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martes, 12 de agosto de 2025

LA FE PURA E INMACULADA: EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA HA SIDO CONSTITUIDO POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



                    ...En medio de tal confusión de opiniones, nos es de algún consuelo ver a los que hoy no rara vez, abandonando las doctrinas de Racionalismo en que antes se habían formado, desean volver a las fuentes de la Verdad revelada, y reconocer y profesar la Palabra de Dios, conservada en la Sagrada Escritura como fundamentos de la Teología. Pero al mismo tiempo lamentamos que no pocos de ésos, cuanto con más firmeza se adhieren a la Palabra de Dios, tanto más rebajan el valor de la razón humana; y cuanto con más entusiasmo realzan la Autoridad de Dios revelador, con tanta mayor aspereza desprecian el Magisterio de la Iglesia, instituido por Nuestro Señor Jesucristo para guardar e interpretar las Verdades revelada por Dios. Semejante desprecio no sólo se halla en abierta contradicción con la Sagrada Escritura, sino que se manifiesta en su propia falsedad por la misma experiencia. Porque con frecuencia hasta los mismos disidentes de la Iglesia se lamentan públicamente de la discordia entre ellos reinante en las cuestiones dogmáticas, de tal suerte que, aun no queriéndolo, se ven obligados a reconocer la necesidad de un Magisterio vivo.

                    En las materias de la Teología, algunos pretenden disminuir lo más posible el significado de los dogmas y librar el Dogma mismo de la manera de hablar tradicional ya en la Iglesia y de los conceptos filosóficos usados por los doctores católicos, a fin de volver, en la exposición de la Doctrina Católica, a las expresiones empleadas por las Sagradas Escrituras y por los Santos Padres. Así esperan que el Dogma, despojado de los elementos que llaman extrínsecos a la revelación divina, se pueda coordinar fructuosamente con las opiniones dogmáticas de los que se hallan separados de la Iglesia, para que así se llegue poco a poco a la mutua asimilación entre el Dogma Católico y las opiniones de los disidentes.

                    ...es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo Dogma en una caña agitada por el viento. Además de que el desprecio de los términos y nociones que suelen emplear los teóricos escolásticos conducen forzosamente a debilitar la teología llamada especulativa, la cual, según ellos, carece de verdadera certeza, en cuanto que se funda en razones teológicas.

                    Hay algunos que, de propósito y habitualmente, desconocen todo cuanto los Romanos Pontífices han expuesto en las Encíclicas sobre el carácter y la constitución de la Iglesia; y ello, para hacer prevalecer un concepto vago que ellos profesan y dicen haber sacado de los antiguos Padres, especialmente de los griegos. Y, pues los Sumos Pontífices, dicen ellos, no quieren determinar nada en la opiniones disputadas entre los teólogos, se ha de volver a las fuentes primitivas, y con los escritos de los antiguos se han de explicar las Constituciones y Decretos del Magisterio.

                    Afirmaciones éstas, revestidas tal vez de un estilo elegante, pero que no carecen de falacia. Pues es verdad que los Romanos Pontífices, en general, conceden libertad a los teólogos en las cuestiones disputadas —en distintos sentidos— entre los más acreditados doctores; pero la Historia enseña que muchas cuestiones que algún tiempo fueron objeto de libre discusión no pueden ya ser discutidas.

                    Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las Encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la Suprema Majestad de su Magisterio.

                    Pues son enseñanzas del Magisterio Ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: "El que a vosotros oye, a Mí me oye"; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya —por otras razones— al patrimonio de la Doctrina Católica. Y si los Sumos Pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos Pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos.


Papa Pío XII, extractos de la Encíclica 
"Humani Generis"12 de Agosto de 1950



miércoles, 7 de abril de 2021

LA FE ÍNTEGRA Y SINCERA, FUNDAMENTO Y RAÍZ DE LA CARIDAD...


               Ser Católico integrista significa defender la integridad del Dogma, afirmar todas y cada una de las Verdades de Fe que la Iglesia nos enseña; sea por su Magisterio Ordinario, sea por su Magisterio Extraordinario, con todo lo que significan estas verdades, con todas las consecuencias que se derivan de ellas.

               Católico integrista significa estar convencidos de que la Fe es Una, y que si se niega la más pequeña de las Verdades de Fe, o se la pone en duda, se las niega o pone en duda a todas.

               Ser Católico integrista significa adherir y prestar asentimiento interno a la totalidad del Magisterio de la Iglesia, también a su Magisterio político, con todas las consecuencias que se desprenden de esto. Significa tener como enemigo mortal al Liberalismo, y defender la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo.




               "Si alguno viene a Mí y no odia a su padre, y madre, y esposa, hijos, hermanos, hermanas y aun su propia alma, no puede ser Mi discípulo. Y si no toma su cruz y viene en pos de Mí, no puede ser Mi discípulo... Así, pues, aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que posee no puede ser Mi discípulo."

Evangelio de San Lucas, cap. 14, vers. 26-33

           "Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en vuestra casa, ni tan siquiera le saludéis..." 

II Carta de San Juan, cap. 1, vers. 10

          "...si nosotros mismos o un Ángel del Cielo les enseñamos una Doctrina diferente a esta que le hayamos predicado, que sea excomulgado".

San Pablo a los Gálatas, cap. 1, vers. 8

          "Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros (…) porque por la Fe Divina confesamos un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo. (…) Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia".

Papa León XII, Encíclica Ubi primum, 5 de Mayo de 1824

           "Está tan lejos de la divina inspiración el admitir error, que ella por sí misma no solamente lo excluye en absoluto, sino que lo excluye y rechaza con la misma necesidad con que es necesario que Dios, Verdad suma, no sea autor de ningún error." 

Papa León XIII, Encíclica Providentissimus Deus, 18 de Noviembre de 1893

          "...es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos Católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la Verdadera Fe y a la Unidad Católica pueden llegar a la Eterna Salvación. Lo que ciertamente se opone en sumo grado a la Doctrina Católica." 

Pío IX, Carta Encíclica Quanto confiamur moerore, 10 de Agosto de 1863

          "La Fe Católica es tal que nada se le puede añadir ni quitar: o la posee uno íntegra o no la posee de ninguna manera... Basta con decir: mi nombre es Cristiano y Católico mi apellido."

Benedicto XV, Ad Beatissimi Apostolorum, 1 de Noviembre de 1914

           "Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la Caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la Doctrina de Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis, siendo, pues, la Fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de Fe... 

          ....la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los Tiempos Apostólicos, si no queremos decir -y de ello estamos muy lejos- que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido Su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella..."

Encíclica Mortalium Animos, del Papa Pío XI, 6 de Enero de 1928

          "Oigan, pues, dócilmente todos los Cristianos la voz del Padre común, que desea ardientemente verlos unidos íntimamente a Él, acercándose al Altar de Dios, profesando la misma Fe, obedeciendo a la misma Ley, participando en el mismo Sacrificio con un solo entendimiento y una sola voluntad." 

Papa Pío XII, Encíclica Mediator Dei, 20 de Noviembre de 1947