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martes, 16 de enero de 2024

LA APOSTASÍA ACTUAL: el Infierno vacío de la "Iglesia Conciliar"


"No es un dogma, solo mi opinión: 
me gusta pensar que el Infierno 
está vacío. Espero que lo esté"



Jorge Mario Bergoglio, el "misericordioso Papa 
de la Iglesia del Concilio", en la entrevista que le realizó 
en directo Fabio Fazio en el popular programa nocturno 
"Che tempo che fa", del canal de televisión italiano Nove, 
el pasado Domingo 14 de Enero del presente. 


¿Se puede cambiar el sentido o la clara definición 
dogmática, como si la verdad evolucionara?


               "...hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los Sagrados Dogmas que una vez declaró la Santa Madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una comprensión más profunda"


Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, 
sesión 3, cap. 2, Sobre la Revelación, 1870


              "…nada debe quitarse de cuanto ha sido definido, nada mudarse, nada añadirse, sino que debe conservarse puro, tanto en la palabra como en el sentido"


Papa Gregorio XVI, Mirari vos, 
n. 7, 15 de Agosto de 1832


               Nada nuevo en la particular teología "bergogliana", tan misericordiosa, amiga del mundo y de realce en estas últimas semanas por animar a bendecir las parejas de adúlteros y/u homosexuales. 

               Las antipatías de Bergoglio hacia el Dogma del Infierno vienen de lejos y de vez en cuando salen a relucir, como cuando afirmó que "El infierno es un estado, es un estado del corazón, del alma, de una postura ante la vida, ante los valores, ante la familia, ante todo. Hay personas que viven en el Infierno porque lo buscan, hay otras que no, que están sufriendo. ¿Y quién va al Infierno, a ese Infierno, a ese estado? Ya están viviendo de aquí". (Entrevista con Jorge Fontevecchia, en Perfil, 11 de Marzo de 2023)

               Y en otra entrevista unos años antes, el periodista dialogaba así con Bergoglio "...en nuestra reunión anterior me dijo que nuestra especie desaparecerá en algún momento y que Dios siempre creará otras especies a partir de su semilla creadora. Nunca me habló de las almas que murieron en el pecado y se van al infierno por toda la eternidad. Me habló, por el contrario, de buenas almas y me admitió la contemplación de Dios. ¿Pero las almas malas? ¿Dónde están castigadas?

               Bergoglio: "No son castigadas. Las que se arrepienten obtienen el perdón de Dios y van a la filas de las almas que lo contemplan, pero las que no se arrepienten y por lo tanto no pueden ser perdonadas, desaparecen. No existe un Infierno, existe la desaparición de las almas pecadoras". (Entrevista del periodista italiano Eugenio Scalfari, amigo personal de Jorge Mario Bergoglio, publicada en el diario La Repubblica en Marzo de 2018).

              Por más que los "papólatras" quieran justificar, hasta setenta veces siete, las hediondas afirmaciones que proclama  casi a diario su "Romano Pontífice", me temo que no van a conseguir que el personaje deje de escupir sobre el Evangelio, al contrario: si Dios no lo remedia, en un futuro podremos escuchar y presenciar aberraciones aún peores. 

               Mientras tanto, los fieles de la secta conciliar, aquellos mismos que "reconocen pero resisten", los que niegan la validez canónica de Francisco pero van a "misas" en unión con él, y muy  particularmente los nostálgicos de Benedicto XVI, que en su día afirmó -para gozo de los conservadores, que no tradicionalistas- que "el Infierno existe y no está vacío" (1) apuntan de continuo y de forma compulsiva a Bergoglio como la raíz y origen de todas las herejías... parecen olvidar otras "joyas teológicas" que nos regalaron sus antecesores en el cargo, como las heréticas afirmaciones de Juan Pablo II sobre la Redención, que de alguna manera también negaban el Infierno: "... en el hecho de la Redención está la salvación de todos, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio". (Redemptoris Missio n. 4) 



Negar o dudar de la realidad de un Dogma 
es un gravísimo pecado contra la Fe

               Negar o tan siquiera dudar acerca de la realidad del Infierno, tal y como lo ha enseñado la Iglesia, es un gravísimo pecado contra la Fe; Santo Tomás de Aquino hace una clara exposición de los pecados contrarios a la Fe, como son la infidelidad o paganismo (que cuando es voluntario es el mayor de los pecados después del odio a Dios); la herejía, que niega algún Dogma revelado en particular o duda voluntariamente de él; la apostasía, que es el abandono total de la Fe Cristiana recibida en el Bautismo; la blasfemia, sobre todo la que va en contra del Espíritu Santo, y la ceguera del corazón y embotamiento de los sentidos, que se oponen al don de entendimiento y proceden, sobre todo, de los pecados de la carne. 

               En muy rara ocasión, uno de los anteriores pecados no conlleva a otro: lo más común es que se encadenen entre sí. De esta manera, el hereje que niega un Dogma de Fe, además de quedar apartado espiritualmente del Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia, más tarde o más temprano, hará pública y efectiva esa ruptura con sus actos, como por ejemplo una blasfema y herética declaración donde se cuestiona la existencia o fin último del Infierno.


NOTA

1) Periódico "Clarín", 9 de Febrero de 2008




lunes, 25 de diciembre de 2023

LA APOSTASÍA ACTUAL: las "bendiciones" a los adúlteros/homosexuales, por el Padre Carlos Zepeda


"Mi pueblo perece 
por falta de conocimiento" 

Profeta Oseas, cap. 4, vers. 6



               La nueva moral afirma que la Iglesia, en vez de fomentar la ley de la libertad humana y del amor, y de insistir en ella como digna actuación de la vida moral, se apoya, al contrario, casi exclusivamente y con excesiva rigidez, en la firmeza y en la intransigencia de las leyes morales cristianas, recurriendo con frecuencia a aquellos «estáis obligados», «no es lícito», que saben demasiado a una pedantería envilecedora.

               Ahora bien: la Iglesia quiere, en cambio -y lo pone bien de manifiesto cuando se trata de formar las conciencias-, que el Cristiano sea introducido a las infinitas riquezas de la Fe y de la Gracia en forma persuasiva, de suerte que se sienta inclinado a penetrar en ellas profundamente.

               Pero la Iglesia no puede abstenerse de amonestar a los Fieles que estas riquezas no se pueden adquirir ni conservar sino a costa de concretas obligaciones morales. Una conducta diversa terminaría por hacer olvidar un principio predominante, en el cual siempre insistió Jesús, su Señor y Maestro. El, en efecto, enseñó que para entrar en el reino del cielo no basta decir Señor, Señor, sino que precisa cumplir la voluntad del Padre celestial (cf. Mt 7,21).





               El habló de la puerta estrecha y de la vía angosta que conduce a la vida (cf. Mt 7,13-14), y añadió: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, porque yo os digo que muchos intentarán entrar y no lo lograrán (Lc 13.24). El puso como piedra de toque y señal distintiva del amor hacia sí mismo, Cristo, la observancia de los mandamientos (Jn 14,21-24). Por ello, al joven rico, que le pregunta, le responde: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos; y a la nueva pregunta: ¿Cuáles?, le responde: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre y ama a tu prójimo como a ti mismo. A quien quiere imitarle le pone como condición que renuncie a sí mismo y tome su cruz cada día (cf. Lc 9,23). Exige que el hombre esté dispuesto a dejar por Él y por su causa todo cuanto de más querido tenga, corno el padre., la madre, los propios hijos, y hasta el último bien —la propia vida (cf. Mt 10,37-39)—. Pues añade El: A vosotros, mis amigos, yo os digo: No temáis a los que matan el cuerpo y luego ya nada más puedan hacer. Yo os diré a quién habéis de temer: Temed al que, una vez quitada la vida, tiene poder para echar al infierno (Lc 12, 4-5).

               Así hablaba Jesucristo, el Divino Pedagogo, que sabe ciertamente mejor que los hombres penetrar en las almas y atraerlas a su amor con las perfecciones infinitas de su Corazón, lleno de amor v de bondad (Lit. de sacr. Corde Iesu).

               Pero ¿es que predicó de otro modo San Pablo, el Apóstol de las Gentes? Con su vehemente acento de persuasión, descubriendo el místico atractivo del mundo sobrenatural, él ha expuesto la grandeza y esplendor de la fe cristiana, las riquezas, el poder, la bendición, la felicidad que en ella se encierran, ofreciéndolas a las almas como digno objeto de la libertad de cristiano y como meta irresistible de los puros impulsos del amor. Pero no es menos verdad que son igualmente suyas amonestaciones como ésta: Obrad vuestra salvación con temor y temblor (Flp 2.12) y que de su misma pluma han salido altos preceptos de moral, destinados a todos los fieles, sean éstos de una común inteligencia, sean almas de elevada sensibilidad. Tomando, por consiguiente, como norma estricta las palabras de Cristo y las del Apóstol, ¿no se debería tal vez decir que la Iglesia de hoy más bien está inclinada a la condescendencia que a la severidad? De suerte que la acusación de opresora dureza que la nueva moral lanza contra la Iglesia, en realidad va a alcanzar, en primer lugar, a la misma adorable persona de Cristo.


Papa Pío XII, extracto del Radiomensaje 
sobre la Conciencia y la Moral, 23 de Marzo de 1952


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domingo, 22 de enero de 2023

LA APOSTASÍA ACTUAL: EL VERDADERO ECUMENISMO, por Monseñor Marco Antonio Pivarunas

  


               Al considerar las Palabras de Cristo Nuestro Señor con respecto a los eventos que conducen al Fin del Mundo, debemos recordar mantener nuestros juicios equilibrados y no llegar a los extremos en estos temas. ¿Y cuáles son estos extremos?. Por un lado, están los que neciamente tratan de predecir la fecha y los detalles de los acontecimientos, lo que es completamente contrario a la Enseñanza de Cristo de que "nadie sabe el día ni la hora" del Fin del Mundo. Por otro lado, están aquellos que desprecian las profecías que se encuentran en las Sagradas Escrituras y niegan completamente que estas cosas puedan suceder en nuestro tiempo. No solo debemos ser cuidadosos y prudentes, sino que también debemos ser realistas.

               Baste decir que vivimos en tiempos que nunca se han visto en la Historia de la Iglesia Católica. Desde la apertura del Concilio Vaticano II (1962-1965), se ha introducido en la Iglesia una nueva enseñanza que ya había sido condenada por los Papas anteriores. El Santo Sacrificio de la Misa ha sido reemplazado por una nueva "Misa" que ya no representa la renovación incruenta del Sacrificio del Calvario, el Sacrificio expiatorio del Nuevo Testamento, sino que es de hecho, el memorial luterano de la Última Cena. El falso ecumenismo de la "Jerarquía" de la llamada "Iglesia Católica" modernista con herejes, cismáticos, budistas, hindúes y muchos otros líderes de las falsas religiones del mundo, se ha convertido en un fenómeno que ya se ha convertido en un lugar común. Estos eventos son completamente contrarios a las Enseñanzas de Cristo y Su Iglesia

               Después de estos comentarios preliminares, no debería sorprendernos que Nuestra Señora de Fátima eligió el año 1960 para la divulgación del Tercer Secreto. No debería sorprendernos que los responsables del Concilio Vaticano II impidieran con éxito el anuncio del Tercer Secreto de Fátima al mundo.

               No es nuestro propósito aquí repetir argumentos ya discutidos en cartas pastorales anteriores. Nuestro objetivo es considerar en qué medida estos acontecimientos, a partir del Concilio Vaticano II , son el cumplimiento de Profecías, de profecías bíblicas.

               En esta Carta Pastoral, consideraremos una referencia bíblica particular que ciertamente se aplica a nuestro tiempo. La cita real está en la segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses: “Nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tes. cap. 2, vers. 3-4).

               El término "Apostasía" se define como un completo rechazo de la Fe por parte de un Católico bautizado. Quizás a primera vista algunos se pregunten cómo es posible tal cosa en la Iglesia Católica hoy. ¿Dónde tuvo lugar el completo rechazo de la Fe?. Pero antes de responder a esa pregunta, remitámonos a las Palabras de Cristo en el Evangelio:

               “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán grandes señales y prodigios, de modo que aun los escogidos (si es posible) serán engañados” (San Mateo, cap. 24, vers. 24).

               Dado que "incluso los elegidos" deben tener cuidado de no ser engañados, es seguro que la Apostasía se llevará a cabo de las maneras más engañosas e insidiosas. Además, San Pablo también se refiere a estos tiempos en su carta a Timoteo: "Sabed esto, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos..." (II Tim. cap. 3, vers. 1).

               “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que se juntarán maestros conforme a sus deseos, y los que tienen hambre de novedades, apartarán el oído de la verdad y se volverán a las fábulas” ( 2 Timoteo, cap. 4, vers. 3-4).



               Volviendo a la pregunta: ¿ha habido Apostasía en el mundo desde el Vaticano II?. La respuesta se puede encontrar en la enseñanza del Papa Pío XI en la carta Encíclica "Mortalium Animos" (Sobre la promoción de la verdadera unidad religiosa), del 6 de Enero de 1928. Fue durante su Pontificado que se hicieron esfuerzos para promover la unidad de todas las religiones en el amor y la tolerancia. El Papa Pío XI hizo una referencia muy elocuente a esta situación, explicando la actitud de la Iglesia ante este tipo de movimiento ecuménico. Analicemos brevemente algunos de los pasajes más importantes de esta Encíclica para conocer y comprender cómo el Vaticano II condujo a la Apostasía modernista de nuestro tiempo.

               La primera enseñanza más importante que repite el Papa Pío XI en "Mortalium animos" es que la Fe Católica es una Religión revelada por Dios:

               "Dios, el Creador de todas las cosas, nos llamó a la vida para que lo conozcamos y lo amemos. Nuestro Creador, por lo tanto, tiene todo el derecho de ser servido. Ahora, Dios, guiando al hombre, podría haberse satisfecho con los preceptos de la Ley Natural, que Él escribió en el corazón del hombre cuando lo creó, y el desarrollo ulterior de esta Ley podría haber sido regulado por la mera Providencia, sino que prefirió darnos preceptos para que los obedeciéramos a lo largo de los siglos, es decir, desde el principio de la raza humana a la Venida y Enseñanza de Jesucristo, Él mismo enseñó al hombre los Mandamientos, que la naturaleza, dotada de razón, le obligan a Él, el Creador.

               De aquí se sigue que ninguna religión puede ser verdadera sino la que consiste en las Palabras reveladas de Dios. Esta revelación, que comenzó al principio de la raza humana y continuó en el Antiguo Testamento, Jesucristo mismo la completó en el Nuevo Testamento. Dios - y que ciertamente habló, lo testifica la historia - es claro para todos que es deber del hombre creer incondicionalmente en la Revelación de Dios y obedecer Sus Mandamientos sin reservas: pero que, para la Gloria de Dios y para nuestra salvación, podemos cumplir correctamente ambas cosas: "El Hijo Unigénito de Dios estableció Su Iglesia en la tierra".

               De esta Verdad Divina, que Dios ha revelado a la humanidad la única religión verdadera por la cual debe ser adorado, se sigue el Principio Católico que prohíbe a los Católicos participar en el falso ecumenismo.

                Continuando con la enseñanza del Papa Pío XI:

               “Con este fin, organizan convenciones, encuentros y conferencias con una participación extraordinaria de oyentes, e invitan a todos, sin distinción, a discutir este asunto, paganos de todos los matices, así como cristianos, incluso aquellos que, lamentablemente, han caído de Cristo, o se oponen obstinadamente a su naturaleza y misión divinas. Los Católicos no pueden por ningún pacto encomiar tales esfuerzos, porque se basan en la visión errónea de que todas las religiones son más o menos buenas y dignas de elogio, siempre que lo sean igualmente, aunque en de diversas formas, revelan y expresan nuestro sentido natural, que nos lleva a Dios y al fiel reconocimiento de Su Reino... De ahí se desprende claramente que quien apoya tales ideas y esfuerzos se aparta completamente de la Religión que Dios nos ha revelado".

               Prestemos atención a la frase "... de la Religión que Dios nos ha revelado, se aparta por completo quien apoya ideas y esfuerzos similares". Esta oración es otra definición de la palabra "Apostasía". Según el Papa Pío XI, defender y promover el falso ecumenismo equivale a la Apostasía. El Papa cuestiona además que "¿incluso los puntos de vista contradictorios tendrían que soportarse hoy? Si así fuera, habría que decir también que la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la presencia continua del Espíritu Santo en la Iglesia, es más, que la Enseñanza del mismo Jesucristo ha perdido por completo su eficacia y valor durante muchos siglos. Tal afirmación sería una blasfemia".

               Si el Papa Pío XI estuviera vivo hoy, ¿qué pensaría del falso ecumenismo ahora extendido? 

               ¿Qué pensaría el Papa Pío XI de la invitación de Juan Pablo II en 1986 a todas las religiones del mundo para venir a Asís a rezar a sus falsos ídolos? ¿Qué pensaría si viera la estatua de Buda colocada en el altar?.

              Sabemos lo que habría pensado el Papa Pío XI porque ya lo expresó en "Mortalium animos":

               "Bajo estas condiciones, por supuesto, ni la Santa Sede puede participar en sus congresos, ni los Fieles pueden hablar o ayudar en tales esfuerzos. Si lo hicieran, le darían importancia a una religión cristiana falsa que es completamente diferente de la única Iglesia de Cristo".

               El verdadero ecumenismo consiste en orar y trabajar por la conversión del género humano a Jesucristo, a Su única Iglesia Verdadera, a la Religión Católica, única Religión revelada por Dios.

                Esta ha sido siempre la enseñanza de la Fe Católica a través de los siglos; y además, las Leyes de la Iglesia Católica reflejan claramente esta enseñanza:

               Canon 1258 §1: "Los Fieles de ninguna manera pueden participar activamente o tomar parte activa en las ceremonias religiosas de los no católicos .

               Canon 2316: "Quien de alguna manera contribuya a sabiendas a la propagación de la herejía o practique communicatio in sacris con los herejes, contrariamente a lo dispuesto en el canon 1258, es sospechoso de herejía".

               Es especialmente interesante que en su carta a los Tesalonicenses, el Apóstol San Pablo describe además las circunstancias de la Apostasía:

               "...porque no vendrá ese día hasta que venga primero la Apostasía, y aparezca el hombre de pecado... él se sienta en el Templo de Dios... porque ya se está cumpliendo el Misterio de Iniquidad; solamente el que detiene ahora , que lo refrene hasta que sea removido (pase)” (2 Tesalonicenses, cap. 2, vers. 3-7).

             Considere cuidadosamente estas palabras de San Pablo:

               "El hombre de pecado (Anticristo) se sentará en el templo de Dios (Iglesia Católica)..."

              "Solo que el que detiene ahora, detenga hasta que sea quitado (pase)…" (II Tes. 2:3-7).

              ¿Quién es este "lo que está frenando ahora"?

              Para responder a esta pregunta, debemos considerar a la única persona que tiene la Autoridad Suprema para enseñar, gobernar y santificar en la Iglesia, y que es la roca sobre la cual Cristo fundó Su Iglesia. Ella es la que retuvo el "Misterio de la Impiedad" en los días de San Pablo y lo hizo hasta que "desapareció". "Y entonces aparecerá el maligno..."

              Además de los argumentos teológicos que consideramos cuidadosamente al revisar la condena del Papa Pío XI al "falso ecumenismo", también podemos ver el pasaje del libro de John S. Kennedy sobre la aparición de Nuestra Señora de La Salette , "Light on the Mountain". En este libro, el autor se refiere a las palabras del Secreto revelado por la Santísima Virgen a la vidente Melania:

              "A la hora de escribir el Secreto, Melanie se detuvo, se echó a llorar... Se sentó, cogió una pluma y empezó a escribir. Levantó la vista una vez para preguntar por el significado de la palabra 'infalible'... Un momento después preguntó sobre la ortografía exacta y el significado de la palabra 'Anticristo' ".



               A esto habría que añadir el conocido pasaje del libro "Grand Orient Freemasonry Unmasked" de Monseñor George F. Dillon, Doctor en Divinidad, publicado en 1950. En el capítulo 14, Mons. Dillon cita extensamente la Instrucción Alta Vendita emitida por la masonería italiana:

               "El Papado siempre ha tenido una influencia decisiva en los asuntos de Italia. Apoyado por las manos, la voz, la pluma y el corazón de sus innumerables Obispos, Sacerdotes, Religiosos y laicos de todas las latitudes, goza de la devoción ilimitada de personas que están dispuestas a aceptar el martirio, y con alegría... Esta es una influencia inconmensurable, cuyo valor total solo los mismos Papas han podido apreciar, y hasta ahora solo se han beneficiado en cierta medida, hoy no se trata de restituirnos tal poder... Nuestro fin último es el de Voltaire y la Revolución Francesa: la destrucción definitiva del Catolicismo e incluso del pensamiento Cristiano...".

               “Ahora, por tanto, para asegurar un Papa que corresponda a nuestros planes, es necesario preparar para este Papa una generación adecuada para el gobierno que soñamos. Dejar de lado la vejez y la mediana edad, ir a la juventud, y si es posible, para niños."

               “Dentro de algunos años, el clero joven asumirá inevitablemente todos los cargos. Gobernará, dirigirá y decidirá. Será partícipe del Cónclave. Contemporáneo, necesariamente estará imbuido de los principios italianos y humanísticos que introduciremos en la circulación social".

                "Buscad al Papa que os hemos descrito. ¿Queréis establecer el reino de los elegidos sobre el trono de la Ramera de Babilonia? Haced marchar al Clero bajo vuestra bandera en la convicción de que caminan bajo la bandera de la Santa Sede ¿Quieres que desaparezcan los últimos vestigios de la tiranía y la opresión? Echad vuestras redes como Simón. Tiradlas al fondo de las Sacristías, de los Seminarios, de los Conventos, antes que a los mares, y si no apresuráis nada, seréis cosechará una captura aún más maravillosa que la que él hizo... El rendimiento de su captura será la Revolución, marchando con una cruz y un estandarte -"Una revolución que solo necesita una chispa para establecer las cuatro esquinas del mundo en llamas."

               Han pasado más de cincuenta años desde la clausura -en Diciembre de 1965- del falso Concilio Vaticano II, y todavía somos testigos de los efectos desastrosos progresivos del falso ecumenismo, la libertad religiosa y la destrucción del Santo Sacrificio de la Misa. Pidamos a Dios que se cumplan pronto las Palabras de Nuestro Señor Jesucristo: “Y si aquellos días no hubieran sido acortados, nadie se habría salvado, pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Evangelio de San Mateo, cap. 24, vers. 22).

               En Cristo Jesús y María Inmaculada


In Christo Jesu et Maria Immaculata

Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada
Omaha, Nebraska


domingo, 11 de diciembre de 2022

LA APOSTASÍA ACTUAL: LOS OBISPOS Y SACERDOTES CATÓLICOS EN CATACUMBAS, por Monseñor Marco Antonio Pivarunas



          Amados en Cristo:

               Su Excelencia, el difunto Monseñor Moisés Carmona, me dio la Consagración Episcopal para contribuir de esta manera a la preservación de nuestra preciosa Fe Católica en estos tiempos de herejía y apostasía.

               Si bien la mayoría de los Fieles recibieron con gran alegría las Consagraciones de los Obispos Católicos Tradicionales, hubo quienes cuestionaron su legitimidad con el argumento de que la letra estricta de la Ley de la Iglesia prohíbe que un Obispo consagre a otro Obispo sin tener orden del Papa, un Mandato Pontificio.

               Es esencial que nuestros Fieles Católicos comprendan los principios teológicos relacionados con este tema para poder responder a aquellos que rechazarían la Misa y los sacramentos administrados por estos obispos y los sacerdotes ordenados por ellos. En esta carta pastoral, resumiremos brevemente este tema y abordaremos los siguientes temas importantes relacionados: el precedente histórico de Consagraciones Episcopales sin Mandato Papal durante el largo interregno (el período entre la muerte de un Papa y la elección del próximo) entre los pontificados del Papa Clemente IV y el Papa Gregorio X; la definición de la Ley, la naturaleza de la Ley y la terminación real de la Ley; subordinación de los derechos de orden inferior a las exigencias de los derechos de orden superior.

               Antes de abordar cada uno de estos temas, es importante darse cuenta de que desde el Concilio Vaticano II hasta el día de hoy estamos frente a la crisis más grave que ha golpeado a la Iglesia Católica. Donde antes se celebraba el Santo Sacrificio de la Misa en los templos de todo el mundo, ahora su lugar ha sido ocupado por la "Nueva Misa" (Novus Ordo Missae), que no es un sacrificio propiciatorio (reparación por los pecados), sino un memorial protestante de la Última Cena. En esta "Misa Nueva" se cambiaron sustancialmente las palabras del mismo Cristo Nuestro Señor, de la forma sacramental de la Sagrada Eucaristía, que, de acuerdo con el decreto "De defectibus" del Papa San Pío V, "hace inválida la consagración". 

               Desde el advenimiento del Concilio Vaticano II, las falsas doctrinas del ecumenismo y el indiferentismo religioso (condenadas por muchos Papas y Concilios, especialmente por el Papa Pío IX) fueron predicadas por el "Magisterio" ordinario de la jerarquía modernista bajo Pablo VI y Juan Pablo II. En esta enseñanza, se dio reconocimiento oficial no solo a sectas no Católicas (luteranismo, anglicanismo, ortodoxia), sino también a religiones no Cristianas (budismo, hinduismo, islamismo, judaísmo), por nombrar solo algunas. Hoy, la Jerarquía moderna reconoce otras religiones, alienta a sus miembros a orar a sus dioses y trata de promover el "bien" inherente a esas religiones.



               ¿Cómo se puede conciliar la Enseñanza infalible del Magisterio (la Autoridad docente del Papa y los Obispos) de la Iglesia Católica anterior al Concilio Vaticano II con los errores que surgieron de ese Concilio y que han seguido siendo enseñados por la jerarquía modernista durante las últimas décadas?

              La conclusión correcta, la única conclusión que se puede extraer, es que la jerarquía contemporánea de la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II no representa el Magisterio de la Iglesia Católica. Porque Cristo Nuestro Señor prometió estar con Sus Apóstoles y sus sucesores "todos los días, hasta el fin del mundo". A sus Apóstoles y a sus sucesores, Nuestro Señor prometió la ayuda del Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, que "estará con ellos para siempre".

               Sabemos por la enseñanza del Concilio Vaticano (1870) que la Iglesia Católica es infalible no sólo en sus decretos solemnes (Enseñanza Ex Cathedra y decretos de los Concilios Ecuménicos), sino también en su Enseñanza Universal Ordinaria:

               "Todo debe ser creído por la Fe Divina y Católica (Fide Divina et Catholica ) que está contenida en la Palabra de Dios, escrita o transmitida por la Tradición, y considerada por la Iglesia para ser creída como divinamente revelada, ya sea por un decreto solemne o por una Enseñanza Ordinaria y común".

               Creer lo contrario sería creer que Cristo le ha fallado a Su Iglesia, y que el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad con los Apóstoles y sus sucesores, ha abandonado la Iglesia y ha caído en errores tan evidentes. En estas circunstancias sin precedentes, debemos considerar la actitud de los verdaderos Obispos Católicos. Ante la Gran Apostasía anunciada por San Pablo en la Segunda Carta a los Tesalonicenses, ¿qué deben hacer? ¿Seguirían ociosos?.

                Quienes se oponen a la Consagración de Obispos en nuestro tiempo responderían afirmativamente. Así, después de la muerte de aquellos Obispos Católicos Tradicionales que permanecieron fieles a la Verdadera Fe, no habría Obispos para reemplazarlos. Y sin Obispos, en última instancia, no habría Sacerdotes, ni Misa, ni Sacramentos. Y, sin embargo, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo prometió a Sus Apóstoles y a sus sucesores que "Él estará con ellos todos los días, hasta el fin del mundo".  Al respecto, el Concilio Vaticano enseña:

               "Por tanto, como envió a los Apóstoles que había escogido del mundo, como él mismo fue enviado por el Padre (Evangelio de San Juan, cap. 20, vers. 21), así quiso que en Su Iglesia hubiera Pastores y Maestros “hasta el fin del mundo" (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers.20). 

                Con el fin de preservar la Fe Católica, el Santo Sacerdocio y el Santo Sacrificio de la Misa, estos Obispos tomaron las medidas apropiadas para asegurar el cumplimiento continuo de la promesa de Cristo "que habría pastores y maestros hasta el fin del mundo".

               Estas medidas se tomaron sin intención de negar la Primacía de la Jurisdicción del Papa, la Autoridad suprema del Papa. De hecho, los Obispos y los Sacerdotes ordenados por ellos profesan con toda fuerza la Fe Católica, que incluye la Doctrina de la Primacía de la Jurisdicción y la Infalibilidad del Romano Pontífice. En las circunstancias bajo consideración, el Oficio Papal, que duraría hasta el final de los tiempos, estaba vacante. Por lo tanto, era imposible obtener un Mandato Papal para consagrar Obispos.

                Esto nos lleva a considerar el caso de la Consagración de Obispos durante el interregno (vacante de la Santa Sede) que se encuentra en la Historia de la Iglesia.

               A continuación comparto un extracto de un artículo de la revista "Il Nuovo Osservatore Cattolico" por el Dr. Stephano Filiberto, Doctor en Historia de la Iglesia:

               "El 29 de Noviembre de 1268 murió el Papa Clemente IV y comenzó uno de los períodos más largos de interregno, es decir, de vacancia del Cargo Papal en la Historia de la Iglesia Católica. Surgieron enemistades entre los miembros del Sagrado Colegio, y la perspectiva de cualquier elección comenzó a retroceder. Después de casi tres años, el Alcalde de Viterbo encerró a los Cardenales en Palacio, dándoles raciones exiguas hasta que tomaron una decisión que daría a la Iglesia su Cabeza visible. Finalmente, el 1 de Septiembre de 1271, el Papa Gregorio X fue elegido para la Sede de Pedro.

               Durante este largo período de vacancia de la Santa Sede, también hubo vacantes en muchas Diócesis de todo el mundo. Para que los Sacerdotes y los Fieles no se vieran privados de Pastores, se eligieron y consagraron Obispos para llenar los Obispados vacantes. Veintiuna elecciones y Consagraciones de las que sabemos se hicieron en varios países durante este período. El aspecto más importante de este precedente histórico es que todas fueron ratificadas por el Papa Gregorio X, quien así confirmó la legitimidad de estas Consagraciones".

               Aquí hay algunos ejemplos de Obispos consagrados durante la vacante de la Santa Sede:

     1) Avranches, Francia - Radulfus de Thieville, consagrado en Noviembre de 1269;

     2) Aleria, en Córcega - Nicolaus Forteguerra, consagrado en 1270;

     3) Antivari, en Epiro (noroeste de Grecia) - Caspar Adam, O.P., Consagrado en 1270;

     4) Auxerre, Francia - Erardus de Lesinnes, Consagrado en Enero de 1271;

     5) Cagli, Italia - Jacobus, Consagrado el 8 de Septiembre de 1270;

     6) Le Mans, Francia - Geoffridus d'Asse, Consagrado en 1270;

     7) Cefalu, Sicilia - Petrus Taurs, Consagrado en 1269;

     8) Cervia, Italia - Theodoricus Borgognoni, OP, Consagrado en 1270.

               En este punto, los opositores a la consagración de Obispos Católicos Tradicionales en nuestro tiempo podrían argumentar que el precedente histórico mencionado fue hace 700 años, y que el Papa Pío XII -debido a las consagraciones ilegales de obispos hechas en la iglesia nacional cismática en China- decretó que todos los actos episcopales de Consagración realizados sin Mandato Papal conllevan la pena de excomunión ipso facto para la persona consagrante y la persona consagrada.

                 Para responder a esta objeción, es necesario comprender la naturaleza de la Ley. Es por falta de un buen conocimiento de los principios del Derecho que muchos Católicos Tradicionales caen en el error. Santo Tomás de Aquino define la Ley como cierto ordenamiento razonable promulgado establecido para el bien común por la persona que tiene la custodia de la comunidad. Tenga en cuenta la frase "por el bien común". Bajo el Pontificado del Papa Pío XII, ningún Obispo podía consagrar legalmente a otro Obispo sin Mandato Papal, y era por el bien de la Iglesia. Sin embargo, el Derecho puede -con el paso del tiempo y un cambio radical de las circunstancias- dejar de trabajar para el bien común y, como tal, volverse ineficaz. Una ley puede extinguirse de dos maneras: cesación externa (el legislador revoca la ley) y cesación interna (la ley deja de ser ley).

                Como enseña el Arzobispo Giovanni Cicognani, profesor de Derecho Canónico en el Pontificio Instituto de Derecho Canónico y Civil de Roma, en su comentario: "La ley cesa interiormente cuando cesa su objeto; la ley cesa por sí misma... la ley caduca exteriormente cuando es revocada por el legislador".

               En cuanto al primer método: la cesación (ya sea de su propósito o de su base) de la ley se efectúa en consecuencia cuando cesan todos sus propósitos. Por el contrario, el objeto de la ley se extingue cuando la ley dañina se vuelve injusta o imposible de obedecer.

               Así, en nuestro tiempo, la estricta observancia del Decreto del Papa Pío XII que prohibía la Consagración de Obispos sin Mandato Papal sería perjudicial para la salvación de las almas. Sin Obispos, en última instancia, no habría Sacerdotes, ni Misas, ni Sacramentos.

               ¿Era esta la intención del legislador, el Papa Pío XII? ¿Habría deseado que su Decreto fuera interpretado tan estrictamente que finalmente provocaría el fin de la Sucesión Apostólica? Por supuesto que no.



Para leer una reseña biográfica de Mons. Thuc
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               Con respecto a otro aspecto de la ley, el Arzobispo Cicognani explicó, también en su Comentario sobre el derecho canónico, la naturaleza de la epikeia: "El hombre legislador nunca puede prever todos los casos individuales en los que se aplicará su ley. En consecuencia, la ley, aunque generalmente justa, cuando se la toma literalmente, puede, en ciertas circunstancias imprevistas, conducir a resultados que no son consistentes o con la intención del legislador, ni con la justicia natural, sino que estará en conflicto con ellos. En tales casos, la ley debe explicarse, no según su redacción, sino según la intención del legislador".

               Los trabajos de los siguientes autores nos proporcionan definiciones adicionales de este aspecto de la ley-epikeia: Bouscaren y Ellis: Canon Law (Derecho Canónico), 1953: "Una interpretación que libera a alguien de las disposiciones de la ley, contrariamente a su redacción literal, sin dejar de ser compatible con la intención del legislador".

               Prümmer, Teología Moral (Theologia moralis), 1955: “Una interpretación favorable y justa, no de la ley misma, sino de la intención del legislador, quien, se supone, no pretendió obligar a sus destinatarios en circunstancias extraordinarias, cuando la observancia de la ley pudiera causar daño o imponer una gran carga".

               Besson, Enciclopedia Católica (Enciclopedia Católica), 1909: "Una interpretación favorable de la intención del legislador, que supone que no tuvo la intención de incluir un caso particular dentro del ámbito de su ley".

               Jone y Adelman: Teología Moral, 1951: "Es razonable dar por sentado que el legislador no tuvo la intención de estar obligado por su ley en algún caso particularmente difícil, aunque, por supuesto, la sustancia de la ley cubre ese caso".

                La última consideración respecto al Decreto del Papa Pío XII se encuentra en la propia palabra ley (en latín, jus). Se deriva de las palabras latinas "justitia" (justicia) y "justum" (equitativo), porque se supone que todas las leyes son buenas, justas y equitativas. Esta es la naturaleza de la ley. Y de todas las leyes, la ley suprema es la salvación de las almas, "salus animarum, suprema lex ".

               El 24 de Junio de 1939, en un discurso a los Seminaristas en Roma, el Papa Pío XII dijo: "El Derecho Canónico también se dirige a la salvación de las almas; y el propósito de todas sus normas y reglamentos es que las personas puedan vivir y morir en la Santidad que les ha sido concedida por la gracia de Dios".

               Para sobrevivir espiritualmente hoy, necesitamos las gracias del Sacrificio de la Santa Misa y los sacramentos. Sin embargo, para recibirlos necesitamos sacerdotes, y para tener sacerdotes necesitamos obispos.

               Demos gracias a Dios Todopoderoso, que en su Providencia previó las necesidades espirituales de Su Rebaño y nos dio maestros y pastores que continúan la misión de la Iglesia "para enseñar a todas las naciones todo lo que él ha mandado".


In Christo Jesu et Maria Immaculata


Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada
Omaha, Nebraska



domingo, 27 de noviembre de 2022

LA ASISTENCIA PERPETUA DE CRISTO A SU IGLESIA, por Monseñor Marco Antonio Pivarunas

 


               El punto importante que consideramos hoy es la posición errónea de algunos clérigos y laicos tradicionales. Intentan caminar por la valla teológica denunciando las herejías de la Iglesia Conciliar por un lado e insistiendo por otro lado en que los responsables de difundir estas herejías siguen siendo Católicos y tienen autoridad en la Iglesia. Tomar tal posición teológica sería sugerir que el Espíritu Santo no ha ejercido Su asistencia divina sobre la Iglesia como lo prometió Cristo a los Apóstoles y Sus sucesores:

               "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, que habite con vosotros para siempre, el Espíritu de Verdad." (Evangelio de San Juan, cap. 14, vers. 16).

               Tal punto de vista teológico también sugiere que Cristo Nuestro Señor no cumplió Su Promesa de permanecer con Sus Apóstoles y Sus sucesores:

                "Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los siglos" (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19).

               Además, esta posición teológica implica que Cristo nos mintió cuando prometió que "las puertas del Infierno no prevalecerán contra [la Iglesia]" (Evangelio de San Mateo, cap.16, vers. 18), y también que "El que a vosotros escucha (los Apóstoles y sus sucesores) a Mí me escucha" (Evangelio de San Lucas, cap. 10, vers. 16). Es verdaderamente notable leer las publicaciones de algunas comunidades tradicionales que contienen un lenguaje mordaz que condena a la Iglesia del Concilio Vaticano II y a la vez realizar afirmaciones solemnes de lealtad y obediencia a la jerarquía de esa Iglesia.

               Como ejemplo de esta posición teológica insostenible, consideremos las siguientes dos declaraciones del difunto Arzobispo Marcel Lefebvre. En la primera afirmación encontramos una precisa valoración de la Iglesia Conciliar (la iglesia que surgió del Vaticano II ). En la segunda afirmación encontramos la posición teológica más contradictoria -que la Iglesia Conciliar es la Iglesia Católica, que si la Iglesia Conciliar no vuelve a la Fe Católica Tradicional, "será el fin de la Iglesia" y "el Espíritu Santo parece haber tomado un permiso de ausencia ".

               Reflexiones de Monseñor Lefebvre sobre la suspensión "a divinis", el 29 de Julio de 1976. 

               "Hemos sido suspendidos a divinis por la Iglesia Conciliar y de la Iglesia Conciliar a la que no queremos pertenecer".

                "Esta Iglesia Conciliar es una iglesia cismática porque rompe con la Iglesia Católica que siempre ha sido. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, todo lo cual ha sido condenado por la Iglesia en muchos documentos, oficiales y concluyentes....".




               "Una iglesia que aprueba tales errores es a la vez cismática y herética. Esta Iglesia Conciliar NO es Católica. En la medida en que el Papa, los Obispos, los Sacerdotes o los Fieles pertenezcan a esta nueva iglesia, se separan de la Iglesia Católica..." .

               No, la Iglesia Conciliar no es Católica. El Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad y Cristo no habitan en ella. Tampoco puede haber, como imaginan algunos clérigos y laicos tradicionales, "dos Iglesias Católicas", una siendo la Iglesia Conciliar Modernista y la otra la Iglesia Católica Tradicional.

               El Papa Pío XII, en su Encíclica sobre el Cuerpo Místico de Cristo (Mystici Corporis Christi) del 29 de Junio de 1943, expresó claramente:

                "Por lo tanto, aquellos que están separados unos de otros por la Fe y el Gobierno no pueden estar en un solo Cuerpo y en su único Espíritu Divino".

               El "clero tradicional" y los laicos que reconocen la jerarquía de la Iglesia Conciliar como Católica deben considerar las realidades de su posición: están divididos en Fe y Poder con la Iglesia Conciliar.

               El Cardenal Henry Manning, el gran defensor de la Doctrina de la Infalibilidad y Primacía Papal durante el Concilio Vaticano I (de 1869-1870), expresó bellamente la asistencia y la unidad inseparable del Espíritu Santo con la Iglesia Católica:

               "La unión indisoluble del Espíritu Santo con la Iglesia lleva como consecuencias inmediatas estas dos verdades: primero, que la unidad de la Iglesia es absoluta, cuantitativa e indivisible, como lo es la Unidad de la Naturaleza en Dios y de la Persona en Jesucristo: y segundo, que su Infalibilidad es perpetua".

               San Cipriano enseña: "Unus Deus, unus Christus, una Ecclesia super Petrum Domini voce fundata". (Epístola 43, 5). Esta unidad externa resulta de la interna, es decir, de la Presencia y acción del Espíritu Santo, por el cual el cuerpo es habitado, animado y organizado. Un principio de vida no puede animar dos cuerpos o inspirar dos organizaciones. Una mente y un mismo espíritu mantendrán en perfecta unidad a la multitud de los Fieles a través de todas las edades y en todo el mundo. La unidad de Fe, de Esperanza y Amor -la unidad de un Maestro común- previene todas las divergencias en la Fe y el culto y hace que la unidad de Comunión no sea una ley constitucional o una regla externa de disciplina, sino una necesidad interna y una propiedad inherente y expresión de la unidad interna y sobrenatural del Cuerpo Místico bajo una Cabeza y animado por un Espíritu. Entonces es obvio que la división es imposible.




               Así que, a pesar de la confusión y destrucción provocada por el Concilio Vaticano II, recordemos que la Verdadera Iglesia de Cristo -la Iglesia Católica- es infalible e incorruptible, pues la asistencia perpetua de Cristo y del Espíritu Santo garantiza la pureza e integridad del anuncio de la Fe por los Apóstoles y sus sucesores.

                Que el Espíritu Santo nos ilumine y nos guíe, y que Su Esposa Inmaculada, la Santísima Virgen María, interceda por nosotros en estos momentos tan difíciles.


In Christo Jesu et Maria Immaculata


Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada
Omaha, Nebraska



domingo, 20 de noviembre de 2022

LA APOSTASÍA ACTUAL: NADIE OS ENGAÑE DE NINGUNA MANERA, por Monseñor Marco Antonio Pivarunas



               Cuando reflexionamos sobre el estado de la sociedad, no solo en nuestro país sino en todo el mundo, nos daremos cuenta de que los problemas que enfrentamos son más morales y espirituales que políticos. El aborto, la pornografía y la inmoralidad generalizada, solo por nombrar algunos pecados, no nos traen la Bendición de Dios. ¡Cuántas personas viven hoy como si Dios no existiera, como si no hubieran Diez Mandamientos, como si el Cielo o el Infierno no existieran!.

               La solución a los problemas del mundo nos la dio Nuestra Señora en Fátima en 1917. La solución proporcionada por Ella no ha perdido su importancia; de hecho, se refiere a nuestra situación más que nunca en el pasado. La Santísima Virgen María declaró solemnemente que había venido a pedir a la humanidad una mejora y que dejara de ofender a Dios, ya tan ofendido. Lamentó la pérdida de almas en el Infierno y exhortó a continuas oraciones y sacrificios por la conversión de los pobres pecadores. En particular, señaló que más almas van al Infierno por pecados de la carne (sexuales) que por cualquier otra razón, y que ciertos comportamientos y modas surgirán en el mundo que ofenderán gravemente a Su Divino Hijo. También advirtió que Rusia esparciría sus errores...

               También sabemos que Nuestra Santa Madre confió a los niños de Fátima un Secreto que iba a ser revelado en 1960 (1). No subestimemos la importancia de este año 1960. La década de 1960 fue un período de cambios radicales no solo en la sociedad sino también, lo que es más importante, en la Iglesia. Con la llegada del Concilio Vaticano II, se promulgaron errores que la Iglesia Católica había condenado previamente en la enseñanza de los Papas en los Concilios Generales. 

               Por nombrar algunos errores del Vaticano II, el falso ecumenismo y el indiferentismo religioso fueron expresamente condenados por el Papa Pío XI en la Encíclica Mortalium Animos. Además de anunciar las enseñanzas condenadas, después del Vaticano II, en 1969, un nuevo Orden de la Misa (que calificó oficialmente la Misa con una definición luterana desde el principio) era una liturgia que no tiene el carácter de una ofrenda por el pecado. Por lo tanto, los Cardenales Ottaviani y Bacci declararon públicamente que el Novus Ordo Missae es una desviación sorprendente de la Misa Católica definida por el Concilio de Trento. 

               Además, muchos Católicos no se dan cuenta de que en 1968 se introdujo un nuevo rito de Consagración Episcopal, en el que la forma misma de la Consagración del Obispo se cambió radicalmente y se reemplazó por una forma completamente ambigua, desprovista de todo lo que realmente debería significar, en palabras del Papa León XIII, cuando anunció que las órdenes anglicanas eran inválidas. Lo que estamos presenciando hoy día no es más que la Gran Apostasía, es decir, la Apostasía predicha por San Pablo en la Segunda Carta a los Tesalonicenses.

               ¡Ahora, más que nunca, debemos escuchar el Mensaje de Nuestra Señora en Fátima! Mejorando la vida, rezando y sacrificándose por los pecadores, rezando diariamente el Santo Rosario y recurriendo a Su Inmaculado Corazón como Refugio en estos tiempos convulsos.

              Esto no significa que los Católicos fieles no deban ser activos a nivel local o nacional para promover el bien común de nuestro país seleccionando a los candidatos que implementarán mejor los principios morales y sociales Católicos en nuestra sociedad. Como enseña San Agustín "Debemos trabajar como si todo dependiera de nosotros y debemos rezar como si todo dependiera de Dios". 



               Sin Dios, no hay nada que podamos hacer; sin embargo, Dios requiere de nuestra cooperación. No olvidemos nunca las palabras de San Pablo Apóstol: "Todo lo puedo en Aquel que me fortalece". Nuestro país (Estados Unidos de América) está dedicado a ella, a la Inmaculada Concepción, por eso roguemos a Nuestra Celestial Patrona que interceda por nosotros en estos tiempos de divisiones y disturbios nacionales.


In Christo Jesu et Maria Immaculata


Monseñor Marco Antonio Pivarunas, Obispo

Superior General de la Congregación 
de María Reina Inmaculada
Omaha, Nebraska



NOTAS ACLARATORIAS:


          1- El "Papa" Juan XXIII pidió el sobre que contenía la Tercera Parte del Secreto de Fátima, pero después de leerlo con la ayuda de un clérigo portugués, lo mandó a guardar y jamás fue revelado. El Secreto había sido confiado a los niños en Julio de 1917; años más tarde, Sor Lucía, la principal vidente, redactó el contenido del Secreto por obediencia a sus Superiores. Posteriormente sería enviado a Roma, al Archivo Vaticano.


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lunes, 10 de octubre de 2022

LA APOSTASÍA ACTUAL: LA CRUCIFIXIÓN DE LA IGLESIA

 

               El reciente Aniversario de la muerte del Papa Pío XII (9 de Octubre de 1958), nos recuerda la terrible devastación que sobrevino a la Iglesia Católica durante la época post-Concilio Vaticano II. Con la introducción de la Nueva Misa (el Novus Ordo Missae), en 1969, la gran mayoría de los Fieles no solo han perdido el concepto de la Misa como Sacrificio propiciatorio (para expiación del pecado), sino también el de la Presencia Real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía. 




               Con la promulgación de los decretos del Concilio Vaticano II (especialmente Dignitatis Humanae, Nostra Aetate, Unitatis Redintegratio), se han sembrado entre el rebaño de Cristo los perniciosos errores del falso ecumenismo y de la libertad religiosa, tanto que el indiferentismo religioso (la creencia de que una religión es tan buena como otra) ha corrompido la Doctrina Católica de que no hay sino una sola y verdadera religión revelada por Dios, la Fe Católica. Durante las últimas decadas hemos sido testigos de nada menos que la Gran Apostasía de la Iglesia Católica, la cual predijo San Pablo en su segunda epístola a los Tesalonicenses: “No os dejéis seducir de nadie de ninguna manera: porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía casi general de los fieles, y apareció el hombre del pecado, el hijo de la perdición, el cual se opondrá a Dios, y se alzará contra todo lo que se dice Dios, o se adora, hasta llegar a poner su asiento en el Templo de Dios, dando a entender que es Dios” (II Tes. cap.2, vers. 3-4).

               Más adelante, en esta misma epístola, encontramos un aspecto muy importante en lo concerniente a la Apostasía. San Pablo alude al Misterio de Iniquidad, obra en su tiempo y a quien lo detiene:

              “El hecho es que ya va obrando el misterio de iniquidad: entretanto el que está firme ahora, se mantenga, hasta que sea quitado de en medio. Y entonces se dejará ver aquel perverso” (II Tes. cap. 2, vers.7-8).

               ¿Quién es éste que, en tiempos de San Pablo, detiene el Misterio de Iniquidad? ¿Quién es éste que continúa deteniéndolo hasta que sea quitado?

               Encontramos la respuesta en la oración del Papa León XIII a San Miguel Arcángel (Motu Proprio, 25 de Septiembre, 1888), en la cual examinará proféticamente del máximo objetivo del Diablo:

               "Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey"

               Por siglos, el Papado, la roca sobre la cual fundó Cristo Su Iglesia, ha detenido el Misterio de Iniquidad. El Papa, Vicario de Jesucristo, posee la Autoridad suprema para enseñar, gobernar y santificar. ¿Qué otro plan más efectivo pudo haber concebido Satanás para destruir la Iglesia Católica que hacer que sus cómplices humanos se infiltraran en las posiciones más altas de la Iglesia?

               Para mayor confirmación, únicamente necesitamos leer “Las Instrucciones Permanentes de la Alta Vendita” en la que los francmasones italianos esbozan su búsqueda de destruir la Iglesia Católica por medio de la infiltración en el oficio del Papado. Los siguientes extractos son del libro, La Francmasonería del Gran Oriente Desenmascarada, por Mons. George F. Dillon, DD (octubre 1884), el cual, en su versión italiana, se imprimió con la aprobación ya costa del Papa León XIII:

               “El Papado ha ejercido, en todos tiempos, una acción decisiva en los asuntos de Italia. Por las manos, las voces, las plumas, los corazones de sus innumerables obispos, sacerdotes, monjes, monjas y gente de todas las latitudes, el Papado encuentra devoción sin fin, lista para el martirio, y eso al entusiasmo. Esto es una influencia inmensa que sólo los Papas han sido capaces de apreciar al máximo, y de momento sólo la han usado hasta cierto punto. Hoy no hay duda de reconstituir para nosotros ese poder, cuyo prestigio se ha debilitado por el momento. Nuestra meta final es aquella de Voltaire y de la Revolución Francesa: la destrucción permanente del Catolicismo y hasta de la idea Cristiana, la cual, si se le deja permanecer sobre las ruinas de Roma, será después la resurrección del Cristianismo.

               Ahora, entonces, a fin de asegurarnos un Papa en la manera requerida, es necesario modelar para ese Papa una generación merecedora del reino que nosotros soñamos. Dejar por un lado a la vejez y la madurez, e ir por la juventud, y, si fuere posible, hasta por la infancia.

               En unos años el joven clero habrá, por la fuerza de los eventos, invadido todas las funciones. Ellos gobernarán, administrarán y juzgarán. Ellos formarán el concilio del Soberano. Ellos serán llamados para elegir al Pontífice, y éste, como la gran parte de sus contemporáneos, no obstante estará imbuido con los principios italianos y humanitarios que estamos por poner en circulación.

               Buscad al Papa que nos retratamos. ¿Qué estableceréis el reino de los escogidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia? Dejad que el clero marche bajo vuestra bandera, siempre en la creencia de que marchan bajo la bandera de las Llaves Apostólicas. ¿Deseáis causar la desaparición del último vestigio de la tiranía y la opresión? Arrojad las redes como Simón hijo de Jonás. Pero no hacia las profundidades del mar, sino arrojadlas a las profundidades de las sacristías, los seminarios, y los conventos, y, si no os precipitáis en nada, ganaréis una carga de pescados más milagrosa que la de él. Habréis pescado una Revolución con Tiara y capa pluvial, marchando con Cruz y estandarte, una Revolución que sólo necesita un pequeño piquete para incendiar las cuatro esquinas del mundo.”

               ¿Es acaso de extrañarse que los principios francmasónicos de libertad religiosa e indiferentismo religioso se hayan convertido en los principios de la "Iglesia del Concilio"? ¡¿Deberíamos acaso admirarnos porque Juan Pablo II haya llamado a todas las religiones para reunirse en Asís, Italia, y orar a sus falsos dioses por la paz mundial?! ¿Cuántos actos más de ecumenismo tienen que ocurrir para que los ojos de la gran mayoría de los que se llaman Católicos terminen con su ceguera?

               Esta terrible realidad que ha sobrevenido a la Iglesia Católica, y que ha ocasionado la Gran Apostasía, parece ser parte del Secreto dado por la Bienaventurada Virgen María a Melania y Maximino, en La Salette, Francia. 

               Esta terrible realidad también parece formar parte de los contenidos del Tercer Secreto de Nuestra Señora de Fátima, el cual debió haber sido revelado en el año 1960, pero fue convenientemente suprimido por Juan XXIII, quien también convocó el Segundo Concilio Vaticano, iniciando las primeras alteraciones en el Santo Sacrificio de la Misa.

               Cuando consideramos las desastrosas consecuencias que han afligido a la Iglesia Católica durante los últimos años desde la muerte del Papa Pío XII, no hay mejores palabras para describir esta farsa que las de ingenio diabólico.

               ¿Quién más que Satanás pudo haber tramado y organizado tan astutamente el plan maestro de devastar la Iglesia de Cristo?

               ¿Quién más que Satanás pudo haber ingeniado tan engañoso el Santo Sacrificio de la Misa con un memorial luterano contemporáneo de la última Cena? Comentando sobre la Nueva Misa, el Novus Ordo Missae, el Cardenal Ottaviani y el Cardenal Bacci escribieron el 25 de Septiembre de 1969:

               “A pesar de su brevedad, el estudio muestra muy claramente que el Novus Ordo Missae representa, en sus detalles y como un todo, un alejamiento sorprendente de la Teología Católica de la Misa, tal como fue formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento.”

               ¿Quién más que Satanás pudo haber conocido tan bien la naturaleza humana como para llevar a la gran mayoría de los Católicos a una iglesia falsa y ecuménica que tiene relaciones ilícitas con todas las demás religiones falsas del mundo?

               ¿Quién más que Satanás, bajo la apariencia de caridad, pudo haber engañado al Rebaño de Cristo con las perniciosas doctrinas de la libertad religiosa, el falso ecumenismo, y el indiferentismo religioso?



               Estas falsas enseñanzas fueron especialmente condenadas por el Papa Pío IX en la Encíclica Quanta Cura, el 8 de Diciembre de 1864:

               “Y con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia Católica y a la salud de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor de reciente memoria, locura; esto es, que la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre, que todo Estado bien constituido debe proclamar y garantizar como ley.”

               El falso ecumenismo fue condenado por el Papa Pío XI en la Encíclica Mortalium Animos, el 6 de Enero de 1928:

               "…pues favoreciendo esta opinión del ecumenismo y animar tales empresas equivale a abandonar la Religión revelada por Dios... Siendo así, es claro que la Sede Apostólica no puede, por ningún motivo, tomar parte en estas asambleas, ni es de manera alguna lícito que los Católicos den su aprobación o apoyo a tales empresas".

               De todo lo que hemos considerado, debería estar bien claro que “el Pastor ha sido derribado y las ovejas se han esparcido,” y que la Iglesia Católica -el Cuerpo Místico de Cristo- está pasando su propia crucifixión como su Divino Esposo, Jesucristo Nuestro Señor. Si perseveramos en estos tiempos difíciles, debemos, con San Juan Evangelista, permanecer cerca de la Santísima Virgen María al pie de la Cruz, y debemos recordar que después de la Crucifixión sigue la Resurrección.


En Christo Jesu et Maria Immaculata,

Monseñor Marco Antonio Pivarunas, CMRI


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