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domingo, 13 de septiembre de 2026

"CONTINUAD REZANDO EL ROSARIO", la quinta Aparición de Nuestra Señora en Fátima



                    Después de las primeras apariciones de Nuestra Señora en la aldea portuguesa de Fátima, el boca a boca de la gente llegó a congregar a más de 30.000 personas para la aparición del mes de Septiembre, el día 13, como así lo había pedido la Virgen en Su primera manifestación. Algunos enfermos y sus familiares gritaban al paso de los tres niños, pidiéndoles entre lágrimas que pidieran a la Señora por su salud.

                    Llegados cerca de la encina de las apariciones, la piadosa multitud comenzó a recitar el Rosario que dirigía Lucía; de repente se pudo ver un relámpago -como en las anteriores apariciones y que avisaba de la llegada de la Virgen- y los niños se pusieron de pie mirando hacia el Este, mientras que sus rostros se llenaban de admiración. Se hincaron de rodillas de nuevo y personas cerca de Lucía la escucharon decir:

                    - ¿Qué quiere de mí?.

                    Continuad rezando el Rosario hijos Míos. Rezadlo todos los días para que cese la guerra. En Octubre vendrá Nuestro Señor, así como Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Monte Carmelo. San José se aparecerá con el Niño Jesús para bendecir al mundo. A Dios le agradan vuestros sacrificios, pero no quiere que uséis la cuerda de noche para ir a dormir. Llevadla sólo durante el día (1).

                    - ¿Tengo las súplicas de muchas personas que piden Su ayuda. ¿Asistirá a una niña que es sordomuda?.

                    Ella mejorará en un año.

                    - ¿Y las conversiones que algunos han pedido?, ¿las sanaciones de los enfermos?

                    A algunas las curaré a otras no, porque el Señor no confía en ellas (2). 

                    - Muchos creen que yo soy una impostora y un fraude, dicen que merezco ser colgada o quemada. ¿Puede por favor hacer un milagro para que ellos crean?”.

                    En Octubre haré un milagro para que todos crean.

                    Algunas mujeres le habían dado a Lucia dos cartas y una botellita de perfume para ofrecerlas a la Virgen; la niña lo hizo, pero Nuestra Señora le advirtió Estas cosas no sirven en el Cielo”.

                    La celestial aparición terminó; la visión se elevó como antes, y Lucía, señalando a la Señora le dijo a la multitud, Si desean verla ¡miren! ¡miren!”.


NOTAS ACLARATORIAS

            1) Los niños videntes de Fátima se mortificaban usando una cuerda que llevaban atada a la cintura, bajo la ropa: era una de las más dolorosas mortificaciones que ofrecían por la conversión de los pecadores. También evitaban algunas meriendas o dejaban de tomar agua. Pero aún mayores eran los sacrificios que exigía la misión que la Virgen les encomendó: las vejaciones, la curiosidad, las molestias de la gente, las interminables visitas, preguntas, persecución, ridículo, etc.

            2) Tal vez estas personas necesitaban de la enfermedad para su santificación y tal vez habrían usado mal el don de la curación, para daño de la propia alma.



sábado, 12 de septiembre de 2026

EL DULCE Y MUY SANTO NOMBRE DE MARÍA


"Y el nombre de la Virgen era María"

Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 27



                    Vamos a ocuparnos un poco de este nombre, que significa «Estrella del mar», y por eso se aplica con toda propiedad a la Virgen Madre. Efectivamente, es correctísimo compararla con una estrella.

                    Porque si todo astro irradia su luz sin destruirse, la Virgen dio a luz sin lesionarse su virginidad. Los rayos que emite no menguan a la estrella en su propia claridad como no menoscaba a la Virgen en su integridad el Hijo que nos da. María es la estrella radiante que nace de Jacob, cuya luz se difunde al mundo entero, cuyo resplandor brilla en los cielos y penetra en los abismos, se propaga por toda la tierra, abriga no tanto los cuerpos, como los espíritus, vigoriza las virtudes y extingue los vicios. María es, repito, la estrella más brillante y hermosa. Ahí está el mar ancho y dilatado, sobre el que se levanta infaliblemente esplendorosa con sus ejemplos y titilante con sus méritos.

                    Tú, quienquiera que seas y te sientas arrastrado por la corriente de este mundo, náufrago de la galerna y la tormenta, sin estribo en tierra firme, no apartes tu vista del resplandor de esta estrella si no quieres sumergirte bajo las aguas. Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento, mira a la estrella, invoca a María. Se eres batido por las olas de la soberbia, de la ambición, de la detracción o la envidia, mira a la estrella, invoca a María. Si la ira o la avaricia o la seducción carnal sacuden con furia la navecilla de tu espíritu, vuelve los ojos a María. Si angustiado por la enormidad de tus crímenes, o aturdido por la deformidad de tu conciencia, o aterrado por el pavor del juicio, comienza a engullirte el abismo de la tristeza o el infierno de la desesperación, piensa en María. Se te asalta el peligro, la angustia o la duda, recurre a María, invoca a María. Que nunca se cierre tu boca al nombre de María, que no se ausente de tu corazón, que no olvides el ejemplo de su vida; así podrás contar con el sufragio de su intercesión.

                    Si la sigues, no te desviarás; si recurres a Ella, no desesperarás. Si la recuerdas, no caerás en el error. Si Ella te sostiene, no vendrás abajo. Nada temerás si te protege; si te dejas llevar por Ella, no te fatigarás; con su favor llegarás a puerto. De modo que tú mismo podrás experimentar con cuánta razón dice el evangelista: y la virgen se llamaba María.'

                    Y no menos hermosas son estas palabras del mismo santo, fundador de una orden contemplativa, de los Templarios y autor de la Salve Regina:

                    Nos ha precedido nuestra Reina. Sí, se nos ha anticipado y ha sido recibida con todos los honores; sus siervecillos la siguen llenos de confianza y gritando: Llévanos contigo. Correremos al olor de tus perfumes. Los peregrinos hemos enviado por delante a nuestra abogada; es la Madre del Juez y Madre de Misericordia. Negociará con humildad y eficacia nuestra salvación.

                    ¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad -que es dar y recibir- se funden lo humano y lo divino. Lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres.

                    ¿Y, cómo no lo va a hacer? Lo puede y lo quiere. Es la Reina del cielo, es misericordiosa. Y, sobre todo, es la Madre del Hijo único de Dios.'

                    Dice el profeta que vio construir en un monte altísimo una ciudad cuyas múltiples puertas describe. Señala, sin embargo, entre todas una cerrada, de la cual dice: Llevóme luego hacia la puerta exterior del santuario, que mira al oriente; y se hallaba cerrada. Y me dijo el Señor: Esta puerta ha de estar cerrada; no se abrirá ni entrará por ella hombre alguno; porque el Señor Dios de Israel penetrará por ella. Ha de estar cerrada porque aquí se sentará el príncipe para comer el pan en presencia del Señor (Ez 44.1-3). ¿Qué puerta es esta sino María, que permanece cerrada por ser virgen? Por tanto, esta puerta fue María, a través de la cual Cristo vino a este mundo, cuando salió a la luz gracias a un parto virginal. Se conservaron los sellos de la virginidad, mientras se desprendía Cristo de una virgen cuya grandeza no podía sostener el mundo entero.

                    Esta puerta ha de permanecer cerrada, dijo el Señor, y no se abrirá. ¡Bella puerta, María, que siempre se mantuvo cerrada y no se abrió! Pasó a Cristo a través de ella, pero no se abrió.

                    Y para que aprendamos que todo hombre tiene una puerta por la cual pasa Cristo, se dice: Elevad vuestras puertas, príncipes; elevaos puertas eternales, y penetrará el Rey de la gloria. ¡Con cuánta mayor razón puede decirse que había en María una puerta ante la cual se sentó y por la que pasó Cristo!

                    Esta puerta miraba a Oriente; porque difundió verdaderos resplandores aquella que engendró al Oriente y dio la luz al Sol de justicia.

                    Ya sabes que has de concebir y dará a luz un hijo; ya has oído que no será por obra de varón, sino del Espíritu Santo. El ángel aguarda tu respuesta; es hora ya de que suba al que lo envió.

                    Señora, también nosotros esperamos esa palabra tuya de conmiseración, oprimidos miserablemente por la sentencia de nuestra condena. Mira que te ofrecen nada menos que el precio de nuestra salvación; si tú lo aceptas, seremos liberados inmediatamente. Todos fuimos creados en la eterna Palabra de Dios; pero estamos muriéndonos vivos. Con tu brevísima respuesta, seremos reanimados para recuperar la vida. Todo el mundo te espera expectante y postrado a tus pies. Y no sin razón; ya que de tu boca cuelga el consuelo de los afligidos, la liberación de los cautivos, la redención de los condenados y la salvación, en fin, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.

                    Responde ya, oh Virgen, que nos urge. Señora, di la palabra que ansían los cielos, los infiernos y la tierra. Ya ves que el mismo Rey y Señor de todos se ha prendado de tu belleza y desea ardientemente el asentimiento de tu palabra, por la que se ha propuesto salvar al mundo. hasta ahora le has complacido con tu silencio. Pero ahora suspira por escucharte.

                    Tú eres la mujer, por medio de la cual, Dios mismo, nuestro Rey, dispuso desde el principio realizar la salvación del mundo. Contesta con prontitud al ángel. ¿Qué digo yo? Al Señor mismo en la persona del ángel. Di una palabra y recibe a la Palabra; pronuncia la tuya y engendra la divina; expresa la transitoria y abraza la eterna. Es encantador el silencio pudoroso, pero es más necesaria la palabra sumisa. Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento y las entrañas al Creador.

                    Mirad, se ha parado detrás de la tapia. Atisba por las ventanas, mira por las celosías (Cant 2,9) El esposo se aproxima al muro, se acerca a la pared, cuando se unió a la carne humana. La carne es la pared; la encarnación del Verbo es la aproximación del Esposo. Con las celosías y ventanas, por donde se dice que mira, pienso que se refiere a los sentidos corporales y a los afectos humanos, con los que comenzó a experimentar toda la indigencia del hombre. Se sirvió de las afecciones humanas y de los sentidos corporales, como si fueran celosías y ventanas, para conocer las miserias humanas y hacerse misericordioso por su propia experiencia de hombre.




                    Ya lo sabía antes, pero de otra manera. Se hizo lo que ya era, aprendió lo que ya sabía y buscó entre nosotros celosías y ventanas para explorar con mayor atención nuestras adversidades. Y encontró tantas aberturas en nuestra pared ruinosa y llena de resquicios, como debilidades y miserias nuestras experimentó en su cuerpo.

                    Debes procurar con toda vigilancia que encuentre siempre abiertas las celosías y ventanas de tus confesiones; a través de ellas podrá mirar con bondad en tu interior, porque su mirada es tu salvación. Y como hay dos clases de compunción: primero la tristeza por nuestros pecados y después la alegría por los dones recibidos, cuando confieso mis pecados sin la menor angustia de mi corazón es como si le abriera las celosías, o sea la ventana más cerrada.

                    Pero a veces el corazón se dilata con el amor, al considerar las bondades divinas y prorrumpe en alabanza y acción de gracias. Entonces le abro al Esposo, no la ventana estrecha, sino la más amplia, y por ella mira más complacido cuanto mayor es el sacrificio de alabanza que se le tributa.


San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia



martes, 8 de septiembre de 2026

LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA, según las revelaciones de Sor María de Jesús de Ágreda



                    Llegó el día alegre para el mundo del parto felicísimo de Santa Ana y nacimiento de la que venía a él santificada y consagrada para Madre del mismo Dios. Sucedió este parto a los ocho días de Septiembre, cumplidos nueve meses enteros después de la Concepción del Alma Santísima de Nuestra Reina y Señora. Fue prevenida Su madre Ana con ilustración interior, en que el Señor le dio aviso cómo llegaba la hora de su parto. Y llena de gozo del Divino Espíritu atendió a Su voz; y postrada en oración pidió al Señor la asistiese su gracia y protección para el buen suceso de su parto. Sintió luego un movimiento en el vientre, que es el natural de las criaturas para salir a luz; y la más que dichosa niña María al mismo tiempo fue arrebatada por Providencia y Virtud Divina en un éxtasis altísimo, en el cual absorta y abstraída de todas las operaciones sensitivas nació al mundo sin percibirlo por el sentido; como pudiera conocerlo por ellos, si junto con el uso de razón que tenía, los dejara obrar naturalmente en aquella hora; pero el Poder del Muy Alto lo dispuso en esta forma, para que la Princesa del Cielo no sintiese lo natural de aquel suceso del parto.

                    Nació pura, limpia, hermosa y llena toda de gracias, publicando en ellas que venía libre de la ley y tributo del pecado; y aunque nació como los demás hijos de Adán en la sustancia, pero con tales condiciones y accidentes de gracias, que hicieron este nacimiento milagroso y admirable para toda la naturaleza y alabanza eterna del Autor. Salió, pues, este Divino Lucero al mundo a las doce horas de la noche, comenzando a dividir la de la Antigua Ley y primeras tinieblas del día nuevo de la gracia, que ya quería amanecer. La envolvieron en paños y fue puesta y aliñada como los demás niños la que tenía su mente en la Divinidad, y tratada como párvula la que en Sabiduría excedía a los mortales y a los mismos Ángeles. No consintió su madre que por otras manos fuese tratada entonces, antes ella por las suyas la envolvió en las mantillas, sin embarazarle el sobreparto; porque fue libre de las pensiones onerosas que tienen de ordinario las otras madres de sus partos.

                    Recibió Santa Ana en sus manos a la que, siendo hija suya, era juntamente el Tesoro Mayor del Cielo y Tierra en pura criatura, sólo a Dios inferior y superior a todo lo criado; y con fervor y lágrimas la ofreció a Su Majestad, diciendo en su interior:

                    "Señor de infinita Sabiduría y Poder, Criador de todo cuanto tiene ser; el fruto de mi vientre, que de Vuestra bondad he recibido, Os ofrezco con eterno agradecimiento de que me le habéis dado, sin poderlo yo merecer. De hija y madre haced a Vuestra Voluntad Santísima, y mirad nuestra pequeñez desde lo alto de vuestra silla y grandeza. Eternamente seáis Bendito, porque habéis enriquecido al mundo con criatura tan agradable a Vuestro beneplácito y porque en Ella habéis preparado la morada y tabernáculo para que viva el Verbo Eterno. (Libro de la Sabiduría, capítulo 9, versículo 8)

                    A mis Santos Padres y Profetas doy la enhorabuena, y en ellos a todo el linaje humano, por la segura prenda que les dais de su Redención. Pero ¿cómo trataré yo a la que me dais por hija, no mereciendo ser Su sierva?. ¿Cómo tocaré la verdadera Arca del Testamento? (1). Dadme, Señor y Rey mío, la luz que necesito para saber Vuestra Voluntad, y ejecutarla en agrado Vuestro y servicio de mi hija".

                    Respondió el Señor a la Santa matrona en su interior, que tratase a la Divina Niña como madre a su hija en lo exterior, sin mostrarle reverencia, pero que se la tuviese en lo interior; y que en su crianza cumpliese con las leyes de verdadera madre, cuidando de su hija con solicitud y amor. Todo lo cumplió así la feliz madre; y usando de este derecho y licencia, sin perder la reverencia debida, se regalaba con su Hija Santísima, tratándola y acariciándola como lo hacen las otras madres con las suyas, pero con el aprecio y atención digna de tan oculto y divino sacramento como entre hija y madre se encerraba. 

                    Los Ángeles de Guarda de la dulce niña con otra gran multitud la adoraron y reverenciaron en los brazos de su madre y la hicieron música celestial, oyendo algo de ella la dichosa Ana; y los mil Ángeles señalados para la custodia de la gran Reina se le ofrecieron y se dedicaron para su ministerio; y fue esta la primera vez que la Divina Señora los vio en forma corpórea con las divisas y hábito que diré en otro capítulo; y la Niña les pidió que alabasen al Altísimo con Ella y en Su Nombre.

                    Al punto que nació nuestra Princesa María, envió el Altísimo al Santo Arcángel Gabriel para que evangelizase a los Santos Padres del Limbo esta nueva tan alegre para ellos; y el embajador celestial bajó luego, ilustrando aquella profunda caverna y alegrando a los Justos que en ella estaban detenidos. Les anunció cómo ya comenzaba a amanecer el día de la felicidad eterna y reparación del linaje humano, tan deseado y esperado de los Santos y preanunciado de los Profetas, porque ya era nacida la que sería Madre del Mesías prometido; y que verían luego la Salud y la Gloria del Altísimo. Y les dio noticia el Santo Príncipe de las excelencias de María Santísima y de lo que la mano del Omnipotente había comenzado a obrar en Ella, para que conocieran mejor el dichoso principio del Misterio que daría fin a su prolongada prisión; con que se alegraron en espíritu todos aquellos Padres y Profetas, y los demás justos que estaban en el limbo, y con nuevos cánticos alabaron al Señor por este beneficio.



                    Habiendo sucedido en breve tiempo todo lo que he dicho en que nuestra Reina vio la luz del sol material, conoció con los sentidos a sus padres naturales y otras criaturas, que fue el primer paso de Su vida en el mundo en naciendo. El brazo poderoso del Altísimo comenzó a obrar en Ella nuevas maravillas sobre todo el pensamiento de los hombres; y la primera y estupenda fue enviar innumerables Ángeles para que a la electa para Madre del Verbo Eterno la llevasen al Cielo empíreo en Alma y Cuerpo para lo que el Señor disponía. Cumplieron este mandato los Santos Príncipes y, recibiendo a la Niña María de los brazos de su madre Santa Ana, ordenaron una nueva y solemne procesión, llevando con cánticos de incomparable júbilo a la verdadera Arca del Nuevo Testamento, para que por algún espacio estuviese, no en casa de Obed-Edom (2), mas en templo del Sumo Rey de los reyes y Señor de los señores, donde después había de ser colocada eternamente. Y este fue el segundo paso que dio María Santísima en Su vida, desde el mundo al supremo Cielo.

                    ¿Quién podrá dignamente engrandecer este maravilloso prodigio de la diestra del Omnipotente?. ¿Quién dirá el gozo y admiración de los Espíritus celestiales, cuando miraban aquella tan nueva maravilla entre las obras del Altísimo y con nuevos cánticos la celebraban?. Allí reconocieron y reverenciaron a su Reina y Señora escogida para Madre del que había de ser su Cabeza, y que era la Causa de la Gracia y de la Gloria que poseían, pues Él se la había granjeado con Sus méritos previstos en la Divina aceptación. Pero ¿qué lengua o qué pensamiento de los mortales puede entrar en el secreto del Corazón de aquella Niña tan tierna en el suceso y efectos de tan peregrino favor?. Lo dejo a la Piedad Católica, y mucho más a los que en el Señor lo conocerán, y nosotros cuando por Su Misericordia infinita llegaremos a gozarle cara a cara.


"Mística Ciudad de Dios"

por la Venerable Sor María Jesús de Ágreda


NOTAS

            1) En la Antigua Ley estaba totalmente prohibido tocar directamente el Arca de la Alianza, que era transportada mediante varales que sostenían los levitas. "Y cuando Aarón y sus hijos acaben de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán ninguna cosa santa, no sea que mueran" (Libro de los Números, cap. 4, vers. 15). "Harás también varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro. Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el Arca en ellas" (Libro del Éxodo, cap. 25,vers. 13-14)

            2) Obed-Edom era un judío levita que recibió en su casa el Arca de la Alianza; "Y el Arca de Dios estuvo con la familia de Obed-Edom, en su casa, tres meses; y bendijo el Señor la casa de Obed-Edom, y todo lo que tenía" (Libro 1º de Crónicas, cap. 13, vers. 14)



sábado, 22 de agosto de 2026

EL DOLOROSO E INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 

               ...el día de la Inmaculada Concepción de 1942, nuestro Santísimo Señor el Papa Pío XII, compadecido por los gravísimos sufrimientos con los que son afligidos los Pueblos Cristianos por causa de la cruel guerra presente, consagró también a perpetuidad al Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen y Madre al género humano que ya León XIII había dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. 

               Y para que se conservara el recuerdo de dicha consagración decretó que se extendiera a la Iglesia universal la fiesta del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María, con misa y oficio propios, a celebrarse cada año el día 22 de Agosto en lugar de la Octava de la Asunción de la misma Santísima Virgen, con rito doble de segunda clase. 

               Y ello para que, con el auxilio de la Santísima Madre de Dios, obtengan todos los pueblos la paz y la Iglesia de Cristo la libertad, los pecadores, libres de sus reatos, y todos los fieles en fin se hagan fuertes en el amor a la pureza y en el ejercicio de las virtudes. 


(Del Decreto del 4 de Marzo de 1944)



Su Corazón es un cetro con el cual 
Ella gobierna a todos aquellos 
que le obedecen en el mundo


               La Santísima Virgen describió la situación del mundo como gravísima, señaló como causa de esa situación la espantosa decadencia moral de la humanidad, nos amenazó con terribles puniciones terrenas —una nueva guerra, propagación mundial de los errores del comunismo, persecuciones a la Iglesia— y con una punición eterna mil veces peor, el infierno, si no nos enmendásemos; y, por fin, prescribió los medios necesarios para que lleguemos a la enmienda y evitemos tantos castigos.

               A pesar de algunas personas frívolas que cierran los ojos a la realidad más evidente y se complacen en afirmar que este mundo en que vivimos —de duda, de naturalismo, de indisciplina moral y de adoración de la felicidad terrena— está en orden con Dios, es necesario creer lo contrario, pues eso es lo que Nuestra Señora nos dice.

               ...no faltan, lamentablemente, teólogos optimistas, que crean en torno de sí una agradable atmósfera de simpatía afirmando que casi nadie se condena al Infierno. Nuestra Señora no obstante enseña lo contrario, y no lo hace tan sólo por medio de palabras, sino con el argumento invencible del hecho concreto: abre el Infierno a los ojos de los pastorcitos aterrorizados, para que cuenten al mundo entero lo que vieron. Y es que se debe creer en la Santísima Virgen, y no en cierta teología tibia de agua de azahar. 

               Nuestra Señora señala como remedios fundamentales para el mundo contemporáneo la oración, la penitencia y la enmienda de vida. Es de estas tres posturas meramente espirituales que Ella hace depender la manutención de la paz, la preservación de Occidente contra la propaganda comunista y la supervivencia, por tanto, de la propia Civilización.

               Podrán chocarse con esto muchos católicos mal avisados, que colocan todas sus esperanzas en medios meramente humanos. Se figuran ellos que todo estaría a salvo el día en que la Iglesia estuviese fuertemente dotada de Seminarios, Universidades, periódicos, revistas, librerías, cinemas, teatros, obras de caridad y de asistencia social. En esta concepción, todo se reduce al ámbito meramente natural. La descristianización tiene como causa la insuficiencia de nuestros medios de propaganda y de acción. El día en que hubiésemos remediado esta insuficiencia, habremos vencido la descristianización. Mientras tanto, la Santísima Virgen se aparece en Fátima, y sobre todos estos medios de acción no dice una sola palabra. 

               ...la simple lectura de los Mensajes de Fátima demuestra con cuánta insistencia la Santísima Virgen los quiere para nuestros días. La misión que Ella confió a la hermana Lucía fue especialmente la de quedarse en la tierra para atraer a los hombres hacia el Corazón Inmaculado de María. Varias veces esta Devoción es recompensada durante las visiones. Este Corazón Santísimo se presenta inclusive, en la segunda Aparición, coronado de espinas por nuestros pecados, pidiendo la oración reparadora de los hombres. Nos parece que este punto como que compendia en sí todos los tesoros de los Mensajes de Fátima.


Extractos del artículo 
"La devoción al Corazón de María salvará al mundo"
 del Doctor Plinio Corrêa de Oliveira, 
publicado en "Catolicismo", nº 30, Junio de 1953



sábado, 15 de agosto de 2026

LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO EN CUERPO Y ALMA


¿Quién es Ella que sube por el desierto
como una columna de humo, de especias
aromáticas, de mirra e incienso?


Libro del Cantar de los Cantares, cap. 3, vers. 6



                    Cuando llegó el momento, escogido por el Verbo Encarnado, de celebrar Sus místicas y solemnes nupcias con la Novia de Su Corazón, eligió revelarse a Ella en toda Su belleza, invitándola a venir y saborear los inefables deleites que la clara visión de la Esencia Divina transmite al alma.

                    Aquella visión fue la recompensa del ardiente amor que María, desde Su Concepción, había albergado por Su Dios, y que desde entonces había ido creciendo en Su Alma. Ese Amor alcanzó finalmente Su plenitud, y había llegado el momento de recibir, de la infinita Generosidad de Dios, Su corona final, en la clara e inmediata manifestación de la Esencia Divina a Su inteligencia. Pero es imposible ver a Dios cara a cara de manera constante y permanente, y seguir viviendo la vida mortal del cuerpo. Por eso, al revelarse esa visión inefable, el vínculo que unía el Alma de María a Su cuerpo se rompió, y Ella entró de inmediato en la Corte Celestial.

                    El día en que María hizo su entrada en el Cielo fue, para la gloriosa hueste de Ángeles, un día de inmensa alegría. Estos espíritus bienaventurados recibieron al Alma purísima de la Madre del Verbo con muestras de profunda reverencia. Su mirada no se saciaba con la contemplación de la belleza de esta criatura, que había conservado intacto el lirio de Su Inmaculada Concepción, y se preguntaban unos a otros con asombro: «¿Quién es Esta que sube por el desierto como una columna de humo, de especias aromáticas, de mirra e incienso?».

                    La separación del Alma de María de Su cuerpo sagrado duró apenas un instante. Apenas Su Alma fue admitida permanentemente a la visión de la Esencia Divina, fuente de todo deleite, entonces, sin apartar la mirada de aquella visión embriagadora, retomó, veloz como un relámpago, Su cuerpo santo, para morar con Él eternamente en el esplendor del Cielo.

                    María, glorificada en alma y cuerpo, ascendió a los Reinos de la Luz, tal como Su Hijo lo había hecho el día de la Ascensión. Ascendió, no con la ayuda de ningún poder externo, ni siquiera angélico, sino con esa fuerza de agilidad que la resurrección confiere al cuerpo glorificado. María ascendió al Cielo como un hermoso pájaro que se eleva hacia las profundidades azules del firmamento; ascendió hasta los pies del Trono de Dios, quien la coronó Reina del Cielo y de la Tierra. «Ven del Líbano, Esposa mía, ven del Líbano, ven, serás coronada».

                    Admira, oh alma mía, este espectáculo deslumbrante, y da gracias a Dios por las maravillas que ha obrado en esta Virgen incomparable, que, a pesar de Su grandeza, permanece siempre para ti como una Madre llena de ternura y compasión.

                    La Asunción de María, si bien para Ella representó la culminación de una vida totalmente sobrenatural y divina, fue también para la humanidad un nuevo motivo de alegría y triunfo.

                    Así como los Patriarcas en el Limbo habían contemplado el Nacimiento de María como el amanecer que les anunciaba su pronta liberación, así también la Asunción de esta Reina sin igual, junto con la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, se convirtió para el hombre mortal en una segura garantía de resurrección e inmortalidad.




                    El hombre, por naturaleza, es una criatura débil, y grandes son las aflicciones que debe soportar en esta vida; sin embargo, tan poderosas son las ayudas de la Gracia Divina, que, a pesar de nuestra miseria, podemos, mediante esa ayuda divina, participar con los Santos Ángeles de la Visión de Dios en el Cielo. Pero para alcanzar tan sublime fin, el cristiano debe luchar valientemente durante toda su vida. Debe esforzarse al máximo para crecer continuamente en la práctica de la Virtud y el Amor a Dios, según las palabras del Apóstol: «Prosigo hacia la meta, hacia el premio de la vocación celestial de Dios en Cristo Jesús».


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María


miércoles, 5 de agosto de 2026

NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES, Patrona de la isla de San Miguel de La Palma



ORÍGENES DE LA DEVOCIÓN

                Una antigua tradición cuenta que en Roma vivían unos esposos ricos, de nobles familias patricias, que deseaban donar su fortuna a fin de hacer alguna obra buena en favor de la religión cristiana. En la noche del 5 de Agosto del año 358, escucharon en sueños una voz que les decía: “Acudan mañana al Monte Esquilino y en el sitio donde haya nieve, allí deben levantar un templo a la Santísima Virgen”.

                Al día siguiente acudieron al lugar señalado, situado en una de las siete colinas de Roma, y encontraron, con gran sorpresa, una franja de terreno cubierta de nieve en pleno verano. Con el apoyo del Papa Liberio, se empezó a construir el templo dedicado a Nuestra Señora, conocido más tarde como Basílica Liberiana, siendo el primer templo dedicado a la Madre de Dios y puesta bajo el título de Nuestra Señora de las Nieves. Con el tiempo, el templo se fue deteriorando, pero para mantener  aquél bendito lugar dedicado a la Virgen, se construyó otro templo en el año 434, ocupando en la actualidad ese milagroso lugar la Basílica de Santa María la Mayor, que es una de las cuatro basílicas mayores de Roma y una de las cinco patriarcales asociadas con la Pentarquía: San Juan de Letrán, San Lorenzo Extramuros, San Pedro, San Pablo extramuros y la citada.

PATRONA DE LA ISLA DE SAN MIGUEL DE LA PALMA

(Archipiélago Canario, España)

                La presencia de Nuestra Señora de Las Nieves en La Palma está envuelta en la leyenda. La Bula del Papa Martín V, fechada en Roma el 20 de Noviembre de 1423, hace mención a “Santa María de la Palma” y su llegada a la Isla se asienta sobre las hipótesis de algunos cronistas, que se refieren a viajes de frailes irlandeses o navegantes del Mediterráneo, misiones del Obispado de Telde o incursiones de los normandos asentados en las islas orientales desde comienzos del siglo XV.

EL VOLCÁN SOFOCADO POR LA VIRGEN

               Existe un documento de especial interés y que se refiere a la erupción del volcán de San Antonio, ocurrida en 1677. La versión corresponde al visitador Juan Pinto de Guisla, venerable beneficiado de la Parroquia de El Salvador y visitador general de La Palma, testigo presencial, según parece, del acontecimiento y que se expresa en los siguientes términos:

              “Ha padecido esta isla diversas veces la calamidad de estos volcanes, en la parte que mira al sur, o mediodía, como se reconoce por la tierra quemada reducida a riscos que llaman “mal país”, en que convierte la materia que arroja de sí, y aún está muy viva la memoria del último que reventó por principio del mes de Octubre del año 1646, que duró hasta 18 de Diciembre del mismo año, en que se celebra la Fiesta de la Expectación de Ntra. Señora, día en que amaneció de nieve la boca del volcán, con universal aclamación de milagro de Ntra. Señora de las Nieves, cuya Santa Imagen se venera como Patrona de esta isla y a cuyo patrocinio se recurre en sus mayores aflicciones y necesidades, como se recurrió en aquélla trayéndola a la Parroquia de esta ciudad, donde estaba colocada cuando cesó el volcán, y se cubrió de nieve”.

                De alguna manera fueron providenciales también la fecha y la hora de la última erupción volcánica en la isla: el 19 de Septiembre de 2021, Festividad de Nuestra Señora de La Salette, coincidiendo además en la hora, las 3 de la tarde.



martes, 4 de agosto de 2026

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, Fundador de la Orden de Predicadores y Apóstol del Santísimo Rosario



               Nació en Caleruega (Burgos) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, Don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los Condes-Fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.

               De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste Don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.

               De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro, Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.

               Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.

               Al concluir la Teología en 1194, fue ordenado Sacerdote por el obispo de Osma, Martín de Bazán y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.

               Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.

               En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, acompaña al nuevo Obispo de Osma, Diego de Acebes, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del Príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al Obispo a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Languedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los Obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.

               En 1208, Nuestra Señora se le aparece en la Capilla del Monasterio de Santa María de Prouilhe (en el Rosellón) y le enseña a rezar el Santo Rosario, compuesto por 150 Avemarías, número similar a los Salmos de las Sagradas Escrituras; la Virgen aseguró a Santo Domingo que el Rosario es la mejor arma contra los enemigos de la Fe.

               Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.

               En Septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos Regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en Septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores (conocidos como Dominicos).

               Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.

               Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.

               Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.

               En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.

               Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de Agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.




LAS QUINCE PROMESAS
DE LA VIRGEN MARÍA
A QUIENES RECEN EL ROSARIO

La Tradición atribuye al Beato Alan de la Roche, de la Orden de los
Dominicos, el origen de estas Promesas hechas por la Virgen María.
Es mérito del Beato de la Roche el haber restablecido la devoción al
Santo Rosario enseñada por Santo Domingo apenas un siglo antes

        1.- El que Me sirva, rezando diariamente Mi Rosario, recibirá cualquier gracia que Me pida.

        2.- Prometo Mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen Mi Rosario.

        3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el Infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

        4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la Misericordia Divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.

        5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

        6.- El que con devoción rezare Mi Rosario, considerando los Misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la Vida Eterna.

        7.- Los verdaderos devotos de Mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

        8.- Quiero que todos los devotos de Mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la Gracia, y sean partícipes de los Méritos de los Bienaventurados.

        9.- Libraré pronto del Purgatorio a las almas devotas del Rosario.

        10.- Los hijos verdaderos de Mi Rosario gozarán en el Cielo una gloria singular.

        11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

        12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen Mi Rosario.

        13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los Bienaventurados del Cielo.

        14.- Los que rezan Mi Rosario son todos hijos Míos muy amados y hermanos de Mi Unigénito Jesús.

        15.- La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la Gloria.



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sábado, 1 de agosto de 2026

MARÍA NUESTRA SEÑORA y MADRE, Reina de los Confesores

 

Bienaventurada Tú 
que has creído, porque
se cumplirá lo que 
el Señor Te ha dicho

Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers.45



                    La Fe, raíz y fundamento de nuestra justificación, es un don sobrenatural que Dios concede al alma para guiarla hacia la posesión de Su Amor en la tierra y de Sí Mismo en el Cielo. Mediante la virtud teologal de la Fe, nuestro intelecto cree en las Verdades de la Revelación y, aunque no las comprende, las acepta libremente, pero a la vez con firmeza, como si estas Verdades le fueran evidentes. La Fe también nos libra del error y nos mantiene siempre presentes el fin último para el que fuimos creados, guiando así nuestros pasos por el camino de la salvación.

                    La Fe es, pues, un don invaluable; incomparablemente más deseable que todos los razonamientos de la Filosofía o los descubrimientos de los hombres de ciencia.

                    ¡Qué ruina desastrosa le sobreviene al alma en la que se apaga esta luz celestial! Si un hombre, por pecado mortal, pierde la gracia divina, no por ello queda completamente aislado de toda posibilidad de redención; su entendimiento permanece unido a Dios, y aún reconoce a Dios como su fin último y el único bien que puede satisfacer plenamente los anhelos de su alma. Pero si, por desgracia, pierde la Fe, ¡ah!, entonces sí que se aleja de Dios, y la acción redentora de Cristo no puede alcanzarlo.

                    ¡Oh, cuán lamentable es la condición del incrédulo, que está “sin Cristo, ajeno a la conversación de Israel y extraño al pacto, sin esperanza en la promesa, y sin Dios en este mundo!”.

                    La Fe de María fue la más perfecta que jamás haya existido; por consiguiente, es digna de ser imitada. Jesucristo, en virtud de la unión hipostática, gozó continuamente de la Visión Beatífica de la Divina Esencia. Por lo tanto, no podía practicar la virtud de la Fe. La preeminencia, pues, en el ejercicio de esta virtud corresponde a María, quien por esta razón es llamada Reina de los Confesores. Por eso, aquellos cuyas vidas se dedican a difundir de una u otra forma el Evangelio de Jesucristo, toman a María como su Patrona. María, cuya Fe jamás flaqueó, les concede que su predicación dé fruto en los corazones de los hombres.

                    Sin embargo, la Fe de ningún otro confesor fue puesta a prueba con tanta severidad como la de María. Por un lado, la baja autoestima que tenía de Sí Misma bien podría haberle generado dudas sobre la realidad de Sus títulos de Madre de Dios y Corredentora de la Humanidad; por otro lado, la humillación de Jesús, Sus trabajos y el oprobio que sufrió podrían haber sido para Ella, como para tantos otros, motivo de escándalo. Nada, sin embargo, pudo quebrantar Su Fe en el origen divino de Su Hijo ni Su creencia en la misión que Ella misma desempeñaba en la Obra de nuestra Redención. Así, permaneció junto a la Cruz de Jesús moribundo, y fue un testimonio inquebrantable tanto de la Divinidad como de la humanidad de Jesús y de la Verdad de Su misión sobrenatural.

                    Esta Fe de la Virgen María, que resplandeció con tal intensidad en medio de la oscuridad de un mundo incrédulo, es digna de nuestra admiración. Como un faro brillante sobre una roca firme, María resistió las tempestades más feroces, iluminando el mundo con el esplendor de Su Fe.

                    Desde su temprana infancia, María se dedicó a practicar la virtud de la Fe, mereciendo así una profunda comprensión y amor por Dios, al punto de poseer más gracia que la que se encuentra en toda la multitud de Serafines reunidos. Además, tuvo la dicha de ver cumplidas en Sí las promesas del Ángel, promesas que Ella misma, con visión profética, celebró en Su canto triunfal, el «Magníficat». Esta Fe fue, asimismo, el principio de Su exaltación y la fuente de ese singular poder de intercesión que poseería eternamente en el Cielo.

                    Apelemos a María, pidiéndole que interceda por nosotros, para que la lámpara de nuestra Fe nunca se apague, sino que, por el contrario, esta santa virtud siga creciendo y aumentando en nuestras almas.

                    Santo Domingo nació en la localidad de Caleruega, en Burgos, en el seno de la noble familia de Guzmán y de Aza.

                    Desde muy joven, Domingo fue muy dado a la oración, y especialmente devoto de la Santísima Virgen María, a quien eligió como su Madre y Patrona. Completó con éxito Sus estudios en la Universidad de Palencia y, al ser ordenado Sacerdote, se dedicó con gran celo a la salvación de las almas.

                    Cuando se conoció su fervor y la pureza de su Fe, fue invitado a predicar contra los albigenses, una secta de herejes que por aquel entonces asolaba la región de Toulouse. Aceptó de buen grado esta tarea, pero al principio no vio sus esfuerzos bendecidos con abundantes frutos. Entonces suplicó a la Santísima Virgen que le inspirara una manera más eficaz de cumplir con su difícil oficio. Esta gloriosa Virgen se le apareció y le dijo cuán fácilmente podría combatir a los herejes si rezaba la Salutación Angélica en forma de Rosario, según el método que ella misma le explicó. Santo Domingo comenzó de inmediato a propagar esta gran devoción y pronto obtuvo una gran victoria sobre la herejía.

                    Era sumamente devoto de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Transcribió la enseñanza sobre esta verdad en un libro, el cual fue sometido tres veces a la prueba del fuego en presencia de herejes, y en cada ocasión permaneció intacto entre las llamas. Fue incansable en esta cruzada, predicando continuamente la Palabra de Dios y llevando a los pecadores al arrepentimiento. Obtuvo abundantes frutos al propagar la devoción del Santo Rosario, que era muy querida para él.

                    Desde Toulouse, la práctica del rezo del Santo Rosario se extendió a otras regiones, obteniendo excelentes resultados en todas partes. Fue aprobada y generosamente indulgenciada por varios Pontífices Romanos. Domingo, en su ferviente celo por la Gloria de Dios, fundó la Orden de los Frailes Predicadores, cuyo fin era combatir la herejía y defender las Verdades de nuestra Santa Religión con la ayuda de la Virgen María. Falleció serenamente el 6 de Agosto de 1221.


Extraído de "La más bella flor del Paraíso" 
escrito por el Cardenal Alexis-Henri-Marie Lépicier, 
de la Orden de los Siervos de María



martes, 21 de julio de 2026

EXALTADA POR ENCIMA DE LOS COROS DE LOS ÁNGELES



                    "Te suplicamos, Señora Nuestra y Madre de Dios, exaltada por encima de los Coros de los Ángeles, que llenes el vaso de nuestro corazón con la Gracia celestial; que nos hagas resplandecer con el oro de la Sabiduría; que nos sostengas con la Potencia de Tu intercesión; que nos adornes con las preciosas piedras de Tus Virtudes y que derrames sobre nosotros, olivo bendito, el aceite de Tu Misericordia, con el que cubras la multitud de heridas de nuestros pecados; y así merezcamos ser elevados a las alturas de la Gloria Celestial y vivir eternamente dichosos con los Bienaventurados" 


San Antonio de Padua, Doctor de la Iglesia