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domingo, 26 de julio de 2026

SANTA ANA, MADRE DE LA PURÍSIMA VIRGEN MARÍA



                    Dice Jesús: - Los justos son siempre sabios, porque, siendo como son amigos de Dios, viven en Su compañía y reciben instrucción de Él, de Él que es Infinita Sabiduría. 

                    Mis abuelos eran justos; poseían, por tanto, la Sabiduría. Podían decir con verdad cuanto dice la Escritura cantando las alabanzas de la Sabiduría en el libro que lleva su nombre: "Yo la he amado y buscado desde mi juventud y procuré tomarla por esposa". 

                    Ana de Aarón era la mujer fuerte de que habla el Antepasado nuestro. Y Joaquín, de la estirpe del rey David, no había buscado tanto belleza y riqueza cuanto virtud. Ana poseía una gran virtud. Toda las virtudes unidas como ramo fragante de flores para ser una única, bellísima cosa, que era la Virtud, una virtud real, digna de estar delante del Trono de Dios. 

                    Joaquín, por tanto, había tomado por esposa dos veces a la Sabiduría "amándola más que a cualquier otra mujer": la Sabiduría de Dios contenida dentro del corazón de la mujer justa. Ana de Aarón no había tratado sino de unir su vida a la de un hombre recto, con la seguridad de que en la rectitud se halla la alegría de las familias. Y, para ser el emblema de la "mujer fuerte", no le faltaba sino la corona de los hijos, gloria de la mujer casada, justificación del vínculo matrimonial, de que habla Salomón; como también a su felicidad sólo le faltaban estos hijos, flores del árbol que se ha hecho uno con el árbol cercano obteniendo copiosidad de nuevos frutos en los que las dos bondades se funden en una, pues de su esposo nunca había recibido ningún motivo de infelicidad. 

                    Ella, ya tendente a la vejez, mujer de Joaquín desde hacía varios lustros, seguía siendo para éste "la esposa de su juventud, su alegría, la cierva amadísima, la gacela donosa", cuyas caricias tenían siempre el fresco encanto de la primera noche nupcial y cautivaban dulcemente su amor, manteniéndolo fresco como flor que el rocío refresca y ardiente como fuego que siempre una mano alimenta. 

                    Por tanto, dentro de su aflicción, propia de quien no tiene hijos, recíprocamente se decían "palabras de consuelo en las preocupaciones y fatigas". Y la Sabiduría Eterna, llegada la hora, después de haberlos instruido en la vida, los iluminó con los sueños de la noche, lucero de la mañana del poema de gloria que había de llegar a ellos, María Santísima, la Madre Mía. Si su humildad no pensó en esto, su corazón sí se estremeció esperanzado ante el primer tañido de la promesa de Dios. Ya de hecho hay certeza en las palabras de Joaquín: "Espéralo, espéralo... Persuadiremos a Dios con nuestro fiel amor". 

                    Soñaban un hijo, tuvieron a la Madre de Dios. Las palabras del libro de la Sabiduría parecen escritas para ellos: "Por ella adquiriré gloria ante el pueblo... por ella obtendré la inmortalidad y dejaré eterna memoria de mí a aquellos que vendrán después de mí". Pero, para obtener todo esto, tuvieron que hacerse reyes de una virtud veraz y duradera no lesionada por suceso alguno. Virtud de Fe. Virtud de Caridad. Virtud de Esperanza. Virtud de Castidad. 

                    ¡Oh, la castidad de los esposos! Ellos la vivieron, pues no hace falta ser vírgenes para ser castos. Los tálamos castos tienen por custodios a los Ángeles, y de tales tálamos provienen hijos buenos que de la virtud de sus padres hacen norma para su vida. Mas ahora ¿dónde están? Ahora no se desean hijos, pero no se desea tampoco la castidad. Por lo cual Yo digo que se profana el amor y se profana el tálamo.


"El Evangelio como me ha sido revelado", 
escrito por la mística María Valtorta
23 de Agosto de 1944



sábado, 25 de julio de 2026

APÓSTOL SANTIAGO, Glorioso Patrón de España



                    Santiago el Mayor fue uno de los tres Discípulos predilectos del Señor; su madre Salomé, pidió a Jesús Nuestro Señor que sus hijos Santiago y Juan ocupasen puestos destacados en Su Reino, momento que Jesús aprovechó para profetizar a ambos hermanos su Martirio; Santiago fue el privilegiado que asistió a la escena de la Transfiguración y que además fue admitido a presenciar la resurrección de la hija de Jairo; pero sin duda, el mayor gesto de amistad que tuvo Cristo con Santiago, fue cuando recibió el encargo de velar cerca del Maestro en la noche de Gethsemaní.

                    Santiago era natural de Betsaida, como Pedro y Andrés, y también como ellos, se dedicaba a la pesca en las aguas del lago de Genesareth, en compañía de su hermano Juan y de su padre Zebedeo. Un día estaban los dos hermanos remendando las redes, cuando acertó a pasar junto a ellos Jesús, y les dijo: "Venid en pos de Mí, Yo os haré pescadores de hombres". Y ellos, dejando las redes y la familia, le siguieron. Impetuosos y ardientes como el rayo, merecieron que el Maestro les bautizase con el nombre de Boanerges, es decir "Hijos del trueno". Cuando el Señor les preguntó si estaban dispuestos a beber Su cáliz, contestaron a una "Podemos", y desde entonces jamás desmintieron su palabra.

                    Después de la Resurrección de Nuestro Señor, Santiago predicó el Evangelio en Judea, Samaría y, según la venerable Tradición, también llegó a España en el año 36; piadosamente se cree que cuando el Apóstol estaba más desfallecido, recibió la visita en carne mortal de la Virgen María, que aún vivía en Jerusalén. Sería la primera Aparición Mariana reconocida, que tuvo lugar a orillas del río Ebro, en la actual Zaragoza, donde se edificó el primero de los muchos templos marianos de la Cristiandad. 

                    El Apóstol, de vuelta a Jerusalén en el año 42-44, sería martirizado por Herodes Agripa, que ordenó que el Discípulo fuese degollado; sus venerables restos serían trasladados a la que fue su patria evangelizada, España. Sus reliquias serían redescubiertas a principios del siglo IX, cerca de Iría, en Compostela (Campo de la estrella). A partir de la Edad Media, el sepulcro que contiene los venerables huesos del Apóstol, se convertiría en uno de los principales Santuarios de peregrinación del Orbe Católico.

                    Según la Tradición, en el transcurso de la Batalla de Clavijo (en la provincia de La Rioja), era el 23 de Mayo de 844, cuando en pleno combate, irrumpió en el campo de batalla la figura del Apóstol montado sobre un brioso caballo blanco, sosteniendo una espada y un estandarte. Inspiradas por la visión, las tropas cristianas lograron una victoria arrolladora (1).

                    El Papa Urbano VIII declaró oficialmente a Santiago Apóstol como el único Patrón de España en el año 1630.


NOTA 

                    1) “Yo, el rey Ramiro, confiando más en la Misericordia de Dios que en la multitud de mi ejército, una vez atravesadas las tierras intermedias, enderecé mi camino a Nájera, de donde pasé a un lugar que se llama Albelda. Pero, entretanto, los sarracenos, conociendo nuestra venida por los rumores que les llegaron, reunieron contra nosotros todos los de aquende el mar; y avisados por cartas y mensajeros los de allende nos acometieron todos con gran multitud y fuerzas muy poderosas […]. 

                    Cayendo muchos de los nuestros a causa de los pecados, maltrechos y heridos los demás, nos dimos a huir y sin orden llegamos al collado que llaman Clavijo […] y estando yo durmiendo, se dignó aparecérseme, en figura corporal, el bienaventurado Santiago […]. 

                    Poseído yo entonces de mayor asombro, que en modo extraordinario me produjeron tales palabras, el bienaventurado apóstol me dijo: […] Buen ánimo y ten valor, pues yo he de venir en tu ayuda y mañana, con el Poder de Dios, vencerás a toda esa gran muchedumbre de enemigos por quienes te ves cercado […] y para que no haya lugar a duda, tanto vosotros como los sarracenos, me veréis sin cesar vestido de blanco, sobre un caballo blanco, llevando en la mano un estandarte blanco […]. 

                    Armada ya y puesta nuestra gente en orden de batalla, entramos en lucha con los sarracenos y el bienaventurado apóstol de Dios se apareció como lo había prometido, instigando a ambos, pero realmente animando a nuestras huestes para el combate, y entorpeciendo y desbaratando a los contrarios”.  (Extraído de los documentos fundacionales del Voto de Santiago)



jueves, 16 de julio de 2026

NUESTRA MADRE Y SEÑORA LA VIRGEN DEL CARMEN

 


                   En un momento de gran aflicción para la Orden del Carmen, el entonces Superior de la misma, San Simón Stock, suplicó a la Madre de Dios que le diese una señal de Su protección. Y el día 16 de Julio de 1251, en el Monasterio de Cambridge, en el Reino Unido, la Santísima Virgen se le apareció con el Divino Niño Jesús y le presentó un Escapulario, prometiéndole que todos los que con él muriesen no padecerían el fuego eterno. “Es, pues, una señal de salvación, salvaguardia en los peligros, alianza de paz y de protección sempiterna”, dijo la Madre de Dios, según la versión que nos transmite el General Grossi en su "Viridarium", escrito entre 1413 y 1426. No serían pocos los que pronto quisieron aprovechar esta Revelación de Nuestra Señora, entre ellos el propio Rey Eduardo II y Enrique, Duque de Lancaster, que vistieron el Escapulario del Carmen hasta la muerte.

                   El sentido de esta Promesa es que la persona que muere con el Bendito Escapulario recibirá de la Virgen María, a la hora de la muerte, la perseverancia en el estado de gracia si está en él, o, en caso contrario, el don de la conversión y de la perseverancia final.

                   La predilección de María Santísima por el Carmen fue confirmada de modo aún más maternal cuando se apareció al futuro Papa Juan XXII, entonces Cardenal Duèze, en Avignon, Francia. Allí Nuestra Señora, ampliaría la Promesa de salvación para los que vistiesen Su Escapulario, ya que le aseguró al futuro Papa que Ella daría una especial asistencia no sólo en esta vida, sino incluso más allá de ella, diciendo que los libraría del Purgatorio el primer Sábado después de su muerte.



CONDICIONES PARA RECIBIR EL BENDITO ESCAPULARIO

                   1ª- Que el Escapulario sea como prescribe la Iglesia, es decir, hecho con dos pedazos de lana (y no de otro material) unidos entre sí por cordones, de forma cuadrangular o rectangular y de color marrón.

                  2ª- Haber  recibido debidamente el Escapulario, es decir, impuesto por un sacerdote con poder para tal (actualmente cualquier sacerdote con uso legítimo de órdenes tiene ese poder).

                   3ª- Que una parte caiga sobre el pecho y otra sobre la espalda. (No es válido llevarlo en el bolsillo o carter

                   4ª- Guardar la castidad cada uno según su estado (perfecta para los solteros y matrimonial para los casados).

                   5ª- Rezar las oraciones prescritas: el Oficio Parvo de la Virgen o en su defecto, el rezo diario del Santo Rosario (al menos 5 Misterios).

                  6ª- OPCIONAL: guardar los días de ayuno propios de la Orden Carmelita, como son los Miércoles, Viernes y Sábados, aparte de la abstinencia de la carne; esta última condición no es obligatoria para los seglares, si bien pueden seguirla según sus circunstancias personales y siempre que cuenten con el beneplácito de un Director y no comprometan la salud corporal.




EL ESCAPULARIO DEL CARMELO ES SÍMBOLO DE LA
CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

                  En Sus recientes Manifestaciones, Nuestra Santa Madre ha querido recordar de alguna manera Su amor por el Escapulario; así por ejemplo la última Aparición de la Virgen en Lourdes tuvo lugar el 16 de Julio de 1858, Festividad del Carmen; también en Fátima, narra Sor Lucía Dos Santos que vio a Nuestra Señora en la Aparición del 13 de Octubre, vestida con el hábito del Carmelo; en 1961, sería en San Sebastián de Garabandal en donde la Madre de Dios volvería a manifestarse, con un Escapulario marrón pendiente del brazo...

                  Estas continuas referencias a Su Bendito Escapulario demuestran que la Virgen María desea que sigamos usando el Escapulario, como medio seguro de entregarnos a Ella y defensa contra los enemigos del alma. Así pues, el Escapulario no sólo es un sacramental, sino un símbolo tangible, una prueba palpable de nuestro amor y entrega a Nuestra Santa Madre, como lo sentenciaría el Papa Pío XII a mediados del siglo pasado:

                  "Todos los Carmelitas que forman por un especial vínculo de amor la misma familia de la Santísima Madre, reconozcan en este memorial de la Virgen (el Bendito Escapulario) un espejo de humildad y castidad; vean en la forma sencilla de su hechura un compendio de modestia y candor; vean sobre todo en esa librea que visten día y noche significada con simbolismo elocuente la oración con la cual invocan el auxilio divino; reconozcan, por fin en ella su Consagración al Corazón Sacratísimo de la Virgen Inmaculada..." (Pío XII, 11 de Febrero de 1950) 

                  Palabras claras del Papa, que serían confirmadas por la vidente de Fátima, Lucía Dos Santos:  "...ahora el Santo Padre lo ha afirmado así al mundo entero, diciendo que el Escapulario es signo de Consagración al Inmaculado Corazón. El Rosario y el Escapulario son inseparables" (Sor Lucía de Fátima, en una entrevista con el Padre Fray Howard Rafferty, O.C.D, el 15 de Agosto de 1950)




EL ESCAPULARIO DEL CARMEN, FUENTE DE INDULGENCIAS

              Indulgencias que podemos conseguir los que llevamos impuesto el Escapulario del Carmen y que podemos aplicar en favor de las Benditas Ánimas del Purgatorio:

             A) Indulgencias Plenarias

     1. El día que se impone el Escapulario y el que es inscrito en la Tercera Orden o Cofradía.

     2. En estas Fiestas de la Orden Carmelita:

a) Virgen del Carmen (16 de Julio)
b) San Simón Stock (16 de Mayo)
c) San Elías Profeta (20 de Julio)
d) Santa Teresa de Jesús (15 de Octubre)
e) Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (3 de Octubre)
f) San Juan de la Cruz (14 de Diciembre)
g) Todos los Santos Carmelitas (14 de Noviembre).

             B) Indulgencia Plenaria el día de Nuestra Señora del Carmen, 16 de Julio, o en la fecha que exactamente se celebre, tiene concedida una indulgencia plenaria.

             C) Indulgencia parcial: Se gana indulgencia parcial por vestir a diario el Santo Escapulario. Se puede obtener indulgencias además por por besarlo, así como por cualquier otro acto de afecto y devoción. Y no sólo al Escapulario Tradicional, el de tela, sino también a la medalla-escapulario.

    

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jueves, 2 de julio de 2026

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA A SANTA ISABEL


                    La Fiesta de la Visitación es de origen franciscano, fue iniciativa del Doctor San Buenaventura; la instituyó el Papa Urbano VI en 1389 para impetrar el Cisma de Occidente; al año siguiente, el  nuevo Papa, Bonifacio IX promulgó la Bula Superni benignitas Conditoris,  con la cual extendía a toda la Iglesia la nueva festividad mariana.


            Porque ninguna cosa será imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la Esclava del Señor; hágase Conmigo conforme a tu palabra. Y el Ángel se fue de Su presencia.

            En esos días María se levantó y fue apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y aconteció que cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre; e Isabel fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz y dijo: 

            ¡Bendita Tú entre las mujeres, y bendito el fruto de Tu vientre! ¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí?. Porque he aquí, apenas la voz de tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de gozo en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó que tendrá[ab] cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor. 

            Entonces María dijo: Mi Alma engrandece al Señor, y Mi Espíritu se regocija en Dios Mi Salvador.


Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 37-47



                    Al mismo tiempo que el Ángel anunció a María la Encarnación del Hijo de Dios, le dio parte del preñado a Su prima Santa Isabel, que, aunque estéril y de edad muy avanzada, tenía en su vientre seis meses, había un hijo milagroso destinado a ser precursor del verdadero Mesías. 

                    Llenó de gozo a la Virgen esta noticia; y considerando la fortuna de aquella dichosa mujer escogida de Dios para madre del precursor de Su amantísimo Hijo, la obligación que tenía de ir cuanto antes a darle el parabien de aquella dicha, los vivos deseos que sentía de servirla, y dándole el Señor un claro conocimiento de las maravillas que quería obrar por Ella en aquella misteriosa visita, partió sin dilación para hacerla en aquel mismo día; porque como dice San Ambrosio, la caridad no sufre tardanzas ni dilaciones. 

                    El camino era dilatado y penoso; y había que viajar desde Nazaret a Hebron, ciudad sacerdotal situada en la parte meridional de Judá, sobre unas escarpadas montañas, a diez o doce leguas de Jerusalen, a treinta y ocho o cuarenta de Nazaret. No era viaje fácil a una doncella tan tierna como la Santísima Virgen; pero el celo y la caridad le allanaron las dificultades, sin acobardarla las fatigas del camino, porque toda Su ansia era seguir la divina inspiración y publicar las grandezas del Señor, como dice el mismo San Ambrosio.

                    Habiendo llegado a Hebrón, se encaminó directamente a la casa de Zacarías, a cuya puerta encontró a su prima que salía a recibirla. Abrazóla tiernamente, saludándola y apenas despegó los labios, cuando el niño de seis meses, que estaba en las entrañas de Isabel, se halló de repente iluminado con una luz celestial; conoció perfectamente la majestad y la grandeza de los huéspedes que le hacían tanta honra, y desde la oscura prisión del materno albergue, ya que no podía hablar, adoró a Jesús como pudo, dando dentro de él un prodigioso salto en señal, dice San Pedro Crisólogo, de su respeto y de su gozo. 

                    Notó Isabel tan alegre movimiento, y comunicándose en el mismo instante a la madre la luz sobrenatural que alumbraba al hijo, conoció el incomprensible Misterio de la Encarnación del Verbo, de manera que llena su alma del Espíritu Santo, no cabiendo el gozo en las estrechas márgenes del pecho, comenzó a exclamar en alta voz: "Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre." ¿De dónde a mí tanta dicha, que venga a visitarme la Madre de mi Dios y Señor? Favor que no soy capaz de agradecer dignamente, dejándome tan llena de asombro como de confusión. El mismo niño que tengo en mis entrañas ha conocido cuánto vale Tu celestial Presencia, saltando de alegría dentro de ellas luego que llegaron a  mis oídos las primeras palabras de Tu dulce salutación. Dichosa mil veces Tú, querida prima mía, que con noble sencillez y sin dar lugar a la menor duda, creíste humildemente cuando el Ángel Te anunció de parte de Dios. Sí por cierto, porque el Todopoderoso, que comenzó en Ti cosas tan grandiosas y tan altas, las acabará y las perfeccionará, como Tú lo has esperado. Él Te empeñó Su Palabra, pues Él Te la cumplirá.

                    La respuesta de la Virgen fue humilde y modesta. Ocultando cuanto podía ceder en su alabanza, rindió al Señor la Gloria de todo, y solo trató de lo obligada que estaba a Su Beneficencia. Animada del Espíritu Santo, de que estaba llena, prorrumpió entonces en aquel divino cántico, el primero del Nuevo Testamento, el cual solo hace infinitas ventajas a todos los del Antiguo; y tanto por el espíritu de devoción que respira en cada sílaba, como por la noble elevación de los pensamientos y por la majestuosa soberanía del estilo, es el más precioso monumento de la profunda humildad de María, el acto más auténtico y perfecto reconocimiento y el modelo más excelente para dar gracias al Cielo, que nos ha dejado el mismo que le inspiró.

                    "Engrandece, Alma Mía, al Señor, -dijo la Virgen-, obrador de tantas maravillas, y sea para solo Él toda la Gloria. No puedo pensar en ellas sin sentir todo Mi Corazón preocupado de alegría en aquel Señor que adoro como a Mi Dios, que venero como a Mi Salvador, y que amo como a Mi Hijo. Dignóse poner los ojos en Mi humildad, y elevó Su vil esclava a la Dignidad de Madre Suya. Bien sé que por esto Me admirarán tosas las naciones, y ensalzarán perpetuamente Mi dicha en los siglos venideros; pero si es que se halla en Mí alguna cosa grande y elevada, a Él solo Se le debe toda la Gloria, Él fue quien Me engrandeció, y a Él le debo todo cuanto soy. Nada soy por Mí Misma; Él es el Autor de las maravillas que todas las naciones admirarán y publicarán de Mi persona, las que ni aun Yo Misma puedo bastantemente engrandecer. Confesarán las mismas naciones que el Todopoderoso hizo en Mí cosas grandiosas, y que no es menos poderosa Su Omnipotente mano que Santo Su Nombre agradable. En mil ocasiones experimentaron nuestros padres los excesos de Su Misericordia. 

                    ¿Qué prodigios no hizo por defender a los que temían? Desplegó toda la fuerza de Su brazo, combatió por ellos, desconcertó los planes de Sus enemigos, derribó del trono a los soberbios monarcas que los amenazaban con Su total ruina; y como el Señor Se complace en abatir a los que se engríen, y en elevar a los que se humillan, después de haber abatido el orgullo de los tiranos, ensalzó a los humildes, y llenó de hartura a los pobres, mientras los ricos privados de sus riquezas perecían de hambre. Faraón sumergido, Saúl reprobado, humillado Roboam, Olofernes abatido, Amán desgraciado, y Nabucodonosor que presumía de deidad confundido con los brutos, mientras los más viles Siervos de Dios se veían exaltados; todo esto acredita cuánto ama el Señor a los humildes.

                    Y aunque es así que todos los verdaderos israelitas, todos los fieles siervos Suyos recibieron de Su mano gracias extraordinarias en todas las edades del mundo; pero en este tiempo muy particularmente la Misericordia de Dios ha hecho resplandecer Su Bondad en su favor. Viene a salvarlos, quiere vivir entre ellos y morir por ellos, no habiendo echado en olvido la promesa que hizo a Abraham y a los de su linaje, de derramar en sus hijos los tesoros de Sus misericordias."

                    De esta manera, con un portentoso rayo de luz sobrenatural descubrió, digámoslo así, de una sola ojeada la Santísima Virgen todas las antiguas promesas y profecías, con el pleno cumplimiento de todas ellas, mil veces más iluminada y más privilegiada Ella sola que todos los profetas juntos. Conocióse bien, dice San Ambrosio, en aquella admirable conversación de María y de Isabel que ambas profetizaban con un mismo espíritu duplicado, uno el que inspiraba a la madres, y otro el que llenaba a los hijos: Duplici miraculo prophetan Matres spiritu parvulorum.


Jean Croisset, "Año Cristiano"



lunes, 29 de junio de 2026

SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles y Mártires

  


                   La Fiesta de hoy es una de las mayores fiestas que celebra la Santa Iglesia Católica, porque, como enseña la Liturgia del día "Dios consagró este día con el Martirio de los Apóstoles San Pedro y San Pablo". Pedro, el pescador de Galilea, elegido por el Señor como Cabeza visible de la Iglesia; y Pablo, el Apóstol de los gentiles, incansable misionero y teólogo inspirado. Su memoria conjunta subraya la unidad y universalidad de la Iglesia fundada sobre el testimonio de estos dos gigantes de la Fe. 

                   San Pedro es el Vicario de Cristo, el primer Papa, aquel a quien dijo el Señor "tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia". Nacido en Betsaida, junto al lago de Genesaret, Simón, hijo de Jonás, se unió desde los comienzos de Su Vida Pública a Jesús, que le dio el nombre de "Kefas", es decir, "piedra". 

                   El entusiasmo con que siguió al Señor y la claridad con que vio y confesó la Divinidad de su Maestro, le merecieron un puesto excepcional entre Los Doce; a pesar de su negación, en la noche de la Pasión de Cristo, Nuestro Señor le confirmó en la Jefatura de la Iglesia, después de la Resurrección, junto al mismo lago de Genesaret, con estas palabras: "Apacienta a Mis ovejas". 

                   Salvado milagrosamente de la cárcel en la que le había encerrado Herodes, con el fin de ejecutarle el día de la Pascua, como había sucedido con el Maestro, "se fue a otro lugar", es decir, a Roma, que por él será la Ciudad Eterna y la Sede principal de los Papas. Desde allí confortó a la Iglesia con su infalibilidad doctrinal, la iluminó con su palabra y la fecundó con su sangre, muriendo por Cristo, junto a San Pablo, en la persecución de Nerón, en el año 67, como el Señor le había profetizado: "Cuando eras joven, te ceñías tu mismo e ibas a donde querías; mas cuando seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras". San Pablo, tras su conversión, encontró a San Pedro en Jerusalén, tres años después de su fuga de Damasco, donde el rey de los nabateos era Aretas IV; esto permite datar la huida hacia el año 37 y su conversión hacia el 34-35.

                  Pedro fue crucificado de cabeza en el circo de Nerón, donde actualmente está ubicado el Vaticano. Pablo, un ciudadano romano, pereció bajo la espada, y su cabeza rebotó tres veces al caer, haciendo brotar un manantial que hoy se conoce como "Las Tres Fuentes".

                   Hoy pues, es el día indicado para renovar nuestra Fe en los Dogmas y Enseñanzas de la Iglesia fundada sobre San Pedro, y de repetir con él esta profesión "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo; solo Tú tienes palabras de Vida Eterna". Nuestra fuerza, nuestra grandeza, nuestra seguridad radican en la firme adhesión a la Fe Católica en su Integridad.




JURAMENTO ANTI-MODERNISTA 
Motu Proprio: “SACRORUM ANTISTITUM” 
Papa San Pío X, 1 de Septiembre de 1910

    

              Yo… (decir nombre propio) abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las Verdades que la Iglesia por su Magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de Doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.

              En primer lugar, profeso que Dios, Principio y Fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la Creación, como la causa por su efecto.

              En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la Revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la Religión Cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.

              En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, Guardiana y Maestra de la Palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante Su Vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, Jefe de la Jerarquía y sobre sus sucesores hasta el Fin de los Tiempos.

              En cuarto lugar, recibo sinceramente la Doctrina de la Fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERÉTICA DE LA EVOLUCIÓN DE LOS DOGMAS, según la cual estos Dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio.

              Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el Depósito Divino confiado a la Esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.

              Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la Fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades tenebrosas del “subconsciente”, moralmente informado bajo la presión del corazón y el impulso de la voluntad, sino que es un verdadero asentamiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la Autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro Creador y nuestro Maestro.

             En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la Tradición Sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: el hecho de que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y Sus Apóstoles. 

              Para concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la Fe de los Padres sobre el criterio cierto de la Verdad que está, ha estado y estará siempre en el Episcopado transmitido por la Sucesión de los Apóstoles; no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMÁS NI CREÍDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO.

              Todas estas cosas me comprometo a observarlas fiel, sincera e ÍNTEGRAMENTE, a guardarlas inviolablemente y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis palabras y mis escritos.



sábado, 27 de junio de 2026

NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO, la historia de un icono milagroso

 

ORIGEN DEL ICONO


                   Según una piadosa tradición del siglo XVI que ha llegado hasta nuestros días, un mercader de la isla de Creta robó una imagen milagrosa de una de las iglesias de la isla. La escondió entre sus cosas y zarpó hacia occidente. Gracias a la Divina Providencia se salvó de una terrible tempestad llegando a tierra firme. Después de un año, más o menos, llegó a Roma con la imagen robada.

                   En Roma cayó gravemente enfermo y fue en busca de un amigo que pudiera ayudarle. Cuando estaba a punto de morir, reveló al amigo su secreto sobre la imagen sagrada y le suplicó que la colocara en una iglesia. El amigo prometió hacerlo atendiendo sus deseos, pero también él murió sin haber cumplido la promesa.

                   Finalmente, la Bienaventurada Virgen se apareció a la pequeña hija de seis años de una familia romana diciéndole que indicara a su mamá y a su abuela que la imagen de la Virgen María del Perpetuo Socorro debía colocarse en la iglesia de San Mateo Apóstol, situada entre las Basílicas de Santa María Mayor y San Juan de Letrán.





           
                   La tradición cuenta cómo después de muchas dudas y diversas dificultades, "la madre obedeció y, tras consultar con el clero responsable de dicha iglesia, la imagen de la Virgen fue colocada en San Mateo el 27 de Marzo de 1499". Allí fue venerada durante 300 años. Enseguida comenzó la segunda etapa vinculada a la historia del icono. La devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro se extendió por toda Roma.

LA BENDITA IMAGEN QUEDA OLVIDADA

                   En 1798, Roma fue devastada por la guerra, y el monasterio y la iglesia fueron casi totalmente destruidos. Varios Agustinos permanecieron aún allí por algún tiempo pero, al final, también debieron marcharse. Algunos regresaron a Irlanda, otros se dirigieron hacia nuevas fundaciones en América, mientras que la mayor parte se trasladó a algún monasterio cercano. Fue este último grupo el que llevó consigo la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Comienza así la etapa de su historia, el tiempo de los "Años ocultos".

                   En Enero de 1855, los Misioneros Redentoristas (fundados por San Alfonso María de Ligorio) compraron "Villa Caserta", en Roma, convirtiéndola en Casa Generalicia de la Congregación Misionera que ya se había extendido por toda Europa occidental y por América del Norte. En esta misma propiedad, en Via Merulana, se encontraron las ruinas de la iglesia y del monasterio de San Mateo. Sin saberlo en aquel momento, compraron el terreno que, muchos años antes, había elegido la Virgen como santuario suyo, entre Santa María Mayor y San Juan de Letrán.

                   Cuatro meses después se comenzó la construcción de una iglesia en honor del Santísimo Redentor, dedicada a San Alfonso de Ligorio, Fundador de la Congregación. El 24 de Diciembre de 1855, un grupo de jóvenes comenzaba el Noviciado en esta nueva casa. 

                   Los Redentoristas demostraron tener un enorme interés por la historia de la propiedad adquirida; mucho más cuando, el 7 de Febrero de 1863, un famoso predicador jesuita, el Padre Francesco Blosi, hizo referencia en su sermón al tema del icono de María que "estuvo en la iglesia de San Mateo en Via Merulana y que era conocido como "La Virgen de San Mateo" o, más exactamente, como la "Virgen del Perpetuo Socorro".

                   En otra ocasión, el cronista de la Comunidad Redentorista, "examinando algunos autores que escribieron sobre la antigüedad romana, se encontró con referencias a la iglesia de San Mateo. Entre éstas, había una cita en que se hablaba de la iglesia (que había estado situada dentro del perímetro del jardín de la comunidad) y en la que había habido un antiguo icono de la Madre de Dios que gozó de gran veneración y fama debido a sus milagros". Luego, "tras contar todas estas cosas a la comunidad, se abrió un debate sobre cómo encontrar la imagen. El Padre Marchi se acordó de todo lo que le había contado Fray Agustín Orsetti y dijo a sus cohermanos que había visto aquel icono con mucha frecuencia y que sabía dónde se hallaba".




            
SE REANUDA EL CULTO AL ICONO Y COMIENZA SU PROPAGACIÓN

                    Con este nuevo conjunto de informaciones, el interés de los Redentoristas creció y quisieron saber aún más del icono y de cómo conseguirlo para su iglesia. El Superior General, Padre Nicolás Mauron, escribió una carta al Papa Pío IX pidiéndole a la Santa Sede que le concediera el icono del Perpetuo Socorro a fin de colocarlo en la nueva iglesia del Santísimo Redentor y San Alfonso que se había construido cerca del lugar en que se encontraba la antigua iglesia de San Mateo. El Papa accedió a esta petición y en el reverso de la misma solicitud escribió de su puño y letra justamente lo siguiente:


                   "El 11 de Diciembre de 1865: El Cardenal Prefecto de Propaganda debe llamar al Superior de la Comunidad de Santa María en Posterula diciéndole que es Nuestro deseo que la imagen de la Santísima Virgen, de la que se habla en esta petición, sea nuevamente colocada entre San Juan y Santa María Mayor. Los Redentoristas se encargarán de reemplazarla con otra imagen adecuada".

                   Según la tradición, fue entonces cuando el Papa Pío IX dijo al Superior General de los Redentoristas: "Dadla a conocer al mundo entero". En el mes de Enero de 1866, los Padres Michele Marchi y Ernesto Bresciani fueron a Santa María en Posterula para recibir la imagen de manos de los Agustinos.

                   Hubo que proceder a la limpieza y restauración del icono. La tarea se le confió al artista polaco Leopold Nowotny. Finalmente, el 26 de Abril de 1866, la imagen fue expuesta nuevamente a la pública veneración en la iglesia de San Alfonso en Via Merulana.

                   Con este hecho dio comienzo la más esplendorosa etapa de su historia: la difusión del icono por el mundo entero.


ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA
SANTA MARÍA DEL PERPETUO SOCORRO


                    Santísima y siempre Pura Virgen María, Madre de Jesucristo, Reina del Mundo y Señora de todo lo creado; que a ninguno abandonáis, a ninguno despreciáis ni dejáis desconsolado a quien recurre a Vos con corazón humilde y puro.

                    No me desechéis por mis gravísimos e innumerables pecados, no me abandonéis por mis muchas iniquidades, ni por la dureza e inmundicia de mi corazón me privéis de Vuestra gracia y de Vuestro amor, pues soy Vuestro hijo.

                    Escuchad a este pecador que confía en Vuestra misericordia y piedad: socorredme, Piadosísima Madre del Perpetuo Socorro, de Vuestro querido Hijo, Omnipotente Dios y Señor Nuestro Jesucristo, la indulgencia y la remisión de todos mis pecados y la gracia de Vuestro amor y temor, la salud y la castidad y el verme libre de todos los peligros de alma y cuerpo.

                    En los últimos momentos de mi vida, sed mi piadosa Auxiliadora y librad mi alma de las eternas penas y de todo mal, así como las almas de mis padres, familiares, amigos y bienhechores, y las de todos los fieles vivos y difuntos, con el auxilio de Aquél que por espacio de nueve meses llevasteis en Vuestro purísimo seno y con Vuestras manos reclinasteis en el Pesebre, Vuestro Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, que es Bendito por los siglos de los siglos. Amén.





miércoles, 24 de junio de 2026

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA, según la mística María Valtorta



                    La luz empieza a penetrar por la puerta entornada. María la abre. El alba ha puesto toda blanca la tierra mojada de rocío. Se siente un fuerte olor a tierra húmeda, a hierba verde, y se oyen los primeros trinos de los pájaros que se llaman de rama en rama. Zacarías y María salen a la puerta. Están pálidos por la noche pasada en vela y la luz del alba les pone aún más pálidos. María se pone de nuevo sus sandalias y va al pie de la escalera atenta a ver si oye algo. Nada ha pasado. 

                    María va a una habitación y regresa con leche caliente. Se la da a beber a Zacarías. Luego va a las palomas, regresa y entra en la misma habitación. Tal vez es la cocina. Inspecciona todo. Se le ve tan ágil y tan serena, que parece como si hubiera dormido el mejor de los sueños. Zacarías pasea arriba y abajo nerviosamente por el jardín mientras María le mira con piedad. Luego entra otra vez en la misma habitación y, arrodillada junto a su telar, ora intensamente, porque los gritos de la parturienta son más agudos. Se curva hasta el suelo para suplicarle al Eterno. 

                    Zacarías vuelve, entra y la ve postrada en ese modo;  llora el pobre viejo. María se levanta y le coge de la mano. Es mucho más joven que él, pero parece Ella la madre de aquel hombre desolado y sobre él derrama sus consuelos. Permanecen así, el uno al lado del otro, bajo este sol que pinta de colores el aire matinal. Estando así, llega a sus oídos el feliz anuncio: “¡Ya nació! ¡Ya nació! ¡Es un varoncito! ¡Oh, padre feliz! Un varoncito como una rosa, hermoso como un sol, fuerte y sano como su madre. Alégrate padre a quien el Señor bendijo, para que le ofrezcas en su Templo un hijo. ¡Gloria a Dios que concedió un heredero a esta casa! ¡Bendición a ti y al hijo que nació! Pueda su descendencia perpetuar tu nombre por los siglos de los siglos, durante todas las generaciones, y siempre sea fiel a la alianza del Eterno Señor”. 

                    María, llorando de alegría, bendice al Señor. Luego los dos acogen al pequeñuelo, que le ha sido traído al padre para que le bendiga. Zacarías no va donde está Isabel; coge al niño que chilla con todos sus pulmoncitos. Pero no va donde está su mujer. María sí que va, llevando amorosa al pequeñuelo, el cual se ha quedado callado nada más que María le ha cogido en brazos. La comadre que va tras Ella, se percata de este hecho. “Mujer” dice a Isabel “tu niño se calló tan pronto la tomó Ella. ¡Mira qué tranquilo duerme; y bien sabe el Cielo lo inquieto y fuerte que es! ¡Mira, ahora parece un pichoncito!”.  

                    María coloca al niñito junto a la madre y acaricia a Isabel, poniendo en orden su pelo gris, y le dice en voz baja: “La rosa ha nacido y tú vives. Zacarías está dichoso”. Isabel pregunta: “¿Habla?”. Virgen: “Todavía no. Pero confía en el Señor. Descansa ahora. Yo estoy contigo”. 

                    Dice la Virgen María: “Si Mi presencia había santificado al Bautista, no canceló a Isabel la condena proveniente de Eva: “Darás a luz a tus hijos con dolor”. Solo Yo, sin mancha y sin haber tenido unión matrimonial, quedé libre de dar a luz con dolor. La tristeza y el dolor son frutos de la Culpa. Yo, que era la Inculpable, tuve que conocer también el dolor y la tristeza, porque era Corredentora. Pero no experimenté el dolor de dar a luz. No. Este sufrimiento no lo experimenté. Y, no obstante, créeme, hija, no hubo ni habrá un dolor de parturienta semejante al Mío de Mártir de una Maternidad espiritual cumplida en el más duro lecho: el de Mi cruz, al pie del patíbulo del Hijo que se Me moría. ¿Y qué madre hay que se vea obligada a dar a luz de esa manera? ¿Qué madre hay que se vea obligada a mezclar el suplicio del desgarro de las entrañas, que se rompen al estertor de Su Hijo agonizante, con el suplicio de sentírsele retorcer las entrañas al tener que superar el horror del deber de decir: «Os amo. Venid a Mí que Soy vuestra Madre» a los verdugos de ese Hijo nacido del más sublime amor que jamás el Cielo haya visto, del amor de Dios con una Virgen, del beso de Fuego, del abrazo de Luz que se hicieron Carne y que del vientre de una mujer hicieron el Tabernáculo de Dios? Dijo Isabel: «¡Cuánto dolor para ser madre!». Mucho. Pero nada con respecto al Mío”.


Extraído de las revelaciones de la mística María Valtorta, 3 de Abril de 1944



domingo, 21 de junio de 2026

SAN LUIS GONZAGA, Patrón de los Jóvenes Católicos

 


              San Luis era el primogénito de los ocho hijos de Ferrante, Marqués de Castiglione delle Stiviere, en Mantua, Italia; nació el 9 de Marzo de 1568. 

             A la edad de ocho años fue enviado a la Corte Ducal de Francisco de Medici, en Florencia, donde permaneció dos años, marchando posteriormente a Mantua. Con tan sólo 10 años y cuando era el paje del gran Duque de Toscana, hizo el voto perpetuo de virginidad delante de una imagen de la Virgen en la ciudad de Florencia. 

               Durante una dolorosa enfermedad renal, de la que sanó tarde y mal, se aficionó a leer libros de Vidas de Santos (como Santa Teresa o San Ignacio) y el famoso “Las cartas de Indias”, que narraban la vida misionera de los jesuitas.

              En Brescia, cuando tenía doce años, pasó a estar bajo la dirección espiritual de San Carlos Borromeo, de quien recibió la Primera Comunión. En 1581 viajó con su padre a España, y tanto él como su hermano fueron hechos pajes del entonces Príncipe de Asturias Don Diego, hijo del Rey Felipe II. Se nutrió de la lectura espiritual de Fray Luis de Granada

               Estando en España, durante su visita a Madrid; el 15 de Agosto de 1583, en la Iglesia de los Jesuitas, oyó claramente una voz que le decía: “Luis, ingresa en la Compañía de Jesús”. Tomó entonces la firme resolución de seguir aquella voz interior e ingresar a la Compañía de Jesús, aunque primero había pensado unirse a los Carmelitas Descalzos. Pronto encontraría la negativa de su familia, que prefería para Luis una vida acorde a sus raíces familiares y así ser el próximo Marqués de Castiglione. 

               Triste regresó a Italia en 1584 luego de la muerte del Príncipe Don Diego y tras diversas dificultades para obtener el consentimiento de su padre, renunció a su herencia en favor de su hermano Rodolfo, el 2 de Noviembre de 1585, proceso que requirió el consentimiento del Emperador, pues Castiglione era un feudo del Sacro Imperio. Después se encaminaría al Santuario de Loreto, donde renovaría ante Nuestra Señora el voto de castidad.

              Se presentó al Padre Claudio Acquaviva, entonces General de la Compañía de Jesús, donde ingresó el 25 de Noviembre de 1585, con apenas 18 años. Cuando entró en el Noviciado de los Jesuitas en Roma, su padre escribió al General de la Compañía lo siguiente: "Hago saber a Vuestra Señoría Reverendísima que le entrego lo que más quiero en este mundo y la mayor esperanza que tenía para la conservación de esta mi casa ..."

                Antes de concluir su tiempo en el Noviciado, superó brillantemente un acto público en Filosofía, habiendo hecho sus estudios matemáticos y filosóficos antes de su ingreso. 

               De hecho, ya se había distinguido en una prueba pública, no sólo en Filosofía, sino también en Teología, realizada en la Universidad de Alcalá de Henares, en España. Realizó sus votos el 25 de Noviembre de 1587. Inmediatamente después, inició sus estudios teológicos. Entre sus profesores estaban los Padres Vázquez y Azor.

              San Luis Gonzaga se caracterizó por su obediencia incondicional, por su pureza de corazón, su amor a los pobres y enfermos y por una gran devoción a la eucaristía, a la vida de santos y a la Virgen. Probablemente, al leer tantas vidas de santos, nació también en su corazón la necesidad de mortificarse, realizando estrictos ayunos y a vivir pobre entre los pobres. Su amor a la pobreza le hizo rechazar cuantos objetos valiosos le hacía llegar su madre; su desasimiento de las cosas terrenales era sincero hasta el punto que, por obediencia a sus Superiores, aceptó dos estampas en papel de sus Santos predilectos: Santo Tomás de Aquino y Santa Catalina de Siena. 

               A pesar de haberse apartado del mundo y de los lujos de su noble familia, San Luis Gonzaga se vio forzado a visitar a los suyos para mediar en un conflicto con el Duque de Mantua; todos quedaron admirados por la Santidad y Sabiduría del joven, que reconcilió a su hermano con sus enemigos. Su propia madre entendió de la gran sabiduría de su hijo Luis, por lo que convenció a sus Superiores para que predicase en Mantua antes de partir; pese a no ser Sacerdote, San Luis predicó y tocó el alma de muchos, tal es así que unas setecientas personas pidieron confesión sacramental como inicio de una nueva vida.

                En 1591, cursando su cuarto año de Teología, sobrevino la hambruna y la peste en Italia. Aunque de salud delicada, se entregó al cuidado de los enfermos, pero el 3 de Marzo cayó enfermo. Sus parientes, el Cardenal Gonzaga y el Cardenal Della Rovere lo visitaron con frecuencia durante la convalecencia; el piadoso Luis empleaba sus pobres fuerzas para sujetar el Crucifijo y alzar los ojos hacia la imagen de la Virgen María que siempre tenía delante. Murió el Jueves 21 de Junio de 1591, cuando contaba 23 años de edad. Fue Beatificado por el Papa Gregorio XV en 1621, y canonizado por Benedicto XIII en 1726.

               Sus venerables restos se encuentran en la Iglesia de San Ignacio, en Roma, en una hermosa urna de lapislázuli, adornada en plata. El altar tiene al centro un relieve hecho de mármol representado al Santo, realizado por Le Gros.

               El 13 de Junio de 1926 el Romano Pontífice Pío XI, declaró a San Luis Gonzaga Patrón de la Juventud Católica.




sábado, 13 de junio de 2026

GLORIOSO SAN ANTONIO DE PADUA



                    Nacido en Lisboa, ciudad principal de Lusitania, de padres cristianos e ilustres por su alcurnia, muchas e indudables señales dieron a entender, ya casi desde la aurora de su vida, que Dios todopoderoso había sembrado en su corazón abundantes semillas de inocencia y sabiduría. Era un adolescente cuando vistió el hábito humilde de los Canónigos Regulares de San Agustín, entre los cuales durante once años se esforzó, con la mayor diligencia, por enriquecer su alma con las virtudes religiosas y colmar su espíritu con los tesoros de las doctrinas celestiales. Elevado, después, a la dignidad sacerdotal por gracia divina, suspiraba por un modo de vida más perfecto, cuando los cinco compañeros Protomártires Franciscanos tiñeron con su sangre, en las santas misiones de Marruecos, los rojos amaneceres de la Orden Seráfica. Antonio, lleno de alegría por el triunfo tan glorioso de la fe cristiana, se inflamó de vivísimos deseos del martirio y se embarcó lleno de gozo rumbo a Marruecos, alcanzando felizmente las lejanas playas africanas.

                   Poco después, afectado de una grave enfermedad, se vio forzado a reembarcar de vuelta a su patria. La fortísima tempestad, que embraveció el mar y sacudió la nave por uno y otro lado con la fuerza del viento y las olas desatadas, lo lanzó finalmente, por voluntad de Dios, a las costas de Italia. Allí era un desconocido para todos y él mismo a nadie conocía, por lo que pensó encaminar sus pasos a la ciudad de Asís, donde entonces se iban a reunir muchos frailes y maestros de su Orden. Llegado allí tuvo la dicha de conocer al Padre san Francisco, cuya dulce presencia le colmó el alma de tanta suavidad que lo enardeció con el soplo ardentísimo del espíritu seráfico.

                   Al extenderse por todas partes la fama de la sabiduría celestial de Antonio y conocedor de ella el Seráfico Patriarca, quiso encomendarle el cargo de enseñar a los frailes, con aquellas palabras suavísimas que le escribió: «Fray Francisco a Fray Antonio, mi obispo: salud. Me agrada que enseñes sagrada teología a los frailes, con tal que, en su estudio, no apagues el espíritu de oración y devoción, como se contiene en la Regla». Antonio cumplió fielmente el oficio de su magisterio, siendo constituido como el primer Lector de la Orden. Enseñó en la ciudad de Bolonia, que era entonces sede principal de estudios; después enseñó en Toulouse y, por último, en Montpellier, ambas ciudades famosísimas por sus estudios. Antonio enseñó a los frailes y cosechó frutos abundantes sin menoscabar el espíritu de oración, como el Seráfico Patriarca le había encomendado, antes bien el Santo de Padua instruyó a sus alumnos no sólo con el magisterio de la palabra sino también con el ejemplo de su vida santísima, cultivando y defendiendo el cándido lirio de la pureza.

                   Dios le manifestó con frecuencia cuánto era estimado por el Cordero inmaculado, Jesucristo. Muchas veces, estando Antonio en su celda silenciosa dedicado a la oración, levantados dulcemente los ojos y el corazón al cielo, de repente se le aparecía el mismo Jesús, como niño pequeño, envuelto en una luz de radiantes fulgores, y echándose al cuello del joven franciscano le abrazaba y colmaba de tiernas caricias infantiles al Santo que, extasiado y convertido de hombre en ángel, «se apacentaba entre lirios» (Cant 2,16) en compañía de los ángeles y del Cordero.

                   Como Antonio se sirvió, con frecuencia, de los textos y sentencias tomadas del Evangelio, con toda justicia y derecho merece ser llamado "Doctor evangélico". Efectivamente, de sus escritos no pocos Doctores, Teólogos y Predicadores de la palabra de Dios bebieron, como de una fuente perenne de agua viva, y ampliamente beben aún hoy, precisamente porque consideran a Antonio un maestro y le tienen por Doctor de la Santa Madre Iglesia. Los mismos Romanos Pontífices son los primeros que se han adelantado al pronunciar tal juicio y con su propio ejemplo. En efecto, Sixto IV en su Carta Apostólica Immensa, de 12 de marzo de 1472, escribe: «El Bienaventurado Antonio de Padua, como estrella en lo alto del firmamento, difundió el fulgor de su luz esplendidísima, pues él es quien ilustró, adornó y consolidó nuestra fe ortodoxa y la Iglesia católica con las extensísimas prerrogativas de sus méritos y virtudes, con su profunda sabiduría y doctrina de las cosas divinas, y su predicación fervorosísima». Igualmente, Sixto V, en su Carta Apostólica sellada con su sello de plomo el 14 de enero de 1586, escribió: «El bienaventurado Antonio de Lisboa fue un varón de eximia santidad..., e imbuido, además, de la sabiduría divina».

                   Sobre todo en Italia se hizo famoso el vigor de sus tareas apostólicas, pues aquí llevó adelante tan abrumadoras fatigas. Pero también en muchas provincias de Francia, porque Antonio sin hacer distinción alguna de nación o linaje abarcaba a todos con su dedicación activa, a los portugueses, paisanos suyos, a los africanos, italianos, franceses, a cuantos percibía que estaban necesitados de la verdad católica. En cuanto a los herejes, Albigenses, Cátaros y Patarenos, que pululaban casi por todas partes e intentaban entonces apagar la luz de la verdadera fe en los corazones de los fieles creyentes, con tanto esfuerzo y éxito los combatió que mereció ser llamado "martillo de los herejes"».

                   No podemos omitir aquí, por la magnitud de su peso y su importancia, el grandioso elogio que tributó al Santo de Padua el Papa Gregorio IX después de oír predicar a Antonio y comprobar su admirable comportamiento vital, llamándole "Arca del Testamento" y "Archivo de las Sagradas Escrituras". Es igualmente digno de ser recordado que en el mismo día 30 de mayo de 1232, en el que el taumaturgo paduano fue inscrito en el catálogo de los Santos, casi once meses después de su dichosa muerte, al final del solemne rito pontifical de su Canonización, el mismo Papa Gregorio entonó con su propia voz la antífona propia de los Doctores de la Iglesia: «¡O Doctor optime, Ecclesiae Sanctae lumen, beate Antoni, divinae legis amator, deprecare pro nobis Filium Dei!»(«¡Oh, Doctor excelente, luz de la Iglesia Santa, bienaventurado Antonio, amador de la ley divina, ruega por nosotros al Hijo de Dios!»).


Papa Pío XII, Carta Apostólica del 16 de Enero de 1946
EXULTA, LUSITANIA FELIX, por la que declaraba 
a San Antonio de Padua Doctor de la Iglesia Universal