jueves, 9 de abril de 2026

120 ANIVERSARIO de la Aparición de NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO, en Chauchina (Granada)



                    Chauchina es una localidad de la provincia de Granada, en España. En tal punto del sur de la Península Ibérica aconteció, a principios del siglo pasado, una manifestación celestial poco conocida pero de gran alcance espiritual. 

                    Era el 9 de Abril de 1906, Lunes Santo en aquel año, una virtuosa anciana llamada Rosario Granados Martín, apoyada en el respaldo de una silla, por no poder caminar de otra manera, se dirigía muy de mañana a las afueras del poblado para curarse las llagas purulentas que hacía más de tres años padecía en la pierna y cuyo estado nauseabundo movía a compasión a cuantas personas la encontraban. 

                    Abrumada iba la triste anciana, cuando vio que hacia ella venía una dama enlutada, llevando en sus manos un modesto rosario negro, la cual se detuvo a preguntarle qué le sucedía. Le contestó Rosario que estaba casi desesperada, porque ni Dios ni la Virgen se dignaban oírla. Le mandó entonces la Señora que siguiera Sus pasos hacia el cementerio, oído lo cual, la anciana soltó la silla que le servía de sostén y con tanta agilidad lo hizo, que sorprendió a los que la vieron; Rosario siguió a la Señora por la angosta vereda, hasta llegar a un arroyo donde la Señora le dio la mano para ayudarle a pasar, y Rosario alargó la suya para asir la de la Señora; cerca de la escena, un joven campesino, que no veía a la Señora, observando en tal actitud a la anciana creyó que la mujer había perdido el juicio.

                    Una vecina de las últimas casas del pueblo la invitó a descansar y como rehusara hacerlo por ir siguiendo a una Señora de “ojos hermosísimos y cara llena de gracia”, la tomó por ilusa. Llegó por fin al cementerio y la Señora enlutada le dijo con acento de compasión y tristeza “Oremos por los desgraciados del mundo que no temen la Divina Justicia”. 

                    Enseguida y puestas ambas de rodillas en el umbral del cementerio, comenzaron el rezo del Rosario observando la anciana la reverencia y devoción con que la Señora pronunciaba el Nombre de Dios Padre. No había terminado el Rosario, cuando la anciana sintióse adormecida por dulcísimo éxtasis, a cuyo despertar se sintió completamente curada. Corrió presurosa preguntando por la Señora y nadie supo darle razón de Ella. 

                    El pueblo se conmovió a la vista de la prodigiosa curación, la prensa granadina comentó el hecho y Chauchina y los pueblos comarcanos se persuadieron de que la misteriosa enlutada fue la Santísima Virgen, conocida bajo la advocación del Espino, por el arbusto junto al cual se apareció primeramente y de los Dolores, por las negras vestiduras que llevaba la misteriosa aparecida.

                    Una pobre estampa, rodeada de rústicas piedras, fue el primer monumento de gratitud que Rosario ofreció a la Santísima Virgen. A iniciativa del pueblo se hizo una pequeña hornacina en donde se colocó un sencillo cuadro de la Virgen de los Dolores, ante el cual se rezaba constantemente el Rosario y se pedía consuelo a la Madre afligida. Velas y lámparas de aceite permanecían encendidas de día y de noche, dando guardia de honor al cuadrito y mostrando a todos la creencia segura en la presencia de la Madre de Dios. Más tarde se levantó una pequeña Ermita con la limosna de los fieles. Para todos esta tierra estaba consagrada por el contacto de los pies de la Santísima Virgen. Y así, para distinguir el camino por donde anduvo la Señora hasta el cementerio, cortaron frondoso ramaje de los árboles próximos clavando las floridas ramas a uno y otro lado del camino. Sin atreverse a pisar el sagrado camino, llorando de alegría, pasaban de rodillas besando aquella tierra.

                    Un matrimonio costeó la construcción de una capilla, espléndidamente dotada para el culto; y junto a esa capilla ya ampliada porque era incapaz de contener las multitudes, que en fervorosas romerías acuden de muchos pueblos, se levanta la esbelta silueta de un monasterio de Capuchinas, llevado allí por la piedad del Cardenal-Arzobispo Vicente Casanova y Marzol, para que adorando al Santísimo Sacramento y viviendo en perpetua oración y penitencia por los pecados del mundo, cumpliesen los deseos de la Santísima Virgen. En efecto, antes de morir manifestó Rosario a un Padre Capuchino que la Santísima Virgen le había dicho: "En el lugar del espino donde fue la primera Aparición, se edificará una casa de oración y penitencia, un Monasterio de Religiosas Franciscanas que adorarán al Santísimo Sacramento".




LA VIDENTE DE NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO


                    Rosario Granados Martín es una mujer sencilla que nació en Chauchina el 25 de Abril de 1839; el 4 de Abril de 1859 contraerá matrimonio con Manuel de Cantos Romero; muy pronto quedará viuda con 3 hijos: José, Diego y Francisco, a los que procuraba educar cristianamente y daba buenos ejemplos, enseñándoles las oraciones y la práctica de la caridad cristiana. 

                    Rosario ayuda a su nuera Magdalena en los trabajos de la casa y en la crianza de los niños que le van naciendo; atiende a los pobres que pasan, pidiendo un pedazo de pan, así como también a los vecinos que necesitan unas palabras de consuelo, unas muestras de cariño; y mantiene trato amistoso con todas sus vecinas y personas del pueblo que hablan muy bien de ella, como una mujer sencilla, una anciana que pasa desapercibida.

                    Rosario tuvo en su vida una ocasión de ejercitar en grado heroico el mandamiento del Señor de perdonar, y es que unos años antes de la Aparición, uno de sus hijos es asesinado por un hombre en la taberna de Arenas del Rey, pueblo de Granada donde Rosario y sus hijos viven como porteros de un cortijo. El asesino escapando de la justicia se esconde precisamente en casa de Rosario, él dice a Rosario que en una riña ha matado a un hombre y que lo quieren ahora matar a él; Rosario esconde a este hombre y al poco rato llega el otro hijo de Rosario, comunicando la muerte de su hermano y Rosario en lugar de delatar al hombre se lamenta diciéndole una vez que su hijo se ha marchado en su búsqueda: “Ya ves lo que has hecho… pero yo no te denunciaré… te perdono… También la Virgen perdonó a los verdugos de Su Hijo en el Calvario… Anda, y que Dios te acompañe por el mundo…”. Incluso Rosario le da de comer. 

                    No tardó el asesino en ser apresado. Rosario, pensando que él tendría madre, rogaba al Señor que no se viera obligada a testificar contra él ante un tribunal. Y su oración fue atendida: ocho días antes de la fecha señalada para el juicio, falleció el homicida, dando muestras de sincero arrepentimiento. 

                    Rosario murió para este mundo el 24 de Septiembre de 1921, siendo enterrada en el Cementerio de Chauchina, pero 40 años después, sus restos se trasladan a la cripta que, con permiso del Arzobispo de Granada, se le construyó junto al Camarín de la Virgen en la Iglesia conventual. 


EL SECRETO QUE CONFIÓ LA VIRGEN 
A ROSARIO GRANADOS


                    Como en otras apariciones, la Virgen en Chauchina también reveló un Secreto a la vidente. Ángeles Díaz García, amiga de Rosario y vecina también de Chauchina, de edad aproximadamente igual a la de Rosario, nos cuenta que Rosario le confío que había recibido de la Señora enlutada que vio el Lunes Santo del 1906, una confidencia misteriosa que debía guardar en secreto. Más adelante en 1921, Rosario se siente agotada y próxima a morir. Un sobrino de Rosario fue a visitarla en su enfermedad y atendió a su tía en su petición: «Que venga mi confesor, el Padre Francisco de Sevilla - un sacerdote de la Orden de los Capuchinos que residía en Granada- pues tengo que comunicarle una cosa antes de morir». El sobrino se dirigió raudo hacia Granada, para ir al Convento de los padres Capuchinos y buscar al Padre Francisco.

                    Mas no necesitó ir al Convento, ni siquiera detenerse en Granada.  La gran Providencia de Dios dispuso que cuando su tranvía llegaba a la que entonces llamaban Estación de Andaluces, viese que en aquel momento el Padre Francisco de Sevilla acababa de llegar en tren. Le contó el ruego de su tía Rosario, y el caritativo fraile fue a tomar el primer tranvía con dirección a Chauchina; entró en casa de la enferma; la escuchó en Confesión y recibió el Secreto con permiso de darlo a conocer después de que ella falleciera.

                    Aquel Secreto contenía una profecía, un anuncio para el tiempo futuro:

                    "En el lugar del espino donde fue la primera Aparición, se edificará una casa de oración y penitencia, un Monasterio de Religiosas Franciscanas que adorarán al Santísimo Sacramento".




                    Como los deseos del Cielo buscan diversos canales para ser cumplidos, nos encontramos que a menos de 20 kilómetros del lugar de aquella Aparición, en el Monasterio de las Capuchinas de San Antón (Granada capital), era abadesa Sor Trinidad del Inmaculado Corazón de María, devotísima de Jesús Sacramentado; aquella alma se sentía inspirada por Dios a tener en la Iglesia de su Comunidad el Santísimo Sacramento expuesto durante todo el día y adorado por las Religiosas Capuchinas en turnos de una hora. Sus deseos fueron aprobados por el Cardenal Arzobispo de Granada, Monseñor Vicente Casanova y Marzol, sin embargo, no todas las Capuchinas de la Comunidad veían con claridad ese deseo y proyecto de recargar la Regla Capuchina, ya muy austera por sí misma.

                    Es entonces cuando el Padre Francisco de Sevilla, le sugiere a la Madre Abadesa Sor Trinidad, la idea de ir a fundar a Chauchina, ya que la Virgen así lo ha pedido y coincide, la celestial petición con la inspiración de la piadosa monja.

                    El 11 de Abril de 1925, Sábado Santo, el Cardenal de Granada, junto con su Clero, reciben en Chauchina a la Madre Trinidad, que junto con otras 11 monjas, llegan a la localidad para iniciar la vida recoleta de las Capuchinas en la ermita de la Virgen del Espino, convertido desde entonces en Santuario Monasterio.



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