domingo, 17 de enero de 2021

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA, por el Padre Martin de Cochem, Capuchino. CAPÍTULO 4, Parte 4: LA SANTA MISA ES EL MÁS GRANDE Y ASOMBROSO DE LOS MILAGROS


               No se puede negar que el Sacrificio de la Misa, en que el Sagrado Cuerpo y Sangre de Cristo son ofrecidos a Dios Padre, es mucho más agradable a Él que los animales o el pan y vino ofrecidos a Él por los Patriarcas en los tiempos antiguos. No obstante, no hay que pasar por alto que el Sacerdote no suplica a Dios Omnipotente que mire favorablemente a la Víctima que está ofreciendo, pues la Víctima es el Hijo muy amado del Padre que es incomparablemente más precioso que toda cosa creada. El Sacerdote está simplemente rogando a Dios que acepte este sacrificio graciosamente, en atención al modo, la manera, la devoción, la reverencia y la humildad con que está celebrando la Santa Misa, como aceptó la adoración rendida a Él cuando Abel, Abraham y Melquisedec ofrecieron sus sacrificios. Por lo tanto, el tema en cuestión no es el mérito de la Víctima – pues esto está fuera de toda duda – sino la devoción del Ministro oficiante y los fieles allí congregados, que juntan sus oraciones con las suyas.




               Con respecto a los Misterios de la Santa Misa, hay que tener en cuenta que los Misterios principales de toda la Vida y Pasión de nuestro Señor son representados y puestos ante nosotros en ella. David predice eso cuando dice: “… ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.” (Salmo 110, vers. 4). Y para que no tengamos ninguna duda de que este pasaje se refiere al Sacrificio de la Misa sobre nuestros Altares, dice en otro Salmo: “… rodeo Tu Altar Señor, proclamando Tu alabanza, enumerando Tus maravillas.” (Salmo 25, vers. 6-7). Lo mismo es significado por Cristo cuando en la Institución de la Santa Eucaristía, les dijo a Sus Apóstoles: “Haced esto en conmemoración Mía “; como para decir: “Puesto que ya el tiempo está próximo, y después de realizar la Redención de la Humanidad voy a dejaros e ir a Mi Padre Celestial, estoy instituyendo la Santa Misa como el único Sacrificio del Nuevo Testamento, en el cual todos los Misterios de toda Mi Vida y Pasión son representados y puestos a la vista de todos los creyentes’, para que nunca os olvidéis de Mí, sino siempre os acordéis de Mí.”

               Ahora probamos la verdad de estas palabras, y explicamos brevemente cómo todos los Misterios de la Vida y Pasión de Cristo se contienen en la Santa Misa.

               Ante todo, el Misterio adorable de la Encarnación no solamente es representado, sino realmente repetido. Pues, tal como la Santísima Virgen María se ofreció a Dios en cuerpo y alma, para contribuir a la Encarnación del Hijo de Dios y, por la operación del Espíritu Santo, el Verbo se hizo carne en Su Seno, así el Sacerdote le ofrece pan y vino al Padre Celestial, y al pronunciar las palabras de la Consagración, son cambiados por el poder del Espíritu Santo en el Verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo. Así el Misterio Divino de la Encarnación es renovado y el Sacerdote tiene a Cristo en sus manos tan realmente como la Madre de Dios le llevó en Su Cuerpo virginal. ¿No es eso el más grande y más asombroso de los milagros?.

               Ahora consideraremos la manera en que Cristo renueva su Encarnación, y las maravillas que obra en ella. Nuestra Religión nos enseña que, cuando el Sacerdote tiene la hostia en sus manos, antes de la Consagración, no tiene más que un trozo de pan ázimo; pero tan pronto como pronuncia las palabras de la Consagración, esa hostia, por el Poder Divino, se transforma en el Verdadero Cuerpo de Cristo. Y puesto que sin sangre el cuerpo no puede vivir, la Sangre de Cristo está presente también en Su Sagrado Cuerpo. Así en lugar del pan que un momento antes el Sacerdote tenía en sus manos, ahora tiene a Jesucristo, el Hijo de Dios Altísimo. Esto es, por cierto, un grandísimo Misterio superior al entendimiento humano en el que también están contenidos otros muchos Misterios.

               ¿No es una maravilla superior a todas las maravillas que el pan pueda convertirse en el Verdadero Cuerpo de Jesucristo y el vino en Su Verdadera Sangre?. Este Milagro es como si todas las paredes de una casa se cayesen y dejaran el techo suspendido en el aire sin ningún soporte visible. ¿No es una maravilla que Cristo pueda reducir las dimensiones de Su cuerpo humano a una cosa tan pequeña como una hostia y que incluso pueda contenerse dentro de la partícula más diminuta de una hostia?. Todos estos y otros milagros más grandes que no vamos a enumerar aquí son realizados por Cristo para nuestra salvación en cada Santa Misa, en el momento de la Consagración.


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