jueves, 6 de octubre de 2022

OCTUBRE, MES DEL ROSARIO. "Un espejo en el que todos debemos mirar..."

 


               Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de Su Amor de Madre, de Su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un instrumento de Su Maternidad Divina. Ella está siempre presente en mi vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, Su Corazón Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús...


San Antonio María Claret




PRIMER JUEVES, recemos por la Santidad Sacerdotal

 

               Déjame que ante todo te pregunte como en otro tiempo a Mis apóstoles: ¿tú quién dices que Soy Yo? Y después de esa pregunta Mía y de la respuesta tuya, igual seguramente a la de Pedro, insto: ¿Y te has puesto a pensar en lo que ese Padre es para Su Hijo y ese Hijo es para Su Padre? ¡Lo que Mi Padre me quiere! 





              Junta en una caricia todos los cariños buenos de la tierra de padres a hijos, de hijos a padres, de hermanos a hermanos, de amigos a amigos, reúne en un beso la explosión de todos los besos que han brotado de labios de madres desde el primer día que las hubo, pon en una llama todo el fuego que ha salido de corazones amantes desde el primer momento en que se amaron los hombres, y ni aquella caricia, ni aquel beso, ni esta llama llegarán a ser una sombra del Amor con que Mi Padre me ama. 

              Hablando tu lenguaje humano tan escaso de vocablos que expresen con propiedad lo grande y lo bello, y mucho menos lo Infinito, te diré que, si en Dios cupieran desatinos y locuras, Mi Padre Celestial me quiere hasta la locura y el desatino y tanto que Su única ocupación de Señor Eterno, infinitamente Sabio, Bueno, Poderoso, es esto: recrearse y complacerse en Su Hijo. 

              Y si sigues no escandalizándote de este lenguaje humano aplicado a hablar de cosas tan subidas e inefables, te diré que la Creación entera con sus Ángeles, sus hombres y sus insectos, con sus soles y sus arenas, con sus aires y sus aguas y sus tierras y sus fuegos, y la Redención con sus anonadamientos de Belén, Cenáculo y Calvario, con sus glorias de Tabor y Resurrección, con sus donaciones inefables de Eucaristía, de Virgen Madre y de Iglesia, no son otra cosa que explosiones de Amor del Padre Celestial para Su Hijo. 

               Sí, todo lo del Cielo, lo de la Tierra y lo de los abismos lo puso Mi Padre en Mis manos y lo hizo para Mí y lo sometió a Mi Juicio. (…) ¿No nada en placer tu alma al saber que el mundo con sus distintos reinos y jerarquías, no es otra cosa que un poema cantado y hecho cantar en honor de Su Hijo por el Amor de un Padre infinitamente Bueno, Sabio, Poderoso? ¿No desaparecen de ante tus ojos medrosos todos los miedos y horrores y tenebrosidades de la vida al enterarte de que toda ella no es en definitiva sino el festín de bodas aparejado por el gran Rey a Su Hijo y que toda tu misión en ella es sentarte a gozar del festín, comer de lo que te presenten y cantar?... ¿Comprendes ahora la palabra que tantas veces repetí en Mi Evangelio: TODO, ¿te enteras bien? TODO lo que pidan al Padre en Mi Nombre se lo dará para glorificar a Su Hijo, o bien: Yo se lo daré para que el Padre sea glorificado en el Hijo? 

               Sacerdote, después de meditar lo que el Hijo vale delante de Su Padre, ¿volverás a dejar que entre en tu corazón el miedo o el engreimiento? ¿Tú, el dueño de la llave del Sagrario en que se quedó a vivir el Hijo? ¿Tú, el que todas las mañanas puedes tomar entre tus dedos la Hostia Consagrada que es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Hijo de Dios? Siendo tuyo el Hijo de Dios, ¿te podrá negar algo el Padre Celestial? Y si lo cuidas bien en tu Sagrario, buscándole mucha y buena compañía de almas, y en las almas preparándolas para que Él se sienta a gusto en ellas, ¿has pensado en la gratitud que te guardará Su Padre?




Obispo Manuel González
en su libro "Aunque todos yo no"




miércoles, 5 de octubre de 2022

OCTUBRE, MES DEL ROSARIO. "Rezábamos el Rosario viéndola a Ella"



               Nuestra Santa Madre, en el transcurso de las Apariciones en la aldea de San Sebastián de Garabandal, enseñó a las niñas videntes a rezar; como ocurriera en Lourdes y después en Fátima, la Madre de Dios manifiesta que la mejor manera de rezar el Rosario es con calma, saboreando cada palabra, entendiendo lo que decimos en la oración que pronunciamos con los labios, pero que ha de salir de un corazón sincero...

               En su Diario, Conchita, principal vidente de Garabandal, anotó "Rezábamos el Rosario, viéndola a Ella; y Ella rezaba con nosotros para enseñarnos a rezarle bien".

               La Virgen pedía a las niñas que rezasen el Rosario cada día e insistía que no se debe rezar apresuradamente y sin atención sino, lenta y atentamente.

              Fue un 18 de Agosto cuando la Virgen enseñó a las niñas a rezar todo el Rosario; además, Nuestra Señora señalaba la necesidad de pensar acerca de las palabras que se rezan más que la cantidad de palabras que se decían.

               "La Virgen nos enseñó a rezar la Letanía, y los Misterios del Rosario que no los sabíamos. Ella sólo rezaba el Gloria; si empezó con los otros rezos, fue para enseñarnos."



SUBIDA AL MONTE CARMELO, por San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia. Parte VI


CAPÍTULO V  Donde se trata y prosigue lo dicho, mostrando por autoridades de la Sagrada Escritura y por figuras cuán necesario sea al alma ir a Dios en esta noche oscura de la mortificación del apetito en todas las cosas.



               Por lo dicho se puede echar, en alguna manera, de ver la distancia que hay de todo lo que las criaturas son en sí a lo que Dios es en sí, y cómo las almas que en alguna de ellas ponen su afición, esa misma distancia tienen de Dios; pues, como habemos dicho, el amor hace igualdad y semejanza. La cual distancia, por echarla bien de ver san Agustín, decía hablando con Dios en los Soliloquios: Miserable de mí, ¿cuándo podrá mi cortedad e imperfección convenir con tu rectitud? Tú verdaderamente eres bueno, y yo malo; tú piadoso y yo impío; tú santo, yo miserable; tú justo, yo injusto; tú luz, yo ciego; tú vida, yo muerte; tú medicina, yo enfermo; tú suma verdad, yo toda vanidad. Todo esto dice este Santo. 

               Por tanto, es suma ignorancia del alma pensar podrá pasar a este alto estado de unión con Dios si primero no vacía el apetito de todas las cosas naturales y sobrenaturales que le pueden impedir, según que adelante declararemos; pues es suma la distancia que hay de ellas a lo que en este estado se da, que es puramente transformación en Dios. Que, por eso, Nuestro Señor, enseñándonos este camino, dijo por san Lucas (14, 33): Qui non renuntiat omnibus quae possidet, non potest meus esse discipulus. Quiere decir: El que no renuncia todas las cosas que con la voluntad posee, no puede ser mi discípulo. Y esto está claro, porque la doctrina que el Hijo de Dios vino a enseñar fue el menosprecio de todas las cosas, para poder recibir el precio del espíritu de Dios en sí; porque, en tanto que de ellas no se deshiciere el alma, no tiene capacidad para recibir el espíritu de Dios en pura transformación.

               De esto tenemos figura en el Éxodo (c. 16), donde se lee que no dio Dios el manjar del cielo, que era el maná, a los hijos de Israel hasta que les faltó la harina que ellos habían traído de Egipto. Dando por esto a entender que primero conviene renunciar a todas las cosas, porque este manjar de ángeles no conviene al paladar que quiere tomar sabor en el de los hombres. Y no solamente se hace incapaz del espíritu divino el alma que se detiene y apacienta en otros extraños gustos, mas aun enojan mucho a la Majestad Divina, los que, pretendiendo el manjar de espíritu, no se contentan con sólo Dios, sino quieren entremeter el apetito y afición de otras cosas. Lo cual también se echa de ver en este mismo libro de la Sagrada Escritura (Ex. 16, 8-13), donde también se dice que, no se contentando ellos con aquel manjar tan sencillo, apetecieron y pidieron manjar de carne; y que Nuestro Señor se enojó gravemente que quisiesen ellos entremeter un manjar tan bajo y tosco con un manjar tan alto y sencillo, que, aunque lo era, tenía en sí el sabor y sustancia de todos los manjares. Por lo cual, aún teniendo ellos los bocados en las bocas, según dice también David (Sal. 77, 31): Ira Dei decendit super eos: descendió la ira de Dios sobre ellos, echando fuego del cielo y abrasando muchos millares de ellos; teniendo por cosa indigna que tuviesen ellos apetito de otro manjar dándoseles el manjar del cielo.

               ¡Oh si supiesen los espirituales cuánto bien pierden y abundancia de espíritu por no querer ellos acabar de levantar el apetito de niñerías, y cómo hallarían en este sencillo manjar del espíritu el gusto de todas las cosas si ellos no quisieren gustarlas! Pero no le gustan; porque la causa por que estos no recibían el gusto de todos los manjares que había en el maná era porque ellos no recogían el apetito a sólo el. De manera que no dejaban de hallar en el maná todo el gusto y fortaleza que ellos pudieran querer porque en el maná no le hubiese, sino porque ellos otra cosa querían. Así, el que quiere amar otra cosa juntamente con Dios, sin duda es tener en poco a Dios, porque pone en una balanza con Dios lo que sumamente, como habemos dicho, dista de Dios.

               Ya se sabe bien por experiencia que cuando una voluntad se aficiona a una cosa, la tiene en más que otra cualquiera, aunque sea muy mejor que ella, si no gusta tanto de la otra. Y si de una y de otra quiere gustar, a la más principal por fuerza ha de hacer agravio, pues hace entre ellas igualdad. Y por cuanto no hay cosa que iguale con Dios, mucho agravio hace a Dios el alma que con el ama otra cosa o se ase a ella. Y pues esto es así, ¿qué sería si la amase más que a Dios?

               Esto también es lo que se denotaba cuando mandaba Dios a Moisés (Ex. 34, 3) que subiese al monte a hablar con él. Le mandó que no solamente subiese el solo, dejando abajo a los hijos de Israel, pero que ni aún las bestias paciesen de contra del monte. Dando por esto a entender que el alma que hubiere de subir a este monte de perfección a comunicar con Dios, no sólo ha de renunciar todas las cosas y dejarlas abajo, mas también los apetitos, que son las bestias, no las ha de dejar apacentar de contra de este monte, esto es, en otras cosas que no son Dios puramente, en el cual todo apetito cesa, esto es, en estado de la perfección. Y así es menester que el camino y subida para Dios sea un ordinario cuidado de hacer cesar y mortificar los apetitos; y tanto más presto llegará el alma, cuanto más priesa en esto se diere. Mas hasta que cesen, no hay llegar, aunque más virtudes ejercite, porque le falta el conseguirlas en perfección, la cual consiste en tener el alma vacía y desnuda y purificada de todo apetito. De lo cual también tenemos figura muy al vivo en el Genesis (35, 2), donde se lee que, queriendo el patriarca Jacob subir al monte Betel a edificar allí a Dios un altar, en que le ofreció sacrificio, primero mandó a toda su gente tres cosas: la una, que arrojasen de sí todos los dioses extraños; la segunda, que se purificasen; la tercera, que mudasen vestiduras. 

               En las cuales tres cosas se da a entender a toda alma que quiere subir a este monte a hacer de sí mismo altar en el, en que ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza y reverencia pura, que, primero que suba a la cumbre del monte, ha de haber perfectamente hecho las dichas tres cosas. Lo primero, que arroje todos los dioses ajenos, que son todas las extrañas aficiones y asimientos. Y lo segundo, que se purifique del dejo que han dejado en el alma los dichos apetitos con la noche oscura del sentido que decimos, negándolos y arrepintiendose ordinariamente. Y lo tercero que ha de tener para llegar a este alto monte es las vestiduras mudadas. Las cuales, mediante la obra de las dos cosas primeras, se las mudará Dios de viejas en nuevas, poniendo en el alma un nuevo ya entender de Dios en Dios, dejando el viejo entender de hombre, y un nuevo amar a Dios en Dios, desnuda ya la voluntad de todos sus viejos quereres y gustos de hombre, y metiendo al alma en una nueva noticia, echadas ya otras noticias e imágenes viejas aparte, haciendo cesar todo lo que es de hombre viejo (cf. Col. 3, 9), que es la habilidad del ser natural, y vistiendose de nueva habilidad sobrenatural según todas sus potencias. De manera que su obrar ya de humano se haya vuelto en divino, que es lo que se alcanza en estado de unión, en la cual el alma no sirve de otra cosa sino de altar, en que Dios es adorado en alabanza y amor, y sólo Dios en ella está. Que, por eso, mandaba Dios (Ex. 27, 8) que el altar donde había de estar el arca del Testamento estuviese de dentro vacío, para que entienda el alma cuán vacía la quiere Dios de todas las cosas, para que sea altar digno donde este Su Majestad. En el cual altar tampoco permitía ni que hubiese fuego ajeno, ni que faltase jamás el propio; tanto, que, porque Nadab y Abiud, que eran dos hijos del sumo sacerdote Arón, ofrecieron fuego ajeno en su altar, enojado, Nuestro Señor, los mató allí delante del altar (Lv. 10, 1). Para que entendamos que en el alma ni ha de faltar amor de Dios para ser digno altar, ni tampoco otro amor ajeno se ha de mezclar. 

               No consiente Dios a otra cosa morar consigo en uno. De donde se lee en el libro primero de los Reyes (5, 2-4) que, metiendo los filisteos al arca del Testamento en el templo donde estaba su ídolo, amanecía el ídolo cada día arrojado en el suelo y hecho pedazos. Y sólo aquel apetito consiente y quiere que haya donde el está, que es de guardar la ley de Dios perfectamente y llevar la Cruz de Cristo sobre sí. Y así, no se dice en la sagrada Escritura divina (Dt. 31, 26) que mandase Dios poner en el arca donde estaba el maná otra cosa, sino el libro de la Ley y la vara de Moisés, que significa la Cruz. Porque el alma que otra cosa no pretendiere que guardar perfectamente la ley del Señor y llevar la cruz de Cristo, será arca verdadera, que tendrá en sí el verdadero maná, que es Dios, cuando venga a tener en sí esta ley y esta vara perfectamente, sin otra cosa alguna (cf. Núm. 17; Heb. 9, 4).



martes, 4 de octubre de 2022

OCTUBRE, MES DEL ROSARIO. "Por el Rosario el hombre se une íntimamente a Dios"

 


               Después de haber sido entregado directamente por Nuestra Señora a Santo Domingo de Guzmán, la devoción al Rosario se extendió rápidamente por toda la Iglesia, superando los límites de la Orden Dominica y convirtiéndose en el distintivo de otras muchas Órdenes, cuyos miembros empezaron a llevarlo colgado de la cintura.

              Hubo un tiempo en que todo católico lo portaba habitualmente consigo, no sólo como un objeto de contar avemarías, sino como instrumento que atrae las bendiciones de Dios.

               En síntesis, se trata de una composición de meditaciones sobre la Vida de Nuestro Señor Jesucristo y de su Madre Santísima, sumada a oraciones vocales. Tal conjunción —de la oración vocal con la mental— es verdaderamente espléndida, pues mientras se pronuncia con los labios una súplica, el espíritu se concentra en un punto.

              Así, el hombre hace en el orden sobrenatural todo lo que puede: a través de sus intenciones se une a lo que sus labios pronuncian y por su mente se entrega a aquello que su espíritu medita.

              Por esta forma de oración el hombre se une íntimamente a Dios, sobre todo porque tal vínculo se produce a través de María, Medianera de todas las gracias.

              Alguien podría preguntar: «¿Qué sentido tiene rezarle vocalmente a la Virgen mientras se medita otra cosa? ¿No podría ser algo más sencillo? ¿No sería más fácil meditar antes y luego rezar diez avemarías?».

              La respuesta es muy simple. Cada Misterio contiene, en sus pormenores, elevaciones sin fin, las cuales nuestro pobre espíritu procura sondear… Ahora bien, para hacerlo con toda perfección, necesitamos ser auxiliados por la gracia de Dios y tal gracia nos es dada por el auxilio de Nuestra Señora. Es decir, se pronuncia la avemaría para pedir que la Virgen Santísima nos obtenga las gracias para meditar bien.


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira



SAN FRANCISCO DE ASÍS, el primer estigmatizado de la Cristiandad

 



              Breve semblanza del Seráfico San Francisco de Asís:

              Nació en Asís, una ciudad sobre la ladera del Monte Subasio (Italia) en 1181. Su madre lo bautizó Juan, pero su padre lo cambió por Francisco. Pertenecía a una familia rica, dedicada al comercio de telas.

              San Francisco pasó gran parte de su juventud dedicado a cosas mundanas, sin importarle mucho Dios; incluso durante un tiempo fue soldado, pero un sueño le advirtió que no era su camino. Peregrinó entonces a Roma y oyó que el Señor le pedía reparar su casa . Es entonces cuando decide renunciar a todos sus bienes, desafiando a su padre, Pedro Bernardone que tenía pensado su futuro como comerciante. Así, a los veinticinco años, ciñe el hábito de los penitentes, atándose una cuerda a la cintura. 

              De esta manera, vivió un tiempo en soledad y luego fundó con doce compañeros la Orden de Frailes Menores (franciscanos) que fue aprobada por el Papa Inocencio III en 1209.

               Llegando al ocaso de su vida, durante una Cuaresma, San Francisco decide retirarse a orar y ayunar al Monte Alvernia. Una mañana, cuando nuestro santo se encontraba en oración, tuvo la visión celestial de un serafín: tenía seis alas resplandecientes. Entre ellas apareció representada la imagen de Nuestro Señor clavado en la Cruz. Dos alas del serafín se elevaban sobre su cabeza, las otras dos aparecían extendidas, en actitud de volar, y las restantes le cubrían el cuerpo.

                Al desaparecer aquella prodigiosa visión, surgieron llagas en sus manos y pies, semejantes a las de Jesús Crucificado, igual que lo acababa de contemplar en el éxtasis. También en el costado, se reprodujo una herida que recordaba a la que el soldado romano Longinos, infringió a Jesús ya muerto en la Cruz. Pero el milagro de la estigmatización no terminaba ahí: los biógrafos de San Francisco nos cuentan que mientras el santo recibía las Santas Llagas, la vegetación del Monte Alvernia comenzaba a arder con impresionantes llamas, produciendo enormes resplandores que despertaron a los pastores y vecinos del lugar.

               A diferencia de otros estigmatizados, los estigmas de San Francisco, presentaban unas características muy particulares y que jamás se reprodujeron de igual manera en otros casos de estigmatización; así, Tomás de Celano, testigo de la época, nos relata estas características de los estigmas de San Francisco: “Sus manos y sus pies estaban atravesados por la mitad, como con clavos; las cabezas de éstos asomaban por la parte interior de las manos y por la parte superior de los pies; las puntas, por el otro lado. Las marcas del interior de las manos eran redondas, las del otro alargadas”.

                San Buenaventura preguntó sobre los estigmas de San Francisco a algunos discípulos del santo, y que dieron el siguiente testimonio: “Los clavos eran negros y como de hierro, y hasta tal punto eran una misma cosa con la carne, que de cualquier cosa que se apretase, salían por el otro lado. En cambio, la llaga encarnada del costado, que por contracción de la carne había adoptado una forma circular, producía el efecto de una hermosa rosa”. 



Guarda e imprime la Bendición de San Francisco

              A pesar de la novedad de tan milagrosos hechos, San Francisco siempre intentó ocultar las llagas ante los ojos de los suyos; sin embargo, por obediencia, tuvo que mostrarlas ante la mirada de varios Cardenales e incluso del mismo Papa Alejandro IV, que certificó la veracidad de la estigmatización, amenazando con penas eclesiásticas a quienes impugnaran la verdad de las llagas del Santo.

               San Francisco murió en 1226; en ese momento, varias decenas de frailes, su hija espiritual, Santa Clara de Asís y otras franciscanas, pudieron venerar aquellas santas heridas que el santo les ocultó en vida. Dicen que incluso las llagas sangraron después de muerto; algunos frailes empaparon un lienzo con aquella sangre, que guardaron como una preciosa reliquia que aún hoy día se conserva.

              Fue canonizado por el Papa Gregorio IX, tan sólo dos años después de su muerte. El prodigioso hecho de la estigmatización de San Francisco, se conmemora en la Iglesia cada año el 17 de Septiembre.



lunes, 3 de octubre de 2022

OCTUBRE, MES DEL ROSARIO. "Innumerables y grandes beneficios"

 


               ...los innumerables y grandes beneficios que ha reportado al Pueblo Cristiano la Devoción del Santo Rosario de María, queremos que en el corriente año sea objeto de particular atención en el Mundo Católico, a fin de que por la intercesión de la Virgen María obtengamos de Su Divino Hijo venturoso alivio y término a Nuestros males. 

               En tiempos críticos y angustiosos siempre el principal y constante cuidado de los Católico refugiarse bajo la égida de María y ampararse a Su Maternal Bondad, lo cual demuestra que la Iglesia Católica ha puesto siempre y con razón en la Madre de Dios toda su confianza. En efecto, la Virgen, exenta de la mancha original, escogida para ser la Madre de Dios y asociada por lo mismo a la Obra de la Salvación del género humano, goza cerca de Su Hijo de un favor y poder tan grande, como nunca han podido ni podrán obtenerlo ni los hombres ni los Ángeles. Así, pues, ya que le es sobremanera dulce y agradable conceder su socorro y asistencia a cuantos la pidan, desde luego es de esperar que acoja cariñosa las preces de la Iglesia Universal.


Papa León XIII, Encíclica Supremi Apostolatus Officio, 1 de Septiembre 1883



SANTA TERESITA DE LISIEUX, la Mística de la Infancia Espiritual

 


"Lo que me impulsa a ir al Cielo 
es el pensamiento de poder 
encender en amor de Dios 
una multitud de almas 
que le alabarán eternamente"


             María Francisca Teresa nació el 2 de Enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Fue bautizada dos días más tarde; su hermana María ejercería como madrina. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.

             En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre y la niña elige a su hermana Paulina como segunda madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el cuidado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Les leía mucho en el invierno.

            Cuando Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó al convento de las Carmelitas. Desde entonces, se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la religión ocupaba una parte muy importante de su vida.


"...quiero buscar un camino nuevo hacia el Cielo, 
muy corto, muy recto, un pequeño sendero… 
Estamos en la era de los inventos. Me gustaría encontrar 
un elevador para ascender hasta Jesús, pues soy 
demasiado pequeña para subir los empinados 
escalones de la perfección…"


             Tenía Teresa catorce años cuando su hermana María se fue también al convento de las carmelitas igual que Paulina. La Navidad de ese año, tuvo la experiencia que ella llamó su “conversión”. En su biografía cuenta que apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente.

             Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él dijo que sí. Las monjas del convento y el Obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.

             Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el Jubileo Sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frente al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la voluntad de Dios así sería.

             Teresita rezó mucho en todos los santuarios de la peregrinación y con el apoyo del Papa, logró entrar en el Carmelo en Abril de 1888. Al entrar al convento, la maestra de novicias dijo; “ Desde su entrada en la orden, su porte tenía una dignidad poco común de su edad, que sorprendió a todas las religiosas.” Profesó como religiosa el 8 de Septiembre de 1890. Su deseo era llegar a la cumbre del monte del amor.

             Cumplió con exactitud las reglas y deberes de las Carmelitas. Oraba con un inmenso fervor por los sacerdotes y los misioneros. Debido a esto, fue proclamada después de su muerte, con el título de Patrona de las Misiones, aunque nunca había salido de su convento.

             Se sometió a todas las austeridades de la Orden, menos al ayuno, ya que era delicada de salud y sus Superiores se lo impidieron. Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento. Pero ella decía “Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos.” Y un día pudo exclamar “He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce.”


"Vivamos por las almas, seamos apóstoles, 
salvemos sobre todo las almas de los Sacerdotes...
recemos, suframos por ellos y, 
en el último día, Jesús será agradecido"


             En 1893, a los veinte años, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias. Prácticamente ella era la maestra de novicias, aunque no tuviera el título. Con respecto a esta labor, decía ella que hacer el bien sin la ayuda de Dios era tan imposible como hacer que el sol brille a media noche.

             Su padre enfermó perdiendo el uso de la razón a causa de dos ataques de parálisis. Celina, su hermana, se encargó de cuidarlo. Fueron unos año difíciles para las hijas. Al morir el padre, Celina ingresó al convento con sus hermanas.

             En este mismo año, Teresita se enfermó de tuberculosis. Quería ir a una misión en Indochina pero su salud no se lo permitió. Sufrió mucho los últimos 18 meses de su vida. Fue un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. En Junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del Convento, de la que no volvió a salir. A partir de Agosto ya no podía recibir la Comunión debido a la enfermedad y murió el 30 de Septiembre de ese año. Sus últimas palabras fueron "Oh, le amo, Dios mío, os amo". 

             El Papa Pío XI, la declaró Beata el el 29 de Abril de 1923; el 17 de Mayo de 1925, el mismo Papa, rodeado de 23 Cardenales y 250 Obispos, procedió a la Solemne Canonización de Teresita de Lisieux, a la que además declaró Patrona de las Misiones.


Seguro te interesará conocer más sobre Santa Teresita... 
(toca sobre el título para acceder al artículo)


      - VIVIR EN UN ACTO DE PERFECTO AMOR, Oración a la Santísima Trinidad compuesta por Santa Teresita

     - LA VIRGEN ALCANZA LA CURACIÓN DE SANTA TERESITA, mientras se hallaba en casa de sus tíos maternos, Santa Teresita cayó gravemente enferma, víctima de temblores nerviosos. La niña solo tenía diez años y hacía cinco que había perdido a su madre, Celia Guérin.

     - ¡QUÉ DULCE FUE EL PRIMER BESO DE JESÚS A MI ALMA...! En el Aniversario de la Primera Comunión de Santa Teresita



domingo, 2 de octubre de 2022

OCTUBRE, MES DEL ROSARIO. "Ella sostenía un Rosario en la mano"

 


               En medio del paisaje inmóvil, en una especie de nicho que formaba una mancha oscura en la parte derecha de la roca, a tres metros por encima del suelo, se agitaba una mata de espinos. Una suave luz iluminó progresivamente aquel agujero en sombra. Y dentro de la luz, una sonrisa; era una maravillosa niña blanca. Separó los brazos al tiempo que se inclinaba en un gesto de recibimiento que parecía decir: «Acercaos...» Bernadette, paralizada por la sorpresa, pasmada, no se atrevió a moverse. Algo, sin embargo, luchaba en su interior.

               Volvió a abrir los ojos. La niña blanca seguía ahí, con su sonrisa. Con un gesto habitual, casi instintivo, se llevó la mano derecha al bolsillo del delantal, encontró el Rosario, el tranquilizador Rosario de las noches de asma. Levantó el brazo mecánicamente para hacer la señal de la Cruz con el crucifijo. ¡Sorpresa! el brazo se detuvo a medio camino; la mano cayó. ¡Da igual! Querer es poder... Pero no, el brazo le colgaba invenciblemente flojo y sin energía, aunque no dejaba de notar el tacto de la cruz de madera entre los dedos. De golpe, el sobrecogimiento se convirtió en miedo. Le temblaba la mano. 

               En el hueco de la roca, la Aparición esbozó un gesto, el gesto que Bernadette quisiera hacer. También ella sostenía un rosario en la mano, un rosario blanco con una gran Cruz brillante. Se lo llevó a la frente. Acompañando su gesto, el brazo de Bernadette se levantó por sí solo y dibujó a su vez una amplia señal de la Cruz. Con este gesto se desvaneció todo el temor y sólo quedó una intensa alegría. Bernadette se arrodilló. 

               Las dos compañeras que se alejaban distinguieron, al volverse, la minúscula silueta en su postura de oración, arrodillada sobre el banco de arena en pleno torrente. Ranne se encogió de hombros. —¡Está loca si se pone a rezar ahí! ¡Ya es suficiente con rezar en la iglesia! 

               De pronto... mientras pasaba las cuentas del rosario, Bernadette observaba todo lo que podía, y ambas acciones se acompañaban maravillosamente. El tiempo volaba y permanecía como una pequeña eternidad. La aparición hacía correr las cuentas entre sus dedos pero no movía los labios. Tan pronto terminó la oración, desapareció. Los ojos de Bernadette escrutaron en vano una estela de luz que se prolongó un instante antes de disiparse como una nube. ¡Sólo quedó la roca negra, la llovizna, el cielo bajo, el tiempo encapotado! Pero nada de todo eso pesaba ya. La fatiga y la preocupación de hacía un momento habían desaparecido. Aquellas Apariciones se repetirían hasta en diecisiete ocasiones más. 


Del relato de las Apariciones de Nuestra Señora de Lourdes



NUESTROS MÁS FIELES AMIGOS; LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS, por San Juan María Vianney




Os enviaré a mi Ángel 

Profeta Malaquías, cap. 3, vers.1


               Hermanos míos, nuestros Ángeles Custodios son nuestros más fieles amigos, porque están con nosotros día y noche, en todo tiempo y lugar; la Fe nos enseña que los tenemos siempre a nuestro lado. Eso es lo que hizo decir a David: «No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque a sus Ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos» (Salmo 90, vers.11). 

               Y para que veamos cuán grandes son sus cuidados para con nosotros, el Profeta dice que nos llevan en sus manos como una madre lleva a su hijo. ¡Ah! es que el Señor previó los peligros sin número a los que estaríamos expuestos en la tierra, en medio de tantos enemigos y que todos buscan nuestra perdición. Sí, son los Ángeles buenos que nos consuelan en nuestras penas, que hacen nos demos cuenta cuando el demonio nos quiere tentar, que presentan a Dios nuestras oraciones y todas nuestras buenas acciones, que nos asisten en la hora de la muerte y presentan nuestras almas a su Soberano Juez…

               Desde el comienzo del mundo, el trato de los Ángeles con los hombres es tan frecuente que la Escritura Santa los menciona a cada instante… Casi todos los Patriarcas y Profetas han sido instruidos por los Ángeles acerca de la Voluntad del Señor. Incluso a menudo vemos que el mismo Señor se ha hecho representar por Ángeles. Pero me diréis, si les viéramos ¿no aumentaría nuestra confianza en ellos? Si esto hubiera sido necesario para la salvación de nuestra alma, el Buen Dios los habría hecho visibles. Pero eso tiene muy poca importancia, porque en nuestra Religión sólo conocemos por la Fe, y esto para que todas nuestras acciones sean más meritorias…

               Si deseáis saber el número de Ángeles que existen, su función, os diré que son muy numerosos: unos han sido creados para honrar a Jesucristo en su vida escondida, dolorosa y gloriosa, o bien para ser los guardianes de los hombres sin dejar, por ello, de gozar de la presencia divina. Otros están ocupados en contemplar las perfecciones de Dios, o bien velan para que conservemos nuestra Vida Cristiana proveyéndonos de todos los medios necesarios para nuestra santificación.

                Si vemos a Dios cuidar con tanto esmero de nuestra vida, debemos concluir que nuestra alma es algo muy grande y muy precioso, para que emplee para su conservación y santificación todo lo que tiene de más grande en su tribunal. Nos dio a su Hijo para salvarnos; Este mismo Hijo… nos da a cada uno de nosotros, uno y hasta varios Ángeles, que únicamente se ocupan de pedirle para nosotros las gracias y los socorros necesarios para nuestra salvación… ¡Oh, qué poco conoce el hombre lo que es, y el fin para qué ha sido creado! Leemos en la Escritura que el Señor decía a su pueblo: «Voy a enviaros a mi ángel, con el fin de que os conduzca en todos vuestros pasos» (Éxodo, cap. 23, vers. 20).




              Debemos invocar a menudo a nuestros Ángeles Custodios, respetarlos y, sobre todo tratar de imitarlos en todas nuestras acciones. La primera cosa que debemos imitar en ellos, es el pensamiento de la presencia de Dios… En efecto, si estuviéramos bien penetrados de la Presencia de Dios, ¿cómo podríamos hacer el mal? ¡Nuestras virtudes y todas nuestras buenas obras, serían mucho más agradables a Dios!… Dios le dice a Abraham: «¿Quieres ser perfecto? Camina en mi presencia» (Génesis, cap. 17, vers.1).

               ¿Cómo puede ser que olvidemos tan fácilmente al buen Dios, si lo tenemos siempre delante de nosotros? ¿Por qué no tenemos respeto y reconocimiento hacia nuestros Ángeles, que nos acompañan día y noche?… “Soy demasiado miserable, diréis, para merecer esto”. No sólo, hermanos míos, Dios no os pierde de vista un instante, sino que os da un Ángel, que no deja de guiar vuestros pasos. ¡Oh, inmensa felicidad, tan poca conocida por los hombres!



TRIDUO EN HONOR DE SANTA TERESITA DE LISIEUX. Día tercero: Aprender a ser grande en lo pequeño

 

               El 30 de Septiembre de 1897, en el Carmelo de Lisieux, a las 7:20 de la tarde, moría a consecuencia de la tuberculosis, a la edad de 24 años, Sor Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz. La Santa Iglesia la elevó a la Gloria de los Altares el 17 de Mayo de 1925 y determinó la celebración de su memoria para el día 3 de Octubre. 




ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

               Santa Teresita: Vengo a tus plantas lleno de confianza a pedirte favores. La cruz de la vida me pesa mucho, y no encuentro más que espinas entre sus brazos. ¡Florecita de Jesús! envía sobre mi alma una lluvia de flores de gracia y de virtud para que pueda subir el Calvario de la vida embriagado en sus perfumes. Mándame una sonrisa de tus labios de Cielo y una mirada de tus hermosos ojos... Que valen más tus caricias que todas las alegrías que el mundo encierra.

              ¡Dios mío! Por intercesión de Santa Teresita dame fuerza para cumplir exactamente con mi deber, y concédeme la gracia que en este Triduo le pido. Amén.



ORACIÓN PARA EL DÍA TERCERO

              Florecita de Jesús: Por aquella continua tendencia de "empequeñecerse" que fue el tema de tu santa vida, haz sepa también yo ser un alma tan pequeña que encuentre la verdadera grandeza en los brazos del Sacrificio y de la Cruz; y aprenda a ser grande en lo pequeño y amar la humildad... también la "pequeñez", para entrar más fácilmente por las puertas de la Gloria al gozo eterno. Amén. 



INVOCACIONES

(Se reza la invocación y a continuación decimos "ruega por nosotros
y agregamos un Gloria; en total son 24, por los mismos años 
que vivió entre nosotros Santa Teresita de Lisieux)

1- Santa Teresita del Niño Jesús. Ruega por nosotros... (Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, etc)

2- Florecita de Jesús. 

3- Hija predilecta de María. 

4- Esposa fiel de Jesús. 

5- Madre de innumerables almas. 

6- Ejemplo de Santidad. 

7- Milagro de virtudes. 

8- Prodigio de milagros. 

9- Virgen prudente. 

10- Hermana de la Fe. 

11- Ángel de caridad. 

12- Violeta de humildad. 

13- Mística apasionada. 

14- Lirio purísimo del Carmelo. 

15- Flor selecta de la Iglesia. 

16- Rosa deshojada de amor. 

17- Mártir de amor. 

18- Encanto de Cielos y tierra. 

19- Mensajera de paz. 

20- Patrona de las Misiones. 

21- Sembradora de rosas. 

22- Maestra de Infancia Espiritual. 

23- Abogada de los Sacerdotes. 

24- Tú que pasas tu Cielo haciendo bien en la tierra. 



JACULATORIA

Santa Teresita, escucha nuestras humildes súplicas




sábado, 1 de octubre de 2022

OCTUBRE, MES DEL ROSARIO. "Un arma poderosísima"

 



               Ante peligros tan graves, sin embargo, no debe abatirse vuestro ánimo, sino que, acordándoos de aquella divina enseñanza: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (1), con mayor confianza acudid gozosos a la Madre de Dios, junto a la cual el Pueblo Cristiano siempre ha buscado el refugio en las horas de peligro, pues Ella «ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano» (2) 

Papa Pío XII, Encíclica "Ingruentium malorum", 15 de Septiembre de 1951


     NOTAS

          1- Evangelio de San Lucas, cap.11, vers. 9
          
          2- San Ireneo de Lyon, Doctor de la Iglesia



TRIDUO EN HONOR DE SANTA TERESITA DE LISIEUX. Día segundo: Cumplir exactamente con mi deber


               El 30 de Septiembre de 1897, en el Carmelo de Lisieux, a las 7:20 de la tarde, moría a consecuencia de la tuberculosis, a la edad de 24 años, Sor Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz. La Santa Iglesia la elevó a la Gloria de los Altares el 17 de Mayo de 1925 y determinó la celebración de su memoria para el día 3 de Octubre. 




ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

               Santa Teresita: Vengo a tus plantas lleno de confianza a pedirte favores. La cruz de la vida me pesa mucho, y no encuentro más que espinas entre sus brazos. ¡Florecita de Jesús! envía sobre mi alma una lluvia de flores de gracia y de virtud para que pueda subir el Calvario de la vida embriagado en sus perfumes. Mándame una sonrisa de tus labios de Cielo y una mirada de tus hermosos ojos... Que valen más tus caricias que todas las alegrías que el mundo encierra.

              ¡Dios mío! Por intercesión de Santa Teresita dame fuerza para cumplir exactamente con mi deber, y concédeme la gracia que en este Triduo le pido. Amén.



ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO

              Florecita de Jesús: por la paciencia admirable con que supiste disimular y sufrir las enfermedades que en la Cruz te pusieron, que pueda yo también, Santita mía, llevar si no con alegría, a lo menos en conformidad con la Voluntad de Dios los achaques y miserias de este cuerpo de barro para que un día resulte embellecido en la Gloria. Amén.



INVOCACIONES

(Se reza la invocación y a continuación decimos "ruega por nosotros
y agregamos un Gloria; en total son 24, por los mismos años 
que vivió entre nosotros Santa Teresita de Lisieux)

1- Santa Teresita del Niño Jesús. Ruega por nosotros... (Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, etc)

2- Florecita de Jesús. 

3- Hija predilecta de María. 

4- Esposa fiel de Jesús. 

5- Madre de innumerables almas. 

6- Ejemplo de Santidad. 

7- Milagro de virtudes. 

8- Prodigio de milagros. 

9- Virgen prudente. 

10- Hermana de la Fe. 

11- Ángel de caridad. 

12- Violeta de humildad. 

13- Mística apasionada. 

14- Lirio purísimo del Carmelo. 

15- Flor selecta de la Iglesia. 

16- Rosa deshojada de amor. 

17- Mártir de amor. 

18- Encanto de Cielos y tierra. 

19- Mensajera de paz. 

20- Patrona de las Misiones. 

21- Sembradora de rosas. 

22- Maestra de Infancia Espiritual. 

23- Abogada de los Sacerdotes. 

24- Tú que pasas tu Cielo haciendo bien en la tierra. 



JACULATORIA

Santa Teresita, escucha nuestras humildes súplicas




LOS ÚLTIMOS REMEDIOS PARA SALVAR AL MUNDO. Primer Sábado de Mes

 

               "Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación" 

               De esta manera se dirigía Nuestra Señora a Sor Lucía Dos Santos; acontecía la celestial revelación en la ciudad gallega de Pontevedra, era el 10 de Diciembre de 1925 y entonces, la que había sido vidente de la Virgen en Fátima, junto a sus primos Jacinta y Francisco, se preparaba ahora para ser Esposa de Cristo, como religiosa dorotea. 


               Años atrás, en la aldea de Fátima, cuando Lucía y sus primos eran unos niños, habían sido bendecidos con las visitas de la Madre de Dios; en la Aparición del 13 de Junio de 1917, Nuestra Señora les mostró la terrible visión del lugar de penas eternas... "Habéis visto el infierno -les dijo la Virgen- a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón." Fiel a la Voluntad de Dios, la Virgen Santa se manifiesta a una Lucía ya adulta para hacerle cumplir con el pedido que otrora le formulara en Fátima, "Para impedir la guerra vendré a pedir la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados..." (13 de Julio de 1917). 


               En la última entrevista fiable que se realizó a Sor Lucía, ésta volvería a reafirmar su Misión de propagar la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue el Padre Agustín Fuentes Anguiano, quien el 26 de Diciembre de 1957, en calidad de Postulador de la Causa de Canonización de Francisco y Jacinta, tuvo acceso a hablar con Sor Lucía, en un locutorio de la clausura del Monasterio de San José de Coimbra, donde ahora vivía como carmelita descalza.


               Sor Lucía desveló al Padre Fuentes que "mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas sus apariciones. Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores, nos llegaban al alma..." También aseguró Sor Lucía que "el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva, es una batalla final en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio."


               El Padre Agustín Fuentes dijo que Sor Lucía le aclaró que la Virgen "me dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y, al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros."






¿Cómo practicar la Devoción 
de los Cinco Primeros Sábados del Mes?


               1) Confesarse, dentro de los ocho días anteriores, con la intención de desagraviar las ofensas al Inmaculado Corazón de María. 

               2) Recibir la Comunión en el primer Sábado del mes, en gracia de Dios, con la misma intención de consolar y reparar al Doloroso Corazón de María. La Confesión y la Comunión deben repetirse durante cinco meses consecutivos, sin interrupción, de lo contrario se debe comenzar de nuevo.

               3) Rezar el Santo Rosario, al menos cinco Misterios, con la misma intención de desagraviar al Corazón de María.

               4) Hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los Misterios del Rosario. Esto se puede hacer leyendo un pasaje de la Sagrada Escritura alusivo a los Misterios del Santo Rosario (por ejemplo la Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Virgen Purísima).