jueves, 8 de abril de 2021

"...YO ME FÍO DE TI..."

 



               Yo no quiero predicar a las gentes, ni catequizar a los niños, ni consolar a los tristes, ni socorrer a los pobres, ni visitar a los pueblos, ni atraer corazones, ni perdonar pecados contra Dios o injurias contra mí, más que para quitar al Corazón de Jesús Sacramentado la gran pesadumbre de Su abandono y para llevarle el dulce regalo de la compañía de las almas. Yo no quiero ser Obispo de la sabiduría, ni de la actividad, ni de los pobres, ni de los ricos; yo no quiero ser más que el Obispo del Sagrario abandonado...


+ Manuel González, Obispo de Palencia 



miércoles, 7 de abril de 2021

"SI LE PEDÍS PERDÓN CON VUESTRAS ALMAS SINCERAS..."


               "...Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Arcángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente, y Nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús." 

Del Segundo Mensaje de Nuestra Señora 
en Garabandal, 18 de Junio de 1965


                 La Virgen Santa, como Madre Buena, quiso darnos una nueva muestra de Su Amor y de la preocupación que siente por el bien de nuestras almas cuando se manifestó una vez más, a través de unas sencillas niñas de pueblo; ocurrió en 1961, en la aldea española de San Sebastián de Garabandal, al norte de la Península Ibérica, por tierras que otrora no sucumbieron a la invasión mahometana y desde las que comenzara después la centenaria lucha de Reconquista. Nuestra Santa Madre, de la manera más sencilla, enseñó a las jóvenes Videntes el genuino estilo de Vida Cristiana, donde Ella misma, sería el espejo donde mirarse para aprender de Sus Virtudes. Nada nuevo pues enseñó la Madre de Dios en Garabandal, tan solo la Verdad del Evangelio, sintetizada en dos Mensajes, breves, pero que encierran una enseñanza perenne, la misma Doctrina Cristiana. 

                Y actuó así la Reina de las almas, porque es la nuestra una época en la que el pecado parece no existir más en la mente de nadie; vivimos días impíos en donde muchos actúan públicamente lejos de la Ley de Dios y hasta se atreven a "predicar" su ruina moral como estilo de vida y bandera; no faltan los creyentes mediocres y cobardes, aquellos mismos que justifican el pecado, que se excusan a la hora corregir y enseñar al hermano que va por mal camino alegando que "¿quién soy yo para juzgar a los demás?"... cuando en realidad no es necesario juzgar cuando la evidencia del mal es palpable, pero sí es obligación Cristiana, corregir al que se equivoca y enseñar al que no sabe, Obras de Misericordia Espirituales que siempre predicó nuestra Santa Religión.

               Como Católicos, nos resulta más que necesario recordar la Doctrina Cristiana de siempre, que nos enseña que para alcanzar la Misericordia de Dios es indispensable el arrepentimiento sincero, la enmienda en el obrar, y tener profundo desafecto al pecado, esto es: no tener intención de cometerlo y detestarlo, por cuanto nos aparta de la Gracia de Dios y ofende a Su Honor Infinito. 

               Las consecuencias del pecado son tan abundantes como las semillas de una fruta tropical: depresión, baja estima, sentimiento de culpabilidad, frustración, pérdida de la Fe... todo ello forma parte de la frágil condición humana, cierto, pero has de entender que el Señor jamás nos prueba por encima de nuestras fuerzas y que nuestras limitaciones y miserias, aceptadas por nosotros y ofrecidas al Cielo, resultan ser como el abono del jardín de nuestra alma.

               Sin embargo, muchos ignoran que el pecado personal también tiene consecuencias sobre el resto de la humanidad: por su enorme gravedad, ciertos pecados, por lo abyecto de su naturaleza y por su mezquindad, atraen la Ira de Dios sobre todos; la misma Doctrina Cristiana que nos guía los enumeró en cuatro: el asesinato (especialmente el de los neonatos en el vientre materno), el pecado contranatura (homosexualidad), oprimir a los pobres (negándoles ayuda que podríamos darle) y defraudar en el jornal al trabajador.

               En el Segundo Mensaje que Nuestra Señora revelara en la aldea de San Sebastián de Garabandal, recordó la necesidad de pedir perdón a Dios "con vuestras almas sinceras", o sea, de corazón y con la firme resolución de no pecar más; en el mismo Mensaje pide la Virgen "que os enmendéis", que bien se puede comparar con el "ve y no peques más" (1) con el que Nuestro Señor perdonó a la adúltera y que la Santa Iglesia, aún repite cada vez que con Su Autoridad, un Sacerdote absuelve al penitente tras la confesión.

               Enmendarse y no pecar más: toda una Catequesis magistral pronunciada de los labios de María Purísima, que la Reina del Universo condensa la Enseñanza Cristiana en pocas frases; enmendarse ha de entenderse como reparar, hacer por compensar el mal que hayamos ocasionado, satisfacer por él (de lo contrario, esas "heridas" del alma, se purifican en el Purgatorio, pese haber confesado el pecado). 



               Por otra parte, no pecar más, que es claro de entender y más fácil de practicar si evitamos la ocasión de pecado: si nos apartamos de aquellas personas que nos inducen a pecar, si esquivamos los lugares o situaciones que sabemos nos harán caer... tarea que a muchas almas supera, pues en su debilidad prefieren quedar bien con los demás antes que estar a bien con Dios.  A estas personas tibias advirtió Cristo "si tu ojo te hace pecar, sácatelo y tíralo. Es preferible entrar en la Vida Eterna con un solo ojo que tener los dos ojos y ser arrojado al fuego del Infierno." (2)

               Solo los que así actúen, enmendándose y tratando de no pecar más, serán los dignos merecedores de la Misericordia de Dios, a la vez que con su vida de Piedad, sostendrán el brazo de la Ira de Dios; si bien es cierto que el Señor, hasta el último aliento de nuestra vida terrena nos concede la gracia de volver los ojos a Él y pedirle perdón, te aconsejo que no esperes, que no apures ese momento, que más tarde o más temprano te llegará, -nos llegará a todos- porque no sabes cuándo, cómo ni de qué manera tendrás que presentarte ante el Divino Juez. 

              No temas, confía en Nuestra Señora; Ella te ama tan profundamente que fíjate que el rescate de tu alma le costó el precio de la Sangre Preciosa de Su Hijo y que Su Corazón Inmaculado fuera traspasado de Dolor; María, que dijo en Garabandal que nos quería mucho y que no deseaba nuestra condenación, te conducirá a la Misericordia de Dios por su verdadero camino: el de la enmienda y el de la lucha contra el pecado.


NOTAS

1   Evangelio de San Juan, cap. 8, vers. 11
Evangelio de San Mateo, cap. 18, vers. 9




SAN JOSÉ, REY DE LOS ÁNGELES



               Así como María es Reina de los Ángeles y los Santos, por ley, San José, Su esposo es el Rey de los Ángeles y los Santos: por lo tanto, si honras a María con este título, también debes decirle a San José: "Rey de los Ángeles, Rey de los Santos, ¡ruega por nosotros!" Dios quería que San José fuera un Protector especial de cada clase de personas e Intercesor Universal, para que todos pudieran sentirse protegidos por él.


San Leonardo de Porto Maurizio



LA FE ÍNTEGRA Y SINCERA, FUNDAMENTO Y RAÍZ DE LA CARIDAD...


               Ser Católico integrista significa defender la integridad del Dogma, afirmar todas y cada una de las Verdades de Fe que la Iglesia nos enseña; sea por su Magisterio Ordinario, sea por su Magisterio Extraordinario, con todo lo que significan estas verdades, con todas las consecuencias que se derivan de ellas.

               Católico integrista significa estar convencidos de que la Fe es Una, y que si se niega la más pequeña de las Verdades de Fe, o se la pone en duda, se las niega o pone en duda a todas.

               Ser Católico integrista significa adherir y prestar asentimiento interno a la totalidad del Magisterio de la Iglesia, también a su Magisterio político, con todas las consecuencias que se desprenden de esto. Significa tener como enemigo mortal al Liberalismo, y defender la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo.




               "Si alguno viene a Mí y no odia a su padre, y madre, y esposa, hijos, hermanos, hermanas y aun su propia alma, no puede ser Mi discípulo. Y si no toma su cruz y viene en pos de Mí, no puede ser Mi discípulo... Así, pues, aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que posee no puede ser Mi discípulo."

Evangelio de San Lucas, cap. 14, vers. 26-33

           "Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en vuestra casa, ni tan siquiera le saludéis..." 

II Carta de San Juan, cap. 1, vers. 10

          "...si nosotros mismos o un Ángel del Cielo les enseñamos una Doctrina diferente a esta que le hayamos predicado, que sea excomulgado".

San Pablo a los Gálatas, cap. 1, vers. 8

          "Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros (…) porque por la Fe Divina confesamos un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo. (…) Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia".

Papa León XII, Encíclica Ubi primum, 5 de Mayo de 1824

           "Está tan lejos de la divina inspiración el admitir error, que ella por sí misma no solamente lo excluye en absoluto, sino que lo excluye y rechaza con la misma necesidad con que es necesario que Dios, Verdad suma, no sea autor de ningún error." 

Papa León XIII, Encíclica Providentissimus Deus, 18 de Noviembre de 1893

          "...es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos Católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la Verdadera Fe y a la Unidad Católica pueden llegar a la Eterna Salvación. Lo que ciertamente se opone en sumo grado a la Doctrina Católica." 

Pío IX, Carta Encíclica Quanto confiamur moerore, 10 de Agosto de 1863

          "La Fe Católica es tal que nada se le puede añadir ni quitar: o la posee uno íntegra o no la posee de ninguna manera... Basta con decir: mi nombre es Cristiano y Católico mi apellido."

Benedicto XV, Ad Beatissimi Apostolorum, 1 de Noviembre de 1914

           "Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la Caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la Doctrina de Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis, siendo, pues, la Fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de Fe... 

          ....la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los Tiempos Apostólicos, si no queremos decir -y de ello estamos muy lejos- que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido Su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella..."

Encíclica Mortalium Animos, del Papa Pío XI, 6 de Enero de 1928

          "Oigan, pues, dócilmente todos los Cristianos la voz del Padre común, que desea ardientemente verlos unidos íntimamente a Él, acercándose al Altar de Dios, profesando la misma Fe, obedeciendo a la misma Ley, participando en el mismo Sacrificio con un solo entendimiento y una sola voluntad." 

Papa Pío XII, Encíclica Mediator Dei, 20 de Noviembre de 1947

         

lunes, 5 de abril de 2021

LOS ÁNGELES CUSTODIOS LUCHAN CON NOSOTROS CONTRA EL DEMONIO


               Es una Verdad de Fe que los Ángeles, todo benditos que son, reciben una misión de Dios ante los hombres; las palabras de Nuestro Señor, la enseñanza de los Doctores y los Santos, la Autoridad de la Iglesia, no nos permiten dudar de esta realidad. 

               Si los demonios, en legiones innumerables, merodean a nuestro alrededor como leones dispuestos a devorarnos, según la palabra de San Pedro, es consolador para nosotros pensar que Dios nos ha dado defensores más numerosos y más poderosos que los demonios.




                A más tardar desde su nacimiento, todo hombre que viene al mundo es confiado a la Custodia de una mente celestial; los paganos, los herejes, los pecadores mismos no están privados de este beneficio de Dios. Incluso es cierto que varios personajes, debido a su situación, como los Reyes, los Pontífices, algunos Sacerdotes, o debido a las vistas especiales de Dios sobre ellos, como muchos Santos, a veces tienen varios Ángeles guardianes. Sin duda, no sólo los individuos, sino las Sociedades y las Instituciones, son confiados especialmente a la Custodia de los Ángeles; la Santa Iglesia, los Reinos, las Provincias, las Diócesis, las Parroquias, las familias, las Órdenes Religiosas, las Comunidades, tienen sus Protectores Angelicales.

                Los Ángeles nos preservan de una multitud de males y peligros, alejan de nosotros las ocasiones del pecado; nos inspiran en pensamientos santos y nos llevan a la virtud, nos sostienen en las tentaciones, nos fortalecen en nuestras debilidades, nos animan en nuestros desánimos, nos consuelan en nuestras aflicciones. Ellos luchan con nosotros contra el demonio y nos protegen contra sus trampas; si caemos, por fragilidad o por malicia, nos levantan por el remordimiento, por los pensamientos de la fe, por el temor a los juicios de Dios, y nos proporcionan varios medios de conversión: llevan nuestras buenas obras y oraciones a Dios, reparan nuestras faltas, interceden por nosotros ante la Divina Misericordia, suspenden la venganza celestial sobre nuestras cabezas; finalmente, nos iluminan y nos apoyan en la enfermedad y en la hora de la muerte, nos presencian el Juicio de Dios, visitan las almas del purgatorio.

               San Bernardo resume nuestra tarea en tres palabras: "Qué respeto, qué amor, qué confianza de nosotros no merecen los Ángeles: respeto a su presencia, amor por su benevolencia, confianza en su protección." Añadimos un cuarto deber, docilidad a su inspiración.


Abad L. Jaud, "Vida de los Santos para todos los días del año", Tours, 1950




LA INTRANSIGENCIA CATÓLICA, EL DEPÓSITO DE LA FE



               “La suma Intransigencia Católica es la suma Católica Caridad. Y porque hay pocos intransigentes, hay en el día pocos caritativos de veras. La caridad liberal que hoy está de moda es en la forma de halago y condescendencia y cariño; pero es en el fondo el desprecio de los verdaderos bienes del hombre y de los supremos intereses de la Verdad y de Dios.”


Padre Félix Sardá y Salvany

"El Liberalismo es Pecado"


EL DEPÓSITO DE LA FE


“Conserva el Depósito de la Fe, evita las palabrerías 

inútiles y mundanas, tanto como las discusiones 

procedentes de una falsa ciencia. 

Algunos se han alejado de la Fe

 por dar crédito a este tipo de ciencia”


San Pablo a Timoteo, cap. 6, vers. 20


               El Depósito de la Fe al que se refiere San Pablo es todo aquello que constituye nuestra Fe, el fundamento de nuestra salvación, como es asimismo el fundamento de los sucesivos Papas, es decir, del Papado y de los Sacramentos. Nuestro Señor Jesucristo prometió a la Iglesia la asistencia continua del Espíritu Santo que no fue prometido por el Señor, a los sucesores de Pedro para que diesen a conocer por su revelación una doctrina nueva, sino para que, con su asistencia, pudieran conservar santamente y enseñar fielmente la Revelación transmitida por los Apóstoles.



domingo, 4 de abril de 2021

DOMINGO DE RESURRECCIÓN


               El Domingo de Pascua, el día primero de la semana de los judíos, las tres Marías se dirigen al sepulcro de Jesús Nuestro Señor. Un Ángel había retirado la piedra que cubría la entrada del monumento. María Magdalena, al encontrar la tumba vacía, empieza a buscar en el jardín; las otras mujeres penetran en el sepulcro, hablan con el Ángel y corren a anunciar la Nueva a los Discípulos. Magdalena sigue en el jardín y logra ver la primera al Señor. 



               Poco después llegan Pedro y Juan. También a Pedro se aparece Cristo resucitado. Al atardecer de aquel mismo día se presenta en el Cenáculo, en medio de los Apóstoles; y poco antes se había juntado en el camino a los dos Discípulos que iban de Jerusalén a Emaús. 

               Así transcurrió aquel día, el de la Resurrección, el día en el cual se realizó el acontecimiento central de la Historia, en torno al cual gira toda la Vida de Jesús, todos los acontecimientos de la vida humana y todas las fiestas del Año Litúrgico.

               Cristo ha sido inmolado, la muerte está vencida, se han abierto las puertas del Paraíso. Hemos llegado a la cima de la montaña, hemos rescatado el Aleluya, y hemos conquistado el triunfo: la Luz ha vencido a las tinieblas.


DOCTRINA CATÓLICA SOBRE

LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR


               - Si Jesucristo murió por todos los hombres, ¿por qué no todos se salvan? - Jesucristo murió por todos; pero no todos se salvan, porque o no le quieren reconocer o no guardan su ley, o no se valen de los medios de santificación que nos dejó.

               - ¿Basta para salvarnos que Jesucristo haya muerto por nosotros? - Para salvarnos no basta que Jesucristo haya muerto por nosotros, sino que es necesario aplicar a cada uno el fruto y los méritos de su pasión y muerte, lo que se hace principalmente por medio de los sacramentos instituidos a este fin por el mismo Jesucristo, y como muchos no reciben los sacramentos, o no los reciben bien, por esto hacen para sí mismos inútil la muerte de Jesucristo.

               - ¿Qué nos enseña el quinto Artículo de Fe: DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS: AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS? - El quinto artículo del Credo nos enseña: que el Alma de Jesucristo, separada ya del Cuerpo, fue al Limbo de los Santos Padres y que al tercer día se unió de nuevo a Su Cuerpo para no separarse jamás.

               - ¿Qué se entiende aquí por Infierno? - Por infierno se entiende aquí el Limbo de los Santos Padres, es decir, el lugar donde las almas de los Justos eran recogidas y esperaban la Redención de Jesucristo.

               - ¿Por qué las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el Cielo antes de la muerte de Jesucristo? - Las almas de los Santos Padres no fueron introducidas en el Cielo antes de la muerte de Jesucristo porque por el pecado de Adán el Cielo estaba cerrado, y convenía que el primero que entrase en él fuese Jesucristo, que con Su Muerte lo abrió de nuevo.

                - ¿Por qué Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección? - Jesucristo quiso dilatar hasta el tercer día Su propia Resurrección para mostrar con evidencia que verdaderamente había muerto.

               - ¿Fue la Resurrección de Jesucristo semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados? - No, señor; la Resurrección de Jesucristo no fue semejante a la resurrección de los otros hombres resucitados, porque Jesucristo resucitó por Su propia virtud, y los demás fueron resucitados por la virtud de Dios.


Catecismo del Papa San Pío X



sábado, 3 de abril de 2021

LA SALUTACIÓN PASCUAL A NUESTRA SANTA MADRE: REGINA CAELI



               El Regína Caeli (Reina del Cielo) es una oración que los católicos rezamos a la Virgen Nuestra Señora en lugar de la oración del Ángelus, durante el Tiempo Pascual, desde la Vigilia de Pascua hasta el mediodía del Sábado de Pentecostés; es una tradición que se remonta al siglo XII y que fue extendida por los Frailes Franciscanos.

               Piadosa y necesaria Tradición es rezar esta oración TRES VECES al día, en la mañana, mediodía y al atardecer, como sucede con el Ángelus; esta disposición parte del Papa Juan XXII en el año 1327.

               El Papa Benedicto XIII, en el año 1724, concedió Indulgencia Plenaria a los fieles que habitualmente reciten el Ángelus; su sucesor, Benedicto  XIV dispuso el 20 de Abril de 1742, que se recitase el Regina Caeli en lugar del Ángelus desde las Vísperas del Sábado Santo, si bien reiteró LAS MISMAS INDULGENCIAS que habían sido concedidas para el Ángelus.



Acompañar a nuestra Madre Dolorosa...

 







MEDITACIONES PARA LA SEMANA SANTA. Sábado Santo: EL MARTIRIO DE MARÍA FUE EL MÁS PROLONGADO Y CRUEL DE TODOS


               ¿Habrá quien tenga un corazón tan duro que no se conmueva al oír el suceso más triste que haya ocurrido?. Había una madre noble y santa que no tenía  más que un solo hijo; éste era el más amable que imaginarse pueda: inocente, virtuoso, bello y amantísimo de su madre, hasta el punto que nunca le había dado el menor disgusto, sino que siempre le había mostrado respeto y obediencia total con  toda la ternura de su corazón. 




               Y después, ¿qué sucedió?: que ese hijo, por envidia, fue acusado por sus enemigos; y el juez, aunque conocía y confesó él mismo su  inocencia, únicamente por no enfurecer a sus enemigos lo condenó a la muerte más infame, la misma que le habían pedido a gritos. Y aquella pobre madre tuvo que sufrir el dolor de ver que le arrebataban contra toda justicia aquel hijo tan amante y  tan amado en la flor de su vida con una muerte atroz, pues lo hicieron morir a fuerza de tormentos, desangrado a la vista de la plebe, en un patíbulo infame. 

               ¿Qué podemos decir?, ¿es digno de lástima este suceso y el dolor de esta madre?. Ya me entendéis de quién hablo. Este hijo tan cruelmente ejecutado fue Jesús, Nuestro amorosísimo Redentor, y esta madre fue la Santísima Virgen María, quien por nuestro amor consintió verlo sacrificado a la Divina Justicia por la barbarie  de los hombres. Este gran Dolor de María ofrecido por nosotros, que le costó más que mil muertes, merece nuestra compasión y gratitud. Y si no podemos  corresponder de otra manera a tanto amor, al menos detengámonos a considerar lo cruel de este Dolor por el que María se convirtió en Reina de los Mártires, porque Su  Martirio superó el dolor de todos los Mártires, habiendo sido el Suyo, primero, el Martirio más prolongado, y segundo, el Martirio más cruel.

               María no sólo fue Reina de los Mártires porque Su Martirio fue el más prolongado de todos, sino también porque entre todos fue el mayor. ¿Quién puede medir la grandeza de Su dolor?. Jeremías parece que no encuentra a quién comparar esta Madre Dolorosa al contemplar Su sufrimiento por la Muerte de Su Hijo, y dice: “¿Con quién te compararé? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén?... Grande como el mar es tu tribulación. ¿Quién se compadecerá de ti?” (Libro de las Lamentaciones, cap. 2, vers. 13). 

               María entregó la vida de Su Hijo, a quien amaba más que a Su propia vida.

               San Antonino dice que los otros Mártires sacrificaron su propia vida,  mientras que la Virgen María padeció sacrificando la Vida de Su Hijo, al que amaba más que a Su propia vida. Así que no sólo padeció en el alma todo lo que Su Hijo padecía en Su cuerpo, sino que además causó mayor dolor a Su Corazón la vista de los sufrimientos de Su Hijo que si Ella los hubiera sufrido en Sí misma. 

               Que María sufrió en Su Corazón todos los ultrajes que hicieron a Su Jesús no hay quien lo dude. Todo el mundo sabe que las penas de los hijos lo son también de  las madres cuando están ellas viéndolos padecer. San Agustín, considerando el tormento que padecía la madre de los macabeos al ver a su hijo padecer el suplicio, dice: Ella, viéndolos padecer, sufría lo de todos; porque a todos los amaba, sufría en su alma lo que ellos en el cuerpo. Lo mismo sucedió a María; los azotes, las espinas, los clavos y la Cruz que afligieron la carne inocente de Jesús penetraron igualmente en el Corazón de María para consumar Su Martirio.

               Al decir de San Lorenzo Justiniano, el Corazón de María fue como un espejo donde se reflejaban los dolores de Su Hijo. En Él se veían los salivazos, los golpes, las Llagas y todo lo que sufría Jesús. Y considera San Buenaventura que aquellas Llagas que estaban desparramadas por todo el Cuerpo de Jesús estaban unidas en el Corazón de María. De este modo, la Virgen, por la compasión hacia Su Hijo, fue flagelada, coronada de espinas, despreciada y clavada en la Cruz en Su Corazón amante.

               Por eso son tan grandes las gracias prometidas por Jesús a los devotos de los Dolores de María. Refiere Pelbarto haberse revelado a Santa Isabel, que San Juan, después de la Asunción de la Virgen, ardía en deseos de verla; y obtuvo la gracia pues se le apareció su amada Madre y con Ella Jesucristo. Oyó que María le pedía a Su Divino Hijo, gracias especiales para los devotos de Sus Dolores. Y Jesús le prometió estas gracias especiales:

          1ª. Que el que invoque a la Madre de Dios recordando Sus Dolores, tendrá la gracia de hacer verdadera penitencia de todos sus pecados.

          2ª. Que los consolará en sus tribulaciones, especialmente en la hora de la muerte. 

          3ª. Que imprimirá en sus almas el recuerdo de Su Pasión y en el Cielo se lo premiará.

          4ª. Que confiará esos devotos a María para que disponga de ellos según Su agrado y les obtenga todas las gracias que desee. 


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia



viernes, 2 de abril de 2021

...la escena dolorosa del Calvario

 




MEDITACIONES PARA LA SEMANA SANTA. Viernes Santo: MI SANGRE BAÑA LA TIERRA

 

               ¡Contempladme, Ángeles del Cielo!... ¡Ved al Creador de todas las maravillas, al Dios a quien rinden adoración los Espíritus Celestiales, caminando hacia el Calvario y llevando sobre Sus hombros el leño santo y bendito que va a recibir Su último suspiro!... 

               Vedme también vosotras, almas que deseáis ser Mis fieles imitadoras. Mi Cuerpo, destrozado por tanto tormento, camina sin fuerzas, bañado de sudor y de Sangre... ¡Sufro... sin que nadie se compadezca de Mi dolor!... La multitud me acompaña y no hay una sola persona que tenga piedad de Mí!... ¡Todos me rodean como lobos hambrientos, deseosos de devorar su presa!



               Seguid conmigo unos momentos y a los pocos pasos me veréis en presencia de Mi Madre Santísima, que con el Corazón traspasado de dolor sale a Mi encuentro para dos fines: cobrar nueva fuerza para sufrir a la vista de Su Dios..., y dar a Su Hijo con su actitud heroica aliento para continuar la obra de la Redención.

               Para Mí lo más grande es Mi Madre, y no solamente no la puedo consolar, sino que el lamentable estado en que me ve procura a Su Corazón un sufrimiento semejante al mío. ¡La muerte que Yo sufro en el Cuerpo la recibe Mi Madre en el Corazón! ¡Ah! ¡Cómo se clavan en Mí Sus ojos, y los Míos, oscurecidos y ensangrentados, se clavan también en Ella! No pronunciamos una sola palabra; pero ¡cuántas cosas se dicen Nuestros Corazones en esta dolorosa mirada!...

               Pero... ha llegado la hora, y tendiéndome sobre la Cruz, los verdugos cogen Mis brazos y los estiran para que lleguen a los taladros preparados en ella. Con tal atroces sacudidas todo Mi Cuerpo se quebranta, se balancea de un lado a otro y las espinas de la corona penetran en Mi cabeza más profundamente. ¡Oíd el primer martillazo que clava Mi mano derecha...; resuena hasta las profundidades de la tierra!... Ya clavan mi mano izquierda...; ante semejante espectáculo los Cielos se estremecen; los Ángeles se postran. ¡Yo guardo profundo silencios... ¡Ni una queja se escapa de Mis labios! Después de clavarme las manos, tiran cruelmente de los pies...; las llagas se abren..., los nervios se desgarran..., los huesos se descoyuntan... ¡El dolor es inmenso!... ¡Mis pies quedan traspasados..., y Mi Sangre baña la tierra!...»

               ¡Estad atentos, Ángeles del Cielo!, y vosotros, todos los que me amáis. Los soldados van a dar la vuelta a la Cruz para remachar los clavos y evitar que, con el peso de Mi Cuerpo, se salgan y lo dejen caer. ¡Mi Cuerpo va a dar a la tierra el beso de paz! ¡Mientras los martillazos resuenan por el espacio, en la cima del Calvario se realiza el espectáculo más admirable!... A petición de Mi Madre, que contemplando lo que pasaba y siéndole a Ella imposible darme alivio, implora la Misericordia de Mi Padre Celestial..., legiones de Ángeles bajan a sostener mi Cuerpo adorable para evitar que roce la tierra y que lo aplaste el peso de la Cruz...»

               ¡Contempla a tu Jesús tendido en la Cruz!..., sin poder hacer el menor movimiento..., desnudo..., sin fama..., sin honra, sin libertad... Todo se lo han arrebatado... ¡No hay quien se apiade y se compadezca de Su dolor...; solo recibe tormentos, escarnios y burlas!...; si me amas de veras, ¿qué no harás para asemejarte a Mí? ¿A qué no estarás dispuesta para consolarme?. Y ¿qué rehusarás a Mi Amor?.


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones Privadas 

del Sagrado Corazón de Jesús a Sor Josefa Menéndez



ADORACIÓN DE LAS CINCO LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO




               Recogido del ruido del mundo, en silencio interior, contempla un Crucifijo, o mejor aún si lo tienes entre las manos; con verdadero dolor de tus pecados, repasa con calma las cinco principales Llagas de Nuestro Redentor Jesucristo...

               En el Nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

               Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

               Os ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en Vuestra Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonaréis, por los méritos de Vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en Vuestro Santo Amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.




                         Mi amado Señor Jesús Crucificado, adoro profundamente postrado, con la Santísima María, con todos los Ángeles y Bienaventurados del Cielo, la Santísima Llaga de Tu Mano derecha. Te agradezco el Amor infinito con el que quisiste soportar tantos y tan atroces dolores por mis pecados, que detesto con todo mi corazón; Te pido la gracia de conceder a la Iglesia la Victoria sobre sus enemigos y que todos sus hijos caminen santos en el camino de Tus Mandamientos. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

                         Mi amado Señor Jesús Crucificado, adoro profundamente postrado, con la Santísima María, con todos los Ángeles y Bienaventurados del Cielo, la Santísima Herida de Tu Mano izquierda, y Te pido gracia para los pobres pecadores y para los moribundos, especialmente para aquellos que no quieren reconciliarse Contigo. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

                        Mi amado Señor Jesús Crucificado, adoro profundamente postrado, con la Santísima María, con todos los Ángeles y Bienaventurados del Cielo, la Santísima Herida de Tu Pie derecho, y Te pido la gracia que en todo el Clero y entre los las personas Consagradas a Ti pueden brotar numerosas flores de Santidad. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

                         Mi amado Señor Jesús Crucificado, adoro profundamente postrado, con la Santísima María, con todos los Ángeles y Bienaventurados del Cielo, la Santísima Herida de Tu Pie izquierdo, y rezo por la liberación de las Almas del Purgatorio, principalmente de aquellas que fueron en vida más devotas que Tus Santas Llagas. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

                         Mi amado Señor Jesús Crucificado, adoro profundamente postrado, con la Santísima María, con todos los Ángeles y Bienaventurados del Cielo, la Santísima Herida de Tu Costado Sagrado, y Te pido que bendigas y respondas a todas aquellas personas que se encomienden a mis oraciones. 

Padrenuestro, Avemaría y Gloria


               V. Virgen Dolorosa, ruega por nosotros (3 veces)

  

ORACIÓN FINAL   

       

              Jesús Crucificado, corrobora estas oraciones con los Méritos de Tu Pasión: concédeme la santidad de la vida, la gracia de recibir los Santos Sacramentos a punto de muerte y Gloria Eterna. Amén.


Indulgencia de 3 años (aplicable a las Benditas Almas del Purgatorio)

(Papa Benedicto XV, 6 de Mayo de 1915)



MEDITACIONES PARA LA SEMANA SANTA. Viernes Santo: ÁMAME CON TODO TU CORAZÓN


               Ámame con todo tu corazón, porque Yo te amé y Me entregué a Mis enemigos por Mi propia y libre voluntad, mientras que Mis amigos y Mi Madre se quedaron en amargo dolor y llanto. 




               Cuando vi la lanza, los clavos, las correas y todos los demás instrumentos de Mi Pasión allí preparados, aún así acudí a sufrir con alegría. Cuando Mi Cabeza sangraba por todas las partes desde la Corona de Espinas, aún entonces, y aunque Mis enemigos se apoderasen de Mi Corazón, también, antes que perderte, dejaría que lo hiriesen y lo despedazasen.

               Por ello serías muy ingrata si, en correspondencia a tanta caridad, no me amases. Si Mi Cabeza fue perforada y se inclinó en la Cruz por ti, también tu cabeza debería inclinarse hacia la humildad. 

               Dado que Mis Ojos estaban ensangrentados y llenos de lágrimas, tus ojos deberían apartarse de visiones placenteras. Si Mis Oídos se obstruyeron de sangre y oí palabras de burla contra Mí, tus oídos tendrían que apartarse de las conversaciones frívolas e inoportunas.

               Al habérsele dado a Mi Boca una bebida amarga y negársele una dulce, guarda tu propia boca del mal y deja que se abra para el bien. Puesto que Mis Manos fueron estiradas y clavadas, que las obras simbolizadas en tus manos se extiendan a los pobres y a Mis Mandamientos. 

               Que tus pies, o sea, tus afectos, con los que debes caminar hacia Mí, sean crucificados a los deleites de manera que, igual que Yo sufrí en todos Mis miembros, también todos tus miembros estén dispuestos a obedecerme. Demando más servicios de ti que de otros porque te he dado una mayor gracia.


Sobre la Santísima Pasión de Nuestro Señor Jesucristo 

Tomado del Libro de Revelaciones de Santa Brígida de Suecia. 



jueves, 1 de abril de 2021

Nació para tener sus horas de agonía...

 





MEDITACIONES PARA LA SEMANA SANTA. Jueves Santo: SENTÍ VENIR SOBRE MÍ TODOS LOS TORMENTOS

               

               Ven Conmigo, vamos a Getsemaní... Deja que tu alma se penetre de los mismos sentimientos de tristeza y amargura que inundaron la mía en aquella hora.

               Después de haber predicado a las turbas, curado los enfermos, dado vista a los ciegos, resucitado a los muertos... después de haber vivido tres años en medio de Mis Apóstoles para instruirlos y confiarles Mi Doctrina... les había enseñado, con Mi ejemplo, a amarse, a soportarse mutuamente, a practicar la caridad lavándoles los pies y haciéndome Su alimento. Se acercaba la hora para la que el Hijo de Dios se había hecho hombre... Redentor del género humano, iba a derramar Su Sangre y dar Su vida por el mundo... En esa hora quise ponerme en oración y entregarme a la Voluntad de Mi Padre.  




               ¡Almas queridas!. Aprended de vuestro modelo que la única cosa necesaria, aunque la naturaleza se rebele, es someterse con humildad y entregarse a la Voluntad de Dios. También quise enseñar a las almas que toda acción importante debe ir prevenida y vivificada por la oración, porque en la oración se fortifica el alma para lo más difícil y Dios se comunica a ella, y la aconseja e inspira, aun cuando el alma no lo sienta. 

               Me retiré al Huerto con tres de Mis Discípulos para enseñaros, almas amadas de Mi Corazón, que las tres potencias de vuestra alma deben acompañaros y ayudaros en la oración. Recordad con la memoria los beneficios divinos, las perfecciones de Dios; Su Bondad, Su Poder, Su Misericordia, el Amor que os tiene. 

               Buscad después con el entendimiento cómo podréis corresponder a las maravillas que ha hecho por vosotras... Dejad que se mueva vuestra voluntad, a hacer por Dios lo más y lo mejor, a consagraros a la salvación de las almas, ya por medio de vuestros trabajos apostólicos, ya por vuestra vida humilde y oculta, o en el retiro o silencio por medio de la oración. 

                Postraros humildemente, como criaturas en presencia de su creador, y adorad Sus designios sobre vosotras, sean cuales fueren, sometiendo vuestra voluntad a la divina. Así me ofrecí Yo para realizar la Obra de la Redención del Mundo. ¡Ahí!, ¡qué momento aquel en que sentí venir sobre Mí todos los tormentos que había de sufrir en Mi Pasión: las calumnias, los insultos, los azotes, la corona de espinas, la sed, la Cruz!... Todo se agolpó ante Mis ojos y dentro de Mi Corazón.

               Al mismo tiempo vi las ofensas; los pecados y las abominaciones que se cometerían en el transcurso de los siglos, y no solamente los vi, sino que me sentí revestido de todos esos horrores y así me presenté a Mi Padre Celestial para implorar Misericordia. Me ofrecía como fiador para calmar Su Cólera y aplacar Su Ira. Pero viendo tanto pecado y tantos crímenes, Mi naturaleza humana experimentó terrible angustia y mortal agonía, hasta tal punto, que sudé sangre. ¡Oh! Almas que me hacéis sufrir de esta manera, ¿será esta Sangre salud y vida para vosotras?... ¿Será posible que esta angustia, esta Agonía y esta Sangre sean inútiles para tantas y tantas almas?... Aquí nos quedaremos hoy, Josefa. Permanece a mi lado en Getsemaní y deja que mi Sangre riegue y fortifique la raíz de tu pequeñez. 


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones Privadas 

del Sagrado Corazón de Jesús a Sor Josefa Menéndez



...vuestra mirada más que en Él

 





MEDITACIONES PARA LA SEMANA SANTA. Jueves Santo: HASTA EL FIN LOS AMÓ


                Sabiendo Jesús que era llegada Su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los Suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo Nuestro amable Redentor en la última noche de Su Vida que era ya llegado el tiempo de morir por el hombre, por el que tanto había suspirado, no pudo Su amoroso Corazón consentir en dejarnos solos en este valle de lágrimas. Para no separarse, pues, de nosotros ni aún por la muerte, quiso quedarse y dársenos a Sí Mismo en alimento en el Sacramento del Altar, haciéndonos entender con esto, que después de este Don Infinito nada más tenía ya que darnos para probarnos Su Amor. 




                Hasta el fin los amó. Es como si hubiera querido decir, los amó con un Amor sin fin y sin medida. Jesús en este Sacramento hizo el último esfuerzo de Amor para con los hombres, como dice el Abad Guerrico. Pero todavía fue mejor explicado esto por el Santo Concilio de Trento, el que hablando del Sacramento del Altar, dice que Nuestro Salvador derramó en él, por decirlo así, todas las Riquezas de Su Amor para con nosotros. 

               Tenía, pues, razón el angélico Santo Tomás en llamar a este Sacramento, Sacramento del Amor, y Prenda del Amor más admirable que un Dios pudo dar a los hombres. San Bernardo lo llama Amor de los Amores; y Santa María Magdalena de Pazzi decía que el alma después de la Comunión podía decir: Todo está consumado; esto es, dándoseme Dios a Sí Mismo en esta Comunión, nada más tiene que darme. Preguntando un día esta Santa a una de sus novicias en qué había pensado después de la Comunión, ella le respondió: En el Amor de mi Jesús. Sí, replicó la Santa, cuando se piensa en este Amor, en ninguna otra cosa se puede pensar; sino que es una necesidad el detenerse en él.

                El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mí y Yo en Él. San Dionisio Areopagita dice que el amor propende siempre a la unión con el objeto amado, y por cuanto el alimento viene a hacerse una misma cosa con el que le come, por eso quiso el Salvador hacerse nuestro alimento, a fin de que recibiéndole en la Santa Comunión vengamos a ser una misma cosa con Él. 

                Tomad y comed, dice Jesús, este es Mi Cuerpo; como si hubiera querido decir, observa San Juan Crisóstomo: ¡Oh hombres! alimentaos de Mí, para que de vosotros y de Mí se haga una misma cosa. Así como de dos pedazos de cera fundidos, dice San Cirilo de Alejandría, se hace uno solo, así el alma que comulga se une de tal suerte con Jesús, que Jesús está en ella, y ella en Jesús. ¡Oh mi tierno Salvador! exclama aquí San Lorenzo Justiniano, ¿cómo habéis podido llegar a amarnos hasta querer unirnos de tal modo a Vos, que de vuestro Corazón y del nuestro se haga un solo corazón?.

               Ved además el deseo inmenso que tuvo el Salvador toda Su Vida de ver llegar esta Noche, en la que había resuelto dejarnos una Prenda tan preciosa de Su Amor; pues que en el momento de instituir este Augusto Sacramento, dice: He deseado con ardiente deseo comer esta Pascua con vosotros, palabras con las que manifiesta el vivísimo deseo y el ansia que tenía de unirse a nosotros en la Comunión, comprimido Su Corazón por el amor que nos tenía. Esta palabra, dice San Lorenzo Justiniano, es la expresión de la más encendida Caridad. Pues este mismo deseo conserva todavía Jesús a todas las almas que le aman. Las abejas, dijo un día a Santa Matilde, no se arrojan con tanta vehemencia a las flores para extraer de ellas la miel, como Yo desciendo impelido de Mi Amor al alma que Me desea. 

               ¡Oh Amor de mi corazón!, ¡oh Sacramento Santísimo!, ¡que yo me acuerde siempre de Vos, a fin de olvidar todo lo demás, y de amaros a Vos solo siempre y sin reserva!.

               ¡Ah Jesús mío!: Vos habéis llamado tantas veces a la puerta de mi corazón que al fin habéis entrado en él , así lo espero; pero puesto que en él habéis entrado, arrojad de él, os ruego, todas las afecciones que no se enderecen a Vos: apoderaos de tal suerte de mí, que pueda yo también, como el Profeta, decir en adelante con verdad: ¡Dios mío !, ¿qué otra cosa deseo yo sino a Vos, ni en el Cielo ni en la tierra?. Vos solo sois y seréis siempre el único Dueño de mi corazón y de mi voluntad, y solo Vos debéis ser toda mi herencia, toda mi riqueza en esta vida y en la otra.


San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia