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viernes, 15 de mayo de 2026

NUESTRO AMOR A LA VERDAD



                La Iglesia es Una porque Dios es Uno, la Doctrina es una, la Verdad es una. Es preciso que Él crezca en los corazones de la gente y que si es a través nuestra ¡bendito sea Dios!, porque eso son méritos que Dios nos va a premiar en el Cielo… 

               La verdad es la misma que Cristo Nuestro Señor enseñó en Su Evangelio, que venía preparando desde el Antiguo Testamento, desde la Creación del Mundo y del Hombre. 

               La Verdad es Una, fue allí la Verdad, es hoy la Verdad y mañana será la Verdad, porque Jesucristo es ayer, hoy y para siempre, y nosotros debemos ser como espejos de esa Verdad, para que cuanta más gente la vea y la adquiera en su corazón, ame a la Verdad y se salve.

               Y la Verdad no es otra que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada, Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro amor a la Verdad entonces se va a traducir por el amor a Jesucristo, a Su Doctrina, a Su Iglesia, a Su Magisterio, la Verdad de siempre, porque ésta no disminuye.

               Un punto importante a considerar es la posición errónea de algunos clérigos y laicos tradicionales. Por un lado, intentan traspasar el cerco teológico, condenando las herejías de la Iglesia Conciliar, y por otro, insisten en que los responsables de difundir estas herejías siguen siendo Católicos y tienen Autoridad en la Iglesia. Mantener tal posición teológica significaría que el Espíritu Santo había fallado en Su Divina Asistencia a la Iglesia porque Cristo prometió a los Apóstoles y a sus sucesores "Y le pediré al Padre, y Él te dará otro Consejero, para que viva contigo para siempre: el Espíritu de Verdad (Evangelio de San Juan, cap. 14, vers. 16) .

               Mantener tal opinión teológica también significa que Cristo sufrió una derrota porque prometió quedarse con Sus Apóstoles y sus sucesores: "Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñándoles a guardar todo lo que Yo les he mandado. Y he aquí, Yo estoy contigo todos los días, hasta el Fin del Mundo. (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19).

               Además, esta posición teológica significa que Cristo nos mintió porque prometió "las puertas del Infierno no vencerán" (Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 18) y también "el que a vosotros escucha (los Apóstoles y sus sucesores), a Mí me escucha" (Evangelio de San Lucas, cap. 10, vers. 16). Es verdaderamente notable para leer las publicaciones de algunos grupos tradicionales donde se pueden encontrar tanto en lenguaje vulgar condenar la Iglesia del Concilio Vaticano II y a la vez, dar garantía de la lealtad y la obediencia a la Jerarquía de esa falsa iglesia. 


Monseñor Marco Antonio Pivarunas
Superior General de la Congregación de María Reina Inmaculada
(CMRI)



domingo, 25 de enero de 2026

LA FE PURA E INMACULADA: MONSEÑOR PILDAIN Y LA LIBERTAD RELIGIOSA



                    Monseñor Antonio Serapio Pildain y Zapiain fue un Obispo combativo y bueno, completamente entregado a su grey. Nació en Lezo, un pequeño pueblo de la provincia vasca de Guipúzcoa, el 13 de Enero de 1890. Ingresó en el Seminario de Andoáin donde estudió Latín y Humanidades, y de ahí pasó al Seminario de Vitoria, donde se instruyó en Filosofía; fue un alumno brillante, obteniendo siempre las mejores calificaciones, lo que le permitió ser becado para proseguir sus estudios en Roma, como alumno del Pontificio Colegio Español, donde ingresó en 1907. Allí estudió Sagrada Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, obteniendo el Doctorado en 1911, con la máxima calificación, por lo que le fue otorgado el premio Internacional al Doctorado.

                    Antonio Pildain fue ordenado Sacerdote el 13 de Septiembre de 1913 y tan sólo cinco años después, conseguía por oposición la canonjía de Lectoral en la Catedral de Vitoria, labor que compaginó con ser profesor del Seminario vitoriano; alcanzó mucha celebridad en toda la diócesis por su elocuencia y oratoria.

                    Aparte de la vocación sacerdotal, Pildain también desempeñó un papel activo en la vida política española de principios de la década de 1930, tanto que, de acuerdo con su Obispo, participó como candidato en las elecciones de 1931 y fue elegido Diputado a las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española por la minoría vasco-navarra, dentro de la coalición católico-fuerista.

                    El 18 de Mayo de 1936 el Papa Pío XI preconizó al canónigo Pildain como Obispo de Canarias; recibió la Consagración Episcopal en la Capilla del Colegio Español de Roma, el 14 de Febrero de 1937, por el entonces Nuncio en España y Arzobispo titular de Lepanto, Monseñor Federico Tedeschini, más tarde Cardenal, y como co-consagrantes Monseñor Bilbao Ugarriza, Obispo de Tortosa y Monseñor De los Santos Díez y Gómera, Obispo de Cartagena. El Papa Pío XI regaló al nuevo Obispo una preciosa cruz pectoral, que éste donaría, a su muerte, al Cabildo Catedral de Canarias. El Obispo Pildain hizo su entrada oficial en la Catedral de Santa Ana el 21 de Marzo de 1937, Domingo de Ramos. Pastorearía Canarias desde entonces hasta 1966, el episcopado más largo que se recuerda en esa diócesis. Le acompañaría en esta nueva etapa su querida hermana Teodora.

                    La enseñanza de Monseñor Pildain fue abundante y particularmente dirigida a resaltar la Doctrina Social de la Iglesia, de la que tenía un profundo conocimiento, para la protección y mejora de las condiciones de vida de los grupos sociales económicamente más desfavorecidos, atraídos por las ilusorias y horrorosas teorías comunistas.  

                    Sobre el Comunismo, antidivino y antirreligioso, escribió en perfecta adhesión a las enseñanzas de los Sumos Pontífices, siguiendo la línea de los Papas Pío XI y Pío XII, en la Carta Pastoral "Sobre el comunismo. Puntos de meditación y examen de conciencia", publicada durante la Cuaresma de 1945, donde planteó a sus lectores el dilema social y político de la época, exhortándolos a ponerse del lado de Jesucristo: "O el Catolicismo pleno, sin concesiones de ningún tipo o el Comunismo revolucionario radical. La elección no puede ser dudosa para ningún Cristiano".

                    Existen muchas razones válidas para recordar la figura de este excelente y poco conocido Prelado. Entre ellas, sin embargo, destaca una que hoy resulta especialmente útil para ilustrar. Se trata de la agonía que el humilde y piadoso corazón de Monseñor Pildain se vio obligado a vivir debido a la aprobación, por el Concilio Vaticano II, de la Declaración "Dignitatis humanae personae" sobre la Libertad Religiosa.


O el Catolicismo pleno, 
sin concesiones de ningún tipo 
o el Comunismo revolucionario radical. 
La elección no puede ser dudosa 
para ningún Cristiano


                    El Obispo de Canarias fue uno de los Padres Conciliares y aunque no hay constancia de que formara parte de ese grupo de Padres que, bajo el nombre de "Coetus Internationalis Patrum", buscaban frenar la ferocidad del neomodernismo, Monseñor Pildain fue uno de los mayores opositores a la Declaración sobre la Libertad Religiosa. Al respecto dice su biógrafo, el Rvdo. Agustín Chil Estévez:

                    "A la minoría que se oponía a la Libertad Religiosa pertenecía Monseñor Pildain, quien trabajó con todas sus fuerzas y argumentos para mostrar lo que era inaceptable en esta Declaración... De todos los temas tratados en el Vaticano II, este (la Libertad Religiosa) debió ser el que más hizo trabajar y sufrir al Obispo de Canarias. Todas las sesiones en las que se trató este tema debieron ser un auténtico Vía Crucis para él". 

                    La aprobación final de la "Dignitatis humanae personae" causó al Obispo Pildain gran pesar y un profundo desconcierto. Este Obispo ejemplar, tan celoso en la práctica de la virtud, se sorprendió de que la Iglesia (de hecho, él creía que Pablo VI era el verdadero Papa y que el Vaticano II era un verdadero Concilio Ecuménico) aceptara y adoptara la doctrina contenida en ése documento.

                    Para representar esta importante y terrible circunstancia en la vida de Monseñor Pildain, recurro al testimonio de Monseñor José María Cirarda de Lachiondo, que en el tiempo del “Concilio” era Obispo auxiliar del Cardenal Bueno Monreal, Arzobispo de Sevilla, pero que conocía a Monseñor Pildain desde su más temprana juventud. He aquí la historia de Monseñor Cirarda de Lachiondo:

                    El 7 de Diciembre de 1965, conduje con el Obispo Pildain desde el Colegio Español hasta la Basílica de San Pedro para la sesión final de trabajo. El día anterior, se habían celebrado varias votaciones sobre varios documentos conciliares. Entre ellos, la declaración "Dignitatis humanae" sobre la Libertad Religiosa. Mientras conducíamos, el Obispo Pildain me dijo, casi textualmente:

                    -Si esta Declaración se aprueba hoy, regresaré a Canarias, subiré al púlpito con mi mitra y báculo, y les diré a mis Fieles: "El Concilio Vaticano II enseña algo diferente de lo que he explicado en diversas Cartas Pastorales sobre la libertad religiosa. No hagan caso de lo que he enseñado. El Concilio tiene razón".

                    Me impresionó la lucha interna que afligía al buen Don Antonio, y respondí: "No diga eso. Debe considerar que una curva es cóncava o convexa según el punto de vista desde el que se mire. En sus escritos, hablaba del derecho a la verdad. El Concilio, sin embargo, ha cambiado de perspectiva y habla del derecho de cada uno a actuar según su propia conciencia".

                    -No- respondió con firmeza. -No quiero escandalizarte. Pero si el Concilio aprueba el texto tal como está hoy, significa que defiende lo contrario de lo que enseñé. No lo entiendo.

                    Ante la pregunta, me atreví a hacerle una pregunta: "¿Por qué vuelve a usar el condicional "si el Concilio aprueba esta Declaración?". Sin duda, será aprobada hoy. Ayer, en la sesión a la que no asistió el Papa, solo recibió unos cien votos en contra. Hoy será aún menos contradicha. ¿Por qué sigue hablando en condicional "si se aprueba la Declaración…?".

                    Su respuesta me dejó casi petrificado. Hablo en condicional -me dijo-, porque ayer presenté un texto al Secretariado del Concilio, que empezaba: "Utinam ruat cupulla Sancti Petri super nos antequam approbemus Declarationem De Libertate Religiosa…" (Ojalá se derrumbe la cúpula de San Pedro sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración de la Libertad Religiosa…). Son las ocho y media de la mañana y aún puede pasar cualquier cosa. Hizo una pausa y añadió: —Don José María: No quiero escandalizarle. Tenga la seguridad de que si se aprueba la Declaración, volveré a Canarias, subiré al púlpito y, como le dije antes, le diré a mi pueblo: el Concilio enseñó una doctrina diferente a la que yo enseñé sobre la Libertad Religiosa. Me equivoqué. No hagan caso de lo que enseñé. El Concilio tiene razón.



Blasón Episcopal de Monseñor Pildain

                    La Declaración fue aprobada y Don Antonio cumplió su promesa... Murió sin comprender la doctrina conciliar sobre la Libertad Religiosa. Pero pidió a los Fieles que escucharan el Vaticano II y no lo que decían sus cartas pastorales anteriores . 

                    El mismo Monseñor Cirarda, en otro lugar, especifica que en la misma ocasión Monseñor Pildain le dijo: "Estoy convencido de que la Declaración sobre la Libertad Religiosa es un grave error. "¿Por qué?", ​​le pregunté. "Porque la Iglesia siempre ha enseñado lo contrario", sentenció Monseñor Pildain.

                    Las palabras dirigidas por el Obispo de Canarias a la Secretaría General del Concilio ("Que la cúpula de San Pedro se derrumbe sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración sobre la Libertad Religiosa...") son escalofriantes. Es una imagen que capta la dimensión precisa de lo que sucedía en el mundo durante los días de la aprobación de la "Dignitatis Humanae" y la promulgación del desafortunado concilio conocido como Vaticano II. La Iglesia no cesó, pero la vacancia de la Sede de Pedro, que ha perdurado desde entonces, se convirtió en una certeza.

                    Sin duda, el Obispo Pildain se equivocó al pensar que una doctrina contraria a la que siempre ha enseñado la Iglesia podía provenir de la propia Iglesia, con todo lo que ello implica en cuanto al reconocimiento de una autoridad pontificia a Pablo VI que ciertamente no poseía. Sin embargo, por otro lado, nunca adoptó posturas lefebvristas destinadas a comprometer la Doctrina Católica sobre la Infalibilidad de la Iglesia y del Papa.

                    La evidencia de su buena fe, unida a la franqueza de su firme negativa a admitir la continuidad de la nueva enseñanza sobre la Libertad Religiosa, promulgada por el Vaticano II, con lo que la Iglesia siempre había propuesto a los Fieles, es conmovedora y digna de reflexión, especialmente para quienes persisten, incluso hoy, en el desesperado intento de cuadrar el círculo. Es decir, creer, o intentar hacer creer, que la doctrina contenida en la Declaración Conciliar sobre la Libertad Religiosa concuerda con la Doctrina tradicional sobre la misma materia.

                    Nadie habría podido borrar de la mente del Obispo Pildain la conciencia de esa contradicción. Sin duda, su dolorosa experiencia nos entristece y nos anima a la vez, pues refuerza -si es que hacía falta- la certeza de que el Vaticano II, al proponer su doctrina sobre la Libertad Religiosa, se aparta de la Doctrina de la Iglesia, contradiciéndola irremediablemente.

                    A la decisión que todo Católico está llamado a tomar hoy ante las "novedades del Concilio" y la "era postconciliar", se podría aplicar la misma exhortación que el Obispo de Canarias dirigió a sus Fieles para alejarlos lo más posible del comunismo: o el Catolicismo pleno, sin concesiones, o las doctrinas mortíferas de los "Papas" Montini, Wojtyla, Ratzinger, Bergoglio, Prevost... No hay lugar a dudas.




domingo, 31 de agosto de 2025

LA FE PURA E INMACULADA: ¿TODAS LAS RELIGIONES SON UN CAMINO PARA LLEGAR A DIOS?

 


                    "No aceptamos ninguna fe nueva de las que otros nos prescriben, ni tenemos la osadía de transmitir como doctrina los productos de nuestras propias reflexiones, no sea que transformemos las palabras de la Religión en palabras meramente humanas. Aquello que los Santos Padres nos enseñaron a nosotros, lo anunciamos a aquellos que nos interrogan".


San Basilio Magno, Padre y Doctor de la Iglesia, Epístola 140 (A la iglesia de Antioquía).


                    ...la libertad religiosa es perniciosa por aquellos mismos a quienes se entrega; de hecho, la libertad religiosa no es otra cosa que la libertad de equivocarse, de equivocarse en un asunto tan peligroso como cualquier otro; de hecho la Verdadera Fe es una sola y por tanto la libertad de alejarse de esta única Fe es la libertad de caer en el abismo de los errores. Por tanto, así como no es saludable dejar a las ovejas la libertad de vagar por las montañas, ni es saludable liberar un barco sin timonel, ni dejarlo navegar libre con cualquier viento; de la misma manera, de manera igualmente saludable, no se concede la libertad de religión a los pueblos, después de que se hayan unido a la única Fe Verdadera.


San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia


                    Por tanto, así como a nadie le está permitido descuidar sus deberes para con Dios – y el más importante de ellos es profesar la Religión en pensamientos y obras, y no lo que cada uno prefiere, sino lo que Dios ha mandado y que mediante signos ciertos e indudable ha establecido como el único verdadero - de la misma manera las sociedades no pueden, sin sacrilegio, comportarse como si Dios no existiera, o ignorar la Religión como si fuera una práctica extraña e inútil, o acoger con indiferencia a cualquiera que conozcan, como entre muchos; sino al contrario, al honrar a Dios, deben adoptar aquella forma y aquellos ritos con los que Dios mismo demostró que quería ser honrado.


León XIII, Encíclica "Inmortale Dei" , 1885


                    "Por tanto, siendo necesaria la profesión de una sola Religión en el Estado, es necesario practicar la única verdadera, que no es difícil de reconocer, especialmente en los países católicos, por las notas de verdad que aparecen en él sellados. En consecuencia, los gobernantes deben preservarla, protegerla, si quieren proporcionar prudencia y beneficio, como deben, a la comunidad de ciudadanos".


León XIII en "Libertas Praestantissimus"


                    "... Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la Divinidad de Su Persona o misión. […] Tales empresas no pueden ser aprobadas por los Católicos de ninguna manera, ya que se basan sobre la teoría errónea según la cual todas las religiones son todas más o menos buenas, en el sentido de que todas, aunque de maneras diferentes, manifiestan y significan el sentimiento natural e innato que nos conduce a Dios y nos lleva a reconocer con respeto su poder. La verdad es que los partidarios de esa teoría se extravían en pleno error, pero además, pervirtiendo la noción de la Verdadera Religión, la repudian […] La conclusión es clara: solidarizarse con los partidarios y los propagadores de tales doctrinas es alejarse completamente de la Religión divinamente revelada."


Papa Pío XI, Encíclica "Mortalium Animos" n. 2 y 3, 6 de Enero de 1928




                    Vivimos en tiempos que nunca se han visto en la Historia de la Iglesia Católica. Desde la apertura del Concilio Vaticano II (1962-1965), se ha introducido en la Iglesia una nueva enseñanza que ya había sido condenada por los Papas anteriores. El falso ecumenismo de la "Jerarquía" de la llamada "Iglesia Católica", modernista con herejes, cismáticos, budistas, hindúes y muchos otros líderes de las falsas religiones del mundo, se ha convertido en un fenómeno que ya es más que común. Estos eventos son completamente contrarios a las Enseñanzas de Cristo y Su Iglesia.

Catecismo Mayor del Papa San Pío X, 
Capítulo X, del noveno artículo del Credo, 
de los que están fuera de la Iglesia


                    225. ¿Quiénes son los que no pertenecen a la Comunión de los Santos?: No pertenecen a la Comunión de los Santos en la otra vida los condenados, y en ésta, los que están fuera de la Verdadera Iglesia.

                    226. ¿Quiénes están fuera de la Verdadera Iglesia?: Están fuera de la verdadera Iglesia los infieles, los judíos, los herejes, los apóstatas, los cismáticos y los excomulgados.

                    227. ¿Quiénes son los infieles?: Infieles son los que no tienen el Bautismo ni creen en Jesucristo, o porque creen y adoran falsas divinidades, como los idólatras, o porque no creen en Cristo Mesías, ni como venido ya en la persona de Jesucristo ni como que ha de venir, tales son los mahometanos y otros semejantes.

                    228. ¿Quiénes son los judíos?: Judíos son los que profesan la Ley de Moisés, no han recibido el Bautismo y no creen en Jesucristo.

                    229. ¿Quiénes son los herejes?: Herejes son los bautizados que rehúsan con pertinacia creer alguna verdad revelada por Dios y enseñada como de Fe por la Iglesia Católica; por ejemplo los arrianos, los nestorianos y las varias sectas de los protestantes.

                    230. ¿Quiénes son los apóstatas?: Apóstatas son los que abjuran, esto es, niegan con acto externo la Fe Católica que antes profesaban.

                    231. ¿Quiénes son los cismáticos?: Cismáticos son los cristianos que, sin negar explícitamente ningún Dogma, se separan voluntariamente de la Iglesia de Jesucristo, esto es, de sus legítimos Pastores.

                    232. ¿Quiénes son los excomulgados?: Los excomulgados son aquellos que por faltas gravísimas son castigados por el Papa o por el Obispo con la pena de excomunión, en cuya virtud son, como indignos, separados del cuerpo de la Iglesia, que espera y desea su conversión.

                    233. ¿Débese temer la excomunión?: La excomunión debe temerse grandemente, porque es la pena más grave y más terrible que puede imponer la Iglesia a sus hijos rebeldes y obstinados.

                    234. ¿De qué bienes quedan privados los excomulgados?: Los excomulgados quedan privados de las oraciones públicas, de los Sacramentos, de las indulgencias y, después de sentencia condenatoria o declaratoria, también de sepultura eclesiástica.

                    235. ¿Podemos ayudar en alguna manera a los excomulgados?: Podemos ayudar en alguna manera a los excomulgados y a todos los que están fuera de la Iglesia con saludables avisos, con oraciones y buenas obras, suplicando al Señor que por Su Misericordia les otorgue la gracia de convertirse a la Fe y entrar en la Comunión de los Santos.



martes, 8 de agosto de 2023

LA RUINA MORAL DEL BAILE, según San Juan María Vianney



Ministros de la "Iglesia del Vaticano II"; no conformes con vestir 
inmodestamente animan a los jóvenes a bailar ritmos sensuales

               La pequeña aldea francesa de Ars era el lugar predilecto de los jóvenes bailarines de las inmediaciones. Todo era pretexto para un baile. Para acabar con ellos, el Santo Cura de Ars trabó 25 años de reñido combate.

               Explicaba que no basta evitar el pecado, sino que se debe huir también de las ocasiones. Por eso, envolvía en el mismo anatema el pecado y la ocasión de pecado. Atacaba así al mismo tiempo el baile y la pasión impura por ella alimentada: “No hay un solo Mandamiento de la Ley de Dios que el baile no haga quebrantar… […] ¡Dios mío!, ¿es posible que estén en esto tan cegados, que lleguen a creer que no hay peligro en el baile, siendo así que es la maroma con que el Demonio arrastra más almas al Infierno? El Demonio da vueltas alrededor de un baile, como un muro rodea un jardín… Las personas que entran en un baile dejan a su Ángel de la guarda en la puerta, y el Demonio lo sustituye; así resulta que en la sala hay tantos demonios como danzantes”.



Religiosa de "la Iglesia Conciliar" moviendo el cuerpo al ritmo
de la música indecorosa que amenizó la JMJ de Portugal

               El Santo era inexorable no sólo con quien bailase, sino también con los que fuesen solamente a “presenciar” el baile, pues la sensualidad también entra por los ojos. Les negaba también la absolución, a menos que prometiesen nunca más hacerlo. Al reformar la iglesia, erigió un altar en honra de San Juan Batista, y en su arcada mandó esculpir la frase: ¡Su cabeza fue el precio de una danza! Se debe resaltar que los bailes de la época, en comparación con los de hoy —sobre todo por los saltos frenéticos e inmorales de los nuevos bailes modernos— eran como que inocentes. Pero era el comienzo del proceso que desembocó en los bailes actuales.

               La victoria del Padre Vianney en este campo fue total. Los bailes desaparecieron de Ars. Y no sólo los bailes, sino hasta algunas diversiones inofensivas que él juzgaba indignas de buenos Católicos.

               Junto a ellos combatió también las modas que juzgaba indecentes en la época (y que, cerca del casi nudismo actual, ¡podrían ser consideradas recatadas!). La joven, -decía- con sus atavíos rebuscados e indecentes, pronto dará a entender que es instrumento del Infierno para perder a las almas. Sólo en el tribunal de Dios conocerá [el número de] los pecados de que habrá sido causa”. En la iglesia jamás toleró los escotes o los brazos desnudos.

               Un Sacerdote santo vuelve piadosos a sus feligreses. Así, apenas tres años y medio después de su llegada, el Santo Cura ya podía escribir: “Me encuentro en una parroquia muy religiosa, que sirve a Dios de todo corazón”. En 1827 (seis años después), exclamaba entusiasmado desde el púlpito: “Hermanos míos, Ars ya no es Ars. He confesado en jubileos y en misiones, pero no he encontrado nada que se asemeje a lo de aquí”.



Los Dominicos, también llamados Frailes Predicadores, otrora formaban
la flor y nata de la Iglesia, hoy son vulgares "influencers" que se contonean
en busca de seguidores; impropio de un auténtico religioso.

               Es que, al mismo tiempo en que reprimía los abusos, sembraba también la buena semilla. Y él aspiraba, para sus feligreses, el ideal de perfección del cual los creía capaces. Les recomendaba que rezaran antes y después de las comidas, recitasen el Angelus tres veces al día donde sea que estuviesen; y que, al levantarse y acostarse, recitaran la oración de la mañana y la de la noche. Ésta pasó a ser hecha también en común en la iglesia al toque de la campana. Los que quedaban en casa se arrodillaban delante de algún cuadro o imagen religiosa para hacer sus oraciones.

               Con el tiempo se pasó a decir que en Ars el respeto humano fue invertido: se tenía vergüenza de no hacer el bien y de no practicar la religión. ¡Lo que es un auge de victoria de la Iglesia!. Ars se convirtió también en un centro de piedad y religiosidad.


Plinio María Solimeo

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jueves, 29 de junio de 2023

LA INFABILIDAD DE LA IGLESIA en tiempos de Apostasía


               Sería muy apropiado para nosotros reflexionar sobre la Única y Verdadera Iglesia de Jesucristo, la Iglesia con la que Cristo ha prometido estar todos los días, hasta el fin del mundo, la Iglesia que tiene la Presencia del Espíritu de la Verdad, la Iglesia Católica. Cuán importante es para nosotros comprender claramente la naturaleza de la Iglesia Católica, especialmente en nuestro tiempo, cuando la mayor parte de la humanidad, "odiando la sana doctrina pero ganándose oídos halagadores, acumula enseñanzas de acuerdo con sus propias concupiscencias y deseos" (II Carta a Timoteo, cap. 4, vers. 3). Cuán importante es comprender la naturaleza de la Iglesia en tiempos de tanta agitación, cuando muchos se llaman a sí mismos Católicos sin serlo realmente.




               Antes de abordar el atributo de Infalibilidad, debemos comprender qué es un atributo. Un atributo o propiedad es lo que es inherente y fluye de la naturaleza misma de una cosa. Un ejemplo perfecto de esto es el agua. El agua tiene una propiedad como la humedad. La humedad es inherente a la naturaleza misma del agua; la humedad no se puede separar del agua. Hay tres atributos o cualidades en la Iglesia Católica: infalibilidad, indestructibilidad y autoridad. Están inscritos en la naturaleza misma de la Iglesia Católica y no pueden separarse de ella.

               El atributo de Infalibilidad del Magisterio de la Iglesia significa su incapacidad para equivocarse al instruir a la Iglesia Universal en materia de Fe y Moral. Como enseñó el Concilio Vaticano I: "Entonces, por la Fe Divina y Católica (Fide Divina et Catholica) , todo lo que está contenido en la Palabra de Dios, escrita o transmitida por la Tradición, debe ser creído y puesto en Fe por la Iglesia como revelado por Dios, ya sea en un solemne declaración o en una enseñanza ordinaria y universal".

               Los poseedores de la infalibilidad son:

     a) el Papa (el Papa es infalible cuando habla ex Cathedra, o sea, en declaración solemne desde la Cátedra de San Pedro),

     b) todo el Episcopado (todos los Obispos son infalibles cuando, reunidos en Concilio o diseminados por todo el mundo, proponen alguna Doctrina de Fe o Moral como obligatoria para todos los fieles).

               Muchos están familiarizados con el concepto de Infalibilidad en los pronunciamientos papales ex Cátedra, así como en los Decretos de los Concilios, pero no están acostumbrados al concepto de Infalibilidad en el "Magisterio Universal Ordinario de la Iglesia".

               ¿Qué es el Magisterio Universal Ordinario?

               Se puede encontrar una respuesta clara y concisa en el libro Los fundamentos del Dogma Católico del Doctor Ludwig Otto: "Los Obispos ejercen su autoridad docente infalible de manera ordinaria cuando en sus diócesis, en comunión moral con el Papa, proclaman unánimemente la misma Doctrina sobre la Fe y la Moral, que debe profesarse firmemente con la "Fe Divina y Católica " (Denzinger, Enchiridion symbolorum, 1792). Pero quienes ejercen el Magisterio Ordinario y Universal de la Iglesia son los miembros de todo el Episcopado esparcido por la tierra. La doctrina de los Obispos puede determinarse sobre la base de sus catecismos, cartas pastorales, libros de oraciones aprobados por ellos y resoluciones de sínodos particulares. Un consentimiento moral general es suficiente, pero el consentimiento expreso o tácito del Papa como cabeza suprema del Episcopado es indispensable".

               El objeto de la Infalibilidad de la Iglesia es doble:

     a) El objeto principal de la Infalibilidad de la Iglesia son las Verdades reveladas formalmente de la Doctrina Cristiana sobre la Fe y la Moral.

     b) Un objeto secundario de la Infalibilidad de la Iglesia son las Verdades de la Doctrina Cristiana de la Fe y la Moral que no han sido reveladas formalmente pero que están estrechamente relacionadas con la Doctrina de la Revelación.

               El objeto secundario de la Infalibilidad incluye:

     1) conclusiones teológicas;

     2) hechos dogmáticos;

     3) principios generales de la disciplina de la Iglesia;

     4) aprobación de pedidos;

     5) canonización de Santos.

               ¿Por qué exactamente estas áreas deben ser objeto de la Infalibilidad de la Iglesia?

               Se puede encontrar una excelente explicación en el libro "La Iglesia de Cristo", de Monseñor G. Van Noort, STD:

EL CARISMA DE LA INFABILIDAD

               "El carisma de la Infalibilidad ha sido dado a la Iglesia para que guarde con devoción y explique con seguridad el Depósito de la Revelación Cristiana, y así sea Maestra de la Verdad Cristiana y del modo de vida cristiano a lo largo de los siglos".

               "De las promesas de Cristo se desprende que el Magisterio, el Magisterio de la Iglesia, ha sido dotado de Infalibilidad para poder cumplir debidamente su misión, es decir, guardar con reverencia, explicar con confianza y defender eficazmente el Depósito de la Fe."

               "La seguridad del Depósito de la Fe requiere la repulsión efectiva o la eliminación de todos los errores que puedan oponerse, aunque sea indirectamente. Sería simplemente imposible sin la Infalibilidad en los asuntos antes mencionados".

               En este punto, sería útil concentrarnos en dilucidar más el objeto secundario de la Infalibilidad en el campo de los principios generales de la Disciplina de la Iglesia. Nuevamente, citaré a Van Noort: "La infalibilidad de la Iglesia se extiende a la Disciplina general de la Iglesia. Esta tesis es teológicamente cierta. Por el término "Disciplina general de la Iglesia "se entienden las ordenanzas eclesiásticas que han sido emitidas para la Iglesia Universal con el propósito de guiar a los Cristianos".

                "La imposición de órdenes no pertenece directamente al oficio de la enseñanza, sino al oficio de gobierno; las leyes disciplinarias están sujetas a la Infalibilidad solo indirectamente, es decir, solo en virtud de la decisión doctrinal contenida en ellas. Cuando los gobernantes de la Iglesia sancionan una ley, hay que hacer un doble juicio implícito: 1) "Esta ley se ajusta a la enseñanza de la Iglesia sobre la Fe y la Moral", es decir, no impone nada contrario a la Fe y la Moral sana. Esto equivale a un decreto doctrinal ".

               "La Iglesia fue dotada de Infalibilidad para que pudiera guardar todas las Enseñanzas de Cristo y ser una Maestra confiable del estilo de Vida Cristiano para todas las personas. Pero si la Iglesia pudiera cometer el error en la forma en que se le acusa de establecer la disciplina general, ella ya no sería ni una fiel guardiana de la Doctrina revelada ni una Maestra confiable del modo de Vida Cristiano. Serían leyes que corrompería la práctica de la vida religiosa; quien estigmatizó como "al menos errónea" la hipótesis de que "la Iglesia podría establecer una disciplina que sería peligrosa, nociva y favorecería la superstición y el materialismo".



               "El axioma bien conocido, Lex orandi est lex credendi (La ley de la oración es la ley de la fe) es una aplicación específica de la Doctrina de la Infalibilidad de la Iglesia en asuntos disciplinarios. Este axioma establece en efecto que las fórmulas de oración aprobadas para uso público en la Iglesia universal no deben contener errores contra la Fe o la Moral ".

¿CAMBIÓ DE OPINIÓN EL ESPÍRITU SANTO?

               La razón de esta voluminosa explicación del rasgo eclesiástico de la Infalibilidad es el argumento más fuerte contra la "Iglesia Conciliar del Vaticano II".

               Porque, ¿cómo pudo la Iglesia Católica enseñar fiel, consistente e infaliblemente la misma Fe durante casi dos mil años y luego, durante el "Concilio Vaticano II", proponer repentinamente falsas doctrinas previamente condenadas por Papas y Concilios anteriores (por ejemplo, el ecumenismo y la libertad religiosa)?, ¿cómo podría la Iglesia Católica renovar continuamente el Sacrificio incruento del Calvario en la Santa Misa y luego reemplazarlo repentinamente con un "memorial luterano de la Última Cena"?, ¿cómo pudo la Iglesia Católica, en su legislación, prohibir tan enérgicamente la interconfesión y la intercomunión como favoreciendo el indiferentismo religioso, y luego derogar repentinamente estas leyes y permitir tales empresas?

               ¿Debemos suponer que el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad, repentinamente "cambió de opinión" y permitió la existencia de contradicciones en materia de Fe, la Misa y las Leyes Universales de la Iglesia?. ¿Debemos suponer que Cristo dejó repentinamente a Su Iglesia y le permitió caer en el error y la herejía?

               Sin embargo, es la cuestión de la Infalibilidad en primer lugar lo que divide a quienes se llaman a sí mismos "Católicos tradicionales". Algunos de ellos rechazan los errores del falso ecumenismo y la libertad religiosa del "Concilio Vaticano II", el nuevo memorial protestante de la Última Cena -el Novus Ordo Missae- y las herejías del Nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado por Juan Pablo II en 1983, pero insisten en que los autores de estos errores son todavía representantes de Cristo aquí en la tierra. De hecho, dicen que el Magisterio viviente de la Iglesia se ha descarriado y ha engañado a la mayoría de los Católicos y sigue engañando. Tal conclusión no es más que una negación de la Infalibilidad de la Iglesia, una blasfemia.

               No cabe duda de que la "Iglesia Conciliar" se ha descarriado. No sólo en 1965 al final del "Concilio Vaticano II", sino también durante los últimos años, en su presunto Magisterio Universal Ordinario. Para decirlo aún más claramente, ¡esta Iglesia Conciliar no es la Iglesia Católica!

               Como enseñó el Papa León XIII en su Encíclica "Satis cognitum":

               "Si el Magisterio viviente fuera de alguna manera falso, habría una contradicción obvia, porque entonces Dios sería el autor del error".

               Y también el Concilio Vaticano I (1870) en la Constitución Dogmática "Pastor Aeternus" confirmó la enseñanza del Cuarto Concilio de Constantinopla: "El curso de la Historia ha probado sus Verdades, porque en la Santa Sede la Religión Católica siempre ha permanecido intacta y sus Enseñanzas Santas".

               Y nuevamente, en la misma Constitución Dogmática: "De hecho, es esta Enseñanza Apostólica la que todos los Padres aceptaron, y los Santos Doctores ortodoxos adoraron y profesaron. Ellos eran plenamente conscientes de que esta Sede de San Pedro siempre está libre de cualquier error... ". 

HAY DOS IGLESIAS

               Aquellos que todavía "se sienten en la oscuridad", con un pie en el "movimiento tradicional" y el otro en la Iglesia Conciliar, se enfrentan a la realidad: hoy hay dos Iglesias diferentes, la Iglesia Católica y la Iglesia Conciliar. Hay una Iglesia Católica que tiene el atributo de Infalibilidad y hay una Iglesia Conciliar que carece de él por ser apóstata de las Verdades Eternas.

               Invoquemos al Espíritu Santo y Su Don de Entendimiento para guiarnos en estos tiempos predichos por San Pablo en la Segunda Carta a los Tesalonicenses: "Nadie os engañe de ninguna manera: porque el día del Señor no vendrá a menos que primero venga la Apostasía y el hombre de pecado no sea revelado...para que se siente en el Templo de Dios, mostrándose como si él fuese Dios ".


Monseñor Marco Antonio Pivarunas
Superior General de la Congregación de María Reina Inmaculada
(CMRI)




domingo, 7 de mayo de 2023

LA FE PURA E INMACULADA: LA NUEVA MISA EXTINGUE LA FE CATÓLICA. Parte I

 

               "La intención del papa Pablo VI en relación a lo que comúnmente se llama nueva Misa, fue reformar la Liturgia Católica de tal manera que casi coincidiera con la liturgia protestante. Esto era con una intención ecuménica de Pablo VI de eliminar, o, al menos corregir, o, al menos mitigar, en la Misa, lo que era demasiado católico en el sentido tradicional y, repito, hacer que la Misa Católica se acercase más a la misa calvinista". Jean Guitton. (1)




               "El Novus Ordo Missæ, tanto por las omisiones y cambios que introduce en el Ordinario de la Misa, como por muchas de sus normas generales que indican el concepto y la naturaleza del nuevo Misal, no expresa, en sus puntos esenciales, como debería, la Teología del Santo Sacrificio Eucarístico, establecida por el Sacrosanto Concilio de Trento en su Sesión XXII. Es este un hecho que la simple catequesis no consigue contrarrestar. 

               Los cambios que han precedido y preparado el Novus Ordo Missæ no han contribuido a aumentar la Fe y la Piedad de los Fieles. Al contrario, nos han dejado llenos de aprensión, una aprensión que aumentó por el Novus Ordo, por cuanto este favoreció la idea de que no hay nada inmutable en la Santa Iglesia, ni siquiera el Santo Sacrificio de la Misa.

               Además, el Novus Ordo no sólo no inspira fervor, sino que extingue la Fe en las Verdades centrales de la Vida Católica, como la Presencia Real de Jesús en la Santísima Eucaristía, la realidad del Sacrificio propiciatorio, o el Sacerdocio Jerárquico". Monseñor de Castro Mayer, Obispo de Campos, 12 de Septiembre de 1969.

               Cuando Pablo VI decretó el cambio de la Misa Católica, sólo el 17% de las oraciones de la Misa Tradicional se mantuvieron intactas en la Nueva Misa. Con el nuevo misal, fueron abolidas específicamente las oraciones tradicionales que describen los siguientes conceptos: la depravación del pecado; los lazos de la maldad; la grave ofensa del pecado; el camino a la perdición; el terror ante la furia del Rostro de Dios; la indignación de Dios; los golpes de Su Ira; la carga del mal; las tentaciones; los malos pensamientos; los peligros para el alma; los enemigos del alma y del cuerpo. 

               También se eliminaron las oraciones que describen: la hora de la muerte; la pérdida del Cielo; la muerte eterna; el castigo eterno; las penas y el fuego del Infierno. Se hizo especial énfasis en suprimir en la Nueva Misa las oraciones que describen el desapego del mundo; las oraciones por los Difuntos; la Verdadera Fe y la existencia de la herejía; las referencias a la Iglesia Militante, los méritos de los Santos, los milagros y el Infierno. 

               Con la excepción de una única genuflexión del celebrante después de la Consagración, prácticamente todas las demostraciones de respeto por el Cuerpo y la Sangre de Cristo que caracterizaban la Misa Tradicional, o han sido suprimidas, o hechas opcionales en la Nueva Misa.

               Cuando los Protestantes en Inglaterra se separaron de la Iglesia Católica en el siglo XVI, ellos cambiaron la Misa para reflejar sus creencias heréticas. Los altares fueron reemplazados por mesas. El latín fue sustituido por la lengua  vernácula. Las imágenes e iconos fueron retirados de las iglesias. El Último Evangelio y el Confiteor fueron suprimidos. La “Comunión” se distribuía en la mano. La Misa la decían en voz alta y de frente a la congregación. La música tradicional fue descartada y reemplazada por música nueva. Tres cuartas partes del clero de Inglaterra se fueron con el nuevo servicio. 




               Con el fin de enfatizar su creencia herética de que la misa no es un sacrificio, sino sólo una cena, los protestantes eliminaron el altar y pusieron una mesa en su lugar. En la Inglaterra protestante, por ejemplo, “el 23 de noviembre de 1550 el Concilio Secreto ordenó que fueran destruidos todos los altares en Inglaterra y reemplazados por mesas de comunión”. Esto también es lo que precisamente ocurrió en 1969, cuando Pablo VI promulgó la Nueva Misa, el Novus Ordo Missae.


DOCTRINA TRADICIONAL SOBRE
EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA


               "El mismo Dios, pues, y Señor Nuestro, aunque se había de ofrecer a Sí mismo a Dios Padre, una vez, por medio de la muerte en el Ara de la Cruz, para obrar desde ella la Redención Eterna; con todo, como Su Sacerdocio no había de acabarse con Su Muerte; para dejar en la Última Cena de la noche misma en que era entregado, a Su amada Esposa la Iglesia un sacrificio visible, según requiere la condición de los hombres, en el que se representase el Sacrificio cruento que por una vez se había de hacer en la Cruz, y permaneciese Su Memoria hasta el Fin del Mundo, y se aplicase Su saludable Virtud a la remisión de los pecados que cotidianamente cometemos... 

               Y por cuanto en este Divino Sacrificio que se hace en la Misa, se contiene y sacrifica incruentamente Aquel mismo Cristo que se ofreció por una vez cruentamente en el Ara de la Cruz; enseña el Santo Concilio, que este Sacrificio es con toda verdad propiciatorio, y que se logra por él, que si nos acercamos al Señor contritos y penitentes, si con sincero corazón, y recta Fe, si con temor y reverencia; conseguiremos Misericordia, y hallaremos Su Gracia por medio de Sus oportunos auxilios". Sacrosanto Concilio de Trento, Sesión XXII, 17 de Septiembre de 1562


NOTA

(1)  Jean Guitton en una entrevista con Francesca Pini en 1998;  filósofo del pasado siglo XX, amigo cercano de Pablo VI, presente en el Concilio Vaticano II y el único laico que pronunció un discurso en él. 



sábado, 22 de abril de 2023

EN DEFENSA DE LAS APARICIONES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN EN GARABANDAL (Parte III)


GARABANDAL, CONTINUACIÓN DE FÁTIMA

               Para la Bendita Providencia, no existen casualidades, sino causalidades: todo está ordenado con el fin de que sea siempre hecha la Voluntad Santa de Dios, aunque en casi todas esos trances, no somos capaces de comprender, y mucho menos apreciar, las gracias que el Señor derrama en nuestras almas en momentos difíciles.

               Estoy convencido que aquella negativa de Juan XXIII de dar a conocer el Tercer Secreto de Fátima en 1960, vino a ser contrarrestada en 1961 en la humilde aldea de San Sebastián de Garabandal.

             En palabras de Sor Lucía en una entrevista que le realizó el Padre Agustín Fuentes en 1957, "La Santísima Virgen está muy triste, pues nadie le da ninguna importancia a Su Mensaje... Ni los buenos ni los malos..." Por eso, basándonos en el "secretismo" de Roma hasta el año 2000 y las múltiples y razonables dudas de la veracidad del supuesto escrito de Sor Lucía, no creemos que fuese leído el verdadero "Tercer Secreto", sino que simplemente fue sustituido o modificado, imitando burdamente la escritura de la vidente Sor Lucía.



             Cuando en 1957, Monseñor Venancio, Obispo auxiliar de Leiria-Fátima, tuvo en sus manos el sobre que contenía el Secreto escrito por Sor Lucía (1), pudo distinguir entonces a contraluz la existencia de una sola hoja, con entre veinte y veintiséis renglones, que nada tiene que ver con las cuatro páginas de más de sesenta líneas dadas a conocer en el año 2000. (2) (Para saber más sobre el verdadero Secreto de Fátima, recomiendo leer el artículo EL SECRETO DE FÁTIMA: la actual Apostasía de Roma)


EL PEDIDO DE LA VIRGEN, IGNORADO 

              Ninguno de los que ocuparon el Trono de San Pedro, Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I... atendieron la súplica de Nuestra Señora de revelar Sus advertencias en 1960... y no fue hasta casi los últimos años de Juan Pablo II, que decidieron a hacer pública la Tercera Parte del Secreto de Fátima en el año 2000. Pero, ¿qué era tan grave en ese Secreto para que todos lo ignoraran?. Si nos atenemos al texto difundido por Roma, se nos narra el asesinato de un Papa... situación que no se ha dado, por más que aseguren que se refería a Juan Pablo II, el cual fue herido, pero no asesinado, como aseguraba el supuesto "Secreto de Fátima" leído por Angelo Sodano en 2000.

             Tal vez, ¿se ocultó el Secreto porque hablaba de realidades incómodas?. Si de veras el Tercer Secreto en nada comprometía la Fe Católica y se trataba de una profecía, ¿por qué no lo dieron a conocer en su momento y así comprobar, por su cumplimiento, la veracidad de las Apariciones de la Virgen en Fátima, como ya ocurriera con los otros dos secretos, referentes a las dos Guerras Mundiales?. 

              Negarse atender el pedido de Nuestra Señora que el Tercer Secreto fuese leído en 1960 es una gravísima por la que el Señor demandará a cuantos trataron de silenciar la voz del Cielo, como neo fariseos que "matan a sus profetas y apedrean a quienes le son enviados".(3)


EL "CONCILIO" DE LA APOSTASÍA

              Ante la pasividad de las "Autoridades" romanas, la voz de Nuestra Señora no podía perderse; así lo hemos comprobado en los últimos dos siglos, desde la manifestación de la Medalla Milagrosa, La Salette, Lourdes, Pontmain, Fátima, Ezkioga... ejemplos todos ellos del llamado a la oración sincera y a la conversión de costumbres; una y otra vez la Virgen se manifestó a los más inocentes, a los niños, avisándoles de la deriva de la humanidad.

               Por más que los creyentes "escépticos" critiquen las apariciones de la Virgen y las tachen de "superchería" o "histerismo", comprobamos cómo en los lugares donde la Virgen se manifestó (Francia, Suiza, Alemania, España) para advertir del riesgo de olvidar la Fe de siempre, han caído en su mayoría en la impiedad y en la apostasía, como mucho, viven una fe "hecha a la medida" de sus necesidades. Veamos tras todas estas apariciones celestiales, el Corazón maternal de la Virgen, que advierte y avisa a sus hijos.

              No pocas han sido las conjeturas que se han realizado acerca del contenido del Tercer Secreto de Fátima, pero puedo concluir que los testimonios más fiables, los de aquellos privilegiados que pudieron leerlo, apuntan a una misma circunstancia: el Secreto de Fátima advertía de la Apostasía en la Iglesia.

              Entre otros, destaca el testimonio por escrito -mediante una carta personal- del Cardenal Mario Ciappi, teólogo personal del Papa Pío XII: «En el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la Gran Apostasía en la Iglesia empezará en lo alto». Entendamos "en lo alto" por la cúspide, la Jerarquía misma, que mediante la pérdida de la Verdadera Fe Católica, llevaría a millones de almas a vivir como si Dios no existiese.

             Esa advertencia celestial, debió haberse manifestado desde Roma en 1960, cuando ya estaba en marcha la preparación del Concilio "Revolucionario"; el silencio y la negativa de dar a conocer el Tercer Secreto, no impidieron a la Virgen Santísima manifestar en Garabandal en 1965, la profética denuncia -seguramente la misma advertencia que contenía el Secreto de Fátima- que "muchos Sacerdotes van por el camino de perdición y con ellos llevan a muchas más almas..."...lo avisó la Madre de Dios justo al concluir el Concilio.



Clérigo modernista reparte formas eucarísticas envueltas en plástico, con guantes...
olvidan que Jesucristo Nuestro Señor sanó a leprosos y creó ojos para un ciego


EL CLERO, CULPABLE DE LA PÉRDIDA DE ALMAS

              Acaso, ¿no ha sido justamente ése Concilio una perfecta debacle?,  ¿dónde está la prometida Primavera Eclesial?, ¿están llenas las parroquias?, ¿ha aumentado el número de matrimonios o bautismos?, ¿acaso vemos que crezca el número de almas que se entregan a la vida religiosa o al estado sacerdotal?. El panorama desolador, la ruina espiritual en que se encuentra la Iglesia del Concilio es la prueba evidente.

              En San Sebastián de Garabandal, el Mensaje de la Virgen no deja dudas, pues no advierte, no avisa: sentencia que los Sacerdotes se han desviado del camino, muchos, no unos pocos, y lo peor, que "con ellos llevan a muchas más almas". Nótese que Nuestra Señora culpa directamente al Clero de la pérdida de almas, como lo acusa también de que a la Eucaristía "cada vez se la da menos importancia"; no podemos exigir respeto y amor a Jesús Sacramentado cuando los propios Sacerdotes no lo profesan, como tristemente comprobamos durante el período de la pandemia del covid-19, donde los clérigos se revestían con mascarillas y guantes a la vez que desinfectaban copones... Ésa es la Apostasía, la distancia, el alejamiento contumaz de la Fe de Siempre y la Doctrina Católica que por 2000 años profesó Roma y que fue tergiversada -cuando no diluida- en el "Vaticano II".



Un clérigo de la Iglesia del Concilio aplica desinfectante a un copón


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NOTAS:

          1- A comienzos de 1957, la Sagrada Congregación del Santo Oficio, actual Congregación para la Doctrina de la Fe, pidió que el documento con el Tercer Secreto de Fátima fuese remitido a Roma. Para ese efecto, fue entregado en la Nunciatura Apostólica de Lisboa, desde donde el Nuncio, Mons. Fernando Cento, lo condujo al Vaticano, donde ingresó en el Archivo Secreto del Santo Oficio el día 4 de Abril de 1957.

          2- Para mayor información sobre la cuestión del verdadero Secreto de Fátima recomendamos la lectura del libro "El Secreto mejor guardado de Fátima", del periodista y escritor José María Zabala. Editorial Planeta, 2017. 352 páginas. ISBN: 978-84-9998-566-4.

          3- Evangelio de San Mateo, capítulo 23, versículo 37: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!"