jueves, 5 de febrero de 2026

TODO SACERDOTE SANTO ES UNA RED QUE ARRASTRA ALMAS HACIA DIOS



                    ...Por lo general, Dios ilumina siempre al Sacerdote. Digo "por lo general". Es iluminado cuando es un verdadero Sacerdote. No es el hábito el que consagra; consagra el alma. Para juzgar si uno es un verdadero Sacerdote, debe juzgarse lo que sale de su alma. Como dijo Mi Jesús: del alma salen las cosas que santifican o que contaminan, las que informan todo el modo de actuar de un individuo. Pues bien, cuando uno es un verdadero Sacerdote, generalmente siempre Dios le inspira.

                    ¿Y los otros, que no son tales?: tener con ellos Caridad sobrenatural, orar por ellos.

                    Y Mi Hijo te ha puesto ya al servicio de esta Redención, y no digo más. Alégrate de sufrir porque aumenten los verdaderos Sacerdotes.

                    Descansa en la Palabra de aquel que te guía. Cree y presta obediencia a su consejo. Obedecer salva siempre. Aunque no sea en todo perfecto el consejo que se recibe.

                    Tú has visto que nosotros obedecimos, y el fruto fue bueno. Verdad es que Herodes se limitó a ordenar el exterminio de los niños de Belén y de los alrededores.

                    Pero, ¿no habría podido, acaso, Satanás llevar estas ondas de odio, propagarlas, mucho más allá de Belén, y persuadir a un mismo delito a todos los poderosos de Palestina para lograr matar al futuro Rey de los judíos?.

                    Sí, habría podido. Y esto habría sucedido en los primeros tiempos del Cristo, cuando el repetirse de los prodigios ya había despertado la atención de las muchedumbres y el ojo de los poderosos. Y, si ello hubiera sucedido, ¿cómo habríamos podido atravesar toda Palestina para ir, desde la lejana Nazaret, a Egipto, tierra que daba asilo a los hebreos perseguidos, y, además, con un niño pequeño y en plena persecución? Más sencilla la fuga de Belén, aunque -eso sí- igualmente dolorosa.

                    La obediencia salva siempre, recuérdalo; "y el respeto al Sacerdote es siempre señal de formación cristiana. ¡Ay -y Jesús lo ha dicho- ay de los Sacerdotes que pierden su llama apostólica!.

                    Pero también ¡ay de quien se cree autorizado a despreciarlos!, porque ellos consagran y distribuyen el Pan Verdadero que del Cielo baja. Este contacto los hace santos cual cáliz sagrado, aunque no lo sean. De ello deberán responder a Dios. Vosotros consideradlos tales y no os preocupéis de más. No seáis más intransigentes que vuestro Señor Jesucristo, el cual, ante su imperativo, deja el Cielo y desciende para ser elevado por sus manos. Aprended de Él. Y, si están ciegos, o sordos, o si su alma está paralítica y su pensamiento enfermo, o si tienen la lepra de unas culpas que contrastan demasiado con su misión, si son Lázaros en un sepulcro, llamad a Jesús para que les devuelva la salud, para que los resucite.

                    Llamadlo, almas víctimas, con vuestro orar y vuestro sufrir. Salvar un alma es predestinar al Cielo la propia. Pero salvar un alma sacerdotal es salvar un número grande de almas, porque todo Sacerdote santo es una red que arrastra almas hacia Dios, y salvar a un Sacerdote, o sea, santificar, santificar de nuevo, es crear esta mística red. Cada una de sus capturas es una luz que se añade a vuestra eterna corona.

                    Vete en paz.


Palabras de Nuestra Santa Madre a María Valtorta, 
escrito el  8  de Junio de 1944



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