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sábado, 18 de julio de 2026

80º ANIVERSARIO DE SOR MARÍA CONSOLATA BETRONE

  


               Pierina Betrone nació en Saluzzo (Cúneo, Italia) el 6 de Abril de 1903. Desde muy pequeña estuvo inclinada a la piedad, soñando con ser algún día misionera, por eso, hasta en tres ocasiones intentó consagrarse en congregaciones de vida activa, pero siempre aparecieron impedimentos que cortaron de raíz sus buenas intenciones.

               Su confesor, el Padre Accomasso, le sugirió entonces entrar en el monasterio de Capuchinas de Turín. Pierina, obediente a la voz de su Director, solo acertó a decir "nada me atrae de las Capuchinas"; ingresó en el Monasterio el 17 de Abril de 1929, para tomar el hábito el 28 de Febrero de 1930, momento en el que tornó su nombre de pila por el de María Consolata.

                Fue precisamente en este día que se reveló el Sagrado Corazón de Jesús para rogarle: 

        "Sólo te pido esto: un Acto de Amor continuo".

               A partir de ese momento, viviría una íntima unión con Aquél que es Rey y Centro de todos los corazones. Su nuevo nombre, Consolata, con el que empezaba su vida como Esposa de Cristo, sería el eje de su vida: consolar al Sagrado Corazón de Jesús por tantos pecados e indiferencias. Por eso se resolvió a vivir penitente y abnegada por la Voluntad de Dios, pero oculta a los ojos del mundo ya aún a los de sus Hermanas Capuchinas.

               El 8 de Abril de 1934 hizo los votos perpetuos; Consolata era fiel en sus diferentes labores, como cocinera, zapatera y portera. El 22 de Julio de 1939, sería destinada a la nueva fundación capuchina de Moriondo Moncalieri, donde desempeñó las funciones de enfermera y secretaria.

               Su unión con el Sagrado Corazón de Jesús la llevó a convertirse en "Cirenea" de Cristo, que le reveló Su dolor por un mundo cada vez más hundido en la ruindad y en la miseria del pecado. 

               Por eso, el Divino Corazón le enseñó un Acto de Amor sencillísimo que debía repetir frecuentemente, prometiéndole que cada vez que lo pronunciase salvaría el alma de un pecador y repararía mil blasfemias.

Jesús, María, os amo, salvad almas



               En esa simple fórmula se condensaban los tres amores de todo Cristiano: Nuestro Señor  Jesucristo, la Virgen Santísima y las almas por las que Cristo derramó Su Preciosa Sangre

                El Sagrado Corazón le reveló además:

Piensa en Mí y en las almas. 
En Mí, para amarme; 
en las almas, para salvarlas

 (22 de Agosto de 1934)

               Nuestro Señor le explicó que ese Acto de Amor, debía recitarlo "Día por día, hora por hora, minuto por minuto"(21 de Mayo de 1936). Y ese mismo Divino Corazón le insistía:

Consolata, di a las almas que prefiero 
un Acto de Amor a cualquier otro don 
que puedan ofrecerme; tengo sed de amor

(16 de Diciembre de 1935)

               El 24 de Septiembre de 1945 sor Consolata pidió media jornada de reposo y se extendió. En Junio de 1939 se le escapó una frase de su pluma: "Me cuesta morir a pedacitos". En su oculta situación de enfermedad y la rigurosa vida de penitencia se sumarían en breve también los difíciles años de la segunda Guerra Mundial.

               Consolata padecería literalmente el hambre, pero con la generosidad de siempre. Fue el último Acto de Amor: el que le costó la vida. En el invierno de 1944 su color cadavérico la traicionó. Por obediencia se sometió a una visita médica. El dictamen del médico fue simplemente: "Esta religiosa no tiene ninguna enfermedad: está extenuada".

              El 25 de Octubre de 1945 la radiografía descubrió la catástrofe en sus pulmones. El 4 de Noviembre partió hacia el sanatorio. Ahí permanecería hasta el 3 de Julio de 1946, cuando una ambulancia la llevaría de nuevo, consumida hasta lo imposible, al Monasterio de Moriondo. La Hermana muerte la visitó al alba del 18 de Julio.

               Que este Acto de Amor, "Jesús, María, os amo, salvad almas", sea nuestro primer pensamiento al despertar; durante el día repítelo frecuentemente, en casa, en la calle, mientras conduces... después de las oraciones de la noche, prueba a encontrar el sueño mientras repites con cariño el Acto de Amor.




viernes, 24 de abril de 2026

SAN FIDEL DE SIGMARINGA, martirizado por defender la Fe Católica frente a los herejes calvinistas



                  Nació con el nombre de Mark Roy en el año 1577, en Sigmaringen, ciudad de la actual Alemania que en ese entonces estaba bajo dominio del Principado de Hohenzollern-Sigmaringen. Estudió Leyes y Filosofía en la Universidad de Friburgo.

                  Posteriormente enseñó Filosofía en esta Universidad, y más tarde consiguió el grado de Doctor de Derecho. Durante su tiempo como estudiante lo conocían por su modestia, mansedumbre y castidad.

                  En 1604, el joven Roy acompañó, como preceptor, a tres caballeros en sus viajes por las principales ciudades de Europa. Durante seis años de viajes, asistía a la Santa Misa con frecuencia. En cada ciudad por la que pasaron, Mark Roy visitaba los hospitales e iglesias, pasaba varias horas arrodillado en adoración ante el Santísimo Sacramento, y era generoso con los pobres, a los que les daba hasta su propia ropa.

                  Cuando regresó de su largo viaje, ejerció como abogado, en Colmar, donde vino a ser conocido como el abogado de los pobres. Escrupulosamente se abstuvo de todas las invectivas, detracciones que independientemente podrían afectar la reputación de cualquier adversario suyo. Desencantado con los males asociados con su profesión, fue determinando entrar en la vida religiosa como miembro de los Frailes Capuchinos.

                  Al entrar en la Orden Capuchina, le dieron el nombre religioso de Fidel. El Santo terminó su Noviciado y estudios para el Sacerdocio; celebró su primera Misa en el Monasterio Capuchino en Friburgo, el 4 de Octubre de 1612, Fiesta de San Francisco de Asís, Fundador de la Orden.

                  San Fidel de Sigmaringen fue empleado en la predicación y en las confesiones. Al convertirse en el Guardián (Superior) del Monasterio Capuchino en Weltkirchen, muchos residentes de la ciudad y sitios vecinos, cambiaron sus vidas disolutas gracias a la predicación del docto capuchino, y no pocos calvinistas se convirtieron al Catolicismo. Desde Roma se dispuso que Fidel predicara en la región de Graubünden, Suiza. Otros ocho frailes capuchinos fueron sus ayudantes, quienes trabajaron en esta misión bajo su dirección.

                  Los Calvinistas de aquel territorio, enfurecidos de su éxito por la conversión de sus hermanos, amenazaron fuertemente la vida de San Fidel, por lo cual, él se preparó para el martirio. Ralph de Salis y otro caballero calvinista fueron ambos convertidos por los esfuerzos del Santo Misionero. Fidel y sus compañeros entraron a Prättigau, un pequeño distrito de Graubünden, en el año 1622. Los efectos de su Santa Misión de predicar y convertir almas enfurecieron aún más a los calvinistas de aquella provincia.

                  El 24 de Abril de 1622, Fidel confesó, celebró la Santa Misa y luego predicó en Grüsch. Al final de su Sermón, el cual había hecho de manera extraordinaria, se puso de repente de pie, muy silenciosamente, con sus ojos fijos sobre el Cielo, en éxtasis. Después de este episodio, pronosticó su muerte, y se lo contó a varias personas. Después del servicio en Grüsch él y varios compañeros viajaron a Seewis. Sus compañeros notaron que Fidel estaba particularmente alegre.

                  En una campaña organizada por los Habsburgo, Fidel predicaba en la Iglesia en Seewis, con la protección de algunos soldados austriacos imperiales, con el objetivo de convertir de nuevo a la gente de Seewis al Catolicismo. Durante el Sermón, llamaron a sus oyentes a parar a los agitadores Calvinistas que se apostaban fuera de la iglesia. Fidel había sido convencido por los Católicos restantes para inmediatamente escapar con las tropas austriacas de Seewis, pero en cambio se volvió solo a Grüsch. Fue perseguido por soldados Calvinistas que exigieron sin éxito que renunciara a la Fe Católica, asestándole un fuerte golpe en la cabeza para ser rematado a espada.

                  Se dice que una mujer, fiel católica, que estaba cerca del lugar del martirio de San Fidel, después de que los soldados se habían marchado, salió para evaluar el incidente y encontró los ojos del Mártir abiertos, mirando al Cielo. El Santo fue enterrado por los fieles católicos al día siguiente.

                  Los rebeldes poco después fueron derrotados por las tropas imperiales, un acontecimiento que el Mártir también había profetizado. El ministro protestante que había participado en el martirio de Fidel, se convirtió a la Verdadera Fe e hizo una renuncia pública del Calvinismo.

                  Fue sepultado en el Convento de Feldkirch, donde había sido Guardián, pero su cráneo se conserva bajo el altar mayor de la Catedral de Coira, Suiza. Después de seis meses, el cuerpo del Mártir fue encontrado incorrupto. Sus brazos fueron separados del cuerpo para ser colocados en dos relicarios: uno sería enviado a la Catedral de Coire y el otro fue colocado en la Iglesia Capuchina en Weltkirchen, Feldkirch, Austria. San Fidel fue canonizado por el Papa Benedicto XIV el 26 de Junio de 1746.



jueves, 9 de abril de 2026

120 ANIVERSARIO de la Aparición de NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO, en Chauchina (Granada)



                    Chauchina es una localidad de la provincia de Granada, en España. En tal punto del sur de la Península Ibérica aconteció, a principios del siglo pasado, una manifestación celestial poco conocida pero de gran alcance espiritual. 

                    Era el 9 de Abril de 1906, Lunes Santo en aquel año, una virtuosa anciana llamada Rosario Granados Martín, apoyada en el respaldo de una silla, por no poder caminar de otra manera, se dirigía muy de mañana a las afueras del poblado para curarse las llagas purulentas que hacía más de tres años padecía en la pierna y cuyo estado nauseabundo movía a compasión a cuantas personas la encontraban. 

                    Abrumada iba la triste anciana, cuando vio que hacia ella venía una dama enlutada, llevando en sus manos un modesto rosario negro, la cual se detuvo a preguntarle qué le sucedía. Le contestó Rosario que estaba casi desesperada, porque ni Dios ni la Virgen se dignaban oírla. Le mandó entonces la Señora que siguiera Sus pasos hacia el cementerio, oído lo cual, la anciana soltó la silla que le servía de sostén y con tanta agilidad lo hizo, que sorprendió a los que la vieron; Rosario siguió a la Señora por la angosta vereda, hasta llegar a un arroyo donde la Señora le dio la mano para ayudarle a pasar, y Rosario alargó la suya para asir la de la Señora; cerca de la escena, un joven campesino, que no veía a la Señora, observando en tal actitud a la anciana creyó que la mujer había perdido el juicio.

                    Una vecina de las últimas casas del pueblo la invitó a descansar y como rehusara hacerlo por ir siguiendo a una Señora de “ojos hermosísimos y cara llena de gracia”, la tomó por ilusa. Llegó por fin al cementerio y la Señora enlutada le dijo con acento de compasión y tristeza “Oremos por los desgraciados del mundo que no temen la Divina Justicia”. 

                    Enseguida y puestas ambas de rodillas en el umbral del cementerio, comenzaron el rezo del Rosario observando la anciana la reverencia y devoción con que la Señora pronunciaba el Nombre de Dios Padre. No había terminado el Rosario, cuando la anciana sintióse adormecida por dulcísimo éxtasis, a cuyo despertar se sintió completamente curada. Corrió presurosa preguntando por la Señora y nadie supo darle razón de Ella. 

                    El pueblo se conmovió a la vista de la prodigiosa curación, la prensa granadina comentó el hecho y Chauchina y los pueblos comarcanos se persuadieron de que la misteriosa enlutada fue la Santísima Virgen, conocida bajo la advocación del Espino, por el arbusto junto al cual se apareció primeramente y de los Dolores, por las negras vestiduras que llevaba la misteriosa aparecida.

                    Una pobre estampa, rodeada de rústicas piedras, fue el primer monumento de gratitud que Rosario ofreció a la Santísima Virgen. A iniciativa del pueblo se hizo una pequeña hornacina en donde se colocó un sencillo cuadro de la Virgen de los Dolores, ante el cual se rezaba constantemente el Rosario y se pedía consuelo a la Madre afligida. Velas y lámparas de aceite permanecían encendidas de día y de noche, dando guardia de honor al cuadrito y mostrando a todos la creencia segura en la presencia de la Madre de Dios. Más tarde se levantó una pequeña Ermita con la limosna de los fieles. Para todos esta tierra estaba consagrada por el contacto de los pies de la Santísima Virgen. Y así, para distinguir el camino por donde anduvo la Señora hasta el cementerio, cortaron frondoso ramaje de los árboles próximos clavando las floridas ramas a uno y otro lado del camino. Sin atreverse a pisar el sagrado camino, llorando de alegría, pasaban de rodillas besando aquella tierra.

                    Un matrimonio costeó la construcción de una capilla, espléndidamente dotada para el culto; y junto a esa capilla ya ampliada porque era incapaz de contener las multitudes, que en fervorosas romerías acuden de muchos pueblos, se levanta la esbelta silueta de un monasterio de Capuchinas, llevado allí por la piedad del Cardenal-Arzobispo Vicente Casanova y Marzol, para que adorando al Santísimo Sacramento y viviendo en perpetua oración y penitencia por los pecados del mundo, cumpliesen los deseos de la Santísima Virgen. En efecto, antes de morir manifestó Rosario a un Padre Capuchino que la Santísima Virgen le había dicho: "En el lugar del espino donde fue la primera Aparición, se edificará una casa de oración y penitencia, un Monasterio de Religiosas Franciscanas que adorarán al Santísimo Sacramento".




LA VIDENTE DE NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO


                    Rosario Granados Martín es una mujer sencilla que nació en Chauchina el 25 de Abril de 1839; el 4 de Abril de 1859 contraerá matrimonio con Manuel de Cantos Romero; muy pronto quedará viuda con 3 hijos: José, Diego y Francisco, a los que procuraba educar cristianamente y daba buenos ejemplos, enseñándoles las oraciones y la práctica de la caridad cristiana. 

                    Rosario ayuda a su nuera Magdalena en los trabajos de la casa y en la crianza de los niños que le van naciendo; atiende a los pobres que pasan, pidiendo un pedazo de pan, así como también a los vecinos que necesitan unas palabras de consuelo, unas muestras de cariño; y mantiene trato amistoso con todas sus vecinas y personas del pueblo que hablan muy bien de ella, como una mujer sencilla, una anciana que pasa desapercibida.

                    Rosario tuvo en su vida una ocasión de ejercitar en grado heroico el mandamiento del Señor de perdonar, y es que unos años antes de la Aparición, uno de sus hijos es asesinado por un hombre en la taberna de Arenas del Rey, pueblo de Granada donde Rosario y sus hijos viven como porteros de un cortijo. El asesino escapando de la justicia se esconde precisamente en casa de Rosario, él dice a Rosario que en una riña ha matado a un hombre y que lo quieren ahora matar a él; Rosario esconde a este hombre y al poco rato llega el otro hijo de Rosario, comunicando la muerte de su hermano y Rosario en lugar de delatar al hombre se lamenta diciéndole una vez que su hijo se ha marchado en su búsqueda: “Ya ves lo que has hecho… pero yo no te denunciaré… te perdono… También la Virgen perdonó a los verdugos de Su Hijo en el Calvario… Anda, y que Dios te acompañe por el mundo…”. Incluso Rosario le da de comer. 

                    No tardó el asesino en ser apresado. Rosario, pensando que él tendría madre, rogaba al Señor que no se viera obligada a testificar contra él ante un tribunal. Y su oración fue atendida: ocho días antes de la fecha señalada para el juicio, falleció el homicida, dando muestras de sincero arrepentimiento. 

                    Rosario murió para este mundo el 24 de Septiembre de 1921, siendo enterrada en el Cementerio de Chauchina, pero 40 años después, sus restos se trasladan a la cripta que, con permiso del Arzobispo de Granada, se le construyó junto al Camarín de la Virgen en la Iglesia conventual. 


EL SECRETO QUE CONFIÓ LA VIRGEN 
A ROSARIO GRANADOS


                    Como en otras apariciones, la Virgen en Chauchina también reveló un Secreto a la vidente. Ángeles Díaz García, amiga de Rosario y vecina también de Chauchina, de edad aproximadamente igual a la de Rosario, nos cuenta que Rosario le confío que había recibido de la Señora enlutada que vio el Lunes Santo del 1906, una confidencia misteriosa que debía guardar en secreto. Más adelante en 1921, Rosario se siente agotada y próxima a morir. Un sobrino de Rosario fue a visitarla en su enfermedad y atendió a su tía en su petición: «Que venga mi confesor, el Padre Francisco de Sevilla - un sacerdote de la Orden de los Capuchinos que residía en Granada- pues tengo que comunicarle una cosa antes de morir». El sobrino se dirigió raudo hacia Granada, para ir al Convento de los padres Capuchinos y buscar al Padre Francisco.

                    Mas no necesitó ir al Convento, ni siquiera detenerse en Granada.  La gran Providencia de Dios dispuso que cuando su tranvía llegaba a la que entonces llamaban Estación de Andaluces, viese que en aquel momento el Padre Francisco de Sevilla acababa de llegar en tren. Le contó el ruego de su tía Rosario, y el caritativo fraile fue a tomar el primer tranvía con dirección a Chauchina; entró en casa de la enferma; la escuchó en Confesión y recibió el Secreto con permiso de darlo a conocer después de que ella falleciera.

                    Aquel Secreto contenía una profecía, un anuncio para el tiempo futuro:

                    "En el lugar del espino donde fue la primera Aparición, se edificará una casa de oración y penitencia, un Monasterio de Religiosas Franciscanas que adorarán al Santísimo Sacramento".




                    Como los deseos del Cielo buscan diversos canales para ser cumplidos, nos encontramos que a menos de 20 kilómetros del lugar de aquella Aparición, en el Monasterio de las Capuchinas de San Antón (Granada capital), era abadesa Sor Trinidad del Inmaculado Corazón de María, devotísima de Jesús Sacramentado; aquella alma se sentía inspirada por Dios a tener en la Iglesia de su Comunidad el Santísimo Sacramento expuesto durante todo el día y adorado por las Religiosas Capuchinas en turnos de una hora. Sus deseos fueron aprobados por el Cardenal Arzobispo de Granada, Monseñor Vicente Casanova y Marzol, sin embargo, no todas las Capuchinas de la Comunidad veían con claridad ese deseo y proyecto de recargar la Regla Capuchina, ya muy austera por sí misma.

                    Es entonces cuando el Padre Francisco de Sevilla, le sugiere a la Madre Abadesa Sor Trinidad, la idea de ir a fundar a Chauchina, ya que la Virgen así lo ha pedido y coincide, la celestial petición con la inspiración de la piadosa monja.

                    El 11 de Abril de 1925, Sábado Santo, el Cardenal de Granada, junto con su Clero, reciben en Chauchina a la Madre Trinidad, que junto con otras 11 monjas, llegan a la localidad para iniciar la vida recoleta de las Capuchinas en la ermita de la Virgen del Espino, convertido desde entonces en Santuario Monasterio.



domingo, 4 de enero de 2026

EL SANTO NOMBRE DE JESÚS

  


               Jesús, bendito sea Tu Nombre. Jesús, eternamente yo Te ame. Jesús, a todas horas yo Te nombre. Jesús, en mis conflictos a Ti clame. Jesús, mi Verdadero Dios y Hombre. Jesús, mi corazón siempre Te llame. Jesús, medite en Ti mi entendimiento. Jesús, viva yo en Ti todo momento.

               Jesús, que cuando enfermo me visitas. Jesús, que cuando caigo me levantas. Jesús, que mi remedio solicitas. Jesús, que al enemigo de mí espantas. Jesús de mis entrañas, yo Te ame y óyeme, Jesús cuando Te llame. 


               Jesús, que al bien obrar siempre me incitas. Jesús, que en Tu gracia me adelantas. Jesús, por mí en la Cruz crucificado. Jesús, no viva yo ni muera en el pecado.


               En amarte, Jesús, siempre me emplee. Mi Jesús, de adorarte nunca acabe. Jesús, siempre en nombrarte me recree. Jesús, toda criatura a Ti te alabe. Jesús, sólo gozarte a Ti desee.


               Jesús, ¿qué puede haber tan dulce y suave como decir Jesús de noche y día, y con Jesús, nombrarte a Ti, María?


               Dulce Jesús, si lenguas mil tuviera, Jesús, sólo con ellas pronunciara; Jesús, Jesús, Jesús, siempre dijera, dulcísimo Jesús, y no me hartara. 


               Tantas veces, Jesús nombrando, hiciera que a, Ti toda rodilla se doblara, y que nadie, Jesús, Tu Nombre oyese, sin que en Tu Amor su pecho se encendiese.


               Mi lengua a Ti, Jesús, siempre Te nombre; siempre mi corazón en Ti se emplee; arda en amor, Jesús, al oír Tu Nombre; verte, amado Jesús, sólo desee.


               Te adore mi Fe como Dios y hombre. Sólo en Ti mi esperanza se recree. Tengo yo mis potencias y sentidos en Tu Amor, oh Jesús, siempre encendidos.


               Jesús, que cuando eliges para Madre a María, nos la das por Protectora; Jesús, que, si a San José llamas de Padre, es porque nos ampare en esta hora.


               Jesús, que a Tu Piedad nada hay que cuadre, más que aquel que a Tu Padre fiel implora. ¡Oh si en mi corazón, Jesús Bendito, Jesús, María y José tuviera escrito!


               Jesús me ampare, Jesús me defienda ahora, en la hora de mi muerte y en todas mis necesidades. En Tus manos, ¡oh Dulcísimo Jesús!, encomiendo mi espíritu. Amén.



"Breve Manual Cristiano", escrito por el Obispo 

Fray Manuel María de Sanlúcar Díaz de Bedoya, Capuchino




martes, 23 de septiembre de 2025

PADRE PÍO DE PIETRELCINA, VÍCTIMA POR LOS PECADORES Y POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO


              El Padre Pío nació el 25 de Mayo de 1887, en una aldea llamada Pietrelcina, al sur de Italia, en la provincia de Benevento; sus padres, Horacio Forgione y Giuseppa de Nunzio unos humildes agricultores, encomendaron su protección al Seráfico San Francisco de Asís, por eso le bautizaron con su nombre. Con el pasar de los años, el Padre Pío se configuraría con aquél santo no sólo por pertenecer a su Orden, sino por llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión. 




                  Desde muy niño fue profundamente sensible y espiritual; así a la corta edad de cinco años, se ofreció al Señor como víctima y comenzó a tener frecuentes visiones de su ángel custodio, de Nuestra Señora la Virgen y del mismo Jesucristo, visiones estas que le acompañarían el resto de su vida.

                  Pero también el demonio se le representaría de distintas maneras; cuando esto ocurría, nunca le falló la ayuda su ángel de la guarda o incluso de Nuestro Señor, que ponían al diablo en fuga.

                  "Cada Misa escuchada con devoción, produce en nuestra alma efectos maravillosos, abundantes gracias materiales y espirituales que no alcanzamos a comprender. A tal fin, no malgastes tu dinero, sacrifícalo y ven a escuchar Misa. El mundo puede existir sin el sol, pero no puede existir sin la Misa."

                  Siendo apenas un adolescente, Francisco manifestó su deseo de ser franciscano capuchino. Ya que la familia era sumamente pobre, su padre se vio obligado a emigrar a Estados Unidos y Jamaica, en busca de medios económicos con los que sustentar la carrera eclesiástica de su hijo.

                  La víspera de su entrada en el Noviciado Capuchino de Morcone, el futuro santo recibió la visita de Nuestro Señor, que le animó a seguirle; también la Virgen Santa le consoló y prometió ayuda en el camino que iba a comenzar. Al tomar el hábito, cambió el nombre de Francisco por el de Pío.

                  Años más tarde, el 10 de Agosto de 1910, Fray Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento; como recuerdo de aquél día, el ya Padre Pío escribió: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”.

                  Aquejado por su débil salud, pasó algún tiempo en su pueblo natal, donde vivía retirado en una pequeña choza; fue precisamente allí donde sufrió los síntomas de unos estigmas aún invisibles, pero que de cierto le hacían padecer como un auténtico crucificado. Aturdido, confundido por semejante gracia, rogó al Señor que nunca se hicieran visibles aquellas heridas que ya sufría.

                  Continuaba su convalecencia en Pietrelcina, pero el demonio no dejaba de molestarle; se le manifestaba de diversas maneras, unas veces con forma de animales, otras de mujeres en actitudes lascivas… sin embargo, era después consolado por aquellas visiones celestiales que desde su infancia le acompañaban. Su Santo Ángel Custodio, San Francisco, la Purísima Virgen María, le sostenían y aumentaban el sentido del continuo sufrimiento que iba a padecer pronto, cuando se asemejase con Cristo en los sufrimientos de la Pasión.

                  El 12 de Agosto de 1912, sufrió -a semejanza de Santa Teresa de Jesús y de Santa Verónica Giuliani- lo que era tener herido el corazón por el Amor de Dios. Así mismo lo narró él en una carta a su director espiritual: “Estaba en la iglesia haciendo la acción de gracias tras la Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego, hirviendo en llamas, y yo pensé que iba a morir”.

                  Tras un largo período en su Pietrelcina natal, el Padre Pío, casi recuperado de sus dolencias físicas y por orden de sus superiores, se dirige a Foggia el 17 de Febrero de 1916, para pocos meses después, entrar en el convento de San Giovanni Rotondo, donde probaría si salud mejoraba por el particular clima de la región. Los superiores del Padre Pío, al comprobar que era aquel el lugar donde más alivio encontraría para sus dolencias, se resolvieron a enviarle definitivamente allí. Desde que entró, el 4 de Septiembre de 1916 hasta su muerte, jamás volvió a salir de aquel convento.

                  Durante la Primera Guerra Mundial, el Padre Pío sería llamado a filas hasta en tres ocasiones, pero siempre sería devuelto al convento por su pésima salud.





                  Cuando apenas había pasado un mes de la transverberación, una nueva gracia espiritual marcaría el resto de la vida del Padre Pío. De nuevo, tenemos conocimiento exacto de los hechos a través de una carta que él mismo escribió a su director espiritual:

                  “Era la mañana del 20 de Septiembre de 1918. Yo estaba en el coro, haciendo la acción de gracias de la Misa y sentí que me elevaba poco a poco siempre a una oración más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo, que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz, que más bien parecían flechas que herían las manos, los pies y el costado.

                  Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban hasta hacerme perder las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios.”

                  Pero a estas dolorosas experiencias, se le sumaría la de la incomprensión humana; el Padre Agustín Gemelli, franciscano, doctor en medicina, se acercó al convento de San Giovanni Rotondo para examinar los estigmas del Padre Pío, que se negó, ya que el P. Gemelli no traía consigo autorización alguna. Eso fue el detonante para que el médico franciscano publicase un artículo calificando al Padre Pío de neurótico y se ser él mismo el que se había autolesionado.

                  Por tal motivo, la Santa Sede, confiando en el juicio del Padre Gemelli, tomó la decisión de “aislar” al Padre Pío durante casi diez años, entre 1923 y 1933, donde se le requisaba hasta la correspondencia epistolar. Durante todo ese período no dejó de sufrir la Pasión de Nuestro Señor.

                  Al estar tan configurado con Nuestro Señor, el Padre Pío vivía la Santa Misa como en lo que en realidad es: un Sacrificio. Por eso, su Misa duraba unas dos horas, tiempo en el cual se sumergía en los dolores no sólo de Cristo, sino de la Virgen Santa. Conformo avanzaba la Santa Misa, era como si subiese al Monte Calvario. De hecho sufría la misma agonía que el Crucificado y sangraba abundantemente durante la Consagración. 

                  El mismo Padre Pío explicaba así lo que es el Santo Sacrificio de la Misa: “la Misa es Cristo en la Cruz, con María y San Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”.

                  Una vez alguien le preguntó cómo es que podía pasar tanto tiempo de pie durante la Santa Misa, a lo que el Padre Pío contestó: “Hija mía, no estoy de pie, estoy suspendido con Cristo en la Cruz”.

                  Y como resumen de su amor por la Sagrada Eucaristía, cerramos este artículo con una de sus advertencias:

                  "En estos tiempos tristemente faltos de Fe, de impiedad triunfante, donde todos los que nos rodean tienen siempre el odio en el corazón, y la blasfemia en los labios, el mejor medio de mantenerse libre del mal es fortificarse con el Alimento Eucarístico."

                A partir del 16 de Julio de 1933 la Santa Sede levanta las restricciones al Padre Pío y éste puede volver a celebrar Misa en público; a partir del año siguiente se le permitiría de nuevo confesar. 

               Con el dinero de los donativos que sus devotos hacían llegar al Convento de San Giovanni Rotondo, el Padre Pío proyecta la creación de un Hospital, "la Casa Sollievo della Sofferenza", que sería inaugurada el 5 de Mayo de 1956.

                 A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los "Grupos de Oración del Padre Pío". Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros.

               Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la "Casa Alivio del Sufrimiento". Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos envidiosos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron, sacrílegamente, a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

               Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él.

               El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: "Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre".

               El Viernes 20 de Septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor; celebró la Santa Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre... De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, 50 años más tarde y unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno de cinco décadas de dolor y sangre, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural. Tres días después, el 23 de Septiembre, murmurando por largas horas "¡Jesús, María!", entregó su alma al Altísimo.



jueves, 18 de septiembre de 2025

TERESA NEUMANN, la estigmatizada de Baviera



                   Un día después de la Estigmatización del Seráfico San Francisco de Asís, quiso la Divina Providencia que tuviera lugar la muerte de este mundo, para entrar a la Vida Eterna, de Teresa Neumann, Mística e hija de San Francisco en calidad de Terciaria de la Orden Franciscana Capuchina.

                   Teresa Neumann nació el 8 de Abril de 1898 en Konnersreuth, en la región norte de Baviera, Alemania; hija de un modesto sastre, siendo la primogénita de once hermanos. Teresa se empleó desde los catorce años en una granja  para aliviar la maltrecha economía familiar. 

SU PARTICULAR AMISTAD CON SANTA TERESITA

                   Era muy devota de Santa Teresita del Niño Jesús y por eso se encomendaba con frecuencia a la Santa de Lisieux, a quien tomó por compañera y madrina espiritual, sintiendo su intercesión en varias ocasiones; cuando Teresa Neumann era una muchacha sufrió dos graves caídas que la dejarían prácticamente inválida, pero justo en los días en que Santa Teresita era sucesivamente beatificada y canonizada, Teresa Neumann, por su intercesión era sanada.

                   Durante un incendio en un granero efecto Teresa se empeñó a fondo junto a sus vecinos para ayudar a extinguir el fuego, pero la joven sufrió una caída que le causaría una extraña enfermedad provocada por una luxación en la espina dorsal. Tenía veintiún años de edad y aquello solo era el comienzo de todos sus padecimientos posteriores que la tuvieron postrada en la cama muchísimos años, como una perfecta Alma Víctima: quedó casi inválida, ciega y hasta sorda; sus familiares la trasladaron a la buhardilla de la casa, esperando un fatal desenlace en cualquier momento. 

                    Sin embargo, el Cielo tenía otros planes para la joven Teresa; el día de la Beatificación de Santa Teresa de Lisieux (29 de Abril de 1923) tiene una aparición de la Santa. Cinco días más tarde recobra la vista después de transcurridos cuatro años sin poder ver. 

                   Dos años más tarde, el 17 de Mayo de 1925, mientras en Roma el Pontífice canonizaba a Santa Teresita del Niño Jesús, la joven Teresa Neumann vuelve a tener otra visión de la Santa de las rosas y es capaz de sentarse en la cama para luego echar a andar ante la mirada de su familia, que solo supo dar gracias a Dios ante el evidente Milagro, que fue comprobado por el Padre Naber, Párroco, y demás amigos de Teresa que habían sido testigos de su enfermedad. 

                   Unos meses más tarde, en Noviembre de 1925, Teresa cae nuevamente enferma, siendo una apendicitis el motivo de sus sufrimientos. Una vez más la intercesión de Santa Teresita la libera de una operación quirúrgica que los médicos veían necesaria para no morir. Santa Teresita le revelará que mediante sus continuos padecimientos salvará muchas almas, preparándola así para el sacrificio mayor que se aproximaba.




LOS SAGRADOS ESTIGMAS 

                   En la noche del Jueves al Viernes, del 4 al 5 de Marzo de 1926, vio Teresa a Cristo arrodillarse en el Huerto de los Olivos y lo oyó orar. Jesús la miró fijamente y en ese momento ella sintió en la región del corazón un dolor tan vivo que creyó morir. Al mismo tiempo fluyó sangre caliente de esa zona que continuó saliendo hasta el mediodía del Viernes. Teresa había sentido como si una espada puntiaguda le hubiera atravesado el corazón. Desde el 26 de Marzo de 1926, Viernes (Teresa tenía entonces veintiocho años) revivirá en su cuerpo los Santos Estigmas de la Crucifixión

                   Del Jueves Santo al Viernes Santo, del 1 al 2 de Abril de ese año 1926, revivió la Pasión desde el Huerto de los Olivos hasta la Muerte de Jesús en la Cruz. Ese día aparecieron por primera vez las llagas de las manos y los pies, pero en la parte externa. Sus padres las vieron y se asustaron, llamando al Padre Naber, Párroco del lugar, que también quedó impresionado. 

                   El día de Pascua, Teresa estaba radiante de felicidad, viendo a Jesús Resucitado. El 15 de Abril de 1927, las llagas se hicieron visibles también en la parte interna de manos y pies. Los médicos intentaron con todos los medios posibles tratar de curarlas, pero todo fue inútil. Cuanto más el Doctor Seidl le ponía ungüentos y vendas, más dolor sentía y se le hinchaban más las manos y pies; de modo que terminaron por dejarla tranquila, pues, sin curaciones, las llagas no se hinchaban ni supuraban. 

                   Para evitar la curiosidad de la gente, se puso unos mitones - o medio guantes - para ocultar las llagas que tenían forma cuadrada. Estas llagas persistieron en Teresa Neumann hasta el fin de su vida y pudieron verse hasta en el lecho de muerte. 

                   A lo largo de 1927 Teresa Neumann recibió las llagas de la corona de espinas alrededor de su frente. Durante la Cuaresma de 1928 recibió la llaga de la espalda derecha. El 29 de Marzo de 1929 recibió por primera vez las llagas de la flagelación, que se reproducían cada año. A estas llagas hay que añadir las lágrimas de sangre que vertía en los éxtasis de los Viernes; especialmente de Cuaresma. Los exámenes médicos no podían reconocer ninguna causa justificada para estas lágrimas de sangre, pues no había ninguna erosión en sus ojos.

                   El Padre Gemelli, Sacerdote franciscano y Rector de la Universidad de Milán había examinado los estigmas del Padre Pío, y fue enviado por orden de la Santa Sede, a estudiar el caso de Teresa Neumann, certificando poco después que no había en ella ningún rasgo histérico y que aquellos fenómenos no tenían explicación natural.

VISIONES MÍSTICAS DE LA VIDA DE CRISTO

                    Además de las Visiones semanales de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, Teresa Neumann fue favorecida con estas otras: la del Nacimiento de Jesús la tuvo durante la noche de Navidad del año 1926; la de la Encarnación, el día 25 de Marzo de 1927; el día 6 de Agosto de 1926, tuvo la Visión de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor...

LOS DONES DE LA HIEROGNOSIS Y LA INEDIA EN TERESA NEUMANN

                   Desde 1922 su única comida consistía en la Sagrada Eucaristía (rechazando instintivamente la muchas formas no consagradas que le ponían delante para probarla, y donde quedó manifiesto que el Señor la había bendecido con el don de la hierognosis, mediante el cual se puede distinguir lo divino, lo bendito de lo profano). 

                   No fueron pocas las ocasiones en que al recibir la Sagrada Comunión entraba en éxtasis, incluso desde el momento en que el Sacerdote rezaba la fórmula Ecce Agnus Dei; en esos momentos, el rostro de Teresa se transformaba, iluminándose e impregnándola de una belleza angelical.

                   El Obispo Diocesano de Ratisbona nombró una comisión formada por médicos y religiosas bajo juramento y las muchas comisiones laicas que le hicieron seguimientos exhaustivos, y que confirmaron punto por punto que no había trampa alguna, siendo absolutamente cierto que vivía exclusivamente de la Sagrada Eucaristía. Teresa, en contra de toda lógica científica, mantuvo siempre su peso normal, alrededor de 60 kilogramos; su tez aparecía siempre sonrosada y su carácter desenfadado y bromista hacía reír con frecuencia a cuantos la visitaban.

TERESA NEUMANN Y LOS NAZIS

                  El fenómeno de la inedia fue también confirmado por la misma burocracia del Tercer Reich Alemán: en 1939 estalló la II Guerra Mundial e impusieron a la población un racionamiento que acabaría durando hasta finales de 1947. A partir de aquel momento, todos los alemanes tuvieron que adaptar el ritmo de sus vidas a una cartilla anual... excepto una persona: Teresa Neumann, a quien - ante la evidencia de que ni bebía ni comía- le fue inmediatamente retirada la cartilla por las autoridades nazis. Obtuvo en cambio la asignación de doble ración de jabón, dada la cantidad de ropa ensangrentada que había que lavar tras sus azarosos fines de semana. La GESTAPO, policía secreta alemana, la vigiló de cerca, e ella, su familia y al Párroco y Confesor de Teresa. 

                   El fenómeno de la inedia, que se caracteriza por el sostenimiento del cuerpo sin necesidad de ingerir alimentos, tan sólo la Sagrada Comunión, se prolongó en Teresa Neumann durante cuarenta años, siendo constatado por diversos facultativos del Reich alemán, que no eran precisamente simpatizantes con la figura de la Estigmatizada de Baviera.




MUERTE E INCORRUPCIÓN

                   El 15 de Septiembre de 1962 Teresa sufrió un ataque al corazón que le hizo sufrir fuertes dolores; entregaría su alma a Dios tres días después, el 18 de Septiembre, tras una vida llena de fenómenos místicos, relacionados en su mayoría con la estigmatización. Tras cinco días de ser expuesto su cadáver, sin tratamiento alguno para preservarlo, éste no mostraría síntomas de descomposición ni rigidez. Los seminaristas del Seminario para vocaciones tardías que Teresa había podido construir, cargaron el ataúd hasta el cementerio. Todo el pueblo de Konnersreuth estuvo presente en la despedida de la estigmatizada. Teresa sería sepultada cerca de la tumba de su hermana Otilia; a su costado sería enterrado en 1967 el Padre Naber, su Párroco y Director Espiritual.



viernes, 18 de julio de 2025

DI A LAS ALMAS QUE PREFIERO UN ACTO DE AMOR; Sor María Consolata Betrone

 

               Pierina Betrone nació en Saluzzo (Cúneo, Italia) el 6 de Abril de 1903. Desde muy pequeña estuvo inclinada a la piedad, soñando con ser algún día misionera, por eso, hasta en tres ocasiones intentó consagrarse en congregaciones de vida activa, pero siempre aparecieron impedimentos que cortaron de raíz sus buenas intenciones.

               Su confesor, el Padre Accomasso, le sugirió entonces entrar en el monasterio de Capuchinas de Turín. Pierina, obediente a la voz de su Director, solo acertó a decir "nada me atrae de las Capuchinas"; ingresó en el Monasterio el 17 de Abril de 1929, para tomar el hábito el 28 de Febrero de 1930, momento en el que tornó su nombre de pila por el de María Consolata.



               Fue precisamente en este día que se reveló el Sagrado Corazón de Jesús para rogarle: "Sólo te pido esto: un Acto de Amor continuo"

               A partir de ese momento, viviría una íntima unión con Aquél que es Rey y Centro de todos los corazones. Su nuevo nombre, Consolata, con el que empezaba su vida como Esposa de Cristo, sería el eje de su vida: consolar al Sagrado Corazón de Jesús por tantos pecados e indiferencias. Por eso se resolvió a vivir penitente y abnegada por la Voluntad de Dios, pero oculta a los ojos del mundo ya aún a los de sus Hermanas Capuchinas.

               El 8 de Abril de 1934 hizo los votos perpetuos; Consolata era fiel en sus diferentes labores, como cocinera, zapatera y portera. El 22 de Julio de 1939, sería destinada a la nueva fundación capuchina de Moriondo Moncalieri, donde desempeñó las funciones de enfermera y secretaria.

               Su unión con el Sagrado Corazón de Jesús la llevó a convertirse en "Cirenea" de Cristo, que le reveló Su dolor por un mundo cada vez más hundido en la ruindad y en la miseria del pecado. 

               Por eso, el Divino Corazón le enseñó un Acto de Amor sencillísimo que debía repetir frecuentemente, prometiéndole que cada vez que lo pronunciase salvaría el alma de un pecador y repararía mil blasfemias.

Jesús, María, os amo, salvad almas

               En esa simple fórmula se condesaban los tres amores de todo Cristiano: Nuestro Señor  Jesucristo, la Virgen Santísima y las almas por las que Cristo derramó Su Preciosa Sangre

                El Sagrado Corazón le reveló además:

Piensa en Mí y en las almas. 
En Mí, para amarme; 
en las almas, para salvarlas

 (22 de Agosto de 1934)

               Nuestro Señor le explicó que ese Acto de Amor, debía recitarlo "Día por día, hora por hora, minuto por minuto"(21 de Mayo de 1936). Y ese mismo Divino Corazón le insistía:

Consolata, di a las almas que prefiero 
un Acto de Amor a cualquier otro don 
que puedan ofrecerme; tengo sed de amor

(16 de Diciembre de 1935)

               El 24 de Septiembre de 1945 sor Consolata pidió media jornada de reposo y se extendió. En Junio de 1939 se le escapó una frase de su pluma: "Me cuesta morir a pedacitos". En su oculta situación de enfermedad y la rigurosa vida de penitencia se sumarían en breve también los difíciles años de la segunda Guerra Mundial.




               Consolata padecería literalmente el hambre, pero con la generosidad de siempre. Fue el último acto de amor: el que le costó la vida. En el invierno de 1944 su color cadavérico la traicionó. Por obediencia se sometió a una visita médica. El dictamen del médico fue simplemente: "Esta religiosa no tiene ninguna enfermedad: está extenuada".

              El 25 de Octubre de 1945 la radiografía descubrió la catástrofe en sus pulmones. El 4 de Noviembre partió hacia el sanatorio. Ahí permanecería hasta el 3 de Julio de 1946, cuando una ambulancia la llevaría de nuevo, consumida hasta lo imposible, al Monasterio de Moriondo. La Hermana muerte la visitó al alba del 18 de Julio.

               Que este Acto de Amor, "Jesús, María, os amo, salvad almas", sea nuestro primer pensamiento al despertar; durante el día repítelo frecuentemente, en casa, en la calle, mientras conduces... después de las oraciones de la noche, prueba a encontrar el sueño mientras repites con cariño el Acto de Amor.




miércoles, 9 de julio de 2025

SANTA VERÓNICA GIULIANI, la mística a la que Jesús grabó Su Nombre en el corazón


"Me parecía que Dios me mostraba una hermosa habitación, 
y por eso me decía: “esta es una habitación, donde se aprenden 
las enseñanzas divinas, para poder perfeccionar las almas 
amadas y aprender la verdadera y virtudes más perfectas…”. 
Me hizo entender que esta escuela era Su Santa Pasión..."

Santa Verónica Giuliani



INFANCIA Y PRIMEROS FENÓMENOS MÍSTICOS

               Nació el 27 de Diciembre de 1660, en Mercatello (Italia) y murió para este mundo en 1727, en el Monasterio de las Clarisas Capuchinas de Città di Castello, donde pasó cincuenta de sus 67 años. Era la última de siete hermanas, de las que sobrevivieron cinco; otras tres de sus hermanas abrazaron también la vida monástica. Su familia, que era profundamente religiosa, le dio el nombre de Úrsula al ser bautizada. A los siete años queda huérfana de madre. Antes de morir ésta llamó a sus hijas y las encomendó a las Santas Llagas de Cristo Crucificado. A la pequeña Úrsula le correspondió la Llaga del Costado. Será su camino durante toda la vida: caminar hasta fundirse con el Corazón de su Esposo, Jesús.




               Siendo niña, ella misma nos relata que "Todavía no andaba, pero cuando veía las imágenes donde estaba pintada la Virgen Santísima con el Niño en brazos, yo me agitaba hasta que me acercaban a ellas para poder darles un beso. Esto lo hice varias veces. Una vez me pareció ver al Niño como criatura viviente que me extendía la mano; y me acuerdo que me quedó tan vivo este hecho que, dondequiera que me llevaban, miraba por si podía ver a aquel Niño". No pocas veces, sin apenas saber hablar entablaba conversaciones con la Virgen y el Niño... "Yo soy toda tuya y Tú eres todo para mí, querido Jesús". Algo más mayor, cuando sólo contaba con tres o cuatro años, tiene un encuentro con Nuestro Señor, que se le aparece en forma de Niño Jesús: "Estando una mañana en el huerto entretenida gustosamente en coger flores, me pareció ver al Niño Jesús que cogía las flores conmigo; me fui hacia el Divino Niño para tomarlo, y me pareció que me decía 'Yo soy la verdadera flor'.  En aquel patio, que hoy forma parte de un monasterio de la Orden de las Clarisas, se erige un monumento que recuerda este celestial suceso."

                Prosigue la Santa diciendo: "Todo esto me dejó cierta luz para no buscar más gusto en las cosas momentáneas; me hallaba toda centrada en el Divino Niño. Se me había quedado tan fijo en la mente, que andaba como loca sin darme cuenta de lo que hacía. Corría de un lado para otro por ver si lograba encontrarlo... y sentía que no podía estarme quieta. Me paraba y luego volvía al huerto para ver si volvía".

               "Cuando tenía unos siete años  -escribe Santa Verónica-  me parece que por dos veces vi al Señor todo llagado; me dijo que fuese devota de su Pasión y enseguida desapareció. Esto sucedió por la Semana Santa. Me quedó todo tan grabado que no me acuerdo haberlo olvidado nunca. La segunda vez que se me apareció el Señor llagado de la misma manera, me dejó tan impresas en el corazón sus penas, que no pensaba yo en otra cosa"

               Ella misma nos narra su Primera Comunión, acontecida el 2 de Febrero de 1670: "Recuerdo que la noche antes no pude dormir ni un momento. A cada instante pensaba que el Señor iba a venir a mí.  Y pensaba qué le iba a pedir cuando viniese, que le iba a ofrecer. Hice el propósito de hacerle el don de toda mí misma; de pedirle Su Santo Amor, para amarle y hacer Su Voluntad Divina."

               Y prosigue "Cuando fui a comulgar por primera vez, paréceme que en aquel momento quedé fuera de mí. Paréceme recordar que, al tomar la Sagrada Hostia, sentí un calor tan grande que me encendió toda. Especialmente en el corazón sentía como quemárseme y no volvía en mí misma."

EN LAS CLARISAS CAPUCHINAS

               Después de vencer la oposición de su padre, consigue llevar a cabo su vocación ingresando en el Convento de las Clarisas Capuchinas de Città de Castello. Al entrar en Religión, deja atrás el nombre de Úrsula para recibir el de Verónica, que etimológicamente significa la “verdadera imagen”. Ella aspira con todo su ser a convertirse en una verdadera imagen de Cristo Crucificado, y esa fue la tarea de toda su vida religiosa. Durante los cincuenta años que permaneció en el Monasterio se dedicará con todas sus fuerzas a llevar a cabo este objetivo. 

               Obligada por obediencia a su Director Espiritual, inició en 1693 un Diario en el que reflejó sus experiencias místicas. A lo largo de veintidós mil páginas va narrando, sin signos de puntuación ni división de capítulos, su vida encerrada en el Monasterio, vida en la que se multiplicaron los fenómenos místicos, pero también las dificultades que a causa de ellos sufrió. Denunciada por su misma Abadesa, fue vigilada por el Santo Oficio; se le privó de la voz activa y pasiva, se le prohibió comulgar y hasta hablar con sus mismas hermanas, se la recluyó en una habitación para evitar que tuviera contacto con nadie. Sin embargo la actitud con la que recibió y vivió todas estas dificultades, actitud que brotaba y nacía de su amor a Cristo Crucificado, demostraron la veracidad de todos aquellos fenómenos que ni la razón ni los cuidados médicos podían explicar. 

JESÚS GRABA SU SOMBRE EN EL CORAZÓN DE VERÓNICA

               Enumerar aquí todos los fenómenos místicos con los que fue agraciada, es tarea complicada, por lo que me limito a citar tan solo los hechos místicos más sobresalientes a los ojos de nuestra pobre condición humana, pues tan importantes son aquellos dones que se reflejan exteriormente -caso de los estigmas- como los sufrimientos morales, con los cuales reparaba y redimía almas.

               "Tuve el recogimiento -nos cuenta en su Diario- con la visión de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen y de muchos Santos. Me parece que mi Ángel Custodio me condujo delante de Jesús y de la Santísima Virgen; que ambos me tomaron en medio; del Corazón de Jesús salió un rayo resplandeciente que se dirigía a mi corazón; y que la Santísima Virgen con sus manos mostraba a su Hijo la llaga que tengo en mi corazón. 




               En un momento, se abrió esta llaga de modo que se veía todo el corazón; el Niño Jesús con uno de sus dedos, la marcó por encima, como si hubiese escrito Su Santísimo Nombre; su dedo parecía ser un afilado cortaplumas, con el que se formaban las letras del Santísimo Nombre de Jesús. En esto me pareció que él con un dedo, se tocaba Su Corazón, que aparecía con llaga sanguinolenta, y que con Su misma Sangre mojaba las letras que había hecho en mi corazón. Comprendí entonces, por vía de comunicación, que este Santísimo Nombre me ayudará en todos los sufrimientos y, especialmente, para combatir todas las insidias del demonio; porque en adelante, seré combatida con toda clase de tentaciones. Después de esto, Dios me confirmó mis dos oficios: la conversión de los pecadores, y la liberación de las Almas del Purgatorio...

               Quedé toda la noche con un dolor tan grande en el corazón, que pensaba morirme, y también sentía en él una cruz; porque me parecía que Jesús, después de haber marcado Su Santísimo Nombre, me puso también en él una cruz que todavía la siento y me da gran dolor. Lo mismo éstas que todas las demás penas, yo deseo que sean en penitencia de mis pecados".

LA ESTIGMATIZACIÓN DE SANTA VERÓNICA GIULIANI

               De nuevo me remito al Diario de la Santa capuchina para adentrarnos en el capítulo más cruento de los fenómenos sobrenaturales con los que el Cielo la colmó... "...me pareció que se me aumentó el deseo de unirme a Él lo antes posible. Más no miraba; que toda fija estaba en el Señor. En Él me pareció ver todo. Era tan hermoso, que decir no puedo. Las manos, los pies y el costado, es decir, Sus Llagas, eran tan brillantes que me parecían, que, en lugar de Llagas, hubiesen hermosas joyas. Solo la Llaga del Costado me pareció abierta, y de ella salían rayos como de sol. Cada uno de ellos daba más luz que el sol que vemos... Yo le decía: "Señor, te ruego por Tus Santas Llagas, perdona a Tus enemigos y dales luz... enemigos, así los puedo llamar, mientras están en Tu desgracia. Aquí estoy lista para todo, siempre y cuando se conviertan a Ti."




               En un instante, pareció que se me representaba adelante con Sus Santas Llagas todas brillantes, especialmente la de Su Santo Costado. En este punto, me mostró que allí dentro habitan muchas almas, las más queridas... vi salir de Sus Santísimas Llagas cinco rayos resplandecientes; y todos vinieron a mi alrededor. Y yo veía estos rayos convertirse como en pequeñas llamas. En cuatro estaban los clavos; y en una vi que estaba la lanza, como de oro, toda de fuego: y me traspasó el corazón, de parte a parte… y los clavos traspasaron mis manos y mis pies. Yo sentí gran dolor; pero en el mismo dolor, me veía, me sentía toda transformada en Dios...

               "Esposa mía – me susurra Cristo Crucificado – me son queridas las penitencias que haces por aquellos que son Mi desgracia…" Después, separando un brazo de la Cruz, me hizo señal de que me acercase a Su Costado… Y me encontré entre los brazos del Crucificado. Lo que sentí en ese momento no puedo contarlo: habría podido estar siempre en Su Santísimo Costado

EL MATRIMONIO MÍSTICO CON CRISTO SU ESPOSO

               Es importante señalar que no todas las experiencias místicas de Verónica se vieron ensombrecidas por el dolor; También hubo muchos consuelos celestiales que la dejaron llena de puro gozo, entre los que se encontraba su “Matrimonio Místico” con Cristo. Durante esta visión, Jesús le regaló un anillo que en ciertas ocasiones se hizo visible para otros. Una monja que lo vio repetidamente describió el anillo de la siguiente manera: “Este anillo rodeaba su dedo anular como lo hacen los anillos ordinarios. En él parecía haber una piedra levantada del tamaño de un guisante y de color rojo".




ABADESA EFICAZ; MUERTE Y GLORIFICACIÓN

               Al fin en 1716 es elegida Abadesa del Monasterio, ejerciendo ese oficio hasta su muerte en 1727. Su trabajo de formadora quedó plasmado en la vida de todas las hermanas, de las que alguna, como la Beata Florida Cevoli, ha sido inscrita también en el libro de los Santos. Su gobierno como Abadesa estuvo marcado por la prudencia espiritual y la practicidad. Ella misma era un ejemplo ideal de virtud y autosacrificio para que sus hijas espirituales la emularan, y también negoció renovaciones estructurales en el Monasterio para mejorar sus condiciones de vida (por ejemplo, instalaron tuberías en la tubería del agua). Su vida mística no le restó valor a sus deberes como Superiora.

               Falleció a consecuencia de un derrame cerebral; había pasado 50 años de vida consagrada, íntimamente unida a Cristo. Fue con Él, y a través de Él, que ella ministró generosamente las necesidades espirituales de la Santa Iglesia a través de la oración y el sacrificio. Su corazón estaba verdaderamente entregado a Jesús, su Amado Esposo.

               Santa Verónica Giuliani fue Canonizada por el Papa Gregorio XVI en 1839. Su cuerpo, que inicialmente fue exhumado  incorrupto , quedó reducido a huesos por una devastadora inundación que inundó Citta-di-Castello, incluido su Monasterio. El cráneo y los huesos que sobrevivieron al daño causado por el agua se incluyeron más tarde en una figura de cera con una máscara inspirada en las características reales de la Santa.