"Dicen de estas aves, los pelícanos, que las crías son matadas por sus padres a picotazos, y que luego la madre las llora durante tres días en el nido; finalmente, la madre se hiere a sí misma gravemente y derrama su propia sangre sobre los polluelos, y con esta sangre los resucita.
Quizá sea verdad, quizá sea falso. Pero si es verdad, pensad cómo se adapta a Aquel que nos dio la vida con Su Sangre. Se adapta a Él porque los padres nos mataron cuando no le obedecimos, al decir el Apóstol: Estabais muertos por vuestros delitos y pecados. La Iglesia nos llora, y Aquel que es el verdadero Padre de los renacidos nos devuelve la vida con Su propia Sangre".
San Agustín de Hipona (Enarratio in Psalmum 101, 7)
En 1264, el Papa Urbano IV promulgó la Bula "Transiturus" (1) para extender la Festividad de Corpus Christi a toda la Iglesia Católica. El mismo Pontífice encargó a Santo Tomás de Aquino la composición de los textos litúrgicos y los himnos del Oficio Divino para esa Fiesta.
Además de este poema, Santo Tomás escribió otros himnos eucarísticos: Pange Lingua (cuyo tramo final es el Tantum Ergo), Panis Angelicus (sección del Sacris Solemniis), Lauda Sion y O Salutaris Hostia.
1. Adóro Te devóte, latens Déitas, quæ sub his figúris vere látitas. Tibi se cor meum totum súbiicit, quia, Te contémplans, totum déficit.
2. Visus, tactus, gustus in Te fállitur, sed audítu solo tuto créditur. Credo quidquid dixit Dei Fílius: nil hoc verbo veritátis vérius.
3. In Cruce latébat sola Déitas; at hic latet simul et humánitas. Ambo tamen credens atque cónfitens, peto quod petívit latro pœnitens.
4. Plagas, sicut Thomas, non intúeor; Deum tamen meum Te confíteor. Fac me Tibi semper magis crédere, in Te spem habére, Te dilígere.
5. O memoriále mortis Dómini! Panis vivus vitam præstans hómini, præsta meæ menti de Te vívere, et tTe illi semper dulce sápere.
6. Pie pellicáne, Iesu Dómine, me immúndum munda Tuo Sánguine: cuius una stilla salvum fácere totum mundum quit ab omni scélere.
7. Iesu, quem velátum nunc aspício, oro, fiat illud quod tam sítio; ut Te reveláta cernens fácie, visu sim beátus Tuæ Glóriæ. Amen.
Traducción al español
1. Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
2. Al juzgar de Ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta con el oído para creer con firmeza. Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
3. En la Cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad. Creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió el ladrón arrepentido.
4. No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios. Haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere, que Te ame.
5. ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que da la vida al hombre. Concédele a mi alma que de Ti viva, y que siempre saboree Tu dulzura.
6. Señor Jesús, piadoso pelícano, límpiame, a mí, inmundo, con Tu Sangre: de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
7. Jesús, a quien ahora veo escondido, Te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar Tu Rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo Tu Gloria. Amén.
NOTA
1) De la Bula "Transiturus:
Aunque este Sacramento Sagrado sea celebrado todos los días en el solemne rito de la misa, sin embargo creemos útil y digno que se celebre, al menos una vez en el año, una fiesta más solemne, en especial para confundir y refutar la hostilidad de los herejes.
Pues en el Jueves Santo, día en que Cristo lo instituyó, la Iglesia universal, ocupada en la confesión de los fieles, en la bendición del crisma, en el cumplimiento del mandato del lavatorio de los pies y en otras muchas sagradas ceremonias, no puede atender de lleno a la celebración de este gran sacramento.
De la misma forma que la Iglesia atiende a los Santos, que se veneran en el curso del año, y aunque en las letanías, en las misas y en otras funciones, se renueve su memoria con gran frecuencia, sin embargo recuerda su nacimiento en determinados días, con más solemnidad y con funciones especiales. Y como en estas fiestas quizá los fieles omiten alguno de sus deberes por negligencia o por las ocupaciones mundanas, o también por la fragilidad humana, la Santa Madre Iglesia establece un día determinado para la conmemoración de todos los Santos supliendo en esta fiesta común lo que se ha descuidado en las particulares.
Especialmente, pues, es preciso cumplir este deber con el admirable Sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo, que es gloria y corona de todos los Santos, para que resplandezca en una Festividad y Solemnidad especiales y para que lo que quizá se descuidó en las demás celebraciones de la Misa, en lo que se refiere a solemnidad, se supla con devota diligencia; y para que los Fieles, al acercarse esta Festividad, entrando dentro de sí mismos, pensando en el pasado con atención, humildad de espíritu y pureza de conciencia, suplan lo que hubieren cumplido defectuosamente al asistir a Misa, quizá ocupados con el pensamiento en negocios mundanos o más ordinariamente a causa de la negligencia y debilidad humana. En cierta ocasión también oímos decir, cuando desempeñábamos un oficio más modesto, que Dios había revelado a algunos católicos que era preciso celebrar esta Fiesta en toda la Iglesia; Nos, pues, hemos creído oportuno establecerla para que, de forma digna y razonable, sea vitalizada y exaltada la Fe Católica. Papa Urbano IV, 11 de Agosto de 1264.














