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viernes, 10 de julio de 2026

...LAS GOTAS DE SU PRECIOSÍSIMA SANGRE...



               Alimentarse directamente de la Sangre de Jesús Nuestro Señor es un fenómeno místico que se ha dado en la vida de pocos Santos, como ocurrió con Santa Catalina de Siena o Santa Verónica Giuliani. Pese a la diferencia temporal, Cristo quiso comunicar también esta gracia a Alejandrina Da Costa, a la que frecuentemente alimentaba física y espiritualmente con Su Sangre Divina (la joven mística estaba en ayuno total desde 1942).

               Este fenómeno parece que comenzó en 1935, pero con toda seguridad desde el 25 de Junio de 1944. Al principio, los intervalos entre una y otra transfusión son de dos o tres meses, pero desde el 7 de Febrero de 1947 serán cada semana, los Viernes, durante la Pasión, que ya no es externa, sino vivida internamente. También son distintos los modos de esta transfusión. Puede ser, bebiendo con los labios la Sangre directamente del Corazón de Jesús, de Corazón a corazón o por medio de una cañita dorada. 

               En su "Diario Espiritual" Alejandrina explica: Jesús me dio a beber la Sangre de Su Divino Corazón. Sentía pasar la Sangre con toda abundancia del Corazón de Jesús a mí y Jesús me decía: Valor, hija mía, recibe fortaleza. Mi Sangre y Mi Carne son tu alimento. Eran las cuatro de la mañana y estaba agotadísima. Me preparaba para recibir la Comunión. Jesús me dijo: Hija Mía, ven a Mis brazos, sacia tu hambre y tu sed, recibe Mi Sangre que es tu vida y tu alimento. Llevó a mis labios Su Sangre y me la dio a beber. Y sentí en mi corazón que, dentro de mí, caía una lluvia de sangre. Y Jesús me decía: Es la Sangre de Mis venas. Ten coraje, llénate de Mí para llevar tu cruz. Jesús tomó en Sus manos Su Corazón e hizo un vaso bellísimo del que dejó caer en mi corazón las gotas de Su Preciosísima Sangre y muchos rayos dorados de Su Amor. Y comencé a sentirme grande y fuerte. 

               Otro día le dice Jesús: Te doy Mi Divina Sangre, uno a ti la cañita de amor. Así quedan unidos nuestros corazones y nuestros rostros... Recibe Vida, recibe Amor. Te daré una gota de Mi Divina Sangre, la mayor prueba de Mi infinito Amor, la mayor de todas las maravillas. Otra vez, como de costumbre, Jesús introdujo en mi corazón la cañita a la cual unió su Corazón lleno de rayos de amor. Despacio, muy despacio, pasó la pequeña gota de Su Preciosísima Sangre. En esta unión de corazones que ardían en llamas divinas permanecimos en silencio hasta que me adormecí. Desperté cuando Jesús sacaba la cañita.

               En otra oportunidad -escribe Alejandrina- Jesús unió Su Divino Corazón al mío y también Su Rostro y Sus labios se unieron a los míos. Mi corazón parecía pegado al de Jesús y de Su Divino Corazón pasaba Su Sangre al mío. Sentía mi corazón dilatarse: era grande. Sentía también recibir vida de los labios de Jesús por medio de los míos. Jesús le dijo: Uno tu corazón al Mío. Es un sólo corazón, una sola vida. Te doy una gota de Mi Sangre y permanece en el tuyo Mi Divino Corazón para continuar el milagro, para que puedas vivir y resistir el dolor... y dar vida a las almas y hacerlas vencer en la guerra contra Satanás. ¡Que unión tan íntima! ¡Su divino Corazón unido al mío!

               Otro día vinieron los Ángeles y Jesús le dice: Esposa mía, te doy la gota de Mi Divina Sangre. Dos Ángeles introducirán en tu corazón la cañita del Amor. Vinieron dos Ángeles, introdujeron en mi corazón una cañita dorada. Vino Jesús y, sobre la parte superior de la cañita, colocó el centro de Su Divino Corazón. La gota de la Sangre cayó mientras los Ángeles con toda reverencia se inclinaban ante Jesús y batían lentamente cada uno a su vez sus propias alas blancas. Después de comulgar, vino Jesús, tomó Su Divino Corazón y echó, en el cáliz que tenía el Ángel, la pequeña gota de Su Divina Sangre y el Ángel me la dio a beber. 

               En muchas transfusiones se hace presente también la Virgen María. Dice Alejandrina: Vino la Virgen, se puso a mi costado, extrajo del pecho el Corazón Divino de Jesús y lo unió al mío. Recibí la gota de Sangre y María soplaba sobre mí y me lavaba y me purificaba. Los Ángeles cantaban: Venimos del Cielo a adorar a nuestro Rey y Creador, venimos del Cielo a contemplar las maravillas de Su Amor... 

               Un día, vino del Cielo la Virgen María con millones de Ángeles. El Ángel Custodio de Alejandrina llevaba una corona de flores en unión con San Miguel Arcángel. Ella se inclinó y la Virgen le puso sobre la cabeza la corona de flores… Después, Jesús hizo de Su Corazón una copa y muy despacio la inclinó para echar en el mío la gota de Su Sangre... Después, me sentí entre los brazos de María. Sus caricias, Su ternura y Su Amor me dieron de nuevo la vida. 

              Otra vez, una bandada de Ángeles bajaron del Cielo, batiendo sus almas. Por último, vino María coronada como Reina sobre un trono. Se puso delante de mí. Sentí como si se abriese mi pecho y María introdujo en mi corazón Sus santísimas manos. Y del Corazón Divino de Jesús salió hacía mi corazón fuego, mucho fuego y, por último, la gota de Sangre... María me acariciaba y, gracias a estas caricias y besos que me daba, pude soportar el Amor de Jesús. Vino María y Jesús se acercó y unió los tres corazones en uno solo e hizo pasar a mí la gota de Sangre Divina, diciendo: Recibe esta Vida, Vida Divina, Vida de Gracia, Fortaleza y Amor. Comunícala a las almas en abundancia. Tú eres de Jesús y por tu medio ellas reciben a Jesús.



viernes, 26 de junio de 2026

EL REINO DEL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS, según las revelaciones a la Madre Rafols


                    Después de comulgar y dar gracias estaba yo pensando como de costumbre, en los muchos ultrajes que hicieron al Santo Cristo Desamparado (1), y me ofrecí a mi Dulce Jesús con toda mi alma todo lo que Él quiera con tal que mis padecimientos sirvieran para desagraviarle algo de los que recibió entonces y recibe todos los días de tantos pecadores como le ofenden. Y con toda claridad me ha dicho el Corazón de Jesús para que lo consigne: 



                    "Hija Mía, en los tiempos venideros, cuando esta imagen Mía esté a la veneración de los fieles, Me habrán hecho grandes profanaciones en muchas imágenes Mías, de Mi Madre Santísima y de los Santos; pero como amo tanto a los hombres y deseo tanto su salvación, que por solo Mi Misericordia Yo haré resucitar de la tierra esta imagen Mía para que en ella Me desagravien de tantas ofensas y sacrilegios: quiero muchos actos de reparación y Me serán tan agradables estos actos de reparación y desagravios que Me hagan ante esta Imagen, que Yo derramaré grandes gracias a todos los que con verdadera fe y humildad y contrición acudan a Mí. Mi Padre Eterno se complacerá mucho siempre que se le adore y venere haciendo interiormente actos de contrición por sí y por los pobres pecadores". 

                    Me dió a entender también mi Dulce Jesús en este mismo día, que este robo sacrílego lo cometieron en la madrugada de aquella noche tan memorable, o sea el día 14 de Septiembre 1809 y que los Religiosos Dominicos a nadie dieron parte por temor a que hicieran mayores robos y sacrilegios, porque en aquellos años se hacían muchos robos en las iglesias. 

                    Desgraciadamente, también ahora se han hecho y se hacen muchos. Los Religiosos Dominicos sintieron mucho perder dicha imagen, pues la tenían en mucha estima y veneración, por habérsela regalado un personaje gran Siervo de Dios, muy adicto a la Orden de Predicadores. 

                    También quiere mi Jesús que cuando se edifique el templo en Villafranca le dediquen una Capilla a esta imagen, colocándola en el centro sobre una cruz grande, y no han de colocar en ese altar ninguna otra Imagen; pero ha de estar en tal forma que los Fieles puedan verla y adorarla. De tal forma ha de estar hecho el relicario que no lo puedan coger, porque me inspira él Corazón de Jesús que los perseguidores de la Religión, al ver los portentosos milagros que por mediación de esta imagen se obrarán, intentarán robarla nuevamente. De modo que han de procurar que esté bien sujeta y resguardada por medio de un cristal recio. La podrán sacar del relicario o camarín, los días de Viernes Santo, catorce de Septiembre y el día quince de Noviembre, y siempre que el Señor Obispo de Barcelona lo crea de utilidad para el bien de las almas. Como, por ejemplo, en tiempos de ejercicios, peregrinaciones, etc. 

                    Cuando se saque esta veneranda Imagen del relicario para adorarla, que la adoren de rodillas y que esté "Bien custodiada por Sacerdotes. La imagen de la Virgen del Pilar la deben poner también en forma que los Fieles la puedan adorar a semejanza de la de Zaragoza. 

                    Pidan todos y cooperen en lo que esté de su parte para que el Reinado del Corazón de Jesús venga pronto a su amada España; tan pronto como Él lo desea, y después trabajen todos los habitantes de esta nación en cooperar cuanto puedan para que reine también cuanto antes en todo el mundo, pues los que de veras aman a Dios no se contentan con amarle ellos solos, sino que trabajan para que no haya una alma, si fuera posible, que deje de conocerle y amarle, y de esta manera será para todos muy fructuosa la Redención de Nuestro Divino Salvador. 

                    Lo que más desea este Sagrado Corazón es que se Le adore en el Santísimo Sacramento de Su Amor, y para que todos los Fieles lo puedan hacer sería muy conveniente que los días festivos y aún con más frecuencia hubiera en las Parroquias y Comunidades Religiosas, una hora de Exposición del Santísimo, donde deben cantar alguna alabanza todos los Fieles, con lo cual se encenderá en sus almas el fuego del Divino Amor; y antes de reservar darán la bendición a los Fieles. Mucho le agradaría esta práctica al Corazón de Jesús, porque Sus mayores delicias son vivir entre los hombres. 

                    Además, una hora de tiempo se pierde en cualquiera parte, y en cambio para visitar a Jesús Sacramentado, que es donde encontrarían remedio en todas sus necesidades, lo tienen la mayor parte de los hombres casi siempre olvidado y abandonado. 

                    Sólo el Corazón de Jesús sabe la violencia tan grande que he tenido que hacerme para cumplir Sus mandatos y escribir todo lo que me ha dicho, y aún no se acaba este martirio para mí, pues en estos instantes me está diciendo que este tiempo de mi destierro, como podré estar más unida con Él y libre de las terrenas ocupaciones, quiere que en los ratos que me lo permitan mis quehaceres, pues de ordinario estoy enferma, escriba un tratadito pequeño para Religiosas y principalmente para mis Hermanas en Religión. Al recibir estos nuevos mandatos del Corazón de Jesús, que tanto me mortifican, he hecho el propósito de olvidarme del todo de mí misma y hacerme cuenta que soy un instrumento Suyo sin ningún valor, para que haga de mí lo que quiera. Yo sólo deseo Su Divino Amor y que todo sea para Su mayor Gloria.


Extraído de los escritos de la Madre María Rafols,
Fundadora de la Congregación de las Hermanas
de la Caridad de Santa Ana

NOTA 

1) Toca AQUÍ para conocer la milagrosa historia del Santo Cristo Desamparado.




viernes, 12 de junio de 2026

HE AQUÍ ESTE CORAZÓN QUE TANTO HA AMADO A LOS HOMBRES

 


                    Se me presentó el Corazón Divino como en un trono de llamas, más ardiente que el sol y transparente como un cristal con su adorable llaga. Estaba rodeado de una corona de espinas, que simbolizaba las punzadas que nuestros pecados le inferían; y una cruz encima significaba que, desde los primeros instantes de la Encarnación, es decir, desde que fue formado este Sagrado Corazón, fue implantada en Él la cruz.

                    Desde aquellos primeros momentos, se vio lleno de todas las amarguras que debían causarle las humillaciones, pobreza, dolor y desprecio que Su Sagrada Humanidad debía sufrir durante todo el curso de Su Vida y de Su Sagrada Pasión. Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado de los hombres y de apartarlos del camino de la perdición, le había hecho formar el designio de manifestar Su Corazón a los hombres con todos los tesoros de Su Amor, de Misericordia, de Gracia, de Santificación y de Salvación que contiene. Pero es preciso honrarle bajo la figura de ese Corazón de carne, cuya imagen quería que se expusiera y que llevara yo sobre mi corazón. Y dondequiera que esta imagen fuere expuesta para ser honrada, derramaría Sus gracias y bendiciones... 

                    ...Una vez, este Soberano de mi alma me mandó velar todas las noches del Jueves al Viernes durante una hora, postrada en la tierra con Él, diciéndome que me enseñaría lo que deseaba de mí. Esto tenía también por objeto reparar lo que sufrió en aquella hora en que, estando en el Huerto de los Olivos, se quejó diciendo que Sus Apóstoles no habían podido velar con Él una hora... 

                    ...Me mandó comulgar todos los primeros Viernes de cada mes para reparar los ultrajes que durante el mes ha recibido en el Santísimo Sacramento y me decía: “Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento que esta sed Me consume y no hallo a nadie que se esfuerce según Mi deseo en apagármela, correspondiendo de alguna manera a Mi Amor”. 



                    Jesús me dijo: “Hija Mía, tu deseo de recibirme ha penetrado tan dentro de Mi Corazón que, si no hubiese instituido este Sacramento de Amor, lo instituiría ahora para hacerme tu alimento. Me agrada tanto el que deseen recibirme que, todas las veces que el corazón forma este deseo, otras tantas le miro amorosamente para atraerle a Mí”.

                    Una vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, después de sentirme completamente retirada al interior de mí misma por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, se me presentó Jesucristo, mi Divino Maestro, todo radiante de gloria con Sus cinco llagas que brillaban como cinco soles; y por todas partes salían llamas de Su Sagrada humanidad, especialmente de Su adorable pecho, el cual parecía un horno. Abrióse éste y me descubrió Su amantísimo y amabilísimo Corazón, que era el vivo foco de donde procedían semejantes llamas. Entonces fue cuando me descubrió las maravillas inexplicables de Su Amor puro y el exceso a que le había conducido el amor a los hombres, de los cuales no recibía sino ingratitudes y desprecios. 

                    Y como yo le manifestase mi impotencia, me respondió: “Toma, ahí tienes con qué suplir todo cuanto te falta”. Y al mismo tiempo se abrió aquel Divino Corazón y salió de Él una llama tan ardiente que creí ser consumida, pues quedé toda penetrada por ella y ya no podía soportarla, cuando le rogué que tuviera compasión de mi flaqueza. “Yo seré tu fuerza, me dijo, nada temas, pero has de estar atenta a Mi voz y a cuanto te pido para disponerte al cumplimiento de Mis designios

                    Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, recibí de Dios gracias excesivas de Su Amor y sintiéndome movida del deseo de corresponderle en algo y rendirle amor por amor, me dijo: “No puedes darme mayor prueba que la de hacer lo que Yo tantas veces te he pedido”. Entonces, descubriendo Su Divino Corazón me dijo: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles Su Amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte más que ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que Me tratan en este Sacramento del Amor. Pero lo que más Me duele es que sean corazones consagrados a Mí los que así Me tratan. Te pido que sea dedicado el primer Viernes, después de la Octava del Santísimo Sacramento, a una Fiesta particular para honrar Mi Corazón, comulgando ese día y reparando Su Honor por medio de un respetuoso ofrecimiento, a fin de expiar las injurias que he recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares.

                    Jesús prometió que todos los que se consagren a este Sagrado Corazón no perecerán jamás y que, como es manantial de todas las bendiciones, las derramaría en abundancia en todos los lugares donde estuviera expuesta la imagen de este amable Corazón para ser allí amado y honrado. Que, por este medio, uniría a las familias desunidas y asistiría y protegería a las que se vieran en alguna necesidad


Santa Margarita María Alacoque, "Autobiografía"



jueves, 2 de abril de 2026

EL EJERCICIO DE LA HORA SANTA: REPARACIÓN INFINITA A DIOS PADRE



                    La Hora Santa nació en 1674, cuando en una alocución de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, desde el Tabernáculo de Paray-le-Monial, le dijo:

                    «Todas las noches del Jueves al Viernes te haré participar de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de los Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte. Y para acompañarme en aquella humilde plegaria, que entonces presenté a Mi Padre entre todas Mis angustias, te levantarás entre las 11 y las 12 de la noche y te postrarás con la faz en tierra, deseosa de aplacar la cólera divina y en demanda de perdón por los pecadores».

                    Dos son, evidentemente, las ideas fundamentales de este ejercicio. Es la primera, una intención de amor compasivo, que une en esa hora el alma del consolador, y del confidente, al Corazón Agonizante de su Salvador. «Te haré compartir, dice Jesús, la tristeza mortal de Mi Getsemaní...». Y es la segunda, una reparación del pecado, un fin de desagravio redentor y de consuelo: «Pedirás perdón por los pecadores». Desde entonces, la práctica de La Hora Santa, ha sido practicada cada Jueves por millones de almas enamoradas de Jesús Sacramentado. 

                    Este canal de gracias espirituales que produce la práctica de La Hora Santa, ha alcanzado no sólo a quienes acompañan al Señor en el Sagrario o expuesto solemnemente, sino que el influjo divino de la Caridad Eucarística, llega también a todos aquellos enfermos que hacen su Hora Santa desde la cama, así como a todas aquellas buenas almas que no tienen la posibilidad material de estar cerca de un templo, y que se transportan en espíritu, rindiendo su corazón a los pies del Tabernáculo, donde vive, con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad el que es Rey de todos los corazones.


LA HORA SANTA
reparación infinita a Dios Padre

                       "Quiero conquistar los corazones por la fuerza de Mi amor. Quiero que las almas se dejen penetrar por la verdadera luz. Quiero que los niños, esos corazones inocentes, que no me conocen y crecen en el hielo de la indiferencia, ignorando lo que vale su alma... Sí, quiero que esas almitas que son Mis delicias, encuentren un asilo donde les enseñen a conocerme y donde crezcan en el temor de Mi ley y en el amor de Mi Corazón.

                     Mi deseo es el que seáis el combustible de este fuego que quiero derramar sobre la tierra, porque de nada sirve encender la llama si no hay con qué alimentarla. Por eso quiero formar una cadena de almas encendidas en el Amor, en ese Amor que se confía y lo espera todo de Mi Corazón, a fin de que, inflamadas ellas, lo comuniquen al mundo entero. 

                       No penséis que voy a hablaros de otra cosa que de la Cruz. Por Ella he salvado a los hombres, por Ella quiero atraerlos ahora a la Verdad de la Fe y al Camino del Amor. Os manifestaré Mis deseos: He salvado al mundo desde la Cruz, o sea, por medio del sufrimiento. Ya sabéis que el pecado es una ofensa infinita; por eso os pido que ofrezcáis vuestros trabajos y sufrimientos, unidos a los méritos infinitos de Mi Corazón.

                     Inculcad a las almas, con quienes estéis en contacto, el Amor y la Confianza... Empapadlas en Amor, en Confianza, en la Bondad y Misericordia de Mi Corazón. Y cuando tengáis ocasión de darme a conocer decidles que no me teman porque Soy Dios de Amor.

                       Tres cosas especiales os pido:

             1ª El Ejercicio de la Hora Santa; por él se hace a Dios Padre reparación infinita, en unión y por medio de Jesucristo Su Divino Hijo.

            2ª La Devoción de los Cinco Padrenuestros a Mis Llagas, pues por Ellas ha recibido el mundo la salvación.

            3ª En fin, la unión constante, o sea, el ofrecimiento cotidiano de los méritos de Mi Corazón, porque así lograreis que vuestras acciones tengan valor infinito. Valerse continuamente de Mi Sangre, de Mi Vida, de Mi Corazón; confiar incesantemente y sin temor en Mi Corazón; he aquí un secreto desconocido para muchas almas... Quiero lo conozcáis y que sepáis aprovecharlo".


Extraído de "Un Llamamiento al Amor"
Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús 
a la mística española Sor Josefa Menéndez




viernes, 6 de febrero de 2026

PRIMER VIERNES, día de especial reparación al Sagrado Corazón de Jesús

 


              Cristo Nuestro Señor quiso escoger a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), humilde monja visitandina del Monasterio de Paray-le-Monial (Francia), para revelarle los deseos de Su Corazón y para confiarle la tarea de dar a conocer al mundo esta Devoción, que la Providencia ha reservado para los Últimos Tiempos. 

               Según dejó escrito la Santa, entre los años 1673 y 1675, en la intimidad del alma, Jesús la hace reposar en Su Divino Pecho, donde descubre a Santa Margarita las maravillas de Su Amor y los secretos de Su Corazón. "Mi Divino Corazón -le dice- está tan apasionado de Amor a los hombres, que no pudiendo contener en Él las llamas de Su ardiente Caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con preciosos dones".

               En otra ocasión, volvió Nuestro Señor a manifestarse a la religiosa para hacerle un pedido de Amor y Piedad hacia el Santísimo Sacramento; así lo dejó reflejado Santa Margarita en una misiva: "Un Viernes, en la Sagrada Comunión, me dijo el Señor estas Palabras: 

               Te prometo, en la excesiva Misericordia de Mi Corazón, que Su Amor Omnipotente concederá a todos los que comulguen Nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la Gracia de la penitencia final; no morirán en Mi desgracia y sin haber recibido los Sacramentos; Mi Divino Corazón será su Asilo seguro en el último momento."  (Carta de Santa Margarita a la Madre Saumaise, de Mayo de 1688)



lunes, 29 de diciembre de 2025

SOR JOSEFA MENÉNDEZ, Confidente y Víctima del Sagrado Corazón de Jesús



                           Josefa Menéndez y del Moral nació en el barrio madrileño de Lavapiés, el 4 de Febrero de 1890. Segunda hija de un matrimonio muy cristiano: su padre, Leonardo, también madrileño, fue un reconocido militar de artillería, educado en los Padres Escolapios; la madre de Josefa se llamaba Lucía, era natural del pueblo de Loeches, caracterizada por ser una mujer fuerte y piadosa, entregada de lleno a sus labores de esposa y de madre. Los padres procuraron el Bautismo de Josefa tan solo cinco días después del nacimiento de la niña: sería acristianada el 9 de Febrero en la Iglesia de San Lorenzo, "la Parroquia de las Chinches", conocida así por lo pobre y ruinoso que era el templo.

                        El modesto hogar fue duramente golpeado por la muerte de Francisco, el primogénito de la prole, que situaría a Josefa en dicho lugar. A la edad de cinco años Josefa recibió la Confirmación, y el Espíritu Santo se apoderó del pequeño Instrumento para hacerlo dócil a la acción divina. Tenía siete años cuando se confesó por primera vez, en un Primer Viernes, día memorable en su vida, del que escribía más tarde: "3 de Octubre de 1897: Mi primera confesión. ¡Si siempre tuviera la misma contrición de aquel día!". Su Confesor y Director fue el afamado Padre José María Rubio, que admirando las aptitudes sobrenaturales de la niña, la inició a una vida interior proporcionada a su edad. Le enseñó a sembrar de jaculatorias los días y las horas y, poco a poco, Josefa se acostumbró a conversar con el Huésped Divino de su alma, en cuya Presencia vivía. Para formarla en la oración mental el Padre Rubio le dio el libro "El Cuarto de Hora de oración".

                       Cumplidos los once años, por recomendación de su Director Espiritual, Padre José María Rubio, la admitieron las Religiosas de María Reparadora en el grupo de niñas que, por las tardes, se reunían para prepararse a la Primera Comunión, y los deseos de Josefa se enardecían a la perspectiva de tan dichoso día. Cuando llegó su Primera Comunión escribiría: "Desde hoy, 19 de Marzo de 1901, prometo a mi Jesús, delante del Cielo y de la tierra, poniendo por testigos a mi Madre la Virgen Santísima y a mi Padre y Abogado San José, guardar siempre la preciosa virtud de la virginidad, no teniendo otro deseo que agradar a Jesús, ni otro temor que desagradarle...". Josefa conservó preciosamente el testimonio de su primera ofrenda, la repetiría cada vez que comulgaba y la hojita amarillenta, escrita con gruesos caracteres de letra infantil, fue hasta su muerte el tesoro de su fidelidad. La Sagrada Comunión era la felicidad de Josefa, y desarrollaba en su corazón los inicios de las virtudes sólidas que ya se revelaban en ella.

                        A los trece años sus padres la envían al "Taller del Fomento del Arte", mientras que sus hermanas estudiarían en el Colegio del Sagrado Corazón en la Calle de Leganitos, donde educaban las Religiosas a las que Josefa se uniría más adelante. En el interior de la familia reinaba el bienestar y la felicidad; la mayor recompensa de las niñas era, por aquel tiempo, un pequeño viaje al pueblo de Loeches, para visitar a su tía materna, la Madre Priora del Carmelo. Cuando las pequeñas regresaban a casa jugaban "a los conventos": rezaban el oficio en coro, imitaban, con más o menos realismo, las penitencias del claustro. "Pepa" -como llamaban en casa a Josefa- participaba también, pensando interiormente que para ella todo aquello era más que un juego. 

                        Para complacer a sus padres, Josefa comenzó a trabajar en el taller de una conocida modista de Madrid; allí la joven conocería y sufriría la frivolidad del mundo, un ambiente que en nada era comparable al de su hogar, donde rezaban en familia y tenían a Dios como único y soberano Bien. El sufrimiento, que debía imprimir su huella en toda la vida de Josefa, pronto penetró en la familia: en 1907 moría su hermana Carmen a los doce años de edad. Poco después, la abuela materna siguió a la niña al sepulcro. La muerte de la pequeña dejaría a los padres sumidos en una pena que les tocó para siempre, y Josefa se convirtió entonces en la enfermera de sus padres y en el sostén económico de su familia.

                       La última enfermedad y muerte del padre de Josefa, en Abril de 1910, fue piadosamente asistida por el Reverendo Padre Rubio, dejando a la jovencita como único apoyo de su madre y de dos hermanas, a las que sostenía con su trabajo. Josefa hábil costurera, conoció las privaciones y preocupaciones, el trabajo asiduo y las vigilias prolongadas de la vida obrera, pero su alma enérgica y bien templada vivía ya del amor del Corazón de Jesús, que le atraía a sí irresistiblemente. Su carácter jovial, el ardor que ponía en todo, su intuición para adivinar lo que agradaba a los demás, olvidándose a sí misma, hacían de ella el alma de su hogar en el que todo era dicha y unión y donde las alegrías mejores iban siempre marcadas con el sello de la Fe. Durante mucho tiempo deseó la vida religiosa, sin que le fuese dado romper los lazos que la unían al mundo; su trabajo era necesario a los suyos y su corazón, tan amante y tan tierno, no se resolvía a separarse de su madre, que a su vez creía no poder vivir sin el cariño y el apoyo de su hija mayor. Un profundo dolor la hirió cuando su hermana Mercedes obtuvo el consentimiento materno en 1911, y la precedió como religiosa en la Sociedad del Sagrado Corazón en el Noviciado de Chamartín, en Madrid.

                       Por fin, el 5 de Febrero de 1920, Josefa dejaba a otra hermana, Ángela, ya en edad al cuidado de su madre y abandonaba su casa y su Patria querida, para seguir más allá de la frontera a Aquél cuyo amor divino y soberano tiene derecho a pedírselo todo. Sola y pobre se presentó en Poitiers, en el convento del Sagrado Corazón de los Feuillants, santificado en otros tiempos por la estancia en él de Santa María Magdalena Sofía Barat. Allí se había reanudado hacía poco la obra de la Santa Fundadora y a su Sombra florecía de nuevo un Noviciado de Hermanas Coadjutoras del Sagrado Corazón. Nadie pido sospechar los designios divinos que ya empezaban a ser realidad. Sencilla y laboriosa, entregada por completo a su trabajo y a su formación religiosa, Josefa en nada se distinguía de las demás, desapareciendo en el conjunto. 

                        A finales de Junio de 1920 Sor Josefa sería agraciada con la experiencia mística de adentrarse en la Herida del Sagrado Corazón: "Vi cómo se habría aquella hendidura, por la que antes no podía pasar y me ha dado entender la felicidad que me esperaba si soy fiel a todas las gracias que Él me tiene preparadas... Yo no veía el término de este abismo, porque es como un espacio inmenso, lleno de luz... así he pasado la oración y parte de la Misa. Pero poco antes de la Elevación, mis ojos, ¡estos pobres ojos míos! han visto a mi amado Jesús... al único deseo de mi alma... a mi Dios y Señor... Su Corazón en medio de aquella gran hoguera... ni puedo decir lo que he sentido, porque es imposible... Pero quisiera que el mundo entero conociera el secreto de ser feliz: todo consiste en amar y abandonarse, Jesús se encarga de lo demás. Estando así anonada en presencia de tanta hermosura, de tanta luz me ha dicho estas palabras, con voz muy grave, aunque dulcísima: Así como Yo Me inmolo Víctima de Amor, quiero que tú también seas víctima: el Amor nada rehúsa".

                       El 16 de Julio de 1920, Josefa vestía el Santo Hábito. Gracias a la caridad de las Madres del Sagrado Corazón de Madrid, su madre y su hermana Ángela, pudieron acompañarla ese día; para su corazón tierno y amante fue gran consuelo verlas y hacerles compartir su dicha. Volvieron dos años después, el 16 de Julio de 1922, día radiante de sus primeros votos. Ni ellas, ni la familia religiosa de Josefa, pudieron traslucir la misteriosa unión que se realizaba entre el Corazón de Jesús y el de Su Esposa.


Sor Josefa recibía arrodillada las Confidencias del
Sagrado Corazón de Jesús y Nuestra Santa Madre,
en el silencio y recogimiento de su celda de Poitiers


                       El espíritu de mortificación de que estaba animada, la intensa vida interior que practicaba, y una como sobrenatural intuición en cuanto a su vocación se refería, llamaba la atención de algunas personas que la trataron con más intimidad. Pero las gracias de Dios permanecieron ocultas a cuantas la rodeaban, y desde el día de su llegada hasta su muerte, logró pasar desapercibida, en medio de la sencillez de una vida de la más exquisita fidelidad. Y en esta vida oculta, Jesús le descubrió su Corazón. "Quiero -le dijo- que seas el Apóstol de Mi Misericordia. Ama y nada temas. Quiero lo que tú no quieres... pero puedo lo que tú no puedes... A pesar de tu gran indignidad y miseria, me serviré de ti para realizar Mis designios". Desde entonces y hasta poco antes de su muerte, Sor Josefa recibiría numerosas revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen Santísima y también de algunos Santos; en otras ocasiones sería místicamente transportada al Purgatorio y hasta el Infierno... todo de cuanto fue confidente y testigo sobrenatural, lo recogió por escrito, siguiendo las indicaciones de su Superiora y de su Confesor. Todos estos dones de Dios permanecieron ocultos a sus propios ojos y a su alrededor, y desde que ingresó en el Convento, hasta la muerte, pasó inadvertida bajo el velo de una vida perfectamente fiel.

                       Viéndose objeto de estas predilecciones divinas, y ante el Mensaje que debía transmitir, la humilde Hermanita temblaba y sentía levantarse gran resistencia en su alma. La Santísima Virgen fue entonces para ella la estrella que guía por camino seguro, y encontró en la Obediencia su mejor y único refugio, sobre todo, al sentir los embates del enemigo de todo bien, a quien Dios dejó tanta libertad. Su pobre alma experimentó terribles asaltos del infierno, y en su cuerpo llevó a la tumba las huellas de los combates que tuvo que sostener. Con su vida ordinaria de trabajo callado, generoso v a veces heroico, ocultaba el misterio de gracia y de dolor que lentamente consumía todo su ser. 

                       Por su experiencia como costurera fue designada para la hechura de los uniformes del Colegio; en cuanto hizo los Votos le confiaron la dirección del taller, con algunas novicias y postulantes para ayudarla. Sin escatimar trabajo las formaba, distribuyéndoles con discernimiento la labor, remediando sus torpezas con bondad.

                       Después de pasar por pruebas misteriosas y que debían completar su corona y consumar su ofrenda, se realizaba para Josefa en la soledad de su último suspiro la palabra del Divino Maestro: "Sufrirás, y abismada en el sufrimiento, morirás... No busques alivio ni descanso: no lo encontrarás, puesto que Yo Soy el que así lo dispongo..."

                       A principios de Diciembre de 1923, Sor Josefa guardaba cama por un fuerte agotamiento; allí emitiría su Profesión Religiosa al tiempo que recibía la Extremaunción. Obedeciendo a sus Superioras, Josefa tuvo aún fuerzas para escribir una carta de despedida a su madre y a sus hermanas. No pueden leerse sin emoción estos renglones tan sencillos y tan fervorosos. Dice así: "Miren, queridas mías; yo estoy contenta de morir porque sé que es la Voluntad de Aquel que amo. Además, mi alma tiene deseo de poseerle y verle sin velos, como se le ve aquí en la tierra... No lloren, ni estén tristes. Miren que la muerte es el principio de la vida para el alma que ama y espera. Nuestra separación será corta, porque la vida pasa muy pronto y luego estaremos juntas toda la eternidad. No crean que estoy triste. Estos cuatro años de vida religiosa han sido para mí cuatro años de Cielo. Lo único que deseo para mis hermanas, es que gocen como he gozado, pues crean que nada da tanta paz como hacer la Voluntad de Dios. No crean que muero de sufrimiento ni de pena, al contrario. ¿Mi muerte?, creo que es más, ¡de Amor! Yo no me siento enferma, pero tengo algo que me hace desear el Cielo porque no puedo pasar sin ver a Jesús y a la Virgen... Muero muy feliz, pero nada me da esta felicidad sino el saber que he hecho la Voluntad de Dios. Él me ha hecho marchar por caminos muy contrarios a mi gusto y a mis deseos, pero me recompensa en estos últimos días de mi vida que me encuentro envuelta en la paz del Cielo".

                       En la consumación del más fiel Amor, Sor Josefa entregaba su alma a Dios un Sábado, 29 de Diciembre 1923, a las ocho de la noche, consumida por la ardiente sed de las almas que le había comunicado el Corazón de Jesús; tiempo atrás el Señor le había advertido "Déjame escoger el día y la hora". En sus últimos minutos de vida, al oír el toque del Angelus, Josefa insistió a su enfermera que marchase al refectorio, asegurándole que se encontraba bien y que no necesitaba nada. Y en esta soledad, en este aparente abandono, dispuesto por Dios, pasa el Dueño y Señor de las almas y se la lleva, imprimiendo en ella esta última semejanza con Su agonía y su Muerte en la Cruz, completamente privado de todo auxilio humano. Cuando pocos momentos después vuelve la enfermera, Josefa ha dejado de existir para este mundo. La encuentra tendida en la cama, un poco echada la cabeza hacia atrás, semicerrados los ojos y una expresión dolorosa en su semblante: todo en ella recuerda a Jesús crucificado y muerto. Se ha cumplido al pie de la letra la revelación que en su día recibiera del Sagrado Corazón: "Sufrirás y, abismada en el sufrimiento, morirás"

                        Al instante, una impresión sobrenatural de gracia y de paz, se esparció por toda la Casa; el Cielo parecía descender a la celda de la Hermana. Rodeada de azucenas, Josefa descansaba... Su rostro reflejaba la estabilidad serena de la eternidad, con una expresión de majestad que impresionaba. Parecía que el Sagrado Corazón de Jesús, resplandeciendo ya a través de los restos mortales de Su pequeño instrumento, oculto hasta entonces de modo tan divino, comenzaba a descubrir a las almas el Llamamiento ardiente de Su Amor. Sor Josefa Menéndez sería inhumada en el Cementerio de Poitiers el 1 de Enero de 1923; sus honras fúnebres serían presididas por Monseñor Olivier de Durfort de Civrac, Obispo de Poitiers.



Estampa ideada para ser impresa; se permite 
su copia y difusión, sin fines comerciales

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viernes, 7 de noviembre de 2025

"NO MORIRÁN EN MI DESGRACIA", la Promesa de Nuestro Señor a los que comulguen los Primeros Viernes

 


               Esta piadosa práctica consiste en recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión en el Primer Viernes durante nueve meses consecutivos. Implica que el alma que se propone hacer esta Devoción ha de estar previamente en gracia de Dios mediante la Confesión sacramental con un Sacerdote y tener la clara intención de REPARAR al Sagrado Corazón de Jesús, por cuantos ultrajes recibe en el Santísimo Sacramento. 

               Debemos también ofrecer  -junto con la Sagrada Comunión- cualquier inconveniente, molestia personal, enfermedad... como un ACTO DE DESAGRAVIO; en la aceptación del dolor, nos unimos a los sentimientos del Sagrado Corazón de Jesús, en Su oración en el Huerto de los Olivos, en Su soledad en la cárcel, en Sus cruentos dolores durante la Pasión... y ahora, en nuestros días, esos dolores se vuelven pena por tantas almas como viven indiferentes a Su Amor.


 Para ganar esta gracia debemos:

 Recibir sin interrupción la Sagrada Comunión 

durante nueve primeros Viernes consecutivos.

 Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús 

y de alcanzar la perseverancia final.

 Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación

 por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.


               El 7 de Septiembre de 1897, la Sagrada Congregación de las Indulgencias concedió UNA INDULGENCIA PLENARIA por CADA Primer Viernes que se observe la práctica según las condiciones que anteriormente hemos citado. Si no logramos alcanzar la Plenaria, la Misericordia de Dios permitirá que consigamos algunas indulgencias parciales; en uno u otro caso, son aplicables a las Benditas Almas del Purgatorio, especialmente a aquellas que en este mundo terrenal fueron devotas del Sagrado Corazón.




viernes, 17 de octubre de 2025

PARA LAS ALMAS ATORMENTADAS POR LAS DISTRACCIONES, por Santa Margarita María de Alacoque




¡Viva Jesús!


                    El Lunes se puede tomar la Llaga de la Mano derecha de Nuestro Señor Jesucristo, para que sirva de espejo a nuestra alma y a nuestro corazón. Mirémonos en él, de tiempo en tiempo, para descubrir nuestros movimientos desordenados y todo lo que se opone a nuestra, unión con Él.

                    Y poniéndonos en la actitud de una criminal ante el Juez, le pediremos que sea Él mismo nuestra justificación, diciéndole con frecuencia: ¡Oh Juez lleno de clemencia y misericordia!, por el mérito de ese juicio injusto y esa rigurosa sentencia que fue pronunciada contra Vos, apartad de mí la que mis pecados han merecido. Y otras veces: ¡Ah Señor, salvad por Vuestra Bondad a la que podéis condenar por Vuestra Justicia!.

                    Se puede conversar así durante el día con este Juez soberano, para negociar nuestra eterna salvación, manifestándole el dolor que sentimos de haberle ofendido, por medio de frecuentes actos de contrición; y, después, sufrir y hacer todas nuestras acciones en espíritu de penitencia.


                    El Martes hagamos nuestra morada en la Sagrada Llaga de la Mano izquierda de Nuestro Señor, sintiéndonos como el hijo pródigo ante su padre, pidiéndole perdón por haber abusado tanto tiempo de Sus gracias por nuestros extravíos, resistiendo a Su Santísima Voluntad. Y con confianza filial arrojémonos en Sus brazos, que Su Amor Le hizo extender en la Cruz para redimirnos.

                    Digámosle a menudo: Dios mío, Vos sois mi Padre, tened compasión de mí, según la grandeza de Vuestra Misericordia. Yo me abandono en Vos; no me rechacéis, pues sé que el hijo no puede perecer en los brazos de un Padre Todopoderoso.

                    Y otras veces, mirando Su Bondad y Amor, decidle: ¡Oh mi Buen Padre, hacedme digna de cumplir, en todo, vuestra Santa Voluntad, pues soy toda vuestra!. Ejercitad en ese día las virtudes de la mansedumbre y la paciencia.


                    El Miércoles debemos retirarnos a la Sagrada Llaga del Pie derecho y allí permanecer como la pobre oveja que vuelve de sus extravíos, por temor del lobo infernal, que es nuestro orgulloso amor propio que nos hace caminar tan a menudo por el camino de la iniquidad.

                    Y pensando en los muchos pasos que dio este Soberano Pastor para buscarnos, se lo agradeceremos y uniremos todos nuestros pasos a los Suyos, pidiéndole la gracia de caminar por el camino de Su Amor, diciéndole con frecuencia: ¡Ay mi amable Pastor, desprendedme de todas las cosas terrenas y de mí misma, a fin de que me una a Vos!. Haceos oír de mi corazón y traedlo de tal modo a que Os ame, que no pueda ya resistiros.

                    Y otras veces, descubriéndole las heridas que el pecado ha causado en vuestra alma, le diréis: ¡Oh Señor mío!, curadme aplicándome Vuestras Sagradas llagas; Vos lo podéis si queréis. No perdáis en este día ninguna ocasión de humillaros.


                    El Jueves debemos retirarnos a la Llaga del Pie izquierdo, y allí, como un soldado destinado a combatir constantemente, prepararnos a resistir valerosamente los asaltos de nuestros enemigos, en presencia de nuestro Soberano. Él será nuestro escudo y fortaleza, que puede acabar con ellos cuando le plazca. Pero Su Gloria está en exponernos al combate, a fin de que, dándonos el triunfo, se vea Su fortaleza en nuestra debilidad y nos saque victoriosas para tener ocasión de premiarnos.

                    Y puesto que hace consistir todo Su placer en vernos combatir, complazcámonos en manifestarnos fieles, no deteniéndonos nunca voluntariamente en ningún mal pensamiento. ¡Ah Señor, mi corazón os pertenece!. No permitáis que se ocupe en otra cosa más que en Vos, que Sois el premio de todas mis victorias y el sostén inquebrantable de mi fragilidad. Y otras veces: ¡Dios mío!, sufro violencia; apresuraos a socorrerme. Práctica para este día: la pureza de intención.


                    El Viernes debemos retirarnos a la llaga de Su Sagrado Costado, como un pobre viajero que busca el puerto seguro para ponerse al abrigo de los escollos y borrascas del tempestuoso mar de este mundo, en donde estamos expuestos a continuos naufragios, sin el socorro de nuestro diestro Piloto: debemos dejarnos en absoluto a Su cuidado, sin querernos ocupar más que en amarle y complacerle. 

                    Debemos buscar ocasiones de darle contento por el ejercicio de la Santa Caridad, pensando y hablando siempre bien de nuestro prójimo, asistiendo a los pobres según nuestros medios, espiritual y corporalmente, mirando a Jesucristo en su persona y no haciéndoles nada más que lo que quisiéramos se nos hiciera a nosotros mismos. Digamos a menudo a Nuestro Señor: ¡Dios mío, Vos Sois mi todo, mi vida y mi amor!. Salvadme y no me dejéis perecer en el diluvio de mis iniquidades.


                    El Sábado hay que honrar la Sagrada Llaga del Hombro, mirando a Nuestro Señor como a un verdadero y perfecto amigo, que se ha cargado con nuestros pecados, haciéndose nuestro fiador con Su Eterno Padre. Éste, mirándole bajo este aspecto de pecador, le ha inmolado a todos los rigores de Su Divina Justicia, aunque fuera inocente.

                    Ha querido morir para merecernos por un exceso de Su Amor una vida inmortal y bienaventurada, sacándonos de una muerte inmortalmente desgraciada. Bendigámosle y démosle gracias por tan ardiente caridad. Por ella deberíamos deshacernos en reconocimiento, ofreciéndole un continuo sacrificio de todo nuestro ser, con homenaje de amor y de adoración a Su Soberana Grandeza, que se agrada en nuestra pequeñez.

                    Y otras veces, considerándole en esta calidad de amigo, podemos confiarle todos los secretos de nuestro corazón y descubrirle todas nuestras miserias y necesidades, como a Aquel que únicamente puede remediarlas, diciéndole: ¡Oh Amigo de mi corazón, la que amáis está enferma!. Visitadme y curadme, pues ya sé que no podéis amarme y al mismo tiempo abandonarme a mis miserias.

                    Practicad en este día la mortificación de los sentidos, privándoos de algunos gustos para honrar las privaciones del Sagrado Corazón de Jesucristo.


                    El Domingo, rendiréis homenaje a la Santísima Trinidad, por mediación del Sagrado Corazón de Jesucristo, a quien debemos mirar como a nuestro Libertador, que nos librará del cautiverio de Satanás, y como a nuestro Buen Maestro, que nos enseñará a conocerle y amarle con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas y potencias, puesto que en este amor consiste toda nuestra dicha y felicidad.

                    Adoremos y amemos a Dios por medio de este Corazón adorable; hagamos todas nuestras acciones en Él; roguémosle que todo lo haga Él en nosotros y por nosotros y nos restituya la vida de la gracia, uniéndonos con Dios cuando el pecado nos hubiese separado. Que repare todos nuestros defectos y supla por todo lo que nos falta para serle agradables. Unámonos a menudo a lo que hace en nosotros y por nosotros, diciéndole: Sagrado Corazón de Jesús, confundid a mis enemigos.

                    Dirijámonos a Él en todas nuestras necesidades, pidámosle que fortalezca nuestra debilidad, que enriquezca nuestra pobreza, que ablande la dureza de nuestros corazones para hacerlos susceptibles de Su Puro Amor, que no acepta los corazones divididos. Por eso, cuando queremos que Su Amor sea nuestro huésped, tenemos que vaciar y desprender nuestro corazón del afecto de todas las criaturas y de nosotros mismos. Todo lo que nos atrae hacia sí nos lo arrebata y nos quita a Dios y Su Puro Amor, que reina en el sufrimiento y triunfa en la humildad, para gozar en la unidad.

                    La Cruz es mi gloria, el Amor a ella me conduce, el Amor me posee, el Amor me basta. Nada hay manchado en la inocencia; nada se pierde en la penitencia, nada pasa en esta hermosa mansión; todo en ella se consuma en el Amor. Pureza en vuestras intenciones, humildad en todas vuestras operaciones, unidad sin mezcla de propio interés en vuestras pretensiones. Por la pureza vendréis a ser objeto de Sus amorosas complacencias; por la humildad Le haréis reinar en vuestros corazones y conservaréis Su amistad; y por la caridad reinaréis vos en ese adorable Corazón.

                    He aquí con qué se pueden ocupar las almas que tienen dificultad para estar en la Presencia de Dios, a quien debemos mirar siempre en nosotras mismas, en cualquier condición que le consideremos, para acostumbrarnos más fácilmente a Su Divina Presencia. Porque mirándole en nosotras, es preciso que todas nuestras potencias y facultades, e incluso nuestros sentidos, se recojan dentro de nosotras mismas. Mirándole fuera de nosotras, los objetos exteriores nos distraen con facilidad.


Santa Margarita María de Alacoque




domingo, 5 de octubre de 2025

CONSEJOS ESPIRITUALES DE SOR CONSOLATA BETRONE ( II )


                    La Obra de las pequeñísimas tiene por fin mantener viva en el mundo y desarrollar el Caminito que enseñó Santa Teresita del Niño Jesús: hacer todo con amor y por amor, repitiendo el Acto de Amor. En Julio de 1936 nació la "Obra de las Pequeñísimas", anunciada el 17 de Agosto de 1934. La Virgen María es su Patrona porque la Obra fue inspirada a Sor Consolata Betrone durante la Novena de la Natividad de Nuestra Señora. Podemos asegurar que María Santísima fue la primera y más perfecta pequeñísima, ya que Su vida entera fue real y efectivamente un Acto incesante de Amor y de Caridad en la aceptación continua de la Divina Voluntad.



CARTA DE SOR CONSOLATA BETRONE
A LAS PEQUEÑÍSIMAS 


                    Querida Pequeñísima:

                    En el trabajo, si te es posible, ten delante de ti escrito sobre una imagen o tarjetita: “Jesús, María os amo, salvad almas”. Te servirá de llamada. Entre los obstáculos para dar a Jesús el incesante Acto de Amor virginal, Jesús mismo enseña a combatir tres: pensamientos inútiles, intereses, habladurías inútiles. 

                    Pensamientos, preocupaciones, todo llega a ser inútil, desde el momento que Jesús promete a su Pequeñísima que Él pensará en todo, hasta en lo mínimo. Habladurías inútiles: si al hablar no nos obliga el deber, la Caridad, la conveniencia, es tiempo desperdiciado, que roba al amor. Intereses, curiosidades, etc.,todo lo que separa al espíritu de la única cosa a la cual estás obligada: amar a Jesús incesantemente y con amor virginal. 

                    Necesitas convencerte que para realizar el deseo divino: “No debes perder un Acto de Amor y un acto de caridad desde una Comunión a la otra”, el trabajo de tu alma, sostenida por la gracia, será largo y requerirá no poco tiempo, esfuerzo generoso y constancia y sobre todo nunca desanimarse. 

                    En cada infidelidad más o menos voluntaria, renueva tu propósito de amor virginal y vuelve a empezar. Si esta infidelidad te hace sufrir, ofrécela a Jesús... ¡qué acto de amor!. Verás y comprobarás con cuánta ternura Jesús te levantará después de una caída, una infidelidad; cómo se apresurará a ponerte en pie, para que tú puedas continuar tu canto de amor. 

                    Lo que más te ayudará a dar a Jesús el Acto incesante de Amor será el renovar el propósito en cada hora y en segundo lugar, el examen particular sobre eso. Recuerda que, el examen particular sobre el Acto incesante de Amor, señalará como falta solo el tiempo desperdiciado en habladurías inútiles o en el seguimiento de fantasías, pensamientos inútiles, etc. Arrepiéntete y continúa tranquilamente amando. Pero el propósito al cual debes consagrar todas tus energías será siempre sobre el Acto incesante de Amor. Pero no temas, Jesús te ayudará. Él ha dicho: “Ámame y serás feliz, cuanto más Me amares, más feliz serás”... Ánimo, Jesús y María te ayudarán. No temas nunca, confía y cree en Su Amor por ti. 



viernes, 26 de septiembre de 2025

CONSEJOS ESPIRITUALES DE SOR CONSOLATA BETRONE ( I )


                    "Esta tarde, abracé en mi pensamiento a las Pequeñísimas de todos los siglos y las consagré por adelantado al Corazón de Jesús. Dado que la primera de estas almas se consagró hoy, primer Viernes de Septiembre, en la Novena de la Natividad de María, el 8 de Septiembre los abrazaré a todas, consagrándolas a la Niña María. Y las Pequeñísimas amarán tanto a Nuestra Señora porque el Acto incesante que ofrecen a Jesús es también para María Santísima. Jesús, María, os amo, salvad almas". (Sor Consolata Betrone, 4 de Septiembre de 1936)

                    La "Obra de las Pequeñísimas" tiene por fin mantener viva en el mundo y desarrollar el Caminito de la Infancia Espiritual que enseñó Santa Teresita del Niño Jesús y que aceptó continuar Sor Consolata Betrone: hacer todo con amor y por amor, repitiendo el Acto de Amor. Podemos asegurar que María Santísima fue la primera y más perfecta "Pequeñísima", ya que Su vida entera fue real y efectivamente un Acto incesante de Amor y de Caridad en la aceptación continua de la Divina Voluntad.



CARTA DE SOR CONSOLATA BETRONE
A LAS PEQUEÑÍSIMAS 


                    Querida Pequeñísima: 

                    En la noche, cuando vayas a descansar, ruega a tu buen Ángel Custodio que mientras tú duermas, esté él amando a Jesús en tu lugar y que te despierte a la mañana siguiente inspirándote el Acto de Amor. Si tú eres fiel para rezar así cada noche, él será fiel cada mañana para despertarte con un ¡Jesús, María os amo, salvad almas!. Comienza así tu jornada, prosigue amando hasta tu encuentro con Jesús Eucaristía. Eso no quiere decir que tú debas dejar tu oración. No, continúa también con tus acostumbradas prácticas de Piedad, pero no agregues ninguna otra; deja que tu Acto de Amor absorba cada parte del tiempo libre y, si Jesús te lo inspira, también alguna de tus plegarias vocales. 

                    En la Santa Comunión confía, abandona en Jesús a ti misma, tus preocupaciones, tus proyectos, deseos, tus penas y no pienses más; porque toda la vida de una Pequeñísima se basa sobre la promesa divina: “Tú piensa sólo en amarme, Yo pensaré en ti y en todas tus cosas hasta en los más mínimos detalles”. (Copia estas palabras en el reverso de una imagen del Sagrado Corazón, para tenerlas siempre presentes; eso te ayudará mucho para liberar tu espíritu de todas las preocupaciones y experimentarás cómo Jesús es fiel para mantener esta promesa). 

                    Después de haber abandonado todo a Jesús en la Santa Comunión, renueva tu promesa del incesante Acto de Amor, del “sí” a todo lo que Él te pedirá a lo largo del día y el propósito de verlo, hablarle y servirle con amor en todas las criaturas con las cuales te encontrarás. 

                    Pon de una vez para siempre la intención de que cada Acto tuyo de Amor suba al Cielo como súplica para que te obtenga la fidelidad de continuarlo ininterrumpidamente hasta la siguiente Comunión y sea como una reparación por cada una de tus infidelidades. 

                    Dejarás la iglesia comenzando tu Acto de Amor que continuarás por el camino a casa y en la realización de cada uno de tus deberes. Fíjate que Jesús ha prometido que, cuando tú escribas, ores, medites o hables por necesidad o Caridad, el Acto de Amor continúa igualmente...