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domingo, 15 de junio de 2014

SERMÓN PARA LA FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, por el Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero, Pbro.


     En el Evangelio escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las 3 Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

    
     La civilización cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la fe en la Trinidad se apaga. En el nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay tres personas verdaderamente distintas:
1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra).
2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre).
3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

     Las tres personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay 3 dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a su naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias). 

     Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

       ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

     Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

     Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro alimento.

     Dios Espíritu Santo, que no es sino el amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

     Este misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo.

     De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:
- nacemos y somos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo;
- vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo;
- morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).


     Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera.

     Veamos un poco:

   1) Creyendo con la mente. En las letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las 3 Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: 3 personas, pero una única naturaleza divina. Debemos creer este misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la fe no contradice la razón, pero la supera). Es el misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

   2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ej., cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando (p. ej., el Rosario). También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en presencia de Dios.

   3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

   4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los 3 enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.


     Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

     Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Euplio. Lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la fe. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

     Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.


El Rvdo. Padre Héctor Lázaro Romero, es Director de la revista digital "INTEGRISMO" 
a la cual pueden acceder desde su enlace, ubicado en el margen izquierdo del blog.

El Padre Romero tiene a bien celebrar ocasionalmente la Santa Misa, 
por las personas e intenciones de nuestros amigos y colaboradores.

Si alguien necesitase aplicar una Santa Misa por un difunto
o por una necesidad grave, pueden escribirnos un correo electrónico a:
traditio@hotmail.com

domingo, 8 de junio de 2014

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

EL DÍA DE PENTECOSTÉS
Reflexión tomada del Catecismo de San Pío X
Texto seleccionado por el Rvdo. Padre Héctor Lázaro Romero



¿Qué misterio honra la Iglesia en la Solemnidad de Pentecostés? 
     En la solemnidad de Pentecostés honra la Iglesia el misterio de la venida del Espíritu Santo.

¿Por qué la fiesta de la venida del Espíritu Santo se llama Pentecostés? 
     La fiesta de la venida del Espíritu Santo se llama Pentecostés, que quiere decir quincuagésimo día, porque la venida del Espíritu Santo acaeció a los cincuenta días de la Resurrección del Señor.

¿No era también Pentecostés una fiesta de la antigua ley? 
     Pentecostés era también una fiesta solemnísima entre los hebreos y era figura de la que celebran los cristianos.

¿A qué fin se instituyó el Pentecostés de los hebreos? 
     El Pentecostés de los hebreos se instituyó en memoria de la ley dada por Dios en el monte Sinaí entre truenos y relámpagos, escrita en dos tablas de piedra, cincuenta días después de la primera Pascua, a saber: después de ser librados del cautiverio del faraón.

¿De qué manera se ha cumplido en el Pentecostés de los cristianos lo que se figuraba en el de los hebreos? 
     Lo que se figuraba en el Pentecostés de los hebreos se ha cumplido en el de los cristianos, por cuanto el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles y los otros discípulos de Jesucristo que estaban reunidos en un mismo lugar con la Santísima Virgen, e imprimió en sus corazones la nueva ley por medio de su divino amor.

¿Qué sucedió en la venida del Espíritu Santo? 
     En la venida del Espíritu Santo oyóse de repente un sonido del cielo, como de viento impetuoso, y aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de los allí congregados.




¿Qué efecto produjo en los Apóstoles la venida del Espíritu Santo? 
     El Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles, los llenó de sabiduría, fortaleza, caridad y de la abundancia de todos sus dones.

¿Qué hay que admirar en los Apóstoles, después que fueron llenos del Espíritu Santo? 
     Los Apóstoles, después que fueron llenos del Espíritu Santo, de ignorantes se trocaron en conocedores de los más profundos misterios y de las Sagradas Escrituras, de tímidos se hicieron esforzados para predicar la fe de Jesucristo, hablaron diversas lenguas y obraron grandes milagros.

¿Cuál fue el primer fruto de la predicación de los Apóstoles después de la venida del Espíritu Santo? 
     El primer fruto de la predicación de los Apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo, fue la conversión de tres mil personas en el sermón que hizo San Pedro el día mismo de Pentecostés, la cual fue seguida de muchísimas otras.

¿Fue enviado el Espíritu Santo a solos los Apóstoles? 
     El Espíritu Santo no fue enviado a solos los Apóstoles, sino también a la Iglesia y a todos los fieles.

¿Qué obra el Espíritu Santo en la Iglesia? 
     El Espíritu Santo vivifica la Iglesia y con perpetua asistencia la gobierna, y de allí le nace la fuerza incontrastable que tiene en las persecuciones, la victoria sobre sus enemigos, la pureza de la doctrina y el espíritu de santidad que mora en ella, en medio de la corrupción del siglo.

¿Cuándo reciben los fieles el Espíritu Santo? 
     Los fieles reciben el Espíritu Santo en todos los sacramentos, especialmente en la Confirmación y en el Orden Sagrado.

¿Qué hemos de hacer en la Fiesta de Pentecostés? 
     En la fiesta de Pentecostés hemos de hacer cuatro cosas: , adorar al Espíritu Santo; , pedirle que venga a nosotros y nos comunique sus dones; , acercarnos dignamente a los santos sacramentos; , dar gracias a nuestro Divino Redentor por habernos enviado al Espíritu Santo según sus promesas, rematando así todos los misterios y la gran obra del establecimiento de la Iglesia.

NOTA IMPORTANTE:

El Rvdo. Padre Héctor Lázaro Romero, ha tenido a bien aceptar nuestra petición
y celebrará ocasionalmente la Santa Misa
por las personas e intenciones de nuestros amigos y colaboradores.

Si alguien necesita oraciones especiales o bien desea aplicar la Santa Misa
por el alma de un difunto en particular, pueden contactarnos en nuestro email

traditio@hotmail.com

domingo, 1 de junio de 2014

SERMÓN PARA EL DOMINGO DE LA OCTAVA DE LA ASCENSIÓN


DOMINGO DE LA OCTAVA DE LA ASCENSIÓN

Por el Rvdo. P. Héctor Lázaro Romero

     La Misa de hoy es como una preparación de la fiesta del próximo Domingo: Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, la fiesta en que celebramos la venida del Espíritu Santo sobre Nuestra Señora y los Apóstoles.

     Un autor espiritual escribió un libro dedicado al Espíritu Santo llamado “El gran desconocido”, y, en efecto, el Espíritu Santo nos resulta aún más misterioso que las otras Personas divinas, y, por lo mismo, muchas veces perdemos de vista la trascendencia que tiene en nuestra vida. Y por eso, perdemos también de vista la trascendencia de Pentecostés.

     El Espíritu Santo aparece ante nosotros como un gran misterio, pues “espíritu” son también las otras dos Personas de la Santísima Trinidad; así como así también son “santas”. La tercera Persona de la Santísima Trinidad no tiene nombre propio.


     Sin embargo, el Espíritu Santo tiene gran trascendencia en nuestra vida espiritual, es Él quien nos guía en el camino de la santificación, a Él deberíamos pedirle las luces que necesitamos para nuestra vida de cristianos. No lo perdamos de vista e invoquémoslo a menudo, especialmente en la novena de la fiesta de Pentecostés.

     Antes del siglo XV, se llamaba a este Domingo, Domingo de la rosa. Celebraba la Misa el Papa y predicaba una homilía en la que anunciaba al pueblo la próxima venida del Espíritu Santo. Mientras hablaba, para expresar sensiblemente el tema que desarrollaba, se hacía caer sobre los fieles una lluvia de rosas para simbolizar la venida del Espíritu Santo. Nosotros no haremos lo mismo, pero esperamos que ustedes se prepararán para la fiesta como aquellos fieles que escuchaban estos sermones.

     Decíamos que la Misa de hoy es como una preparación de esta fiesta, ese es el tema que domina en los textos litúrgicos. El tema es el Espíritu Santo: en la epístola de San Pedro se habla de la actuación del Espíritu Santo en nuestra vida, de la caridad, y en el Evangelio se nos hace la promesa formal del Espíritu Santo. Esas serán las dos partes de este sermón, extendiéndonos un poco más sobre el primer aspecto: la actuación del Espíritu Santo en nuestra vida (la epístola de hoy) y deteniéndonos en algunos puntos destacables del segundo aspecto: la promesa formal del Espíritu Santo (el Evangelio de hoy).

      ¿Cómo actúa el Espíritu Santo en nuestra vida? por la caridad. La epístola nos habla sobre los efectos de la caridad para con el pecador: “teneos continua caridad los unos a los otros, porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados”. La caridad cubre los pecados, la caridad disimula los pecados del prójimo, la caridad disimula nuestros pecados.

     La caridad busca la gloria de Dios. “sed prudentes, velad y orad”. Se nos insiste en la oración. Y se nos insiste en que busquemos también el bien del prójimo, que tengamos caridad, y caridad ardiente, y eso “ante todo”, nos dice el Apóstol. Es decir, hemos de anteponer este precepto a cualquier otro.

     Uno de los motivos que tenemos para practicar la caridad con el prójimo es el que nos da a continuación San Pedro: “porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados” como ya hemos dicho. Es decir que quien ama, quien tiene caridad, disimula los defectos del prójimo, de aquel a quien ama, así como Dios sabe disimular los de la persona caritativa.

     La caridad disimula los defectos del prójimo: porque el amor, la caridad une al que ama con su amado, de manera que quiera para él lo mismo que quiere para sí. Sin embargo, ¡qué empeño ponemos para disculpar nuestros defectos, mientras que los del prójimo parecen imperdonables!

     Tengo que aprender a considerar al prójimo como a mí mismo, y darme cuenta de que yo soy capaz también de cualquier pecado. “No hay pecado cometido por un hombre del que no sea capaz otro hombre si le falta el Creador de los hombres”, dice San Agustín.

     Y San Pablo a los Gálatas enseña: “Hermanos, si alguno fuese hallado en falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, cuidando de ti mismo, no seas también tentado”.

     Sin embargo, ¿cuánto tiempo somos capaces de hablar sin criticar al prójimo? Ciertamente no juzgamos con la misma benignidad que nosotros mismos a nuestro prójimo.
Nuestra caridad disimulará nuestros propios pecados: es tal el interés de Dios porque perdonemos a nuestro prójimo, que al misericordioso Dios le dará su Gracia para que, arrepintiéndose a tiempo, alcance misericordia.


     Recordemos: debemos perdonar si queremos ser perdonados. “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, absolved y seréis absueltos”, dice Nuestro Señor.

     Así debe actuar el Espíritu Santo en nosotros: haciéndonos practicar la caridad, y nosotros debemos dejarnos gobernar por Él.

     En el Evangelio, Nuestro Señor hace la promesa formal de enviar el Espíritu Santo. “Cuando viniere el Consolador que yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí”. Y les aclara que ese Espíritu vendrá para fortalecerlos en la misión a la que destina a sus discípulos: “Y vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os echarán de las sinagogas, y vendrá la hora en que todo el que os matare pensará hacer un servicio a Dios. Y harán esto con vosotros porque no han conocido al Padre ni a Mí. Pero os he dicho esto para que cuando llegue dicha hora os acordéis de que yo os lo dije”. El Espíritu Santo será la fuerza de los discípulos en medio de las persecuciones que sufrirán, las cuales son anunciadas. ¡Y como se ha cumplido, y continúa hoy cumpliéndose, esta profecía de Nuestro Señor! Continuará cumpliéndose, y quizás con persecuciones cada vez más terribles. Sin embargo, la fuerza de Dios estará con los discípulos de Nuestro Señor.

     Que el Espíritu Santo actúe en nuestra vida diaria infundiéndonos la caridad para con el prójimo, y que nos apoyemos siempre en Él y en Su Divina Esposa, la Santísima Virgen, para que nos comunique la fortaleza que necesitamos ante las persecuciones.


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domingo, 25 de mayo de 2014

V DOMINGO DE PASCUA; De la Ascensión del Señor


Reflexión para el V Domingo de Pascua 
tomada del Catecismo Mayor de San Pío X
Texto seleccionado por el Rvdo. Padre Héctor Lázaro Romero


DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

¿Qué se celebra en la fiesta de la ASCENSIÓN? 
     En la fiesta de la Ascensión se celebra el glorioso día en que Jesucristo, a vista de sus discípulos, subió por su propia virtud al Cielo, cuarenta días después de su Resurrección.

¿Por qué subió al Cielo Jesucristo? 
     Jesucristo subió al Cielo: 1°, para tomar posesión del reino eterno que conquistó con su muerte; 2°, para prepararnos el lugar y servirnos de mediador y abogado ante el Padre; 3°, para enviar el Espíritu Santo a sus Apóstoles.

¿Entró solo Jesucristo en el Cielo el día de la Ascensión? 
     El día de la Ascensión, Jesucristo no entró solo en el Cielo, sino que entraron con Él las almas de los antiguos Padres que había sacado del limbo.

¿Cómo está Jesucristo en el Cielo? 
     Jesucristo está en el Cielo sentado a la diestra de Dios Padre, es decir, como Dios es igual al Padre en la gloria, y como hombre está elevado por encima de todos los Ángeles y Santos y hecho Señor de todas las cosas.

¿Qué hemos de hacer para celebrar dignamente la fiesta de la Ascensión? 
     Para celebrar dignamente la fiesta de la Ascensión hemos de hacer
tres cosas: 1ª, adorar a Jesucristo en el Cielo como mediador y abogado nuestro; 2ª, despegar enteramente nuestro corazón de este mundo como de lugar de destierro y aspirar únicamente al Cielo, nuestra verdadera patria; 3ª , determinarnos a imitar a Jesucristo en la humildad, en la mortificación y en los padecimientos, para tener parte en su gloria.

¿Qué han de hacer los fieles el tiempo que corre de la fiesta de la Ascensión a la de Pentecostés? 
     De la fiesta de la Ascensión a Pentecostés, los fieles, a ejemplo de los Apóstoles, han de prepararse a recibir el Espíritu Santo con el retiro, con recogimiento interior y con perseverante y fervorosa oración.

¿Por qué el día de la Ascensión, leído el Evangelio de la Misa solemne, se apaga y después se quita el cirio pascual? 
     El día de la Ascensión, leído el Evangelio de la Misa solemne, se apaga y después se quita el cirio pascual, para representar que Cristo partió dejando a los Apóstoles.


NOTA IMPORTANTE
El Padre Héctor Lázaro Romeroes Director de la revista digital "Integrismo", a la cual pueden acceder desde en enlace de la misma que se encuentra en el lado izquierdo de esta página. El Padre Romero, tiene a bien celebrar el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones de nuestros amigos y colaboradores. Si alguien necesita que la Santa Misa sea aplicada por un difunto o por alguna cuestión grave, pueden hacernos llegar su petición a nuestro correo  traditio@hotmail.com

domingo, 18 de mayo de 2014

IV DOMINGO DE PASCUA; REFLEXIÓN DOMINICAL


Reflexión para el IV Domingo de Pascua 
tomada del Catecismo Mayor de San Pío X
 en preparación a la Fiesta de Pentecostés;
texto seleccionado por el Padre Héctor Lázaro Romero

DE LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO



¿Cuántos y cuáles son los dones del Espíritu Santo? 
     Los dones del Espíritu Santo son siete: 1° Sabiduría, 2° Entendimiento, 3° Consejo, 4° Fortaleza, 5° Ciencia, 6° Piedad, 7° Temor de Dios.

¿Para qué sirven los dones del Espíritu Santo? 
     Los dones del Espíritu Santo sirven para afianzarnos en la Fe, Esperanza y Caridad, y darnos prontitud para actuar las virtudes necesarias a la perfección de la vida cristiana.

¿Qué es el don de la Sabiduría? 
     Sabiduría es un don con el que, alzando el entendimiento de estas cosas terrenas y caducas, contemplamos las eternas, a saber: la eterna Verdad, que es Dios, amándole y deleitándonos en Él, en lo cual consiste todo nuestro bien.

¿Qué es Entendimiento? 
     Entendimiento es un don que facilita la inteligencia de las verdades de la Fe y de los divinos misterios, inasequibles a la luz natural de nuestro entendimiento.

¿Qué es Consejo? 
     Consejo es un don con el que, en las dudas e incertidumbres de la vida humana, conocemos lo que ha de redundar en mayor gloria de Dios y salud nuestra o de nuestro prójimo.

¿Qué es Fortaleza? 
     Fortaleza es un don que nos inspira valor y aliento para guardar fielmente las leyes de Dios y de la Iglesia, y con el que vencemos todos los obstáculos y asaltos de nuestros enemigos.

¿Qué es Ciencia? 
     Ciencia es un don con el que juzgamos rectamente de las cosas criadas, y conocemos la manera de usar bien de ellas y de enderezarlas al último fin, que es Dios.

¿Qué es Piedad? 
     Piedad es un don con el que veneramos y amamos a los Santos y conservamos un corazón piadoso y benévolo para con nuestro prójimo por amor de Dios.

¿Qué es Temor de Dios? 
     Temor de Dios es un don que nos inspira reverencia de Dios y temor de ofenderle, y nos aparta del mal moviéndonos al bien.



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domingo, 11 de mayo de 2014

REFLEXIÓN DOMINICAL. III DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

En este III DOMINGO después de Pascua, cuyo Evangelio nos refiere las palabras de Nuestro Señor a sus Discípulos acerca de un “poquito” en que no lo verán y de otro “poquito” en que lo volverán a ver porque va al Padre, ofrecemos como reflexión  un texto de La Imitación de Cristo que nos dice: Espera un “poquito” y verás cuán presto se pasan los males.
( Padre Héctor Lázaro Romero )
TODAS LAS COSAS PASADAS SE DEBEN PADECER POR LA VIDA ETERNA

Jesucristo:

   1. Hijo, no te quebranten los trabajos que has tomado por Mí, ni te abatan del todo las tribulaciones; mas mi promesa te esfuerce y consuele en todo lo que viniere. Yo basto para galardonarte sobre toda manera y medida. No trabajarás aquí mucho tiempo, ni serás agravado siempre de dolores. Espera un poquito y verás cuán presto se pasan los males. Vendrá una hora cuando cesará todo trabajo e inquietud. Poco y breve es todo lo que pasa con el tiempo.

   2. Atiende a tu negocio, trabaja fielmente en mi viña, que yo seré tu galardón. Escribe, lee, canta, suspira, calla, ora, sufre varonilmente lo adverso; la vida eterna digna es de esta y de otras mayores peleas. Vendrá la paz un día que el Señor sabe, el cual no se compondrá de día y noche como en esta vida temporal, sino de luz perpetua, claridad infinita, paz firme y descanso seguro. No dirás entonces: ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? Ni clamarás: ¡Ay de mí que se ha dilatado mi destierro! Porque la muerte estará destruida, y la salud vendrá sin defecto; ninguna congoja habrá ya, sino bienaventurada alegría, compañía dulce y hermosa.
   3. ¡Oh! ¡Si vieses las coronas eternas de los Santos en el Cielo, y de cuánta gloria gozan ahora los que eran en este mundo despreciados, y tenidos por indignos de vivir! Por cierto luego te humillarías hasta la tierra, y desearías más estar sujeto a todos, que mandar a uno solo. Y no codiciarías los días placenteros de esta vida: sino antes te alegrarías de ser atribulado por Dios, y tendrías por grandísima ganancia ser tenido por nada entre los hombres.
   4. ¡Oh! Si gustases estas cosas, y las rumiases profundamente en tu corazón, ¿cómo te atreverías a quejarte ni una sola vez? ¿No te parece que son de sufrir todas las cosas trabajosas por la vida eterna? No es cosa de poco momento ganar o perder el reino de Dios. Levanta, pues, tu rostro al Cielo: mírame a Mí, y conmigo a todos los Santos, los cuales tuvieron graves combates en este siglo; ahora se regocijan, y están consolados y seguros; ahora descansan en paz, y permanecerán conmigo sin fin en el reino de mi Padre.




DEL DÍA DE LA ETERNIDAD Y DE LAS ANGUSTIAS DE ESTA VIDA

El Alma:

   1. ¡Oh bienaventurada mansión de la ciudad soberana! ¡Oh día clarísimo de la eternidad, que no oscurece la noche, sino que siempre le alumbra la pura verdad, día siempre alegre, siempre seguro, y siempre sin mudanza! ¡Oh, si ya amaneciese este día, y desapareciesen todas estas cosas temporales! Alumbra por cierto a los Santos con una perpetua claridad, mas no así a los que están en esta peregrinación sino de lejos, y como en figura.

   2. Los ciudadanos del Cielo saben cuán alegre sea aquel día; los desterrados hijos de Eva gimen de ver que éste sea tan amargo y lleno de tedio. Los días de este mundo son pocos y malos, llenos de dolores y angustias, donde el hombre se ve manchado con muchos pecados; enredado en muchas pasiones, angustiado de muchos temores, ocupado con muchos cuidados, distraído con muchas curiosidades, complicado en muchas vanidades, envuelto en muchos errores, quebrantado con muchos trabajos; las tentaciones lo acosan, los placeres lo afeminan, la pobreza le atormenta.

   3. ¡Oh, cuándo se acabarán todos estos males! ¡Cuándo me veré libre de la servidumbre de los vicios! ¡Cuándo me acordaré, Señor, de Ti solo! ¡Cuándo me alegraré cumplidamente en Ti! ¡Cuándo estaré sin ningún impedimento en verdadera libertad, y sin ninguna molestia de alma y cuerpo! ¡Cuándo tendré firme paz, paz imperturbable y segura; paz por dentro y por fuera; paz del todo permanente! ¡Oh buen Jesús! ¡Cuándo estaré para verte! ¡Cuándo contemplaré la gloria de tu reino! ¡Cuándo me serás todo en todas las cosas! ¡Cuándo estaré contigo en tu reino, el cual preparaste desde la eternidad para tus escogidos! Me han dejado acá, pobre y desterrado en tierra de enemigos, donde hay continuas peleas y grandes calamidades.

   4. Consuela mi destierro, mitiga mi dolor, porque a Ti suspira todo mi deseo. Todo el placer del mundo es para mí pesada carga. Deseo gozarte íntimamente; mas no puedo conseguirlo. Deseo estar unido con las cosas celestiales; pero me abaten las temporales y las pasiones no mortificadas. Con el espíritu quiero elevarme sobre todas las cosas; pero la carne me violenta a estar debajo de ellas. Así yo, hombre infeliz, peleo conmigo, y me soy enfadoso a mí mismo, viendo que el espíritu busca lo de arriba, y la carne lo de abajo.

   5. ¡Oh Señor, cuanto padezco cuando revuelvo en mi pensamiento las cosas celestiales, y luego se me ofrece un tropel de cosas del mundo! Dios mío, no te alejes de mí, ni te desvíes con ira de tu siervo. Resplandezca un rayo de tu claridad, y destruya estas tinieblas; envía tus saetas, y contúrbense todas las asechanzas del enemigo. Recoge todos mis sentidos en Ti; hazme olvidar todas las cosas mundanas, otórgame desechar y apartar de mí aun las sombras de los vicios. Socórreme, Verdad eterna, para que no me mueva vanidad alguna. Ven, suavidad celestial, y huya de tu presencia toda torpeza.

   6. Perdóname también y mírame con misericordia todas cuantas veces pienso en la oración alguna cosa fuera de Ti. Pues confieso ingenuamente que acostumbro a estar muy distraído. De modo que muchas veces no estoy allí donde se halla mi cuerpo en pie o sentado, sino más bien allá donde me lleva mi pensamiento. Allí estoy donde está mi pensamiento; allí está mi pensamiento a menudo donde está lo que amo. Al punto me ocurre lo que naturalmente deleita o agrada por la costumbre.

   7. Por lo cual, Tú, Verdad eterna, dijiste: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Si amo al Cielo, con gusto pienso en las cosas celestiales. Si amo el mundo, alégrome con sus prosperidades, y me entristezco con sus adversidades. Si amo la carne, muchas veces pienso en las cosas carnales. Si amo el espíritu, recréome en pensar cosas espirituales. Porque de todas las cosas que amo, hablo y oigo con gusto, y lleno conmigo a mi casa las ideas de ellas. Pero bienaventurado aquel por tu amor da repudio a todo lo criado; que hace fuerza a su natural, y crucifica los apetitos carnales con el fervor del espíritu, para que, serena su conciencia, te ofrezca oración pura, y sea digno de estar entre los coros angélicos, desechadas dentro y fuera de sí todas las cosas terrenas.


NOTA IMPORTANTE
El Padre Héctor Lázaro Romeroes Director de la revista digital "Integrismo", a la cual pueden acceder desde en enlace de la mismaque se encuentra en el lado izquierdo de esta página. El Padre Romero, tiene a bien celebrar el Santo Sacrificio de la Misa por las personas e intenciones de nuestros amigos y colaboradores.  Si alguien necesita que la Santa Misa sea aplicada por un difunto o por alguna cuestión grave, pueden hacernos llegar su petición a nuestro correo. traditio@hotmail.com

domingo, 4 de mayo de 2014

DOMINGO DEL BUEN PASTOR, II DE PASCUA


Reflexión  Dominical
tomada del Catecismo de San Pío X

(Seleccionado por Padre Héctor Lázaro Romeroa quien queremos agradecer sus continuos desvelos por nuestra Asociación y a quien nos unimos filialmente en este día grande del sacerdocio)

II Domingo después de Pascua

 Domingo del Buen Pastor
Domingo del sacerdocio

Pío XII, el Último Papa Católico

          ¿Es, pues, grande la dignidad del Sacerdocio cristiano? La dignidad del Sacerdocio cristiano es grandísima, por la doble potestad que le confirió Jesucristo sobre su Cuerpo real y sobre su Cuerpo místico, que es la 
Iglesia, 
y por la 
divina misión que le encomendó de guiar a todos los hombres a la vida eterna.
          ¿Es necesario en la Iglesia el Sacerdocio católico? El Sacerdocio católico es necesario en la Iglesia, porque sin él los fieles se verían privados del Santo sacrificio de la Misa y de la mayor parte de los sacramentos, no habría quien los adoctrinase en la fe y serían como ovejas sin pastor, presas de los lobos; en una palabra, no existiría ya la Iglesia tal como la fundó Jesucristo.

          ¿Luego el Sacerdocio católico no faltará jamás en el mundo? El Sacerdocio católico, no obstante la guerra que mueve contra él el infierno, durará hasta el fin de los siglos, porque Jesucristo ha prometido que las puertas del infierno no prevalecerán jamás contra su Iglesia.

          ¿Es pecado despreciar a los sacerdotes? Es pecado gravísimo, porque el desprecio y las injurias contra los sacerdotes van contra el mismo Jesucristo, que dijo a sus Apóstoles quien a vosotros desprecia, a Mí me desprecia.

          ¿Qué fin ha de tener quien abraza el estado, eclesiástico? Quien abraza el estado eclesiástico ha de tener por único fin la gloria abraza Dios y la salvación de las almas.

           ¿Qué es necesario para entrar en el estado eclesiástico? Para entrar en el estado eclesiástico es necesaria, ante todo, la vocación divina.

          ¿Qué ha de hacerse para conocer si Dios llama al estado eclesiástico? Para conocer si Dios llama al estado eclesiástico hay que hacer lo siguiente: 1°, rogar fervientemente al Señor que manifieste su voluntad; 2°, tomar consejo del propio Obispo, o de un sabio y prudente director; 3°, examinar con diligencia si se tiene la aptitud necesaria para los estudios, ministerios y obligaciones de tal estado.




          ¿Haría mal quien tomase el estado eclesiástico sin vocación divina? Quien tomase el estado eclesiástico sin vocación divina haría un grave mal y se expondría al peligro de perderse.

          ¿Hacen mal los padres que por motivos temporales inducen a sus hijos a abrazar sin vocación el estado eclesiástico? Los padres que por motivos temporales inducen a sus hijos a abrazar sin vocación el estado eclesiástico cometen una culpa gravísima, porque usurpan el derecho que Dios se ha reservado de escoger sus ministros y ponen a sus hijos en peligro de eterna condenación.

          ¿Cuáles son los deberes de los fieles respecto de los llamados a las Órdenes sagradas? Los fieles deben: 1°, dejar a sus hijos y subordinados en plena libertad de seguir la vocación de Dios; 2°, rogar a Dios se digne proveer a su Iglesia de buenos pastores y celosos ministros, para lo cual han sido instituidos los ayunos de las cuatro Témporas; 3°, tener singular respeto a todos los que por las Órdenes están consagrados al servicio de Dios.


NOTA IMPORTANTE

El Padre Héctor Lázaro Romero, es Director de la revista digital "Integrismo", 
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 que se encuentra en el lado izquierdo de esta página.

El Padre Romero, tiene a bien celebrar el Santo Sacrificio de la Misa
 por las personas e intenciones de nuestros amigos y colaboradores. 
Si alguien necesita que la Santa Misa sea aplicada por un difunto
 o por alguna cuestión grave, pueden hacernos llegar su petición a nuestro correo.

traditio@hotmail.com