lunes, 14 de agosto de 2017

CON DIOS A SOLAS ( XXII ) por el Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo

     Cumplan estas MEDITACIONES-LECTURAS el fin que me he propuesto, o sólo resulten un poco de ceniza fría en lugar de brasa encendida, te las presento con el deseo de que Dios, por medio de ellas, te ayude y esfuerce a vivir santamente en tu retiro la vida espiritual, la vida verdaderamente santa y que más alegrías y dulzuras hace gustar aun en este mundo.


(Padre Valentín de San José, en el prólogo de "Con Dios a solas")



"...lo pospondré todo y lo perderé todo, 
hasta la vida y la estimación, por no perder a Dios..."

     La oración no es una fría reflexión o meditación; la oración es ejercitar el amor; es mirar a Dios con amor y ofreciéndose en amor; es recibir la mirada de los ojos de Dios con todos sus efectos sobrenaturales, mirada divina que siempre esclarece y hermosea el alma y, a veces, pone dulzura inexplicable y siempre comunica la fuerza y energía para obrar la virtud. Dios, con Su mirada, pone suma complacencia en el alma. Dios mío, mírame con Tu mirada de Amor.

     Amar es vivir mirando, pensando o trabajando lo que se ama, en lo que se ama y para lo que se ama; es olvidarse de sí mismo y entregarse al Amado ofreciéndole el alma y todo el ser. Es negarse o esconderse a sí mismo para vivir en el Amado.

     La propiedad esencial del amor es darse. Si amo a Dios, me daré a Dios; daré todos mis afectos y mis obras a Dios; lo pospondré todo y lo perderé todo, hasta la vida y la estimación, por no perder a Dios. Amar es vivir para Dios.

     Para entrar a vivir la verdad del amor de Dios es necesario e imprescindible darse, entregarse. No ser de uno mismo, sino de Dios, no para anularse, sino para ser sobrenaturalizados; en la entrega no se pierde la personalidad, sino que Dios la sobrenaturaliza y perfecciona.




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