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martes, 24 de febrero de 2026

LA FAZ DE JESUCRISTO, poderosa arma contra Satanás


Oh, Faz adorable, que haces 
estremecer a los demonios, 
ten misericordia de nosotros



                    Adoremos la adorable Faz de Jesús, ante quien debe doblarse toda rodilla, en el Cielo, en la Tierra y en el Infierno, que permite a los demonios acercársele y contemplar Sus rasgos. 

                    Bajo el velo de humanidad, Su Divinidad sólo tiene que manifestarse por sí Misma, bastando un momento para arrojar a los enemigos de Dios y a todos los injustos al abismo. 

                    Jesús quiso ser tentado por el Demonio, quiso someterse a sus asaltos. La Luz Increada no tuvo miedo de estar a menudo en presencia del Ángel de las tinieblas. En el desierto el Tentador se le acercó, y sugirió al Divino Penitente las tres tentaciones que tienen como origen la triple concupiscencia del orgullo, del amor a las cosas terrenas, y de la sensualidad. 

                    Jesús no las combatió con nada, excepto dulzura y paciencia. Se opuso a ellas con calma, energía y dignidad, con una mirada de Sus ojos, con una palabra salida de Su boca divina.  A menudo tendrá ocasión de expulsar al espíritu impuro fuera de los cuerpos de los poseídos, y fuera de las almas de los pobres pecadores, su forma de actuar será siempre la misma.  

                    Quiere enseñarnos que mientras permanezcamos en la tierra, tendremos que luchar contra esto "un león rugiente que siempre busca a quien devorar". Si se trató con rigor al Maestro, igual debe ser con el discípulo. ¡Acaso los Santos no soportaron la tentación en proporción a la altura de Santidad que habían alcanzado!. 

                    La tentación no es un pecado. El pecado consiste en una voluntad perversa y en el consentimiento; la voluntad siempre permanece libre. El Diablo siempre merodeará el corazón con ruidosos rugidos, él no puede entrar en él, y enlodar su pureza, a menos que se lo permitamos voluntariamente.

                    ¿Cuál es el requisito, Oh mi Dios, a fin de no sucumbir?. Desconfiar de las criaturas, confiar en Vuestra Gracia, recurrir a vuestro Poder: "Señor, muéstranos Tu Santa Faz y seremos salvos". 

                    Oh Buen Jesús, a la hora del peligro, al momento en que las aguas de la iniquidad están a punto de desbordar mi corazón, mostradme Vuestra Faz Divina; y el Demonio, desarmado y vencido, volará lleno de confusión a sus oscuros abismos: Ostende Faciem Tuam, et salvi erimus. 

                    Es a la hora del peligro que los polluelos se refugian bajo las alas de su madre, y las ovejas bajo el cayado de su Pastor. Cuando no encontramos reposando en los pastos del Señor, nada tenemos que temer a los dardos del Enemigo; por un momento, podemos olvidarnos de él cuando nos viene toda ayuda; pero de repente, dejemos se nos presente el Enemigo, y es entonces cuando nos apresuraremos a arrojarnos al Seno del Padre, quien puede defendernos. 

                    Armados con el pensamiento que estamos bajo la Mirada de Dios, como buenos soldados combatiremos bajo la mirada de su líder, probaremos a Dios nuestra fidelidad y amor, lucharemos contra el Enemigo, venceremos sus tramas alejándonos del pecado y de las ocasiones que nos conducen a él.  

                    Contra las tentaciones de orgullo, el alma Cristiana sólo tiene que considerar la Faz de su Dios cubierta de oprobios, ensangrentada y desfigurada, a fin de expiar las rebeliones de su criatura culpable, contra las tentaciones de sensualidad, sólo tiene que pensar en sus sufrimientos, contra las tentaciones de apego a los bienes mundanos, sólo tiene que contemplar a Cristo desnudo sobre la Cruz, y ante tal vista, ¿quién no se sentirá fortalecido a luchar el buen combate del Señor?.

                    Una vez se le apareció el Demonio a uno de los Siervos de Cristo, quien ya le había infringido la más de las ignominiosas derrotas. San Martín se encontraba en oración, en su celda. De repente se miró bañado en una luz púrpura; seguido vio ante sus ojos a un personaje resplandeciente de luz, de rostro sereno y aire gozoso, envuelto en traje real, su frente coronada con una diadema. "Martín", "Soy Cristo, adórame". El Santo se detuvo y reflexionó un momento: "Mi Señor Jesús", respondió, "¿acaso no me anunciaste que Te aparecería vestido de púrpura y coronado con una diadema?. Por mi parte, si no Te veo con el Rostro bajo lo que sufriste, con Tus estigmas y Tu Cruz, no creeré que eres Tú". Ante estas palabras, el fantasma se desvaneció. 

                    Si deseamos poner al Demonio a volar, recordemos entonces de la Pasión de Nuestro Señor, y contemplemos Su Santa Faz desfigurada por el pecado. 


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

Christo igitur passo in carne, 
et vos eadem cogitationi armamini 
(I Pedro, 1,4) 

Armémonos contra el Demonio 
con el pensamiento de Cristo crucificado.


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903


martes, 27 de enero de 2026

LA FLECHA DE ORO PARA HERIR SU CORAZÓN


                   La Devoción a la Santa Faz inspiró toda una espiritualidad, sobre todo en Francia; allí en la ciudad de Tours, la Venerable Sor María de San Pedro, carmelita descalza, mística, tuvo diferentes visiones y conversaciones con Nuestro Señor y la Santísima Virgen, en los que la instaron a difundir la Devoción a la Santa Faz de Jesús, en reparación por los muchos insultos que sufrió Jesucristo Nuestro Señor en Su Santa Pasión. 

                  El 24 de Noviembre de 1843, Nuestro Señor le advirtió: "La Tierra está repleta de crímenes. La violación de los primeros tres Mandamientos de Dios ha molestado a Mi Padre. El Santo Nombre de Dios ha sido blasfemado, y el Santo Día del Señor profanado, saturado de cantidad de iniquidades. Estos pecados se han acumulado hasta el Trono de Dios y han provocado Su Ira, la cual estallará pronto si Su Justicia no es apaciguada. Jamás han llegado estos crímenes a tal punto".

                   Anteriormente, el 24 de Agosto de 1843, Sor María de San Pedro había recibido una revelación especial de Nuestro Señor: "Él me abrió Su Corazón, y juntando allí las fuerzas de mi alma, se dirigió a mí con estas palabras: "Mi Nombre es blasfemado en todas partes. Hasta los niños Me blasfeman". Él me hizo entender que este espantoso pecado lastima penosamente Su Divino Corazón más que cualquier otro. Por medio de la blasfemia el pecador maldice el Rostro de Dios, lo ataca abiertamente, anula la Redención y pronuncia su propia condenación y juicio. La blasfemia es una flecha envenenada que siempre lastima Su Divino Corazón..."




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se recomienda su copia y difusión, sin fines comerciales



                   "El Salvador me hizo entender que Su Justicia estaba enormemente irritada por los pecados de la humanidad, pero particularmente contra aquellos que directamente ultrajan la Majestad de Dios, esto es: el ateísmo, las blasfemias y la profanación del Domingo y los Días Santos. Nuestro Señor me dijo: Los verdugos Me crucificaron un Viernes, los Cristianos Me crucifican el Domingo.

                   Él me dijo que desea darme una Flecha de Oro con la cual herir con delicias su Corazón y sanar esas heridas infligidas por la malicia de los pecadores. Este es el origen de la oración que conocemos, La Flecha de Oro: Que el más santo, más sagrado, más adorable, más incomprensible e inefable Nombre de Dios, sea por siempre alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado, en el Cielo, en la tierra y bajo la tierra, por todas las criaturas de Dios y el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.

                   Nuestro Señor dijo que esta oración desencadena un torrente de gracia para los pecadores. En estos Mensajes del Cielo, se le pidió a Sor María de San Pedro hacer una Comunión de reparación por la profanación dominical (Pecado contra el Tercer Mandamiento). Sor María de San Pedro escribe: "Nuestro Señor me ordenó comulgar los Domingos por estas tres intenciones particulares: en espíritu de expiación por todas las tareas prohibidas que se hacen los Domingos, que como día de observancia debe ser santificado. Para apaciguar la Justicia Divina que estaba a punto de descargarse a causa de la profanación de los días de guardar. Para implorar la conversión de aquellos pecadores que profanan los Domingos, y para lograr la terminación del trabajo dominical prohibido.

                   Nuestro Señor desea que Su Divino Rostro sea ofrecido como objeto exterior de adoración a todos Sus hijos que se asociaran a esta Obra de Reparación. Su Divino Rostro es la Imagen misma de Dios".

                  "Ofrécelo -le decía Nuestro Señor- incesantemente a Mi Padre por la salvación de tu país. El tesoro de Mi Divino Rostro en sí Mismo posee un valor tan extraordinario que por medio de Él todos los asuntos de Mi Casa se arreglan rápidamente. Si supieras cuánto complace a Mi Padre ver Mi Rostro. Regocíjate, hija Mía, porque se acerca la hora en que nacerá la Obra más bella bajo el Sol". 



jueves, 7 de agosto de 2025

PRIMER JUEVES, OREMOS POR LA SANTIDAD SACERDOTAL

 


                    El Jueves es el día tradicionalmente dedicado a recordar a los Sagrados Ministros de Dios; día elegido por Nuestro Señor Jesucristo el Jueves Santo, cuando instituyó el Sacerdocio, y con él y por él, la Sagrada Eucaristía, renovación incruenta del Sacrificio del Calvario, que se renueva por todo el orbe cada día, sin cesar. 

                  Práctica particularmente laudable es la de los Primeros Jueves de Mes, en el que se hacen especiales ejercicios de piedad para pedir por los Sacerdotes y Religiosos, así como por las vocaciones, para que el Señor envíe operarios a Su mies y extiendan Su Reino en el mundo entero.

                  El Sacerdote ordenado tiene un carácter indeleble, que lo hace ontológicamente Hombre-Sacerdote: su ministerio implica una forma y estado de vida y no un ejercicio transitorio. No se puede ser, como hoy en día se pretende, una suerte de “Sacerdote a tiempo parcial”, un simple funcionario de lo sagrado sujeto a nómina y a horarios. El Sacerdote lo es las veinticuatro horas de cada día de su existencia, aunque no se encuentre ejerciendo su Sacerdocio. Y seguirá siendo Sacerdote por toda la eternidad, ya sea que se salve o que tenga la desgracia de condenarse.




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                    Sin los Sacerdotes estaríamos desamparados espiritualmente. No tendríamos la Misa ni los Sacramentos, es decir que no dispondríamos de los medios ordinarios para salvarnos. La Vida Católica no podría desarrollarse normalmente sin ellos. Allí donde han faltado o faltan por diversas circunstancias (por falta de clero, por persecución, por abandono) los Fieles sufren y languidecen espiritualmente, aunque ciertamente, Dios no abandona a Sus hijos. Por eso es tan importante rezar por las vocaciones y por la santificación y perseverancia del Clero: para que haya muchos Sacerdotes que santifiquen al Pueblo de Dios y lleven las almas al Cielo. La Santidad no es indispensable para que el Sacerdote Católico ejerza eficazmente su Ministerio: nuestra salvación no depende de la bondad o maldad de los Sacerdotes, que no son sino los instrumentos a través de los cuales Jesucristo actúa; ya darán cuenta a Dios de su vida personal. Pero qué duda cabe que un Sacerdote santo edifica, consuela y llama a la Santidad.

                   El quinto Precepto General de la Santa Madre Iglesia manda “contribuir al sostenimiento de la Iglesia de Dios” (antiguamente se decía “pagar los diezmos y las primicias”, que viene a ser lo mismo). Quiere decir que los Fieles tienen el deber de mantener el Culto Católico y a sus Ministros, que es por quienes nos viene la gracia. Es natural, pues como dice San Pablo: “tiene el operario derecho a su salario” y los Sacerdotes son los operarios de la Viña del Señor. También dice el Apóstol de las Gentes que “quien sirve el Altar que viva del Altar”, por lo cual los Sacerdotes, que son los Ministros del Altar tienen el derecho a vivir de él, del cual, por cierto, nos beneficiamos todos.

                   Ahora bien, contribuir al sostenimiento de la Iglesia se hace de dos maneras: material y espiritualmente. Se contribuye materialmente aportando dinero, bienes y trabajo en la medida de las posibilidades reales de cada quien. Debemos considerar siempre si en conciencia hacemos todo lo que podemos. Muchas veces no somos generosos con la Iglesia mientras somos capaces de gastarnos dinerales en caprichos, vicios o cosas superfluas. Tengamos siempre en cuenta que, como pasa con nosotros, los sacerdotes no viven del aire y que tienen necesidad de nuestra asistencia material. A cambio ellos nos dan los medios de salvación. Realmente, salimos ganando siempre porque los fieles les damos bienes perecederos, mientras ellos nos dan la posibilidad de ganar el bien duradero de la vida eterna.

                   Pero también espiritualmente podemos sostener a la Iglesia y a sus Ministros: encargando Misas, ofreciendo nuestras oraciones y difundiendo propaganda a favor de las vocaciones. En esta categoría de limosna, entra la práctica de los PRIMEROS JUEVES DE MES, en los cuales invertimos una pequeña parte de nuestro tiempo para orar por los Sacerdotes, Religiosos, vocaciones y misiones, es decir, para mantener vivo el organismo de nuestra Religión Católica. 

                   Acostumbrémonos a santificar los Jueves Sacerdotales, ofreciendo en ellos nuestras preces y nuestros pensamientos, el rezo meditado del Santo Rosario... Es la mejor manera de preparar el Primer Viernes, consagrado al Corazón Divino según el cual queremos que sean nuestros Sacerdotes. 




domingo, 29 de diciembre de 2024

NUEVA ETAPA EN 2025

 


               Cuando inicié este blog -allá por el 2011- no tuve más anhelo que el de recapitular la fe sencilla y sincera de nuestros mayores, condensada en una piedad igualmente infantil, que no meliflua; oraciones, jaculatorias, novenas, sacramentales, vidas de Santos, vigilias, ayunos, sacrificios... todas aquellas prácticas, que se desprendían de la genuina Doctrina Cristiana y que creaban la atmósfera en la que se santificaron millones y millones de almas. 

               Es por eso que llevo a gala que desde algunas páginas pseudo católicas, me tachen de “pietista”, o de que sólo sé hacer estampas... por esas críticas sin sentido ni decoro -que agradezco de corazón, por la publicidad que hacen de este pequeño espacio de Como ovejas sin Pastor” y también por las sonrisas que afloran de un servidor- advierto a los cobardes, a la plebe ruin, conformada por sacerdotes sin apenas formación teológica, por obispones de faltas ortográficas y por feligrosos cuya prédica única no alcanza más allá del insulto neurótico, que sólo les voy a dedicar humor y oraciones.

               Este año que termina ha estado lleno de mundanal faena, por lo que no he podido dedicar al blog todo el tiempo que en otras épocas empleé; si bien es verdad que he afinado en las imágenes y en la edición de las mismas, hasta el punto que no han sido pocas las comunidades y congregaciones, que han solicitado el diseño de alguna estampa en particular, cuyo costo -advierto siempre- se eleva a rezar por mi persona e intenciones. 

               Por ese volumen de trabajo en mi particularísimo mundo, en el próximo año, 2025, las publicaciones serán más bien escasas, pero bien dignas: especialmente recordaré -entre otros artículos- el Centenario de la Canonización de Santa Teresita, mediante extractos de su autobiografía Historia de un alma, así como el de la Devoción de los Primeros Sábados, solicitada en 1925 por Nuestra Santa Madre en España; como siempre, te animo a que no te conformes con las últimas reseñas, sino que te sumerjas en la edición web del blog, que rastrees a través de las etiquetas, que busques las publicaciones de años anteriores... hay más de 4000 artículos originales y seguro que podrás sacar provecho de unos cuantos.

               Me encomiendo a tus oraciones y te prometo las mías. Unidos en la misma Fe Católica y en los Sagrados Corazones de Jesús y María.



lunes, 9 de diciembre de 2024

LA LLUVIA DE ROSAS DE SANTA TERESITA. Novena de los 24 Glorias. Centenario de la Canonización de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, 1925-2025

 

               La devoción a Santa Teresita del Niño Jesús se ha esparcido de una manera impresionante a través de toda la Iglesia. Durante su corta vida, Teresita no sobresalió por encima de las otras monjas del convento de Carmelitas Descalzas en Lisieux. Pero inmediatamente después de su muerte, muchos milagros y favores fueron concedidos a través de su intercesión. 

               La Santa cumplió la promesa de hacer caer una lluvia de rosas después de su muerte, es decir, una lluvia de beneficios hacia todos los que la invocan. "Lo que me impulsa a ir al Cielo es el pensamiento de poder encender en amor de Dios una multitud de almas que le alabarán eternamente", decía Teresita. Su gran anhelo es que aquellos que la invocan amen a Dios con un amor abrasador.

               Por medio de sus cartas, los testimonios de aquellos que la conocieron, y especialmente su autobiografía, "La Historia de un Alma", millones han llegado a conocer sus grandes dones y virtudes. Incontables peregrinos visitan el convento carmelita de Lisieux, donde, el 9 de Abril de 1888, María Francisca Teresa Martín, la hija menor del relojero Luis Martín, se convirtió en la novicia más joven. Tenía sólo quince años. Estaban ya allí dos de sus hermanas: María, la mayor, se había ido cuando Teresita tenía nueve años, y Paulina, que había cuidado de la familia después de morir su madre, entró cuando Teresita tenía catorce años. Impaciente por seguirlas, fue a Roma en una peregrinación con su padre, y rompiendo la regla del silencio en presencia del Papa, le pidió permiso de entrar al Carmelo a los quince años. "Entrarás si es la Voluntad de Dios", le contestó el Papa León XIII, y Teresita terminó la peregrinación con el espíritu lleno de esperanza. Al terminar el año, el permiso que anteriormente la había sido negado, le fue concedido por el obispo y Teresita entró al Carmelo.

               Teresita había sido la hija preferida de su padre; era tan alegre, atractiva y amable, que los dos sufrieron intensamente cuando llegó el momento de la separación. Pero no le cabía la menor duda de que ésa era su vocación y desde el principio se determinó a ser santa. Aunque la salud de Teresita era muy delicada, no deseó ninguna dispensa de la austera regla y no le fue dada ninguna. Sufría intensamente por el frío y por el cansancio de cumplir con algunas de las penitencias físicas y exteriores que la Regla acostumbraba. "Soy un alma muy pequeña, que sólo puede ofrecer cosas muy pequeñas a Nuestro Señor," dijo en una ocasión, "pero quiero buscar un camino nuevo hacia el Cielo, muy corto, muy recto, un pequeño sendero… Estamos en la era de los inventos. Me gustaría encontrar un elevador para ascender hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir los empinados escalones de la perfección…"


Entre los días 9 y 17 de cada mes
únete a la oración mundial en honor de
Santa Teresita del Niño Jesús


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se permite su copia y difusión, sin fines comerciales

               La Piedad Católica, aquella que nos lleva a la amistad con Jesús y María, también ha querido honrar a Sus imitadores, los Santos, máxime cuando éstos relucen por la integridad de su vida y por la claridad de sus palabras; leyendo la vida de los Santos, apreciamos que tuvieron defectos y miedos, como el resto de los mortales, pero que en la aceptación de su nada y en su entrega confiada a Dios, obtuvieron el premio de la Santidad. Es este el caso de Santa Teresita de Lisieux, "la Santa de las Rosas".

                La misma sencillez que caracterizó su corta vida en este mundo, podemos ahora tomar como referente en nuestra vida cotidiana. Las rosas, que simbolizan las gracias espirituales que el Señor regala al alma, siempre vienen rodeadas de espinas, afiladas y certeras... son el precio de nuestra recompensa eterna. ¿Cómo presentarnos ante Dios con las manos vacías?. Es pues necesario abrazar con esperanza las espinas que encontremos en el camino, lejos de ser problemas, son pruebas, méritos que el Cielo nos ofrece alcanzar.

               La fragancia de la santidad envuelve el dolor, el sufrimiento, pero siempre nos alienta a continuar cortando rosas, a seguir conquistando el Paraíso cada día. Si no sabes cómo hacerlo, por dónde empezar, te invito a parar un momento, busca un espacio en soledad, en intimidad con Jesús y María; encomienda a Ellos tus ilusiones y lo que te quita el sueño. Busca refugio en Sus Corazones Santísimos y entrégate sin reservas, como buen cireneo, a llevar un día más tu particular cruz.

               Busca también la ayuda de los Santos, los mejores amigos de Dios; hoy te propongo a una Maestra fiable y segura como Santa Teresita: que su existencia, sesgada a los 24 años, sea ejemplo para ti de entrega confiada a Dios, en la integridad de la Fe, en la sencillez de los niños, en la esperanza angelical de mejorar con la ayuda de Aquél que todo lo puede.

               Únete cada día 9 a la Novena de los 24 Glorias en honor de Santa Teresita; si perseveras con piedad y confianza pronto sentirás la intercesión de la Santa carmelita.



viernes, 15 de noviembre de 2024

TUS SUFRIMIENTOS POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

 


Estampa ideada para el apostolado; se puede imprimir a doble cara
junto con la otra imagen que aparece en este artículo

                Para conseguir muchos favores, según Santa Catalina de Bolonia, suele ser más poderosa la intercesión de un Alma del Purgatorio que la de los Bienaventurados del Cielo.

                Cuando se ruega a un alma del Purgatorio suplicándole una gracia, son dos los beneficiados: el mortal que consigue lo que ha pedido y el alma que purgaba pasa a ser un ciudadano más del Cielo.

               En el Purgatorio hay almas tan Santas como en el Cielo. La Santidad se basa en el aumento de gracia y de ésta nacen las virtudes; muchas de esas Almas acaudalaron más gracia y virtud que muchos Bienaventurados, por los que son más gratas a los ojos de Dios.

                El Señor desea con vehemencia la libertad de las Almas del Purgatorio, ya que son redimidas con el precio de la Sangre de Su Hijo. Seamos corredentores con Jesús, cooperando con Él en la salvación de esas Almas que esperan nuestras oraciones y sacrificios para gozar eternamente de la Visión Beatífica.

                Te voy a mostrar un método seguro para ayudar a las Almas que padecen en el Purgatorio... 



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LAS SANTAS LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR
Alivio y Liberación del Bendito Purgatorio


               Sor María Marta Chambón era hermana lega en el Monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María, en Chambéry (Francia). Entre otras tareas, atendía el comedor de las niñas, la limpieza de algunas clases, y cuidaba de la huerta. También asistía a los actos propios de la comunidad.

               Nació en 1841 y entró en el convento a los 18 años. Desde 1866 se le manifestó el Señor en numerosas ocasiones. En Septiembre de 1867 le dijo el Señor: "Yo te he escogido para hacer revivir en los actuales tiempos, tan difíciles, la Devoción a Mis Santas Llagas".

                En otra ocasión, Nuestro Divino Redentor le manifestó:"Voy a darte una ocupación: tú ofrecerás tus sufrimientos, en unión con los Míos divinos, por las Almas del Purgatorio".

                La Hermana empezó a hacer este ofrecimiento, y cada vez que le renovaba, veía subir un alma al Cielo. Llevaba ya veinte, cuando el Eterno Padre se le apareció y le dijo: "Te doy el mismo poder que a Mi Hijo, con tal que tú me ofrezcas tu corazón unido al Suyo". 

                María Marta se esforzó en hacerlo, y a cada acto de ofrecimiento y de unión iba al Cielo -según su expresión- un gran número de almas, “como una bandada de pájaros”.

                Las Almas libradas por ella venían algunas veces a darle gracias y le decían: "Que la fiesta que las había salvado, la fiesta de las Santas Llagas, no pasa jamás. ¡No hemos conocido el valor de esta devoción sino en el momento en que hemos gozado de Dios! Ofreciendo las Santas Llagas de Nuestro Señor, obráis como una segunda Redención".



jueves, 31 de octubre de 2024

EL COLAPSO INMINENTE DE LA SOCIEDAD



               "... inmediatamente dirigimos una mirada de inexpresable afecto al rebaño que estaba confiado a Nuestro cuidado: un rebaño verdaderamente inmenso, porque abarca, a unos en un aspecto, a otros en otro, a todos los hombres. De hecho, todos ellos, cuantos son, fueron liberados de la esclavitud del pecado por Jesucristo, quien ofreció el precio de Su Sangre por ellos; ni hay nadie que quede excluido de las ventajas de esta Redención. Así, el Divino Pastor bien puede decir que, mientras una parte del género humano es ya acogida con audacia en el Redil de la Iglesia, él empujará suavemente a la otra parte:  "Et alias oves habeo, quae non sunt ex hoc ovili: et illas oportet me adducere, et vocem meam audient" (Tengo otras ovejas que no son de este redil; debo guiarlas, y ellas escucharán Mi voz..." Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 16)

               El terrible fantasma de la guerra domina por todas partes, y casi no hay otro pensamiento que ocupe ahora las mentes... No hay límite para las ruinas, no hay límite para las masacres: cada día la tierra se llena de sangre nueva y se cubre de muertos y heridos. ¿Y quién diría que estos pueblos, armados unos contra otros, descienden del mismo progenitor, que son todos de la misma naturaleza y todos parte de la misma sociedad humana? ¿Quién los consideraría hermanos, hijos de un Padre que está en los Cielos? Y mientras tanto, mientras de un lado y del otro luchamos con ejércitos interminables, naciones, familias, individuos gimen de dolor y miseria...

               Pero no es sólo la sangrienta guerra actual la que ha devastado a las naciones y amargado y atormentado nuestro espíritu. Hay otra guerra furiosa que roe las entrañas de la sociedad actual: una guerra que asusta a toda persona de sentido común, porque si bien ha acumulado y acumulará en el futuro tantas ruinas sobre las naciones, también debe considerarse ella misma el verdadero origen de la triste lucha actual. De hecho, desde que dejamos de observar las normas y prácticas de la Sabiduría Cristiana en el sistema estatal, que era el único que garantizaba la estabilidad y la tranquilidad de las instituciones, los Estados necesariamente comenzaron a tambalearse en sus cimientos, y esto siguió a un cambio tal en ideas y costumbres que, si Dios no provee pronto, el colapso de la sociedad humana ya parece inminente. Los desórdenes que vemos son estos: la falta de amor mutuo entre los hombres, el desprecio de la autoridad, la injusticia de las relaciones entre las distintas clases sociales, los bienes materiales convertidos en el único objetivo de la actividad del hombre, como si no hubiera otros, y mucho mejor, bienes a lograr. Estos son, en Nuestra opinión, los cuatro factores de la lucha que tan gravemente está trastornando el mundo.

               Los odios raciales llegan al paroxismo; más que por fronteras, la gente está dividida por resentimientos; dentro de una misma nación y dentro de los muros de una misma ciudad, las clases de ciudadanos arden de odio mutuo, y entre los individuos todo está regulado por el egoísmo, que se ha convertido en la ley suprema.

              Respecto a aquellas cosas sobre las cuales - ya que la Sede Apostólica no se ha pronunciado - es posible, sin perjuicio de la Fe y de la Disciplina, argumentar a favor o en contra, es ciertamente lícito a cada uno expresar su opinión y apoyarla. Pero en tales discusiones se debe evitar el exceso de palabras, ya que esto podría resultar en graves ofensas a la caridad; cada uno debe defender libremente su opinión, pero debe hacerlo con gracia, y no debe creer que puede acusar a otros de fe sospechosa o de falta de disciplina por la sencilla razón de que piensan diferente a ellos mismos.

               Queremos también que los Católicos se abstengan de usar aquellos apelativos que recientemente se han introducido para distinguir unos Católicos de otros, y que los eviten, no sólo como innovaciones profanas de palabras, que no están conformes con la Verdad ni con la equidad, sino también porque de ahí se sigue grande perturbación y confusión entre los mismos. La Fe Católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero: «Esta es la Fe Católica; y quien no la creyere firme y fielmente no podrá salvarse». No hay, pues, necesidad de añadir calificativos para significar la profesión católica; bástale a cada uno esta profesión: «Cristiano es mi nombre, Católico, mi apellido»; procure tan sólo ser en efecto aquello que dice".


Extractos de la Encíclica "Ad Beatíssimi Apostolórum", 
del Papa Benedicto XV, 1 de Noviembre de 1914



martes, 29 de octubre de 2024

LA FAZ DE JESÚS Y MAGDALENA


Oh, Faz adorable, cuya modestia 
y dulzura atrajo a justos y pecadores, 
ten piedad de nosotros


               Había una mujer de gran renombre en la ciudad, y esta mujer era una pecadora. El poder de una mirada de Jesús, la generosidad del amor de Magdalena, estos son los dos misterios que presenta este pasaje del Evangelio, tan consolador para el alma cristiana. 

               Delante de Ti, ¿quién puede llamarse a sí mismo justo, Oh mi Dios? Tus ojos divinos, que iluminan los esplendores del Cielo, aún en los Ángeles descubren manchas, esos espíritus que son tan puros.

               ¿Cómo me atreveré a comparecer ante Ti? La consideración de Tu misericordia hacia María Magdalena serán mi esperanza y mi consuelo.  

               Cierta tarde, de acuerdo con una piadosa tradición, María Magdalena estaba sentada a la puerta de su lugar de habitación, inhalando el balsámico aire de la primavera, cuando un grupo de viajeros pasaron frente a ella. Uno de ellos, quien parecía ser un profeta, estaba explicando la Ley, y cuando se acercó donde estaba Magdalena, ella escuchó estas palabras: "Os digo que aún habrá gozo en el Cielo por un pecador que haga penitencia". Y al mismo tiempo, alzando su cabeza, arrojó, con sus ojos, una mirada a Magdalena, y la mirada de la Faz Divina se encontró con la mirada de la pecadora. 

               Unos días después, Jesús fue invitado a una fiesta en la casa de un fariseo, cuando apareció una mujer, llevando una jarra de alabastro lleno de un delicioso perfume. Derramándolos sobre los pies del Salvador, los enjugó con sus lágrimas, y luego se los secó reverentemente con su cabello. 

               "Muchos pecados le son perdonados", le dijo inmediatamente el Salvador, "porque ha amado mucho". Tal fue la recompensa de la pecadora. 

               La primera mirada que la Faz Divina lanzó sobre ella fue un destello de gracia; la segunda mirada hizo que Magdalena cayera a los pies de Jesús, para levantarla de nuevo, purificada, curada y renovada. 

               Oh incomparable Faz de Jesús, mira también sobre mi pobre alma, y conviérteme como a la Magdalena. 

               Luego de encontrarse con Jesús, María Magdalena regresó a su casa paterna, la cual había olvidado hace mucho tiempo. Pasaron varios meses en medio de los gozos que acompañaron su regreso, de los placeres por los deberes cumplidos, y de la unión fraterna.  

               Sucedió un día, que el divino Maestro, se apareció en el umbral del lugar de habitación de Lázaro y sus hermanas. Fatigado por sus trabajos apostólicos. Vino a Betania, a pedir reposo en medio de sus amigos. Magdalena fue la primera en comprender la felicidad de poseer al Salvador. De rodillas a sus pies, escucha, contempla, adora, y pronto merece escuchar estas palabras consoladoras que caen de los labios del Mesías: "María, ha escogido la mejor parte, y no le será quitada". Las recibe, las pone en su corazón, y de ahí en adelante se agarra a Jesús, para nunca de nuevo separarse de Él. Por dondequiera busca una mirada de su Faz Divina, y en el día de la prueba, se precipita sobre Él exclamando "Señor si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto".

               En el Calvario, la pecadora, permanece al lado de la Virgen de los Dolores; embalsama el cuerpo de su Maestro, se sujeta a su sepulcro, y es una de los primeros que merece la gracia particular, de recibir la primera mirada de la Santa Faz resucitada. 

               Alma mía, mira tu modelo: una pecadora como Magdalena, una mirada de la Faz de Jesús cae sobre ti, para tocarte y convertirte. Busca siempre esta Divina Mirada, y si no se te permite disfrutar durante largo tiempo de los deleites de la contemplación, ve y anuncia al mundo, como Magdalena, la felicidad de haber encontrado de nuevo a Jesús y las maravillas de su Amor.


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Faciem Tuam Domine requiram".  
Buscaré Señor Tu Faz
(Salmo 31)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903



miércoles, 31 de julio de 2024

martes, 30 de abril de 2024

LA SANTA FAZ Y EL APÓSTOL PEDRO


Oh, Faz adorable, 
cuya divina mirada traspasó 
el corazón de San Pedro 
con una flecha de dolor y amor, 
ten piedad de nosotros.


               Jesús se encontraba a orillas del lago de Genesareth, y Andrés vino y dijo a sus hermanos "Hemos encontrado al Mesías".  De inmediato le condujo a Jesús, habiendo visto a Simón -Intuitus autem eum Jesus- , en el mismo instante le dijo "Tú eres Simón, hijo de Juan, de ahora en adelante te llamarás Cefas, que quiere decir piedra". Admiremos el poder y la eficacia de la mirada de Jesús. 

               Él vuelve Su Santa Faz sobre un pobre pescador, y descubre en él lo que hasta entonces nadie había visto, un alma elegida, un futuro pescador de hombres, él quien estaba destinado a ser la piedra angular sobre la que habría de edificar Su Iglesia. 

               Esta mirada penetró tanto el alma de Pedro, que inmediatamente abandonó sus redes y su familia, y siguió a su Maestro.

               ¿Acaso no fue también una mirada de los ojos del Salvador, que cayeron sobre mi alma, en el instante en que quizás me encontraba lejos de la grey celestial, y que, iluminándome con un rayo de gracia, me capacitaron para comprender la nada de las cosas creadas, y la felicidad de seguir al Divino Maestro? 

               Oh, Señor, obra Tu tierna mirada para que brille una vez más, y señálame el camino que debo seguir, a fin de que de ahora en adelante evite las sendas del vicio y el error.  

               "Aunque todos se escandalicen de Ti, Yo nunca me escandalizaré" , replicó el Apóstol a su Maestro en la víspera de Su Pasión; y como castigo de su arrogante confianza en sí mismo, Jesús permitió que las palabras dichas por una sirvienta hicieran que Su Vicario le negara por tres veces y afirmara con juramento que no conocía al hombre. 

               ¡Oh, Jesús, qué lección! ¡Pero, mira! apenas se había consumado la caída antes que el Salvador piense en nada más que en levantar de nuevo a Su Apóstol. Se olvida de Sus propios sufrimientos e ignominias, y vuelve hacia él Su Faz adorable; un rayo de luz de amor, proveniente de los ojos del Maestro, penetra el corazón del discípulo infiel, y Pedro confiesa su culpa. "Flevit amare", dice el Evangelio, "lloró amargamente", y tan amargamente, que un riachuelo de incesantes lágrimas trazó sobre la cara de Pedro un surco imborrable. 

               ¿No es la historia de Tu Apóstol de alguna manera la mía?.  ¿Cuántas veces no Te he negado por el pecado?. ¡Cuántas me has levantado de nuevo con una mira tierna de Tus ojos!. 

               Pero, Oh mi Jesús, ¿se ha asemejado mi contrición a esa del Apóstol penitente?. Dame su verdadero dolor por mis culpas, y que aprenda, contemplando Tu augusta Faz, desfigurada por mis pecados, de aquí en adelante a llevar una vida de reparación y amor. 


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Conversus Domini respexit Petrum, 
egressus foras, Petrus flevit amare". 
Y el Señor, volviéndose, miró a Pedro, 
y Pedro, saliendo, lloró amargamente. 
(Evangelio de San Lucas, 22, 61)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903





martes, 23 de abril de 2024

EL BESO DEL TRAIDOR SOBRE LA FAZ DE JESÚS


Oh, Faz adorable, 
besada por Judas el traidor, 
ten piedad de nosotros


               Jesús, habiendo terminado su oración, regresó donde sus discípulos y les dijo "Levantaos, vamos ; mirad, está cerca el que habrá de traicionarme". Apenas había terminado de hablar, cuando Judas se presentó a la cabeza de una tropa armada con espadas y antorchas, para llevarse al Señor conforme el signo que les había dado a ellos... "Aquél, a quien yo bese, ése mismo es, lleváoslo rápidamente". Y mira que el traidor en verdad se acerca a Jesús, y le da un beso infame sobre Su augusta Faz, diciendo "Te saludo, Maestro", ¡qué hipocresía y qué ultraje! 

               Nuestro Señor había colmado a Judas con bondad, lo había llamado a la gloria del apostolado, lo había honrado con el don de realizar milagros, y había confiado a su cuidado los recursos de los que podía disponer el rebaño que le había seguido. 

               Después de haberle lavado sus pies, lo había admitido al primer banquete eucarístico y se le había dado Él mismo en la Santa Comunión... ¡Que Comunión sacrílega, oh, Buen Maestro, ¡y que terrible el resultado de ella! ¡El ultraje infringido sobre Jesús por el traidor se dirige a Su Corazón, y se manifiesta en Su Santa Faz!. 

               Cuán dolorosa para el Salvador fue la traición de Su apóstol. Jesús la recibe y Él aún llama a Judas su amigo "Amice, ad quid venisti?" (Evangelio de San Mateo, cap. 26, vers. 50).

               Era tanto como para decirle "Aunque ya no Me amas más, Yo siempre te amo, y Mi Corazón permanece abierto para ti, a pesar de la vergüenza que cubre Mi Rostro". 

               Perdón, Señor, perdón, mil veces, perdón por el beso traidor. Ah, ojalá con mi amor consolara Tu Corazón, y por mis reparaciones lavara Tu Faz divina por las afrentas recibidas en el Huerto de la Agonía. 

              ¡Cuántas veces, ah! ¡no ha sido renovado el beso de Judas! Conozco un hombre, oh, Dios mío, a quien colmaste con el exceso de Tu ternura, y en cuya alma, sumergida en la inmundicia del pecado, Te compadeciste. Tú la alzaste y la sumergiste en el baño de la Salvación, la acercaste a Tu Corazón, y la alimentaste en Tu mesa con el Pan de los Ángeles, y todavía este hombre Te traiciona. Y este pecador soy yo mismo, oh Señor, yo que he despedazado Tu Corazón, con mi ingratitud, y con mis iniquidades. He cubierto Tu Faz adorable de vergüenza. 

               Por último, no me permitas traicionarte con una Comunión sacrílega, con un beso hipócrita. Ah, Señor, sería mejor para mí morir mil veces que de nuevo traicionarte. Inclina sobre mí Tu Faz misericordiosa. Que escuche, caer de Tus labios, la dulce palabra pronunciada en el huerto "Amice", amigo... Sí, Jesús, de ahora en adelante, seré Tu amigo. ¡Qué insensatez traicionarte por una locura pasajera de orgullo, de sensualidad y de avaricia!. ¿En mi última hora que habré cosechado de ello?

               Amarte como un fiel apóstol, tal debe ser el pósito de mi vida; reparar los ultrajes que Te he infringido, será de ahora en adelante mi única ocupación, para que un día pueda escuchar pronunciar de Tus labios, ya no más un amable reproche, sino lleno de ánimo y salvación "Amice, ad quid venisti?" Y yo responderé "¡Señor, a alabarte, a amarte, a bendecirte por toda la Eternidad!


Jaculatoria para repetir a lo largo de hoy...

"Osculetur me osculo oris Sui".  
Que me bese con los besos de Su boca 
(Cantar de los Cantares, 1, 1)


Tomado del libro "Un mois en l'honneur de la Sainte Face",
por el Sacerdote Jean-Baptiste Fourault, 
editado por vez primera en 1903




martes, 16 de abril de 2024

ESTAMPA DEVOCIONAL DE LAS ORACIONES ENSEÑADAS EN FÁTIMA

            

                A petición de un buen hermano y amigo de México, recopilo en una estampa devocional las Oraciones que -por orden cronológico- el Ángel de Portugal y la Santísima Virgen enseñaran a los niños videntes de Fátima, entre el Verano de 1916 y hasta Julio de 1917. 



                Como ocurre con casi todas las imágenes que preparo, sólo tienes que hacer clic sobre ella para verla y guardarla en su tamaño original; está ideada para ser impresa a doble cara, en un díptico que se puede doblar por la mitad; lo ideal es hacerlo en papel plastificado o bien en papel de cierta calidad para luego plastificarla y así poder conservarla mejor. 

                Pido a Dios y a Nuestra Santa Madre que te sea de gran provecho espiritual; puedes rezar dichas oraciones en tu propia casa, buscando la intimidad con Jesús y María, a modo de jaculatorias mientras haces labores y también en la iglesia, en particular antes y después de comulgar, a modo de acto de deseo y de acción de gracias por la Comunión recibida. 



                En cualquier momento, la fórmula que comienza nombrando a la Santísima Trinidad, puede bien servirte, en casa, en el templo o en cualquier lugar, para realizar una piadosa Comunión Espiritual. A cambio de este pequeño gesto, te ruego la limosna de una oración por mi persona e intenciones.