martes, 26 de mayo de 2020

EL SANTO ROSARIO ES LA ORACIÓN DE LOS FUERTES Y LA SÚPLICA DE LOS BATALLADORES


               "No hay duda alguna de que el Rosario ocupa un papel muy privilegiado en la historia de la Piedad Católica. En primer lugar, porque une el fiel a Nuestra Señora y atrae toda clase de gracias celestiales. En segundo lugar, porque ahuyenta al demonio. Satanás tiene odio y terror al Rosario. Si alguien está siendo blanco de una tentación, tome fervorosamente el Rosario en las manos y se verá fortalecido contra la embestida del enemigo de nuestras almas.

               Excelente medio de venerar a la Madre de Dios, el Rosario es la causa de un torrente incalculable de bendiciones derramadas sobre la Cristiandad. Por eso los Papas - así como otras Autoridades Eclesiásticas - no se cansan de elogiarlo, enriqueciéndolo con muchas indulgencias. Por si no fuese suficiente, la Santísima Virgen, queriendo Ella misma incentivar esa Devoción, más de una vez se apareció llevando el piadoso instrumento en sus manos virginales.




               Medio tan excelente, en cuanto constituye una meditación de las Vidas de Nuestro Señor Jesucristo y de Nuestra Señora. Cada decena corresponde a un hecho.

               El Santo Rosario es la oración de los fuertes y la súplica de los batalladores, porque es un conjunto de oraciones de una eficacia tal que hace avanzar el bien y retroceder el mal.

               Véase, por ejemplo, el episodio de la conversión de los albigenses. La herejía promovida por éstos - cuyo nombre deriva de la ciudad de Albi, en Francia - se difundió más o menos por toda Europa.

               Durante tres días, solo, Santo Domingo no hizo sino rezar y ayunar, suplicándole a Nuestra Señora que Ella venciese la dureza de alma de los albigenses y los incitase a la conversión. Finalmente, sin alcanzar ninguna respuesta del Cielo, cae desfallecido, elevando a la Santísima Virgen una última oración: "Madre mía, no tengo más fuerzas, pero continúo confiando en Ti. Tú sabrás qué hacer de mis pobres oraciones". Y continuaba rezando, mientras sus labios pudiesen articular alguna palabra.

               En ese momento de extrema angustia, Nuestra Señora se le aparece y le revela, de una vez, la grandeza y la magnificencia del Rosario. Enseguida anima a Santo Domingo a la lucha contra la herejía. Provisto de la poderosa arma que le confió la Madre de Dios, el Santo corre a la Catedral y comienza a predicar. El Cielo lo prestigia: primero, las campanas comienzan a tocar por las manos de un Ángel; después, rayos y truenos hicieron estremecer al pueblo allí presente.

              ¡Cómo el temor prepara para el amor! Son dos escaleras que, juntas, conducen al hombre a la unión con Dios. Una, de noble granito, el temor. Otra, de oro, el amor.

               Deseando la Providencia preparar a aquellas almas endurecidas para amar a Dios en la palabra inflamada de Santo Domingo, les infundió antes el terror de la Ira Divina. Después, a medida que Santo Domingo hablaba, sucedió lo mismo que cuando Nuestro Señor ordenó que la tempestad amainase. La borrasca cesó y los oyentes comprendieron que la palabra de aquél hombre era poderosa delante de Dios. La Providencia le había conferido el duplo poder de desencadenar y de suspender los castigos, así como también le había dado la fuerza de tomar las almas arrepentidas, trémulas y avergonzadas, y llevarlas al perdón, a la contrición y al amor de Dios. ¿Qué predicó Santo Domingo? Predicó el Rosario.

               Según la Historia de la Iglesia, a partir del momento en que el Rosario se comenzó a difundir, la herejía albigense fue perdiendo terreno, porque había sufrido un golpe irremediable en lo que tenía de más vital.

              El Rosario representa, así, una magnífica arma de guerra. De esa forma de guerra muy importante en la cual el católico lucha por los intereses de la Verdadera Iglesia de Dios y la Causa de Nuestra Señora, combate al demonio y a los enemigos de su propia salvación.

             La práctica del Rosario, por lo tanto, debe ser una característica del católico de todos los tiempos, sobre todo de los que viven en este paganizado siglo XX, en el cual todo conspira contra la virtud y la Fe. Tan eficaz en los días de Santo Domingo, victorioso contra los albigenses, el Rosario lo será aún más contra la impiedad de este fin de milenio. Pues no hay ninguna razón para pensar que perderá su fuerza en una época en que se hace más necesaria. 


Plinio Corrêa de Oliveira



lunes, 25 de mayo de 2020

DIOS LA DOTÓ DE UN CORAZÓN INMACULADO...








LA PIEDAD CRISTIANA, ENDEREZAR TODAS LAS COSAS HACIA EL CIELO


               La Iglesia, pues, fiel al mandato recibido de su Fundador, continúa el Oficio Sacerdotal de Jesucristo, sobre todo mediante la sagrada liturgia. Esto lo hace, en primer lugar, en el Altar, donde se representa perpetuamente el Sacrificio de la Cruz y se renueva, con la sola diferencia del modo de ser ofrecido; en segundo lugar, mediante los sacramentos, que son instrumentos peculiares, por medio de los cuales los hombres participan de la vida sobrenatural; y por último, con el cotidiano tributo de alabanzas ofrecido a Dios Óptimo Máximo.

              Siglos hace que, sin interrupción alguna, desde una medianoche a la otra, se repite sobre la tierra la Divina Salmodia de los cantos inspirados, y no hay hora del día que no sea santificada por su liturgia especial; no hay período alguno en la vida, grande o pequeño, que no tenga lugar en la acción de gracias, en la alabanza, en la oración, en la reparación de las preces comunes del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia.





               Pero el elemento esencial del culto tiene que ser el interno; efectivamente, es necesario vivir en Cristo, consagrarse completamente a Él, para que en Él, con Él y por Él se dé Gloria al Padre.

               La Iglesia, por consiguiente, quiere que todos los fieles se postren a los pies del Redentor para profesarle su amor y su veneración; quiere que las muchedumbres, como los niños que salieron, con alegres aclamaciones, al encuentro de Jesucristo cuando entraba en Jerusalén, ensalcen y acompañen al Rey de los Reyes y al Sumo Autor de todo Bien con el Canto de Gloria y de Gratitud; quiere que en sus labios haya plegarias, unas veces suplicantes, otras de alegría y gratitud, con las cuales, como los Apóstoles junto al lago de Tiberíades, puedan experimentar la ayuda de Su Misericordia y de su poder...

              Si la Piedad privada e interna de los individuos descuidase el Augusto Sacrificio del Altar y los Sacramentos, y se sustrajese al influjo salvador que emana de la Cabeza en los miembros, sería, sin duda alguna, cosa reprobable y estéril; pero cuando todos los métodos y Ejercicios de Piedad, no estrictamente litúrgicos, fijan la mirada del alma en los actos humanos únicamente para enderezarlos al Padre, que está en los Cielos, para estimular saludablemente a los hombres a la penitencia y al Temor de Dios, y arrancándolos de los atractivos del mundo y de los vicios, conducirlos felizmente por el arduo camino a la cumbre de la Santidad, entonces son no sólo sumamente loables, sino hasta necesarios, porque descubren los peligros de la vida espiritual, nos espolean a la adquisición de las virtudes y aumentan el fervor con que debemos dedicarnos todos al Servicio de Jesucristo.

             Toda la Piedad Cristiana debe concentrarse en el Misterio del Cuerpo Místico de Cristo... Es verdad que los Sacramentos y el Sacrificio del Altar gozan de una virtud intrínseca en cuanto son acciones del mismo Cristo, que comunica y difunde la gracia de la Cabeza Divina en los miembros del Cuerpo Místico; pero, para tener la debida eficacia, exigen las buenas disposiciones de nuestra alma.



De la Carta Encíclica "Mediator Dei"
Papa Pío XII, 1947 


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sábado, 23 de mayo de 2020

"Las Glorias de María"; La Madre de Jesús es también la Madre de nuestras almas


               No por casualidad ni en vano los devotos de María la llaman Madre. Diríase que no saben invocarla con otro nombre y no se cansan de llamarla siempre Madre. Madre sí, porque de veras es Ella nuestra madre, no carnal, sino Espiritual, de nuestra alma y de nuestra salvación. Cuando el pecado privó a nuestras almas de la gracia, les privó también de la vida. Y habiendo quedado miserablemente muertas, vino Jesús Nuestro Redentor, y con un exceso de Misericordia y de Amor nos recuperó esta vida perdida con Su Muerte en la Cruz, como Él mismo lo declaró: "Vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 10). "En abundancia", porque como dicen los teólogos, Jesucristo con Su Redención nos trajo bienes capaces de reparar absolutamente los daños que nos causó Adán con su pecado. Y así, reconciliándonos con Dios, se convirtió en Padre de nuestras almas en la Nueva Ley de la gracia, como ya lo había predicho el Profeta: "Padre del siglo futuro, Príncipe de la Paz" (Profeta Isaías, cap. 9, vers. 5). 






              Pues si Jesús es el Padre de nuestras almas, María es la Madre, porque dándonos a Jesús nos dio la Verdadera Vida, y ofreciendo en el Calvario la Vida de Su Hijo por nuestra salvación fue como darnos a luz y hacernos nacer a la vida de la gracia.

               En dos momentos distintos, enseñan los Santos Padres, se demostró que María era nuestra Madre Espiritual; primero, cuando mereció concebir en Su Seno virginal al Hijo de Dios, como dice San Alberto Magno. Y más claramente San Bernardino de Siena, quien lo explica así: Cuando la Santísima Virgen dio Su consentimiento a la Anunciación del Ángel de que el Verbo Eterno esperaba Su aprobación para hacerse Su Hijo, al dar Su asentimiento pidió a Dios, con inmenso amor, nuestra salvación; y de tal manera se empeñó en procurárnosla, que ya desde entonces nos llevó en Su Seno como amorosísima y Verdadera Madre.

                Dice San Lucas en el Capítulo 2, versículo 7, hablando del Nacimiento de Nuestro Salvador, que María dio a luz a Su Primogénito. Así que, dice el Autor, si el Evangelista afirma que entonces dio a luz a Su Primogénito, ¿se habrá de suponer que tuvo otros hijos? Pero es de Fe que María no tuvo otros hijos según la carne fuera de Jesús; luego debió tener otros hijos espirituales, y éstos somos todos nosotros.

               Esto mismo reveló el Señor a Santa Gertrudis, la cual, leyendo un día dicho pasaje del Evangelio estaba confusa, no pudiendo entender como siendo María Madre solamente de Jesucristo, se puede decir que Éste fue Su Primogénito. Pero Dios le explicó que Jesús fue Su Primogénito según la carne, pero los hombres son Sus hijos según el espíritu. Con esto se comprende lo que se dice de María en los Sagrados cantares: "Es tu vientre como montoncito de trigo cercado de azucenas" (Cantar de los Cantares, cap. 7, vers. 3).

               Lo explica San Ambrosio, y dice que si bien en el Vientre purísimo de María hubo un solo grano de trigo, que fue Jesucristo, sin embargo, se dice montoncito de trigo, porque en aquel solo grano de trigo estaban contenidos todos los elegidos, de los que María debía ser la Madre. Por esto escribió el Abad Guillermo: "En este único fruto, Jesús, único Salvador de todos, María dio a luz a muchos para la salvación. Dando a luz a la vida, dio a luz a muchos para la vida".

              El segundo momento en que María nos engendró a la gracia fue cuando en el Calvario ofreció al Eterno Padre, con tanto dolor, la Vida de su amado Hijo por nuestra salvación. Es entonces, asegura San Agustín, cuando habiendo cooperado con Su Amor para que los fieles nacieran a la vida de la gracia, se hizo igualmente con esto Madre Espiritual de todos nosotros, que somos miembros de nuestra cabeza, Jesús. Es lo mismo que significa lo que dice la Virgen de sí misma en el Cantar de los Cantares: "Pusiéronme a guarda de viñas; y mi propia viña no la guardé" (1,6).

               María, por salvar nuestras almas, consintió que se sacrificara la vida de Su Hijo. ¿Y quién era el alma de María sino Su Jesús, que era Su vida y todo Su amor? Por esto le anunció el anciano Simeón que un día Su Bendita Alma se vería traspasada de una espada muy dolorosa. "Y Tu misma Alma será traspasada por una espada de dolor" (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 35). Esa espada fue la lanza que traspasó el Costado de Cristo, que era el alma de María. En aquella ocasión, con Sus Dolores, nos dio a luz para la Vida Eterna, por lo que todos podemos llamarnos Hijos de los Dolores de María.



LA NUEVA REALIDAD en la Iglesia del Concilio




               Los modernistas que ocupan y mancillan los templos, otrora católicos, se pertrechan con el mundo y su Nuevo Orden o Nueva Realidad,  fieles y sumisos a sus ordenanzas. 

               Parecen olvidar que Cristo Nuestro Señor sanó a un leproso (San Marcos, cap.1, vers. 40-45), y que con un poco de Su saliva curó los ojos de un joven ciego de nacimiento (Evangelio de San Juan, cap. 9)... su Poder era tal, que después de llorar la muerte de Lázaro, lo devolvió a la vida (Evangelio de San Juan, cap. 11, vers. 38-44).

               Ya no tienen Fe... han desacralizado los templos y el trato de adoración a Jesús Eucaristía, que lejos de buscarle como la hemorroísa que solo deseaba tocar Su manto para sanar, se muestran inseguros y desconfiados de comulgar como siempre se hizo, en la boca y de rodillas. Nadie osa desobedecer, porque la Nueva Realidad se impone a esa fe hueca, vacía de contenido y llena de coqueteos con el mundo que predica la "Iglesia del Concilio" y en estos últimos tiempos, su cabeza visible, el montonero Francisco I.

               Los que vivimos en la Fe Católica, nunca nos someteremos a la dictámenes de los gobiernos de turno; no ofreceremos granos de incienso a los ídolos como hacían aquellos malos cristianos en Roma, para evitar el castigo por no profesar la oficialidad marcada por el politeísmo. 

               Han apostatado de la Doctrina Católica, escupen en la sangre de aquellos Mártires que la vertieron por defender la integridad de la Sagrada Eucaristía, son como gorrinos agradecidos por las sobras de un mal plato de comida... Pobres almas las suyas, recemos por su conversión. Los católicos que queremos vivir en la Integridad continuaremos aguardando al Señor en las catacumbas.


ALGUNOS EJEMPLOS DE LA POCA/ NULA FE
de los "católicos" de la Iglesia del Vaticano II



BURGOS



               "Sacerdote" de la Iglesia del Vaticano II, revestido de guantes y mascarilla, reparte la "Comunión" a domicilio en Burgos; siempre en la mano, porque el que la recibe tiene que abrir la bolsita de plástico que la contiene... la noticia y fotos del ingenioso "cura" tocando AQUÍ.

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA



               Catedral de Santa Ana, en la Diócesis de Canarias; dos modalidades: 

        1-"Comunión" en la mano, después del lavatorio con hidroalcohol y revestimiento de guantes por parte del "cura" presidente de la asamblea...

        2- Auto-comunión; el sacerdote deja las formas y los fieles se sirven a gusto y discreción.


MADRID



              La práctica de la "auto-comunión" también se realiza en algunas Parroquias de Madrid capital; un hecho que empieza a confundir a muchos...

ZARAGOZA



               Basílica de Nuestra Señora María Santísima del Pilar, gloriosamente aparecida al Apóstol Santiago, el primer templo mariano de la Cristiandad, vetado por la Conferencia Episcopal Española. Las reliquias, que siempre se usaron para bendecir a enfermos y que muchos, por su intercesión sanaban, se han convertido para estos "Obispones" en focos de infección.




Ironías de los fieles 
de la Iglesia del Vaticano II

               Hasta antes de ayer algunos/as se molestaban con el "sacerdote progre" que se resistía a darles la comunión en la boca... ahora, esos mismos fieles le exigen al mismo hombre que se lave las manos, se ponga guantes y deje el copón a disposición de los asistentes para tomar ellos la forma y llevársela a la boca. Aquello de la Presencia de Jesús Eucaristía en las partículas parece que ya lo han superado... es lo que tiene ser liberal: hoy piensas una cosa y mañana haces lo contrario.

               También hasta hace poco, muchos/as ansiaban el momento  de escuchar del Presidente de la asamblea ese "Podéis daros la paz..." para correr a abrazar, besar y saludar a media iglesia. En estos días, a esos mismos "católicos" cariñosos se les sale el corazón por la boca si alguien se les arrima a menos de dos metros. Parece que ya no quieren tararear aquella melodía de "Tus manos son palomas de la paz".


LA NUEVA PASTORAL DE CERCANÍA



Ellos tienen los templos, 
nosotros la Fe

(San Atanasio)


viernes, 22 de mayo de 2020

SANTA RITA DE CASIA, Abogada de los casos desesperados


              Nació en Mayo del año 1381. Su casa estaba cerca del pueblecito de Cascia, entre las montañas, a unas 40 millas de Asís, en la Umbría, región del centro de Italia.

              Sus devotos padres eran Antonio Mancini y Amata Ferri a los que se conocía como los "Pacificadores de Jesucristo", pues los llamaban para apaciguar peleas entre vecinos. Ellos no necesitaban discursos poderosos ni discusiones diplomáticas, solo necesitaban el Santo Nombre de Jesús, su perdón hacia los que lo crucificaron y la paz que trajo al corazón del hombre. Sabían que solo así se pueden apaciguar las almas.

             Enseñaron a Rita desde niña todo acerca de Jesús, la Virgen María y los más conocidos santos. Rita, al igual que Santa Catalina de Siena nunca fue a la escuela a aprender a escribir o a leer; para Santa Rita su único libro era el Crucifijo.




FORZADA AL MATRIMONIO

             Queriendo ser religiosa toda su vida, sus padres escogieron para ella un esposo, Paolo Ferdinando, lo cual no fue una decisión muy sabia. Pero Rita obedeció. Quiso Dios así darnos en ella el ejemplo de una admirable esposa, llena de virtud, aun en las mas difíciles circunstancias. 

             Después del matrimonio, su esposo demostró ser bebedor, mujeriego y abusador. Rita le fue fiel durante toda su vida de casada. Encontró su fortaleza en Jesucristo, en una vida de oración, sufrimiento y silencio.  Tuvieron dos gemelos, los cuales sacaron el temperamento del padre. Rita se preocupó y oró por ellos.

             Finalmente, después de veinte años de matrimonio y oración por parte de Rita, el esposo se convirtió, le pidió perdón y le prometió cambiar su forma de ser. Rita perdona y el deja su antigua vida de pecado y pasaba el tiempo con Rita en los caminos de Dios. Esto no duró mucho, porque mientras su esposo se había reformado, no fue así con sus antiguos amigos y enemigos. Una noche Paolo no fue a la casa. Antes de su conversión esto no hubiera sido extraño, pero en el Paolo reformado esto no era normal. Rita sabía que algo había ocurrido. Al día siguiente, lo encontraron asesinado.

             Su pena fue aumentada cuando sus dos hijos, que ya eran mayores, juraron vengar la muerte de su padre. Las súplicas no lograban disuadirlos. Fue entonces que Santa Rita, comprendiendo que mas vale salvar el alma que vivir mucho tiempo, rogó al Señor que salvara las almas de sus dos hijos y que tomara sus vidas antes de que se perdieran para la eternidad por cometer un pecado mortal. El Señor respondió a sus oraciones. Los dos padecieron una enfermedad fatal. Durante el tiempo de enfermedad, la madre les habló dulcemente del amor y el perdón. Antes de morir lograron perdonar a los asesinos de su padre. Rita estuvo convencida de que ellos estaban con su padre en el Cielo.

MILAGROSA ENTRADA EN EL CONVENTO

             Al quedar viuda no se deja vencer por la tristeza y el sufrimiento. Santa Rita quiso entrar con las hermanas Agustinas, pero no era fácil lograrlo. No querían una mujer que había estado casada. La muerte violenta de su esposo dejó una sombra de duda. Ella se volvió de nuevo a Jesús en oración.  Ocurrió entonces un milagro. 

             Una noche, mientras Rita dormía profundamente, oyó que la llamaban ¡Rita, Rita, Rita! esto ocurrió tres veces, a la tercera vez Rita abrió la puerta y allí estaban San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan el Bautista del cual ella había sido devota desde muy niña; le pidieron que los siguieran. Después de correr por las calles de Roccaporena, en el pico del Scoglio, donde Rita siempre iba a orar sintió que la subían en el aire y la empujaban suavemente hacia Cascia. Se encontró arriba del Monasterio de Santa María Magdalena en Cascia. Entonces cayo en éxtasis. Cuando salió del éxtasis se encontró dentro del Monasterio, ante aquel milagro las monjas Agustinas no pudieron ya negarle entrada.  Es admitida y hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años de consagración a Dios.

             Durante su primer año, Rita fue puesta a prueba no solamente por sus superioras, sino por el  mismo Señor. Le fue dado el pasaje de la Escritura del joven rico para que meditara. Ella sentía en su corazón las palabras, ¡Si quieres ser perfecta!

             Santa Rita meditaba muchas horas en la Pasión de Cristo, meditaba en los insultos, los rechazos, las ingratitudes que sufrió en su camino al Calvario.



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RECIBE LA CORONA DE ESPINAS

             Durante la Cuaresma del año 1443 fue a Cascia un predicador llamado Santiago de Monte Brandone, quién dio un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor que tocó tanto a Rita que a su retorno al monasterio le pidió fervientemente al Señor ser participe de sus sufrimientos en la Cruz. Recibió los estigmas y las marcas de la Corona de Espinas en su cabeza. A la mayoría de los santos que han recibido este don este don exuden una fragancia celestial. Las llagas de Santa Rita, sin embargo exudían olor a podrido, por lo que debía alejarse de la gente.

             Durante 15 años vivió sola, lejos de sus hermanas monjas. El Señor le dio una tregua cuando quiso ir a Roma para el primer Año Santo. Jesús removió la estigma de su cabeza durante el tiempo que duró la peregrinación. Tan pronto como llegó de nuevo a casa el  estigma volvió a aparecer y teniéndose que aislar de nuevo.

             Los últimos años de su vida fueron de expiación.  Una enfermedad grave y dolorosa la tuvo inmóvil sobre su humilde cama de paja durante cuatro años.  Ella observó como su cuerpo se consumía con paz y confianza en Dios. Al morir la celda se ilumina y las campanas tañen solas.

MUERTE Y ENTRADA EN EL PARAÍSO

             Su muerte, acaecida el 22 de Mayo de 1457, cuando tenía 76 años, fue su triunfo. La herida del estigma desapareció y en lugar apareció una mancha roja como un rubí, la cual tenía una deliciosa fragancia. Debía haber sido velada en el convento, pero por la muchedumbre tan grande se necesitó la iglesia. Permaneció allí y la fragancia nunca desapareció. Por eso, nunca la enterraron. El ataúd de madera que tenía originalmente fue reemplazado por uno de cristal y ha estado expuesta para veneración de los fieles desde entonces.  Multitudes todavía acuden en peregrinación a honrar a la santa y pedir su intercesión ante su cuerpo que permanece incorrupto. 

          Fue Beatificada por  el Papa Urbano VIII en 1627; el 24 de Mayo de 1900 fue canonizada por el Papa León XIII. 




jueves, 21 de mayo de 2020

Odiar lo que de suyo es odiable no es pecado




"...los odié con odio perfecto"

(Salmo. 139, 22)


               No siempre odiar es pecado. La Doctrina Católica enseña que el odio al prójimo es un pecado opuesto directamente a la caridad fraterna y este odio se llama “odio de enemistad” y es siempre pecado mortal. Sin embargo, el llamado “odio de abominación” que recae sobre el prójimo en cuanto que es pecador, perseguidor de la Iglesia o por el mal que nos causa injustamente a nosotros, puede ser recto y legítimo si se detesta, no la persona misma del prójimo, sino lo que hay de malo en ella; pero, si se odia por lo que hay en ella de bueno o por el mal que nos causa justamente a nosotros (v.gr., si se odia al juez que castiga legítimamente al delincuente), se opone a la caridad, y es pecado de suyo grave, a no ser por parvedad de materia o imperfección del acto.

               No hay pecado alguno en desearle al prójimo algún mal físico, pero bajo la razón de bien moral (v.gr. una enfermedad para que se arrepienta de su mala vida). Tampoco sería pecado alegrarse de la muerte del prójimo que sembraba errores o herejías, perseguía a la Iglesia, etc., con tal que este gozo no redunde en odio hacia la persona misma que causaba aquel mal. La razón es porque odiar lo que de suyo es odiable no es ningún pecado, sino de todo obligatorio cuando se odia según el recto orden de la razón y con el modo y finalidad debida.

               Sin embargo, hay que estar muy alerta para no pasar del odio de legítima abominación de lo malo al odio de enemistad hacia la persona culpable, lo cual jamás es lícito aunque se trate de un gran pecador, ya que está a tiempo todavía de arrepentirse y salvarse. Solamente los demonios y condenados del infierno se han hecho definitivamente indignos de todo acto de caridad en cualquiera de sus manifestaciones.


Padre Fray Antonio Royo Marín OP, "Teología de la Caridad"



SANTA MISA EN LA FIESTA DE LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR


Et ascendit in Coelum: 
sedet ad dexteram Patris

(Del Credo de Nicea)




Siga desde aquí la
SANTA MISA DE LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR
desde el Instituto Mater Boni Consilii
(Italia)





                En el Monte de los Olivos, donde había iniciado Su Pasión, Nuestro Señor, en presencia de Su Santísima Madre y los Apóstoles, después de haberles dado Su Bendición, se elevó a los cielos donde entró para posicionarse de Su Gloria, sentado a la diestra del Padre.

              La Ascensión de Cristo es también la nuestra, porque así como entró en el Cielo, seguido del ejército de Patriarcas y Profetas y todos los Santos y Justos del Antiguo Testamento, siendo Él nuestra cabeza  y nosotros miembros de Su Cuerpo Místico, hemos de estar seguros de que, correspondiendo a Sus Auxilios, nos admitirá en Su compañía en el Paraíso.

             Nota característica de esta fiesta, una de las más antiguas de la liturgia, es la ceremonia de apagar el Cirio Pascual al terminar el Evangelio, significando visiblemente que Jesucristo, cuya mística representación ostentaba dicho Cirio, se ha ausentado ya de nosotros.





miércoles, 20 de mayo de 2020

V Aniversario Rvdo. D. Manuel Hernández Morales


               Nació el 19 de Abril de 1932, en la Isla de Lanzarote, en la localidad de Los Barrancos de Mácher, del municipio de Tías; de familia sencilla, pronto conoció los rigores de la Guerra Civil, pero tuvo la dicha de asistir a la escuela pública. Desde pequeño tenía facilidad para estudiar y para el aprendizaje del latín, por eso y por su piedad sincera se hizo primero monaguillo. Ya siendo mozo y aprovechando una visita del Obispo para las Confirmaciones, realizó las pruebas de acceso y accedió al Seminario el 17 de Noviembre de 1946, en el que se formó durante doce años. Allí tomó por hábito la sotana y jamás la colgó, porque Don Manuel era fiel e insobornable en el amor a Dios, y por Él sufrió y padeció, pese a las risas y sarcasmos de muchos compañeros de clero.

               Aquél primer salto, desde su isla natal de Lanzarote a la de Gran Canaria, sería solo un primer viaje... nada haría sospechar entonces a Don Manuel que en los postreros años, tras una vida de entrega a parroquianos y enfermos de hospital, tendría que renunciar a una merecida jubilación para desgastarse predicando el Reino de María, en España y en otros países de Hispanoamérica.





              Fue ordenado Sacerdote de Cristo por Monseñor Antonio Pildain, el 20 de Septiembre de 1958, en la Basílica de Nuestra Señora del Pino, Patrona de Canarias, en el municipio de Teror; su Primera Misa la cantó en la Iglesia de La Candelaria de su Tías natal, el 5 de Octubre de 1958, siendo Párroco Don José Quintero Bojart. Fue un solemne acto arropado por todos los Párrocos de la isla, Autoridades Civiles, vecinos y familiares.

               Nombrado Coadjutor, primero en las Parroquia de Santo Domingo en la capital y después en la de Nuestra Señora de La Candelaria, en el municipio de Moya, con el Venerable Don Nicolás Rodríguez como Párroco. Posteriormente, Don Manuel sería nombrado Párroco de San Pedro, en Las Palmas capital, donde ejerció el Ministerio Sacerdotal desde 1960 hasta 1983. Durante esos años se ocupó de la cura de almas, de orientar a jóvenes que empezaban a seguir modas y costumbres contrarias a la Fe; no fue un rigorista, pero sí muy severo en las cuestiones doctrinales. Su preocupación por las almas le llevó a involucrarse también por el bienestar material de sus parroquianos y demás vecinos, especialmente de los pobres y ancianos, para los que patrocinó diferentes obras sociales. 

              Celoso confesor, pasaba muchos ratos atendiendo almas en el confesonario. Como Director Espiritual era exigente pero comprensivo, tomando siempre como referencia a la Santísima Virgen, modelo de oración y de entrega absoluta a Dios; enseñaba además el Camino de la Infancia Espiritual de Santa Teresita, a quien profesaba sincera devoción y amistad, a la vez que aconsejaba, una y otra vez, que se debía leer su "Historia de un alma" e imitar a la Santa Carmelita en su plena confianza en la Voluntad de Dios.

              A partir de 1983 pasó a ser Capellán de varios hospitales y Vicario Parroquial del Santo Cristo, en Las Palmas de Gran Canaria. El 4 de Octubre de 2008 dio gracias a Dios por los cincuenta años de Sacerdocio. 

             Don Manuel jamás se fatigó en su continuo Apostolado de la Virgen; predicó, impartió conferencias, organizó grupos... todo para fomentar el rezo del Santo Rosario como la oración predilecta de la Madre de Dios, como camino seguro para llegar a María, y con Ella y por Ella, a Jesús. Pero era sobre todo, en la intimidad con las almas, donde el buen Sacerdote buscó siempre que éstas amasen a María Virgen; he conocido a muchos Sacerdotes, algunos Santos, pero muy pocos tan enamorados de la Virgen María como Don Manuel Hernández.

             Entregó su alma a Dios en Las Palmas de Gran Canaria, el 20 de Mayo de 2015, Mes de María, a quien pregonó sin descanso. Providencialmente era también la Festividad de San Bernardino de Siena, otro Apóstol Misionero de Nuestra Santa Madre. Que desde el Paraíso, donde seguro goza ya de la Maternal Compañía de la Virgen a la que tanto amó en este mundo, interceda ahora y siempre por nosotros.





SAN BERNARDINO DE SIENA, Predicador de Jesús y de María




               La Santa Iglesia Católica y la Familia Franciscana en particular hacen hoy memoria de San Bernardino de Siena Apóstol de Nuestra Señora y gran difusor de la Devoción al Santo Nombre de Jesús; fue gracias a los esfuerzos de San Bernardino que se difundió en Italia la costumbre de añadir el Nombre de Jesús al Ave María, y de ahí a la Iglesia Universal. 

               Su amor por la Madre de Dios le hizo tener como divisa y jaculatoria predilecta Todo para María

               A Ella se encomendaba en todo momento, pero de manera especial antes de predicar al pueblo fiel sobre las Virtudes de esta Reina y Señora, a quien confiaba su prédica con esta oración:

              "Dame, oh Gloriosa Virgen, el poder y sabiduría necesarias para anunciar las glorias de Tu Nombre a los fieles y a Tus devotos. Yo no espero ser capaz de decir todo lo que debe ser dicho; te ruego que solamente me hagas capaz de decir nada más que un poco en Tu Honor, para satisfacer mi devoción y para el consuelo de quienes oigan mis palabras y lean estas líneas..."

               San Bernardino recorrió toda Italia a pie, predicando. Cada día predicaba bastantes horas y varios sermones. A todos y siempre les recomendaba que se arrepintieran de sus pecados y que hicieran penitencia por su vida mala pasada. Atacaba sin compasión los vicios y las malas costumbres e invitaba con gran vehemencia a tener un intenso amor a Jesucristo y la Virgen María.

               Por todas partes llevaba y repartía un estandarte con estas tres letras que formaban el Santo Nombre de Jesús: JHS (Jesús, Hombre, Salvador) e invitaba a sus oyentes a sentir un gran cariño por el nombre de Jesús. Donde quiera que San Bernardino predicaba, quedaban muchos estandartes en palacios y casas con sus tres letras: JHS.



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se recomienda su copia y difusión


               Tantas veces como invoquemos el Nombre de Jesús y de María podremos ganar una indulgencia de 300 días, por Decreto del Papa San Pío X, del 10 de Octubre de 1904. Es también necesario, para ganar la Indulgencia in articulo mortis en el momento de la muerte, pronunciar, aunque sea mentalmente, el Santísimo Nombre de Jesús.

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martes, 19 de mayo de 2020

"...recibirá cualquier gracia que me pida..."







APARICIONES DE LA VIRGEN DOLOROSA DE LA CODOSERA. Parte II




AFRA, LA SEGUNDA VIDENTE 
DE LA VIRGEN DOLOROSA DE LA CODOSERA
Estigmatizada y Alma Víctima

               Afra Brígido Blanco, era una joven de diecisiete años, que a pesar de ser fiel Católica era algo reticente a creer en las Apariciones de la Virgen a su paisana Marcelina Barroso. Sin embargo, Nuestra Señora había puesto Su mirada en aquella sencilla muchacha de pueblo, a quien elegiría para ser confidente de Sus Dolores y partícipe de la Pasión de Su Hijo.

              El Jueves 30 de Mayo de 1945 era la Festividad del Corpus Christi;  Afra quiso ir con sus amigas a Chandavila, donde el castaño donde días atrás, la pequeña Marcelina había visto a la Virgen Dolorosa. Iban en plan de paseo, más con objeto de curiosear que por devoción... querían saber todo lo que se comentaba acerca de aquellos acontecimientos.

               Eran justo las tres de la tarde (la misma hora en que Marcelina vio a la Virgen) cuando Afra llegaba ante el castaño; de repente, la muchacha vio entre unas nubes algo que simulaba una capilla y de forma muy clara, la forma exacta de una cruz. Aquello tal vez le pareció una ilusión y no quiso darle mayor importancia, pero algo en su interior la conmovió. Tenía que volver allí y no entendía muy bien por qué.

               Al día siguiente, movida por una fuerza interior, fue a la misma hora, al mismo lugar de las Apariciones; al llegar, comprobó que se había congregado allí un buen número de personas para rezar. Afra, siempre discreta en su carácter y desconfiando de la veracidad de todas aquellas manifestaciones del Cielo, dudando de la visión de la Cruz del día anterior, confusa en sus pensamientos, se sentó frente al castaño de las Apariciones; no pasó mucho tiempo hasta que vio salir de entre las nubes un objeto oscuro, que al irse acercando, dejó perfilada la imagen de la Virgen Dolorosa, de perfil, con el rostro vuelto hacia la derecha. A causa de la fuerte impresión, Afra, se desmayó y al volver en sí, confundida por lo que había visto solo ella, decide volver a casa acompañada de sus amigas. Ya no había duda: la Virgen Dolorosa se le había manifestado, ella misma la había contemplado, no eran cuentos de beatas.

              Unos días más tarde, la abuela paterna de Afra muere, y la joven, siguiendo la norma y costumbre de aquellos días, viste de negro y limita las salidas de casa, pero eso no le impide pensar de vez en cuando en lo sucedido en el castaño de Chandavila. Es tímida, calla y nadie quiere contar nada. Sus amigas, que nada sospechan de los achacaban las reservas de la joven por la reciente pérdida familiar, desconocen que Afra, después de contemplar a Nuestra Señora, siente cierta repugnancia por las conversaciones vanas de las chicas de su edad. 

               Por fin, algunas amigas la convencen para que vuelva a Chandavila, donde el castaño de las Apariciones... a fin de cuentas, nada malo harían allí, salvo rezar. Los argumentos de las otras muchachas convencen a Afra para que pida permiso en casa, y su madre, la Señora Cipriana, con gusto se lo da. 




              El Domingo 17 de Junio, Afra llega a Chandevila y sentada en uno de los castaños vecinos al castaño de la Aparición, vuelve a ver la misma manifestación de la vez primera, pero en esta ocasión entra en éxtasis y comienza a andar de rodillas por el regato. La Virgen le pide que se levante, y entonces sigue andando hasta el castaño. Al llegar allí se arrodilla, y  entabla una conversación con la Virgen.

              La Virgen le dice que Ella siempre estará a su lado; le comunicó un Secreto y le advirtió que pasaría por grandes sufrimientos. Antes de despedirse de Afra, la Virgen Dolorosa le manda darle un beso a la otra vidente, Marcelina (que estaba allí presente), y diciéndole que se persigne. Este gesto, que a simple vista puede parecer un gesto de cariño y de piedad, ha sido interpretado por muchos como un beso de paz, de reconciliación entre hermanos (como reseñamos en el primer artículo, Marcelina era hija y nieta de republicanos y su familia era mal vista por el resto del pueblo, máxime después de que fusilaran a su padre).

              En apariciones posteriores, la Virgen Dolorosa le pide a la joven Afra el rezo diario del Santo Rosario, la contemplación asidua del Vía Crucis y la construcción de una ermita en aquel lugar, para meditar en la Pasión de Su Hijo y en los Dolores que afligen Su Corazón de Madre. 

               A modo de sacrificio personal, la Virgen pidió a Afra que cantara en la Misa Solemne del día 4 de Septiembre, deseo que se cumplió, por indicación espontánea del Párroco de La Codosera. Ciertamente cantar delante de todos resultó un sacrificio para la muchacha debido a su gran timidez, pero lo hizo por amor a la Virgen y como gesto de sumisión a Su Voluntad. Aquello solo sería el inicio de un camino hacia la Cruz, donde Afra experimentaría en su propio cuerpo la Pasión de Cristo Nuestro Señor.

               Llena de fervor por las Apariciones de la Dolorosa, Afra y otras amigas, entre ellas Marcelina, estuvieron en Villar del Rey desde el Domingo 21 de Julio, hasta el 24, Víspera del Apóstol Santiago, y el mismo Domingo visitaron la ermita de Nuestra Señora de la Encarnación o de la Rivera, Patrona de la localidad, y fueron allí todos los días, mañana y tarde, para dar gracias por un favor recibido.

               En una de esas visitas, el Lunes, día 22 de Julio y cuando estaban rezando el Vía Crucis, sin esperarlo, Afra entró en éxtasis en la XI Estación, delante de un cuadro de la Santísima Trinidad, colocado al lado de la Epístola, casi en el centro de la ermita; en mitad de aquel trance Dios le permitió ver el la Crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo en el Monte Calvario... al mismo tiempo, la muchacha se aquejó de un dolor muy agudo en las palmas de las manos.




               A raíz de este hecho, afloran primero unas llagas en las manos de Afra, con una marcada incisión en el centro, en forma de clavo, después otra llaga en el costado, que chorreaba sangre y le producía un dolor insoportable, y finalmente, las llagas de los pies. Las llagas de manos y pies con el tiempo fueron agrandándose y terminaron por pasar de parte a parte, apareciendo la incisión por el dorso. La sangre brotaba principalmente los Viernes. Al igual que en otros muchos casos de estigmatización, las heridas que Afra padecía, lejos de ulcerarse estaban siempre frescas y despedían buen olor. Las veces que quisieron tratar las llagas como simples heridas solo provocaron mayores dolores en la joven.

               Nuestra Afra, que siempre se había caracterizado por ser introvertida, vivió aún más recogida desde que el Señor le concedió el don de los Santos Estigmas, dulce martirio que le acompañaría hasta su muerte. De forma anónima y tras descartar la vida conventual, dedicó su vida a los pobres y a los enfermos. Los últimos años de su vida los pasó en Madrid, donde entregó su alma a Dios el Sábado 23 de Agosto de 2008, cuando contaba con 80 años, la mayor parte de ellos, desde los diecisiete, totalmente consagrada a Dios en una vida de sacrificio y entrega.

               El entonces Obispo Diocesano, Don José María Alcaraz y Alenda, autorizó casi de inmediato la construcción de un Santuario en La Codosera dedicado a Nuestra Señora de los Dolores; en su interior se conserva aún en nuestros días el tronco del castaño donde se apareció la Virgen. Sus hojas y ramas se usaron como reliquias para alcanzar la salud de muchos enfermos. Una hermosa imagen de Nuestra Señora de los Dolores, tal y como la describieron las videntes preside el Altar principal. Alrededor del Santuario también se construyeron dos Vías Sacras: la de Los Siete Dolores de Nuestra Señora y la del Vía Crucis con sus catorce Estaciones.