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viernes, 15 de mayo de 2026

NUESTRO AMOR A LA VERDAD



                La Iglesia es Una porque Dios es Uno, la Doctrina es una, la Verdad es una. Es preciso que Él crezca en los corazones de la gente y que si es a través nuestra ¡bendito sea Dios!, porque eso son méritos que Dios nos va a premiar en el Cielo… 

               La verdad es la misma que Cristo Nuestro Señor enseñó en Su Evangelio, que venía preparando desde el Antiguo Testamento, desde la Creación del Mundo y del Hombre. 

               La Verdad es Una, fue allí la Verdad, es hoy la Verdad y mañana será la Verdad, porque Jesucristo es ayer, hoy y para siempre, y nosotros debemos ser como espejos de esa Verdad, para que cuanta más gente la vea y la adquiera en su corazón, ame a la Verdad y se salve.

               Y la Verdad no es otra que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada, Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro amor a la Verdad entonces se va a traducir por el amor a Jesucristo, a Su Doctrina, a Su Iglesia, a Su Magisterio, la Verdad de siempre, porque ésta no disminuye.

               Un punto importante a considerar es la posición errónea de algunos clérigos y laicos tradicionales. Por un lado, intentan traspasar el cerco teológico, condenando las herejías de la Iglesia Conciliar, y por otro, insisten en que los responsables de difundir estas herejías siguen siendo Católicos y tienen Autoridad en la Iglesia. Mantener tal posición teológica significaría que el Espíritu Santo había fallado en Su Divina Asistencia a la Iglesia porque Cristo prometió a los Apóstoles y a sus sucesores "Y le pediré al Padre, y Él te dará otro Consejero, para que viva contigo para siempre: el Espíritu de Verdad (Evangelio de San Juan, cap. 14, vers. 16) .

               Mantener tal opinión teológica también significa que Cristo sufrió una derrota porque prometió quedarse con Sus Apóstoles y sus sucesores: "Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñándoles a guardar todo lo que Yo les he mandado. Y he aquí, Yo estoy contigo todos los días, hasta el Fin del Mundo. (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19).

               Además, esta posición teológica significa que Cristo nos mintió porque prometió "las puertas del Infierno no vencerán" (Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 18) y también "el que a vosotros escucha (los Apóstoles y sus sucesores), a Mí me escucha" (Evangelio de San Lucas, cap. 10, vers. 16). Es verdaderamente notable para leer las publicaciones de algunos grupos tradicionales donde se pueden encontrar tanto en lenguaje vulgar condenar la Iglesia del Concilio Vaticano II y a la vez, dar garantía de la lealtad y la obediencia a la Jerarquía de esa falsa iglesia. 


Monseñor Marco Antonio Pivarunas
Superior General de la Congregación de María Reina Inmaculada
(CMRI)



miércoles, 18 de marzo de 2026

CONOCER A CRISTO; CONOCER SU DOCTRINA, SU VIDA, SU PASIÓN Y SU GLORIA...

 


               Muchos, hoy día, desean y se esfuerzan por conseguir -y ojalá que fuese sin éxito- la perversión, tanto en la vida privada como en la pública, de las costumbres que había formado y protegido la Iglesia; borrando de la sociedad todo rastro de la sabiduría y honestidad cristianas, pretenden llevarla de nuevo a las lamentables costumbres del paganismo. 

              Los malos han escogido como blanco principal de sus dardos a la sociedad doméstica, que es el principio y germen de donde brota la sociedad civil; y les parece con razón que conseguirán infaliblemente la mudanza o mejor dicho la corrupción de la sociedad civil que se proponen buen punto consigan corromper las costumbres familiares. 

               Así, sancionan la ley del divorcio, con lo que destruyen la estabilidad del matrimonio; obligan a la juventud a seguir la enseñanza oficial (cuya institución dista mucho de ser conforme, a menudo, con la Religión), con lo que debilitan, en materia de tanta importancia, la patria potestad; enseñan el arte vergonzoso de satisfacer la voluntad defraudando la naturaleza, con lo que esterilizan impíamente la fuente misma del género humano, manchando con costumbres las más impuras la santidad del tálamo. 

               Con razón, para tomar la defensa de la sociedad humana se ha de esforzar sobre de todo en formar y fomentar en la familia el Espíritu Cristiano, empeñándose para que reine en lo más íntimo suyo la Caridad de Cristo. Lo cual hacemos avalados por el mismo Cristo que prometió bendecir con sus dones las casas en las que la imagen de Su Corazón estuviese expuesta y piadosamente honrada. 

               Muy santo es, por consiguiente, el tributar a nuestro amantísimo Redentor este honor y culto; pero no todo debe reducirse a esto. Es preciso, sobre todo, conocer a Cristo; conocer Su Doctrina, Su Vida, Su Pasión y Su Gloria; no seguirle por un superficial sentimiento de religiosidad, que fácilmente conmueve a los corazones tiernos y sentimentales, que hace derramar algunas lágrimas, pero que deja intactos los vicios; sino con una Fe viva y firme, que dirija y ordene los pensamientos, deseos y costumbres. 

               La causa de que la mayoría de los hombres prescinda por completo de Jesucristo en su vida y de que muchos otros le amen tan tibiamente reside en el desconocimiento casi absoluto, o en el conocimiento muy insuficiente que respectivamente tienen de Él.


Papa Benedicto XV, Carta al Padre Mateo Crawley, 27 de Abril de 1915



domingo, 25 de enero de 2026

LA FE PURA E INMACULADA: MONSEÑOR PILDAIN Y LA LIBERTAD RELIGIOSA



                    Monseñor Antonio Serapio Pildain y Zapiain fue un Obispo combativo y bueno, completamente entregado a su grey. Nació en Lezo, un pequeño pueblo de la provincia vasca de Guipúzcoa, el 13 de Enero de 1890. Ingresó en el Seminario de Andoáin donde estudió Latín y Humanidades, y de ahí pasó al Seminario de Vitoria, donde se instruyó en Filosofía; fue un alumno brillante, obteniendo siempre las mejores calificaciones, lo que le permitió ser becado para proseguir sus estudios en Roma, como alumno del Pontificio Colegio Español, donde ingresó en 1907. Allí estudió Sagrada Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, obteniendo el Doctorado en 1911, con la máxima calificación, por lo que le fue otorgado el premio Internacional al Doctorado.

                    Antonio Pildain fue ordenado Sacerdote el 13 de Septiembre de 1913 y tan sólo cinco años después, conseguía por oposición la canonjía de Lectoral en la Catedral de Vitoria, labor que compaginó con ser profesor del Seminario vitoriano; alcanzó mucha celebridad en toda la diócesis por su elocuencia y oratoria.

                    Aparte de la vocación sacerdotal, Pildain también desempeñó un papel activo en la vida política española de principios de la década de 1930, tanto que, de acuerdo con su Obispo, participó como candidato en las elecciones de 1931 y fue elegido Diputado a las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española por la minoría vasco-navarra, dentro de la coalición católico-fuerista.

                    El 18 de Mayo de 1936 el Papa Pío XI preconizó al canónigo Pildain como Obispo de Canarias; recibió la Consagración Episcopal en la Capilla del Colegio Español de Roma, el 14 de Febrero de 1937, por el entonces Nuncio en España y Arzobispo titular de Lepanto, Monseñor Federico Tedeschini, más tarde Cardenal, y como co-consagrantes Monseñor Bilbao Ugarriza, Obispo de Tortosa y Monseñor De los Santos Díez y Gómera, Obispo de Cartagena. El Papa Pío XI regaló al nuevo Obispo una preciosa cruz pectoral, que éste donaría, a su muerte, al Cabildo Catedral de Canarias. El Obispo Pildain hizo su entrada oficial en la Catedral de Santa Ana el 21 de Marzo de 1937, Domingo de Ramos. Pastorearía Canarias desde entonces hasta 1966, el episcopado más largo que se recuerda en esa diócesis. Le acompañaría en esta nueva etapa su querida hermana Teodora.

                    La enseñanza de Monseñor Pildain fue abundante y particularmente dirigida a resaltar la Doctrina Social de la Iglesia, de la que tenía un profundo conocimiento, para la protección y mejora de las condiciones de vida de los grupos sociales económicamente más desfavorecidos, atraídos por las ilusorias y horrorosas teorías comunistas.  

                    Sobre el Comunismo, antidivino y antirreligioso, escribió en perfecta adhesión a las enseñanzas de los Sumos Pontífices, siguiendo la línea de los Papas Pío XI y Pío XII, en la Carta Pastoral "Sobre el comunismo. Puntos de meditación y examen de conciencia", publicada durante la Cuaresma de 1945, donde planteó a sus lectores el dilema social y político de la época, exhortándolos a ponerse del lado de Jesucristo: "O el Catolicismo pleno, sin concesiones de ningún tipo o el Comunismo revolucionario radical. La elección no puede ser dudosa para ningún Cristiano".

                    Existen muchas razones válidas para recordar la figura de este excelente y poco conocido Prelado. Entre ellas, sin embargo, destaca una que hoy resulta especialmente útil para ilustrar. Se trata de la agonía que el humilde y piadoso corazón de Monseñor Pildain se vio obligado a vivir debido a la aprobación, por el Concilio Vaticano II, de la Declaración "Dignitatis humanae personae" sobre la Libertad Religiosa.


O el Catolicismo pleno, 
sin concesiones de ningún tipo 
o el Comunismo revolucionario radical. 
La elección no puede ser dudosa 
para ningún Cristiano


                    El Obispo de Canarias fue uno de los Padres Conciliares y aunque no hay constancia de que formara parte de ese grupo de Padres que, bajo el nombre de "Coetus Internationalis Patrum", buscaban frenar la ferocidad del neomodernismo, Monseñor Pildain fue uno de los mayores opositores a la Declaración sobre la Libertad Religiosa. Al respecto dice su biógrafo, el Rvdo. Agustín Chil Estévez:

                    "A la minoría que se oponía a la Libertad Religiosa pertenecía Monseñor Pildain, quien trabajó con todas sus fuerzas y argumentos para mostrar lo que era inaceptable en esta Declaración... De todos los temas tratados en el Vaticano II, este (la Libertad Religiosa) debió ser el que más hizo trabajar y sufrir al Obispo de Canarias. Todas las sesiones en las que se trató este tema debieron ser un auténtico Vía Crucis para él". 

                    La aprobación final de la "Dignitatis humanae personae" causó al Obispo Pildain gran pesar y un profundo desconcierto. Este Obispo ejemplar, tan celoso en la práctica de la virtud, se sorprendió de que la Iglesia (de hecho, él creía que Pablo VI era el verdadero Papa y que el Vaticano II era un verdadero Concilio Ecuménico) aceptara y adoptara la doctrina contenida en ése documento.

                    Para representar esta importante y terrible circunstancia en la vida de Monseñor Pildain, recurro al testimonio de Monseñor José María Cirarda de Lachiondo, que en el tiempo del “Concilio” era Obispo auxiliar del Cardenal Bueno Monreal, Arzobispo de Sevilla, pero que conocía a Monseñor Pildain desde su más temprana juventud. He aquí la historia de Monseñor Cirarda de Lachiondo:

                    El 7 de Diciembre de 1965, conduje con el Obispo Pildain desde el Colegio Español hasta la Basílica de San Pedro para la sesión final de trabajo. El día anterior, se habían celebrado varias votaciones sobre varios documentos conciliares. Entre ellos, la declaración "Dignitatis humanae" sobre la Libertad Religiosa. Mientras conducíamos, el Obispo Pildain me dijo, casi textualmente:

                    -Si esta Declaración se aprueba hoy, regresaré a Canarias, subiré al púlpito con mi mitra y báculo, y les diré a mis Fieles: "El Concilio Vaticano II enseña algo diferente de lo que he explicado en diversas Cartas Pastorales sobre la libertad religiosa. No hagan caso de lo que he enseñado. El Concilio tiene razón".

                    Me impresionó la lucha interna que afligía al buen Don Antonio, y respondí: "No diga eso. Debe considerar que una curva es cóncava o convexa según el punto de vista desde el que se mire. En sus escritos, hablaba del derecho a la verdad. El Concilio, sin embargo, ha cambiado de perspectiva y habla del derecho de cada uno a actuar según su propia conciencia".

                    -No- respondió con firmeza. -No quiero escandalizarte. Pero si el Concilio aprueba el texto tal como está hoy, significa que defiende lo contrario de lo que enseñé. No lo entiendo.

                    Ante la pregunta, me atreví a hacerle una pregunta: "¿Por qué vuelve a usar el condicional "si el Concilio aprueba esta Declaración?". Sin duda, será aprobada hoy. Ayer, en la sesión a la que no asistió el Papa, solo recibió unos cien votos en contra. Hoy será aún menos contradicha. ¿Por qué sigue hablando en condicional "si se aprueba la Declaración…?".

                    Su respuesta me dejó casi petrificado. Hablo en condicional -me dijo-, porque ayer presenté un texto al Secretariado del Concilio, que empezaba: "Utinam ruat cupulla Sancti Petri super nos antequam approbemus Declarationem De Libertate Religiosa…" (Ojalá se derrumbe la cúpula de San Pedro sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración de la Libertad Religiosa…). Son las ocho y media de la mañana y aún puede pasar cualquier cosa. Hizo una pausa y añadió: —Don José María: No quiero escandalizarle. Tenga la seguridad de que si se aprueba la Declaración, volveré a Canarias, subiré al púlpito y, como le dije antes, le diré a mi pueblo: el Concilio enseñó una doctrina diferente a la que yo enseñé sobre la Libertad Religiosa. Me equivoqué. No hagan caso de lo que enseñé. El Concilio tiene razón.



Blasón Episcopal de Monseñor Pildain

                    La Declaración fue aprobada y Don Antonio cumplió su promesa... Murió sin comprender la doctrina conciliar sobre la Libertad Religiosa. Pero pidió a los Fieles que escucharan el Vaticano II y no lo que decían sus cartas pastorales anteriores . 

                    El mismo Monseñor Cirarda, en otro lugar, especifica que en la misma ocasión Monseñor Pildain le dijo: "Estoy convencido de que la Declaración sobre la Libertad Religiosa es un grave error. "¿Por qué?", ​​le pregunté. "Porque la Iglesia siempre ha enseñado lo contrario", sentenció Monseñor Pildain.

                    Las palabras dirigidas por el Obispo de Canarias a la Secretaría General del Concilio ("Que la cúpula de San Pedro se derrumbe sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración sobre la Libertad Religiosa...") son escalofriantes. Es una imagen que capta la dimensión precisa de lo que sucedía en el mundo durante los días de la aprobación de la "Dignitatis Humanae" y la promulgación del desafortunado concilio conocido como Vaticano II. La Iglesia no cesó, pero la vacancia de la Sede de Pedro, que ha perdurado desde entonces, se convirtió en una certeza.

                    Sin duda, el Obispo Pildain se equivocó al pensar que una doctrina contraria a la que siempre ha enseñado la Iglesia podía provenir de la propia Iglesia, con todo lo que ello implica en cuanto al reconocimiento de una autoridad pontificia a Pablo VI que ciertamente no poseía. Sin embargo, por otro lado, nunca adoptó posturas lefebvristas destinadas a comprometer la Doctrina Católica sobre la Infalibilidad de la Iglesia y del Papa.

                    La evidencia de su buena fe, unida a la franqueza de su firme negativa a admitir la continuidad de la nueva enseñanza sobre la Libertad Religiosa, promulgada por el Vaticano II, con lo que la Iglesia siempre había propuesto a los Fieles, es conmovedora y digna de reflexión, especialmente para quienes persisten, incluso hoy, en el desesperado intento de cuadrar el círculo. Es decir, creer, o intentar hacer creer, que la doctrina contenida en la Declaración Conciliar sobre la Libertad Religiosa concuerda con la Doctrina tradicional sobre la misma materia.

                    Nadie habría podido borrar de la mente del Obispo Pildain la conciencia de esa contradicción. Sin duda, su dolorosa experiencia nos entristece y nos anima a la vez, pues refuerza -si es que hacía falta- la certeza de que el Vaticano II, al proponer su doctrina sobre la Libertad Religiosa, se aparta de la Doctrina de la Iglesia, contradiciéndola irremediablemente.

                    A la decisión que todo Católico está llamado a tomar hoy ante las "novedades del Concilio" y la "era postconciliar", se podría aplicar la misma exhortación que el Obispo de Canarias dirigió a sus Fieles para alejarlos lo más posible del comunismo: o el Catolicismo pleno, sin concesiones, o las doctrinas mortíferas de los "Papas" Montini, Wojtyla, Ratzinger, Bergoglio, Prevost... No hay lugar a dudas.




domingo, 31 de agosto de 2025

LA FE PURA E INMACULADA: ¿TODAS LAS RELIGIONES SON UN CAMINO PARA LLEGAR A DIOS?

 


                    "No aceptamos ninguna fe nueva de las que otros nos prescriben, ni tenemos la osadía de transmitir como doctrina los productos de nuestras propias reflexiones, no sea que transformemos las palabras de la Religión en palabras meramente humanas. Aquello que los Santos Padres nos enseñaron a nosotros, lo anunciamos a aquellos que nos interrogan".


San Basilio Magno, Padre y Doctor de la Iglesia, Epístola 140 (A la iglesia de Antioquía).


                    ...la libertad religiosa es perniciosa por aquellos mismos a quienes se entrega; de hecho, la libertad religiosa no es otra cosa que la libertad de equivocarse, de equivocarse en un asunto tan peligroso como cualquier otro; de hecho la Verdadera Fe es una sola y por tanto la libertad de alejarse de esta única Fe es la libertad de caer en el abismo de los errores. Por tanto, así como no es saludable dejar a las ovejas la libertad de vagar por las montañas, ni es saludable liberar un barco sin timonel, ni dejarlo navegar libre con cualquier viento; de la misma manera, de manera igualmente saludable, no se concede la libertad de religión a los pueblos, después de que se hayan unido a la única Fe Verdadera.


San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia


                    Por tanto, así como a nadie le está permitido descuidar sus deberes para con Dios – y el más importante de ellos es profesar la Religión en pensamientos y obras, y no lo que cada uno prefiere, sino lo que Dios ha mandado y que mediante signos ciertos e indudable ha establecido como el único verdadero - de la misma manera las sociedades no pueden, sin sacrilegio, comportarse como si Dios no existiera, o ignorar la Religión como si fuera una práctica extraña e inútil, o acoger con indiferencia a cualquiera que conozcan, como entre muchos; sino al contrario, al honrar a Dios, deben adoptar aquella forma y aquellos ritos con los que Dios mismo demostró que quería ser honrado.


León XIII, Encíclica "Inmortale Dei" , 1885


                    "Por tanto, siendo necesaria la profesión de una sola Religión en el Estado, es necesario practicar la única verdadera, que no es difícil de reconocer, especialmente en los países católicos, por las notas de verdad que aparecen en él sellados. En consecuencia, los gobernantes deben preservarla, protegerla, si quieren proporcionar prudencia y beneficio, como deben, a la comunidad de ciudadanos".


León XIII en "Libertas Praestantissimus"


                    "... Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la Divinidad de Su Persona o misión. […] Tales empresas no pueden ser aprobadas por los Católicos de ninguna manera, ya que se basan sobre la teoría errónea según la cual todas las religiones son todas más o menos buenas, en el sentido de que todas, aunque de maneras diferentes, manifiestan y significan el sentimiento natural e innato que nos conduce a Dios y nos lleva a reconocer con respeto su poder. La verdad es que los partidarios de esa teoría se extravían en pleno error, pero además, pervirtiendo la noción de la Verdadera Religión, la repudian […] La conclusión es clara: solidarizarse con los partidarios y los propagadores de tales doctrinas es alejarse completamente de la Religión divinamente revelada."


Papa Pío XI, Encíclica "Mortalium Animos" n. 2 y 3, 6 de Enero de 1928




                    Vivimos en tiempos que nunca se han visto en la Historia de la Iglesia Católica. Desde la apertura del Concilio Vaticano II (1962-1965), se ha introducido en la Iglesia una nueva enseñanza que ya había sido condenada por los Papas anteriores. El falso ecumenismo de la "Jerarquía" de la llamada "Iglesia Católica", modernista con herejes, cismáticos, budistas, hindúes y muchos otros líderes de las falsas religiones del mundo, se ha convertido en un fenómeno que ya es más que común. Estos eventos son completamente contrarios a las Enseñanzas de Cristo y Su Iglesia.

Catecismo Mayor del Papa San Pío X, 
Capítulo X, del noveno artículo del Credo, 
de los que están fuera de la Iglesia


                    225. ¿Quiénes son los que no pertenecen a la Comunión de los Santos?: No pertenecen a la Comunión de los Santos en la otra vida los condenados, y en ésta, los que están fuera de la Verdadera Iglesia.

                    226. ¿Quiénes están fuera de la Verdadera Iglesia?: Están fuera de la verdadera Iglesia los infieles, los judíos, los herejes, los apóstatas, los cismáticos y los excomulgados.

                    227. ¿Quiénes son los infieles?: Infieles son los que no tienen el Bautismo ni creen en Jesucristo, o porque creen y adoran falsas divinidades, como los idólatras, o porque no creen en Cristo Mesías, ni como venido ya en la persona de Jesucristo ni como que ha de venir, tales son los mahometanos y otros semejantes.

                    228. ¿Quiénes son los judíos?: Judíos son los que profesan la Ley de Moisés, no han recibido el Bautismo y no creen en Jesucristo.

                    229. ¿Quiénes son los herejes?: Herejes son los bautizados que rehúsan con pertinacia creer alguna verdad revelada por Dios y enseñada como de Fe por la Iglesia Católica; por ejemplo los arrianos, los nestorianos y las varias sectas de los protestantes.

                    230. ¿Quiénes son los apóstatas?: Apóstatas son los que abjuran, esto es, niegan con acto externo la Fe Católica que antes profesaban.

                    231. ¿Quiénes son los cismáticos?: Cismáticos son los cristianos que, sin negar explícitamente ningún Dogma, se separan voluntariamente de la Iglesia de Jesucristo, esto es, de sus legítimos Pastores.

                    232. ¿Quiénes son los excomulgados?: Los excomulgados son aquellos que por faltas gravísimas son castigados por el Papa o por el Obispo con la pena de excomunión, en cuya virtud son, como indignos, separados del cuerpo de la Iglesia, que espera y desea su conversión.

                    233. ¿Débese temer la excomunión?: La excomunión debe temerse grandemente, porque es la pena más grave y más terrible que puede imponer la Iglesia a sus hijos rebeldes y obstinados.

                    234. ¿De qué bienes quedan privados los excomulgados?: Los excomulgados quedan privados de las oraciones públicas, de los Sacramentos, de las indulgencias y, después de sentencia condenatoria o declaratoria, también de sepultura eclesiástica.

                    235. ¿Podemos ayudar en alguna manera a los excomulgados?: Podemos ayudar en alguna manera a los excomulgados y a todos los que están fuera de la Iglesia con saludables avisos, con oraciones y buenas obras, suplicando al Señor que por Su Misericordia les otorgue la gracia de convertirse a la Fe y entrar en la Comunión de los Santos.



martes, 12 de agosto de 2025

LA FE PURA E INMACULADA: EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA HA SIDO CONSTITUIDO POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO



                    ...En medio de tal confusión de opiniones, nos es de algún consuelo ver a los que hoy no rara vez, abandonando las doctrinas de Racionalismo en que antes se habían formado, desean volver a las fuentes de la Verdad revelada, y reconocer y profesar la Palabra de Dios, conservada en la Sagrada Escritura como fundamentos de la Teología. Pero al mismo tiempo lamentamos que no pocos de ésos, cuanto con más firmeza se adhieren a la Palabra de Dios, tanto más rebajan el valor de la razón humana; y cuanto con más entusiasmo realzan la Autoridad de Dios revelador, con tanta mayor aspereza desprecian el Magisterio de la Iglesia, instituido por Nuestro Señor Jesucristo para guardar e interpretar las Verdades revelada por Dios. Semejante desprecio no sólo se halla en abierta contradicción con la Sagrada Escritura, sino que se manifiesta en su propia falsedad por la misma experiencia. Porque con frecuencia hasta los mismos disidentes de la Iglesia se lamentan públicamente de la discordia entre ellos reinante en las cuestiones dogmáticas, de tal suerte que, aun no queriéndolo, se ven obligados a reconocer la necesidad de un Magisterio vivo.

                    En las materias de la Teología, algunos pretenden disminuir lo más posible el significado de los dogmas y librar el Dogma mismo de la manera de hablar tradicional ya en la Iglesia y de los conceptos filosóficos usados por los doctores católicos, a fin de volver, en la exposición de la Doctrina Católica, a las expresiones empleadas por las Sagradas Escrituras y por los Santos Padres. Así esperan que el Dogma, despojado de los elementos que llaman extrínsecos a la revelación divina, se pueda coordinar fructuosamente con las opiniones dogmáticas de los que se hallan separados de la Iglesia, para que así se llegue poco a poco a la mutua asimilación entre el Dogma Católico y las opiniones de los disidentes.

                    ...es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo Dogma en una caña agitada por el viento. Además de que el desprecio de los términos y nociones que suelen emplear los teóricos escolásticos conducen forzosamente a debilitar la teología llamada especulativa, la cual, según ellos, carece de verdadera certeza, en cuanto que se funda en razones teológicas.

                    Hay algunos que, de propósito y habitualmente, desconocen todo cuanto los Romanos Pontífices han expuesto en las Encíclicas sobre el carácter y la constitución de la Iglesia; y ello, para hacer prevalecer un concepto vago que ellos profesan y dicen haber sacado de los antiguos Padres, especialmente de los griegos. Y, pues los Sumos Pontífices, dicen ellos, no quieren determinar nada en la opiniones disputadas entre los teólogos, se ha de volver a las fuentes primitivas, y con los escritos de los antiguos se han de explicar las Constituciones y Decretos del Magisterio.

                    Afirmaciones éstas, revestidas tal vez de un estilo elegante, pero que no carecen de falacia. Pues es verdad que los Romanos Pontífices, en general, conceden libertad a los teólogos en las cuestiones disputadas —en distintos sentidos— entre los más acreditados doctores; pero la Historia enseña que muchas cuestiones que algún tiempo fueron objeto de libre discusión no pueden ya ser discutidas.

                    Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las Encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la Suprema Majestad de su Magisterio.

                    Pues son enseñanzas del Magisterio Ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: "El que a vosotros oye, a Mí me oye"; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya —por otras razones— al patrimonio de la Doctrina Católica. Y si los Sumos Pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos Pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos.


Papa Pío XII, extractos de la Encíclica 
"Humani Generis"12 de Agosto de 1950



miércoles, 3 de abril de 2024

LA FE PURA E INMACULADA: LA SEDE DE PEDRO SIEMPRE ESTARÁ LIBRE DE ERROR


               Es realmente un tema muy importante y en el que, desgraciadamente, hay muchos errores y confusiones hoy en día, pues en ciertos grupos tradicionales, de “Misa en latín”, hay una tendencia a restringir la infalibilidad papal, reduciéndola en la práctica a la nada.

               Como todos ya saben -o deberían saber-, es un Dogma de la Santa Madre Iglesia Católica que el Papa es infalible cuando enseña sobre Fe y Costumbres, evidentemente, nos referimos a un verdadero y legítimo Papa, no a los impostores que hoy usurpan el Papado desde el Concilio Vaticano II; este Dogma de Fe fue solemnemente definido en el Concilio Vaticano I, en la Constitución Pastor Aeternus, por el Papa Pío IX en el año 1870.




               El error principal de los grupos a los cuales recién hacíamos referencia es que ellos restringen la infalibilidad papal a solas las definiciones solemnes del Papa o lo que se llama Magisterio extraordinario -cosa que no dice para nada Pastor Aeternus; dicho con otras palabras, enseñan que el Papa solamente es infalible cuando hace definiciones solemnes, pretendiendo que un Papa verdadero fuera de ese supuesto —que es muy raro y ocurre muy, pero muy pocas veces—, es tan falible como cualquier otro ser humano... Y así reducen en la práctica a la nada la infalibilidad papal, pues la definiciones solemnes ocurren casi nunca, muy rara vez; la última fue en el año 1950, el Papa Pío XII, definiendo el Dogma de la Asunción de María a los Cielos; antes de ése hay que ir atrás como unos cien años a 1854, a la Inmaculada Concepción, definida por el Papa Pío IX. Como verán, las definiciones solemnes no son algo habitual, sino que muy pocas veces se da... 

               Por tanto, si pretendemos que la infalibilidad papal sólo aplica a lo solemne y que fuera de ello el Papa se puede equivocar como cualquiera, ¿a dónde queda la infalibilidad; para qué sirve?. Entonces podríamos comenzar a poner en duda lo que nos enseñó el Papa Pío XII, o el Papa Pío XI o el mismo San Pío X; éstos últimos dos -que yo sepa- sólo enseñaron con Magisterio Ordinario. Y así, a mi modo de ver, queda prácticamente destruida la infalibilidad.

               Ahora bien, un Papa verdadero es infalible, no solamente en su Magisterio solemne -como es evidente-, sino también en su Magisterio Ordinario (Encíclicas, Bulas, Constituciones, etc.); en éste también es especialmente asistido por el Espíritu Santo para que no haya error alguno en lo que concierne a la Fe y las costumbres o moral.

               Veamos ahora algunos extractos de la mencionada Constitución Pastor Aeternus, que nos ayudarán a discernir este tema y ver que un Papa verdadero nunca puede enseñar errores y herejías a la Iglesia Universal.

               Allí leemos lo siguiente:

                "Los Padres del Concilio IV de Constantinopla... publicaron esta solemne profesión: Primordial salud es guardar la regla de la recta Fe [...]. Y como no puede pasarse por alto la sentencia de Nuestro Señor Jesucristo que dice: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia", esto que ha sido dicho, se prueba por los efectos de las cosas, porque en la Sede Apostólica [que es equivalente a decir el Papa] se guardó SIEMPRE sin mácula la Religión Católica y fue celebrada la Santa Doctrina...". ¿Cómo habría sido ello posible si el Papa realmente pudiera caer en error como cualquiera? Notemos que el texto dice “siempre”; no dice “la mayoría de las veces” o “sólo en las definiciones ‘solemnes’”, sino que SIEMPRE, en todo momento, se guardó sin mácula, sin mancha, la Religión Católica en la Sede Apostólica, en el Papa. Preguntamos: siendo el hombre de suyo tan falible y propenso al error, ¿cómo se podría haber mantenido sin ninguna mácula SIEMPRE el Papado sin una asistencia especial de Dios?. 

                Dicha asistencia es, cabalmente, la infalibilidad. "Los Obispos de todo el orbe, ora individualmente, ora congregados en Concilios, siguiendo la larga costumbre de las Iglesias y en la forma de la antigua regla dieron cuenta particularmente a esta Sede Apostólica de aquellos peligros que surgían en cuestiones de Fe, a fin de que allí señaladamente se resarcieran los daños de la Fe, donde la Fe no puede sufrir mengua". 

               "Roma locuta, causa finita est", "Roma ha hablado, la causa está definida, resuelta". Siempre los Católicos desde los primeros siglos se dirigían al Papa para que él dirimiera las cuestiones de Fe, cuando había dudas o disputas en algún tema teológico. ¿Por qué? Porque sabían, como dice el texto, que en Roma, en el Papa, es "donde la Fe no puede sufrir mengua", y no hacían distinciones: "ah, pero tiene que ser con Magisterio solemne, porque si no, se puede equivocar...". Volvemos a preguntar: ¿cómo sería posible lo que dice el texto si un Papa verdadero realmente pudiera caer en el error y enseñarlo a la Iglesia Universal?. 

               Veamos la fuerza del texto; repitámoslo: sabiendo plenísimamente que esta Sede de San Pedro permanece SIEMPRE intacta de todo error. Realmente, ¿cómo puede haber hoy en día obispos y sacerdotes tradicionales que leyendo esto, “permanece siempre intacta de todo error”, puedan decir que un Papa puede equivocarse al hablar a la Iglesia universal; cómo sería entonces verdad lo que dice el texto de que está siempre intacta de todo error?... O Pastor aeternus está equivocado y tienen razón los que nos dicen que un Papa verdadero puede enseñar errores y herejías a la Iglesia universal; o -lo que es más lógico- Pastor ætérnus está en lo correcto y los que se equivocan son los que nos dicen la falsedad de que un Papa sí puede inducir al error a toda la Iglesia.  

               Hay otro punto, relacionado sobre este tema, respecto al cual quisiéramos hacer una aclaración que nos parece importante. En toda esta cuestión de la infalibilidad se suele traer a colación a San Roberto Belarmino —y también a otros teólogos y Santos— que dicen que el Papa que cae en herejía pública y manifiesta, por ese mismo hecho, deja de ser Papa y cabeza de la Iglesia. Nosotros mismos en el pasado les hemos compartido y hablado de dichas citas; particularmente San Roberto Belarmino es el más nombrado al respecto.
 
              ¿Entonces qué pasó? ¿No estamos por tanto equivocados y un Papa verdadero entonces sí puede caer en herejías? La respuesta es, en realidad, muy sencilla. Cuando San Roberto y demás teólogos hablan sobre el supuesto de que un Papa dijera una herejía pública y manifiesta, siempre aclaran que se refieren en cuanto a doctor privado o persona particular. Esto es muy importante comprenderlo bien.
  
               En efecto, una cosa es que el Papa hable en cuanto Papa, en cuanto Sumo Pontífice, en cuanto Pastor y maestro de todos los católicos, cumpliendo con su oficio público de Papa —como hace por ejemplo en las Encíclicas, Bulas, Constituciones y demás documentos oficiales de enseñanza—, y otra cosa es que hable en cuanto doctor privado o persona particular, por ejemplo en una conversación con alguien.
   
               En éste último supuesto es que San Roberto y los demás teólogos se han expresado, pues ellos sabían y tenían bien claro que el Papa, cuando cumple su oficio público de Pastor y Maestro de todos los católicos, no puede enseñar ningún error sobre la Fe y las Costumbres porque precisamente eso está amparado por la infalibilidad.

               ...un extracto de una Encíclica de Pío IX, llamada Quæ in Patriarchatu, que va contra de los que dicen reconocer a los falsos Papas como verdaderas autoridades y resistir, sin embargo, todas su directivas, negándoles la sujeción y obediencia debidas a la autoridad: "¿Qué tiene de bueno proclamar en alto el Dogma de la supremacía de San Pedro y sus sucesores? ¿De qué sirve repetir una y otra vez declaraciones de Fe en la Iglesia Católica y de obediencia a la Sede Apostólica cuando las acciones contradicen estas hermosas palabras?. Es más, ¿no es acaso la rebelión mucho más inexcusable por el hecho de que la obediencia es reconocida como una obligación? ¿(…) es suficiente estar en Comunión de Fe con esta Sede sin añadir la sumisión de la obediencia -cosa que no puede ser mantenida sin dañar la Fe Católica-?". (Septiembre de 1876)

               ...¿de qué les sirve, como dice, vivir haciendo declaraciones de Fe y de obediencia cuando su obrar dice todo lo contrario; cuando, desobedeciendo a los que ellos mismos dicen que son la autoridad, hacen todo un apostolado paralelo, una iglesia paralela, en contra de la voluntad de la “autoridad” a la que supuestamente reconocen?

               ...tengamos bien claro lo siguiente: un verdadero y legítimo Papa no puede nunca enseñar errores a la Iglesia universal en materia de Fe y costumbres; ello iría directamente contra el Dogma definido por Pío IX. 
    
               También tengamos bien claro que esto se aplica no sólo al Magisterio Solemne o extraordinario del Papa, sino también a su Magisterio Ordinario o habitual, sean Encíclicas, Bulas, Constituciones, etc.
 
               Dicho sea de paso, gracias a este Dogma es que podemos discernir claramente y sin temor a equivocarnos que los “Papas” (entre comillas) del Concilio Vaticano II han sido falsos Papas, usurpadores, porque públicamente y en documentos oficiales han enseñado y siguen enseñando errores contra la Fe y la moral Católicas; el escándalo más reciente en ese sentido siendo el documento de Francisco que salió hace algo más de un mes, en el que se permite a los sacerdotes ¡bendecir a parejas homosexuales!. ¡Qué más queremos!. Si Francisco fuera verdadero Papa, eso hubiera sido imposible, porque la infalibilidad no lo hubiera permitido.
    
               Encomendémonos a la Santísima Virgen María y pidámosle a ella que nos ayude en estos tiempos a afianzarnos en esta Verdad de la Fe Católica y a perseverar en ella, y que a todos los que están equivocados en este punto tan importante les dé luz para corregirse.


Extractos del Sermón del Padre Pío Vázquez,
en el Primer Domingo de Cuaresma, 18 de Febrero de 2024




miércoles, 7 de febrero de 2024

LA FE PURA E INMACULADA: LA IGLESIA ESCONDIDA EN CATACUMBAS

 

Y muchos falsos profetas 
se levantarán, y engañarán a muchos; 
y por haberse multiplicado la maldad, 
el amor de muchos se enfriará. 
Mas el que persevere hasta el fin, 
éste será salvo.

Evangelio de San Mateo, cap. 24, vers. 1-13


               En estos tiempos oscuros en que estamos viviendo, somos testigos directos de la ruina moral de la "Iglesia del Concilio"; a diario, sus jerarcas y teólogos parecen inmersos en la misión de desmontar la Fe de los Apóstoles, negando la Sana Doctrina, negando lo escrito en la Sagrada Escritura, desnudando de Poder a Dios, negando los Dogmas de Fe, contaminando el "culto" en base a experiencias personales, muchas veces llenas de una soberbia increíble y descalificando la Fe bimilenaria de la Iglesia para implantar su propia doctrina como objeto de verdad. 



               Esta Apostasía es tan evidente como contagiosa, ya que lo que empezó a principios del siglo XX con un grupúsculo de "modernistas", perseguidos y condenados por los Papas, se ha convertido en un ejército, que actuando desde los resortes de la "Curia Romana", valiéndose de la infraestructura eclesiástica, han creado una nueva religión, "Católica" sólo de nombre, ya que se nutre de viejas, nuevas y falsas doctrinas, anatemizadas ayer y ensalzadas hoy, señalando así a Nuestro Señor como mentiroso, que nos aseguró que Él es "el mismo ayer, hoy y por los siglos" (San Pablo a los Hebreos, cap. 13, vers. 8).

               La Apostasía, manifestada sin disimulo desde el inicuo "Concilio Vaticano II", en los últimos años ha envenenado a Roma con enseñanzas relativistas en cuanto al bien y al mal, como las recientes "bendiciones" a homosexuales y adúlteros, propuestas y firmadas por el "Papa" Bergoglio, el mismo que asegura que la salvación es para "todos, todos y todos", en un claro apostolado del indiferentismo religioso, herejía condenada por la Iglesia Católica... claro que en esa falsa iglesia no les preocupa demasiado el destino de las almas: en el peor de los casos, el Infierno, si existe, "está vacío", según sentencia del individuo que mancha la sotana blanca.

               En estas últimas décadas hemos visto que si no se predica del pecado, el hombre pierde la conciencia del bien y del mal, entrando de esta manera el alma en la conocida como Apostasía Moral; así ocurre en la "Iglesia del Concilio", donde se impone el no hablar sobre el mal -tampoco se predica sobre la virtud- renunciando así a la conversión del pecador y aceptando que es mejor que el hombre permanezca como está, en base a una falsa misericordia que sólo arrastra al alma a una ciénaga, de lodo herético y ruina moral de la que es muy difícil salir. 

               Un buen Católico, que quiera conservar y perseverar en la Fe de Nuestro Señor Jesucristo, ha de abstenerse completamente de participar o tener colaboración alguna con la neo religión que predica la "Iglesia del Concilio", ya sea en Parroquias, Catequesis, Cofradías, Órdenes Terceras, grupos de oración, etc. 

               Si hay posibilidad de tener la asistencia de algún Sacerdote (válidamente ordenado) debemos acogernos a su guía para recibir los Sacramentos y tener la dicha de asistir al Santo Sacrificio de la Misa.

               En caso contrario, si no podemos tener acceso a un Sacerdote íntegro, que profese la genuina Fe Católica, debemos mantenernos en Catacumbas, esto es, vivir al modo de los primeros Cristianos; en Catacumbas nada nos impedirá existir en continua oblación de nuestro día, en la observancia de la Santa Ley de Dios, rezando con piedad y a diario: desde por la mañana con el Ofrecimiento de Obras,  buscando oportunamente un tiempo para el Santo  Rosario (al menos el rezo y contemplación de cinco Misterios), también realizando frecuentes Comuniones Espirituales, o elevando el alma al Cielo con la recitación frecuente de jaculatorias o con la práctica de alguna devoción particular, como al Sagrado Corazón de Jesús, o las Santas Llagas; en Catacumbas nunca dejemos de asirnos de la mano de Nuestra Santa Madre, usando Su Escapulario del Carmelo como prenda de consagración a Ella y arma efectiva en las luchas espirituales. 

               En Catacumbas, donde somos perseguidos, calumniados, marginados, pero en donde nos mantenemos Católicos al fin, apartados de la connivencia con el mundo y sus vanidades, libres de la herejía y del engaño modernista de crear un dios a nuestro acomodo, guerreros que afilan las armas del combate con la piedra de la Doctrina y del Magisterio Católicos, aguardando el pronto Regreso de Cristo como Justo Juez, que ha de separar, para siempre, la cizaña del trigo, que bendecirá a los que le han servido en espíritu y en verdad y que maldecirá eternamente a los que lo han negado delante de los hombres.


ALGUNOS TEXTOS ALUSIVOS
A LA APOSTASÍA ACTUAL


                Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la Verdad para escuchar cosas fantasiosas. Tú, en cambio, vigila atentamente, soporta todas las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la perfección tu ministerio.

II Timoteo, cap. 4, vers. 3-5


               ...habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones... 

2 Carta de San Pedro, cap. 2, vers. 1-2


               Por lo que respecta a la Venida de Nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. 

               Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la Apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.

San Pablo en II Tesalonicenses, cap. 2, vers. 1-4


               Como los impíos no prevalecieron contra Él (Cristo), aun cuando lo amarraron con cuerdas, lo arrastraron al juicio, le vendaron los ojos, se burlaron de Él como un rey falso, lo hirieron en la cabeza como un falso Profeta, le arrastraron, y lo crucificaron, y en el ejercicio de su poder parecían tener un dominio absoluto sobre Él, de modo que Él cayó en tierra y casi fue aniquilado bajo sus pies; y como en el mismo tiempo en que estaba muerto y sepultado fuera de sus ojos, fue conquistador de todos, resucitó al tercer día y ascendió al Cielo, y fue coronado, glorificado e investido con Su Realeza y reina Rey de reyes y Señor de señores, así será con su Iglesia: aunque por un tiempo perseguida y, a los ojos del hombre, derrocada y pisoteada, destronada, despojada, burlada y aplastada, incluso en ese gran tiempo de triunfo las puertas del Infierno no prevalecerán. 

               En la Iglesia de Dios hay una resurrección y una ascensión, una realeza y un dominio, una recompensa de Gloria por todo lo que ha soportado. Como Jesús, necesita sufrir en el camino a su corona; así será coronada eternamente con Él. 

               Que nadie, entonces, se escandalice si la profecía habla de los sufrimientos por venir. Nos encanta imaginar triunfos y glorias para la Iglesia en la tierra, que el Evangelio sea predicado a todas las naciones, y que el mundo se convierta, y todos los enemigos sometidos, y no sé qué, hasta que algunos oídos se impacientan al oír que hay dispuesto, para la Iglesia, un tiempo de terrible juicio. Y así hacemos como los judíos de antaño, que buscaban un conquistador, un rey y la prosperidad; y cuando su Mesías vino en humildad y pasión, no lo conocieron. Así que, me temo, muchos de nosotros con nuestras mentes intoxicadas con visiones de éxito y victoria, no podemos soportar la idea de que hay un tiempo de persecución por venir para la Iglesia de Dios....

               Los Santos Padres que han escrito sobre el tema del Anticristo y de las profecías de Daniel, sin una sola excepción, hasta donde yo sé, y son los Padres tanto del Oriente como del Occidente, los griegos y los latinos, todos ellos unánimemente, dicen que en los Últimos Tiempos del mundo, durante el reinado del Anticristo, el Santo Sacrificio del Altar cesará. En la obra sobre el Fin del Mundo, atribuida a San Hipólito, después de una larga descripción de las aflicciones de los últimos días, leemos lo siguiente: 

               "Las iglesias se lamentarán con gran lamentación, porque no se ofrecerá más Oblación, ni incienso, ni adoración aceptable a Dios. Los edificios sagrados de las iglesias serán como chozas; Y el precioso Cuerpo y Sangre de Cristo no se manifestará en aquellos días; la Liturgia se extinguirá; Cesará el canto de los salmos; la lectura de la Sagrada Escritura ya no será escuchada. Pero habrá tinieblas sobre los hombres tinieblas, lamentación tras lamentación, y aflicción tras aflicción.

               Entonces la Iglesia será dispersada, echada al desierto, y será por un tiempo, como era al principio, invisible, escondida en Catacumbas, en cuevas, en montañas, en lugares de escondite; Por un tiempo será barrida, por así decirlo, de la faz de la tierra. Tal es el testimonio universal de los Padres de los primeros siglos....".

               La Palabra de Dios nos dice que hacia el Final de los Tiempos el poder de este mundo se volverá tan irresistible y tan triunfante que la Iglesia de Dios se hundirá bajo su mano, que la Iglesia de Dios no recibirá más ayuda de los emperadores, reyes, príncipes, legislaturas, naciones, pueblos, para resistir en contra de la fuerza y el poderío de su antagonista. Se le privará de protección. Se debilitará, desconcertará y se postrará, y estará sangrando a los pies de las potencias de este mundo.

Cardenal Henry Edward Manning, 1861


               La primera de las consecuencias de la apostasía de los Estados es la condenación eterna de una multitud de almas. Porque cuando el error está encarnado en fórmulas legales y en las prácticas administrativas, él penetra en los espíritus en profundidades donde se torna casi imposible extirparlo.

Cardenal Louis-Édouard Pie


              

               ...ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno a favor del mundo. 

               Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa... Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo...  La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado... 

               Abolirán la Fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de sus malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la Fe y perderán a muchísimas almas. 

               ...llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos, los fieles Discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo.

Del Secreto de Nuestra Señora de La Salette, 1879



martes, 23 de enero de 2024

SÓLO LA RELIGIÓN CRISTIANA ENSEÑA ESA VERDAD PLENA



               (...)toda casa que no se apoya sobre una base sólida y segura ruina; toda la inteligencia que no es iluminada por la luz de Dios se aleja más o menos de la plenitud de la verdad; surgen las discordias, aumentan, crece, si la caridad fraternal no afervora los ciudadanos, los pueblos y las naciones.

               Ahora bien, sólo la Religión Cristiana enseña esa Verdad plena, esa justicia perfecta y esa caridad divina que elimina odios, enemistades y peleas; de hecho, sólo ella las recibió en custodia del Divino Redentor, Camino, Verdad y Vida (Jn 14, 6), y con todas las fuerzas debe hacerlas poner en práctica. 

               No hay duda, entonces, de que aquellos que quieren deliberadamente ignorar la Religión Cristiana y la Iglesia Católica, o que se esfuerzan en ponerles obstáculos, debilitan con eso las bases de la Sociedad, o las sustituyen por otras que absolutamente no pueden sostener el edificio de la dignidad, libertad y bienestar humanos.

               Es preciso, pues, volver a los preceptos del Cristianismo, si se quiere formar una sociedad sólida, justa y equitativa. Es perjudicial, es imprudente entrar en conflicto con la Religión Cristiana, cuya duración perenne es garantizada por Dios y probada por la Historia... en un estado sin religión, no puede haber ni rectitud moral ni orden. 

               La Religión es que hace que las almas sean formadas en la justicia, la caridad, la obediencia a las leyes justas; ella condena y proscribe el vicio; induce a los ciudadanos a la virtud, sino que les rige y les regula la conducta pública y privada ; enseña que la mejor distribución de la riqueza no se logra por la violencia y por la revolución, pero mediante normas justas, de modo que el proletario que aún no tenga los medios de vida necesarios y oportunos puede ser elevado a una condición más formal, con feliz solución para las disensiones sociales; de ese modo ella trae un eficaz contribución al buen orden y la justicia, aunque no haya sido creada únicamente para ofrecer y aumentar las comodidades de la vida..."


Papa Pío XII, Carta Encíclica "Meminisse Iuvat", 
14 de Julio de 1958