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miércoles, 24 de septiembre de 2025

LA CRUZ DE JESÚS ES LA GRAN MERCED QUE NUESTRA SEÑORA NOS HACE



                    Hoy es la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced. Originalmente, este festivo era parte de la Orden Religiosa y Militar de la Virgen de la Merced, que se fundó, a pedido expreso de la Santísima Virgen, para liberar a los cristianos de la esclavitud islámica. Como resultado, esta devoción se convirtió en propia de toda la Iglesia y, por lo tanto, aparece en el calendario litúrgico.

                    Esta Fiesta se presta a algunos comentarios. El primero es el hecho de que Nuestra Señora pide fundar una Orden de Caballería. Esto es muy significativo, porque es el contrario de cierto tipo de devoción inclinada a la idea de que la Virgen en ningún caso querría armar a alguien contra otra persona. Esto debe hacernos reflexionar y ayudarnos a comprender la mentalidad de la Virgen.

                    ¿Cómo fue esta orden religiosa y militar?

                    En la Edad Media había una gran cantidad de prisioneros cristianos, especialmente en las naciones musulmanas del norte de África, debido a los hábitos piratas y la inseguridad de la navegación en el Mediterráneo.

                    Por lo tanto, era común que los barcos piratas capturaran barcos cristianos y los vendieran a musulmanes. También era común que en las guerras entre musulmanes y católicos, se capturaran barcos cristianos y se los llevaran al norte de África. Tan pronto como llegaban a esas tierras, esos desafortunados eran vendidos como esclavos. Como resultado, se mantuvieron distantes de los sacramentos y expuestos a las peores tentaciones morales, y sobre todo al muy grave riesgo de perder la fe. Podemos imaginar la desesperación de cada uno de ellos. Por ejemplo, un hombre tomado prisionero y esclavo, que comete un pecado mortal y no tiene un sacerdote para absolverlo; aunque le tiene miedo al infierno, en ausencia de la absolución siente la duda de tener suficiente contrición para ir al Cielo.

                    De hecho, cuando alguien lamenta un pecado, por el amor de Dios, aunque no hay sacerdote, puede estar seguro de ir al Cielo. Pero cuando se arrepiente por miedo al infierno, sin la absolución sacramental, no hay perdón.

                    Y aquí la Virgen despertó una Orden Religiosa que tuvo el siguiente efecto: por medio de la espada, buscó a tientas la liberación de esos cristianos. Además, cuando un miembro de esta Orden estaba en condiciones de hacerlo, o si fuera el caso, pronunció el voto de ofrecerse a cambio, como esclavo, en lugar de otro católico, para restaurar su libertad.

                    De modo que el mercedario, apoyado por una vocación especial para ese gesto, teniendo más fe en su propia vida espiritual, liberaba a un prisionero sometido a esa esclavitud. Todo esto significaba un acto de amor heroico, digno de las mejores tradiciones de Caballería: convertirse en esclavo para que otro pudiera ser libre. No se conoce mayor prueba de amor.

                    Esta prueba de amor no procede así: “Pobre hombre… quién sabe cuánto le duele el brazo por las esposas … con el pie arrastra una bola de hierro tan pesada y está cubierto de azotes … Entonces yo, filantrópicamente hablando, lo reemplazaré”.  Esta sería una razón secundaria. De hecho, la razón principal por la que un caballero de la Orden de la Virgen de la Merced se movió para hacer este sacrificio fue el peligro en la Fe en el que incurrieron esas personas.En realidad, la merced es una gracia, es un favor. No conozco un título de la Santísima Virgen más conmovedora. Es Nuestra Señora de las Gracias, la Virgen de los favores, regalos inesperados, misericordias repentinas. De la que, considerada como madre, nos prepara hermosas sorpresas y nos brinda, inesperadamente, aquella con la que no podíamos contar.

                    ¿Qué padre y madre, siendo realmente cariñosos, no tienen el placer, de vez en cuando, de darle a su hijo un regalo con el que no contaba? A veces es un pensamiento pequeño, una pequeña cosa insignificante.

                    Podemos encontrarnos con situaciones complicadas; pero de vez en cuando, goteando en medio de la aflicción, llega una merced. O a veces, al final de una aflicción viene una gran merced. Y al final de nuestras vidas, cuando cerremos los ojos, vendrá la merced más grande de todas: Nuestra Señora nos mostrará a Nuestro Señor Jesucristo, Su Hijo.

                    Entonces, podemos recurrir a Ella diciendo: “Madre mía, hoy es la Fiesta de Tu Merced; recuerda que durante mucho tiempo he estado en una memorable ausencia de Misericordia. Sé que probablemente sea mi culpa, porque no sé cómo pedir, porque soy un hijo gruñón que no puede despertar la sensibilidad de mi Madre. Y si me das la Cruz de Tu Hijo, ¡será mucho mejor que todo lo demás! ”, porque la Cruz de Jesús es la gran Merced que Nuestra Señora nos hace.


De la Conferencia que el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira 
pronunciara para los Socios de la TFP, el 24 de Septiembre de 1965, 
de ahí que el texto conserve el estilo coloquial y hablado




domingo, 14 de septiembre de 2025

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ y la Devoción de "Los Mil Jesús"

 


"Nos autem gloriari opórtet 
in Cruce Dómini nostri Iesu Christi"

"Debemos gloriarnos 
en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo"

Carta de San Pablo a los Gálatas, cap. 6, vers. 14


                   La libertad otorgada a la Santa Iglesia por el Emperador Constantino tras la Victoria del Puente Milvio, fue una verdadera exaltación de la Santa Cruz, lo mismo que el hallazgo del Sagrado Madero por Santa Elena en el año 326. Sin embargo, la Iglesia recuerda también otro hecho.

                   Siglos más tarde, el Rey de Persia, Cosroe, declara la guerra al Imperio Romano de Oriente (Imperio Bizantino con sede en Constantinopla) en el año 604. El Senado de la ciudad nombra Emperador a Heraclio, que de entrada busca la paz con los enemigos. Así, el general Ramiozán, de las huestes del rey persa, se apodera de la Ciudad Santa, Jerusalén, comete el sacrilegio de destruir el Santo Sepulcro y roba impunemente el trozo de la Verdadera Cruz de Nuestro Señor que Santa Elena había guardado en un relicario de plata.

                   De los testimonios de aquél sacrílego acto de tomar Jerusalén, se dice que "De los prisioneros cristianos que quedaron en poder de los vencedores, unos fueron entregados al furor de los judíos, que los sacrificaron cruelmente, y otros fueron conducidos a Persia en unión del botín y de la Santa Reliquia. Entre los prisioneros se halaba el Patriarca de Jerusalén, Zacarías."

                  La noticia conmociona a la Cristiandad, que rápidamente crea un ejército -a modo de Cruzada- para liberar a los hermanos cautivos, al Patriarca de Jerusalén y sobre todo, la Sagrada Reliquia de la Cruz de Nuestro Señor. El valiente y creyente ejército se adentró en Persia, tomando las ciudades de Gauzak (donde los persas tenían un templo dedicado al sol), Derkeveh, Urma, Saro...

                  El mismo Emperador Heraclio cruza las filas de sus tropas crucifijo en mano, prometiendo a los soldados la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Iglesia Católica; promesa que Dios tuvo a bien cumplir, ya que la derrota persa fue completa. Incluso los aliados del rey persa asesinaron a éste, que se negaba a negociar la paz, y pusieron a su hijo en su lugar, el cual capituló y devolvió las ciudades tomadas antes de la guerra, así como liberó a los cristianos cautivos y devolvió la Sagrada Reliquia de la Cruz.




                   Cuando el Emperador Heraclio regresó a Constantinopla con la Santa Cruz, la ciudad la recibió con un júbilo sin parangón. De esa alegría sin par que llenó el alma de miles y miles de Cristianos que adoraron la Preciosa Reliquia; quedó establecida la Celebración de la Exaltación de la Santa Cruz.

                  A pesar de lo mucho que había costado recuperarla, Heraclio quiso devolverla a Jerusalén y lo quiso hacer él mismo. Así, otra vez en la Ciudad Santa, decidió cargarla personalmente hasta el Monte Calvario y claro está, para ceremonia tan importante, quiso lucir sus mejores galas. Sin embargo, cuando se disponía a ascender camino del monte donde Nuestro Señor fue crucificado, sus pies quedaron inmóviles, siéndole imposible dar un paso. 

                  Entonces, el Obispo Modesto, Patriarca de Jerusalén, recordó al Emperador Heraclio que Cristo había subido al Calvario pobre, con apenas unos harapos y escarnecido por sus enemigos. El Emperador entendió y sin vacilar, se desprendió de sus galas y su corona, cargó de nuevo con la Santa Cruz y esta vez sí pudo ascender hasta llegar al lugar bendito de la Redención, donde el Patriarca impartió la bendición con la Sagrada Reliquia de la Cruz.


DEVOCIÓN DE "LOS MIL JESÚS"

               "El Nombre de Jesús es la más corta, la más fácil, la más poderosa de todas las plegarias. Nuestro Señor nos dice que podemos pedir al Padre en Su Nombre, por ejemplo, en el Nombre de Jesús, y recibiremos. Todas las veces que decimos ''Jesús", estamos diciendo una fervorosa oración por todo, todo lo que necesitamos"Padre Paul O´Sullivan



Toca sobre la imagen para verla en su tamaño original;
se recomienda imprimirla a doble cara, sin fines de lucro



sábado, 3 de mayo de 2025

DEBEMOS GLORIARNOS EN LA CRUZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

 

"Nosotros debemos gloriarnos
 en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, 
en quien está nuestra salud, 
nuestra vida y nuestra resurrección, 
y por quien hemos sido salvados y redimidos."

(El Apóstol San Pablo a los Gálatas, capítulo 6, versículo 14 )



Cuando Yo sea levantado, 
entonces atraeré a todos hacia Mí...

Evangelio de San Juan, cap. 12, vers. 32


               El título de esta conmemoración, proviene del verbo latino "invenio", que se traduce como hallar o encontrar.

               En el sexto año de su reinado, el Emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. 

               Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vinces ("Con esta señal vencerás"). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad a la multitud enemiga. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias en Roma y Trier.

               No tardó en enviar a su piadosa madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo; esto acaeció alrededor del año 320. Una vez en la Ciudad Santa, la Santa Emperatriz Elena, mandó llamar a los más sabios y hasta se valió de torturas para conseguir la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz.

               En el monte donde la tradición situaba el Calvario, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera, y siguiendo el consejo del Obispo de Jerusalén, San Macario, las colocaron una a una sobre un joven muerto (otras versiones especulan que fuese una mujer gravemente enferma) el cual resucitó al serle impuesta la tercera, por lo que enseguida todos entendieron que se trataba de la de Nuestro Señor Jesucristo. 

               Allí mismo mandaría edificar Santa Elena la Basílica del Santo Sepulcro, como desagravio por el templo que  habían dedicado a Venus anteriormente y que fue demolido en pro del Cristianismo. A esta ejemplar monarca, debemos también la recuperación del Huerto de Getsemaní, la construcción de una iglesia cerca de la actual Basílica de la Natividad, otra sobre el Monte de la Ascensión, así como otros templos en la región de Palestina, alrededor de un total de ochenta edificaciones.




               Dios se ha complacido en dar tanto poder a la Santa Cruz que a su sola señal los demonios vuelan; por ella el Sacerdote bendice a los fieles y los devotos reciben abundantes gracias. Los primeros Cristianos le tenían tanta devoción que, según los antiguos Padres, nunca comenzaban ninguna acción sin antes hacer sobre sí mismos la señal de la cruz. En la Edad Media no se comenzaba a escribir ninguna escritura pública, inscripción, ley, etc., sin antes trazar sobre ella la señal de la cruz. Este signo fue aceptado como la firma de los incultos; a menudo precedía al de los eclesiásticos, y en muchos distritos rurales incluso la masa y el pan se marcaban con una cruz antes de hornearlos.


La Tradicional Devoción de
Los Mil Jesús
(edición para imprimir)





sábado, 14 de septiembre de 2024

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ


"Nos autem praedicamus Christum crucifixum, 
iudaeis quidem scandalum, gentibus autem stultitiam"

   



              El Rey de Persia, Cosroe, declara la guerra al Imperio Romano de Oriente ( Imperio Bizantino con sede en Constantinopla ) en el año 604. El Senado de la ciudad nombra Emperador a Heraclio, que de entrada busca la paz con los enemigos. Así, el general Ramiozán, de las huestes del rey persa, se apodera de la Ciudad Santa, Jerusalén, comete el sacrilegio de destruir el Santo Sepulcro y roba impunemente el trozo de la Verdadera Cruz de Nuestro Señor que Santa Elena había guardado en un relicario de plata.


              De los testimonios de aquél sacrílego acto de tomar Jerusalén, se dice que "De los prisioneros cristianos que quedaron en poder de los vencedores, unos fueron entregados al furor de los judíos, que los sacrificaron cruelmente, y otros fueron conducidos a Persia en unión del botín y de la Santa Reliquia. Entre los prisioneros se halaba el Patriarca de Jerusalén, Zacarías."

              La noticia conmociona a la Cristiandad, que rápidamente crea un ejército -a modo de Cruzada- para liberar a los hermanos cautivos, al Patriarca y sobre todo, la Sagrada Reliquia de la Cruz de Nuestro Señor. El valiente y creyente ejército se adentró en Persia, tomando las ciudades de Gauzak (donde los persas tenían un templo dedicado al sol ), Derkeveh, Urma, Saro...

             El mismo Emperador Heraclio cruza las filas de sus tropas crucifijo en mano, prometiendo a los soldados la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Iglesia Católica; promesa que Dios tuvo a bien cumplir, ya que la derrota persa fue completa. Incluso los aliados del rey persa asesinaron a éste, que se negaba a negociar la paz, y pusieron a su hijo en su lugar, el cual capituló y devolvió las ciudades tomadas antes de la guerra, así como liberó a los cristianos cautivos y devolvió la Sagrada Reliquia de la Cruz.


             Cuando el Emperador Heraclio regresó a Constantinopla con la Santa Cruz, la ciudad la recibió con un júbilo sin parangón. De esa alegría sin par que llenó el alma de miles y miles de cristianos que adoraron la Preciosa Reliquia, quedó establecida la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz.


              A pesar de lo mucho que había costado recuperarla, Heraclio quiso devolverla a Jerusalén y lo quiso hacer él mismo. Así, otra vez en la Ciudad Santa, decidió cargarla personalmente hasta el Monte Calvario y claro está, para ceremonia tan importante, quiso lucir sus mejores galas. Sin embargo, cuando se disponía a ascender camino del monte donde Nuestro Señor fue crucificado, sus pies quedaron inmóviles, siéndole imposible dar un paso. 




El mayor fragmento de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo se venera en 
el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, Cantabria (España). Las medidas del 
Leño Santo son de 63, 5 cm. el palo vertical, 39,3 cm. el travesaño y 3,8 cm. de grosor 



              El Patriarca, le recordó entonces que Cristo había subido al Calvario pobre, con apenas unos harapos y escarnecido por sus enemigos. El Emperador entendió y sin vacilar, se desprendió de sus galas y su corona, cargó de nuevo con la Santa Cruz y esta vez sí pudo ascender hasta llegar al lugar bendito de la Redención, donde el Patriarca de Jerusalén impartió la bendición la Sagrada Reliquia de la Cruz.

               Con el tiempo, la Santa Cruz sería dividida para poder así ser repartida por todo el orbe católico; algunas veces en pequeñas astillas (reliquias mínimas); en otras ocasiones los trozos serían más grandes, para ir colocados en bellos relicarios o en la cruz pectoral de algún piadoso Obispo. Por último, existen reliquias notables, de tamaño considerable, algunas se veneran en Roma pero la reliquia insigne, el trozo más grande de la Santa Cruz de Nuestro Señor se venera en España, en Cantabria.

               Fue Santo Toribio de Astorga, un importante Obispo, el que estando en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo, obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes, donde en la actualidad se sigue venerando por parte de los fieles que allí acuden en peregrinación.




Detalles del Santo Lignum Crucis de Liébana








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jueves, 14 de septiembre de 2023

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 

"Prótege, Dómine, plebem Tuam 
per Signum Sanctae Crucis, 
ab ómnibus insídiis inimicórum ómnium" 



NADA SERVIRÁ SIN EL AMOR
A LA SANTA CRUZ
por el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira


               El Evangelio nos descubre con la mayor evidencia cuánto se compadece la Misericordia de Nuestro Divino Salvador con nuestros dolores de alma y del cuerpo. Basta considerar los asombrosos milagros de Su Omnipotencia practicados tantas veces para mitigarlos.

               Sin embargo, no imaginemos que ese combate al dolor haya sido el mayor beneficio dispensado por Él a los hombres en esta vida terrena.

               No comprendería la Misión de Cristo ante los hombres quien cerrase los ojos al hecho central, de que Él es Nuestro Redentor y que quiso padecer cruelísimos dolores para redimirnos.

               Hasta en el auge de Su Pasión, por un mero acto de Su Divina Voluntad, Nuestro Señor podría haber hecho cesar instantáneamente todos esos dolores. Desde el primer instante de Su Pasión hasta el último, Él podría haber ordenado que Sus Llagas se cicatrizasen, Su Sangre Preciosa dejase de correr, los golpes recibidos por Él dejasen de mantener cicatrices en Su Divino Cuerpo y, por fin, una victoria brillante y jubilosa cortara el paso, bruscamente, a la persecución que lo iba arrastrando hasta la muerte.

               No obstante, Él no lo quiso. Por el contrario, quiso dejarse arrastrar por la Vía Dolorosa hasta lo alto del Gólgota, quiso ver a Su Madre Santísima entregada al auge del dolor y, finalmente, quiso gritar, de manera que lo oyesen hasta el fin de los siglos, estas palabras lancinantes: “Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has abandonado?” (Evangelio de San Mateo, cap. 27, vers. 46).

               Por estos hechos comprendemos que, al darnos la gracia de ser llamados para que cada cual padezca con Él una porción de Su Pasión, dejaba claro el papel inigualable de la Cruz en la vida de los hombres, en la Historia del mundo y en Su glorificación.

               Al invitarnos a padecer los dolores de la vida presente, no pensemos que Él haya querido dispensarnos, a cada cual, de pronunciar en el último trance Su consummatum est — “todo está consumado” (Evangelio de san Juan, cap. 19, vers. 30).

              Sin la comprensión de la Cruz, sin el amor a la Cruz, sin haber pasado cada cual por su Vía Crucis, no habremos cumplido los designios de la Providencia a nuestro respecto. Y, al morir no podremos hacer nuestra la sublime exclamación de San Pablo: “Combatí el buen combate, he concluido la carrera, he guardado la Fe. Nada me resta sino aguardar la corona de Justicia que me está reservada, y que me dará el Señor en aquel día, como justo Juez” (2 Carta de San Pablo a Timoteo, cap. 4, vers. 7-8).



               Toda y cualquier cualidad, por más eximia que sea, de nada servirá si no hubiese en todas las almas, como un cimiento, el amor a la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Con tal amor todo lo conseguiremos, aunque nos pese el fardo sagrado de la pureza y de otras virtudes, los ataques y los escarnios incesantes de los enemigos de la Fe, las traiciones de los falsos amigos.

               El gran fundamento, el máximo fundamento de la Civilización Cristiana está en que todos los hombres ejerciten generosamente el amor a la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.


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miércoles, 14 de septiembre de 2022

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ


"Nos autem gloriari opórtet 
in Cruce Dómini nostri Iesu Christi"

"Debemos gloriarnos 
en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo"

San Pablo a los Gálatas, cap. 6, vers. 14

   


              El Rey de Persia, Cosroe, declara la guerra al Imperio Romano de Oriente ( Imperio Bizantino con sede en Constantinopla ) en el año 604. El Senado de la ciudad nombra Emperador a Heraclio, que de entrada busca la paz con los enemigos. Así, el general Ramiozán, de las huestes del rey persa, se apodera de la Ciudad Santa, Jerusalén, comete el sacrilegio de destruir el Santo Sepulcro y roba impunemente el trozo de la Verdadera Cruz de Nuestro Señor que Santa Elena había guardado en un relicario de plata.


              De los testimonios de aquél sacrílego acto de tomar Jerusalén, se dice que "De los prisioneros cristianos que quedaron en poder de los vencedores, unos fueron entregados al furor de los judíos, que los sacrificaron cruelmente, y otros fueron conducidos a Persia en unión del botín y de la Santa Reliquia. Entre los prisioneros se halaba el Patriarca de Jerusalén, Zacarías."

              La noticia conmociona a la Cristiandad, que rápidamente crea un ejército -a modo de Cruzada- para liberar a los hermanos cautivos, al Patriarca y sobre todo, la Sagrada Reliquia de la Cruz de Nuestro Señor. El valiente y creyente ejército se adentró en Persia, tomando las ciudades de Gauzak (donde los persas tenían un templo dedicado al sol ), Derkeveh, Urma, Saro...

             El mismo Emperador Heraclio cruza las filas de sus tropas crucifijo en mano, prometiendo a los soldados la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Iglesia Católica; promesa que Dios tuvo a bien cumplir, ya que la derrota persa fue completa. Incluso los aliados del rey persa asesinaron a éste, que se negaba a negociar la paz, y pusieron a su hijo en su lugar, el cual capituló y devolvió las ciudades tomadas antes de la guerra, así como liberó a los cristianos cautivos y devolvió la Sagrada Reliquia de la Cruz.


             Cuando el Emperador Heraclio regresó a Constantinopla con la Santa Cruz, la ciudad la recibió con un júbilo sin parangón. De esa alegría sin par que llenó el alma de miles y miles de cristianos que adoraron la Preciosa Reliquia, quedó establecida la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz.


              A pesar de lo mucho que había costado recuperarla, Heraclio quiso devolverla a Jerusalén y lo quiso hacer él mismo. Así, otra vez en la Ciudad Santa, decidió cargarla personalmente hasta el Monte Calvario y claro está, para ceremonia tan importante, quiso lucir sus mejores galas. Sin embargo, cuando se disponía a ascender camino del monte donde Nuestro Señor fue crucificado, sus pies quedaron inmóviles, siéndole imposible dar un paso. 


              El Patriarca, le recordó entonces que Cristo había subido al Calvario pobre, con apenas unos harapos y escarnecido por sus enemigos. El Emperador entendió y sin vacilar, se desprendió de sus galas y su corona, cargó de nuevo con la Santa Cruz y esta vez sí pudo ascender hasta llegar al lugar bendito de la Redención, donde el Patriarca de Jerusalén impartió la bendición la Sagrada Reliquia de la Cruz.




               Con el tiempo, la Santa Cruz sería dividida para poder así ser repartida por todo el orbe católico; algunas veces en pequeñas astillas (reliquias mínimas); en otras ocasiones los trozos serían más grandes, para ir colocados en bellos relicarios o en la cruz pectoral de algún piadoso Obispo. Por último, existen reliquias notables, de tamaño considerable, algunas se veneran en Roma pero la reliquia insigne, el trozo más grande de la Santa Cruz de Nuestro Señor se venera en España, en Cantabria.

               Fue Santo Toribio de Astorga, el que estando en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo, obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la Cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes, donde en la actualidad se sigue venerando por parte de los fieles que allí acuden en peregrinación.



martes, 3 de mayo de 2022

LA INVENCIÓN DE LA SANTA CRUZ

 

               "Mientras guardamos esta fiesta, somos exaltados con el Cristo crucificado, dejando atrás la tierra y el pecado para que podamos ganar las cosas de arriba. Una posesión tan grande y sobresaliente es la Cruz que quien la gana ha ganado un tesoro. Con razón podría llamar a este tesoro la más bella de todas las cosas bellas y la más costosa, tanto de hecho como de nombre, porque en él, por él y por él se nos devolvieron las riquezas de salvación que se habían perdido".


San Andrés de Creta



Cuando Yo sea levantado, 
entonces atraeré a todos hacia Mí...

Evangelio de San Juan, cap. 12, vers. 32


               El título de esta conmemoración, proviene del verbo latino "invenio", que se traduce como hallar o encontrar.

               En el sexto año de su reinado, el Emperador Constantino se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio. Se considera imposible la victoria a causa de la magnitud del ejército enemigo. 

               Una noche Constantino tiene una visión: en el cielo se apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vinces ("Con esta señal vencerás"). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad a la multitud enemiga. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias en Roma y Trier.

               No tardó en enviar a su piadosa madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo; esto acaeció alrededor del año 320. Una vez en la Ciudad Santa, la Santa Emperatriz Elena, mandó llamar a los más sabios y hasta se valió de torturas para conseguir la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz.

               En el monte donde la tradición situaba el Calvario, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de ellas era la verdadera, y siguiendo el consejo del Obispo de Jerusalén, San Macario, las colocaron una a una sobre un joven muerto (otras versiones especulan que fuese una mujer gravemente enferma) el cual resucitó al serle impuesta la tercera, por lo que enseguida todos entendieron que se trataba de la de Nuestro Señor Jesucristo. 

               Allí mismo mandaría edificar Santa Elena la Basílica del Santo Sepulcro, como desagravio por el templo que  habían dedicado a Venus anteriormente y que fue demolido en pro del Cristianismo. A esta ejemplar monarca, debemos también la recuperación del Huerto de Getsemaní, la construcción de una iglesia cerca de la actual Basílica de la Natividad, otra sobre el Monte de la Ascensión, así como otros templos en la región de Palestina, alrededor de un total de ochenta edificaciones.




               Dios se ha complacido en dar tanto poder a la Santa Cruz que a su sola señal los demonios vuelan; por ella el Sacerdote bendice a los fieles y los devotos reciben abundantes gracias. Los primeros Cristianos le tenían tanta devoción que, según los antiguos Padres, nunca comenzaban ninguna acción sin antes hacer sobre sí mismos la señal de la cruz. En la Edad Media no se comenzaba a escribir ninguna escritura pública, inscripción, ley, etc., sin antes trazar sobre ella la señal de la cruz. Este signo fue aceptado como la firma de los incultos; a menudo precedía al de los eclesiásticos, y en muchos distritos rurales incluso la masa y el pan se marcaban con una cruz antes de hornearlos.



martes, 14 de septiembre de 2021

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 


               Cuenta la Historia que Cosroes II, rey persa de la dinastía de los sasánidas, que accedió al trono de manos del emperador bizantino Mauricio, rompió la alianza entre ambos imperios al ser asesinado dicho emperador y toda su familia por Focas, en noviembre del año 602, y aprovechó para atacar al imperio bizantino, reconquistando la provincia de Mesopotamia, tomando Damasco en el año 613, y Jerusalén en el año 614, causando graves daños a la Iglesia del Santo Sepulcro y llevándose consigo la Vera Cruz como trofeo que, se dice, colocó en el escabel de su trono para demostrar su desprecio por los Cristianos. 

               Mientras tanto, depuesto y ejecutado el Emperador Focas por Heraclio, que fue proclamado Emperador del Imperio Bizantino en el año 610, comenzó una serie de campañas contra el imperio persa, al principio desastrosas, pues los persas conquistaron Palestina y Egipto, devastaron Anatolia, y llegaron hasta las misma puertas de Constantinopla; acordada la paz a cambio de onerosas condiciones - un tributo anual de mil talentos de oro, mil talentos de plata, mil vestidos de seda, mil caballos y mil vírgenes para el rey persa -, el emperador Heraclio la utilizó para reconstruir el ejercito imperial, y el 5 de Abril del año  622 partió de Constantinopla, agrupó sus fuerzas en Asia Menor, y lanzó una nueva contraofensiva que, en sucesivas campañas a lo largo de varios años, le llevó hasta las mismas puertas de Ctesifonte, la capital del imperio persa; el rey Cosroes II fue depuesto y asesinado tras un golpe de estado dirigido por su hijo Kavdad II que inmediatamente buscó un acuerdo de paz, aceptando la retirada de todos los territorios ocupados, un golpe del que el imperio persa ya no se recuperó.

               La Santa Cruz fue recuperada, y restaurada a su ubicación en Jerusalén en el año 630, en una ceremonia majestuosa en la que el emperador Heraclio, con toda la pompa propia del esplendor imperial bizantino, quiso cargar con la Vera Cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó avanzar hacia el recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. 

               El Patriarca de Jerusalén, Zacarías, que iba a su lado, le indicó que todo aquel esplendor imperial era contrario a la humildad y dolores de Cristo Nuestro Señor cuando iba cargando con la Bendita Cruz por el Vía Crucis; Heraclio comprendió y se humilló, despojado de su atuendo imperial, depuesta la majestad de sus mantos y de su corona, con ceniza en la cabeza, sayal de penitente y descalzo, la Santa Cruz se volvió ligera en sus brazos y pudo entonces avanzar sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la Cruz en el sitio donde había sido venerada antes del saqueo.


Himno Vexilla Regis

compuesto en el año 569 
por San Venancio Fortunato


Vexilla regis prodeunt:

fulget Crucis mysterium,

quo carne carnis conditor,

suspensus est patibulo.

Vexilla regis prodeunt:

fulget Crucis mysterium,

qua vita mortem pertulit,

et morte vitam protulit.

Impleta sunt quae concinit

David fideli carmine,

dicendo nationibus :

Regnavit a ligno Deus.

Quo vulneratus insuper

mucrone diro lanceae,

ut nos lavaret crimine,

manavit unda sanguine.

Beata, cuius brachiis

sæculi pependit pretium;

statera facta est corporis

prædam tulitque tartari.

O Crux, ave, spes unica,

hoc passionis tempore:

adauge piis gratiam,

reisque dele crimina.

Arbor decora fulgida

ornata regis purpura,

electa digno stipite,

tam sancta membra tangere.

Te, fons salutis, Trinitas,

collaudet omnis spiritus;

quos per crucis mysterium

salvas fove per sæcula. 

Amen.

Te, fons salutis, Trinitas,

collaudet omnis spiritus;

quibus Crucis victoriam

largiris adde proemium

Amen.





TRADUCCIÓN


                 Las banderas del Rey avanzan: resplandece el misterio de la Cruz, donde el creador de la carne, está suspendido en carne en un patíbulo.

                 Las banderas del Rey avanzan: resplandece el misterio de la Cruz, sobre ella la vida soportó la muerte y con la muerte llegó la vida.

                 Se cumplieron ya de David sus proféticos cantares en los que dijo a las naciones: reinó Dios desde un madero.

                 Donde herido además por la punta terrible de la lanza, para lavarnos de la acusación, manó agua con sangre.

                 Dichosa tú, de cuyos brazos, estuvo pendiente el rescate del mundo; se hizo balanza de su propio cuerpo y arrebató la presa del infierno.

                 Salve, oh Cruz, esperanza única, en este tiempo de pasión: aumenta a los justos la santidad y a los reos borra sus culpas.

                 Oh árbol bello y refulgente hermoseado con la púrpura del Rey, escogido del más digno tronco, para tocar tan santos miembros.

                ¡Oh Trinidad, fuente de salvación!, que todo espíritu te alabe; a los que por el misterio de la Cruz salvas, guárdalos del mal por siempre. Así sea.

                 ¡Oh Trinidad, fuente de salvación!, que todo espíritu te alabe; y a los que haces partícipes de la victoria de la Cruz. Dales su recompensa. Así sea.





EL MISTERIO DE LA CRUZ
EN LA DOCTRINA DE LOS SANTOS


               "En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la Cruz." Tertuliano

               "Haced la señal de la Cruz al comer, al beber, cuando os sentáis y cuando os acostáis, y para decirlo en una palabra, en todos tiempos y en todas ocasiones." San Cirilo de Jerusalén

               "Si eres tentado, persígnate la frente con piedad; ya que este es el Signo de la Pasión, conocido y experimentado contra el Diablo. Hazlo con Fe, no para ser visto por los hombres, sino para usarlo hábilmente, como un amparo. Ya que el Adversario, cuando ve la fuerza que surge del interior mismo del hombre, que animado por el Verbo refleja su imagen en el exterior, es alejado por el Espíritu que mora en su corazón. Para simbolizar esto, el Cordero Pascual se inmoló, y Moisés, con su sangre, roció y untó el umbral y los montantes de las puertas. Así demostraba la Fe que está ahora en nosotros, en el Cordero Perfecto, persignándonos la frente y los ojos con la mano, alejamos al que trata de exterminarnos." San Hipólito

                "Dobla la rodilla y adora conmovidso el venerable Madero de la Cruz; y orando con corazón humilde en la tierra empapada con la Sangre Inocente, derrámate en lágrimas." Diácono Rusticus

                "En la criba de los sufrimientos es donde se hace la separación del grano y de la paja: el que se inclina bajo la Cruz y se resigna amorosamente a la Voluntad de Dios, es el buen grano para el Cielo; y el que murmura, se irrita y se aleja por consiguiente del Buen Dios, es paja destinada al fuego." San Agustín de Hipona

                 "La Cruz es el bastón de nuestra peregrinación." Santa Catalina de Siena

                "La medida del poder llevar una Cruz grande o pequeña es la del Amor". Santa Teresa de Jesús

                "Si quieres poseer a Cristo no le busques nunca sin la Cruz." San Juan de la Cruz 

               "Vivir de Amor no es en la cima del Tabor su tienda plantar el peregrino de la vida. Es subir al Calvario siguiendo las huellas de Jesús, y valorar la Cruz como un tesoro." Santa Teresita de Lisieux

                "No queráis huir de aquella Cruz que Dios os manda, porque de seguro tropezaréis con otra mayor." San Felipe Neri

                "Fuera de la Cruz no hay camino por donde pueda subirse al Cielo". Santa Rosa de Lima 

               "En la cama, con mi Cruz, soy más feliz que una reina en su trono". Santa Bernarda de Lourdes  

                "No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de Nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la Cruz Victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado". Papa Pío XII

               "La Cruz es la bandera de los elegidos. No nos separemos de ella y cantaremos victoria en toda batalla". Padre Pío de Pieltrecina