Natuzza Evolo fue una gran mística de nuestro tiempo, sin embargo apenas es conocida fuera de Italia; nació en el pueblo calabrés de Mileto, Italia, el 23 de Agosto de 1924. Su paso por este mundo fue
realmente impresionante y nos mostró que la vida terrenal y la que comienza después de esta experiencia terrenal están unidas
en Dios, y que los seres del otro mundo a veces viven entre nosotros y no en otro lugar lejano e inaccesible. Desde muy pequeña tuvo numerosos dones y carismas, entre otros Dios le concedió la gracia de
poder ver a los Difuntos, a los Ángeles y a los Santos.
La bilocación, el conocimiento sobrenatural, la profecía,
la curación de enfermos fueron otros dones extraordinarios con los que el Señor bendijo a Natuzza; el don más palpable fueron las hemografías o
escritos con sangre que, sin quererlo, se imprimían en telas o pañuelos
colocadas sobre su cuerpo. Este hecho tan asombroso e inexplicable
científicamente llamó poderosamente la atención de algunos científicos, pero
nadie ha podido hasta ahora explicar este fenómeno sobrenatural.
Su vida entera fue una catequesis completa sobre las verdades de la
Iglesia Católica. Su Ángel Custodio le hablaba y la llevaba en bilocación a
diferentes lugares para consolar o ayudar a personas en necesidad, y eso mismo
hacían con ella algunos Difuntos. Natuzza también habló del Infierno y del gran valor
de los sufrimientos para salvar las almas de los pecadores.
Por su amor a la Pasión de Cristo el Señor quiso hacer partícipe de la misma a Natuzza, que reviviría cada Viernes Santo los dolores de Cristo Nuestro Señor.
La vida de esta madre y esposa fue una entrega total al servicio de Dios y de los demás: sentía
que todos los hombres eran sus hijos y oraba y sufría por todos, por eso, además de atender a su esposo y a sus cinco hijos,
recibía a una media de cien personas que iban a visitarla y a pedirle ayuda. Natuzza Evolo entregó su alma a Dios en su pueblo natal, el 1 de Noviembre de 2009.
NATUZZA EVOLO Y SU EXPERIENCIA
CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Los Difuntos que todavía permanecen en el Purgatorio, en estado de
purificación personal antes de llegar al Cielo, se comunicaban con ella con toda
naturalidad, con el permiso de Dios. Eran sus amigos y le daban mensajes para
sus familiares y hasta la llevaban en bilocación a ciertos lugares. Normalmente los Difuntos transmitían a Natuzza que necesitaban en particular de las oraciones de sus familiares, como siempre enseñó la Doctrina Católica, una obra espiritual de Misericordia que nos obliga a todos. Muchos familiares, por las informaciones recibidas por medio de Natuzza, intensificaron sus oraciones y mandaron celebrar Misas o realizaron obras buenas de caridad en favor de sus difuntos, consiguiendo que llegasen más rápidamente al Paraíso.
Natuzza, preguntando a su Ángel, estaba en condiciones de saber si los
Difuntos se habían salvado o necesitaban sufragios y en qué grado estaban cerca
del Cielo; por medio de su Custodio la mística sabía cuándo un alma había ido ya al Cielo, indicando incluso la fecha exacta. Natuzza veía también que las Almas del Purgatorio recibían el consuelo y la compañía de sus Ángeles Custodios, que permanecían con Ellas hasta su entrada en el Cielo.
Según le manifestaban los difuntos, la purificación del alma por medio
del sufrimiento después de la muerte es gradual, y hay varias etapas de
acercamiento a la luz divina. Después del primer período de sufrimiento intenso
por los pecados cometidos, el alma tiene la esperanza de ir al Cielo pronto y
está en un lugar que es como una antecámara donde
se prepara para entrar al Cielo y disfrutar de la plenitud del Amor de Dios.
Las Almas que padecen en el Purgatorio rezan continuamente por los vivos; Ellas
no pueden rezar por sí mismas ni por otros difuntos, sus oraciones no les
aprovechan a ellas pero pueden ser segura intercesión entre el mundo terrenal y el Paraíso, ya que pese a sus tormentosas purificaciones, se encuentran caminando hacia la Bienaventuranza eterna.
Las almas de los Difuntos se le presentan a Natuzza con los vestidos
que usaban en vida y con el aspecto que tenían antes de morir; los veía con el cuerpo idéntico al que tenían en el momento de su muerte, mientras que a los niños los veía con un cuerpo que aparentaba mayor edad.
A través de Natuzza los Difuntos exhortaban a sus familiares a tener
resignación ante la muerte; aseguraban a Natuzza que estaban tranquilos en el nuevo estado y que
recibían los sufragios que les enviaban.
Natuzza también podía ver a las Almas de los Bienaventurados, a los que distinguía porque estaban elevadas un poco de la tierra y aparecían vestidas de blanco y de
celeste y eran luminosas; por designios divinos, Natuzza rara vez visionó a los Difuntos condenados en el Infierno.
Natuzza refiere que el Purgatorio es un estado
interior del alma, que a veces hace penitencia en los lugares donde ha vivido o donde ha
pecado y, a veces, superadas las fases de mayor expiación, en las mismas
iglesias.
En una ocasión vio a un difunto y le preguntó dónde estaba: le
respondió que estaba entre las llamas del Purgatorio, pero Natuzza, viéndolo
sereno y tranquilo, le dijo que a juzgar por su aspecto, no podía ser verdad.
Entonces el alma le contestó que las llamas del Purgatorio las llevaba consigo
donde fuera. Al mismo tiempo que decía estas palabras, lo vio envuelto en llamas, pero Natuzza, dudando que se tratase de una ilusión suya, se acercó, pero fue
envuelta en el calor de las llamas, que le quemaron la boca y la garganta, hecho que le impidió comer normalmente durante unos 40 días. Ante aquél desagradable acontecimiento la mística explicó: “Quizás tuve
este castigo por mi falta de fe en las palabras del difunto”.
Natuzza aseguró a su Párroco que durante la celebración de
la Santa Misa muchas almas se juntan en las iglesias, como mendigos, esperando una ayuda del Sacerdote en su favor.
“Un mes de sufrimiento en la tierra -decía Natuzza- puede evitar
un año de Purgatorio, como le sucedió a mi madre, que tuvo una enfermedad
antes de morir y así fue casi de inmediato al «Prado verde», que es un lugar de
oración y de espera para entrar en el Cielo, pero donde no se sufre”.
Algunos sufrimientos del Purgatorio son tan duros que a veces la misma alma no sabe si está en el Infierno; así le sucedió a un difunto que se comunicó con Natuzza, alguien que durante su vida terrena había pecado gravemente: tras abandonar este mundo pasó a estar un largo tiempo en la
duda de si se había salvado o no, ya que manifestó a Natuzza verse sobre una especie de precipicio todo oscuro
por un lado y todo fuego por el otro... después de 40 años fue liberada de aquel tormento y ahora estaba llena de alegría.