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martes, 13 de mayo de 2025

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE FÁTIMA

 



                  Fátima es una región ubicada en el centro de Portugal, unos 100 kilómetros al norte de Lisboa. Consta de numerosas pequeñas aldehuelas escondidas en la elevación conocida como la Sierra de Aire. Una tal aldehuela se llama Aljustrel; y es aquí, y más precisamente en los rocosos pastizales circundantes, que nuestra historia toma lugar. Allí, cuando Europa vivía en medio de la Gran Guerra, Nuestra Señora quiso manifestarse a tres niños: dos hermanos,  Jacinta (7 años) y Francisco Marto (8 años), y su prima Lucía Dos Santos (10 años), de familias muy humildes, eran medio analfabetos, de profesión pastores y dotados de una profunda religiosidad. 

                  Aunque los tres eran Videntes, pues observaron a Nuestra Señora como gracia espiritual, tan sólo Lucía hablaba con Ella; Jacinta solo la escuchaba y su hermano Francisco también gozaba de la visión pero no podía escuchar a la Virgen.


RELATO DE LAS APARICIONES
según las "Memorias" de Sor Lucía Dos Santos


PRIMERA APARICIÓN DEL ÁNGEL

               Por este tiempo, (Primavera de 1916) Francisco y Jacinta pidieron y obtuvieron permiso de sus padres para comenzar a guardar sus rebaños. Entonces acordamos pastorear nuestros rebaños en las propiedades de mis tíos y de mis padres, para no juntarnos en la sierra con los otros pastores.

               Un bello día fuimos con nuestras ovejas a una propiedad de mis padres, situada al fondo de dicho monte, mirando al saliente. Esa propiedad se llama «Chousa Velha». Alrededor de media mañana comenzó a caer una lluvia fina, algo más que orvallo. Subimos la falda del monte seguidas por nuestras ovejas, buscando un resguardo que nos sirviese de abrigo.

               Allí pasamos el día, a pesar de que la lluvia había cesado y el sol había aparecido, hermoso y claro. Comimos nuestra merienda, rezamos nuestro Rosario, y no recuerdo si no fue uno de aquellos Rosarios que solíamos rezar, cuando teníamos ganas de jugar, pasando las cuentas y diciendo solamente las palabras: “Padre nuestro y Ave María”. Terminado nuestro rezo, comenzamos a jugar a las chinas. Hacía poco tiempo que jugábamos, cuando un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar la vista para ver lo que pasaba, pues el día estaba sereno. Vemos, entonces, que, desde el olivar  se dirige hacia nosotros un joven de unos 14 ó 15 años, más blanco que la nieve, el sol lo hacía transparente, como si fuera de cristal, y de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros, dijo: 

               – ¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo.

               Y arrodillándose en tierra, dobló la frente hasta el suelo y nos hizo repetir por tres veces estas palabras: 

               – ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y Os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Os aman. 

              Después, levantándose, dijo: 

              – Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas. 

              Sus palabras se grabaron de tal forma en nuestras mentes, que jamás se nos olvidaron. Y, desde entonces, pasábamos largos ratos así, postrados, repitiéndolas muchas veces, hasta caer cansados. 




SEGUNDA APARICIÓN DEL ÁNGEL

              Pasado bastante tiempo, en un día de verano, en que habíamos ido a pasar el tiempo de siesta a casa, jugábamos al lado de un pozo que tenía mi padre en la huerta. De repente vimos junto a nosotros la misma figura o Ángel, como me parece que era, y dijo: 

               – ¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Santísimos Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios. 

               – ¿Cómo nos hemos de sacrificar? – le pregunté. 

               – En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio como acto de reparación por los pecados con que El es ofendido y como súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad, con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe. 

TERCERA APARICIÓN DEL ÁNGEL 

              Pasó bastante tiempo y fuimos a pastorear nuestros rebaños a una propiedad de mis padres, que queda en la falda del mencionado monte, un poco más arriba que los Valinhos. Es un olivar al que llamábamos «Pregueira». Después de haber merendado, acordamos ir a rezar a la gruta que queda al otro lado del monte; para lo cual, dimos una vuelta por la cuesta y tuvimos que subir un roquedal que queda en lo alto de la «Pregueira». Las ovejas consiguieron pasar con muchas dificultades.

             Después que llegamos, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo, etc. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos levantamos para ver lo que pasaba y vimos al Ángel, que tenía en la mano izquierda un Cáliz, sobre el cual había suspendida una Hostia, de la que caían unas gotas de Sangre dentro del Cáliz. En Ángel dejó suspendido en el aire el Cáliz, se arrodilló junto a nosotros, y nos hizo repetir tres veces. 

               – Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, Os adoro profundamente y Os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Sacratísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. 

              Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: 





               – Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. 

              Y, postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: «Santísima Trinidad... etc.», y desapareció. Nosotros permanecimos en la misma actitud, repitiendo siempre las mismas palabras; y cuando nos levantamos, vimos que era de noche y, por tanto, hora de irnos a casa.

PRIMERA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA, 13 DE MAYO DE 1917

               Estando jugando con Jacinta y Francisco encima de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos, de repente, como un relámpago. 

             – Es mejor irnos ahora para casa –dije a mis primos–, hay relámpagos; puede venir tormenta. – Pues sí. Y comenzamos a descender la ladera, llevando las ovejas en dirección del camino. 

              Al llegar poco más o menos a la mitad de la ladera, muy cerca de una encina grande que allí había, vimos otro relámpago; y, dados algunos pasos más adelante, vimos sobre una carrasca una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, irradiando una luz más clara e intensa que un vaso de cristal, lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos detuvimos sorprendidos por la aparición. Estábamos tan cerca que nos quedábamos dentro de la luz que la cercaba, o que Ella irradiaba. Tal vez a metro y medio de distancia más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo: – No tengáis miedo. No os voy a hacer daño.

              – ¿De dónde es Vd.? – le pregunté.

              – Soy del Cielo.

              – ¿Y qué es lo que Vd. quiere?

              – Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13 a esta misma hora. Después os diré quién soy y lo que quiero. Después volveré aquí aún una séptima vez (1).

               – Y yo, ¿también voy al Cielo?

               – Sí, vas.

               – Y, ¿Jacinta?

               – También.

               – Y ¿Francisco?

               – También; pero tiene que rezar muchos Rosarios.

               Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran amigas mías e iban a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor.

                – ¿María de las Nieves ya está en el Cielo?

                – Sí, está. (Me parece que debía de tener unos dieciséis años).

                – Y, ¿Amelia?

                – Estará en el Purgatorio hasta el Fin del Mundo. (Me parece que debía de tener de dieciocho a veinte años).

               –¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

               – Sí, queremos.

               – Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.



Toca sobre la imagen para verla en su tamaño original;
se recomienda su copia y difusión, sin fines comerciales 

               Fue al pronunciar estas últimas palabras (la gracia de Dios, etc...) cuando abrió por primera vez las manos comunicándonos una luz tan intensa como un reflejo que de ellas se irradiaba, que nos penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios que era esa luz, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por un impulso íntimo, también comunicado, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: 

               – Oh Santísima Trinidad, yo Os adoro. Dios mío, Dios mío, yo Os amo en el Santísimo Sacramento. 

               Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: 

             – Rezad el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra

               En seguida comenzó a elevarse suavemente, subiendo en dirección al naciente, hasta desaparecer en la inmensidad de la lejanía. La luz que la rodeaba iba como abriendo camino en la bóveda de los astros, motivo por el cual alguna vez dijimos que habíamos visto abrirse el Cielo.


NOTAS ACLARATORIAS

              1- Esta «séptima vez» tuvo lugar la mañana del día 16 de Junio de 1921, cuando Lucía se despedía de la Cova de Iría. Se trataba de una Aparición particular y personal.


jueves, 20 de febrero de 2025

JACINTA MARTO, Vidente de Nuestra Señora y Alma Víctima



               Jacinta de Jesús Marto nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima (Portugal), el 5 de Marzo de 1910, siendo la séptima y última hija de Manuel Pedro Marto y Olimpia de Jesús. Sería bautizada el 19 del mismo mes.

               Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. Desde muy joven comenzó a pastorear el rebaño de sus padres, en compañía del hermano Francisco Marto y de la prima Lucía de Jesús, los dos Videntes mayores. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera la más joven de los videntes de Nuestra Señora; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir...

               El Cielo favoreció a Jacinta con particulares revelaciones: "No sé cómo fue -comentó una vez a su prima Lucía- he visto al Santo Padre en una casa muy grande, de rodillas, delante de una mesa, llorando con las manos en la cara. Fuera de la casa había mucha gente: unos le tiraban piedras, otros le maldecían y le decían cosas muy feas. ¡Pobrecito Santo Padre!, tenemos que rezar mucho por él". 

               En otra ocasión, estando los tres pastorcitos en el campo, mientras rezaban la oración que les había enseñado el Ángel, Jacinta se levantó precipitadamente y dijo a su prima: "¡Mira! ¿No ves muchos caminos, senderos y campos llenos de gente que llora de hambre y no tienen nada para comer?… ¿Y al Santo Padre, en una iglesia al lado del Corazón de María, rezando?".

                Los niños videntes de Fátima, a iniciativa de Jacinta, tomaron la costumbre de ofrecer tres Avemarías por el Papa después de cada Rosario que rezaban. 

               También contó Lucía que Jacinta vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó. Alguna vez me preguntaba: "¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el Infierno a los pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el Infierno a toda aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el Infierno!".

               Cayó enferma en Diciembre de 1918 a causa de una epidemia de neumonía, que obligó a internarla en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la Señora María Godinho, a quien Jacinta llamaba cariñosamente "Madrina", y a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.



              Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al Hospital de Doña Estefanía. Antes de partir, en una despedida que cortaba el corazón, abrazada a su prima Lucía dijo: "¡Nunca más nos volveremos a ver! Reza mucho por mí hasta que yo vaya para el Cielo. Después allí, yo pediré mucho por ti. No digas nunca el Secreto a ninguno, aunque te maten. Ama mucho a Jesús y al Inmaculado Corazón de María y haz muchos sacrificios por los pecadores". 

               En el Hospital sufriría una cruel operación, sin apenas anestesia, que la dejaría debilitada de muerte. La Virgen le había anunciado el día de su muerte (1), por eso, el día 20 de Febrero de 1920, entonces Primer Viernes, empezando la Cuaresma, alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos Sacramentos. Hizo confesión con el Padre Pereira dos Reis, que no le suministró la Comunión en Viático pues creía que la niña exageraba al asegurar que ese mismo día moriría. A las 10:30 de la noche, la Virgen Nuestra Señora vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.

               “Ya falta poco para irme al Cielo. Tú quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a Su lado se venere el Corazón de María, que pidan la paz al Inmaculado Corazón de María, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro del pecho, que me está abrasando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María.” (Palabras de despedida de Jacinta Marto a su prima Lucia Dos Santos)


NOTA ACLARATORIA

               1- Según el relato oficial de la propia Sor Lucía Dos Santos, vidente de Nuestra Señora y prima de Jacinta, días antes de ir al hospital la niña le aseguró "iré a Lisboa, a otro hospital; que ya no volveré a verte, como tampoco a mis padres, y que después de sufrir mucho, moriré solita. Pero añadió que no tenga miedo, porque Ella vendrá a por mí para llevarme hasta el Cielo".



martes, 20 de febrero de 2024

QUE PIDAN LA PAZ A ESTE INMACULADO CORAZÓN, en el Aniversario de Jacinta Marto

  


               Jacinta de Jesús Marto nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima (Portugal), el 5 de Marzo de 1910, siendo la séptima y última hija de Manuel Pedro Marto y Olimpia de Jesús. Sería bautizada el 19 del mismo mes.

               Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. Desde muy joven comenzó a pastorear el rebaño de sus padres, en compañía del hermano Francisco Marto y de la prima Lucía de Jesús, los dos Videntes mayores. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera la más joven de los videntes de Nuestra Señora; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir...

               El Cielo favoreció a Jacinta con particulares revelaciones: "No sé cómo fue -comentó una vez a su prima Lucía- he visto al Santo Padre en una casa muy grande, de rodillas, delante de una mesa, llorando con las manos en la cara. Fuera de la casa había mucha gente: unos le tiraban piedras, otros le maldecían y decíanle cosas muy feas. ¡Pobrecito Santo Padre!, tenemos que rezar mucho por él". 

               En otra ocasión, estando los tres pastorcitos en el campo, mientras rezaban la oración que les había enseñado el Ángel, Jacinta se levantó precipitadamente y dijo a su prima: "¡Mira! ¿No ves muchos caminos, senderos y campos llenos de gente que llora de hambre y no tienen nada para comer?… ¿Y al Santo Padre, en una iglesia al lado del Corazón de María, rezando?".

                Los niños videntes de Fátima, a iniciativa de Jacinta, tomaron la costumbre de ofrecer tres Avemarías por el Papa después de cada Rosario que rezaban. 

               También contó Lucía que Jacinta vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó. Alguna vez me preguntaba: "¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el Infierno a los pecadores?. Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el infierno a toda aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el Infierno!".

               Cayó enferma en Diciembre de 1918 a causa de una epidemia de neumonía, que obligó a internarla en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la Señora María Godinho, a quien Jacinta llamaba cariñosamente "Madrina", y a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.

              Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al hospital de Doña Estefanía. Antes de partir, en una despedida que cortaba el corazón, abrazada a su prima Lucía dijo: "¡Nunca más nos volveremos a ver!. Reza mucho por mí hasta que yo vaya para el Cielo. Después allí, yo pediré mucho por ti. No digas nunca el Secreto a ninguno, aunque te maten. Ama mucho a Jesús y al Inmaculado Corazón de María y haz muchos sacrificios por los pecadores". 



               En el hospital sufriría una cruel operación, sin apenas anestesia, que la dejaría debilitada de muerte. La Virgen le había anunciado el día de su muerte (1), por eso, el día 20 de Febrero de 1920, entonces primer Viernes, empezando la Cuaresma, alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos Sacramentos. Hizo confesión con el Padre Pereira dos Reis, que no le suministró la Comunión en Viático pues creía que la niña exageraba al asegurar que ese mismo día moriría. A las 10:30 de la noche, la Virgen Nuestra Señora vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.

               La Santa Misa de cuerpo presente se ofició en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Lisboa, donde su cadáver estuvo depositado hasta el día 24, sin mostrar síntomas de descomposición ni emitir mal olor. Su virginal cuerpo sería transportado a un sepulcro de familia del Barón de Alvaiázere, en el Cementerio de Vila Nova de Ourém. Posteriormente, trasladarían a la pastorcita al Cementerio Parroquial de Fátima el 12 de Septiembre de 1935, fecha en que la urna fue abierta, comprobando que se encontraba incorrupta, si bien en posteriores reconocimientos se encontró la descomposición natural.

               El 1 de Mayo de 1951 los restos mortales de Jacinta fueron finalmente inhumados en la Basílica del Santuario de Fátima, donde hasta el día de hoy reposan junto a los de su hermano Francisco. 


NOTA ACLARATORIA


               1- Según el relato oficial de la propia Sor Lucía Dos Santos, vidente de Nuestra Señora y prima de Jacinta, días antes de ir al hospital la niña le aseguró "iré a Lisboa, a otro hospital; que ya no volveré a verte, como tampoco a mis padres, y que después de sufrir mucho, moriré solita. Pero añadió que no tenga miedo, porque Ella vendrá a por mí para llevarme hasta el Cielo".



lunes, 20 de febrero de 2023

QUE PIDAN LA PAZ A ESTE INMACULADO CORAZÓN... Jacinta Marto, Vidente de Fátima

 

               Jacinta de Jesús Marto nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima (Portugal), el 5 de Marzo de 1910, siendo la séptima y última hija de Manuel Pedro Marto y Olimpia de Jesús. Sería bautizada el 19 del mismo mes.

               Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. Desde muy joven comenzó a pastorear el rebaño de sus padres, en compañía del hermano Francisco Marto y de la prima Lucía de Jesús, los dos Videntes mayores. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera la más joven de los videntes de Nuestra Señora; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir...




               El Cielo favoreció a Jacinta con particulares revelaciones: "No sé cómo fue -comentó una vez a su prima Lucía- he visto al Santo Padre en una casa muy grande, de rodillas, delante de una mesa, llorando con las manos en la cara. Fuera de la casa había mucha gente: unos le tiraban piedras, otros le maldecían y decíanle cosas muy feas. ¡Pobrecito Santo Padre!, tenemos que rezar mucho por él". 

               En otra ocasión, estando los tres pastorcitos en el campo, mientras rezaban la oración que les había enseñado el Ángel, Jacinta se levantó precipitadamente y dijo a su prima: ¡Mira! ¿No ves muchos caminos, senderos y campos llenos de gente que llora de hambre y no tienen nada para comer?… ¿Y al Santo Padre, en una iglesia al lado del Corazón de María, rezando?".

                Los niños videntes de Fátima, a iniciativa de Jacinta, tomaron la costumbre de ofrecer tres Avemarías por el Papa después de cada Rosario que rezaban. 

               También contó Lucía que Jacinta vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó. Alguna vez me preguntaba: "¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el infierno a los pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el infierno a toda aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el Infierno!".

               Cayó enferma en Diciembre de 1918 a causa de una epidemia de neumonía, que obligó a internarla en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la Señora María Godinho, a quien Jacinta llamaba cariñosamente "Madrina", y a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.

              Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al hospital de Doña Estefanía. Antes de partir, en una despedida que cortaba el corazón, abrazada a su prima Lucía dijo: "¡Nunca más nos volveremos a ver! Reza mucho por mí hasta que yo vaya para el Cielo. Después allí, yo pediré mucho por ti. No digas nunca el secreto a ninguno, aunque te maten. Ama mucho a Jesús y al Inmaculado Corazón de María y haz muchos sacrificios por los pecadores". 

               En el hospital sufriría una cruel operación, sin apenas anestesia, que la dejaría debilitada de muerte. La Virgen le había anunciado el día de su muerte (1), por eso, el día 20 de Febrero de 1920, entonces primer Viernes, empezando la Cuaresma, alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos Sacramentos. Hizo confesión con el Padre Pereira dos Reis, que no le suministró la Comunión en Viático pues creía que la niña exageraba al asegurar que ese mismo día moriría. A las 10:30 de la noche, la Virgen Nuestra Señora vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.

               La Santa Misa de cuerpo presente se ofició en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Lisboa, donde su cadáver estuvo depositado hasta el día 24, sin mostrar síntomas de descomposición ni emitir mal olor. Su virginal cuerpo sería transportado a una urna hasta el sepulcro de familia del Barón de Alvaiázere, en el cementerio de Vila Nova de Ourém. Posteriormente, trasladarían a la pastorcita al cementerio parroquial de Fátima el 12 de Septiembre de 1935, fecha en que la urna fue abierta, comprobando que se encontraba incorrupta, si bien en posteriores reconocimientos se encontró la descomposición natural.

               El 1 de Mayo de 1951 los restos mortales de Jacinta fueron finalmente inhumados en la Basílica del Santuario de Fátima, donde hasta el día de hoy reposan junto a los de su hermano Francisco. 


NOTA ACLARATORIA


               1- Según el relato oficial de la propia Sor Lucía Dos Santos, vidente de Nuestra Señora y prima de Jacinta, días antes de ir al hospital la niña le aseguró "iré a Lisboa, a otro hospital; que ya no volveré a verte, como tampoco a mis padres, y que después de sufrir mucho, moriré solita. Pero añadió que no tenga miedo, porque Ella vendrá a por mí para llevarme hasta el Cielo".




sábado, 19 de febrero de 2022

JACINTA MARTO, Vidente de Nuestra Señora de Fátima

 



               Jacinta de Jesús Marto nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima (Portugal), el 5 de Marzo de 1910, siendo la séptima y última hija de Manuel Pedro Marto y Olimpia de Jesús. Sería bautizada el 19 del mismo mes.

               Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. Desde muy joven comenzó a pastorear el rebaño de sus padres, en compañía del hermano Francisco Marto y de la prima Lucía de Jesús, los dos Videntes mayores. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera la más joven de los videntes de Nuestra Señora; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir...

               El Cielo favoreció a Jacinta con particulares revelaciones: "No sé cómo fue -comentó una vez a su prima Lucía- he visto al Santo Padre en una casa muy grande, de rodillas, delante de una mesa, llorando con las manos en la cara. Fuera de la casa había mucha gente: unos le tiraban piedras, otros le maldecían y decíanle cosas muy feas. ¡Pobrecito Santo Padre!, tenemos que rezar mucho por él". 

               En otra ocasión, estando los tres pastorcitos en el campo, mientras rezaban la oración que les había enseñado el Ángel, Jacinta se levantó precipitadamente y dijo a su prima: ¡Mira! ¿No ves muchos caminos, senderos y campos llenos de gente que llora de hambre y no tienen nada para comer?… ¿Y al Santo Padre, en una iglesia al lado del Corazón de María, rezando?".

                Los niños videntes de Fátima, a iniciativa de Jacinta, tomaron la costumbre de ofrecer tres Avemarías por el Papa después de cada Rosario que rezaban. 

               También contó Lucía que Jacinta vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó. Alguna vez me preguntaba: "¿Por qué es que Nuestra Señora no muestra el infierno a los pecadores? Si lo viesen, ya no pecarían, para no ir allá. Has de decir a aquella Señora que muestre el infierno a toda aquella gente. Verás cómo se convierten. ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno!".

               Cayó enferma en Diciembre de 1918 a causa de una epidemia de neumonía, que obligó a internarla en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la Señora María Godinho, a quien Jacinta llamaba cariñosamente "Madrina", y a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.

              Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al hospital de Doña Estefanía. Antes de partir, en una despedida que cortaba el corazón, abrazada a su prima Lucía dijo: "¡Nunca más nos volveremos a ver! Reza mucho por mí hasta que yo vaya para el Cielo. Después allí, yo pediré mucho por ti. No digas nunca el secreto a ninguno, aunque te maten. Ama mucho a Jesús y al Inmaculado Corazón de María y haz muchos sacrificios por los pecadores". 

               En el hospital sufriría una cruel operación, sin apenas anestesia, que la dejaría debilitada de muerte. La Virgen le había anunciado el día de su muerte (1), por eso, el día 20 de Febrero de 1920, entonces primer Viernes, empezando la Cuaresma, alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos Sacramentos. Hizo confesión con el Padre Pereira dos Reis, que no le suministró la Comunión en Viático pues creía que la niña exageraba al asegurar que ese mismo día moriría. A las 10:30 de la noche, la Virgen Nuestra Señora vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.


 
En 1935 tuvo lugar la primera exhumación del cuerpo de Jacinta Marto; 
si bien entonces se encontró parcialmente incorrupto, 
con el paso del tiempo sufriría la descomposición natural


               La Santa Misa de cuerpo presente se ofició en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Lisboa, donde su cadáver estuvo depositado hasta el día 24, sin mostrar síntomas de descomposición ni emitir mal olor. Su virginal cuerpo sería transportado a una urna hasta el sepulcro de familia del Barón de Alvaiázere, en el cementerio de Vila Nova de Ourém. Posteriormente, trasladarían a la pastorcita al cementerio parroquial de Fátima el 12 de Septiembre de 1935, fecha en que la urna fue abierta, comprobando que se encontraba incorrupta, si bien en posteriores reconocimientos se encontró la descomposición natural.





               El 1 de Mayo de 1951 los restos mortales de Jacinta fueron finalmente inhumados en la Basílica del Santuario de Fátima, donde hasta el día de hoy reposan junto a los de su hermano Francisco. 


LOS VIDENTES DE FÁTIMA 
según el Padre Manuel Formigão,
Doctor en Derecho Canónico y en Teología, canónigo 
y profesor en el Seminario Patriarcal de Santarém, Portugal


              "No se puede dudar de la sinceridad de los niños. ¿Cómo podían representar una comedia tres niños simples e ignorantes, una de diez años de edad, otro de nueve y la otra de siete? ¿Cómo podían mantener sus afirmaciones, a pesar de las amenazas que les hacían, de las persecuciones de las que fueron objeto y de la prisión que sufrieron?.   

              No pretendieron aprovecharse de sus visiones, ni siquiera para satisfacer su vanidad. Ellos no hablaban de ese asunto sino cuando eran interrogados. Hasta es un hecho constatado por muchas personas que ellos huían y se escondían no raras veces, cuando eran buscados para ser sometidos a interrogatorios". 


NOTA ACLARATORIA

               1- Según el relato oficial de la propia Sor Lucía Dos Santos, vidente de Nuestra Señora y prima de Jacinta, días antes de ir al hospital la niña le aseguró "iré a Lisboa, a otro hospital; que ya no volveré a verte, como tampoco a mis padres, y que después de sufrir mucho, moriré solita. Pero añadió que no tenga miedo, porque Ella vendrá a por mí para llevarme hasta el Cielo".



sábado, 19 de junio de 2021

EL COMPENDIO DE FÁTIMA: ORACIÓN, PENITENCIA Y ENMIENDA DE VIDA

 


               Nuestra Señora señala como remedios fundamentales para el mundo contemporáneo la oración, la penitencia y la enmienda de vida. Es de estas tres posturas meramente espirituales que Ella hace depender la manutención de la paz, la preservación de Occidente contra la propaganda comunista y la supervivencia, por tanto, de la propia Civilización.

               Podrán chocarse con esto muchos Católicos mal avisados, que colocan todas sus esperanzas en medios meramente humanos. Se figuran ellos que todo estaría a salvo el día en que la Iglesia estuviese fuertemente dotada de seminarios, universidades, periódicos, revistas, librerías, cinemas, teatros, obras de caridad y de asistencia social. En esta concepción, todo se reduce al ámbito meramente natural. La descristianización tiene como causa la insuficiencia de nuestros medios de propaganda y de acción. El día en que hubiésemos remediado esta insuficiencia, habremos vencido la descristianización. Mientras tanto, la Santísima Virgen se aparece en Fátima, y sobre todos estos medios de acción no dice una sola palabra.

               En Fátima se inculca igualmente, con expresiva insistencia, la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que también ha sido puesta en la penumbra por cierta tendencia de espiritualidad muy en boga en nuestros días. El culto al Sagrado Corazón de Jesús fue considerado por todos los teólogos como una de las más preciosas gracias con que la Santa Iglesia ha sido confortada en los últimos siglos. Estaba destinado a reanimar en los hombres el amor de Dios entorpecido por el naturalismo del Renacimiento, por los errores de los protestantes, jansenistas, deístas y racionalistas. En el siglo XIX, fue por medio de esta Devoción que el Apostolado de la Oración produjo un admirable reflorecimiento de vida religiosa en todo el mundo. Y, como los males de que el Sagrado Corazón de Jesús nos debe preservar crecen día a día, es evidente que día a día se acentúa la actualidad de esta incomparable devoción.



               No obstante, es necesario añadir que, con la agravación de los males contemporáneos, la Providencia como que quiso superarse a sí misma, señalando a los hombres como blanco de su piedad al Corazón de María, que de cierto modo perfecciona y lleva a su plenitud el culto al Sagrado Corazón de Jesús. Los estudios y la devoción cordimariana no son nuevos. Nos parece, sin embargo, que la simple lectura de los mensajes de Fátima demuestra con cuánta insistencia la Santísima Virgen los quiere para nuestros días. 

              La misión que Ella confió a la hermana Lucía fue especialmente la de quedarse en la tierra para atraer a los hombres hacia el Corazón Inmaculado de María. Varias veces esta Devoción es recompensada durante las visiones. Este Corazón Santísimo se presenta inclusive, en la Segunda Aparición, coronado de espinas por nuestros pecados, pidiendo la oración reparadora de los hombres. Nos parece que este punto como que compendia en sí todos los tesoros de los mensajes de Fátima.


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira



sábado, 5 de septiembre de 2020

"...VENDRÉ A PEDIR LA COMUNIÓN REPARADORA DE LOS PRIMEROS SÁBADOS..."


               "Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación" 

               De esta manera se dirigía Nuestra Señora a Sor Lucía Dos Santos; acontecía la celestial revelación en la ciudad gallega de Pontevedra, era el 10 de Diciembre de 1925 y entonces, la que había sido vidente de la Virgen en Fátima, junto a sus primos Jacinta y Francisco, se preparaba ahora para ser Esposa de Cristo, como religiosa dorotea. 


               Años atrás, en la aldea de Fátima, cuando Lucía y sus primos eran unos niños, habían sido bendecidos con las visitas de la Madre de Dios; en la Aparición del 13 de Junio de 1917, Nuestra Señora les mostró la terrible visión del lugar de penas eternas... "Habéis visto el infierno -les dijo la Virgen- a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón." Fiel a la Voluntad de Dios, la Virgen Santa se manifiesta a una Lucía ya adulta para hacerle cumplir con el pedido que otrora le formulara en Fátima, "Para impedir la guerra vendré a pedir la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados..." (13 de Julio de 1917). 


               En la última entrevista fiable que se realizó a Sor Lucía, ésta volvería a reafirmar su Misión de propagar la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue el Padre Agustín Fuentes Anguiano, quien el 26 de Diciembre de 1957, en calidad de Postulador de la Causa de Canonización de Francisco y Jacinta, tuvo acceso a hablar con Sor Lucía, en un locutorio de la clausura del Monasterio de San José de Coimbra, donde ahora vivía como carmelita descalza.


               Sor Lucía desveló al Padre Fuentes que "mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas sus apariciones. Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores, nos llegaban al alma..." También aseguró Sor Lucía que "el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva, es una batalla final en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio."


               El Padre Agustín Fuentes dijo que Sor Lucía le aclaró que la Virgen "me dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y, al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros."






¿Cómo practicar la Devoción 
de los Cinco Primeros Sábados del Mes?


               1) Confesarse, dentro de los ocho días anteriores, con la intención de desagraviar las ofensas al Inmaculado Corazón de María. 

               2) Recibir la Comunión en el primer Sábado del mes, en gracia de Dios, con la misma intención de consolar y reparar al Doloroso Corazón de María. La Confesión y la Comunión deben repetirse durante cinco meses consecutivos, sin interrupción, de lo contrario se debe comenzar de nuevo.

               3) Rezar el Santo Rosario, al menos cinco Misterios, con la misma intención de desagraviar al Corazón de María.

               4) Hacer compañía a la Virgen durante quince minutos, meditando los Misterios del Rosario. Esto se puede hacer leyendo un pasaje de la Sagrada Escritura alusivo a los Misterios del Santo Rosario (por ejemplo la Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Virgen Purísima). 






jueves, 20 de febrero de 2020

Centenario de la entrada en el Cielo de Jacinta Marto, Vidente de Nuestra Señora de Fátima


"...Dile a toda la gente que Dios nos concede las gracias 
por medio de ese Corazón Inmaculado; 
que se las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús 
quiere que a Su lado se venere el Corazón de María. 
Que pidan la paz a este Inmaculado Corazón 
porque Dios se la entregó a Ella..." 

Palabras de Jacinta de Jesús Marto a su prima Lucía Dos Santos




               Jacinta de Jesús Marto nació en el pueblo de Aljustrel, Fátima, el 11 de Marzo de 1910, y fue bautizada ocho días más tarde. 

               Creció en un hogar sencillo, más bien pobre, pero muy cristiano. La Divina Providencia dispuso que con apenas siete años, el 13 de Mayo de 1917, fuera una de las videntes de Nuestra Señora junto a su hermano Francisco y su prima Lucía; era ésta última la única que dialogaba con Nuestra Señora, mientras que Jacinta la veía y escuchaba; en el caso de Francisco, tan sólo veía a la Virgen, pero no la escuchaba, de ahí el ruego de Nuestra Señora "a Francisco sí se lo podéis decir..."

               Cayó enferma en Diciembre de 1918 a causa de una epidemia de neumonía, que obligó a internarla en el Hospital de Vila Nova de Ourém; después, del 21 de Enero al 2 de Febrero de 1920, estuvo en el Orfanato de Nuestra Señora de los Milagros, en la Calle de Estrella, en Lisboa, casa fundada por la Señora María Godinho, a quien Jacinta llamaba cariñosamente "Madrina", y a quien confiaría muchas revelaciones de parte de Nuestra Señora.

              Cuando empeoró su salud la trasladaron a Lisboa, al hospital de Doña Estefanía, donde el día 20 de Febrero de 1920 -justo hace hoy cien años- alrededor de las 6 de la tarde, avisó que se sentía mal y pidió los últimos Sacramentos. Hizo confesión con el Padre Pereira dos Reis. A las 10:30 de la noche, la Virgen vino a buscarla como le había prometido... aún no tenía los 10 años.

               La Santa Misa de cuerpo presente se ofició en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Lisboa, donde su cadáver estuvo depositado hasta el día 24, sin mostrar síntomas de descomposición ni emitir mal olor. Su virginal cuerpo sería transportado a una urna hasta el sepulcro de familia del Barón de Alvaiázere, en el cementerio de Vila Nova de Ourém. Posteriormente, trasladarían a la pastorcita al cementerio de Fátima el 12 de Septiembre de 1935, fecha en que la urna fue abierta, comprobando que se encontraba incorrupta .

               El 1 de Mayo de 1951 los restos mortales de Jacinta fueron finalmente inhumados en la Basílica del Santuario de Fátima, donde hasta el día de hoy reposan junto a los de su hermano Francisco. 


"Jacinta tenía un porte siempre serio, modesto y afable, 
que parecía manifestar la presencia de Dios 
en todos sus actos, propio de las personas 
ya avanzadas en edad y de gran virtud. 
Nunca le vi la levedad en demasía ni el entusiasmo 
propio de los niños por los adornos y los juegos 
(esto después de las apariciones). 
No puedo decir que los otros niños corriesen para 
estar junto a ella, como hacían para estar junto a mí. 
Esto tal vez se debía a que ella no sabía tantos cantos 
e historietas para enseñarles y entretenerlos, 
o porque la seriedad de su porte era muy superior a su edad.
 Si en su presencia algún niño, o incluso personas grandes,
decían algo o hacían alguna acción menos conveniente, 
las reprendía, diciendo: “No hagan eso, que ofenden 
a Dios Nuestro Señor. ¡Y Él ya está tan ofendido! (...)" 

Memorias de Sor Lucía Dos Santos