viernes, 29 de agosto de 2025

ADOREMOS LAS LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR JUNTO CON LA PURÍSIMA VIRGEN MARÍA


                    Estaba escribiendo las Horas de la Pasión, y pensaba para mí: « ¡Cuántos sacrificios al escribir estas benditas Horas de la Pasión, especialmente al poner en papel ciertos actos internos que habían ocurrido sólo entre Jesús y yo! ¿Cuál será la recompensa que él me dará?».

                    Y Jesús, haciéndome escuchar su voz tierna y dulce, me dijo: «Hija Mía, como recompensa por haberlas escrito, por cada palabra que has escrito te daré un alma, un beso».

                    Y yo: «Amor mío, esto para mí; y a los que las hagan, ¿qué les darás?». 

                    Y Jesús: «Si las hacen junto Conmigo y con Mi Misma Voluntad, por cada palabra que repitan les daré un alma, porque toda la mayor o menor eficacia de estas Horas de Mi Pasión está en la mayor o menor unión que tengan Conmigo. Y haciéndolas con Mi Voluntad, la criatura se esconde en Mi Voluntad, y obrando Mi Voluntad puedo hacer todos los bienes que quiero, aun por medio de una sola palabra. Y esto, cada vez que las hagan».


Del "Libro de Cielo", revelaciones de Nuestro Señor a Luisa Piccarreta



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               Oh Jesús, junto con Tu Madre Te beso el pie izquierdo suplicándote que quieras perdonarme a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos caminado hacia Dios. 

               Beso Tu pie derecho pidiéndote me perdones a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos seguido la perfección que Tú querías de nosotras.

              Beso Tu mano izquierda pidiéndote nos comuniques Tu pureza. 

               Beso Tu mano derecha pidiéndote me bendigas todos mis latidos, mis pensamientos, los afectos, para que recibiendo el valor de Tu bendición sean todos santificados. Y bendiciéndome a mí bendice también a todas las criaturas y con Tu bendición sella la salvación de sus almas.

               Oh Jesús, junto con Tu Madre Te abrazo y besándote el Corazón Te ruego que pongas en medio de Vuestros dos Corazones el mío para que se alimente continuamente de Vuestros amores, de Vuestros dolores, de Vuestros mismos afectos y deseos, en suma, de Vuestra misma Vida. Así sea. 


Extraído de “Las Horas de la Pasión”, de las Revelaciones 
de Nuestro Señor a Luisa Piccarreta. Primera Hora



jueves, 28 de agosto de 2025

LA VIRGEN MARÍA PRESENTE EN EL CALVARIO MÍSTICO DEL ALTAR



                    El Padre Pío fue y aún es un caso excepcional en la Historia de la Mística Católica, ya que hasta el día de hoy ha sido el único Sacerdote estigmatizado; tras recibir en 1918 las Llagas de Cristo Nuestro Señor, cada Santa Misa que celebró era ya no sólo la renovación incruenta del Drama del Calvario, sino que el mismo Sacerdote sufriría agudos dolores y sangraciones durante la liturgia, convirtiéndose así en un crucificado sin Cruz.

                    Si la Pasión de Jesús fue su principal amor, la devoción filial y tierna a Nuestra Santa Madre ocuparía el resto de su corazón  sacerdotal. La entrega total a la Virgen María le llevaría a ser apóstol incansable de la Madre de Dios, hasta el punto de asegurar ante sus hermanos frailes "me gustaría tener una voz tan fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a amar a Nuestra Señora. Ella es el océano que debemos cruzar para llegar a Jesús.”

                    El Padre Pío fue siempre extremadamente reservado con todo lo referente a su vida interior, nunca presumió ni hizo alarde de los muchos dones místicos y gracias sobrenaturales con los que el Cielo le bendecía; no obstante, esa discreción suya a veces se veía alterada por las preguntas de no pocas almas que a él se arrimaban, como en cierta ocasión que alguien le preguntó si la Santísima Virgen María estaba presente durante la Santa Misa, a lo cual el Padre Pío respondió con sencillez: 

                    “Sí, Ella se pone a un lado, pero yo la puedo ver, qué alegría. Ella está siempre presente. ¿Como podría ser que la Madre de Jesús, presente en el Calvario al pie de la Cruz, que ofreció a Su Hijo como Víctima por la salvación de nuestras almas, no esté presente en el Calvario místico del Altar?”. 



miércoles, 27 de agosto de 2025

ALABANZAS A NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ…



        Dios te salve, José, imagen de Dios Padre.

        Dios te salve, José, Padre del Hijo de Dios.

        Dios te salve, José, santuario del Espíritu Santo.

        Dios te salve, José, amado de la Santísima Trinidad.

        Dios te salve, José, coadjutor fidelísimo del gran consejo de Dios.

        Dios te salve, José, dignísimo Esposo de una Madre Virgen.

        Dios te salve, José, Padre de todos los Fieles.

        Dios te salve, José, Custodio de las santas vírgenes.

        Dios te salve, José, exacto observador del silencio.

        Dios te salve, José, amantísimo de la pobreza.

        Dios te salve, José, modelo de dulzura y de paciencia.

        Dios te salve, José, espejo de humildad y de obediencia.

        Bendito tú eres entre todos los hombres.

        Y benditos sean tus ojos, que vieron lo que han visto.

        Y benditos sean tus oídos, que oyeron lo que han oído.

        Y benditas sean tus manos, que tocaron al Verbo encarnado.

        Y benditos sean tus brazos, que cargaron a Aquel que lleva todas las cosas.

        Y bendito sea tu pecho, sobre el cual el Hijo de Dios descansó dulcemente.

        Y bendito sea tu Corazón inflamado de ardor ardentísimo.

        Y bendito sea el Padre Eterno que te eligió.

        Y bendito sea el Hijo que te amó.

        Y bendito sea el Espíritu Santo que te santificó.

        Y bendita sea María tu Esposa, la cual te amó como Esposo y Hermano.

        Y bendito sea el Ángel que te custodió.

        Y benditos sean eternamente todos los que te bendicen y te aman.

        Oh Sacratísimo Corazón de Jesús, oh Inmaculado Corazón de María, oh purísimo Corazón de San José, ayudadme a siempre hacer y padecer en todo momento lo que Dios quiere, en el modo que Dios quiere, y únicamente porque Dios lo quiere. Amén.


P. Jean-Jacques Olier PSS, fundador del Seminario de San Sulpicio en París



martes, 26 de agosto de 2025

SAN ANTONIO MARÍA CLARET, SAGRARIO VIVIENTE



                    En Marzo de 1857, la Reina Isabel II de España nombraba Confesor Real al que hasta entonces había sido Arzobispo de Santiago de Cuba, Antonio María Claret. En la provincia española de ultramar, el Santo Obispo destacaría por ser enemigo del segregacionismo racial y esclavista; el Arzobispo Claret aceptó el nombramiento regio, pero entre sus condiciones estaba la de no vivir en Palacio, por lo que se le asignó la Parroquia de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en La Granja de San Ildefonso, en Segovia, lugar de retiro de los monarcas españoles.

                    Fue precisamente en esta Iglesia del Rosario, en sus coloquios íntimos con el Señor en el Sagrario, que Dios le manifestó una gracia especialísima que el mismo Santo recogió por escrito:

                    “El día 26 de Agosto de 1861, hallándome en oración en la iglesia del Rosario de La Granja, a las siete de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales, y tener siempre día y noche el Santísimo Sacramento en mi pecho (1). Desde entonces debía estar con mucho más devoción y recogimiento interior. También tenía que orar y hacer frente a todos los males de España, como así me lo manifestaba el Señor en otras oraciones.”

                    Años más tarde, en 1865, el Padre Claret se hallaba rezando ante su imagen predilecta, el Cristo del Perdón, cuando tuvo una revelación que le aconsejó abandonar la Corte Española, cuestión que no demoró en resolver seguro de que era esa la Voluntad de Dios. Con los años, los Padres Claretianos (Hijos del Corazón de María, fundados por el Padre Claret) colocarían en la misma Iglesia del Rosario un precioso azulejo que cuenta ambos acontecimientos. 


NOTA:

                    1) La conservación de las Especies Sacramentales es una gracia mística de las más especiales y particulares, ya que han sido muy pocas las almas que tuvieron la dicha de conservar la Sagrada Forma de una Comunión a otra, convirtiéndose así en Sagrarios vivientes. Santa Teresita de Lisieux deseó esta gracia sobrenatural -aunque nunca se constató que la alcanzara- y así lo manifestó en su "Ofrenda al Amor Misericordioso""Siento en mi corazón deseos inmensos y te pido, confiadamente, que vengas a tomar posesión de mi alma. ¡Ay!, no puedo recibir la Sagrada Comunión con la frecuencia que deseo pero, Señor, ¿no eres Tú Todopoderoso…? Quédate en mí como en el Sagrario, no te alejes nunca de Tu pequeña hostia…". 



viernes, 22 de agosto de 2025

EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, SOCORRO EN LAS NECESIDADES, FORTALEZA EN LAS TENTACIONES Y REFUGIO SEGURO



POR QUÉ VENERAR AL CORAZÓN DE MARÍA


                  El culto al Corazón de María comenzó en la Iglesia aproximadamente en la Edad Media; al igual que ocurre con el Corazón de Jesús, los católicos veneramos en estos Divinos Corazones los afectos, virtudes y méritos de Jesús y de María, las dos personas que más nos aman y a quienes debemos entregar todo nuestro amor.

                  No pocos fueron los Santos que abrazaron esta devoción y la propagaron, como Santa Matilde, Santa Gertrudis, Santa Brígida, San Bernardino de Siena, San Francisco de Sales y San Juan Eudes, que en el siglo XVII avivó la Devoción por los Sagrados Corazones; en los tiempos modernos, sería el gran San Antonio María Claret, el Apóstol y abanderado del Corazón de María, extendiendo este Amor por el Corazón de la Virgen en sus Misiones Populares, escritos y fundaciones.


EL CORAZÓN DE MARÍA ES INMACULADO Y VIRGINAL


                  Al Corazón de María le anteponemos muchas veces el adjetivo "Inmaculado" y no por mero adorno, sino porque María Nuestra Señora fue la única entre las criaturas de este mundo, que fue preservada del pecado original que todos heredamos de Adán; a esta prerrogativa habría que añadirle la que nos enseña otro artículo de la Fe: que concibió al Hijo de Dios siendo virgen, antes, durante y después del parto. Se desprende de ello que tal excelsa criatura estuviese dotada de un Inmaculado y Virginal Corazón, que por su especial naturaleza es capaz de amar casi tanto como el de Nuestro Señor Jesucristo.

                   Al venerar el Inmaculado Corazón de María, unimos en Él todas las otras devociones que podamos tener por la Virgen, pues en Su Purísimo Corazón se encierran todos los amores y gracias que esta Buena Madre nos regala; el rezo del Santo Rosario, el uso del Escapulario, el Voto de Esclavitud Mariana... el Venerable Pío XII hablaba del Escapulario del Carmen "como signo de consagración al Inmaculado Corazón de María"...todas estas hermosas prácticas se unen de una vez para siempre en el culto al Amor de María, en la ofrenda sincera de nuestro corazón hacia el Suyo.


NUESTRO SEÑOR QUIERE QUE VENEREMOS AL CORAZÓN DE MARÍA 


                  En el transcurso de la segunda Aparición de Nuestra Señora en Fátima, la Virgen manifestó la intención de Su Hijo, "Jesús quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón...". Fijémonos bien que Nuestra Santa Madre sólo trasmite el deseo imperativo de Su Divino Hijo, "Jesús quiere", Nuestro Señor no lo ruega, lo dispone, y como en Evangelio, la Purísima Madre una vez más pide "haced lo que Él os dice" (Evangelio de San Juan, cap. 2, vers. 1-11)

                   Añadió la Virgen a Lucía sobre los beneficios espirituales de quienes se hicieran devotos de Su Corazón, asegurando que aquellas almas que practicasen esta Devoción "serán queridas por Dios como flores" puestas por Ella para adornar Su Trono. La Virgen misma es pues quien desea que la amemos fijándonos en su Inmaculado Corazón, en el que según el Evangelista Lucas, meditaba las gracias que recibía constantemente del Altísimo. Amar al Corazón de María, tener una imagen suya delante, nos ha de animar a contemplarla e imitarla en Sus virtudes, especialmente en la humildad y en la pureza.

                   Nuestra Señora seguiría manifestándose en privado a Lucía Dos Santos, a veces por medio de locuciones interiores y otras como la acontecida en Pontevedra (España), cuando la joven era una simple postulante de las Hermanas Doroteas; el 10 de Diciembre de 1925, Nuestra Señora se le manifestó con Su Corazón "traspasado de espinas que los hombres ingratos me clavan..." Ciertamente la Virgen no puede dejar de dolerse cuando las almas, en lugar de refugiarse en Ella para llegar a Dios, prefieren tomar caminos de perdición.



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                   Años más tarde, Lucía abandonaría a las Hermanas Doroteas para convertirse en Carmelita Descalza; tomaría el hábito del Carmen en el Convento de Coimbra (Portugal). El 26 de Diciembre de 1957 recibió la visita del Postulador de la Causa de sus primos Francisco y Jacinta Marto, el Padre Agustín Fuentes, mexicano, en aras de recoger testimonio de la vidente que sirviese en algo a la causa de canonización de los niños. Durante dicha entrevista, Sor Lucía y el Padre Fuentes hablaron con respecto a temas diversos; en un momento determinado, la niña que un día viera a la Virgen en Fátima, muy preocupada manifestó al sacerdote que "...la Santísima Virgen me dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la Devoción al Inmaculado Corazón de María; y , al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros".

                   En Fátima y luego en Pontevedra, Nuestra Santa Madre insiste en la Devoción a Su Inmaculado Corazón como remedio para los males del mundo y lo advierte como si ya no hubiese mucho tiempo para decidirnos a entregarnos a Ella; sólo basta ver la llamada reiterada de la Virgen que no se cansa de marcarnos el camino que nos llevará a la salvación eterna para decirnos desde hoy mismo, a empezar a ser devotos y propagadores del Inmaculado Corazón de María.


EL CORAZÓN DE MARÍA ES INSEPARABLE AL DE JESÚS


                  Tengamos presente que el Corazón de María se ha convertido en el Sagrario donde Jesús mismo vive y desea esparcir Su Misericordia, pero siempre será más benévolo y generoso si lo hacemos por mediación de Su Madre, si recurrimos a Su Corazón bondadoso que todo lo puede alcanzar de Su Hijo amado; el corazón de una madre siempre tiene espacio para la comprensión de nuestras debilidades, cuánto más el de la Virgen que es Nuestra Santa Madre, que nos ganó como hijos a los pies del Calvario, y que desde entonces, hasta nuestros días, no nos ha dejado ni por un instante, cuidando de sus devotos que acuden a Ella con la confianza de un hijo que se sabe escuchado.

                   Sea el Corazón de María nuestra Devoción predilecta por la Virgen; sea Su Corazón siempre venerado con el de Su Hijo Nuestro Señor y que ambos, formen nuestra mística bandera en la batalla contra los enemigos del alma.

                  Comienza esta batalla compartiendo este artículo, para mayor Gloria de Dios y de la Purísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra.



jueves, 21 de agosto de 2025

SÚPLICA AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS




                     Jesús, bendito sea Tu Nombre. Jesús, eternamente yo Te ame. Jesús, a todas horas yo Te nombre. Jesús, en mis conflictos a Ti clame. Jesús, mi Verdadero Dios y Hombre. Jesús, mi corazón siempre Te llame. Jesús, medite en Ti mi entendimiento. Jesús, viva yo en Ti todo momento.

                   Jesús, que cuando enfermo me visitas. Jesús, que cuando caigo me levantas. Jesús, que mi remedio solicitas. Jesús, que al enemigo de mí espantas. Jesús de mis entrañas, yo Te ame y óyeme, Jesús cuando Te llame. 

                   Jesús, que al bien obrar siempre me incitas. Jesús, que en Tu gracia me adelantas. Jesús, por mí en la Cruz crucificado. Jesús, no viva yo ni muera en el pecado.

                   En amarte, Jesús, siempre me emplee. Mi Jesús, de adorarte nunca acabe. Jesús, siempre en nombrarte me recree. Jesús, toda criatura a Ti Te alabe. Jesús, sólo gozarte a Ti desee.

                   Jesús, ¿qué puede haber tan dulce y suave como decir Jesús de noche y día, y con Jesús, nombrarte a Ti, María?.

                   Dulce Jesús, si lenguas mil tuviera, Jesús, sólo con ellas pronunciara: Jesús, Jesús, Jesús, siempre dijera, dulcísimo Jesús, y no me hartara. 

                   Tantas veces, Jesús nombrando, hiciera que, a Ti toda rodilla se doblara, y que nadie, Jesús, Tu Nombre oyese, sin que en Tu Amor su pecho se encendiese.

                   Mi lengua a Ti, Jesús, siempre Te nombre; siempre mi corazón en Ti se emplee; arda en amor, Jesús, al oír Tu Nombre; verte, amado Jesús, sólo desee.

                   Te adore mi Fe como Dios y hombre. Sólo en Ti mi esperanza se recree. Tengo yo mis potencias y sentidos en Tu Amor, oh Jesús, siempre encendidos.

                   Jesús, que cuando eliges para Madre a María, nos la das por Protectora; Jesús, que, si a San José llamas de Padre, es porque nos ampare en esta hora.

                   Jesús, que a Tu Piedad nada hay que cuadre, más que aquel que a Tu Padre fiel implora. ¡Oh si en mi corazón, Jesús Bendito, Jesús, María y José tuviera escrito!.

                   Jesús me ampare, Jesús me defienda ahora, en la hora de mi muerte y en todas mis necesidades. En Tus manos, ¡oh Dulcísimo Jesús!, encomiendo mi espíritu. Amén.


Mons. Fray Manuel María de Sanlúcar Díaz de Bedoya, 
Capuchino, Obispo auxiliar de Santiago de Compostela 
(España), en su "Breve Manual Cristiano" 



miércoles, 20 de agosto de 2025

SAN BERNARDO DE CLARAVAL, Doctor de la Iglesia, Fundador del Císter



                      San Bernardo (Bernardo Fontaine) nace aproximadamente en 1090 en el castillo de Fontaine-lès-Dijon, (Borgoña). Hijo de un caballero que formaba parte del círculo del Duque de Borgoña, Bernardo nació perteneciendo al estamento nobiliario, al igual que su progenitor, aunque no a sus rangos más altos.

                     Era el tercer hijo de los siete que tuvo el matrimonio. Ambos padres, aunque se cuenta que especialmente su madre, pronto advirtieron las extraordinarias cualidades intelectuales de su hijo y, por ese motivo, decidieron eximirlo de continuar la tradición familiar del oficio de las armas y hacer que se encaminara hacia una vida de estudio. Por ello, ingresó en la escuela de canónigos regulares de Châtillon-sur-Seine.

                      En el año 1112 o 1113 ingresaría formalmente en la Orden del Císter, fundada bajo la Regla de San Benito, acompañado de varios de sus hermanos y otras personas que siguen su fervoroso ejemplo.

                      Tan sólo dos años después de su ingreso en la Orden; en 1115, se fundan dos monasterios bajo los auspicios del Císter. Su fuerte personalidad llevó al Abad Esteban a encargarle la fundación del Monasterio de Claraval (Clairvaux). El Obispo de Chalons-sur-Marne, Guillermo de Champeaux quien le ordenó Sacerdote el 15 de Agosto del mismo año y le nombró Abad.

                      A partir del año 1119, el Císter inicia su expansión por Francia y otras áreas del continente europeo. A lo largo de su vida veremos como Bernardo combina armónicamente su faceta mística y la participación en la vida pública de la Iglesia, pues, pese a su deseo de llevar una vida de retiro espiritual, constantemente será reclamado como mediador, y su consejo se tornará imprescindible gracias a su sólida y esmerada formación teológica, además de ser el Predicador principal de la Segunda Cruzada.

                      Uno de sus monjes, llegaría a ser Papa y reinó con el el nombre de Honorio III. Aprovechando su amistad con San Bernardo, le solicitó al Santo que escribiese un tratado con las obligaciones de los Papas; el Santo Abad escribió varios libros al respecto llamados "De consideratione", obra que fue consultada con posterioridad por muchos Pontífices. En 1142 estableció la gran Abadía de Mellifont. En 1148 recibió a su amigo el Arzobispo San Malaquías, que cayó enfermo y falleció en los brazos de San Bernardo.

                     El Santo Abad Bernardo entregó su alma a Dios en su Abadía  de Claraval, el 20 de Agosto de 1153, cuando contaba 63 años de edad. No tardó en ser canonizado, en 1174, por el Papa Alejandro III; sería proclamado Doctor de la Iglesia por Pío VIII en 1830.

                     El amor que San Bernardo sentía por María Nuestra Señora quedó plasmado en aquellos versos que ya forman parte de la Piedad Tradicional "oh Clemente, oh Piadosa, oh Dulce Virgen María..." además de componer el conocido "Memorare", la súplica de los Esclavos de María.


EL DON DE LA MATERNIDAD DIVINA


                    "El único nacimiento digno de Dios era el procedente de la Virgen; asimismo, la dignidad de la Virgen demandaba que quien naciere de Ella no fuere otro que el mismo Dios. Por esto, el Hacedor del hombre, al hacerse hombre, naciendo de la raza humana, tuvo que elegir, mejor dicho, que formar para Sí, entre todas, una madre tal cual Él sabía que había de serle conveniente y agradable.

                    Quiso, pues, nacer de una virgen inmaculada, Él, el inmaculado, que venía a limpiar las máculas de todos.

                    Quiso que Su madre fuese humilde, ya que Él, manso y humilde de corazón, había de dar a todos el ejemplo necesario y saludable de estas virtudes. Y el mismo que ya antes había inspirado a la Virgen el propósito de la virginidad y la había enriquecido con el don de la humildad le otorgó también el don de la Maternidad Divina.



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                    De otro modo, ¿cómo el Ángel hubiese podido saludarla después como llena de gracia, si hubiera habido en Ella algo, por poco que fuese, que no poseyera por gracia?. Así, pues, la que había de concebir y dar a luz al Santo de los Santos recibió el don de la virginidad para que fuese santa en el cuerpo, el don de la humildad para que fuese santa en el espíritu.

                    Así, engalanada con las joyas de estas virtudes, resplandeciente con la doble hermosura de Su Alma y de Su cuerpo, conocida en los Cielos por Su belleza y atractivo, la Virgen regia atrajo sobre Sí las miradas de los que allí habitan, hasta el punto de enamorar al mismo Rey y de hacer venir al Mensajero celestial.

                    Fue enviado el Ángel, dice el Evangelio, a la Virgen. Virgen en Su cuerpo, virgen en Su Alma, virgen por Su decisión, virgen, finalmente, tal cual la describe el Apóstol, santa en el cuerpo y en el alma; no hallada recientemente y por casualidad, sino elegida desde la Eternidad, predestinada y preparada por el Altísimo para Él mismo, guardada por los Ángeles, designada anticipadamente por los Padres antiguos, prometida por los Profetas".


San Bernardo de Claraval
"Homilías sobre las excelencias de la Virgen Madre"


martes, 19 de agosto de 2025

SAN JUAN EUDES, APÓSTOL DE LA DEVOCIÓN A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA

  

"No debemos separar lo que Dios 
ha unido tan perfectamente. 
Quien ve a Jesús ve a María, 
quien ama a Jesús ama a María. 
No es verdaderamente Cristiano 
el que no tiene devoción 
a la Madre de Jesucristo 
y de todos los Cristianos"




                   San Juan Eudes nació el 14 de Noviembre de 1601. Vino a este mundo en una granja cerca de la villa de Ri, en Francia. Fue uno de los siete hijos del matrimonio formado por Isaac Eudes y Marta Corbin, humildes granjeros. 

                  A los catorce años, Juan ingresó en el colegio de los Jesuitas de Caén. Sus padres deseaban que se casara y siguiera trabajando la granja de la familia, pero Juan, que había hecho voto de virginidad, recibió las Órdenes Menores en 1621 y estudió Teología en Caén con la intención de ser Sacerdote. Sin embargo, poco después determinó ingresar en la Congregación del Oratorio, que había sido fundada en 1611 por el futuro Cardenal Pedro de Bérulle. Tras de recabar con gran dificultad el permiso paterno, fue recibido en París por el Superior General en 1623.

                 Dos años más tarde, se desató en Normandía una violenta epidemia de peste, y Juan se ofreció para asistir a sus compatriotas. Bérulle le envió al Obispo de Séez con una carta de presentación, en la que decía: "La caridad exige que emplee sus grandes dones al servicio de la provincia en la que recibió la vida, la gracia y las Órdenes Sagradas, y que su diócesis sea la primera en gozar de los frutos que se pueden esperar de su habilidad, bondad, prudencia, energía y vida".  Fue ordenado Sacerdote el 20 de Diciembre de 1625 y celebró su primera Misa el día de Navidad. El Padre Eudes pasó dos meses en la asistencia a los enfermos en lo espiritual y en lo material. Después fue enviado al oratorio de Caén, donde permaneció hasta que una nueva epidemia se desató en esa ciudad, en 1631. Para evitar el peligro de contagiar a sus hermanos, Juan se apartó de ellos y vivió en el campo, donde recibía la comida del convento.

                  Pasó los diez años siguientes en la prédica de misiones al pueblo, preparándose así para la tarea a la que Dios le tenía destinado. En aquella época empezaron a organizarse las misiones populares en su forma actual. San Juan Eudes se distinguió entre todos los misioneros. En cuanto acababa de predicar, se sentaba a oír confesiones, ya que, según él, "el predicador agita las ramas, pero el confesor es el que caza los pájaros". Mons. Le Camus, amigo de San Francisco de Sales, dijo refiriéndose al P. Eudes: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y os aseguro que ninguno de ellos mueve tanto a las gentes como este buen padre". San Juan Eudes predicó en su vida unas ciento diez misiones.

                 Una de las experiencias que adquirió durante sus años de misionero, fue que las mujeres de mala vida que intentaban convertirse, se encontraban en una situación particularmente difícil. Durante algún tiempo, trató de resolver la dificultad alojándolas provisionalmente en las casas de las familias piadosas, pero cayó en la cuenta de que el remedio no era del todo adecuado. Magdalena Lamy, una mujer de humilde origen, que había dado albergue a varias convertidas, dijo un día al Santo: "Ahora os vais tranquilamente a una iglesia a rezar con devoción ante las imágenes y con ello creéis cumplir con vuestro deber. No os engañéis, vuestro deber es alojar decentemente a estas pobres mujeres que se pierden porque nadie les tiende la mano".

                  Estas palabras produjeron profunda impresión en San Juan Eudes, quien alquiló en 1671, una casa para las mujeres arrepentidas; en la que podían albergarse en tanto que encontraban un empleo decente. Viendo que la obra necesitaba la atención de religiosas, el Santo la ofreció a las visitandinas, quienes se apresuraron a aceptarla.

                  Después de mucho orar, reflexionar y consultar, San Juan Eudes abandonó la Congregación del Oratorio en 1643. La experiencia le enseñó que el Clero necesitaba reformarse antes que los Fieles y que la Congregación sólo podría conseguir su fin mediante la fundación de seminarios. El Padre Condren, que había sido nombrado Superior General, estaba de acuerdo con el Santo; pero su sucesor, el Padre Bourgoing, se negó a aprobar el proyecto de la fundación de un Seminario en Caén.

                 Entonces el Padre Eudes decidió formar una asociación de sacerdotes diocesanos, cuyo fin principal sería la creación de seminarios con miras a la formación de un Clero celoso. La nueva asociación quedó fundada el día de la Anunciación de 1643, en Caén, con el nombre de "Congregación de Jesús y María". Sus miembros, como los del Oratorio, eran Sacerdotes diocesanos y no estaban obligados por ningún voto. San Juan Eudes y sus cinco primeros compañeros se consagraron a "la Santísima Trinidad, que es el primer principio y el último fin de la Santidad del Sacerdocio". El distintivo de la Congregación era el Corazón de Jesús, en el que estaba incluido místicamente el de la Purísima María, como símbolo del amor eterno de Jesús por los hombres.

                 La Congregación encontró gran oposición, sobre todo por parte de los jansenistas y de los Padres del Oratorio. En 1646, el Padre Eudes envió a Roma al Padre Manoury para que recabase la aprobación pontificia para la congregación, pero la oposición era tan fuerte, que la empresa fracasó.

                 En 1650, el Obispo de Coutances pidió a San Juan que fundase un seminario en dicha ciudad. El año siguiente, Monseñor Oliver, que consideraba al Santo como "la maravilla de su época", le invitó a predicar una misión de diez semanas en la iglesia de, San Sulpicio de París. Mientras se hallaba en esa misión, el Padre Eudes recibió la noticia de que el Obispo de Bayeux acababa de aprobar la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, formada por las religiosas que atendían a las mujeres arrepentidas de Caén. En 1653, San Juan fundó en Lisieux un seminario, al que siguió otro en Rouén en 1659. 

                 Un año después, una bula del Papa Alejandro VII aprobó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Ese fue el coronamiento de la obra que el Padre Eudes y Magdalena Larny habían emprendido treinta años antes en favor de las pecadoras arrepentidas. San Juan siguió predicando misiones con gran éxito; en 1666, fundó un seminario en Evreux y, en 1670, otro en Rennes.

                  Al año siguiente, publicó un libro titulado "La Devoción al Adorable Corazón de Jesús". Ya antes, el Santo había instituido en su Congregación una Fiesta del Santísimo Corazón de María. En su libro incluyó el propio de una misa y un oficio del Sagrado Corazón de Jesús. El 31 de Agosto de 1670, se celebró por primera vez dicha Fiesta en la Capilla del Seminario de Rennes y pronto se extendió a otras diócesis. Así pues, aunque San Juan Eudes no haya sido el primer Apóstol de la Devoción al Sagrado Corazón en su forma actual, fue sin embargo él "quien introdujo el culto del Sagrado Corazón de Jesús y del Santo Corazón de María", como lo dijo el Papa León XIII en 1903. El Decreto de Beatificación añadía: "El fue el primero que, por divina inspiración les tributó un culto litúrgico."

                 El Papa Clemente X publicó seis breves por los que concedía indulgencias a las Cofradías de los Sagrados Corazones de Jesús y María, instituidas en los seminarios de San Juan Eudes.

                 Durante los últimos años de su vida, el Santo escribió su tratado sobre "el Admirable Corazón de la Santísima Madre de Dios"; trabajó en la obra mucho tiempo y la terminó un mes antes de morir. Su última misión fue la que predicó en Sain-Lö, en 1675, en plena plaza pública, con un frío glacial. La misión duró nueve semanas. El esfuerzo enorme acabó con su salud y a partir de entonces se retiró prácticamente de la vida activa.

                 Entregó a Dios su alma de apóstol el 19 de Agosto de 1680, a las tres de la tarde. Fue canonizado por el Papa Pío XI en 1925.




lunes, 18 de agosto de 2025

TERESA NEUMANN Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO. Parte 3ª


                    Teresa Neumann fue una mística nacida el 8 de Abril de 1898, en Konnersreuth, en la región de Baviera, Alemania; a partir de Marzo de 1926 Jesús Nuestro Señor quiso asociarla a Su Pasión, mediante el don de los sagrados estigmas, heridas que permanecerían visibles y sangrantes hasta el último día de su vida, el 18 de Septiembre de 1962. El Señor la agració además con otros muchos dones místicos, como la inedia, la hierognosis o el poder comunicarse con las Almas del Purgatorio.



                    El Padre Naber, Párroco de Konnersreuth, llevaba un pequeño diario donde dejó reflejadas muchas de las experiencias místicas de Teresa Neumann; el buen Sacerdote reseñó el 20 de Enero de 1931: "Hoy, poco después del mediodía ha muerto el Señor Fenzl. Teresa, después de comulgar a las doce, ha acompañado al Santísimo a la casa del moribundo y ha asistido al Viático en la habitación del agonizante. Después hemos vuelto a la casa parroquial. Casi inmediatamente me han avisado de que Fenzl había muerto hacia la una. 

                    Al regresar a casa, he visto a Teresa sentada en una silla en el comedor, mirando hacia la casa mortuoria, que se veía por la ventana. Estaba en éxtasis y hablaba del difunto que había sido enviado al Purgatorio. Al volver en sí, contó que había visto al difunto en presencia del Señor, al Ángel de su guarda, a dos hombres jóvenes, un anciano y una anciana y unos tres niños (eran el padre y la madre del difunto, sus dos hijos caídos en el frente, y sus tres hijos muertos de pequeños). Como el alma del difunto no estaba aún purificada totalmente, tuvo que quedarse atrás mirando con enorme tristeza cómo el Salvador y sus acompañantes regresaban al Cielo".



domingo, 17 de agosto de 2025

EL PADRE CUETO, OBISPO DE LOS CANARIOS

 


              Fray José Cueto y Díez de la Maza, nació en Riocorvo, Santander (España) en 1839, en el seno de una familia profundamente cristiana. A los 17 años ingresa en el Convento de los Frailes Dominicos de Ocaña. 

              Su vida como religioso dominico transcurrió entre Ocaña, Filipinas, Ávila y Canarias. Itinerario geográfico y espiritual, enriquecido con su elocuente predicación, producción literaria -obtuvo diversos premios, entre otros, por sus obras "La Fe y la Razón" y "Breve estudio sobre el dogma y la libertad"-, su sabiduría en la cátedra como Profesor de Teología y de Derecho Canónico, y como santo y solícito Pastor en la Diócesis de Canarias, de la que fue Obispo durante 17 años.

              Resaltó en él, de manera llamativa, la virtud de la Caridad, expresada en su amor y solicitud hacia los pobres, los enfermos, los presos y necesitados de Dios. El P. Cueto fue preconizado Obispo el 1 de Junio de 1891 y consagrado en Ocaña, el 27 de Septiembre de 1891. Hizo su entrada de Obispo en Las Palmas el día 22 de Noviembre de 1891.

              Hizo norma de su conducta y de su gobierno la doctrina del amor. Tomando para sí el lema de San Juan Crisóstomo: "Sé austero para contigo y benigno para con el prójimo".

             No tuvo más fin durante el tiempo que vivió entregado a su Diócesis de Canarias, que vaciar de sí mismo su corazón para que entrasen en él todos aquellos que la Divina Providencia le había dado por hijos.

              En sus Visitas Pastorales, hechas con gran dificultad por los peligros del mar y lo escabroso del terreno, se mostró siempre como "el enviado del Cielo, el Ángel de la Caridad y de la Paz". Las numerosas obras sociales que se crearon durante su pontificado en la Diócesis de Canarias, por iniciativa suya, dan testimonio de ello. Y así lo percibió el pueblo resumiendo su paso por las islas con estas palabras: “El Padre Cueto era antes que nada un gran corazón. Su corazón nos explica todas las acciones de su vida”.

              Preocupado porque sus Fieles estuviesen suficientemente atendidos espiritualmente, logró que se establecieran en la Diócesis los religiosos Franciscanos, Paúles, Cistercienses, Hermanos de la Escuelas Cristianas, Hermanitas de los pobres y las Siervas de María. El 12 de Junio de 1895, junto con la Madre Pilar Prieto, funda la Congregación de las Dominicas de la Sagrada Familia, dedicada a la educación de la juventud y a la caridad, mediante la predicación de la Palabra de Dios, en íntima unión con el espíritu dominicano. 

              En Octubre de 1896 el Obispo organizaría una peregrinación que culminaría ante los pies de la Patrona, la Virgen del Pino, para rogar por el fin de la Guerra de Cuba, iniciada un año antes; el Prelado de los canarios donaría entonces su cruz pectoral y el anillo episcopal, finas piezas en oro, amatistas y brillantes, para el ajuar de la Patrona.

              El 26 de Mayo de 1900, el Obispo Cueto confirmó en la Fe Católica a la entonces niña Lorenza Díaz Bolaños, en la Parroquia de Santa María de Guía; aquella muchachita sería años después esposa de Cristo, como Hija de la Caridad, condición que le valdría para convertirse en Mártir durante la Cruzada de 1936.

              Con el beneplácito del Papa San Pío X, el Obispo dominico coronó canónicamente a la Virgen del Pino, el 7 de Septiembre de 1905; lo hizo en medio de una celebración multitudinaria que albergó a unos 30.000 canarios en torno a la Basílica de Teror.

              El "Padre Cueto", como cariñosamente le llamamos los canarios, entró en la Vida Eterna en la capital de su Diócesis, Las Palmas de Gran Canaria, en olor de santidad, el 17 de Agosto de 1908. Sus venerables restos reposan mientras esperan la resurrección de la carne, en la Capilla de la Comunidad Dominica de San José, Casa Madre de la Orden fundada por él mismo.



viernes, 15 de agosto de 2025

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA a los Cielos en cuerpo y alma




                    Llegamos al coronamiento de los privilegios de Nuestra Señora la Virgen María: Su Gloriosa Asunción en cuerpo y alma al Cielo y Su Coronación en él como Reina y Señora de cielos y tierra. La Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un dogma de nuestra Fe Católica, expresamente definido «ex cathedra» por el Papa Pío XII. (1)

¿Murió realmente la Virgen María?

                    El Papa Pío XII rehusó intencionadamente pronunciarse, al menos en la fórmula dogmática, sobre la muerte o no muerte de la Virgen María, sobre si fue asunta al Cielo después de morir y resucitar, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte como todos los demás mortales (e incluso como el mismo Cristo). Ahora bien: ¿cuál de las dos posibilidades es la verdadera?. Los argumentos que se aducen en favor de una u otra no son tan decisivos como para llevar a una certeza absoluta sobre cualquiera de las dos. Sin embargo, la opinión que sostiene con firmeza la Asunción Gloriosa de María después de su muerte y resurrección, no solamente reúne los sufragios de la inmensa mayoría de los mariólogos, sino que nos parece objetivamente mucho más probable que la que defiende la Asunción sin la muerte previa de la Virgen.

                    En la misma Bula «Munificentissimus Deus», de Pío XII, se leen estas palabras, cuya importancia excepcional a nadie puede ocultarse: «Los Fieles, siguiendo las enseñanzas y guía de sus pastores, aprendieron también de la Sagrada Escritura que la Virgen María, durante Su peregrinación terrena, llevó una vida llena de ocupaciones, angustias y dolores, y que se verificó lo que el santo anciano Simeón había predicho: que una agudísima espada le traspasaría el corazón a los pies de la cruz de Su Divino Hijo, Nuestro Redentor. Igualmente no encontraron dificultad en admitir que María hubiese muerto del mismo modo que Su Unigénito. Pero esto no les impidió creer y profesar abier­tamente que Su sagrado cuerpo no estuvo sujeto a la corrupción del sepulcro y que no fue reducido a putrefacción y cenizas el augusto Tabernáculo del Verbo Divino».

                    Desde la más remota antigüedad, la liturgia oficial de la Iglesia recogió la doctrina de la muerte de María. Las oraciones «Veneranda nobis...» (2) y «Subveniat, Domine» son claro y piadoso ejemplo de que la Iglesia reconocía que la Virgen María realmente murió.

                    Es cierto que María no contrajo el pecado original, pero tuvo el débito del mismo. Recibió, por tanto, la naturaleza caída de Adán, si bien con los privilegios ya conocidos. Ahora bien, la naturaleza caída de Adán estaba sujeta a la muerte. Luego para decir que María no murió habría que demostrar la existencia de ese privilegio especial para Ella, lo que no consta en ninguna parte.

                    Si Nuestra Señora dio al Redentor carne pasible y mortal, debió tenerla también Ella. Si nos corredimió con Su Hijo, debió participar de Sus Dolores y de Su Muerte. La muerte de la Virgen María tiene sentido corredentor, como complemento natural y lógico de Su compasión al pie de la Cruz. Sin Su muerte real faltaría algo al perfecto paralelismo entre el Redentor y la Corredentora.

                    Cristo murió, ¿y María sería superior a Él al menos en este aspecto relativo a la muerte corporal?. Aun suponiendo- como quieren algunos mariólogos- que la Virgen María tenía derecho a no morir (en virtud, sobre todo, de Su Inmaculada Concepción, que la preservó de la culpa y, por tanto, también de la pena correlativa, que es la muerte), sin duda alguna hubiera María Nuestra Señora renunciado de hecho a ese privilegio para parecerse en todo— hasta en la muerte y resurrección— a Su Divino Hijo Jesús. 

                    María debió morir para enseñarnos a bien morir y dulcificar con Su ejemplo los terrores de la muerte. La recibió con calma, con serenidad, aún más, con gozo, mostrándonos que no tiene nada de terrible para aquel que vivió piadosamente y mereciéndonos la gracia de recibirla con santas disposiciones.




                    «María murió sin dolor, porque vivió sin placer; sin temor, porque vivió sin pecado; sin sentimiento, porque vivió sin apego terrenal. Su muerte fue semejante al declinar de una hermosa tarde, fue como un sueño dulce y apacible; era menos el fin de una vida que la aurora de una existencia mejor. Para designarla la Iglesia encontró una palabra encantadora: la llama sueño (o dormición) de la Virgen» (3)

                    "Ella es -exclama San Bernardo- la que pudo decir con verdad: “He sido herida del amor”, porque la flecha del Amor de Cristo la transverberó de tal modo que en Su Corazón virginal cada átomo se incendió en un fuego soberano.

                    San Francisco de Sales decía: "Es imposible imaginar que esta verdadera Madre natural del Hijo de Dios haya muerto de otra muerte; muerte la más noble de todas y debida a la más noble vida que hubo jamás entre las criaturas; muerte que los Ángeles mismos desearían gustar, si fuesen capaces de morir."



NOTAS

            1) «Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para Gloria de Dios Omnipotente, que otorgó a la Virgen María Su peculiar benevolencia; para Honor de Su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la Gloria de la misma Augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la Autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la Nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser Dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de Su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la Gloria Celestial». Bula «Munificentissimus Deus», del Papa Pío XII, 1 de Noviembre de 1950.

            2) «Veneranda nobis, Domine, Huius diei festivitas opem conferat salutarem; in qua Sancta Dei Genetrix mortem subiit temporalem; nec tamen nexibus deprimi potuit quae Filium Tuum Dominum nostrum de se genuit incarnatum». («Ayúdenos con Su intercesión saludable, ¡oh Señor!, la veneranda festividad de este día, en el cual, aunque la Santa Madre de Dios pagó su tributo a la muerte, no pudo, sin embargo, ser humillada por su corrupción aquella que en Su seno encarnó a Tu Hijo, Señor nuestro).

            3) Louis Garriguet, experto mariólogo y Rector del Seminario de Aviñón.



martes, 12 de agosto de 2025

LA FE PURA E INMACULADA: EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA HA SIDO CONSTITUIDO POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



                    ...En medio de tal confusión de opiniones, nos es de algún consuelo ver a los que hoy no rara vez, abandonando las doctrinas de Racionalismo en que antes se habían formado, desean volver a las fuentes de la Verdad revelada, y reconocer y profesar la Palabra de Dios, conservada en la Sagrada Escritura como fundamentos de la Teología. Pero al mismo tiempo lamentamos que no pocos de ésos, cuanto con más firmeza se adhieren a la Palabra de Dios, tanto más rebajan el valor de la razón humana; y cuanto con más entusiasmo realzan la Autoridad de Dios revelador, con tanta mayor aspereza desprecian el Magisterio de la Iglesia, instituido por Nuestro Señor Jesucristo para guardar e interpretar las Verdades revelada por Dios. Semejante desprecio no sólo se halla en abierta contradicción con la Sagrada Escritura, sino que se manifiesta en su propia falsedad por la misma experiencia. Porque con frecuencia hasta los mismos disidentes de la Iglesia se lamentan públicamente de la discordia entre ellos reinante en las cuestiones dogmáticas, de tal suerte que, aun no queriéndolo, se ven obligados a reconocer la necesidad de un Magisterio vivo.

                    En las materias de la Teología, algunos pretenden disminuir lo más posible el significado de los dogmas y librar el Dogma mismo de la manera de hablar tradicional ya en la Iglesia y de los conceptos filosóficos usados por los doctores católicos, a fin de volver, en la exposición de la Doctrina Católica, a las expresiones empleadas por las Sagradas Escrituras y por los Santos Padres. Así esperan que el Dogma, despojado de los elementos que llaman extrínsecos a la revelación divina, se pueda coordinar fructuosamente con las opiniones dogmáticas de los que se hallan separados de la Iglesia, para que así se llegue poco a poco a la mutua asimilación entre el Dogma Católico y las opiniones de los disidentes.

                    ...es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo Dogma en una caña agitada por el viento. Además de que el desprecio de los términos y nociones que suelen emplear los teóricos escolásticos conducen forzosamente a debilitar la teología llamada especulativa, la cual, según ellos, carece de verdadera certeza, en cuanto que se funda en razones teológicas.

                    Hay algunos que, de propósito y habitualmente, desconocen todo cuanto los Romanos Pontífices han expuesto en las Encíclicas sobre el carácter y la constitución de la Iglesia; y ello, para hacer prevalecer un concepto vago que ellos profesan y dicen haber sacado de los antiguos Padres, especialmente de los griegos. Y, pues los Sumos Pontífices, dicen ellos, no quieren determinar nada en la opiniones disputadas entre los teólogos, se ha de volver a las fuentes primitivas, y con los escritos de los antiguos se han de explicar las Constituciones y Decretos del Magisterio.

                    Afirmaciones éstas, revestidas tal vez de un estilo elegante, pero que no carecen de falacia. Pues es verdad que los Romanos Pontífices, en general, conceden libertad a los teólogos en las cuestiones disputadas —en distintos sentidos— entre los más acreditados doctores; pero la Historia enseña que muchas cuestiones que algún tiempo fueron objeto de libre discusión no pueden ya ser discutidas.

                    Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las Encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la Suprema Majestad de su Magisterio.

                    Pues son enseñanzas del Magisterio Ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: "El que a vosotros oye, a Mí me oye"; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya —por otras razones— al patrimonio de la Doctrina Católica. Y si los Sumos Pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos Pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos.


Papa Pío XII, extractos de la Encíclica 
"Humani Generis"12 de Agosto de 1950