viernes, 16 de abril de 2021
LETANÍA PARA MEDITAR LA PASIÓN DE CRISTO, por San Alfonso María de Ligorio
jueves, 15 de abril de 2021
Damián de Veuster, el Mártir de la lepra
José de Veuster nació en Tremelo (Bélgica), el 3 de Enero de 1840, en una familia numerosa de agricultores. Durante un Retiro Espiritual en Braine-le-Comte, donde estudiaba, decidió seguir la llamada de Dios a la vida religiosa y entró en la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, en la que ya le había precedido su hermano. A principios de 1859, comenzó el Noviciado en Lovaina. Al tomar el santo hábito cambió su nombre por el de Damián.
En 1863, su hermano, que iba a partir para la Misión de las islas Hawai, cayó enfermo. Ya estaban listos todos los preparativos para el viaje, y el Hermano Damián obtuvo del Superior general el permiso para sustituir a su hermano. Desembarcó en Honolulú el 19 de Marzo de 1864 y allí fue ordenado Sacerdote el 21 de Mayo siguiente. Sin esperar más, se entregó en cuerpo y alma a la áspera vida de misionero por los poblados de Hawai, la mayor de las islas del archipiélago.
Por aquellos días, para frenar la propagación de la lepra, el Gobierno de Hawai decidió deportar a Molokai, una isla cercana, a cuantos estuviesen afectados por la enfermedad, entonces incurable. El Obispo, Monseñor Louis-Désiré Maigret, que pertenecía a la misma Congregación de los Sagrados Corazones, habló de ello con sus Sacerdotes: a nadie quería enviar allí por obediencia, sabiendo que una orden semejante era una condena a muerte. Se ofrecieron cuatro misioneros: irían por turno a visitar y asistir a los leprosos en su desamparo. El Padre Damián fue el primero en partir: era el 10 de Mayo de 1873 y jamás volvería, ya que petición propia y de los mismos enfermos, se quedó definitivamente en Molokai.
Impulsado por el deseo de aliviar el sufrimiento de los leprosos, se interesó por los progresos de la ciencia. Experimentó en sí mismo nuevos tratamientos, que compartía con sus enfermos. Día tras día, cuidaba de los enfermos, vendaba sus heridas malolientes, reconfortaba a los moribundos, enterraba a quienes habían terminado su calvario. "Hago lo imposible —decía— por mostrarme siempre alegre, para levantar el ánimo de mis enfermos". Su Fe, su optimismo, su disponibilidad conmovían los corazones. Todos se sentían invitados a compartir su alegría de vivir, a superar, con la Fe, los límites de su miseria y angustia.
La isla de Molokai", impregnado de egoísmos, de desesperación y de inmoralidad, se transformó gracias a él en una comunidad que causaba admiración incluso al Gobierno. Orfanato, iglesia, viviendas, equipamientos colectivos: todo se realizaba con la ayuda de los menos impedidos. Se amplió el hospital, se acondicionaron el desembarcadero y sus caminos de acceso, al mismo tiempo que se tendía una conducción de agua. El Padre Damián abrió un almacén en el que los enfermos podían aprovisionarse gratuitamente. Alentaba a su gente a cultivar la tierra y plantar flores. Para entretenimiento de sus leprosos, organizó incluso una banda de música. Así, Damián hacía redescubrir a los leprosos que a los ojos de Dios todo hombre es algo precioso, porque los ama como un padre.
El buen Padre Damián concebía su presencia en medio de los leprosos como la de un padre entre sus hijos. Conocía los riesgos del trato cotidiano con sus enfermos. Tomando todas las precauciones razonables, consiguió durante más de una década escapar al contagio. Sin embargo, acabó enfermando también él. Con plena confianza en Dios, declaró en esos momentos: "Estoy feliz y contento, y si me dieran a escoger la salida de este lugar a cambio de la salud, respondería sin dudarlo: Me quedo con mis leprosos toda mi vida".
Murió tal día como hoy, el 15 de Abril de 1889. Más tarde, en 1936, sus restos fueron repatriados y depositados en la cripta de la Iglesia de la Congregación de los Sagrados Corazones en Lovaina.
Su partida para la "isla maldita" y su permanencia fiel en ella tienen una razón. Así lo testimonia él mismo: "Sin la presencia de nuestro Divino Maestro en mi pobre capilla, jamás habría podido mantener unida mi suerte a la de los leprosos de Molokai". Desde su desaparición, fue considerado como un modelo y un héroe de la Caridad.
LA VIDA INTERIOR: ¿Cómo saber si vivo la Voluntad de Dios?
El alma, la vida y la Santidad de mi vida es el amor de Dios, y mi gozo debe ser darme cuenta de que cuanto hago es Voluntad de Dios y lo hago por Su Amor; por ello he renunciado a todo lo demás y me he alejado de cuanto pudiera robarme algo de mi amor a Dios, y emperezarme en hacer Su divino querer. Con este amor en cada una de mis acciones y de mis vencimientos recibo vida de Su Vida y de Su Verdad.
La prueba más cierta de que vivo este amor de Dios y participo de la Vida de Dios es el haber pronunciado a mí mismo, desterrando mi amor propio; el haber negado mi gusto para unir mi voluntad en todas las acciones que realice a la de Dios.
Cuando leo en el Santo Evangelio las palabras que Jesucristo dijo "Yo siempre hago la Voluntad de Mi Padre", reflexiono para mí: ¿Cuándo sabré que yo hago también la Voluntad de Dios? Jesucristo la hacía siempre y con plenitud de un amor perfecto e infinito, porque Él era Dios y el cuerpo estaba siempre pronto para seguir la voluntad del alma, y Su Alma veía en visión clara la Voluntad Divina, pues era una misma persona con la divina. Pero aun con toda mi torpeza y ruindad nativas, puedo cumplir la Voluntad de Dios con certeza si guardo con fidelidad y delicadeza mi observancia religiosa y decir hago la Voluntad de Dios.
La observancia religiosa me muestra en cada momento y en cada acción cuál es la Voluntad de Dios y lo que quiere de mí en mis obras interiores y exteriores. En mis obras interiores quiere el Señor las haga con rectitud de intención, por Él mirando a Él, y, como Jesús, que las haga con todo mi amor, que es hacerlo ante la amorosa mirada de Dios con toda mi inteligencia y con todas mis fuerzas y corazón. Y en mis obras externas también puedo saber, si quiero, que hago la Voluntad de Dios, porque Él me ha manifestado Su Voluntad en mis Reglas y Horarios, en los detalles de mi vida religiosa. Si yo obedezco u observo con toda la delicadeza y con todo amor y sumisión estas disposiciones, si yo vivo con fidelidad abnegada mi observancia religiosa, si abrazo la mortificación y el recogimiento que me manda mi Orden, obedezco a Dios que así lo ha dispuesto y hago en cada momento y en cada acción Su Voluntad...
Padre Valentín de San José, Carmelita Descalzo
miércoles, 14 de abril de 2021
GARABANDAL EN LA OPINIÓN DEL PADRE ROYO MARÍN
Tras la Santa Misa, las niñas entraron en éxtasis y subieron en marcha extática hasta Los Pinos; el Padre Royo Marín las seguía, no sin cierta dificultad, por lo pedregoso del camino y la velocidad que marcaba el paso de las niñas videntes. En un momento determinado, el Padre Royo Marín avisó a los presentes que corrieran a la Iglesia, a donde iban las niñas y dijo esta frase: "Corran a la Iglesia que las niñas llevan alas en los pies."
Uno de los Sacerdotes presentes, el Padre José Ramón García de la Riva, se atrevió a ofrecerle: "Padre, si esto es tan serio como Vd. dice ¿por qué no se queda aquí unos días más?." A lo que el Padre Royo Marín respondió: "No me hace falta, esto es clarísimo y no puede ser otra cosa."
MORIR DE AMOR ENTRE JESÚS Y MARÍA
Es creencia común que el Santo Patriarca durmió en el Señor antes que Cristo comenzara Su ministerio público, con toda seguridad antes de las bodas de Caná, y, por consiguiente, antes de la Pasión del Señor. Y diversos teólogos, entre ellos San Francisco de Sales y San Alfonso María de Ligorio, afirman que murió de amor de Dios.
San Bernardino de Siena, devoto enamorado de San José nos enseña que "si relacionamos a San José con la Iglesia Universal de Cristo, ¿no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos?. Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es San José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.
San José, que hizo las veces de padre de Nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los Ángeles, que fue elegido por el Padre Eterno como fiel cuidador y Guardián de sus más preciados tesoros, a saber, de Su Hijo y de Su esposa; cargo que él cumplió con absoluta fidelidad. Por esto el Señor le dice: Bien, siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
Piadosamente ha de creerse, por tanto, que en su muerte tuvo presentes a Jesucristo y a la Santísima Virgen, su esposa. Cuantas exhortaciones, consuelos, promesas, iluminaciones, inflamaciones y revelaciones de los bienes eternos recibiría en su tránsito de su Santísima Esposa y del Dulcísimo Hijo de Dios, Jesús, lo dejo a la contemplación y consideración de la mente devota...
Acuérdate de nosotros, Bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu Esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén."
martes, 13 de abril de 2021
MI SANTA FAZ COMO PRENDA SENSIBLE DE MI DOLOR POR LOS PECADOS...
Pierina de Micheli era natural de Centonara D´Artò, provincia de Novara, Milán. Desde muy niña fue devota de Nuestra Señora y de la Pasión de Cristo. De muchacha le gustaba enseñar el Catecismo a los niños y se apresuraba a seguir al Sacerdote cuando éste iba a administrar la Extremaunción a los moribundos porque, según expresión de la propia Pierina "es hermoso acompañar a un alma hacia el Paraíso".
No se sabe bien cuándo floreció en ella la vocación a la vida consagrada, pero tenía 23 años cuando se hizo religiosa en la Congregación de las Hijas de la Inmaculada Concepción; poco después sería destinada con otras compañeras a Argentina, donde, en 1921, emitiría los Votos Perpetuos que la unirían para siempre su Esposo. A finales de ese mismo año vuelve a Italia, a la casa que sus Hermanas han abierto en Milán, donde, más adelante, se convierte en Superiora.
En este período la amistad y el trato íntimo con Jesús se hace más querido y familiar, hasta el punto que Nuestro Señor se le representa en visiones místicas para comunicar a Pierina su misión en este mundo. Lejos de resultar consoladoras, estas experiencias sobrenaturales acongojan el espíritu de la humilde monja, que de continuo verá a Cristo como representado según Su Cruenta Pasión: azotado, coronado de espinas, crucificado...
Una vez más entendemos que la verdadera amistad con Jesús se demuestra en nuestro anhelo por cargar con nuestra cruz diaria, con Su Cruz, si queremos de veras alcanzar la dicha eterna mediante una vida sacrificada y según la Ley de Dios.
Igualmente, Nuestro Señor elige como a Sus predilectas a estas almas dispuestas a desaparecer a sí mismas, almas que desprecien sus gustos y aficiones personales a fin de ser Verónicas que enjuguen y reparen el Rostro de Jesús, afeado y ultrajado por el pecado de la humanidad.
Te presento aquí algunos párrafos del Diario espiritual de la Madre Pierina de Micheli, líneas que escribió por obediencia a su Director y en donde reflejó con naturalidad la estrecha comunicación que mantuvo esta esposa de Cristo con su amado Señor; líneas breves pero de las que se desprende la finura y el amor que Nuestro Señor siente hacia las almas.
Tenía una gran amargura en el corazón. Fui a la Iglesia y prorrumpí en llanto lamentándome con Jesús.
Se me presentó con el Rostro ensangrentado y con una expresión de dolor tal que conmovería a cualquiera. Con una ternura que jamás olvidaré me dijo:
"Y Yo, ¿qué he hecho?". Comprendí… y a partir de ese día el Divino Rostro se convirtió en mi libro de meditación, la puerta de entrada a Su Corazón…
De tanto en tanto, en los años siguientes se me aparecía ya triste, ya ensangrentado, comunicándome Sus penas y pidiéndome reparación y sufrimientos, llamándome a inmolarme ocultamente por la salvación de las almas.
En mitad de una oración contemplativa Nuestro Señor le manifiesta a Pierina: "Quiero que Mi Rostro, que refleja las penas más íntimas, el dolor y el amor de Mi Corazón, sea más honrado. Quien me contempla, me consuela."
En otra parte del Diario podemos leer: "Se me presentó Jesús con la cara ensangrentada y después de haberme comunicado Sus penas, me dijo: "Ofrece Mi Santa Faz al Eterno Padre; con este ofrecimiento conseguirás la salvación y la santificación de las almas. Cuando la ofrezcas para Mis Sacerdotes, se operarán maravillas...
Contempla Mi Faz y penetra las profundidades del Dolor de Mi Corazón. Consuélame, y busca almas que se inmolen conmigo...
¿Ves cómo sufro? Sin embargo, muy pocos me consuelan. ¡Cuánta ingratitud de los que dicen que me quieren...!
He dado Mi Corazón para demostrar Mi gran Amor por los hombres, y doy Mi Santa Faz como prenda sensible de Mi Dolor por los pecados de los hombres..."
lunes, 12 de abril de 2021
OFRECERÁS TUS SUFRIMIENTOS, EN UNIÓN CON LOS MÍOS, POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Aunque estemos en el Tiempo Pascual, caracterizado por la alegría Cristiana natural tras la Resurrección de Cristo Nuestro Señor, tengamos siempre presente el valor redentor de la Pasión de Jesús, sus méritos infinitos, el precio valiosísimo de Su Sangre Inocente, que no solo podemos aprovechar en beneficio propio sino que debemos -como un perfecto Acto de Caridad- aplicar por el alivio y la liberación de las Almas retenidas en el Bendito Purgatorio.
Para conseguir muchos favores, según Santa Catalina de Bolonia, suele ser más poderosa la intercesión de un Alma del Purgatorio que la de los Bienaventurados del Cielo.
Cuando se ruega a un alma del Purgatorio suplicándole una gracia, son dos los beneficiados: el mortal que consigue lo que ha pedido y el alma que purgaba pasa a ser un ciudadano más del Cielo.
En el Purgatorio hay almas tan Santas como en el Cielo. La Santidad se basa en el aumento de gracia y de ésta nacen las virtudes; muchas de esas almas acaudalaron más gracia y virtud que muchos Bienaventurados, por los que son más gratos a los Ojos de Dios.
Dios desea con vehemencia la libertad de las Almas del Purgatorio, ya que son redimidas con el precio de la Sangre de Su Hijo. Seamos corredentores con Jesús, cooperando con Él en la salvación de esas Almas que esperan nuestras oraciones y sacrificios para gozar eternamente de Dios.
Te voy a mostrar un método seguro para ayudar a las Almas que padecen en el Purgatorio... LAS SANTAS LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR, que son alivio y liberación del Bendito Purgatorio.
María Marta Chambón era hermana lega en el Monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María, en Chambéry (Francia). Entre otras tareas, atendía el comedor de las niñas, la limpieza de algunas clases, y cuidaba de la huerta. También asistía a los actos propios de la comunidad.
Nació en 1841 y entró en el convento a los 18 años. Desde 1866 se le manifestó el Señor en numerosas ocasiones. En Septiembre de 1867 le dijo el Señor:
"Yo te he escogido para hacer revivir en los actuales tiempos, tan difíciles, la Devoción a Mis Santas Llagas".
En otra ocasión, Nuestro Divino Redentor le manifestó:
"Voy a darte una ocupación: tú ofrecerás tus sufrimientos, en unión con los Míos divinos, por las Almas del Purgatorio."
La Hermana Marta empezó a hacer este ofrecimiento, y cada vez que le renovaba, veía subir un alma al Cielo. Llevaba ya veinte, cuando el Eterno Padre se le apareció y le dijo:
"Te doy el mismo poder que a Mi Hijo, con tal que tú Me ofrezcas tu corazón unido al Suyo."
María Marta se esforzó en hacerlo, y a cada acto de ofrecimiento y de unión iba al Cielo -según su expresión- una bandada de almas, "como una bandada de pájaros."
Algunas de las Almas liberadas por las continuas oraciones en las que Marta Chambón ofrecía las Santas Llagas, venían a darle gracias y le decían: "Que la fiesta que las había salvado, la fiesta de las Santas Llagas, no pasa jamás. ¡No hemos conocido el valor de esta Devoción sino en el momento en que hemos gozado de Dios! Ofreciendo las Santas Llagas de Nuestro Señor, obráis como una segunda Redención."
¿SE PUEDE SER CATÓLICO Y LIBERAL? ¡ROTUNDAMENTE, NO!
domingo, 11 de abril de 2021
PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA, DOMINICA IN ALBIS
El Primer Domingo después de Pascua, celebra la Santa Iglesia el Domingo in Albis o de Quasimodo. También es frecuente referirse a él con el popular nombre de Pascuilla. Recibe el nombre de in albis, más correctamente, in albis vestibus depositis, “quitadas las vestiduras blancas”, porque en la Iglesia primitiva, en este día, se recibía a los neófitos (recién bautizados en la Vigilia Pascual), que acababan de dejar sus túnicas blancas que portaban desde el Domingo de Pascua, en oración y penitencia. Y se les recibía con inmensa alegría y como miembros de la Santa Iglesia Católica.
Se despojaban de sus túnicas albas dando a entender que abandonaban unas vestiduras viejas, como si dejaran un mundo perteneciente al pasado y lleno de pecados para entrar, a través del bautismo, a la vida de Cristo resucitado.
Es una fiesta muy antigua que ya es constatada en Occidente a finales del siglo IV cuya finalidad era la de prolongar durante una semana entera la solemnidad del día de Pascua, única fiesta bautismal del año, para permitir a los neófitos saborear, en su original frescura, la alegría de su bautismo y dar gracias a Dios por el insigne beneficio que acababan de recibir.
Recibe este Domingo también el nombre de Quasimodo, de las palabras de la Primera Carta del Apóstol San Pedro (1 Pedro, cap. 2, vers. 2), que el Sacerdote lee como Antífona de entrada en la Misa de hoy. Son las siguientes:
Estos recién nacidos eran para la Iglesia los que se acababan de bautizar, los cuales se incorporaban a la comunidad en este Domingo, como se ha dicho, después de una semana de oración y penitencia. El Bautismo, en tanto en cuanto abre a los cristianos las puertas del cielo es denominado semen gloriæ, puesto que es la semilla de la Gloria, el germen de la vida en el Cielo.
EL EVANGELIO DE HOY
"Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira Mis Manos; trae tu mano y métela en Mi Costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».
Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en Su Nombre."
Evangelio de San Juan, cap. 20, vers. 19-31
sábado, 10 de abril de 2021
LA PURÍSIMA MARÍA, CORREDENTORA DE LAS ALMAS. Parte 1
La Maternidad Divina de la Santísima Virgen importa, en el actual hecho de la Redención, no solo la supereminencia de la Señora sobre todo el mundo en el orden ontológico, lo que la constituye Emperatriz de Cielos y Tierra, sino los títulos y la realidad de la Corredención y de la Mediación Universal para con nosotros.
Cuando decimos que la Virgen es Corredentora de los hombres queremos significar que Ella es socia, cooperadora, coadjutora de Su Hijo Jesucristo en la Obra de la Redención. Por este título es también Mediadora Universal en cuanto por el hecho de la Corredención nos adquirió, junto con Jesús, la totalidad de las gracias de la Redención Universal por Él obrada.
Y cuando la llamamos Mediadora Universal entendemos que Ella no solo logró, en plano secundario de la Corredención, la totalidad de las gracias, en una Corredención tan copiosa como la misma Redención, sino que tiene una intervención universal en la distribución de todas y cada una de las gracias, de modo que toda gracia nos viene por María Santísima.
Cardenal Enrique Tomás y Gomá
UN GRAN DOMINIO SOBRE LAS ALMAS
En su Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María, San Luis María Grignión de Montfort enseña que "antes del Bautismo pertenecíamos al demonio como esclavos suyos. El Bautismo nos ha convertido en verdaderos esclavos de Jesucristo".
Así es, y si no, basta recordar el reclamo del Apóstol San Pablo "¿Acaso no sabéis que no os pertenecéis?" (1 Corintios, cap. 6, vers. 19). Y San Luis añade: "Somos totalmente Suyos, como Sus miembros y esclavos, comprados con el precio infinito de toda Su Sangre".
Teniendo en cuenta esto, el incansable Misionero, San Luis María Grignión, explica la diferencia entre el servidor asalariado y el esclavo: "Por la esclavitud, en cambio, uno depende de otro enteramente, por toda la vida y debe servir al amo sin pretender salario ni recompensa alguna, como si fuera uno de sus animales sobre los que tiene derecho de vida y muerte".
Por naturaleza, todos los seres son esclavos de Dios. Los demonios y los condenados también lo son por constreñimiento, y los justos y santos, por libre voluntad.
Este tipo de esclavitud, enseña el Santo enamorado de la Virgen, es "la más perfecta y la más gloriosa para Dios, que escruta el corazón, nos lo pide para sí y se llama Dios del corazón o de la voluntad amorosa", porque por esta esclavitud el alma "opta por Dios y por Su servicio, sin que importe todo lo demás, aunque no estuviese obligado a ello por naturaleza"
Al final de su obra, San Luis aconseja algunas "prácticas interiores que tienen gran eficacia santificadora para aquellos a quienes el Espíritu Santo llama a una elevada perfección". Éstas consisten en hacer todas las acciones "por María, con María, en María y para María, a fin de obrar más perfectamente por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo y para Jesucristo".
1º) Por María: "se trata de conformarse y dejarse conformar por Ella en el espíritu que la anima, que no es otro que el Espíritu Santo de Dios, fuente y principio de toda vida en Cristo".
2º) Con María: "según nuestras limitadas capacidades". Ella es "el grandioso y único molde de Dios", en el que es necesario arrojarse "para hacer imágenes vivas de Jesucristo."
3º) En María: "Es más bien un resultado al que se puede llegar, un fruto que se puede obtener ‘por su fidelidad… como una inmensa gracia’ por la puesta en práctica del ‘por’ y del ‘con’ María. Vivir en María, ¿no es experimentar la presencia amante de María?".
4º) Para María: "no como fin último de nuestras acciones, que sólo puede ser Jesucristo, sino como fin próximo, intermediario y medio eficaz de llegar a Él."
viernes, 9 de abril de 2021
ESOS CORAZONES INOCENTES...
"QUIERO VOLVER A GARABANDAL..." el testimonio de un Sacerdote escéptico
El Padre Rodrigo Pérez, era un Sacerdote tan pío como docto: Catedrático de Teología y Mística en el Seminario de El Escorial, pertenecía desde muy joven a la Orden de Los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Por su erudición impartía clases en el Colegio que esta Orden tiene en Torrelavega (Cantabria).
El Padre Rodrigo Pérez subió por primera vez a Garabandal a finales de 1961, acompañado de María Josefa Villa y de su marido Félix Gallego; de alguna manera, el buen Sacerdote quería hacer ver al matrimonio amigo que todo aquello de las Apariciones no era cierto; no solamente no creía en las manifestaciones de Garabandal sino que incluso, tomaba a broma las cosas que le contaban los que allí habían presenciado los éxtasis de las niñas.
Ese día -narra María Josefa Villa- el Padre Rodrigo no llevaba el hábito blanco característico de la Orden, sino que vestía una sotana negra sin ningún distintivo que le identificara como Padre de los Sagrados Corazones.
Al llegar al pueblo nos dirigimos a casa de Loli y preguntamos a su padre si la niña había comentado que ese día tendría algún éxtasis; nos contestó que Loli había dicho que ella sí, pero que de las otras niñas no sabía.
Como he dicho anteriormente, este Padre, que iba al pueblo por primera vez, más bien lo hacía en plan jocoso que pensando en ver algo importante, pero, a pesar de ello, aprovechó para hacerle a Loli ciertas preguntas.
En esos momentos entró donde nos encontrábamos un forastero que andaba de un lado a otro del pueblo, esperando ver a las niñas en trance y nos dijo que Conchita estaba en éxtasis y que había ido a comprobar si también lo estaba Loli.
Comentando el éxtasis de Conchita, este señor dijo que la había escuchado como decía: -¿Qué ha llegado al pueblo un Sacerdote, que no es un Cura? ¡Ah!, que es un Padre de una Orden que siempre visten de blanco...
El Padre Rodrigo, al darse cuenta que los datos pertenecían a él, palideció de la impresión y pidió al desconocido que le llevara donde estaba Conchita, y salió hacia allí.
Al terminar el éxtasis, el Padre Rodrigo habló con Conchita y ésta le dio toda clase de explicaciones sobre lo que la Virgen le había dicho con respecto a él, y después de esto nos confesó que estaba muy impresionado por todo lo que había ocurrido.
Hizo el viaje de regreso al convento, de unos 90 kilómetros de recorrido, en total silencio, meditando sobre los hechos que allí habían ocurrido. Qué distinto fue del viaje de ida, en el que abundaron las ironías y bromas sobre las Apariciones de Garabandal.
En este extracto de una carta del Padre Rodrigo Pérez, del 1 de Junio de 1962, se ve que ya creía profundamente en las Apariciones.
... daba la impresión de que Loli veía sin verle, había puesto yo las manos encima de sus ojos y conocía lo que hacía y cómo lo hacía.
Ya antes, cuando comenzó en éxtasis, intenté quitarla el Crucifijo que tenía entre las manos, y me fue imposible. Me daba la impresión de que estuviera pegado a su manos.
Se reunió después con Conchita, también en éxtasis, a la puerta de la Iglesia, y se dedicaron a ir por el pueblo en sus marchas extáticas, por aquellas calles verdaderamente imposibles, durante hora y media. Yo no pude seguirlas y me retiré; ya tenía bastante, por el momento.
Les puedo asegurar que quedé muy bien impresionado. Y lo que más me llegó al alma fue la sencillez con que sucedió todo aquello. Parecía un juego de niños y al mismo tiempo una cosa muy seria. Quiero volver porque gocé viendo el rostro de las niñas transfigurado, angelical.
LA ENTRADA DE SANTA TERESITA EN EL CARMELO DE LISEUX
El 9 de Abril de 1888 la joven Teresita Martin dejaba para siempre a su padre, a sus hermanas, a su familia y su casa de los Buissonnets, y hacía su ingreso oficial en el Convento de Carmelitas Descalzas de Liseux; tenía quince años y tres meses de edad. En la autobiografía "Historia de un alma" que Santa Teresita escribió por obediencia, dejó testimonio fiel de aquél día:
El lunes 9 de Abril, día en que el Carmelo celebraba la Fiesta de la Anunciación, trasladada a causa de la cuaresma, fue el día elegido para mi entrada. La víspera, toda la familia se reunió en torno a la mesa, a la que yo iba a sentarme por última vez. ¡Ay, qué desgarradoras son estas reuniones íntimas...! Cuando una quisiera pasar inadvertida, te prodigan las caricias y las palabras más tiernas, y te hacen más duro el sacrificio de la separación... `
Mi rey querido (su padre, Luis Martin) apenas hablaba, pero su mirada se posaba en mí con amor... Mi tía lloraba de vez en cuando, y mi tío me dispensaba mil atenciones de cariño.
...mi querida Leonia, que había vuelto de la Visitación hacía algunos meses, me colmaba como nadie de besos y caricias.
En la mañana del gran día, tras echar una última mirada a los Buissonnets, nido cálido de mi niñez que ya no volvería a ver, partí del brazo de mi querido rey para subir a la montaña del Carmelo... Al igual que la víspera, toda la familia se reunió para escuchar la Santa Misa y recibir la Comunión.
En cuanto Jesús bajó al corazón de mis parientes queridos, ya no escuché a mi alrededor más que sollozos. Yo fui la única que no lloró, pero sentí latir mi corazón con tanta fuerza, que, cuando vinieron a decirnos que nos acercáramos a la puerta claustral, me parecía imposible dar un solo paso. Me acerqué, sin embargo, pero preguntándome si no iría a morirme, a causa de los fuertes latidos de mi corazón... ¡Ah, qué momento aquél! Hay que pasar por él para entenderlo... Mi emoción no se tradujo al exterior.
Después de abrazar a todos los miembros de mi familia querida, me puse de rodillas ante mi incomparable padre, pidiéndole su bendición. Para dármela, también él se puso de rodillas, y me bendijo llorando... ¡El espectáculo de aquel anciano ofreciendo su hija al Señor, cuando aún estaba en la primavera de la vida, tuvo que hacer sonreír a los Ángeles...!
Pocos instantes después, se cerraron tras de mí las puertas del arca santa y recibí los abrazos de las hermanas queridas que me habían hecho de madres y a las que en adelante tomaría por modelo de mis actos... Por fin, mis deseos se veían cumplidos. Mi alma sentía una paz tan dulce y tan profunda, que no acierto a describirla. Y desde hace siete años y medio esta paz íntima me ha acompañado siempre, y no me ha abandonado ni siquiera en medio de las mayores tribulaciones.
Como a todas las postulantes, inmediatamente después de mi entrada, me llevaron al coro. Estaba en penumbra, porque estaba expuesto el Santísimo, y lo primero que atrajo mi mirada fueron los ojos de nuestra santa Madre Genoveva, que se clavaron en mí. Estuve un momento arrodillada a sus pies, dando gracias a Dios por el don que me concedía de conocer a una santa, y luego seguí a nuestra Madre María de Gonzaga a los diferentes lugares de la comunidad. Todo me parecía maravilloso. Me creía transportada a un desierto.
Nuestra celdita, sobre todo, me encantaba. Pero la alegría que sentía era una alegría serena. Ni el más ligero céfiro hacía ondular las tranquilas aguas sobre las que navegaba mi barquilla, ni una sola nube oscurecía mi cielo azul... Sí, me sentía plenamente compensada de todas mis pruebas... ¡Con qué alegría tan honda repetía estas palabras: «Estoy aquí, para siempre, para siempre...!
jueves, 8 de abril de 2021
LA APOSTASÍA ACTUAL: EL MISTERIO DE INIQUIDAD
El Misterio de Iniquidad consiste precisamente en que el "Aparato publicitario de la Iglesia" que debía servir para llevar las almas a Jesucristo, sirve en cambio para perderlas y esclavizarlas al demonio.
Aquí está el "Misterio de perversidad"; que la sal se corrompa y deje de salar (Evangelio de San Mateo, cap. 5, vers. 13). Fíjese bien el lector que no decimos que la Iglesia deje de llevar las almas a Jesucristo. La Iglesia es indefectible y durará como tal hasta el fin. Pero la Iglesia de Jesucristo puede no identificarse con el "Aparato publicitario de la Iglesia".
(...) Unos años más, y de no intervenir directamente la Mano de Dios, el "Aparato publicitario de la Iglesia Católica" profesará una religión completamente distinta de la que nos enseñó Jesucristo y que nos han transmitido los Padres, Doctores y Santos de la Iglesia doblemente milenaria. De aquí este furor satánico que se ha desatado contra la Iglesia pre-conciliar.
(...) La Iglesia estaría hoy gobernada en gran parte por judíos, masones y comunistas. Gobernada contra los intereses de la Iglesia misma. Aquí está el "Mysterium iniquitatis".
Pero la Iglesia y el mundo están en definitiva gobernados por Dios. La Providencia permite el mal en vista de un mayor bien y, sobre todo, del bien de los elegidos. La Historia tiene su razón de ser a causa de Jesucristo y de Su Cuerpo Místico. Por esto, el momento presente de la Iglesia y del mundo hay que mirarlo con ojos sobrenaturales. Lo esencial es nuestra adhesión inquebrantable a Jesucristo. A Jesucristo el de siempre....
Padre Julio Meinvielle, “El Progresismo Cristiano”
Editorial Cruz y Fierro, Argentina, 1983
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