Mostrando entradas con la etiqueta Dominicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dominicos. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de abril de 2026

SANTA CATALINA DE SIENA, Terciaria Dominica



                  Penúltima de veinticinco hermanos, Terciaria Dominica, fue analfabeta hasta los 30 años, cuando le enseña a leer y escribir Nuestro Señor Jesucristo. Muere a los treinta y tres años; gran Mística. Su Director Espiritual, el dominico Beato Raimundo de Capua (+1399), escribió su vida, la «Legenda maior».

                 Santa Catalina nació en Siena en 1347; fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.

                 Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios más humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

                 Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

                 A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñón para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

                 Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.

                 Santa Catalina de Siena, murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus virginales restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; en 1939, el Papa Pío XII la declaró Patrona Principal de Italia, junto a San Francisco de Asís.



VIDA MÍSTICA DE SANTA CATALINA
Algunos hechos sobrenaturales de su vida mística


LAS DOS CORONAS

               Una vez estaba Catalina rezando y llorando en su habitación porque había sufrido una grave calumnia, y le pedía a Cristo, su Esposo, que defendiera su inocencia. «Entonces se le apareció el Salvador del mundo sosteniendo en la mano derecha una corona de oro adornada con perlas y piedras preciosas y en la izquierda una corona de espinas y le dijo: “querida hija, has de saber que es necesario que tú, en ocasiones diferentes y en tiempos distintos, seas coronada primero con una y luego con otra de estas dos coronas. Elige la que prefieras”…

               «Ella respondió: “Señor, desde hace mucho tiempo he renunciado a mi voluntad y he preferido seguir solamente la Tuya; por lo tanto, la elección no la he de hacer yo. Pero ya que quieres que responda, te digo ahora mismo que en esta vida elijo conformarme siempre según Tu Santísima Pasión y abrazar por Tu Amor las penas como refrigerio”. Dicho esto, con ambas manos tomó fervorosamente de la mano del Salvador la corona de espinas y se la metió tan fuertemente en la cabeza que las espinas se la perforaron por todas partes»

LOS SAGRADOS ESTIGMAS

               Estando Catalina de viaje en Pisa, cuenta el Beato Raimundo, "la virgen me hizo llamar y, con voz queda, me dijo: sabed, padre, que por la Misericordia del Señor llevo ya en mi cuerpo Sus estigmas… He visto al Señor clavado en la Cruz viniendo hacia mí en medio de una gran luz… Entonces, de las cicatrices de Sus Sacratísimas Llagas he visto bajar hacia mí cinco rayos sangrientos, dirigidos a las manos, a los pies y al corazón… Es tal el dolor que siento en estos cinco puntos, en especial en el corazón, que si el Señor no hace otro milagro, no me parece posible que pueda seguir adelante y que he de morir en pocos días". Le fue concedido que sus estigmas no fueran visibles.



JESÚS LE DA SU CORAZÓN

               En una ocasión Santa Catalina de Siena se encontraba rezando en la capilla de sus hermanos dominicos cuando de pronto cayó en éxtasis. Cuando se recuperó se puso de pie para volver a casa, pero al instante tuvo una visión asombrosa. En esta vio como una hermosa luz bajaba del Cielo y la envolvía. En medio de esa luz apareció el Señor quien traía algo en una de sus manos: ¡era un corazón humano!. El Señor se acercó a Santa Catalina, abrió uno de los costados de ella e introdujo el corazón que había traído. Mientras lo hacía de dijo a la Santa:

               "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el Mío con el cual siempre vivirás".

               Luego del episodio Santa Catalina de Siena quedó con una cicatriz en ese costado como prueba del milagro que Dios había obrado en ella.

               Su Confesor explicaba esto último de esta manera:

               "De lo dicho queda la apertura que [El Señor] le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a contármelo".



miércoles, 29 de abril de 2026

SAN PEDRO DE VERONA, Predicador y Mártir

 


               San Pedro de Verona nació el 29 de Junio de 1205; pese a ser hijo de padres cátaros (también conocidos como "puros" o "albigenses") el joven supo siempre conservarse inmune de la herejía cátara. 

               Al llegar a la adolescencia, Pedro decidió abandonar a su familia, puesto que no se sentía a salvo, y decidió ingresar en la Orden de Frailes Predicadores de la mano de su Fundador, Santo Domingo. Desde ese momento comenzó su incesante lucha contra los infieles. Formado en la Universidad de Bolonia fue predicador incansable en Milán y Venecia, donde consiguió numerosas conversiones.

               Luchando contra las creencias cátaras, se consagró a la formación cristiana de laicos, a la difusión del culto a la Virgen y a la creación de instituciones para la defensa de la ortodoxia católica.

               En Florencia trabó nuevas amistades con los después también canonizados Alexis de Falconieri y los otros seis fundadores de la Orden de Siervos de María, los llamados Servitas, siendo su consejero.

               En 1251 gracias a sus numerosas virtudes, a ser un gran orador y predicador, a su gran conocimiento de la Biblia y a su severidad en su forma de vida, el Papa Inocencio IV lo nombró Inquisidor de Lombardía y Prior en Como; evangelizó por toda Italia, predicando en Roma, Florencia, Bolonia, Génova y Como. La gente acudía a verlo y lo seguía, siendo las conversiones numerosas.

               San Pedro, quien con sus predicaciones se había ganado el odio de sus adversarios, fue asesinado en 1252 en un bosque a medio camino entre Como y Milán. El crimen habría sido urdido por el Obispo hereje Daniele da Giussano y algunos señores milaneses, entre ellos Stefano Confalonieri. Su verdugo, Carino de Bálsamo, le asestó varios golpes en la cabeza con un alfanje, fracturándole el cráneo. Al caer el santo al suelo, su asesino lo abandonó creyendo que yacía muerto. Sin embargo, San Pedro logró incorporarse y escribir en el suelo, con su propia sangre, las palabras: Credo in Deum. Fue entonces cuando Carino dio media vuelta y le clavó un puñal en el pecho hasta la empuñadura. Mientras, el compañero de San Pedro de Verona, Fray Domingo, fue atravesado por una flecha al intentar huir del lugar de los hechos. San Pedro se convirtió así en el primer mártir de la Orden de Predicadores.

               Tras haber cometido el asesinato, Carino de Bálsamo fue tocado por la gracia y mostrando arrepentimiento por la atrocidad del crimen cometido, decidió redimirse ingresando en la Orden de Predicadores. Fue acogido en el Convento de Forli por el hermano del propio Mártir, quien se mostró misericordioso. Desde ese momento, el asesino de Pedro llevó una vida edificante y en la actualidad es venerado en la Orden Dominica como el Beato Carino Pietro da Balsamo.

               San Pedro de Verona sería canonizado el 9 de Marzo de 1253, cuando no había transcurrido aún un año de su muerte; el cuerpo del Protomártir Dominico fue exhumado y hallado incorrupto. Ante el milagroso descubrimiento, el Santo fue expuesto en la Plaza de San Eustorgio para que los fieles pudiesen contemplarlo, momento en el cual se optó por separar la cabeza del cuerpo para custodiarla aparte.

               El Papa Inocencio IV, en su Bula Magnis e Crebris, fechada el 29 de marzo de 1253, concedía una indulgencia a todos aquellos Fieles que visitasen la tumba de San Pedro Mártir, en San Eustorgio de Milán, el día de su Festividad, fijada para el 29 de Abril. 



lunes, 16 de marzo de 2026

LA MADRE ANA DE MONTEAGUDO Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO (I)



                    Ana de los Ángeles de Monteagudo y Ponce de León nació en Arequipa (Virreinato del Perú) en 1602. Fue desde los dieciséis años monja en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de la misma ciudad, donde durante casi setenta años se dedicó a Dios y su pueblo, siendo un verdadero ángel del buen consejo en sus cargos de Sacristana, Maestra de Novicias y Priora. Vivió con incansable entusiasmo para la reforma del Monasterio, para la caridad con los necesitados, y rezando incesantemente por las Almas del Purgatorio. Sus últimos años fueron de penosa enfermedad, soportada con ejemplar serenidad. Entregó su alma a Dios el 10 de Enero de 1686 y su cuerpo se venera en la iglesia del mismo monasterio donde vivió. El 13 de Junio de 1917 fue nombrada Sierva de Dios por el Papa Benedicto XV.

                    Ana de Monteagudo -como sería llamada popularmente- conoció desde muy joven la vida de San Nicolás de Tolentino, Patrono de las Almas del Purgatorio; quiso imitarlo en su vida y, concretamente, en su amor por las Almas Benditas que padecían el rigor de aquella Cárcel de Amor. Se dedicó en cuerpo y alma a orar por Ellas y a buscar limosnas para mandar celebrar Santas Misas en su sufragio: todos los años mandaba celebrar varios cientos de Misas para la Fiesta y Novena de San Nicolás de Tolentino. Por esa caridad, las Almas purgantes se le aparecían para pedirle sufragios, aunque en ocasiones le comunicaban sucesos futuros, la ayudaban en todo y además la protegían de las influencias del Demonio.

                    Las misma Ánimas del Purgatorio la escogieron, como a San Nicolás, como su Patrona y Abogada. Así lo afirma Sor Juana de Santo Domingo -compañera de la Madre Ana de Monteagudo- a quien le dijo la Sierva de Dios que un día vio a dos jovencitos muy bellos que la condujeron a una sala muy grande, donde sufrían muchísimas almas. Los jovencitos le pusieron una capa de coro y le dijeron que entonase la Salve Regina. Ella se disculpó respondiendo que tenía mala voz, pero las Almas le insistieron... la Madre Ana de Monteagudo entonó la Salve y después cantaron el Oficio de Difuntos; le dieron un hisopo para que echase agua bendita donde estaban sufriendo las Almas y así lo hizo. Ellas le dijeron que debía ser su Patrona y Abogada: la Sierva de Dios se lo prometió y, desde entonces, con mucha diligencia, aplicaba todas sus obras y oraciones por las Almas del Purgatorio, haciendo por Ellas muchos sufragios.

                    Doña María de Garmendia, certifica haberle oído a la Madre Ana de Monteagudo que muchas veces la llevaba San Nicolás de Tolentino al Purgatorio, especialmente el día de su Fiesta y de su Octava, y veía salir a las Almas como estrellas resplandecientes que subían al Cielo. Algunas veces eran tantas que llenaban el aire. 

                    Una vez, estando en el coro haciendo oración, vio que San Nicolás bajó a la iglesia y un alma purgante sacó las manos de su sepultura y se aferró al vestido del Santo y éste, sacando al alma, la llevó al Paraíso, brillando el alma más que el Sol. 

                    En otra oportunidad, estaba enferma y las Almas le dieron una bebida con la que mejoró. Decía que en aquella enfermedad, el Señor se dignó concederle la Comunión por manos del glorioso San Bernardo, de quien era también muy devota. 

                    Un día no tenía dinero para los gastos de la próxima fiesta de San Nicolás y pidió a las Almas Benditas que movieran el corazón de alguien para que le ayudara. Y al rato vino al convento el Obispo Pedro de Ortega y Sotomayor, quien le preguntó en qué estaba ocupada. Ella le respondió que pedía a las Almas que movieran a alguien a ayudarle para celebrar la Fiesta de San Nicolás. Y el Obispo le respondió: ¡Qué grandes ladronas son estas Almas!. Yo estaba para dormir y me parecía que se llenaba la casa de gente y me decían: “La Madre Monteagudo te llama”. Y, por eso, vengo medio vestido para ver de qué tiene necesidad. Y el Obispo dio todo lo que necesitaba para la Fiesta. 



domingo, 17 de agosto de 2025

EL PADRE CUETO, OBISPO DE LOS CANARIOS

 


              Fray José Cueto y Díez de la Maza, nació en Riocorvo, Santander (España) en 1839, en el seno de una familia profundamente cristiana. A los 17 años ingresa en el Convento de los Frailes Dominicos de Ocaña. 

              Su vida como religioso dominico transcurrió entre Ocaña, Filipinas, Ávila y Canarias. Itinerario geográfico y espiritual, enriquecido con su elocuente predicación, producción literaria -obtuvo diversos premios, entre otros, por sus obras "La Fe y la Razón" y "Breve estudio sobre el dogma y la libertad"-, su sabiduría en la cátedra como Profesor de Teología y de Derecho Canónico, y como santo y solícito Pastor en la Diócesis de Canarias, de la que fue Obispo durante 17 años.

              Resaltó en él, de manera llamativa, la virtud de la Caridad, expresada en su amor y solicitud hacia los pobres, los enfermos, los presos y necesitados de Dios. El P. Cueto fue preconizado Obispo el 1 de Junio de 1891 y consagrado en Ocaña, el 27 de Septiembre de 1891. Hizo su entrada de Obispo en Las Palmas el día 22 de Noviembre de 1891.

              Hizo norma de su conducta y de su gobierno la doctrina del amor. Tomando para sí el lema de San Juan Crisóstomo: "Sé austero para contigo y benigno para con el prójimo".

             No tuvo más fin durante el tiempo que vivió entregado a su Diócesis de Canarias, que vaciar de sí mismo su corazón para que entrasen en él todos aquellos que la Divina Providencia le había dado por hijos.

              En sus Visitas Pastorales, hechas con gran dificultad por los peligros del mar y lo escabroso del terreno, se mostró siempre como "el enviado del Cielo, el Ángel de la Caridad y de la Paz". Las numerosas obras sociales que se crearon durante su pontificado en la Diócesis de Canarias, por iniciativa suya, dan testimonio de ello. Y así lo percibió el pueblo resumiendo su paso por las islas con estas palabras: “El Padre Cueto era antes que nada un gran corazón. Su corazón nos explica todas las acciones de su vida”.

              Preocupado porque sus Fieles estuviesen suficientemente atendidos espiritualmente, logró que se establecieran en la Diócesis los religiosos Franciscanos, Paúles, Cistercienses, Hermanos de la Escuelas Cristianas, Hermanitas de los pobres y las Siervas de María. El 12 de Junio de 1895, junto con la Madre Pilar Prieto, funda la Congregación de las Dominicas de la Sagrada Familia, dedicada a la educación de la juventud y a la caridad, mediante la predicación de la Palabra de Dios, en íntima unión con el espíritu dominicano. 

              En Octubre de 1896 el Obispo organizaría una peregrinación que culminaría ante los pies de la Patrona, la Virgen del Pino, para rogar por el fin de la Guerra de Cuba, iniciada un año antes; el Prelado de los canarios donaría entonces su cruz pectoral y el anillo episcopal, finas piezas en oro, amatistas y brillantes, para el ajuar de la Patrona.

              El 26 de Mayo de 1900, el Obispo Cueto confirmó en la Fe Católica a la entonces niña Lorenza Díaz Bolaños, en la Parroquia de Santa María de Guía; aquella muchachita sería años después esposa de Cristo, como Hija de la Caridad, condición que le valdría para convertirse en Mártir durante la Cruzada de 1936.

              Con el beneplácito del Papa San Pío X, el Obispo dominico coronó canónicamente a la Virgen del Pino, el 7 de Septiembre de 1905; lo hizo en medio de una celebración multitudinaria que albergó a unos 30.000 canarios en torno a la Basílica de Teror.

              El "Padre Cueto", como cariñosamente le llamamos los canarios, entró en la Vida Eterna en la capital de su Diócesis, Las Palmas de Gran Canaria, en olor de santidad, el 17 de Agosto de 1908. Sus venerables restos reposan mientras esperan la resurrección de la carne, en la Capilla de la Comunidad Dominica de San José, Casa Madre de la Orden fundada por él mismo.



lunes, 12 de mayo de 2025

BEATA IMELDA LAMBERTINI, Patrona de las Primeras Comuniones




                    La Beata Imelda Lambertini era hija del Conde Egano Lambertini y Castora Galuzzi, ilustres en nobleza y en virtud. La Condesa, desconsolada porque no tenía hijos, había rogado fervorosamente para que le fuese concedida una hijita, y, según se dice, obtuvo esta gracia por medio del rezo del Santísimo Rosario, del cual era devotísima.

                    Imelda nació en la ciudad de Bolonia, Italia, en 1322, en un ambiente de gran fe y piedad. Desde pequeña asimiló con especial cariño la exquisita educación que recibió. Su amor por Dios, su conducta inusual en el día a día, atrajo la atención de sus padres. La pequeña Imelda pronto llamó la atención por sus celestiales inclinaciones. Cuando lloraba, se sentía consolada al oír los Nombres de Jesús y de María; cuando comenzó a hablar, fueron estos Nombres dulcísimos los que pronunció con más frecuencia. A veces, la encontraban con las manos levantadas al cielo, en oración, y con los ojos anegados en lágrimas de ternura.

                    Los juegos infantiles no le atraían tanto como la oración, de hecho solía ​​esconderse en los lugares más recónditos de la casa para dedicarse a ella. Su madre siempre la encontraba arrodillada y rezando cuando extrañaba a su hija en casa. Permanecía largos ratos sobre las rodillas de su madre, aprendiendo las primeras oraciones. Era muy devota de la Madre de Dios, y, sobre todo, de la Sagrada Eucaristía, por lo que pasaba muchas ho­ras delante del Sagrario, como extasiada. Con frecuencia, se alejaba de las fiestas de familia, y se iba al oratorio del palacio, prefiriendo a todo bullicio el encanto de aquel altarcito, que ella misma arreglaba y adornaba con flores.

                    Cuando tenía nueve años, la niña pidió insistentemente entrar al Convento de las Dominicas, sin embargo, la Madre Superiora trató de persuadirla de que esperara, ya que su edad aún no le permitía ser admitida entre las hermanas del convento; también le preguntó si no estaba feliz de tener padres maravillosos y buenas condiciones de vida en casa, y ella respondió de inmediato que estaba muy feliz, que amaba a su familia, pero que las hermanas tenían algo más que le atraía mucho: "Nuestro Señor". 

                    Finalmente, sus padres, aunque entristecidos, se dieron cuenta de que Dios había reservado algo extraordinario para la pequeña.  Por lo tanto, terminaron aceptando qu su pequeña se consagrara a Dios.

                    Una vez consumado su deseo, todo fue motivo de alegría para ella, los momentos de oración, el hábito de las Hermanas, el silencio... Fue muy querida por las Dominicas, que intentaron privarla de los servicios y del rigor de la Regla, pero fue inútil, pues quería acompañar a las Hermanas en todo, participando plenamente y ayudando en las obras monásticas del convento, como cuando se levantaba en medio de la noche y caminaba por los grandes salones del Convento, caminando y rezando en silencio a los Maitines.

                    La visita al Tabernáculo hizo que su alma se desbordara de alegría. Solo la pronunciación de cualquier tema relacionado con la Sagrada Eucaristía, hacía que su rostro se transfigurara instantáneamente y es que anhelaba recibir la Sagrada Comunión. En cierta ocasión Imelda diría a las Hermanas: "No entiendo por qué la gente que recibe a Nuestro Señor no muere de alegría". 

                    En esa época, los niños menores de 12 años no podían recibir la Primera Comunión, sin embargo, como cuando quiso entrar al Convento, Imelda pidió ser dispensada para recibir a Jesús Sacramentado. Reiteradamente suplicó al Capellán del Convento que la dejase comulgar, pero no obtuvo esta gracia, su edad lo impedía, era demasiado pequeña...

                    En el año 1333, tenía 11 años cuando, después de la Santa Misa, la última monja que salió de la Capilla observó que la pequeña Imelda, como de costumbre, se quedó allí sola rezando un poco más. Ya había sido cerrada la puerta del Sagrario y estaban apagados los cirios del Altar, mientras las Religiosas se dirigían a sus ocupaciones, Imelda se quedó postrada en tierra, en el coro, con gran desconsuelo... entonces sucedió algo extraordinario: de repente, el coro se iluminó con una luz milagrosa y se llenó de un aroma suavísimo, que, esparciéndose por todo el Convento, atrajo otra vez hacia la iglesia a todas las monjas. Una Hostia flotaba sobre la pequeña Imelda y la iluminaba con una luz blanca. Una Hermana, testigo ocular del prodigio, llamó rápidamente a las otras monjas y todas participaron del milagro. 

                    La Madre Superiora entendió que aquél prodigio era una manifestación real de Dios para que la niña recibiera la Primera Comunión, hizo llamar al Capellán del Convento. Al llegar el Sacerdote, tomó una patena y se dirigió a la Sagrada Hostia. Tan pronto como se acercó a la niña arrodillada, la Hostia descendió a la patena que portaba el Sacerdote que tomándola, se la dio a comulgar a Imelda, que de inmediato inclinó la cabeza en oración.

                    La pequeña religiosa permaneció así, recogida y en silencio, frente a las Hermanas durante mucho tiempo. En un momento determinado, la Superiora se acercó a ella y viendo que no se movía, trató de levantarla con cuidado por los hombros pero la niña cayó en sus brazos, con una delicada expresión de inexplicable alegría en su rostro. Se había ido al Cielo en ese momento sublime. La alegría de recibir a Nuestro Señor fue demasiado para el corazoncito que ardía por la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristíaera el 12 de Mayo de 1333.

                    El Papa León XII la declaró Beata el 20 de Diciembre de 1826, y además autorizó su Oficio Litúrgico y Misa propia. En 1910 el Papa San Pío X la proclamó Patrona de las Primeras Comuniones.

                    Aún hoy, transcurridos más de 690 años, su cuerpo virginal está incorrupto, protegido por una campana de cristal, en la Iglesia de San Segismundo, en Bolonia. 



IMELDA
por Jacinto Verdaguer


De Jesús Sacramentado
Imelda está enamorada:
ante Él se pasa las noches
del atardecer al alba.

Mas, ¡ay!, las pasa llorando,
de mal de amor y añoranza.
De Su Sangre tiene sed,
y hambre de Su Carne Santa;
y no puede todavía
comer el Pan de las almas.

Le falta un Abril a dos
para ser de Él enramada:
muy linda tendrá que ser
si tan grande Amor la enrama.

A las plantas de Jesús
llora la pobre novicia:
- Me dicen que por pequeña
no comulgo todavía.
Pues Vos, ¡mi amable Jesús!,
¿por ventura no decías:
"Dejad que los pequeñuelos
vengan en Mi compañía?"
¿No amabais Vos a los niños?
¿No lo erais Vos, mi delicia?
Jesús, ¡compasión de mí,
que de amor me siento herida!
Si no me acudís bien presto,
no me encontraréis ya viva.

El día de la Ascensión
despierta antes que la aurora:
sale al jardín del Convento
a cortar lirios y rosas.
En cada flor que recoge
pone un beso de su boca.
Dice: al lado de mi Amor
hoy exhalarás tu aroma:
¿y yo habré de estarme lejos
habiendo de ser Su esposa?

La campana del Convento
al templo llama a las monjas;
ella su ramito lleva
y en el Altar lo coloca,
donde quisiera quedarse
para aspirar los aromas;
no los que exhalan las flores,
sino Aquel que la enamora.

Como abejas al panal
se acercan a Dios las monjas:
ella comulgar no puede
y se está detrás de todas.

Ve cuál fluye aquella Fuente
y ardiente sed la devora;
de aquellas aguas del Cielo
beber no puede una gota
y en lágrimas y suspiros
su corazón desahoga.

De manos del Sacerdote
de pronto vuela una Hostia,
y va hasta Imelda volando,
como blanca mariposa.

El Sacerdote la sigue
y el copón bajo coloca
para que retorne al nido
el pichoncito de gloria.

Mas Él volando, volando,
nunca desciende a la copa,
pues no quiere Separarse
de Su celestial paloma.

El Sacerdote, inspirado,
lo pone a Imelda en la boca...
Ya tiene lo que ella quiere;
nada en río de delicias.

No pudiendo soportarlas
cae al suelo amortecida,
y cual cristal que se rompe
su vida al romperse... expira.

Imelda muere de amor:
¡bien haya el que quiso herirla!
Quien de tal modo la hirió
bien será su medicina.

Hoy cuando asciende a los Cielos
la lleva en Su compañía.
¡La primera Comunión
le es Viático a la niña!



sábado, 30 de abril de 2022

SANTA CATALINA DE SIENA

 

                “Cuando un alma se eleva a Dios con ansias de ardentísimo deseo de honor a Él y de la salvación de las almas, se ejercita por algún tiempo en la virtud, se aposenta en la celda del conocimiento de sí misma y se habitúa a ella para mejor entender la Bondad de Dios; porque al conocimiento sigue el amor, y, amando, procura ir en pos de la verdad y revestirse de ella”





               Nacida en 1347, Catalina (nombre que significa "Pura"), era la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de Ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.

               Desde niña, empezó a orar a la Reina de Siena, y a menudo se le oía rezar el Avemaría bajando las escaleras de su casa. Un día cuando tenía 6 años de edad y mientras caminaba por las calles de Siena con su hermano, elevó su mirada y de repente vio sobre el techo de la Iglesia de Santo Domingo, al Rey de Reyes sobre un espléndido trono, vestido como el Papa con su corona Papal; y con Él estaban San Pedro, San Pablo y San Juan. Jesús mirando con ternura a Catalina, despacio y solemnemente la bendijo, haciendo tres veces la señal de la Cruz sobre ella con su mano derecha, como lo hace un obispo. Desde ese momento Catalina dejó de ser una niña, se enamoró profundamente de su amado Salvador.

               Al año siguiente, ante un cuadro de Nuestra Señora, se ofreció al Señor que la había  bendecido. En este momento tan crucial oró a la Virgen:

                    "¡Santísima Virgen, no mires mi debilidad, sino dame la gracia de tener como esposo a Aquel  a quien yo amo con toda mi alma, tu Santísimo Hijo, Nuestro Único Señor, Jesucristo! Le prometo a Él y a Ti, que nunca tendré otro esposo"

               Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios más humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

               Con su ejemplo de humildad, obediencia y caridad ante su familia, los conquistó y entonces le permitieron ser miembro de la Tercera Orden de Santo Domingo y tener un cuarto privado. Allí comenzó a hacer actos de mortificación heroicos. Se alimentaba principalmente de hierbas y vestía con telas muy crudas. Asistía con gran generosidad a los pobres, a los enfermos, consolaba a los presos. Su sometimiento de la propia voluntad al Señor, aún en sus penitencias, daba verdadero valor a lo que hacía. Pero sus experiencias místicas no le quitaban las pruebas. Sufría por su temperamento al que dominaba con gran paciencia y por los baños calientes que le ordenaron los médicos. En medio de sus dolencias oraba sin cesar para expiar sus ofensas y purificar su corazón.

               Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo. Tenía 16 años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos, a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible Peste Negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

               En la noche anterior a su profesión en la Orden, después de pasar por una severa prueba en la cual el demonio se le apareció como un caballero muy guapo y elegante, y le ofreció un traje de seda con joyas brillantes, Catalina se tiró sobre el crucifijo y gritó:

                    "¡Mi único, mi amado esposo. Tú sabes que jamás he deseado a nadie más que a Ti. Ven en mi ayuda, mi amado Salvador!"

               De pronto, frente a Catalina estaba la Madre de Dios, teniendo en sus manos un traje de oro, y con su voz suave y tierna, la Virgen le dijo:

                    "Este vestido, hija mía, lo he traído del Corazón de mi Hijo. Estaba escondido en la Herida de su costado como en una canasta de oro, y te lo hice con mis propias manos"

               Entonces con ferviente amor y humildad, Catalina inclinó la cabeza, mientras la Virgen le imponía este vestido celestial.

               Por fin, en 1635, a los 18 años (según algunos escritores a los 20 años), recibió el hábito de la Tercera Orden Dominica. Durante tres años después de recibir el hábito, Catalina vivió, en la santa soledad de su pequeño cuarto y en su capilla favorita. Allí pasó un entrenamiento estricto basado en la auto-negación y desarrollo espiritual bajo la dirección personal de Cristo y de su Madre. No hablaba sino con Dios, la Virgen y su confesor.




               Catalina tenía gran devoción al Niño Jesús. Una noche de Navidad, mientras oraba con sus hermanas de la Tercera Orden en la Iglesia de Santo Domingo, se le concedió una visión muy impresionante. La Virgen María de rodillas adorando en oración ferviente al recién nacido, el Divino Niño. Catalina estaba tan sobrecogida que suplicó humildemente a la Virgen que le permitiera cargar al Niño por un momento. Con una sonrisa afectuosa, la Virgen tomó el Niño y se lo entregó a Catalina, quien teniéndolo en sus brazos, lo besó y le susurró en el oído los nombres de todos sus seres queridos.

               La serpiente, viendo su vida angelical, la asaltaba buscando destruir su virtud. Llenaba su imaginación con las más sucias representaciones y asaltaba su corazón con las más bajas y humillantes tentaciones. Después su alma quedaba en una nube de oscuridad, la más severa prueba imaginable. Se veía a sí misma cientos de veces al borde del precipicio, pero siempre sostenida por una mano invisible.

               Sus armas eran: la oración ferviente, la humildad, resignación y confianza en Dios.

               Así venció las pruebas que sirvieron mucho para purificar su corazón. Nuestro Señor la visitó después y ella le dijo:

                   "¿Dónde estabas, mi divino Esposo, mientras yo yacía en tan temible condición de abandono?"

               Jesús le contestó:

                    "Estaba contigo"

                    "¿Cómo? -replicó ella-, ¡¿entre las sucias abominaciones en que infectaban mi alma?!"

               Él le dice:

                    "Eran desagradables y sumamente dolorosas para ti. Este conflicto, por lo tanto, fue tu mérito, y la victoria sobre ellas, fue debido a mi presencia"

               El enemigo también la invitaba al orgullo, sin escatimar ni violencia ni estrategia alguna para seducirla a sus vicios. Pero la humildad era su defensa. Dios la recompensó con su caridad para los pobres y muchos milagros.



               Un día, después de que Catalina había orado todo el día con extraordinaria fe, Nuestro Señor se le apareció y le dijo:

                    "Ya que por amor a Mi has renunciado a todos los gozos terrenales y deseas gozarte sólo en Mi, he resuelto solemnemente celebrar Mi Desposorio contigo y tomarte como mi esposa en la fe"

               Mientras el Señor hablaba, aparecieron muchos Ángeles, su Santísima Madre, San Juan, San Pablo y Santo Domingo. Y mientras el Rey David tocaba una dulce música en su arpa, nuestra amorosa Madre tomó la mano de Catalina y la puso en la mano de su Hijo. Entonces Jesús, puso un anillo de oro en el dedo de Catalina, y dijo:

                    "Yo, tu Creador y Salvador, te acepto como esposa y te concedo una fe firme que nunca fallará. Nada temas. Te he puesto el escudo de la fe y prevalecerás sobre todos tus enemigos"

               En otra ocasión, en el transcurso de una visión sobrenatural, Nuestro Señor le presentó dos coronas, una de oro y la otra de espinas, invitándola a escoger la que más le gustara. Ella respondió:

                    "Yo deseo, oh Señor, vivir aquí siempre conformada a tu pasión y a tu dolor, encontrando en el dolor y el sufrimiento mi respuesta y deleite"

               Entonces, con decisión tomó la corona de espinas y la presionó con fuerza sobre su cabeza.




               Dos veces, en fiestas litúrgicas especiales, la Virgen le ayudó milagrosamente. Durante una Misa de año nuevo, Catalina estaba tan sobrecogida por la emoción, que cuando se puso de pie para ir a recibir la comunión estuvo a punto de caer. La Virgen, con sus manos tiernas y al mismo tiempo fuertes, la sostuvo hasta que se recuperó.

               Un día de la Asunción, que tradicionalmente era la fiesta más grande del año en Siena, la ciudad de la Virgen, Catalina estaba muy enferma en cama, y deseaba intensamente por lo menos poder ver la catedral. De pronto se encontró en el atrio de la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, y pudo caminar perfectamente y participar en la Misa solemne dedicada a la Virgen.

               A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los 25 años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñón para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

               Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus 375 cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua italiana.

               Santa Catalina tenía un profundo amor a la Sagrada Eucaristía, a la Santísima Virgen y a los pobres. Tuvo muchas experiencias místicas, entre ellas: el Desposorio con Cristo, innumerables profecías, el don de los estigmas, así como ayunos de largos períodos (en los cuales se alimentaba solamente de la Sagrada Comunión)

               Santa Catalina murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de 33 años, el 29 de Abril de 1380, fue la gran mística del siglo XIV. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; es además, patrona de Italia y Protectora del Pontificado.



viernes, 4 de marzo de 2022

LUISA PICARRETA, ALMA VÍCTIMA

 

"Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, 
porque, has escondido estas cosas 
a los sabios y entendidos, 
y se las has revelado a la gente sencilla" 


Evangelio de San Mateo, cap. 11, vers. 25




                Luisa Picarreta nació el 23 de Abril de 1865 en Corato, provincia de Bari, Italia. Aquél día era Dominica in Albis (Segundo Domingo de Resurrección), y Luisa ocupó el quinto lugar entre siete hermanas más; por la tarde del mismo día fue bautizada en la Iglesia Matriz del pueblo. Participó en la vida de su familia, de origen campesino. El padre administraba los campos de un propietario rico y con su familia se trasladaba por largos períodos a una hacienda situada en la altiplanicie de la Murgia. Ya era singular que esta niña dedicara mucho tiempo a esconderse para sumirse por largas horas en la oración. A la edad de 9 años recibió la Primera Comunión y la Confirmación, y empieza a escuchar la voz de Jesús en su interior sobre todo después de haber comulgado; la corrige y la guía en la vida del espíritu para que la ley sea sobre "perfecta imagen" e inspirándose una vida de Nazaret la educa en la mortificación de la voluntad por amor.  A los 13 años siente que debe introducirse en la Meditación de la Pasión de la Pasión de Jesús que empieza cotidianamente. 

               Se une a las “Hijas de María”, Congregación laical asistida en Corato por el Sacerdote Fray Michele De Benedictis (1944-1910) e inicialmente ubicada en la iglesia del ex convento de los Capuchinos. En este lugar se encuentra también un Instituto femenino de señoritas, hijas de familias pudientes, confiado a las Religiosas de la Caridad de la Inmaculada Concepción de Ivrea. Aquí Luisa frecuentará solo las primeras clases de la escuela elemental, teniendo a las Religiosas como maestras.



               Sus padres no notaron la intensa vida interior de Luisa hasta que como a los 17 años, en la primavera, cuando ella estaba en la hacienda en la localidad llamada "Torre Desesperada", Luisa manifestó un misterioso y siempre más frecuente estado de sufrimiento que la hacía perder los sentidos y la sumía en un estado de "petrificación" durante el cual tenía visiones de Jesús quien la escogió como víctima. 

               Los fenómenos se suceden siempre más frecuentemente tanto que la obligan a permanecer en el lecho. Son los preludios de aquello a lo que Luisa llamará en “vida nueva”. Empiezan las incomprensiones familiares y la visita del médico de familia. Incapaz de dar un diagnóstico certero, el médico no encuentra nada mejor que sugerir la "visita" de un Sacerdote. Si obedece a la intervención del agustino Padre Cosma Loiodice que conocía a Luisa gracias a las Hijas de María. Con gran sorpresa, solo la bendición sacerdotal la libró de inmediato del estado de malestar en que se encontraba y esto seguirá haciendo cada vez que se necesite considerablemente por aproximadamente 4 años.

               Luisa se hace Terciaria Dominica con el nombre de Sor Magdalena, en la Iglesia de Santa María Greca. En ausencia de Fray Cosma los Sacerdotes se rehúsan a ir a donde Luisa. Entonces, su madre si dirige al Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe Bianchi dé Dottula, para que disponga un Sacerdote que se ocupe de la vida espiritual de Luisa. El Arzobispo dispone que Don Michele De Benedictis pueda ir a donde Luisa en la ausencia del padre Agustín. Pero en realidad a partir de 1886 asume su cuidado espiritual de modo definitivo.

               Luisa abre el corazón a su Director Espiritual y le cuenta por primera vez lo que le sucede cuando pierde los sentidos, lo de sus visiones y su vida interior. En este período se inicia otro fenómeno que luego acompañará a Luisa durante el resto de la vida: después de haber comido, en un espasmo, se vio obligada a devolver lo que había comido. Todos asegura que la comida se presenta en perfectas condiciones y acompañada de un agradable perfume. Pero el Director, Don Michele, no está del todo convencido de la extraordinariedad de esos fenómenos, por lo que pos la prueba imponiéndole con la “obediencia” muchas cosas que ciertamente no le dan alivio.

              En la segunda quincena de Noviembre de 1887, Luisa, con el consentimiento de su Director, acepta quedarse completamente postrada en cama, ofreciéndose como “víctima voluntaria”. Inicialmente cree que debe ser por cuarenta días para implorar la paz por la guerra en África, pero más adelante entenderá que Jesús le pide que este sacrificio sea continuo por el resto de su vida. Así hasta su muerte, alrededor de 60 años, permanece en su lecho sin ninguna enfermedad y sin que se le vea llaga alguna de decúbito. Mientras por la noche cae en su “estado habitual” de malestar con la “petrificación”, con frecuencia su alma deja su cuerpo para estar con Jesús y escuchar sus enseñanzas.

              Precisamente durante una de estas “salidas”, el 21 de Octubre de 1888, festividad de la Pureza de la Virgen María, vive el primer desposorio místico con Jesús a la presencia de la Virgen María y de Santa Catalina de Siena. Éste se renueva el 7 de Septiembre de 1890, vísperas de la Natividad de María, a la presencia de la Santísima Trinidad en el Cielo y obtiene el don de poder percibir sensiblemente la "habitación" de las Tres Divinas Personas en su alma. Finalmente, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz de 1894 o 1895, vive el místico Desposorio de la Cruz en los lugares de la Pasión en Jerusalén. En esta ocasión recibe los estigmas pero que, después de haberlo pedido decididamente, quedarán invisibles. Gracias a esta experiencia recibe también una profunda conciencia de sus pecados y siente por ellos un vivo dolor.

               Cuando en 1898 Don Michele De Benedictis debido a sus múltiples empeños pastorales deja la dirección espiritual de Luisa, señala como sucesor al Canónigo Don Gennaro De Gennaro (1844-1922), Párroco en San José, en Corato.

               Debido a la extrema reserva de Luisa, el nuevo Confesor, después de haber escuchado lo que le sucedía durante ese "estado", le ordena por obediencia escribir un diario espiritual en el cual debía anotar con diligencia cuanto escuchaba y veía. Al ofrecimiento de su postración en cama se añade "la cruz de escribir" a la cual será fiel, escribiendo cerca de 10 mil páginas, desde el 28 de Febrero de 1899 hasta el 28 de Diciembre de 1938. Dos meses después de haber comenzado a escribir el segundo cuaderno, el Confesor le pide escriba que lo que le había venido pasando en su vida pasada. Nacen así los cuadernos que constituyen una verdadera autobiografía espiritual desde la edad de 9 años.

              Se sustenta la alimentación y el estipendio de la Santa Misa con un trabajo de encaje de “bolillos” que aprendió de niña y acoge a jóvenes que quieren aprender dicho arte. Su casa además de ser una escuela de este arte es una escuela de vida espiritual de la cual no solo reciben los aprendices-discípulas sino que también muchas otras personas que comienzan a frecuentar su casa para escuchar su consejo y pedir su oración.

               Es la venida de la gente que tanto sospecha que el Arzobispo Mons. Tommaso de Stefano, en 1902 dispone que el Confesor ya no vaya a donde Luisa. Pero la prohibición dura sólo unas pocas semanas. Al año siguiente decide ir él mismo en persona visitar a Luisa para interrogarla, concluyendo con un juicio positivo. También su sucesor, el Arzobispo Mons. Francesco Paolo Carrano, visita a Luisa y en 1908 obtiene de la Santa Sede la facultad para que se pueda celebrar la Santa Misa cotidiana en su casa. Cuando en 1910 inauguró en Trani el Hogar Femenino Antoniano del Padre Aníbal María de Francia (1851-1927), se los entregó a la religiosa siciliana sobre Luisa y su Diario. 

               El Padre Aníbal María de Francia, queda conquistado de inmediato por la espiritualidad de Luisa a quien visita repetidamente. De manera particular le fascina su modo de meditar la Pasión de Nuestro Señor, tanto como le pide que escriba en un cuaderno a parte de sus reflexiones. Nace así la obra de la que se encargó él mismo de publicar en 1915, con el título de “El Reloj de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con afectivas consideración y reparaciones”. Ante el gran éxito encontrado, decide publicarlo en una nueva edición del mismo año y luego en 1917 y 1925. El texto fue enriquecido progresivamente con otras prácticas y algunas oraciones. Pero sobretodo con un Apéndice que contiene por primera vez algunas páginas del Diario con el título “Tratado de la Divina Voluntad”.

               Hasta 1926, el Padre Aníbal revisó los primeros 18 volúmenes del Diario, y como resultado de la correspondencia entre Luisa y él, se preparó a publicar los textos. De hecho, el Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe María Leo, había nombrado "Censor Eclesiástico" para las publicaciones de sus Diócesis y después de haber obtenido el "Nihil Obstat" de Padre Aníbal, puso también en "Imprimatur" directamente en el primero 18 tomos manuscritos del Diario, renunciando al permiso para la publicación. La muerte de Padre Aníbal, sin embargo, impidió la realización de este proyecto editorial.

               Según el Padre Aníbal, en el Prefacio que él mismo escribiera  para el Reloj de la Pasión "Esta Esposa de Jesús crucificado que pasa la noche en éxtasis dolorosos y en toda clase de padecimientos, al verla luego durante el día medio sentado en una cama, trabajando entre las agujas y los alfileres, nada, nada se transparenta, en lo más mínimo de una persona que durante la noche haya sufrido tanto, nada, nada que deje entrever algo de extraordinario, de sobrenatural, al contrario: en todo su aspecto es una persona sana, alegre y jovial. Habla, conversa, en ocasiones ríe, pero tiene pocas amigas. En ocasiones algún corazón atribulado se confía a ella, le pide oraciones. Escucha benignamente, consuela, pero nunca habla para profetizar, jamás una palabra que deje entrever alguna revelación. El gran consuelo que presenta, es siempre uno, siempre el mismo argumento: la Divina Voluntad".

               La estima que Luisa tenía por el Padre Aníbal la llevaría a aceptar la invitación de mudarse el 7 de Octubre de 1928 a la casa de las Hijas del Divino Celo, en Corato, que fue construida y consagrada, por voluntad de su Fundador, a la "Divina Voluntad".

                A su muerte Don Gennaro es remplazado como Confesor Don Francesco De Benedictis (1868-1926). Pero el haber muerto también prematuramente fue sustituido por Don Benedetto Calvi (1886-1968) aquí, en colaboración con el rogacionista Padre Pantaleone Palma, le dio un nuevo impulso a la publicación del Diario. De hecho, en 1939 subió a la luz del libro con el título: “En el Reino de la Divina Voluntad. Historia de un alma. Primera Parte. Alba que surge”, en el cual fueron publicados los volúmenes 1º, 2º, 3º y casos todo el volumen 4º del Diario con muchas correcciones respecto al manuscrito original de Luisa. Además también, en 1932 se publicó el libro: “La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad. Meditaciones para el mes de Mayo". El cual será reeditado en 1933 y en 1937. Finalmente, Don Benedetto, publica en 1934 la 5ª edición del "Reloj de la Pasión" con el supuesto del Tratado sobre la Divina Voluntad. Estas obras fueron traducidas en alemán en dos Volúmenes (1936 y 1938) por el benedictino Fr. Ludwig Beda.

                Sin embargo, ya a partir de finales de 1930 surgieron las primeras incomprensiones y una primera advertencia de la Sagrada Congregación del Santo Oficio en el Vaticano, buscando el supuesto provecho económico percibido por Luisa de las publicaciones y la cuestión de la necesidad del Sacerdote para hacer que volviera en sí de su “estado habitual”.

               Las reacciones de los Superiores por la denuncia llegan de inmediato con la prohibición de continuar con las publicaciones. Surgen polémicas también a nivel doctrinal y en relación a la "misión especial y única" de Luisa para dar a conocer las verdades sobre "el vivir en la Divina Voluntad de Jesús".

               La investigación del Santo Oficio, seguida de otras señalaciones, llegó a su culmen en 1938; en en el mes de Julio el Santo Oficio dispuso la inscripción de las obras de Luisa en el Índice de libros prohibidos los libros publicados. El Observatorio Romano del 11 de Septiembre publicó el decreto y un artículo adjunto, explicando las motivaciones de la sentencia de "excesivo misticismo".

               A pesar de tanta prueba, pocos días después Luisa encontró fuerzas para escribir una carta en la cual se somete a la obediencia a la Autoridad de la Iglesia, reprobando y condenando en sus mismos escritos lo que la Iglesia reprueba y condena . Humillada, es obligada a dejar el Instituto Antoniano y se traslada a una habitación privada en donde vivirá los últimos años de su vida.



Luisa Picarreta amortajada con el hábito terciario dominico


               "Luisa la santa" - como solían llamarla sus conciudadanos - entregaba su alma al todopoderoso la mañana del 4 de Marzo de 1947, después de una fuerte pulmonía; su cuerpo no sufre la rigidez cadavérica. Durante  tres días su cuerpo expuesto queda al público y se puede constatar que sus miembros son flexibles a excepción de las vértebras de la columna que le impiden ser extendidas en el ataúd. Por esta razón se construye un ataúd especial, en el que podrá caber sentada, posición en la que todos la llegaron a conocer. Sus funerales con grandísima afluencia, como “un día de fiesta para toda Corato”. Luisa sería sepultada en el Cementerio de la ciudad en la capilla de la familia de Don Benedetto Calvi.

               En Abril de 1947 el Arzobispo de Trani, Mons. Francesco Paolo Petronelli emite el mandato de recoger noticias referentes a Luisa para invocar sobre rehabilitación ante la Santa Sede y un año después, en 1948, el nuevo Arzobispo, Mons. Reginaldo Giuseppe María Addazi OP, concede el permiso de imprimir una estampa de Luisa con una reliquia, dándole el título de “Sierva de Dios”. 




domingo, 23 de enero de 2022

San Raimundo de Peñafort


               Raimundo nace en el Castillo de Peñafort, cerca de Barcelona, posiblemente entre los años de 1175 a 1177. De familia rica, estaba emparentado con la Casa Real de Aragón. Joven, ingresa en la comunidad de la Catedral de Barcelona para prepararse al Sacerdocio. A los 20 años asume la enseñanza de las artes liberales, al tiempo que es ordenado Sacerdote. Cercano a cumplir los 30 años se dirige a Bolonia a perfeccionarse en ciencias jurídicas. Allí obtiene el Doctorado en Derecho Civil y Eclesiástico.




               En Bolonia habría conocido a Santo Domingo de Guzmán así como la vida y misión de los hermanos. Entonces pide a su Obispo, Berenguer de Palou, la creación de una Comunidad Dominicana en Barcelona. 

               Raimundo retorna a la capital de Cataluña donde, como eminente jurisconsulto, se dedica a la enseñanza del derecho; es tenido como árbitro por excelencia en pleitos y litigios. El Obispo le nombra canónigo de Barcelona, y participa en la unificación de la liturgia de Roma. En el año de 1222, con casi 47 años, renuncia a la canonjía y entra en la Orden de Predicadores. Opta así por una vida de evangelización y predicación.

               En 1223 colabora con San Pedro Nolasco, y con su amigo el Rey Jaime I de Aragón en la fundación de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para liberar a los Cristianos cautivos y esclavizados por los islamitas. San Raimundo de Peñafort es invitado por Gregorio IX a Roma para trabajar el Corpus Decretalium, es decir, el Código de Derecho Canónico Medieval. 

               El Papa lo eligió como su confesor, capellán y penitenciario. En tal condición, el Santo redactó un gran número de documentos para el Soberano Pontífice. Como confesor, imponía al Papa, como penitencia, despachar con misericordia y brevedad las causas de los pobres que acudían a la corte pontificia y no tenían protector.

               Retorna a Barcelona y mientras permanece allí, el Capítulo General de Bolonia de 1238 le elige Maestro de la Orden. Su tarea primordial: la de dotar a la Orden de unas Constituciones fijas y estables. Por sus labores y reputación, le ofrecen ser Obispo. Rehúsa también del Papa Gregorio IX, los Arzobispados de Tarragona en España y de Braga en Portugal.

               Debido a sus enfermedades, convoca el Capítulo General de Bolonia de 1240 para presentar su renuncia que es aceptada. Vuelto a su región crea dos institutos para la evangelización de mahometanos y judíos, uno en Murcia y otro en Túnez. Allí se forman los hermanos en las costumbres y lenguas árabes y judías. Pide a Santo Tomás de Aquino un proyecto teológico que ayude a la formación y predicación de los hermanos en este campo; así nace la "Summa contra gentes". 

               San Raimundo de Peñafort murió en Barcelona el 6 de Enero de 1275. Su cuerpo se venera en la Catedral de la misma ciudad. Fue el primer Santo canonizado en la actual Basílica Vaticana, por el Papa Clemente VIII, el 29 de Abril de 1601. Es el Patrón de los Juristas Católicos.