Los padres de San José durante un tiempo fueron estériles, porque Dios quería que José fuera hijo de oración. A los 8 días de su nacimiento, como era costumbre entre los judíos, tuvo lugar la circuncisión y Dios concedió a José, además del Ángel de la Guarda, otro ángel que le fue hablando a lo largo de la vida muy a menudo, especialmente durante el sueño, instruyéndole en todo lo que debía hacer para agradar al Señor.
Sus padres fueron al Templo de Jerusalén cuando llegó el tiempo en que por la Ley, las mujeres que habían dado a luz debían purificarse y ofrecer al niño; y luego rescatarlo según la Ley.
El Demonio muchas veces intentó hacerle daño, pero estaba protegido por los dos ángeles que Dios le había asignado. El Ángel que le hablaba en sueños le advertía de todo lo que tenía que hacer ante las asechanzas del Maligno y José seguía fielmente sus órdenes. Así fue creciendo en el Amor de Dios, sintiendo desde niño un gran amor por Dios y deseando fervientemente la venida del Mesías prometido.
Su madre tuvo una comunicación en sueños del Señor para que cuidara bien a su hijo José, porque tendría la gracia de ver al Mesías y conversar con él. Dios le concedió una inteligencia especial de modo que ya, desde que tenía 3 años, comenzó a leer para consuelo y alegría de sus padres.
Cuando tenía 7 años, un día, mientras dormía, se le apareció el Ángel y le dijo cómo Dios había aceptado su propósito de conservarse virgen por todo el tiempo de su vida y le prometió su favor y ayuda especial. Otra vez entre otras, el Ángel le manifestó en el sueño que Dios le había destinado para hacerle un don muy grande y sublime, aunque no le dijo cuál sería. Pero Dios ya tenía previsto que lo iba a hacer padre adoptivo de Jesús y esposo de María. Él, por su parte, oraba intensamente para que Dios acelerara la venida del Mesías prometido.
En otro sueño el Ángel le comunicó las virtudes que tendría el Mesías, cuando estuviera entre los hombres. Por Pascua iba con sus padres al Templo de Jerusalén y se preparaba con ayuno y oración, como lo instruía el Ángel. Precisamente, estando en el Templo, uno de los días cayó en éxtasis y así estuvo bastante tiempo, disfrutando de la alegría y del Amor de Dios.
Por supuesto que Dios también permitió, como en la vida de todos los grandes Santos, que el Demonio lo tentara y molestara. En su casa fue por medio de algunos jóvenes libertinos, que se burlaban de él. Otra vez fue por medio de una mujer que iba a visitar a su madre y que le hablaba mal sobre José y por ello recibió algunos reproches de su madre, pero él lo ofrecía todo con paciencia al Señor. En alguna ocasión el Demonio lo tentó de vanagloria, como si fuera un Santo, y movía a algunos para que lo alabaran y exaltaran sus virtudes en público. El Demonio lo molestaba de diferentes maneras, pero nunca le fue permitido que lo tentara con respecto a la virtud de la pureza.
Algo muy especial en su vida desde pequeño fue el amor que tenía hacia los enfermos y moribundos. Sabiendo lo compasivo que era, muchos acudían a él para que visitara a los enfermos graves, sobre todo si estaban ya en trance de morir. Una vez el Ángel le manifestó en sueños el gran peligro en el que estaban los moribundos y la necesidad que tenían de ser ayudados en sus últimos momentos. De hecho, los moribundos sentían gran consuelo cuando José los visitaba y oraba por ellos. Los demonios quedaban debilitados por sus oraciones y Dios le dio la gracia de que todos aquellos que en su muerte tuvieran la presencia de José no perecieran en el Infierno, sino que fueran al Limbo de los Justos o Seno de Abraham, aunque tuvieran que pasar por el Purgatorio. A veces, era avisado por su Ángel sobre la necesidad que tenía algún moribundo de sus oraciones y él se despertaba y enseguida se ponía a orar...


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