santidad. Grande fue tu dolor al perder, sin culpa, al Niño Jesús, 
y haber de buscarle, con gran pena, durante tres días; pero mayor fue tu gozo 
cuando al tercer día lo hallaste en el templo en medio de los Doctores.

Por este Dolor y Gozo, te suplicamos nos alcances la gracia 
de no perder nunca Jesús por el pecado mortal; y si por desgracia lo perdiéramos, 
haz que lo busquemos con vivo dolor, hasta que lo encontremos 
y podamos vivir con su amistad, 
para gozar de Él contigo en el Cielo y cantar allí eternamente su divina misericordia. Amén.

( Ahora reza con piedad y atención un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria )




Sermón
II Domingo de Cuaresma

por el Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero
Director de la revista digital "Integrismo"


"Llevemos entonces la cruz hasta el Calvario 
y Dios nos transfigurará ya en esta vida uniéndonos a Él"


      La liturgia de hoy nos dirige un apremiante llamado a la Santidad. San Pablo, en la Epístola, la I a los tesalonicenses, es bien claro: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y amonestamos en el Señor Jesús, que andéis según lo que de nosotros habéis recibido acerca del modo en que habéis de andar y agradar a Dios, como andáis ya, para adelantar cada vez más”. Se nos pide, Dios nos lo pide, “adelantar cada vez más” en el camino de la santidad, cada uno en su estado. Se nos llama al heroísmo sí, pero si San Pablo pide esto a los cristianos de Tesalónica de aquel tiempo y a los de todos los siglos venideros, pues es palabra de Dios, significa que es posible, contando con la Gracia.

        ¿Y habrá todavía cristianos que piensen que la Santidad no se ha hecho para ellos?

          Dejemos de ser cristianos a medias, salgamos de la mediocridad. ¡Cuántos años hace que asisto a Misa, que comulgo, que recibo los Sacramentos y sigo igual que antes, los mismos defectos, las mismas faltas, es que Nuestro Señor no tiene influencia sobre mi vida, no permito por mi pereza y mediocridad que Nuestro Señor trabaje mi alma para que alcance la perfección a que la tiene destinada. ¡Cuántas gracias que desprecio, que no aprovecho y que pierdo por mi culpa!

          El cristianismo reclama almas viriles y recias, Nuestro Señor nos pide el esfuerzo personal, exige no poco de nuestra parte. En la obra de la santificación, Nuestro Señor es como el escultor, yo soy el aprendiz que debe dejar guiar su mano por la del Maestro Divino para producir la obra maestra de la santidad. Estamos llamados a ideales altos, recordémoslo. Tantas y tantas almas abandonadas a la medianía y rutina deben tener presente esto. La liturgia nos predica constantemente la grandeza de nuestra vocación o la transformación en Cristo Jesús. Y así, nos pide sacrificio y cruz. Tengamos, entonces, el espíritu de la liturgia católica.

         “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”, nos dice San Pablo y son palabras que deberían quedar grabadas a fuego en nuestra alma. El Apóstol recuerda a sus fieles estos altos ideales combatiendo la impureza y avaricia en que caían, vicios opuestos al espíritu cristiano.


          El ideal cristiano se cifra en una sola palabra: la santidad. Los paganos de la época de San Pablo y el mundo neo-pagano de hoy en que vivimos, vive en la impureza y la codicia. “No nos llamó Dios a la impureza sino a la Santidad”, insiste el Apóstol. Hay, entonces, dos ideales opuestos: uno, el del cristiano, la Santidad; el otro, el de la impureza y avaricia, ideal del mundo.

      Echemos ahora una mirada sobre nosotros mismos, cristianos que queremos ser fieles a la fe de nuestros mayores, de nuestros antepasados, ¿cumplimos siempre con el precepto dominical? Si cumplimos siempre, ¿es suficiente esta media hora dedicada a Dios para cumplir con la vocación de santidad? ¿No habrá muchas medias horas consagradas a los ideales que ofrece el mundo? Meditemos, entonces, sobre estas palabras de San Pablo.

          El Evangelio narra la Transfiguración de Nuestro Señor. Jesús se transfigura ante tres de sus apóstoles, pero no solo para ellos se transfigura sobre el Tabor, sino también para nosotros, para darnos a nosotros un testimonio de su Gloria como Hijo de Dios, gloria que tiene preparada para todos los cristianos para después de la muerte, si son fieles y perseverantes. Para darnos también a nosotros fuerza para luchar y sufrir, a fin de alcanzar la vida eterna. Pero, ¿qué es la vida eterna?, ¿qué aprecio hacemos de ella?

       La vida eterna es ver a Dios tal como es, amar a Dios por siempre; gozar lo que Dios goza infinitamente, sin la menor pena ni dolor; vivir con su misma vida; es decir, sin agotamiento, enfermedades ni muerte.

       Estas cosas no podemos comprenderlas, superan nuestra capacidad intelectual. No podemos comprender nosotros, pobres hormigas cómo es la vida y el gozo de Dios, de los cuales nos hará partícipes un día.

            Nuestro Señor concedió a San Pablo el placer de gustar por un momento, un poco, un adelanto del Paraíso; pero no encontró palabras suficientes para explicar lo que vio: “Ningún ojo de hombre ha visto jamás lo que yo vi; ningún oído ha escuchado lo que yo oí; ningún corazón de hombre ha gustado jamás lo que yo gusté. Pues bien, esto lo tiene preparado para todo aquel que le ama”, dice el Apóstol a los Corintios.

        Trabajemos entonces por alcanzar el Cielo, donde ya no tendremos esta carne pesada e inclinada al mal, sino que seremos transfigurados como Cristo en el Tabor, y participaremos del gozo infinito de Dios.
¿Qué aprecio hacemos de la vida eterna? Nadie puede entrar en la vida eterna si no se ha penetrado antes de esta verdad; y debe entrar como luz en su mente y como fuerza en sus acciones. ¿De qué vale repetir cada día: “Creo en la vida eterna”, si luego no se la tienen presente en el modo de pensar y de obrar?
Esta verdad debe ser luz en la inteligencia, porque el pensamiento de la vida eterna debe ser la estrella a la que se dirijan nuestros pensamientos.

             El trabajador que regresa cansado a su hogar, pero contento porque lleva dinero a su casa, debe pensar: “En esta semana, ¿qué ganancia conseguí para la vida eterna?”

          La madre de familia que se acuesta contenta porque ha dado una sana e inteligente educación a sus hijos, debe pensar “En lo referente a su educación, ¿he tenido también en cuenta la vida eterna?¿Les he enseñado mañana y noche a rezar? El hombre que va al banco a depositar sus ganancias, debe pensar: “Y en el banco de la vida eterna ¿qué deposito? ¿He hecho limosnas, he ayudado a los necesitados? El enfermo que sufre y que tal vez no curará, piensa en la vida eterna y se consuela. Aun el anciano que siente aproximarse el fin de la vida, no se deja llevar por la tristeza si piensa en la vida eterna y purifica su conciencia.

              Esta verdad de la vida eterna es también fuerza en las acciones. ¿Qué daba fuerza a San Esteban para morir a pedradas? La vida eterna. ¿Cómo hacían los santos para vivir tan puros, para ayunar tanto, mientras que a nosotros nos parece difícil abstenernos de comer carne unos días al año, vencer la impureza del pensamiento, de la palabra, de las acciones? Es que el pensamiento de la vida eterna iluminaba sus vidas. El beato Cafasso exclamaba: “¡Oh, Paraíso, oh, Paraíso! El que piensa en ti no conoce cansancio”.

          Ahora podemos comprender porqué en las cosas de la Religión estamos siempre cansados y fastidiados: es que no pensamos bastante en el Cielo, no pensamos bastante en la Vida Eterna.

          Es algo tan grande que, como dijimos antes, no podemos comprender este gozo del Cielo. Imagínense, dice San Gregorio en su Diálogos, un niño nacido y crecido en una prisión subterránea; no ha visto jamás un rayo de sol; no sabe qué son las estrellas ni la luna. Ahora bien, la madre, que está en la prisión, quiere enseñarle cómo son las bellezas del mundo. “Hijo mío”, le dice, “si supieras ¡qué radiante es el sol! Es como la llama de nuestra lámpara, pero mucho más grande, que ilumina todos los lugares. Luego, mostrándole una hoja seca y marchita le dice: si supieras qué hermosas son las hojas, qué variedad que hay”. El niño escucha, abre grandes los ojos, sueña; pero no llega a imaginar nada. Lo mismo, dice San Gregorio, nos pasa a nosotros. Nuestra Santa Madre la Iglesia se esfuerza en enseñarnos el gozo del Cielo, pero nosotros, que no tenemos experiencia de esto, no podemos comprender nada.

          Pero si no podemos entender lo que es el Cielo, podemos conquistarlo. Pongamos ante nuestros ojos el eterno premio de la vida eterna y en las tentaciones sabremos luchar con fuerzas y soportar en paz los sufrimientos y cruces de nuestra vida.

          El misterio de la Transfiguración de Jesús es símbolo de nuestra transfiguración. Debemos transfigurarnos en la imagen de Nuestro Señor: “Sed perfectos como es perfecto mi Padre que está en los Cielos”. Se trata de revestirse de Cristo. La transfiguración en Cristo en esta vida prepara la definitiva y futura transfiguración del Cielo. Transfigurarse en Él es alcanzar la santidad, es santificarse, es cumplir con el apremiante llamado que nos hace San Pablo en la epístola que comentamos al principio. Tal como eran resplandecientes el rostro y el vestido de Jesús, así nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones deben resplandecer ante los hombres, para dar gloria a Dios Padre. El que no comienza esta transfiguración en la tierra, no llegará a la completa transfiguración en el Paraíso, donde nuestro rostro será resplandeciente como el sol, nuestros vestidos blancos como la nieve, cuando nos será concedido hacer una tienda eterna, donde gozaremos todo gozo sin fin.

          Pero recordemos que solo alcanzaremos esta transfiguración por la oración y el trabajo, así como Jesús se transfiguró mientras rezaba y después de haber subido a la montaña y así arriba hablaba de sufrimientos.

          Sepamos seguir entonces este llamado de San Pablo que quiere despertar nuestra generosidad: “Esta es la Voluntad de Dios, vuestra santificación”. Luchemos para alcanzar la Santidad confiados en Dios y en Su Gracia. Transfigurémonos en Él ya en esta vida, en preparación a la transfiguración definitiva. Pero sepamos que para unirnos a Dios, para alcanzar el Cielo, hemos de sobrellevar las cruces de que están hechas nuestras vidas.

          No nos hagamos ilusiones. ¿Querríamos estar con Nuestro Señor en la Gloria del Tabor y no seguirlo en los dolores del Calvario? Llevemos entonces la cruz hasta el Calvario y Dios nos transfigurará ya en esta vida uniéndonos a Él, santificándonos, y nos conducirá al Monte Tabor de la eterna transfiguración, para unirnos a Él para siempre.


NOTA IMPORTANTE: 

El Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero, tiene a bien celebrar ocasionalmente 
el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones 
de nuestros amigos y lectores, así como por el alma de sus difuntos. 

Si alguien quiere aplicar una Santa Misa por alguna cuestión particular, 
sólo tienen que escribirnos un mail a traditio@hotmail.com

viernes, 14 de marzo de 2014

CORONA DE LAS CINCO LLAGAS



Lo ideal es tener una coronilla como la que aparece en la imagen, 
compuesta por cinco grupos de cinco cuentas cada uno; no es imprescindible, 
ya que también se puede rezar usando por ejemplo los dedos.

INICIO

Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Abrid, Señor mis labios
Y mi boca proclamará vuestras alabanzas.
Oh Dios, venid en mi ayuda.
Señor, apresuraos en socorrernos.

JACULATORIA

María, mi tierna Madre,
Haz que en mí estén de fijo
Las Llagas del Crucifijo.
Para que nunca las olvide.


PRIMERA LLAGA: LA DEL PIE IZQUIERDO

¡Jesús mío crucificado! Adoro devotamente la llaga dolorosa de vuestro pie izquierdo.
 ¡Ah! por el dolor que habéis sentido en ella, y por la sangre que ha derramado, 
concededme la gracia de huir las ocasiones de pecar, y de no caminar nunca
 por las vías de la iniquidad, que me conducirían a mi perdición.

Ahora reza CINCO GLORIAS, UN AVEMARÍA 
y la JACULATORIA:

"María, mi tierna Madre, haz que en mí estén de fijo
las Llagas del Crucifijo, para que nunca las olvide"


SEGUNDA LLAGA: LA DEL PIE DERECHO

¡Jesús mío crucificado! Adoro devotamente la llaga dolorosa de vuestro pie derecho. 
¡Ah! por el dolor que habéis sentido, por la sangre preciosa que de ella se derramó, 
concededme la gracia de seguir constantemente la senda de todas las virtudes cristianas
 hasta la entrada en el Paraíso.

Ahora reza CINCO GLORIAS, UN AVEMARÍA 
y la JACULATORIA:

"María, mi tierna Madre, haz que en mí estén de fijo
las Llagas del Crucifijo, para que nunca las olvide"


TERCERA LLAGA: LA DE LA MANO IZQUIERDA

¡Jesús mío crucificado! Adoro devotamente la llaga dolorosa de vuestra mano izquierda.
 ¡Ah! por el dolor que habéis sentido, por la sangre preciosa que derramásteis por ella, 
no permitáis que me encuentre a vuestra izquierda en medio de los réprobos
 en el día del juicio final.

Ahora reza CINCO GLORIAS, UN AVEMARÍA 
y la JACULATORIA:

"María, mi tierna Madre, haz que en mí estén de fijo
las Llagas del Crucifijo, para que nunca las olvide"


CUARTA LLAGA: LA DE LA MANO DERECHA

¡Jesús mío crucificado! Adoro devotamente la llaga dolorosa de vuestra mano derecha. 
¡Ah! por el dolor que habéis sentido, por la sangre que ha derramado,
 bendecid mi alma, y conducidla a Vuestro Reino.

Ahora reza CINCO GLORIAS, UN AVEMARÍA 
y la JACULATORIA:

"María, mi tierna Madre, haz que en mí estén de fijo
las Llagas del Crucifijo, para que nunca las olvide"


QUINTA LLAGA: LA DEL COSTADO

¡Jesús mío crucificado! Adoro devotamente la llaga sagrada de vuestro costado.
 ¡Ah! por la sangre que derramó, encended en mi corazón el fuego de vuestro Amor,
 y hacedme la gracia de perseverar amándoos por toda la eternidad.

Ahora reza CINCO GLORIAS, UN AVEMARÍA 
y la JACULATORIA:

"María, mi tierna Madre, haz que en mí estén de fijo
las Llagas del Crucifijo, para que nunca las olvide"



jueves, 13 de marzo de 2014

COLOQUIOS CON JESÚS SACRAMENTADO


Coloquios del Discípulo con Jesús Sacramentado 
Por el Beato Tomás de Kempis 

          Dulcísimo y amorosísimo Señor, a quien ahora mismo deseo recibir con mucha devoción, tu conoces mi debilidad y la miseria que me aflige (...) Tú sabes cuáles son los bienes que más necesito y cuán falto ando en todas las virtudes. (...) 

          Eleva mi corazón hacia el cielo, hacia ti, y no dejes que me pierda vagando sobre esta tierra. Sé tú solo, desde este momento y para siempre, mi única dulzura (...)



          Ojalá pudiera quemarme totalmente en tu presencia, consumirme y transformarme en ti, de suerte que sea un solo espíritu contigo por la gracia que produce esa unión íntima y por la efusión que causa el amor ardiente.

          No permitas que me separe de ti en ayunas y árido, usa conmigo misericordia como tantas veces demostraste de un modo tan portentoso con los santos.

          Siendo tú un fuego que siempre arde y nunca se extingue, un amor que purifica los corazones y alumbra las inteligencias, ¡qué maravilloso sería que al acercarme a ti me quemase enteramente en tu fuego y dejara de ser yo mismo para transformarme en ti!"

lunes, 10 de marzo de 2014

EL PURGATORIO Y SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZIS ( II )

          Un momento después de su agitación aumentó, y pronunció una dolorosa exclamación. Era el calabozo de las mentiras el que se abría ante ella. Después de haberlo considerado atentamente, dijo, “Los mentirosos están confinados a este lugar de vecindad del Infierno, y sus sufrimientos son excesivamente grandes. Plomo fundido es vertido en sus bocas, los veo quemarse, y al mismo tiempo, temblar de frío”.

          Luego fue a la prisión de aquellas almas que habían pecado por debilidad, y se le oyó decir: “Había pensado encontrarlas entre aquellas que pecaron por ignorancia, pero estaba equivocada: ustedes se queman en un fuego mas intenso”. Más adelante, ella percibió almas que habían estado demasiado apegadas a los bienes de este mundo, y habían pecado de avaricia.

             “Que ceguera, dijo, ”¡las de aquellos que buscan ansiosamente la fortuna perecedera! Aquellos cuyas antiguas riquezas no podían saciarlos suficientemente, están ahora atracados en los tormentos. Son derretidos como un metal en un horno”.

          De allí pasó a un lugar donde las almas prisioneras eran las que se habían manchado de impureza. Ella las vio en tan sucio y pestilente calabozo, que la visión le produjo náuseas. Se volvió rápidamente para no ver tan horrible espectáculo.




         Viendo a los ambiciosos y a los orgullosos, dijo “Contemplo a aquellos que deseaban brillar ante los hombres; ahora están condenados a vivir en esta espantosa oscuridad”.

          Entonces le fueron mostradas las almas que tenían la culpa de ingratitud hacia Dios. Estas eran presas de innombrables tormentos y se encontraban ahogadas en un lago de plomo fundido, por haber secado con su ingratitud la fuente de la piedad.

          Finalmente, en el último calabozo, ella vio aquellos que no se habían dado a un vicio en particular, sino que, por falta de vigilancia apropiada sobre si mismos, habían cometido faltas triviales. Allí observó que estas almas tenían que compartir el castigo de todos los vicios, en un grado moderado, porque esas faltas cometidas solo alguna vez las hacen menos culpables que aquellas que se cometen por hábito.

          Después de esta última estación, la santa dejó el jardín, rogando a Dios nunca tener que volver a presenciar tan horrible espectáculo: ella sentía que no tendría fuerza para soportarlo.

          Su éxtasis continuó un poco mas y conversando con Jesús, se le oyó decir: “Dime, Señor, el porqué de tu designio de descubrirme esas terribles prisiones, de las cuales sabía tan poco y comprendía aun menos…” ¡Ah! ahora entiendo; deseaste darme el conocimiento de Tu infinita Santidad, para hacerme detestar más y más la menor mancha de pecado, que es tan abominable ante tus ojos”.

domingo, 9 de marzo de 2014

SIETE DOMINGOS A SAN JOSÉ; SEXTO DOMINGO; REFLEXIÓN DOMINICAL


Sexto Dolor y Gozo
San Mateo 2, 19-23


Glorioso San José, que viste sujeto a tus órdenes al Rey de los Cielos.
Si tu alegría al regresar de Egipto se vio turbada por el miedo a Arquelao,
 después, al ser tranquilizado por el Ángel, 
viviste contento en Nazaret con Jesús y María.

Por este Dolor y Gozo, alcánzanos la gracia de vernos libres de temores, 
y gozando de paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María 
y morir en Su Compañía.

( Ahora reza con piedad y atención un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria )





Sermón del I Domingo de Cuaresma

por el Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero
Director de la revista digital "INTEGRISMO"

      Este tiempo de Cuaresma que hemos comenzado, fue instituido como preparación a la Pascua en el Concilio de Nicea, el año 325. Es, ante todo, tiempo de oración, tiempo especialísimo para asistir a Misa, pudiendo, durante la semana para aprovechar los hermosos textos litúrgicos y también, para frecuentar más la confesión y la Sagrada Comunión. Es un tiempo de ayuno y de penitencia. La supresión del “Alleluia” del Gloria, del órgano y de las flores, lo dan a entender. Tiempo penitencial, tiempo reconciliador y purificador, como nos lo recuerda San Pablo en la Epístola de hoy: “He aquí el tiempo propicio, he aquí el día de la salvación”. Nos preparamos para la Semana Santa; por lo tanto, es muy conveniente meditar en los misterios de la pasión por la práctica del Vía Crucis y de otras devociones.

      Tengamos, entonces, presente lo que nos dice San Pablo en la Epístola: el discípulo de Cristo ha de vivir según el Maestro, en la cruz y en la mortificación. No ha de crearse un cristianismo fácil. La Cuaresma nos lo recuerda.

      Hecha esta introducción, vayamos al Evangelio de hoy. Se trata de las tentaciones de Nuestro Señor en el desierto.

      Y comienza diciendo que Cristo fue llevado al desierto por el Espíritu. El Espíritu Santo permite estas tentaciones. Nuestro Señor es tentado en el desierto, en la soledad. La soledad tiene sus bienes y sus peligros: sus bienes; el hombre aislado de cuanto puede distraer sus sentidos se encuentra más fácilmente con Dios, que no es amador del mundo. Sus peligros, pues las tentaciones suelen ser mayores. Dios, de alguna manera, nos llama a la soledad, pues recogerse para rezar es estar a solas con Dios. Esta soledad es necesaria en la medida posible a cada estado. El simple examen de conciencia hecho varias veces al día es ya un recogerse en el desierto que recomiendan los santos. A esta soledad nos lleva el Espíritu.
Nuestro Señor es llevado al desierto para ser tentado por el diablo y allí ayunó cuarenta días y cuarenta noches, dice el texto evangélico.

      Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, en la IIIª parte, q. 41, explica porqué Cristo quiso ser tentado: En 1er lugar, nos dice que Cristo se ofrece por propia voluntad a ser tentado; de otra manera, el diablo no se hubiese llegado a tentarlo. Luego da 4 motivos: Primero, para darnos auxilio contra las tentaciones. Por lo que dice San Gregorio: “No era indigno de nuestro Redentor querer ser tentado, puesto que vino para ser muerto, para que así venciese nuestras tentaciones con las suyas, como venció nuestra muerte con la suya."

      Segundo, para advertencia nuestra, para que nadie, por santo que sea, se tenga por seguro y exento de tentaciones. Por eso, se lee en el Eclesiástico: “Hijo mío, si te das al servicio de Dios, tente firme en la justicia y el temor y prepara tu alma para la tentación”.

      Tercero, para dar ejemplo, para enseñarnos de qué manera hemos de vencer las tentaciones del diablo. Y así, dice San Agustín, que Cristo se ofreció al diablo para ser tentado, a fin de ser nuestro mediador en superar las tentaciones, no solo con la ayuda, sino con el ejemplo.

      Cuarto, para movernos a confiar en su Misericordia. Por esto, se dice en la Epístola a los Hebreos: “No es tal el Pontífice que tenemos que no sepa compadecerse de nuestras flaquezas, pues fue tentado en todas las cosas, para asemejarse a nosotros, fuera del pecado”. Así concluye Santo Tomás.

      Tomemos dos grandes ejemplos de tentaciones, en las vidas de San Antonio, Abad,  y de Santa Catalina de Siena. Leemos en la vida de San Antonio, que el diablo, no pudiendo tolerar los santos propósitos de Antonio, comenzó a traerle a la memoria el recuerdo de las riquezas, de su hermana abandonada, de su antigua vida, de sus comodidades y banquetes, comparando todo esto con el rigor de la vida que había abrazado. Le traía pensamientos impuros e incluso llegó a aparecérsele el espíritu de la impureza. El Santo a todo resistía. Llegó el diablo a lastimarlo corporalmente y a aparecérsele bajo la forma de feroces animales. Pero el Señor vino en su ayuda, levantó el Santo sus ojos y vio un rayo de luz; los demonios, entonces, huyeron. Antonio le preguntó “¿dónde estabas? ¿Cómo no viniste a calmar mis dolores?” Entonces, Nuestro Señor le contestó: “Aquí estaba, Antonio, contemplando tu lucha”.

      También Santa Catalina de Siena habiendo sido atacada muy duramente por el demonio con multitud de tentaciones deshonestas. Eran muy fuertes y duraron largo tiempo. Hasta que un día, Nuestro Señor se le apareció y ella le dijo: “¿Dónde estabas, Dulce Señor, mientras mi corazón se veía en tantas tinieblas y suciedades?” A lo cual Él le respondió: “Yo estaba dentro de tu corazón, hija mía” “Y, ¿cómo” -replica la Santa- “podías vivir en medio de tanta inmundicia?” Y el Señor le dice: “Dime, esos pensamientos malos, ¿te causaban placer o tristeza, amargura o deleite?” Y Catalina contesta: “Extrema amargura y tristeza” Y Jesús continuó: “¿Y quién infundía esa amargura y tristeza en tu corazón, sino Yo, que estaba oculto en tu alma?

      Que estos ejemplos de Santos nos ayuden en la lucha contra las tentaciones en nuestro combate espiritual. Debemos aprender a conocer las trampas que nos pone el enemigo de nuestra salvación, aprender a conocer, como dice San Ignacio, las buenas y malas mociones que podemos tener en el alma. Las buenas para recibir, las malas para rechazar. El Santo enumera las reglas de discernimiento de espíritus en su librito de los Ejercicios espirituales.

      De ellos recordemos la 1ª, que nos dice que en las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, el mal espíritu presenta mayores placeres para conservarlos en sus vicios y pecados, mientras que el bueno, por el contrario, le trae remordimientos.

      Y también recordemos la 2ª regla: en las personas que van purgando sus pecados y avanzando en la vida espiritual, el mal espíritu obra al revés que en la 1ª, da tristeza, pone impedimentos, falsas razones para que no adelante; mientras el buen espíritu da ánimo y fuerzas.

      El mal espíritu quiere nuestra ruina y condenación. Por eso, como dice San Juan Crisóstomo, no debemos creerle, cerrarle por completo los oídos y aborrecerlo cuando nos halaga. Nos tiene declarada guerra sin cuartel, y pone más empeño en perdernos que nosotros en salvarnos. No hagamos nada de lo que a él le gusta y así cumpliremos lo que agrada a Dios.

      Continuando con el Evangelio, Nuestro Señor quiere prepararse para su vida pública con cuarente días de ayuno, como también lo habían hecho ya Moisés y Elías. Quiere darnos ejemplo y enseñarnos a despreciar el placer material, prefiriendo los placeres espirituales de la oración.

      Luego del texto evangélico nos indica las tentaciones de que fue objeto Nuestro Señor; la materia de la tentación es triple: es tentado de gula, de vanagloria y de ambición.

      En primer lugar, la gula: “Habiendo ayunado tuvo hambre, y acercándose el tentador, le dijo: -Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero Él le respondió diciendo: -Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Santo Tomás afirma que no es gula usar de las cosas necesarias para el sustento de la vida, pero sí lo puede ser cometer algún desorden por el deseo de sustento. Y aquí había desorden, pues podía procurarse alimento por medios humanos, siendo inútil un milagro. Nuestro Señor nos enseña aquí, que el alimento espiritual deber ser el principal alimento del cristiano.


      La segunda tentación es de vanagloria: “Llevóle, entonces, el diablo a la ciudad santa y poniéndole sobre el pináculo del templo le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, pues escrito está: A sus ángeles encargará que te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra una piedra. Díjole Jesús: -También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”. El diablo pide aquí a Nuestro Señor una prueba de Su Divinidad. Cristo nos enseña aquí, a vencer al demonio, no con milagros, sino con paciencia y longanimidad, dice San Juan Crisóstomo, sin dejarnos llevar nunca por la ostentación y la vanagloria.

      La tercera tentación es de ambición: De nuevo le llevó el diablo a un monte y mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria le dijo: "Todo esto te daré, si postrado, me adorares: Díjole entonces Jesús: -Apártate, Satanás, porque está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”. Entonces, el diablo le dejó y llegaron ángeles y le servían." Aquí, el demonio promete a Cristo el poder, a condición de cometer el mayor de los crímenes: servir al diablo, adorarlo. Nuestro Señor rechaza resueltamente, solo se adora al verdadero Dios. Sin embargo, cuántos en el mundo de hoy para alcanzar al poder no tienen escrúpulos en cometer los mayores pecados.

      Recordemos, sobre la tentación, que tener tentaciones no es pecado, aunque se debe evitar la ocasión de ser tentados, pero la tentación no es pecado. Pues sentir no es consentir, como se dice; sentir la tentación solo será falta si se consiente en ella.

      De todo esto sacamos como lección, que Cristo nos enseño a vencer las tentaciones: en primer lugar, usando la palabra de Dios; en segundo lugar, recordando los mandamientos divinos y, en tercer lugar, conociendo las asechanzas del tentador, no cooperando con él sino rechazándolo con gran confianza en Dios y con autoridad.

      Para terminar, San Francisco de Sales enumera los remedios contra las tentaciones: “1º, LA ORACIÓN, como los niños que en el peligro recurren a su madre; así hemos de hacer nosotros con Dios ante la tentación. 2º, LA SANTA CRUZ, por la que fue vencido para siempre el diablo. 3º, la lucha y EL RECHAZO de la tentación, rechazarla con todas nuestras fuerzas. 4º APARTAR LA MENTE: no mires cara a cara a la tentación. Pon los ojos solamente en Nuestro Señor, pues si te fijas demasiado en ella, sobre todo si es muy violenta, te expondrías a ser vencido”, dice el Santo. 5º, OCUPARSE EN BUENAS OBRAS que nos hagan olvidar las tentaciones, 6º remedio contra la tentación, abrir la conciencia a un DIRECTOR ESPIRITUAL y último remedio, no discutir CON EL DIABLO, NO RESPONDERLE, sino con las mismas palabras que le dirigió Nuestro Señor: Apártate de mí, Satanás, pues está escrito “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”.

      Que Nuestro Señor Jesucristo nos ayude en la lucha contra las tentaciones.


NOTA IMPORTANTE: 


El Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero, tiene a bien celebrar ocasionalmente 
el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones 
de nuestros amigos y lectores, así como por el alma de sus difuntos. 

Si alguien quiere aplicar una Santa Misa por alguna cuestión particular, 
sólo tienen que escribirnos un mail a traditio@hotmail.com


viernes, 7 de marzo de 2014

NECESIDAD DE MEDITAR EN LA PASIÓN DE NUESTRO REDENTOR


LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, dedica el día Viernes al Sacratísimo Corazón de Jesús y a meditar la Pasión de Nuestro Señor, devociones que van de la mano, pues de cierto el Corazón de Jesús padeció como ninguno por nosotros, y aún hoy nos aguarda en el Sagrario, sufriendo nuestra ausencia e indiferencia.

En este tiempo de Cuaresma, urge además que nos adentremos en las Llagas del Redentor, y la mejor manera de sobrellevar los problemas cotidianos, sean temporales o espirituales, es meditar asiduamente la Pasión de Cristo Nuestro Señor y si además usamos de un arma complementaria como la que te voy a presentar, seguro que tu devoción por la Pasión de Nuestro Señor irá en aumento en estos días de penitencia cuaresmal.

Antes que nada, lee atentamente estas palabras del gran Doctor San Alfonso María de Ligorio, un verdadero enamorado y divulgador de la Pasión. Luego, podrás ver qué facil es rezar la CORONA DE LAS CINCO LLAGAS, que tantos beneficios y consuelos traerá a tu alma, pues meditando la Pasión de Cristo Nuestro Señor, entenderás cuánto necesitamos refugiarnos en Aquéllas Benditas Heridas.




          Nuestro tiempo no es tiempo de temor ya que somos testigos de un Dios que ofreció la vida para lograr hacerse amar. La pasión de Jesús fue llamada un exceso, por lo cual nadie que la medite podrá seguirle a medias.

          Si quieres crecer en la vida del espíritu, piensa todos los días en los padecimientos del Señor porque pensando en ellos es imposible que no te llenes de amor y fortaleza; amor capaz de relativizar los demás efectos en comparación con el suyo, y fortaleza para sobrellevar con gozo las pruebas y las cargas inevitables de la vida.

             ¿Quién podrá desesperarse o irritarse por lo injusto de sus sufrimientos viendo a Jesús herido y despedazado? ¿Quién rehusará sujetarse a las exigencias del bien común al recordar a Cristo obediente hasta la muerte? ¿Quién podrá temer si se abraza a la cruz de Nuestro Redentor?

          Se lamentaba Santa Teresa de que algunos libros le hubieran aconsejado dejar de meditar la pasión, porque la humanidad de Cristo hubiera pudiera impedirle la contemplación de su divinidad; y consciente del error exclamaba: "Oh Señor y bien mío, Jesús crucificado, me parecía haberte hecho una gran traición, pues ¿de dónde me vinieron todos los bienes sino de vuestra cruz?".

          Decía San Pablo que solo ambicionaba saber la ciencia de la cruz, es decir, el amor que ella encierra: "Pues no quise entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado" (1 Co 11,2).

          Preguntado San Buenaventura de dónde sacaba tan copiosa y excelente doctrina como ponía en sus obras, dijo mostrando un crucifijo: "Este es el libro que me dicta todo lo que escribo. Aquí he aprendido lo poco que sé".

           ¿Dudarías de consagrarte por entero al Redentor si verdaderamente conocieras el misterio de la cruz? ¿Cómo habiéndote amado hasta la locura no ha logrado aún gobernarte el corazón? Ten presente que "Cristo murió por todos, para que los que viven no vivan para sí, sino para El que murió y resucitó por ellos" (2 Co 5,15) .


jueves, 6 de marzo de 2014

EL OFICIO DE LOS SACERDOTES


SEMANA DEL BUEN CRISTIANO, DÍA JUEVES:

Adora a Jesús Sacramentado, oculto en la Sagrada Hostia.
Ruega por la santidad de los sacerdotes.


      Grande es este misterio, y grande es la dignidad de los sacerdotes, a los cuales es dado lo que no es concedido a los Ángeles. Pues sólo los sacerdotes ordenados en la Iglesia tienen poder de celebrar y consagrar el cuerpo de Jesucristo. El sacerdote es ministro de Dios, cuyas palabras usa por su mandamiento y ordenación; mas Dios es allí el principal autor y obrador invisible, a cuya voluntad todo está sujeto, y a cuyo mandamiento todo obedece.

     ¡Oh, cuán grande y honorífico es el oficio de los sacerdotes, a los cuales es concedido consagrar al Señor de la Majestad con las palabras sagradas, bendecirlo con sus labios, tenerlo en sus manos, recibirlo en su propia boca, y distribuirle a los demás!

La Imitación de Cristo, por Tomás de Kempis



lunes, 3 de marzo de 2014

EL PURGATORIO Y SANTA MARÍA MAGDALENA DE PAZZIS


En la Vida de Santa Magdalena de Pazzi, escrita por el Padre Cepari 
nos encontramos con la visión de que tuvo la Santa del Purgatorio; 
por ser algo extensa, la leeremos en dos partes.

            “Un tiempo antes de su muerte, que tuvo lugar en 1607, la sierva de Dios, Magdalena de Pazzi, se encontraba una noche con varias religiosas en el jardín del convento, cuando entró en éxtasis y vio el Purgatorio abierto ente ella. Al mismo tiempo, como ella contó después, una voz la invitó a visitar todas las prisiones de la Justicia Divina, y a ver cuan merecedoras de compasión son esas almas allí detenidas.



          En ese momento se la oyó decir: “Si, iré”. Consintió así a llevar a cabo el penoso viaje. De hecho a partir de entonces caminó durante dos horas alrededor del jardín, que era muy grande, parando de tiempo en tiempo. Cada vez que interrumpía su caminata, contemplaba atentamente los sufrimientos que le mostraban. Las religiosas vieron entonces que, compadecida, retorcía sus manos, su rostro se volvió pálido y su cuerpo se arqueó bajo el peso del sufrimiento, en presencia del terrible espectáculo al que se hallaba confrontada.

          Entonces comenzó a lamentarse en voz alta, “¡Misericordia, Dios mío, misericordia! Desciende, oh Preciosa Sangre y libera a estas almas de su prisión. ¡Pobres almas! Sufren tan cruelmente, y aún así están contentas y alegres. Los calabozos de los mártires en comparación con esto eran jardines de delicias. Aunque hay otras en mayores profundidades. Cuan feliz debo estimarme al no estar obligada a bajar hasta allí."

          Sin embargo descendió después, porque se vio forzada a continuar su camino. Cuando hubo dado algunos pasos, paró aterrorizada y, suspirando profundamente, exclamó
"¡Qué! ¡Religiosos también en esta horrenda morada! ¡Buen Dios! ¡Como son atormentados! ¡Oh, Señor!".

          Ella no explicó la naturaleza de sus sufrimientos, pero el horror que manifestó en contemplarles le causaba suspiros a cada paso. Pasó de allí a lugares menos tristes. Eran calabozos de las almas simples y de los niños que habían caído en muchas faltas por ignorancia.

          Sus tormentos le parecieron a la Santa mucho más soportables que los anteriores. Allí solo había hielo y fuego. Y notó que las Almas tenían a sus Ángeles guardianes con ellas, pero vio también demonios de horribles formas que acrecentaban sus sufrimientos.

          Avanzando unos pocos pasos, vio almas todavía más desafortunadas que las pasadas, y entonces se oyó su lamento, "¡Oh! ¡Cuán horrible es este lugar; está lleno de espantosos demonios y horribles tormentos! ¿Quiénes, oh Dios mío, son las victimas de estas torturas? Están siendo atravesadas por afiladas espadas, y son cortadas en pedazos". A esto se le respondió que eran almas cuya conducta había estado manchada por la hipocresía.

          Avanzando un poquito mas, vio una gran multitud de almas que eran golpeadas y aplastadas bajo una gran presión, y entendió que eran aquellas almas que habían sido impacientes y desobedientes en sus vidas. Mientras las contemplaba, su mirada, sus suspiros, todo en su actitud estaba cargada de compasión y terror...


Continuará...


domingo, 2 de marzo de 2014

SIETE DOMINGOS A SAN JOSÉ; QUINTO DOMINGO; REFLEXIÓN DOMINICAL


Quinto Dolor y Gozo
San Mateo 2, 13-18



San José, Custodio y familiar íntimo del Verbo de Dios Encarnado. 
Grande fue tu sufrimiento para alimentar y servir al Hijo del Altísimo, 
sobre todo en la huida a Egipto; de igual manera fue grande tu alegría 
al tener siempre en tu compañía al mismo Hijo de Dios y ver cómo caían 
en la tierra los ídolos de Egipto.

Por este Dolor y Gozo, te rogamos nos alcances la gracia de que, 
huyendo de las ocasiones del pecado, venzamos al enemigo infernal 
y hagamos caer de nuestro corazón todo ídolo de pasiones terrenas, 
para que, ocupados en servir a Jesús y a María, vivamos únicamente para Ellos
 y tengamos una muerte feliz.

( Ahora reza con piedad y atención un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria )




Reflexión Dominical
tomada del Catecismo de San Pío X
 para este Domingo de Quincuagésima 
y para el próximo Miércoles de Cenizas,
 inicio de la Cuaresma. 



¿Qué es la CUARESMA? 
          La Cuaresma es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por tradición apostólica.

¿A qué fin ha sido instituida la Cuaresma? 
          La Cuaresma ha sido instituida: 1°, para darnos a entender la obligación que tenemos de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos Padres, es figura la Cuaresma; 2.°, para imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3.°, para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

¿Por qué el primer día de Cuaresma se llama día de CENIZA? 
          El primer día de Cuaresma se llama día de Ceniza porque en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los fieles la sagrada Ceniza.

¿Por qué la Iglesia impone la sagrada Ceniza al principio de la Cuaresma? 
          La Iglesia, al principio de la Cuaresma, acostumbra poner la sagrada Ceniza para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.

¿Con qué disposiciones hemos de recibir la sagrada Ceniza? 
          Hemos de recibir la sagrada Ceniza con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

¿Qué hemos de hacer para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia? 
          Para pasar bien la Cuaresma según la mente de la Iglesia hemos de hacer
cuatro cosas: , guardar exactamente el ayuno ,y la abstinencia y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; , darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que da ordinario, , oír la palabra de Dios, no ya por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la confesión para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la Comunión pascual.


¿En qué consisten el ayuno y la abstinencia? 
          El ayuno consiste en no hacer más que una sola comida al día, y la abstinencia en no tomar carne ni caldo de carne.

¿Se prohíbe toda otra refección los días de ayuno, fuera de la única comida? 
          Los días de ayuno, la Iglesia permite una ligera refección a la noche, o hacia el mediodía si la comida única se traslada a la tarde, y además la parvedad por la mañana.

¿Quiénes están obligados al ayuno y a la abstinencia? 
          Al ayuno están obligados todos los que sean mayores de edad, hasta que hayan cumplido sesenta años y no estén legítimamente impedidos, y a la abstinencia los que han cumplido catorce años y tienen uso de razón.

¿Están exentos de toda mortificación los que no están obligados al ayuno? 
          Los que no están obligados al ayuno no están exentos de toda mortificación, porque ninguno está dispensado de la obligación general de hacer penitencia, y así deben los tales mortificarse en otras cosas según sus fuerzas.


NOTA IMPORTANTE: 

El Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero, tiene a bien celebrar ocasionalmente 
el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones 
de nuestros amigos y lectores, así como por el alma de sus difuntos. 

Si alguien quiere aplicar una Santa Misa por alguna cuestión particular, 
sólo tienen que escribirnos un mail a traditio@hotmail.com

sábado, 1 de marzo de 2014

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA Y EL CARMELO


              ¿Cuál es la relación entre Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora del Monte Carmelo, puesto que Ella se apareció con el hábito carmelita en una de las apariciones? Ustedes saben que en las apariciones de Fátima, nuestra Señora normalmente llevaba un vestido blanco con un borde dorado y un cinturón de oro en la cintura. Pero durante la aparición a los niños cuando ocurrió el milagro del sol, Ella se apareció con el hábito carmelita en la representación de los misterios gloriosos del rosario.


          En Fátima la Virgen también se apareció como Nuestra Señora del Carmen. Nuestra Señora no hace nada sin alguna razón, por lo que la primera pregunta nos lleva a otra: 

¿Cuál es la relación entre la Virgen del Carmelo
 y Nuestra Señora de Fátima?




          La invocación de Nuestra Señora del Carmelo tiene su origen en el Monte Carmelo en Tierra Santa, donde solían vivir los ermitaños en la época de la Antigua Alianza orando y esperando a una Virgen-Madre que vendría a traer la salvación a toda la raza humana. Ellos estaban siguiendo el ejemplo de Elías, el profeta, que estuvo en el Monte Carmelo rezando por la salvación de Israel, que estaba pasando por una terrible sequía, cuando él vio una pequeña nube en el horizonte lejano. Él creyó la que esa pequeña nube traería la lluvia tan necesaria a Israel. La pequeña nube creció en tamaño y cubrió todo el cielo, y, finalmente, la tan esperada lluvia vino a salvar al pueblo.


          Elías entendió que esta nube era un símbolo de la Virgen que vendría, en relación con las profecías de Isaías que hablaban de la Virgen. Los que siguieron su ejemplo también oraron por la venida de la Virgen que sería la Madre del Mesías. En tiempos de la Antigua Alianza, por lo tanto, los ermitaños del Monte Carmelo tuvieron la misión espiritual de prever la venida de la nuestra Señora y rezaron por ello. Ellos fueron perseguidos por gente malvada, y también por los miembros de la decadente Sinagoga; no obstante, los ermitaños del Monte Carmelo se mantuvieron fieles.


          Finalmente, Nuestra Señora vino, y Ella recibió la mayor glorificación que cualquier criatura viva haya recibido y recibirá: en Ella el Verbo Divino, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, se hizo carne. Ella se convirtió en la Esposa del Espíritu Santo...



          La cristiandad hoy en día está de nuevo en decadencia. Nuestra Señora vino a Fátima para advertir de esta decadencia, del castigo, y la victoria con la famosa frase: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”. En ese mismo conjunto de apariciones en las que Ella anunció su victoria, Ella deseó aparecerse con el hábito de la Orden Carmelita, como una forma de confirmar su antigua predilección por ella e indicar que esta Orden será parte de su glorioso reinado. Con el hábito, Ella realizó simbólicamente una síntesis del pasado y el futuro, en el mismo momento en que Ella anunció el fin de una era y el comienzo de otra.


          Glorifiquémosla y pidámosle que nos prepare, a quienes somos carmelitas en espíritu, para pasar por el castigo y ser piedras vivas en el Reino de María.



(  Dr. Plinio Corrêa de Oliveira  )