martes, 11 de abril de 2023

SANTA GEMA GALGANI, HIJA DE LA PASIÓN




               Santa Gema nació el 12 de marzo 1878, en Camigliano, Italia, en el pueblo de Borgonovo de Capannori. Sus padres, Don Enrique Galgani, ejercía como farmacéutico y Doña Aurelia Landi fue una madre abnegada. Al día siguiente, 13 de Marzo, la bautizó Don Pedro Quilici, Párroco de San Miguel de Camigliano, con los nombres de Gemma Hipólita Pía. Pasó sólo un mes en Camigliano ya que sus padres decidieron trasladarse a Lucca, donde Santa Gema viviría el resto de su vida.

               Gema era la cuarta de ocho hijos y la primera niña de la prole. Desde muy pequeña dio claras muestras de sincera devoción y piedad; cuando la Santa tenía apenas 4 años, sus abuelos la sorprendieron en su cuarto, de rodillas ante un crucifijo. "Estoy rezando. Salid que estoy en oración", les dijo.

               "Cuando yo era pequeñita, mi madre acostumbraba a tomarme a menudo en brazos y, llorando, me enseñaba un crucifijo y me decía que Jesús había muerto en la cruz por los hombres", aseguró años después la joven. Esta relación tan especial con su madre se rompió cuando tenía 7 años, el día en que Gema recibió la Confirmación. "¿Quieres darme a tu mamá?", notó que Jesús le decía en el corazón. "Me llevaré a tu mamá al Cielo, ¿me la darás de buena gana?", insistió el Señor. Al recordar ese episodio, Gema reconocería más tarde que "tuve que decir que sí" y que, al acabar la Misa, volvió a casa y "miraba a mamá y lloraba, no podía contenerme". No habían transcurrido seis meses cuando su madre murió.

              Este suceso fue un mazazo para toda la familia, y la pequeña Gema fue enviada a un internado, en el colegio de Santa Zita, cuyas docentes eran las Oblatas del Espíritu Santo. Fueron los años en los que debía prepararse para recibir la Primera Comunión. El 17 de Junio de 1887 llegó el momento: "Me siento incapaz de describir la experiencia de aquel encuentro. Comprendí que las delicias del cielo no son como las de la tierra. Hubiera anhelado no interrumpir nunca aquella unión con mi Dios".

              Diez años después, su padre murió de cáncer de garganta. La familia estaba llena de deudas y los acreedores ni siquiera respetaron el duelo. Antes incluso del entierro se abalanzaron sobre la casa para llevarse todo lo que pudieron, y hasta metieron las manos en los bolsillos de la joven para coger unas monedas. En la miseria, Gema tuvo que ser acogida por una familia del pueblo.

               Fue una época de mucha agitación. Durante el año siguiente se despistó y comenzó a olvidarse poco a poco de Jesús. "El amor del mundo comenzó a apoderarse de mi corazón", dijo, pero "Jesús vino otra vez en mi ayuda".

               Lo hizo a través de la enfermedad y la Cruz: una parálisis se apoderó de sus piernas, comenzó a dolerse de los riñones, y una otitis purulenta la llevó a quedarse en cama. Al no ver mejoría, los médicos llegaron a desahuciarla. "¿Para qué me tratas así?", se quejaba a Jesús. "Si Él te aflige en el cuerpo es para purificarte cada vez más en el espíritu", le respondió su Ángel Custodio, con el que mantuvo una estrecha relación.

               Fue en aquel momento cuando empezó a recibir la visita de Jesús: "No me ofendas más, ámame como Yo te he amado siempre", le decía Nuestro Señor. Sanó con la mediación de Santa Margarita María de Alacoque y de San Gabriel de la Dolorosa (1). Al poco de recuperarse la cortejaron dos caballeros que se prendaron de su belleza, pero no tuvieron nada que hacer; Dios era su único dueño.

               Según narra Santa Gema en su autobiografía "El día 8 de Junio de 1899, después de la Comunión, Jesús me avisó de que, por la tarde, me iba a hacer una gracia grande. Fui ese mismo día a confesarme y se lo le dije a Monseñor (se refiere la Santa al Obispo de Lucca, Monseñor Giovanni Volpi, que además de confesor sería su primer biógrafo) y él respondió que estuviera bien atenta para contarle cada cosa con detalle.




               Era por la tarde cuando, de repente, más pronto de lo habitual, sentí un dolor interior por mis pecados; pero fue tan fuerte, que nunca lo había sentido así. Aquel dolor me redujo, casi diría, hasta morir. Después de esto me senté en recogimiento de todas las potencias del alma: el intelecto no conocía más que mis pecados y la ofensa a Dios; la memoria todo me lo recordaba y me hacía ver todos los tormentos que Jesús había padecido para salvarme; la voluntad me hacía detestarlos todos y prometer querer sufrir todo para expiarlos. Un montón de pensamientos se agolparon en mi mente, eran pensamientos de dolor, de amor, de temor, de esperanza y de consuelo.

               Al recogimiento interior sucedió, bien pronto, el rapto de los sentidos y me encontré delante de mi Mamá Celeste, y a su derecha estaba mi Ángel de la Guarda, que primero me encomendó rezar el acto de contrición. Después de que lo hube acabado, la Mamá me dirigió estas palabras: "Hija, en el Nombre de Jesús, te sean redimidos todos los pecados. Luego añadió: Jesús, Mi Hijo, te ama mucho y quiere hacerte una gracia, ¿sabrás tú hacerte digna?". Mi miseria no supo que contestar.

               Añadió además: "Yo seré Tu Madre ¿Te portarás tú como Mi verdadera hija?". Extendió su manto y con el me recubrió. En aquel instante apareció Jesús, que tenía todas las heridas abiertas, pero de aquellas heridas ya no salía sangre, salieron como llamas de fuego, que en un momento llegaron a tocar mis manos, mis pies y el corazón. Me sentí morir, caí en tierra, pero la Mamá me sostuvo, cubierta siempre con su manto.

               Durante varias horas tuve que permanecer en aquella posición. Después, mi Mamá me besó en la frente, todo se disipó y me hallé de rodillas en la tierra, pero todavía tenía un dolor fuerte en las manos, en los pies y en el corazón.

              Me levanté para meterme en la cama y, al mirar aquellas partes dónde sentía dolor, vi que de éstas salía sangre. Me cubrí aquellas partes lo mejor que pude y, luego, ayudada por mi Ángel, pude subir a la cama. Aquellos dolores, aquellas penas, en vez de afligirme, me producían una paz perfecta.

               A la mañana siguiente, a duras penas pude ir a la Comunión, me puse un par de guantes, para esconderme las manos. No podía sostenerme en pie, a cada momento creía de morir. Aquellos dolores me duraron hasta las tres de la tarde del Viernes, Fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús".

               Su camino de Víctima no sólo sería acrecentado por el don de los estigmas, sino que también la incomprensión humana añadió más dolor, superior al físico; fue tachada de embustera y de histérica, y hasta su mismo confesor, el Padre Germán de San Estanislao, pensó que las heridas se las causaba ella misma.

               A partir de recibir los Sagrados Estigmas la vida de Santa Gema cambió: las visiones, éxtasis y vaticinios comenzaron a sucederse mientras que a la par, su salud empeoraba. Las  virtudes de la joven Santa trascendieron entre los vecinos de Lucca. Los Estigmas invariablemente se le reproducían del Jueves al Viernes. Para que no viesen sus llagas usaba guantes negros y se ataviaba con un discreto vestido del mismo color. Aún así, no pudo evitar que estos favores saltaran a la calle. Y la misma gente que antes la admiró, se burlaba de ella y la tildaban de histérica y farsante. También el Obispo Volpi tuvo sus dudas. Paralelamente, los médicos y científicos no hallaban explicación a los hechos que acontecían en la vida de Santa Gema.




Estampa devocional de Santa Gema. Toca sobre la imagen para verla en 
su tamaño original. Se permite su copia y difusión, sin fines lucrativos.


               Santa Gema falleció el Sábado Santo, 11 de Abril de 1903, a los 25 años de edad; los grandes amores durante toda su vida fueron Jesús Crucificado, la Virgen María, la Eucaristía y la sed de conversión de las almas. Para ellos vivió y por ellos murió como Víctima de Amor. Sería beatificada por el Papa Pío XI el 14 de Mayo de 1933  y canonizada por el Papa Pío XII el 2 de Mayo de 1940. Por su frustrado intento de ingresar como monja en la Congregación de la Pasión, y pese a ser seglar, los Pasionistas animaron su proceso de canonización y la incluyeron entre sus Santos. 


     NOTAS

          1) Para conocer más detalles de la curación de Santa Gema sólo tienes que tocar AQUÍ



lunes, 10 de abril de 2023

LA SALUTACIÓN PASCUAL A NUESTRA SANTA MADRE: REGINA CAELI

 



Toca sobre la imagen para verla en su tamaño real


               El Regína Cæli (Reina del Cielo) es una oración que los Católicos rezamos a la Virgen Nuestra Señora en lugar de la oración del Ángelus, durante el Tiempo Pascual, desde la Vigilia de Pascua hasta el mediodía del Sábado de Pentecostés; es una Tradición que se remonta al siglo XII y que fue extendida por los Frailes Franciscanos.

               Piadosa y necesaria costumbre es rezar esta oración TRES VECES al día, en la mañana, a mediodía y al atardecer, como sucede con el Ángelus; esta disposición parte del Papa Juan XXII en el año 1327.

               El Papa Benedicto XIII, en el año 1724, concedió Indulgencia Plenaria a los fieles que habitualmente reciten el Ángelus; su sucesor, Benedicto XIV dispuso el 20 de Abril de 1742, que se recitase el Regina Caeli en lugar del Ángelus desde las Vísperas del Sábado Santo, si bien reiteró LAS MISMAS INDULGENCIAS que habían sido concedidas para el Ángelus.



domingo, 9 de abril de 2023

UN DÍA NUEVO AL QUE BESARÁ UN SOL NUEVO

 

 ...esta noche del mundo tiene señales claras 
de un alba que vendrá, de un día nuevo 
al que besará un sol nuevo y más esplendoroso...




             La noche que precedió a la Resurrección de Jesús fue noche de desolación, de llanto y de tinieblas. Sus enemigos estaban satisfechos de haber por fin encerrado en la tumba al “seductor del pueblo”. Herido el Pastor, la pequeña grey se dispersó. Los amigos de Jesús, desolados y desconcertados, se ven obligados a esconderse por temor a los escribas y fariseos. Jesús está en la tumba. Yace su cadáver sobre la fría roca y todo su cuerpo está todavía llagado; sus labios están mudos. ¿Qué quedan ya de sus palabras, que sabían animar, confortar e iluminar, aquellas palabras suyas tan llenas de majestad y sabiduría? ¿Dónde está aquel su imperar a los vientos y tempestades; dónde su poder para eludir las diabólicas insidias de sus enemigos o para hacer frente valerosamente a su furor? ¿Dónde está su poder de sanar a los enfermos, de resucitar a los muertos? Todo (al parecer) ha terminado; y con él han quedado sepultados en la tumba no sólo los proyectos ambiciosos de algunos, sino también las discretas esperanzas de muchos. Todo ha terminado -van murmurando los hombres-, y en sus voces se ve la expresión de una desesperada tristeza. Todo ha terminado, parece que responden las cosas.

            Y, sin embargo, quien hubiese podido mirar a través de la piedra que cerraba el sepulcro, hubiera tenido la impresión de que los ojos de Jesús no estaban cerrados por la muerte sino por el sueño; allí no había traza de corrupción en sus miembros, y su rostro conservaba aún muy visibles las señales de su belleza sobrehumana, de su infinita bondad. Después de su muerte, el cuerpo de Jesús, como su alma, permaneció unido al Verbo, a la divinidad, que vive y obra en aquellos miembros. Pero apartada, en una casita modesta y silenciosa, arde una llama de Fe que nunca se apaga: María espera llena de confianza a Jesús.

            En esto, la tierra tiembla; el Ángel baja del Cielo, aparta la pesada piedra que cierra el sepulcro, y se sienta majestuoso y sereno sobre ella. Los soldados huyen y van a dar bruscamente a los enemigos de Jesús la primera prueba de su aplastante derrota. Es ya el alba.

            María Magdalena está corriendo casi sin saber adónde, movida por un amor que no sufre pausas ni admite reflexión; vedla, de repente, como desmayada ante Jesús, que la saluda con infinita ternura. Las piadosas mujeres, con el corazón alborotado por el anuncio que les diera el ángel, encuentran también a Jesús y vuelan a anunciar la resurrección a los apóstoles, para hacerles participantes de su alegría y de su paz. Entre tanto, Pedro ha recibido del Señor, con señal inefable, la certeza de su perdón. Y Jesús entra en el Cenáculo con las puertas cerradas y halla a los apóstoles; les conforta, les tranquiliza, les deja su paz.

            Así quisiéramos, amadísimos hijos, que otra noche, la noche que ha caído sobre el mundo y que oprime a los hombres, viese pronto su alba y fuese besada por los rayos de un nuevo sol.

            Varias veces hemos hecho notar que los hombres de todas las naciones y de todos los continentes se ven forzados a vivir, desorientados y temerosos, en un mundo trastornado y perturbador. Todo se ha hecho relativo y provisional, porque es siempre menos eficiente y por lo mismo menos eficaz. El error, en sus formas casi innumerables, ha esclavizado las inteligencias de seres, por lo demás muy selectos y la inmoralidad de toda clase, ha llegado a tales grados de precocidad, de impudencia y de universalidad, que preocupan seriamente a los que piensan en la suerte del mundo. La humanidad parece un cuerpo infecto y llagado, en el que la sangre circula con dificultad, porque los individuos, las clases, y los pueblos se obstinan en seguir divididos, y por lo tanto, no se comunican mutuamente. Y cuando no se desconocen se odian, y conspiran y luchan y se destruyen.

            Pero también esta noche del mundo tiene señales claras de un alba que vendrá, de un día nuevo al que besará un sol nuevo y más esplendoroso.

            Muchos entrevén ya, y lo confiesan, que se ha llegado a esta noche del mundo porque Jesús ha sido apresado, porque se le ha querido desterrar de la vida familiar, cultural y social; porque se ha sublevado el pueblo contra Él, porque le han crucificado y dejado mudo e inerte.

            Pero hay una multitud de almas valientes y activas, conscientes de que la muerte y sepultura de Jesús solo fue posible porque entre los amigos de Él hubo quien le negase y le traicionase; ¡hubo tantos que huyeron asustados ante las amenazas de los enemigos! Estas almas saben que una acción oportuna, concorde y orgánica cambiará la faz de la tierra, renovándola y mejorándola.


Extracto del SERMÓN DE PASCUA, por el Venerable Papa Pío XII, 1957



viernes, 7 de abril de 2023

NO HAY QUIEN SE APIADE Y SE COMPADEZCA DE SU DOLOR. LAS SIETE PALABRAS

 


                ¡Contempladme, Ángeles del Cielo!... ¡Ved al Creador de todas las maravillas, al Dios a quien rinden adoración los Espíritus Celestiales, caminando hacia el Calvario y llevando sobre Sus hombros el Leño Santo y Bendito que va a recibir Su último suspiro!... 

               Vedme también vosotras, almas que deseáis ser Mis fieles imitadoras. Mi Cuerpo, destrozado por tanto tormento, camina sin fuerzas, bañado de sudor y de Sangre... ¡Sufro... sin que nadie se compadezca de Mi dolor!... La multitud me acompaña y no hay una sola persona que tenga piedad de Mí!... ¡Todos me rodean como lobos hambrientos, deseosos de devorar su presa!

               Seguid Conmigo unos momentos y a los pocos pasos me veréis en presencia de Mi Madre Santísima, que con el Corazón traspasado de dolor sale a Mi encuentro para dos fines: cobrar nueva fuerza para sufrir a la vista de Su Dios..., y dar a Su Hijo con Su actitud heroica aliento para continuar la Obra de la Redención.

               Para Mí lo más grande es Mi Madre, y no solamente no la puedo consolar, sino que el lamentable estado en que me ve procura a Su Corazón un sufrimiento semejante al Mío. ¡La muerte que Yo sufro en el Cuerpo la recibe Mi Madre en el Corazón! ¡Ah! ¡Cómo se clavan en Mí Sus ojos, y los Míos, oscurecidos y ensangrentados, se clavan también en Ella! No pronunciamos una sola palabra; pero ¡cuántas cosas se dicen Nuestros Corazones en esta dolorosa mirada!...

               Pero... ha llegado la hora, y tendiéndome sobre la Cruz, los verdugos cogen Mis brazos y los estiran para que lleguen a los taladros preparados en ella. Con tal atroces sacudidas todo Mi Cuerpo se quebranta, se balancea de un lado a otro y las espinas de la corona penetran en Mi cabeza más profundamente. ¡Oíd el primer martillazo que clava Mi mano derecha...; resuena hasta las profundidades de la tierra!... Ya clavan Mi mano izquierda...; ante semejante espectáculo los Cielos se estremecen; los Ángeles se postran. ¡Yo guardo profundo silencios... ¡Ni una queja se escapa de Mis labios! Después de clavarme las manos, tiran cruelmente de los pies...; las llagas se abren..., los nervios se desgarran..., los huesos se descoyuntan... ¡El dolor es inmenso!... ¡Mis pies quedan traspasados..., y Mi Sangre baña la tierra!...»

               ¡Estad atentos, Ángeles del Cielo!, y vosotros, todos los que me amáis. Los soldados van a dar la vuelta a la Cruz para remachar los clavos y evitar que, con el peso de Mi Cuerpo, se salgan y lo dejen caer. ¡Mi Cuerpo va a dar a la tierra el beso de paz! ¡Mientras los martillazos resuenan por el espacio, en la cima del Calvario se realiza el espectáculo más admirable!... A petición de Mi Madre, que contemplando lo que pasaba y siéndole a Ella imposible darme alivio, implora la Misericordia de Mi Padre Celestial..., legiones de Ángeles bajan a sostener mi Cuerpo adorable para evitar que roce la tierra y que lo aplaste el peso de la Cruz...»

               ¡Contempla a tu Jesús tendido en la Cruz!..., sin poder hacer el menor movimiento..., desnudo..., sin fama..., sin honra, sin libertad... Todo se lo han arrebatado... ¡No hay quien se apiade y se compadezca de Su dolor...; solo recibe tormentos, escarnios y burlas!...; si me amas de veras, ¿qué no harás para asemejarte a Mí? ¿A qué no estarás dispuesta para consolarme?. Y ¿qué rehusarás a Mi Amor?.

                  Ya conoces Mis sufrimientos... Sígueme en ellos... Acompáñame y toma parte en Mi dolor...

                  Ya ha llegado la Hora de la Redención del mundo! Me van a levantar y a ofrecer como espectáculo de burla..., pero también de admiración... ¡Esta Cruz que hasta aquí era el patíbulo donde expiraban los criminales, es ahora la Luz del Mundo, el objeto de mayor veneración.

                 En Mis Llagas encontrarán los pecadores el perdón y la vida... ¡Mi Sangre lavará y borrará todas sus manchas!...

                 En Mis Llagas las almas puras vendrán para saciar su sed y abrasarse en Amor!... ¡En ellas podrán guarecerse y fijar su morada!




Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

               No han conocido al que Es su vida. ¡Han descargado sobre Él todo el furor de sus iniquidades!... Mas, Yo os lo ruego, ¡oh Padre mío!..., descargad sobre ellos la fuerza de Vuestra Misericordia.

Hoy estarás Conmigo en el Paraíso

               Porque tu Fe en la Misericordia de tu Salvador ha borrado tus crímenes...; ella te conduce a la Vida Eterna.

Mujer, he ahí a Tu hijo

               Madre mía!, he ahí a Mis hermanos... ¡Guárdalos!... ¡Ámalos!...» No estáis solos, vosotros por quienes he dado Mi Vida. Tenéis ahora una Madre a la que podéis recurrir en todas vuestras necesidades. Y ahora el Amor me lleva a unir a todos los hombres con lazos de hermandad, dándoles a todos Mi misma Madre.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me habéis desamparado?

               Sí, el alma tiene ya derecho a decir a Dios: ¿Por qué me has desamparado?... Porque, después de consumado el Misterio de la Redención, el hombre ha vuelto a ser hijo de Dios, hermano de Jesucristo, heredero de la Vida Eterna...

Tengo sed

               Oh! ¡Padre mío!... Tengo sed de Vuestra Gloria..., y he aquí que ha llegado la hora... En adelante, realizándose Mis palabras, el mundo conocerá que Sois Vos el que Me enviasteis y seréis glorificado. Tengo sed de almas, y para refrigerar esta sed he derramado hasta la última gota de Mi Sangre. Por eso puedo decir:

Todo está consumado

               Ahora se ha cumplido el gran Misterio de Amor, por el cual Dios entregó a la muerte a Su propio Hijo para devolver al hombre la Vida...Vine al mundo para hacer Vuestra Voluntad. Padre Mío, ¡ya está cumplida!

En vuestras manos encomiendo Mi Espíritu

               A Vos entrego Mi Alma... Así las almas que cumplen Mi Voluntad, podrán decir con verdad: Todo está consumado... ¡Señor Mío y Dios Mío! Recibid Mi Alma, la pongo en vuestras manos...» 

               Lo que has oído, escríbelo; quiero que las almas lo lean, a fin de que las que tengan sed se refrigeren..., las que tengan hambre se sacien...



Consigue un folleto con el resumen de
UN LLAMAMIENTO AL AMOR
Revelaciones del Sagrado Corazón a Sor Josefa Menéndez


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jueves, 6 de abril de 2023

DEL CORAZÓN DE CRISTO BROTÓ EL SACERDOCIO CATÓLICO

 

                En las últimas horas de Su vida mortal, Jesús hace aún más visible Su amor por Sus Sacerdotes. En el discurso de la Cena que nos ha conservado Juan, el Confidente del Divino Corazón, la ternura del Maestro desborda en cada palabra; son las expansiones íntimas de Su Corazón, las adorables efusiones de Su Amor.

               "Ardientemente he deseado -dice- comer esta Pascua con vosotros antes de padecer". Ardía en deseos de hacerlos partícipes de Su Sacerdocio Sagrado y marcarlos con ese carácter divino que los eleva sobre las jerarquías angélicas. Tenía prisa por ponerse en sus manos bajo la Forma Eucarística, por abandonarse enteramente a ellos y depender de ellos. Como un artista impaciente por ver surgir de sus manos la obra maestra que ideara, Jesús apresuraba con el deseo el momento de ver formada la obra ideada por Su Corazón: el Sacerdocio Católico.




               "He deseado ardientemente...". ¡Ardiente aspiración del Corazón de Jesús hacia Sus Sacerdotes! Ha deseado ardientemente celebrar "esa Pascua"... Ya varias veces la había celebrado con Sus Discípulos, pero no era "esa Pascua" durante la cual debía instituir Su Sacerdocio. Preside la Cena como un padre en medio de sus hijos, luego se levanta y con humildad que asombra, se arrodilla ante Sus Discípulos, les presta el servicio de los esclavos lavándoles los pies y secándoselos dulcemente. Para disminuir en cierto modo la distancia que los separa de Él, para animarlos y hacerlos -aun entre ellos mismos- menos indignos de Su Divina Bondad, les dice: "Vosotros estáis limpios". Más aún, los eleva hasta Sí, los iguala a Sí y hasta les asegura que "quien reciba a aquel que Él ha enviado, le recibe a Él mismo".

               La Bondad de Jesús no llega tan solo a los discípulos limpios, sino que se extiende hasta el discípulo infiel. Trata de conmover el corazón del traidor con advertencias llenas de dulzura y con palabras afectuosas. Se esfuerza, por lo menos, por derramar en su corazón la Fe y la Confianza que aun después de su delito podrían hacerle volver al buen camino. 

               Ha llegado el Momento Solemne. El Amor Infinito está a punto de producir una Obra Maestra; la Sabiduría Infinita y el Supremo Poder cooperan en Ella. ¡Será el don por excelencia de la Caridad Divina, será la Eucaristía! Dios con nosotros, Dios en nosotros; Jesucristo, Dios y Hombre, unido espíritu con espíritu, corazón con corazón, cuerpo con cuerpo al hombre rescatado y purificado: “Tomad y comed –dice el Salvador– tomad y bebed todos de Él”. 

               Pero el esfuerzo del Amor no ha terminado aún. Jesús no estará allí siempre en forma humana y palpable para obrar el Prodigio. Es preciso que otros hombres, revestidos de Su poder, le sucedan y renueven en el transcurso de los siglos la misteriosa Transubstanciación que Él acaba de realizar. Entonces hace brotar de Su Corazón el Sacerdocio. Los privilegiados que rodean a Jesús en ese momento, reciben ese carácter sagrado e indeleble que los hace eternamente Sacerdotes y que los elegidos del Amor llevarán de generación en generación para Gloria de Dios y salvación del mundo. 

               En cuanto los Apóstoles son revestidos del carácter sacerdotal, Jesús siente aumentar Su Amor por ellos. Ya no puede contenerlo dentro de Sí. Necesita testimoniarlo: “Vosotros sois los que habéis perseverado Conmigo en Mis pruebas –les dice–, y Yo preparo para vosotros el Reino como me lo preparó mi Padre a Mí”. Tierno y cariñoso como una madre, los llama sus “hijitos”. No quiere que se abandonen a la tristeza: “No se turbe vuestro corazón. Me voy a prepararos un lugar… Volveré y os llevaré Conmigo”. “Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador… No os dejaré huérfanos. Volveré a vosotros”. “Y el que me ama, será amado por mi Padre”. 

               Luego, mediante el símil de la vid y los sarmientos, los instruye acerca de esa misteriosa unión que la comunidad de un mismo Sacerdocio establece entre ellos y Él. Los estimula a estrechar cada vez más esa unión, unión indispensable, sin la cual no podrían dar fruto: “Mi Padre queda glorificado en que vosotros llevéis mucho fruto; con esto seréis Mis Discípulos. Como Mi Padre me ha amado, así os he amado Yo. Perseverad en Mi Amor”. 

               Juan el Bautista se había dado el dulce título de amigo del esposo. Jesús lo había aprobado y cierto día, al responder a los discípulos del Precursor, Él mismo lo empleó con infinita gracia para calificar a Sus Apóstoles: “¿Acaso pueden los amigos de esposo ayunar y hacer duelo mientras el esposo está con ellos?”. Pero en esta última noche, el Divino Maestro, tomando otra vez ese nombre, se lo da solemnemente a Sus Sacerdotes, como nombre que les corresponde: “Vosotros sois Mis amigos, ya no os llamo siervos, sino amigos”. ¿Puede haber algo más tierno y más dulce que este título de amigo? Es el nombre particular del objeto amado, del objeto preferido del amor. 

               Un padre, un hermano y aun un esposo pueden no ser amados; pero un amigo, no. Es amigo precisamente porque es amado y si dejara de serlo, dejaría también de llamarse amigo. El Sacerdote es, por lo tanto, el amigo particular de Jesús. El Maestro lo ha distinguido y llamado a Su Divina Amistad de entre la multitud predilecta de los Cristianos. Por eso Él mismo dice a Sus Apóstoles: “Soy Yo quien os he elegido y os he destinado…”. Y agrega: “Yo os he escogido sacándoos del mundo” . 

               Sí, Jesús separa al Sacerdote de la multitud, pero para elevarlo más, para gratificarlo con mayor largueza y para unirlo más íntimamente a Él. En fin, para completar los testimonios de Su Divina Ternura hacia los Apóstoles y levantar su ánimo, les da la seguridad del Amor de Su Padre Celestial: “El Padre mismo os ama, porque vosotros Me queréis”. “Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en Mí. En el mundo tendréis luchas, pero tened valor: Yo he vencido al mundo”. Y brota de Su Corazón una ardiente plegaria. Con la mirada dirigida hacia el Cielo y las manos alzadas, Jesús recomienda a Su Padre el Sacerdocio que acaba de instituir. Sabe que pronto saldrá de este mundo y ya no estará visiblemente en medio de Sus Apóstoles para sostenerlos y consolarlos. 

               Sabe además que son débiles y que en medio del mundo, al que los manda como ovejas entre lobos, estarán expuestos a innumerables dolores y peligros. Por eso, en esa Hora Suprema en que Él, Divino Redentor, está en cierto modo a punto de renunciar a Su Divinidad y a Su Infinito Poder, para no ser más que la Víctima Expiatoria, siente la necesidad de confiar a Su Divino Padre los intereses tan queridos a Su Corazón: “Por ellos ruego…” Más adelante rogará por los fieles, por los que creerán en Él por su palabra. 



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"El Sagrado Corazón de Jesús y el Sacerdocio"
De la Madre Luisa Margarita Claret de la Touche


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               Pero ahora sólo piensa en Sus Sacerdotes: “No ruego por el mundo, sino por estos que Me diste”. Pide para ellos la perfecta unión de corazones y voluntades, tan necesaria para conseguir hacer el bien; esa unidad de miras y de acción que es de por sí una fuerza y que debe permitir a la Iglesia atravesar sin contaminarse, el oleaje del mal y la tempestad de las persecuciones: “Que sean uno como Nosotros somos Uno”. Y finalmente, después de haber repetido varias veces que Sus Sacerdotes no son del mundo –demostrando a las claras con esta insistencia que si deben vivir en medio del mundo no deben contagiarse de su espíritu ni conformarse a sus costumbres–, Jesús, el Maestro Divino, termina con palabras de exquisita humildad y vigilante ternura: “Y por ellos Yo Me santifico a Mí mismo, para que también ellos también sean santificados en la Verdad”.

               Jesús, que quiere que Sus Sacerdotes sean Santos, se santifica en las debilidades y necesidades humanas. Los quiere completamente semejantes a Él y comienza por hacerse en todo semejante a ellos. Practica por ellos todas las virtudes. Y así, Él, el infinitamente puro, se sujeta a las prudentes reservas que pide la custodia de la castidad; o se deja invadir en alguna ocasión por la tristeza a fin de enseñarles a vencer las tentaciones similares. Se santifica a Sí mismo para servirles de Modelo y para ser el Ejemplar eterno del Sacerdote Católico, el Modelo acabado de la Perfección Sacerdotal. 


Madre Luisa Margarita Claret de la Touche



miércoles, 5 de abril de 2023

QUE SEÁIS EL BÁLSAMO QUE CICATRICE MIS HERIDAS

  

               En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante la Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Divino Maestro y mientras Él hablaba, ella las escribía, en obediencia a sus Superiores.  


Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
 y de Mis confidencias con las almas... 



               Josefa, te he dicho cómo las almas que pecan gravemente me entregan a Mis enemigos y el arma con que me hieren es el pecado... Pero no siempre se trata de grandes pecados...; hay almas, y aun almas escogidas, que me traicionan y me entregan con sus defectos habituales, con sus malas inclinaciones, no combatidas, con concesiones a la naturaleza inmortificada, con faltas de caridad, de obediencia, de silencio... 

                Y si es triste recibir una ofensa o una ingratitud de cualquier alma, mucho más cuando viene de almas escogidas y las más amadas de Mi Corazón. Otras, sin embargo, pueden reparar y consolarme. Sí, almas que he escogido para que seáis Mi descanso y el jardín de Mis delicias; espero de vosotras mucha mayor ternura, mucha mayor delicadeza, mucho más amor... De vosotras espero que seáis el bálsamo que cicatrice Mis heridas, que limpie Mi Rostro, afeado y manchado..., que me ayudéis a dar luz a tantas almas ciegas que en la oscuridad de la noche me prenden y me atan para darme muerte.

               No me dejéis solo... Despertad y venid..., porque ya llegan Mis enemigos... Cuando se acercaron a Mí los soldados para prenderme, les dije: «Yo Soy». Lo mismo repito al alma que se acerca al peligro y a la tentación: «Yo Soy, Yo Soy.» Si tú quieres estás a tiempo todavía, te perdonaré, y en vez de atarme tú con las cuerdas del pecado, Yo te ataré a ti con ligaduras de amor. ¡Ven! Yo Soy... Soy el que te ama y ha derramado toda Su Sangre por ti, y el que tiene tal compasión de tu debilidad, que está esperándote con ansia para estrecharte en Sus brazos. ¡Qué triste es para Mí cuando, después de haber llamado con tanto amor a las almas, ellas, ingratas y ciegas, me atan y me llevan a la muerte!... 

               Mas... había llegado Mi hora.., y dando libertad a los soldados, me entregué con la docilidad de un cordero... Enseguida me condujeron a casa de Caifás, donde me recibieron con burlas e insultos y donde uno de los criados me dio la primera bofetada. ¡Ah Josefa!... ¡Entiende esto!... ¡La primera bofetada!... ¿Me hizo sufrir más que los azotes de la flagelación?... No; pero en esta primera bofetada vi el primer pecado mortal de tantas almas que después de vivir en gracia, cometerían ese primer pecado... Y tras él..., ¡cuántos otros!..., siendo causa con su ejemplo de que otras almas los cometieran también..., y teniendo tal vez la misma desgracia: ¡morir en pecado...! 

               Mañana seguiremos... Pasa hoy el día reparando y pidiendo que muchas almas conozcan a dónde las conduce el camino que llevan...


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones privadas 
del Sagrado Corazón de Jesús a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez


martes, 4 de abril de 2023

ANIVERSARIO DE FRANCISCO MARTO, el niño vidente de Fátima

 


               Nació en Aljustrel, Fátima, el 11 de Junio de 1908, siendo el décimo de once hermanos; fue bautizado nueve días más tarde. No frecuentaba la escuela y se dedicaba a cuidar del rebaño de la familia en un descampado llamado Cova da Iria, donde junto a su prima Lucía y su hermana Jacinta, sería testigo de seis Apariciones de la Virgen María, entre el 13 de Mayo y el 13 de Octubre de 1917. 

              Francisco, un niño de apenas ocho años, quedaría impresionado por el llamado del Cielo a hacer penitencia por los pecadores; pronto se convertiría en un alma contemplativa, con deseos de reparar a los Sagrados Corazones, tal y como se lo había solicitado el Ángel precursor de las Apariciones de Nuestra Señora.

          "¿Qué estáis haciendo? ¡Rezad! ¡Rezad! ¡Rezad mucho!. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María tiene sobre vosotros designios de Misericordia. ¡Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo.

          De todo lo que pidierais ofreced un sacrificio como acto de reparación por los pecados con los cuales Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe."(El Ángel de Portugal a los Videntes de Fátima, en su segunda Aparición, en verano de 1916)





               Después de la primera Aparición de Nuestra Señora, el pequeño Francisco sufrió humillaciones cuando la noticia se extendió por la aldea de Aljustrel, donde vivía con su familia. En el colegio se burlaban de él, incluso su propio maestro, que no creía en Dios, le acusaba de ser "un falso vidente".

               Pero Francisco nunca se quejó, soportaba todas las humillaciones, verbales y físicas, sin decir nada, hasta el punto de que sus padres nunca supieron nada de ello. "Sufriréis mucho, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo", había advertido la Virgen María a los tres pastorcitos.

               Francisco vivió intensamente la oración contemplativa, en donde sobresalía el deseo íntimo de consolar al Sagrado Corazón de Jesús, lo que hacía recogido de todos, para rezar el Rosario, o cuando pasaba varias horas seguidas en oración delante del Sagrario, "Nuestro Señor Escondido", como gustaba llamar Francisco a Jesús Sacramentado. 

               En una ocasión, su prima Lucía le preguntó, "Francisco, ¿qué prefieres más, consolar al Señor o convertir a los pecadores?" Y él respondió: "Yo prefiero consolar al Señor. ¿No viste que triste estaba Nuestra Señora cuando nos dijo que los hombres no deben ofender más al Señor, que está ya tan ofendido? A mí me gustaría consolar al Señor y después, convertir a los pecadores para que ellos no ofendan más al Señor." Y siguió, "Pronto estaré en el Cielo. Y cuando llegue, voy a consolar mucho a Nuestro Señor y a Nuestra Señora."

               Cayó víctima de la neumonía en Octubre de 1918; el 2 de Abril del año siguiente, se confesó y recibió la Comunión por última vez “con una gran lucidez y piedad”, como escribiría el Párroco de Fátima en el Libro de Óbitos, al registrar su muerte, en su casa de Aljustrel, el 4 de Abril de 1919.

              El cadáver de Francisco Marto fue sepultado en el Cementerio de Fátima. Sus restos fueron exhumados el 17 de Febrero de 1952 y trasladados a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima en Marzo de ese mismo año, donde se encuentran hasta la actualidad.




LOS TRECE MARTES DE SAN ANTONIO. Cuarto Martes. LA PACIENCIA

    



            Por la señal de la Santa Cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro + 

            En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN


            Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

            Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN INICIAL


            Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenme conformidad con la Voluntad de Dios. Amén.


MARTES 4º: LA PACIENCIA

            ¡Oh, sacrificado siervo del Altísimo, San Antonio! Conseguidme por vuestros ruegos la paciencia que necesito para llevar la cruz de mis obligaciones, la cual me abra las puertas del Cielo.        

A continuación rezamos un Padrenuestro, 
un Avemaría y un Gloria. Luego, terminamos 
rezando el tradicional Responsorio de San Antonio...




Y terminamos este ejercicio piadoso signándonos 
en el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.



A LA VERDAD DE LA FE Y AL CAMINO DEL AMOR

  

              En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante la Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Divino Maestro y mientras Él hablaba, ella las escribía, en obediencia a sus Superiores.  


Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
 y de Mis confidencias con las almas... 




             Quiero conquistar los corazones por la fuerza de Mi amor. Quiero que las almas se dejen penetrar por la verdadera luz. Quiero que los niños, esos corazones inocentes, que no me conocen y crecen en el hielo de la indiferencia, ignorando lo que vale su alma... Sí, quiero que esas almitas que son Mis delicias, encuentren un asilo donde les enseñen a conocerme y donde crezcan en el temor de Mi ley y en el amor de Mi Corazón.

             Mi deseo es el que seáis el combustible de este fuego que quiero derramar sobre la tierra, porque de nada sirve encender la llama si no hay con qué alimentarla. Por eso quiero formar una cadena de almas encendidas en el amor, en ese amor que se confía y lo espera todo de Mi Corazón, a fin de que, inflamadas ellas, lo comuniquen al mundo entero. 

               No penséis que voy a hablaros de otra cosa que de la Cruz. Por Ella he salvado a los hombres, por Ella quiero atraerlos ahora a la Verdad de la Fe y al Camino del Amor. Os manifestaré Mis deseos: He salvado al mundo desde la Cruz, o sea, por medio del sufrimiento. Ya sabéis que el pecado es una ofensa infinita; por eso os pido que ofrezcáis vuestros trabajos y sufrimientos, unidos a los méritos infinitos de Mi Corazón.

             Inculcad a las almas, con quienes estéis en contacto, el amor y la confianza... Empapadlas en amor, en confianza, en la bondad y misericordia de Mi Corazón. Y cuando tengáis ocasión de darme a conocer decidles que no me teman porque soy Dios de Amor.

              Tres cosas especiales os pido:

       1ª El Ejercicio de la Hora Santa; por él se hace a Dios Padre reparación infinita, en unión y por medio de Jesucristo Su Divino Hijo.

      2ª La Devoción de los Cinco Padrenuestros a Mis Llagas, pues por Ellas ha recibido el mundo la salvación.

      3ª En fin, la unión constante, o sea, el ofrecimiento cotidiano de los méritos de Mi Corazón, porque así lograréis que vuestras acciones tengan valor infinito. Valerse continuamente de Mi Sangre, de Mi vida, de Mi Corazón; confiar incesantemente y sin temor en Mi Corazón; he aquí un secreto desconocido para muchas almas... Quiero lo conozcáis y que sepáis aprovecharlo.

Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones privadas 
del Sagrado Corazón de Jesús a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez



lunes, 3 de abril de 2023

CUANDO ENCUENTRES MI CRUZ ME ENCONTRARÁS A MÍ

 

          En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras Él hablaba ella las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 

Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
 y de Mis confidencias con las almas... 




                       Entra en Mi Corazón y estudia el celo que lo devora por la Gloria de Mi Padre. No temas sufrir si con el sufrimiento, en algún modo, puedes aumentar Mi gloria y salvar almas. ¡Valen tanto las almas!... 

              Por un alma hay que sufrir mucho. ¿No sabes que la Cruz y Yo somos inseparables? Si me ves a Mí verás la Cruz, y cuando encuentres mi Cruz me encontrarás a Mí. El alma que me ama, ama la Cruz, y el que ama la Cruz, me ama a Mí. Nadie poseerá la vida eterna sin amar la Cruz y abrazarla de buena voluntad por Mi Amor. El camino de la virtud y de la santidad se compone de abnegación y de sufrimiento; el alma que generosamente acepta y abraza la Cruz, camina guiada por la verdadera luz y sigue la senda recta y segura, sin temor de resbalar en las pendientes, porque no las hay... 

              La Cruz es la puerta de la verdadera vida y el alma que la acepta y la ama tal cual Yo se la he dado, entrará por ella en los resplandores de le vida eterna. ¿Comprendes ahora cuán preciosa es mi Cruz? No la temas... Soy Yo quien te la doy y no te dejaré sin las fuerzas necesarias para llevarla. ¿No ves cómo la llevé Yo por tu amor? Llévala tú con amor por Mí. Este Corazón es el que da vida al mundo, pero se la da desde la Cruz. Así es necesario que las almas escogidas como víctimas para ayudarme a dar luz y vida al mundo se dejen clavar en esta Cruz, con gran sumisión, a ejemplo de su Salvador y Maestro. 80 La mayor recompensa que puedo dar a un alma...

              La mayor recompensa que puedo dar a un alma es hacerla víctima de Mi Amor, de Mi Misericordia, porque la hago semejante a Mí que soy Víctima Divina por los pecadores. ¿Sabes cómo me puedes consolar? Amándome, sufriendo por las almas, no rehusándome nada. No me rehúses nada, recuerda que necesito almas que continúen Mi Pasión, para contener la Ira Divina. Yo te sostendré.

              Muchas almas corren a su perdición y mi Sangre es inútil para ellas; pero las almas que aman, y se inmolan y se consumen como víctimas de reparación atraen la misericordia de Dios. Esto es lo que salva al mundo. Busco almas que reparen tantas ofensas, pues mi Corazón se consume en deseos de perdonar. ¡Pobres pecadores! ¡Qué ciegos están! Yo no deseo más que perdonarlos y ellos no piensan más que en ofenderme... Yo voy tras los pecadores, como la Justicia tras los criminales; pero la Justicia los busca para castigarlos, y Yo, para perdonarlos. El mundo corre precipitadamente a abismarse en los placeres, y es tanta la multitud de los pecados que se cometen, que mi Corazón está anegado en un torrente de amargura y de tristeza.

              Ofrece todo tu ser para reparar tantas ofensas y satisfacer a la Divina Justicia. Si tu indignidad y tus pecados son grandes, ven a sumergirte en el torrente de Sangre de mi Corazón y deja que ella te purifique. Después, acepta generosamente todos los sufrimientos que mi Voluntad te envía para ofrecerlos a mi Padre Celestial. Deja que tu alma se abrase en deseos de desagraviar a un Dios ultrajado y toma mis méritos para reparar tantos pecados. Dime: ¿Dónde hay un corazón que ame más que el mío y que sea menos correspondido? ¿Qué corazón hay que se consuma en mayores deseos de perdonar? Y en pago de tanto amor, recibo las mayores ofensas. ¡Pobres almas! Vamos a pedir perdón y reparar por ellas: ¡Oh, Padre mío, tened piedad de las almas, no las castigues como merecen, sino tened misericordia con ellas como lo pide vuestro Hijo!.


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones privadas 
del Sagrado Corazón de Jesús a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez



domingo, 2 de abril de 2023

SOBRE LA SEMANA SANTA

 




     ¿Por qué la última semana de Cuaresma se llama SANTA? 

               - La última semana de Cuaresma se llama Santa porque en ella se celebra la memoria de los más grandes Misterios que Jesucristo obró por nuestra Redención.

     ¿Qué Misterio se conmemora el Domingo de Ramos? 

               - El Domingo de Ramos se conmemora la entrada triunfante de Jesucristo en Jerusalén seis días antes de su Pasión.

     ¿Por qué causa quiso Jesucristo entrar triunfante en Jerusalén, antes de su Pasión? 

               - Jesucristo, antes de Su Pasión, quiso entrar triunfante en Jerusalén, como estaba profetizado.

   •1° para alentar a Sus Discípulos, dándoles con ello una prueba manifiesta de que iba a padecer espontáneamente

   •2° para enseñarnos que con Su Muerte triunfaría del demonio, mundo y carne y nos abriría la entrada del Cielo.

     ¿Qué Misterios se celebran el Jueves Santo? 

              - El Jueves Santo se celebra la Institución del Santísimo Sacramento de la Eucaristía y del Sacerdocio, se recuerda el lavatorio de los pies y el precepto del amor cristiano.

     ¿Qué Misterio se recuerda el Viernes Santo? 

                - El Viernes Santo se recuerda la Pasión y Muerte del Salvador.

     ¿Qué Misterios se honran el Sábado Santo? 

               - El Sábado Santo se honra la sepultura de Jesucristo y Su Descendimiento al Limbo.

¿Qué hemos de hacer para pasar la Semana Santa según la mente de la Iglesia? 

- Para pasar la Semana Santa según la mente de la Iglesia hemos de hacer, tres cosas:

• 1ª juntar al ayuno y abstinencia mayor recogimiento interior y mayor fervor en la oración

•2ª meditar asiduamente y con espíritu de compunción las Padecimientos de Jesucristo

•3ª asistir si podemos a los Divinos Oficios con este mismo espíritu.


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