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jueves, 16 de abril de 2026

TE DEBE DOLER SOBRE TODO DOLOR EL ABANDONO QUE PADEZCO EN EL SAGRARIO, por el Obispo Manuel González



                    Dejad que el Cura aquel os vuelva a contar las cosas que decía al Amo de su Sagrario en las horas que ante Él se pasaba: llenar mi Parroquia, Señor, cuánto lo ansiol ¡qué alegría verla con las puertas abiertas de par en par, para que los Fieles que no caben dentro rebosen hacia fuera y todo el pórtico tenga que convertirse en Iglesia!. ¡Mi iglesia llena, Señor!. 

                    Y parece que le respondían desde allá dentro: ¿Llena?. ¡Cuando tú quieras!. Mira yo no me pago de la grandeza del número de los hombres, sino de grandeza de sus virtudes, y de sus obras buenas, Yo no vine a levantar ejércitos que asustaran a los hombres, sino a sembrar y fecundar virtudes, obras buenas que purificaran la tierra y embalsamaran el Cielo. 

                    Yo no me siento acompañado con número sino con la calidad. Muchas veces veo Mis Iglesias llenas de pueblo y Me siento sólo y tan abandonado como en el Huerto... despreocúpate tú de la sugestión del número y preocúpate más de la calidad. Más que llenarme de gente Mis Iglesias, preocúpate en llenármela de buen olor de Comuniones fervorosas, de Adoraciones rendidas, de suspiros de amor, de aspiraciones de esperanza, de inspiraciones de Fe, de oraciones bien rezadas, de lágrimas de pecadores, de propósitos eficaces de enmienda, de vida intensamente eucarística. Déjame a Mí multiplicar la gente cuando tú con Mi Gracia multipliques la alegría que en Mí y en ti ha de producir el olor de esas cosas buenas. 

                    Llena Mi templo de olor de cosas buenas y Yo te prometo que ese olor se extenderá por las calles y las casas de tu feligresía y verás como la Iglesia tuya será pequeña y tendrás que levantar más Iglesias para los que han de venir. Pero sabe que no puede haber cosas buenas con Mi Sagrario cerrado. Mira que hombres y obras que no pasen por el Sagrario abierto no pueden oler bien y al fin y a la postre olerán a muerto. Mira que si te duelen las injusticias que padecen los pobres, las penas de los enfermos, los escándalos de los niños... te debe doler sobre todo dolor el abandono que padezco en el Sagrario, que es la injusticia de más urgente y trascendental reparación y la pena que más escarnece y el escándalo que más ruinas trae a las almas. 

                    Mira que un Sagrario abandonado es para Mi Corazón la más cruel de todas las contrariedades, y para sus vecinos la fuente de todas sus desdichas. Sí, dedica tu celo y tu industria a buscarme un grupo de almas, tres, dos, una siquiera que se pongan de verdad a amarme y acompañarme en Mi Sagrario... que se vuelvan locas de amor... un loco hace cientos... ¡Que se abran muchas veces las puertas de Mi Sagrario y verás lo que sale por ellas!.


Manuel González, Obispo de Palencia
en su obra "Aunque todos...yo no", editada en 1938



jueves, 12 de marzo de 2026

EL CORAZÓN DE JESÚS TRAS LA PUERTA DEL SAGRARIO, por el Obispo Manuel González



                    Yo no sé que nuestra Religión tenga un estímulo más poderoso de gratitud, un principio más eficaz de amor, un móvil más fuerte de acción que un rato de oración ante un Sagrario abandonado. 

                    Quizás una fe superficial saque escándalo y tibieza de ese abandono; pero una fe que medite y sobrе todo un corazón que ahonde un poco debajo de la corteza de las cosas, descubrirá en ese Jesús abandonado que se deja acompañar de telarañas у sabandijas, que se pasa los días y las noches solo durante años y años y a pesar de todo eso no se va de aquél Sagrario, ni deja de mandar sol desde la mañana a la noche y agua para la sed y pan para el hambre y salud y descanso y fuerzas beneficiosas en cada segundo y a cada uno de los que le maltratan; ese Corazón, repito, no tiene más remedio que ver en ese modo de abandonar de los hombres y en esa manera de corresponder de Jesucristo, el Evangelio vivo, pero con una vida tan brillante, tan fecunda, tan activa, tan en ebullición de Amor de Cielo, que no hay más remedio que entregarse a discreción y sin reserva, diciendo con San Pedro: Aunque todos Te abandonen, yo no te abandonaré... ¡Este Amor no se parece a ningún otro amor!.

                    De mí sé deciros que aquella tarde en aquel rato de Sagrario yo entreví para mi Sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado y para mis entusiasmos otra poesía que antes me era desconocida. Creo que allí se desvanecieron mis ilusiones de Cura de pueblo, de costumbres patriarcales y sencillas... Ser Cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo, emplear mi Sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que Su Vida de Sagrario le ha creado, alimentarlo con mi amor, calentarlo con mi presencia, entretenerlo con mi conversación, defenderlo contra el abandono y la ingratitud, proporcionar desahogos a Su Corazón con mis Santos Sacrificios, servirle de pies para llevarlo a donde lo desean, de manos para dar limosna en Su Nombre aun a los que no lo quieren, de boca para hablar de Él y consolar por Él y gritar a favor de Él cuando se empeñen en no oirlo..... hasta que lo oigan y lo sigan..... ¡qué hermoso Sacerdocio!. 

                    Y ¿si se obstinan en no quererlo?. Y ¿si no quieren ni mi amistad, porque los lleva a Él, ni mi dinero porque en Su Nombre lo doy y me cierran todas las puertas?. ¡No importa!. Siempre a Jesús y a mí nos quedará el consuelo de tener una por lo menos abierta: Él la de mi corazón y yo la del Suyo...


Manuel González, Obispo de Palencia
en su obra "Aunque todos...yo no", editada en 1938


jueves, 5 de marzo de 2026

RETIRAR EL SAGRARIO: EL PEOR MAL DE LA VIDA CRISTIANA, por el Obispo Manuel González



                    A mi corazón de Sacerdote le basta saber que tuve una Parroquia de 20.000 almas a mi cargo, que por la salvación de esas almas, no regateé sacrificios ni industrias de celo, y que sin embargo, mi Parroquia no acabó de llenarse de hijos suyos, ni aun los Domingos. Ese era el gran problema de mi vida sacerdotal, el bocado amargo que siempre estaba probando, mi pesadilla cuando dormía y mi preocupación despierto, era lo que ponía mis días tristes y lo que nublaba todas mis alegrías, mi gran contrariedad, lo que me hacía sentir despiadadamente el peso de mis pecados, y la ausencia de la Santidad a que estoy llamado, eso es lo que hasta me sacaba los colores de la vergüenza a la cara: ¡mi Parroquia desierta muchas veces, casi desierta otras, y llena nunca, y las tabernas y los casinos de mi Parroquia rebosando gente! 

                    Y como yo sé que esa es también la gran pena, la gran contrariedad, el gran problema de la mayoría de mis hermanos los Sacerdotes, yo os invitaría a que os vinierais conmigo en espíritu al Sagrario de aquella mi Parroquia y, si vuestra paciencia no lo llevara a mal, escucharíais lo que el Cura de aquella Parroquia le decía al Amo suyo y de todas sus cosas. En una conversación que poco más o menos versa sobre estos tres puntos: ¡Que по vienen! ¿por qué no vendrán? ¿cómo vendrían?. 

                    Sigue preguntándose y preguntando al Huésped de su Sagrario el Cura aquel. Y después de hacer un recuento de obras de atracción realizadas por él o por otros, de estudiar sobre el terreno con todo el desapasionamiento posible las causas de esa aversión, antipatía o desgano de Iglesia que caracteriza a las gentes de nuestro tiempo, el Cura de mi Sagrario sacaba esta consecuencia: los hombres han perdido el apetito espiritual. ¿Por qué?. Porque se les ha hecho pasar mucha hambre y el hambre cuando es excesiva trae la inapetencia y hasta la repulsión de los alimentos. ¡Hambre de qué!. Hambre de Vida intensamente Cristianа.

                    Nos hemos extasiado muchas veces ante nuestros templos rebosando gentes, nuestras procesiones recibiendo homenajes y aclamaciones populares; nos hemos recreado quizás demasiado en el título de Católica de nuestra España, en el carácter de oficial de nuestra Religión en España, en las gloriosas acciones de nuestra Católica Historia, en nuestros Católicos Antepasados y, mientras nuestro espíritu se entretenía en esos arrobamientos y nuestras manos en aplaudir nuestra Fe Tradicional y nuestra boca en alabarla, no echábamos de ver que ese pueblo cuya Fe tanto aplaudíamos estaba casi а cuarta ración de alimento espiritual. 

                    Como que el espíritu de ese pueblo no recibía más alimento que un sermón de cuando en cuando, quizás más aplaudido y elocuente que entendido y practicado, una Misa de doce, quizás más elegante que devota, unas funciones con más luces y flores que unción y recogimiento, una Caridad de más apariencia que fondo y con más filantropía laica que virtud cristiana. Más aún a ese pueblo ha oído poco o casi nada el Evangelio, y ha tenido como un misterio (revelable sólo los iniciados) el conocimiento y la práctica de la Piedad, ese pueblo ha olvidado o no ha aprendido el Catecismo, ha pasado a sus niños por las escuelas seis o siete años sin que se les diera de comulgar más que una sola vez y eso cuando la aparición de las picardías del niño anunciaba el uso de razón...

                    A ese pueblo, sobre todo, y la pena más amarga anuda mi garganta al tocar este punto, a ese pueblo se le dejó perder el hábito del Sagrario. El Sagrario dejó de ser el Nido de Amores, el Alcázar de la Dicha, la Sala del Festín, la Casa Solariega de los Cristianos, y se fue trocando poco а poco en casa, muy respetable es verdad, pero tan aislada como respetable y tan inaccesible como aislada. Yo no sé el que se haya hecho jamás más daño a la Vida Cristiana como con este retirar de su circulación Sagrario. 

                    El Cristianismo es el Sagrario, y, aunque ésta no sea la ocasión de demostrarlo, vosotros afirmaréis conmigo que el Sagrario en nuestra Religión no es un remate más o menos airoso de sus cimas, ni un broche de oro que lo cierra, ni una de las instituciones que lo embellecen, sino que la Eucaristía, el Sagrario es todo el Cristianismo, es el Principio, Fin y Razón de ser de sus Dogmas y su Moral, de sus sacrificios y de sus virtudes, de sus bellezas y de sus milagros... 

                    Yo no puedo pensar qué sería un Cristianismo sin Eucaristía, porque Su Fundador no quiso que lo hubiera; pero sí digo que el actual Cristianismo todo es con, por y para la Eucaristía, y sin Ella, no titubeo en decirlo, el Cristianismo es nada, de tal modo que puede formularse esta regla cierta; a más frecuencia de Sagrario más Cristianismo: a menos Sagrario menos Cristianismo. 

                    Pues bien, el pueblo aquel que llenaba nuestros templos y dejó de frecuentar el Sagrario, llegó olvidar prácticamente que el Sagrario era sobre todo la grande e insustituible Casa de Comida de las Almas y a persuadirse de que era sólo lugar de recreo o tribunal para premiar a los Santos o Trono altísimo de la Majestad de Dios y terminó por dejar solo el Sagrario para los Santos o para los que quisieran andar por caminos más estrechos. Nuestro pueblo llegó a creerse, prácticamente menos, que podía conservarse en un Cristianismo regular y de modestas pretensiones sin Sagrario, sin mucho Sagrario. ¡Qué error!. Como si se pudiera vivir sin comer!.


Manuel González, Obispo de Palencia
en su obra "Aunque todos...yo no", editada en 1938



jueves, 1 de mayo de 2025

EL TRATO FRECUENTE, AFECTUOSO Y PERSONAL CON ÉL. Primer Jueves, recemos por la Santidad Sacerdotal



                    “Creo que el mal del abandono de los Sagrarios es el que más directamente va contra el Corazón de Jesús... En el orden práctico de la Gloria de Dios y de la vida de las almas, el mal de todos los males es el abandono del Sagrario; y el bien, causa y principio de todos los bienes, es la Compañía del Sagrario”.

                    “El Corazón de Jesús Sacramentado echa de menos en muchos, muchos de Sus amigos el trato frecuente, afectuoso y personal con Él... La Eucaristía abandonada es Jesucristo contrariado con la más amarga de las contrariedades, y las almas y las sociedades privadas de ríos y de mares de bienes.. Yo no sé que se haya hecho jamás más daño a la Vida Cristiana como con este retirar de su circulación al Sagrario”.

                    “Jesús está en el Sagrario no en momentos del día o de la noche, sino todos los minutos del día y de la noche… Y está no en representación de imagen o en una reliquia de un cuerpo, o en una palabra de Su boca, sino que está presente, entero y vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”.


Obispo Manuel González




jueves, 3 de abril de 2025

EL DUEÑO DE LA LLAVE DEL SAGRARIO. Primer Jueves, recemos por la Santidad Sacerdotal

  

               Déjame que ante todo te pregunte como en otro tiempo a Mis apóstoles: ¿tú quién dices que Soy Yo?. Y después de esa pregunta Mía y de la respuesta tuya, igual seguramente a la de Pedro, insto: ¿Y te has puesto a pensar en lo que ese Padre es para Su Hijo y ese Hijo es para Su Padre?. ¡Lo que Mi Padre me quiere!. 



              Junta en una caricia todos los cariños buenos de la tierra de padres a hijos, de hijos a padres, de hermanos a hermanos, de amigos a amigos, reúne en un beso la explosión de todos los besos que han brotado de labios de madres desde el primer día que las hubo, pon en una llama todo el fuego que ha salido de corazones amantes desde el primer momento en que se amaron los hombres, y ni aquella caricia, ni aquel beso, ni esta llama llegarán a ser una sombra del Amor con que Mi Padre me ama. 

              Hablando tu lenguaje humano tan escaso de vocablos que expresen con propiedad lo grande y lo bello, y mucho menos lo Infinito, te diré que, si en Dios cupieran desatinos y locuras, Mi Padre Celestial me quiere hasta la locura y el desatino y tanto que Su única ocupación de Señor Eterno, infinitamente Sabio, Bueno, Poderoso, es esto: recrearse y complacerse en Su Hijo. 

              Y si sigues no escandalizándote de este lenguaje humano aplicado a hablar de cosas tan subidas e inefables, te diré que la Creación entera con sus Ángeles, sus hombres y sus insectos, con sus soles y sus arenas, con sus aires y sus aguas y sus tierras y sus fuegos, y la Redención con sus anonadamientos de Belén, Cenáculo y Calvario, con sus glorias de Tabor y Resurrección, con sus donaciones inefables de Eucaristía, de Virgen Madre y de Iglesia, no son otra cosa que explosiones de Amor del Padre Celestial para Su Hijo. 

               Sí, todo lo del Cielo, lo de la Tierra y lo de los abismos lo puso Mi Padre en Mis manos y lo hizo para Mí y lo sometió a Mi Juicio. (…) ¿No nada en placer tu alma al saber que el mundo con sus distintos reinos y jerarquías, no es otra cosa que un poema cantado y hecho cantar en honor de Su Hijo por el Amor de un Padre infinitamente Bueno, Sabio, Poderoso? ¿No desaparecen de ante tus ojos medrosos todos los miedos y horrores y tenebrosidades de la vida al enterarte de que toda ella no es en definitiva sino el festín de bodas aparejado por el gran Rey a Su Hijo y que toda tu misión en ella es sentarte a gozar del festín, comer de lo que te presenten y cantar?... ¿Comprendes ahora la palabra que tantas veces repetí en Mi Evangelio: TODO, ¿te enteras bien? TODO lo que pidan al Padre en Mi Nombre se lo dará para glorificar a Su Hijo, o bien: Yo se lo daré para que el Padre sea glorificado en el Hijo? 

               Sacerdote, después de meditar lo que el Hijo vale delante de Su Padre, ¿volverás a dejar que entre en tu corazón el miedo o el engreimiento?. ¿Tú, el dueño de la llave del Sagrario en que se quedó a vivir el Hijo?. ¿Tú, el que todas las mañanas puedes tomar entre tus dedos la Hostia Consagrada que es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Hijo de Dios?. Siendo tuyo el Hijo de Dios, ¿te podrá negar algo el Padre Celestial?. Y si lo cuidas bien en tu Sagrario, buscándole mucha y buena compañía de almas, y en las almas preparándolas para que Él se sienta a gusto en ellas, ¿has pensado en la gratitud que te guardará Su Padre?.


Obispo Manuel González, en su libro "Aunque todos yo no"




jueves, 13 de febrero de 2025

Meditaciones de Manuel González, el Obispo del Sagrario Abandonado. ESE SAGRARIO DE SUS AMORES



               ¡Con qué gusto habla un Sacerdote del Sagrario!, del Sagrario en que vive el Jesús que lo ha hecho Su consagrante, Su repartidor, Su guardián, Su vecino, Su confidente, Su... inseparable. ¡El Sacerdote y el Sagrario! ¡Dios mío! ¡Lo que da que decir y qué pensar y qué amar y qué agradecer y qué derretirse la unión de esas dos palabras! ¡Porque pensar que con valer tanto y tanto el Sagrario, la divina largueza lo ha unido tan estrechamente al Sacerdocio, que sin uno no puede existir el otro!... ¡Sin Sacerdocio no hay Sagrario!. 

              ¡Qué alegría, amigos, inunda mi alma de Sacerdote al ver mi vida tan entrelazada, por así decirlo, con la existencia del Sagrario!. ¿Qué le importa a un Sacerdote no ceñir a sus sienes coronas de conquistador, de héroe, de sabio o de otras grandezas de aquí de la tierra, si puede saborear ante el Cielo y ante la tierra el gusto inacabable de esa palabra; soy el hombre del Sagrario?. 

               Por eso, para la lengua y para la pluma de un Sacerdote no hay tema de conversación ni más delicioso, ni más propio, ni más interesante, que el hablar del Sagrario. Tanto más, cuanto que ese Sagrario de sus amores y que se ha instituido para ser conocido, amado y frecuentado, padece desconocimientos y abandonos inconcebibles, no sólo por parte de los que viven lejos de él, sino de los que viven o debieran vivir cerca, muy cerquita... 


«Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario»
por el Obispo Manuel González



jueves, 9 de enero de 2025

Meditaciones de Manuel González, el Obispo del Sagrario Abandonado. LA FALTA DE TERNURA SACERDOTAL



               A las veces, ¡echa tanto de menos el amigo Jesús del Sagrario las miradas y las palabras de cariño de sus sacerdotes! ¡La ternura de los Sacerdotes, cómo la ansía!. He observado que muchos favores y milagros del Evangelio fueron otorgados, más que a la fe de los que pedían, a la ternura con que se trataba al Corazón de Jesús.

               Las hermanas de Lázaro no pidieron ni la salud ni la resurrección de su hermano enfermo y muerto; expusieron su estado, «está enfermo...», «hiede de cuatro días muerto», reprocharon a Jesús su tardanza en acudir, hicieron actos de fe en su poder, pero todo eso con una ternura filial... «el que amas...». «Si hubieras estado aquí, no hubiera muerto».

               Pregunto: si Lázaro no hubiera tenido hermanas tan tiernas para con Jesús, ¿hubiera resucitado? Yo creo que no. La resurrección de Lázaro y las lágrimas con que Jesús ablanda la piedra de su sepulcro son el fruto de la ternura para con Él.

               Una comprobación de esa eficacia nos da la Sagrada Liturgia de la Misa, en los besos al Altar y al libro del Evangelio. Fijaos: cada ósculo de esos va precedido o acompañado de la petición de un gran favor para sí y para la Iglesia, como remisión de pecados, petición de bendiciones y gracias, efusión de paz, etc. Besando: ¿no es así como sacan los pequeñuelos a sus madres cuanto quieren?.

               La Iglesia, que conoce al Corazón de Jesús, y sabe cómo le gana la ternura filial, manda a sus Sacerdotes que le pidan y le traten a besos... ¡Sí, los Sacerdotes son los amigos, los siempre llamados amigos por Jesús, aun en el momento de besarlo para traicionarlo...!

               Sacerdote hermano, ¿no vendrán tus decaimientos y desmayos, tus debilidades y caídas, tus desorientaciones y oscuridades de sobra de seriedad e incomunicación y falta de jugo de ternura con tu Amigo el del Sagrario?. Y luego, ¡se parecen tanto y se diferencian tan poco estos dos términos: Hostia Consagrada y Sacerdote!. 


«Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario»
por el Obispo Manuel González



miércoles, 30 de octubre de 2024

CONSUELO DE CADA HORA AL JESÚS DE MI SAGRARIO. Meditaciones de Manuel González, el Obispo del Sagrario Abandonado




               El abandono a Jesús Sacramentado atravesó el corazón y el alma misma de un joven Sacerdote llamado Manuel González; por eso, en su parroquia de San Pedro, en la provincia andaluza de Huelva, invitó a un grupo de mujeres, delante de su Sagrario, a unirse de ese anhelo por hacer compañía a Jesús escondido los Tabernáculos. Así nacía la Obra de las Marías y de los Discípulos de San Juan para los Sagrarios-Calvarios, el 4 de Marzo de 1910. En 1912, Don Manuel fundaría a los "Juanitos", rama infantil de adoradores de Jesús abandonado.

               Puso el nombre de "Marías" a las señoras adoradoras, y "Juanes" a los hombres. La piadosa Obra no tardó en extenderse por toda España, dando lugar a numerosos turnos de vela ante el Sagrario. Tal fue el éxito del apostolado en favor de los Sagrarios Abandonados que consiguió Don Manuel algo hasta entonces inaudito: el Papa San Pío X, que había aprobado la Obra de las Marías de los Sagrarios en Noviembre de 1912, concedió la gracia de permitir que un Sacerdote celebrase la Santa Misa en la habitación de una "María" o un "Juan" cuando se encontrasen enfermos de gravedad. Gracias a la disposición papal, Nuestro Señor Sacramentado visitaba en el lecho del dolor a cuantos antes le habían hecho compañía en la iglesia.




domingo, 20 de octubre de 2024

MI VIDA TODA PARA EL ABANDONADO DEL SAGRARIO. Meditaciones de Manuel González, el Obispo del Sagrario Abandonado

 



               Manuel González García fue Arcipreste de Huelva, Obispo de Málaga y posteriormente de Palencia. Sevillano. Nació en 1877 en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa. Fue ordenado Sacerdote de Cristo el 21 de Septiembre de 1901 por el Cardenal Marcelo Spínola.

               Fue enviado a predicar una misión a un pueblo llamado Palomares del Río. Esperaba una gran acogida, un pueblo fervoroso, grandes conversiones y muchas confesiones... sin embargo, encontró un pueblo frío, nadie salió a recibirlo, ni acudieron a su convocatoria. Encontró, una iglesia restaurada pero descuidada y, además, algo que le produjo una sacudida al corazón, algo que cambió su vida: a Jesús abandonado en Su Sagrario, sucio y olvidado.

               El 4 de Marzo de 1910 fundó la "Obra de las Marías de los Sagrarios", de mujeres seglares, centrada en el culto al Santísimo Sacramento en los Sagrarios. El título hace referencia a "Las Tres Marías", o las Santas mujeres que acompañaron a Jesús Nuestro Señor en el Calvario. En Abril de 1911 fundó los "Discípulos de San Juan", para hombres seglares, con el mismo propósito. El 2 de Octubre de 1912 fundó los "Juanitos del Sagrario", para los niños.

               Su amor a la Sagrada Eucaristía le llevó a desplegar una intensísima labor apostólica y social con niños, con los obreros y pescadores, con las mujeres y los ancianos… Fue catequista insigne, fecundo escritor, editor de la revista "El granito de arena", siempre con el objetivo de hacer acompañar a Jesús en el Sagrario. Murió en Madrid el 4 de Enero de 1940.



jueves, 23 de marzo de 2023

SAGRARIOS CALVARIOS. Marías de los Sagrarios y Discípulos de San Juan

 

                    "Permitidme que, yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestra caridad en favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy vuestra atención y vuestra cooperación en favor del más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento. Os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado... os pido por el amor de María Inmaculada y por el amor de ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados..."


Obispo Manuel González




               Hubo un Obispo en España, durante la primera mitad del siglo XX, que se llamó Manuel González García. Todos cuantos hemos formado parte de su Obra le conocemos como "El Obispo del Sagrario abandonado".

               Fomentó el amor a la Sagrada Eucaristía, desde los primeros años de su Sacerdocio hasta su último aliento. En aquella época en España, algunos templos permanecían abiertos desde primeras horas de la mañana hasta la noche; a veces, junto al Sagrario, varias personas hacían vela en adoración a Jesús Sacramentado. Por contra, en otras muchas iglesias se descuidaba esta práctica de amor: demasiados Sagrarios permanecían desatendidos, sin almas generosas que quisieran acompañar a Jesús en Su encierro eucarístico.

               Ese eventual abandono a Jesús Sacramentado atravesó el corazón y el alma misma de un joven Manuel González; por eso, en su parroquia de San Pedro, en la provincia andaluza de Huelva, invitó a un grupo de mujeres, delante de su Sagrario, a unirse de ese anhelo por hacer compañía a Jesús escondido los Tabernáculos. Así nacía la Obra de las Marías y de los Discípulos de San Juan para los Sagrarios-Calvarios, el 4 de Marzo de 1910. En 1912, Don Manuel fundaría a los "Juanitos", rama infantil de adoradores de Jesús abandonado.

               Aquel santo Obispo puso el nombre de "Marías" a las señoras adoradoras, y "Juanes" a los hombres. La piadosa Obra no tardó en extenderse por toda España, dando lugar a numerosos turnos de vela ante el Sagrario. Tal fue el éxito del apostolado en favor de los Sagrarios Abandonados que consiguió Don Manuel algo hasta entonces inaudito: el Papa San Pío X, que había aprobado la Obra de las Marías de los Sagrarios en Noviembre de 1912, concedió la gracia de permitir que un Sacerdote celebrase la Santa Misa en la habitación de una "María" o un "Juan" cuando se encontrasen enfermos de gravedad. Gracias a la disposición papal, Nuestro Señor Sacramentado visitaba en el lecho del dolor a cuantos antes le habían hecho compañía en la iglesia. ¡Qué consuelo para aquellas personas notar en su calvario de la enfermedad el alivio de la cruz propia, para sentir la cruz de Jesús que sufrió por nosotros! Y a la vez, ¡oh prodigio!, el propio dolor se hacía más ligero porque el mismo Cristo junto a ellas era el acompañante bueno en los senderos del sufrimiento. Cruz junto a cruz. Calvario junto a calvario. ¡El amor que alivia el dolor!.



               El fin esencial de la Obra de las Marías de los Sagrarios y Discípulos de San Juan es acompañar al Señor en la soledad de sus Sagrarios, amarle por los que no le aman y reparar por los que le ofenden, rezando muy especialmente por los Sacerdotes de las Parroquias que tienen encomendadas. Los fines generales son la Gloria de Dios, la santificación de sus miembros y con su ejemplo procurar que se acerquen otras personas a la Sagrada Eucaristía.

               Esta Obra se propone reclutar almas nobles que, a semejanza de las Marías del Evangelio, acompañen al Solitario más digno de amor y más digno de lástima, que es Jesús, en gran número de Sagrarios de la Cristiandad. Por el gran parecido que esos Sagrarios tienen con el Calvario, pues en ellos Jesús Sacramentado es despreciado, maltratado y muerto por los malos cristianos, está muy puesto en razón que, para cada uno de esos Sagrarios Calvarios, se asignen tres Marías, que padezcan con el Crucificado Eucarístico, y un Juan, que fervorosamente se ponga de parte de Jesús, a quien los discípulos abandonan. 




jueves, 25 de agosto de 2022

ALIMENTARLO CON MI AMOR

   


               ¿Hay abandono de Sagrario? Para responder con rigor lógico, distingo dos clases de abandono de Sagrario: uno que pudiera llamarse exterior y otro interior o espiritual. Llamo abandono exterior a la ausencia habitual y voluntaria del Sagrario por parte de los católicos que lo conocen y pueden ir a visitarlo […] El abandono interior es ir al Sagrario con el cuerpo y no con el alma. Ir a él y no estar en él...

               ¡Oh, Dios mío! ¡Los Sagrarios abandonados! ¡Sagrarios de llaves enmohecidas de no servir; de vecinos que no conocen ni las palabras Eucaristía, Comunión, Santísimo Sacramento! Los Sagrarios sin niños que cariñosamente alboroten. Sin doncellas que perfumen con su pureza y su recato. Sin viejecitas que se consuelen. Sin lágrimas de arrepentidos. Sin suspiros de amadores. Sin rodillas de agradecidos. Sin... ¡Dios mío, Dios mío, sin nada que te halague, que te confiese, que te haga sentir! ¡Sin nada!. 

               Si fuéramos consecuentes con nuestra fe en la Presencia Real de Jesucristo en nuestros Sagrarios, ¡cómo deberíamos pensar, querer, sentir y proceder de manera distinta a la forma en que pensamos, queremos, sentimos y procedemos!.

               Para mis pasos yo no quiero más que un camino, el que lleva al Sagrario, y yo sé que andando por ese camino encontraré hambrientos de muchas clases y los saciaré de pan...

               ¡Ay! abandono del Sagrario, ¡cómo te quedaste pegado a mi alma! ¡Ay! ¡qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse!. 

               El Evangelio no es sólo la historia de las mayores finezas y generosidades divinas, sino la de los mayores abandonos humanos […] ¡Eucaristía! ¡Evangelio siempre nuevo y siempre vivo! ¡Historia viviente de finezas y generosidades divinas, pero sin fin! ¡Hombres! ¡hombres!, ¿será también la Eucaristía la historia de vuestros grandes abandonos?.... 

               ¿Verdad que la mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca?. 

               De mí sé deciros que aquella tarde en aquel rato de Sagrario, entreví para mi Sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado […] Ser Cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo, para quererlo yo por todo el pueblo. Emplear mi Sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que Su Vida de Sagrario le ha creado. Alimentarlo con mi amor. Calentarlo con mi presencia. Entretenerlo con mi conversación. Defenderlo contra el abandono y la ingratitud. 


Obispo Manuel González



jueves, 2 de junio de 2022

ALMAS-HOSTIAS. Primer Jueves, recemos por la Santidad de los Sacerdotes




               ¿Verdad que, si amor con amor se paga, el amor mayor de Cristo debe pagarse con el amor mayor del Cristiano? Es decir, con amor hasta el sacrificio y por toda la vida. Si el amor que me tiene mi Jesús es amor de Hostia, yo debo ser para Jesús hostia de amor...

              Buscad por el mundo a ver si encontráis un corazón más generoso, más desinteresado, más exquisitamente fino que el Corazón aquel de nuestro Sagrario… ¿No os parece que esa ocupación tan poco conocida y agradecida del Corazón de Jesús pide en retorno de vosotros ansias de verlo y de sorprenderlo e ingeniosidades de amor para agradecerlo?.  

               Por eso yo pido a las almas eucarísticas no sólo compañía de presencia corporal, sino algo que valga más, que llegue más adentro, que acompañe más íntimamente… Ese más que os vengo pidiendo hace tiempo, en una forma u otra, es la compañía de la imitación y de la compasión. ¿Cómo? Haciendo de vuestra alma lo que Jesús se hace cada día en el Pan del Sacrificio: una Hostia. ¡Almas-Hostias!.



martes, 4 de enero de 2022

MANUEL GONZÁLEZ, OBISPO DE LOS SAGRARIOS ABANDONADOS


               Monseñor Manuel González García, el "Obispo de los Sagrarios abandonados", como le gustaba llamarse, nació en Sevilla -España- el 25 de Febrero de 1877, hijo de Martín González Lara y de Antonia García Pérez, tercer hijo de cuatro hermanos. 

               Muy pequeño, ingresa en el Colegio de San Miguel, donde se formaban los “niños de coro” de la Giralda. Antes de los 10 años era uno de los “seises” de la Catedral, que cantaba y danzaba ante el Santísimo en la fiesta del Corpus y la Inmaculada.



               A los doce años ingresa al seminario de Sevilla, destacándose por su amor y devoción a la Virgen Inmaculada y a la Eucaristía.

              Ordenado Sacerdote el 21 de Septiembre de 1901, sus primeras ilusiones eran ser cura de un pueblo querido de sus feligreses desviviéndose por ellos como si fueran hijos suyos.

              En Febrero de 1902 fue enviado a dar una Misión Popular en un pueblecito andaluz: Palomares del Río (Sevilla). Allí le esperaba la semilla de su gran obra.

               Don Manuel queda impactado por el desolador abandono del Sagrario, como él nos cuenta:

               ” ...Fuíme derecho al Sagrario de la restaurada Iglesia en busca de alas a mis casi caídos entusiasmos...y ¡qué Sagrario!...Allí de rodillas ante aquel montón de harapos y suciedades mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno que me miraba... parecíame que después de recorrer con su vista aquél desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más... una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio... de mí sé deciros que aquella tarde, en aquél rato de Sagrario, yo entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había soñado.

              Ser cura de un pueblo que no quisiera a Jesucristo para quererlo yo por todo el pueblo, emplear mi Sacerdocio en cuidar a Jesucristo en las necesidades que Su vida de Sagrario le ha creado, alimentarlo con mi amor, calentarlo con mi presencia, entretenerlo con mi conversación, defenderlo contra el abandono y la ingratitud...

             ¡Ay! ¡Abandono del Sagrario, como te quedaste pegado a mi alma!¡Ay!¡Qué claro me hiciste ver todo el mal que de ahí salía y todo el bien que por él dejaba de recibirse!

               ¡Abandonado! porque no se le conoce, no se le ama, no se le come, no se le imita...” 

               Experiencia de un hecho para el que buscará remedio mientras Dios le dé vida.

               En 1905 fue destinado como Cura Ecónomo a la Parroquia de San Pedro, en Huelva, donde desarrolló una labor pastoral y social incansable, sin medios humanos, con la hostilidad y persecución de todo el pueblo, pero con un amor y confianza heroicos en la Providencia de Dios y en el Amor del Corazón de Jesús vivo en el Sagrario.

              Se hizo apóstol de los pobres, donde quiera que se anidara la pobreza, allá le llevaba su compasión.

               Su celo y maestría de catequista encontró un amplio campo de acción en la cruda realidad de los barrios de Huelva. Fundó unas escuelas populares, totalmente gratuitas, que hoy mismo nos resultan modelo por la formación integral cristiana que en ellas se brindaba. Funda una revista de catequesis eucarística, “El granito de arena”, en 1907.

              El 4 de Marzo de 1910 funda la Obra de las Tres Marías y discípulos de San Juan de los Sagrarios Calvarios (hoy UNER), extendida por varios países de América y Europa:

               “Yo hoy pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado, un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados; yo os pido, por el amor de María Inmaculada, Madre de este Hijo tan despreciado, y por el Amor de ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados...”.

               Funda en 1912 los “Juanitos del Sagrario”, para niños que quieran velar ante el Sagrario, de igual manera que San Juan acompañó a Nuestro Señor en el Calvario. El 16 de Enero de 1916 es consagrado Obispo de Málaga.

              El 3 de Mayo de 1921 funda un instituto religioso: Las Hermanas Marías Nazarenas, con la misión de consagrarse totalmente a luchar contra el abandono del Sagrario.

               En 1931 padeció la persecución anticlerical de España: la trágica noche del 11 de Mayo incendian el palacio Episcopal y la mayoría de los templos y conventos de Málaga. Expulsado de la ciudad, se ve obligado a refugiarse en Gibraltar. Sufrió el destierro de su diócesis durante cuatro años.

               En Agosto de 1935 fue destinado como Obispo de Palencia, donde su fidelidad y entrega llegaron hasta el fin, reproduciendo la inmolación continua de Jesucristo en la Santa Misa.

              El Día 4 de Enero de 1940, en Madrid, el Señor lo llamó a Su compañía eterna en el Cielo.

              Fue sepultado en la Catedral de Palencia a los pies del Sagrario según su deseo.



               Corazón amadísimo de Jesús, me he enterado que en ese Sagrario nadie, o casi nadie, Te recibe ni Te visita. ¡Nadie quiere trato contigo! ¡Cómo hace estremecer de pena esa noticia a mi alma! ¿Pero es que en ese pueblo no hay enfermos que quieran sanar, hambrientos que quieran comer, afligidos que quieran consuelo, abandonados que quieran compañía, niños que no tengan padres, mujeres que carezcan de amparo, débiles que necesitan defensa? 

               Porque Tú, Corazón querido de mi Jesús Sacramentado, eres todo eso: medicina, aliento, consuelo, amistad y protección, Amor. ¿Es que no lo saben? ¿Es que, aún sabiéndolo, no te quieren, ni quieren nada tuyo? ¡Qué pena te producirán ese desconocimiento y ese desprecio! ¿Verdad que si, Jesús mío? ¿Verdad que Te pesarán mucho esos días tan tristes y esas noches tan largas de abandono y soledad? ¿Verdad que tendrás que echar mano de toda Tu paciencia de Padre y de todo Tu Amor infinito para no cansarte de esperar tanto tiempo a los hijos que no quieren venir...? 

               Yo quisiera, Señor, ser ángel sembrador de piadosos recuerdos y cristianas enseñanzas y despertador de conciencias dormidas o muertas, para ir visitando uno por uno a todos los vecinos de ese pueblo, y decirles allá en lo más hondo del alma, con el acento más penetrante de mi palabra angélica: Hermano, ¿pero, no te has enterado de que Jesús está en el Sagrario de tu Parroquia? ¿No te has enterado...? y me llevaría diciéndoselo hasta que se enterara del todo. 

               Yo quisiera ser el misionero de esa Parroquia para gritar diariamente y cada hora en las calles y en los campos, y de rodillas si fuera preciso, delante de cada habitante del pueblo: ¡Hermanos, hermanos, Jesús está solo y no quiere ni debe estar solo! 

               Si yo pudiera tener por cada Sagrario desierto un corazón para acompañarte en él y una boca para alabarte y recibirte, ¡qué alegría sentiría mi alma al presentarme delante de Ti en cada uno de ellos y decirte: Corazón Bueno, ya no estás solo! Pero, Señor, no tengo más que un corazón, y éste, chico, miserable; una sola lengua, y ésta, torpe y manchada. ¿Te dignas, sin embargo, admitir a uno y a otra por compañeros de Tu soledad? 

               Tuyo es todo lo mío. ¿Me permites, Corazón despreciado de mi Jesús, que vaya en espíritu todos los días a ese Sagrario de tus desprecios, a recibirte y a visitarte? ¿Concedes a mi alma el que haga de ese Sagrario su palomar a donde frecuentemente vuele, para llevar los granitos de sus adoraciones y súplicas, y para tomar alimento y el descanso que la fortalezcan? ¿Me lo concedes? 

               ¡Qué feliz voy a ser desde el momento en que yo sepa que mi Jesús se digna consolarse con los obsequios de mi pobre alma! ¡Qué alegría poder consolarlo agradeciendo por los que no agradecen, pidiendo por los que no piden nunca, llorando por los que no lloran, mortificándose por los que no pecan, comulgando por los que no comulgan, amando por los que odian! 

               ¡Madre mía Inmaculada, Discípulo fiel, Marías acompañantes de Jesús en el Calvario, Ángeles adoradores de la Pasión y de los Sagrarios-Calvarios, poned en mi corazón algo de vuestro amor reparador y compasivo, y en mi lengua las alabanzas más puras y más sentidas, hablad por mi boca y amad por mi corazón, para que cuando en espíritu llame yo a las puertas de aquel Sagrario me respondan desde dentro con un dulcísimo plural: "Ya están ahí los míos, los que no me han abandonado...!" Así sea. Así sea. Así sea. 


De los escritos del Obispo Manuel González



jueves, 15 de julio de 2021

¿QUÉ HACEN QUE NO VUELAN AL SAGRARIO?


               Jesús en el Sagrario tiene algo que decirte: Como a Simón, te dice a ti: «Tengo algo que decirte». Y antes de que le respondas, «Maestro, di», quiero y te ruego que te detengas un poco a saborear esas palabras. Fíjate en el afectuoso interés que revela ese tener Él, ¿sabes quién es Él?, que decirte algo a ti, a ti. ¡Él a ti! ¿Puedes medir toda la distancia que hay entre esos dos puntos?.



               Pues tampoco podrás apreciar cumplidamente todo el valor de ese interés que tiene Él en hablarte a ti. ¡Él a ti! Nosotros tan insignificantes, pese a nuestro orgullo, en el mundo y ante los hombres; nosotros, ¡bendito Evangelio que nos lo ha revelado!, que el Rey más sabio, rico, poderoso y alto nos espera a cualquier hora del día y de la noche en el Sagrario para decirnos a cada uno con un interés revelador de un cariño infinito, la palabra que en aquella hora nos hace falta. 

               Y ¡que todavía haya aburridos, tristes, desesperados, despechados, desorientados por el mundo! ¿Qué hacen que no vuelan al Sagrario a recoger su Palabra, la palabra que para esa hora suprema de aflicción y tinieblas les tiene reservada el Maestro Bueno que allí mora? Y ¡tiene tanto valor “esa” Palabra!.

               ¿No has visto cómo se calma el ansia del enfermo dudoso de la gravedad de su mal al oír al médico la palabra tranquilizadora y anunciadora de pronta mejoría?. ¡Y la palabra del médico no cura!. ¡La Palabra del Sagrario, sí!.


(+) Manuel González, Obispo de Palencia



jueves, 17 de junio de 2021

SI ME MIRARAN, QUÉ BIEN NOS ENTENDERÍAMOS

 

               Desde el Sagrario de Mis abandonos veo pasar todos los días junto a Mis iglesias a tantos y tantos hijos... No me miran, pero Yo sí los miro y los sigo con Mi mirada a todas partes, por si alguna vez se les ocurre mirar, que se encuentren con Mi mirada... 



               ¡Pobrecillos!. Veo en sus caras retratada la fatiga de un peso grande, largo, abrumador; aun en las caras de los que pasan riendo adivino la misma fatiga. ¡Claro!. ¡Les pesa tanto la Cruz!. La enfermedad incurable, la escasez de recursos, el agobio de las deudas, los padecimientos de los seres queridos, las torturas de la maledicencia y de la calumnia, las comezones de la ambición, las fiebres de las pasiones, los remordimientos de los pecados, los mil contratiempos de la vida humana... 

              ¡Pobrecillos!, ¡Cuánto peso sobre hombros tan débiles! Y me digo cuando los veo pasar tan agobiados: ¡Si me miraran! ¡Si me miraran!, ¡qué bien nos entenderíamos!. Yo recogería la angustia de sus miradas como una oración y a la oración por Mi conducto el Padre Celestial se ha comprometido a decir siempre que sí, y ellos ¡qué bien pagados quedarían con lo que mi mirada les daría! ¡Cuidado! 

               Yo no les quitaría siempre la Cruz que llevan. ¡Hace tanta falta la Cruz para ganar el Reino Mío, que es Reino de purificados y humildes! Pero sin quitarles la Cruz, ¡cómo se la haría llevadera, alegre, fecunda y santificadora!. ¡Ah!, ¡si Mis hijos los fatigados, los abrumados, se decidieran a volver sus ojos hacia Mi Sagrario cada mañana al tomar de nuevo sobre sus hombros la carga del día!. ¡Cómo cobrarían alientos al oír sin ruidos de palabras, pero con acento que les llegaría al alma, mi pregunta del Evangelio: ¿Sois capaces...? 

               Y ¡cómo fortalecidos con Mi mirada y Mi Palabra, me responderían cada mañana: Podemos...! Y ¡vaya si podrían! Mirarlo a Él y que Él nos mire. ¿No os gustaría esa ocupación?. ¡Buscar quien me mire!. 

              ¡Buscarme cada día ojos de afligidos que se consuelen y me consolaran mirándome!. ¡Qué! .¿No es muy de vuestro oficio de acompañantes Míos procurarme a Mí miradas de angustiados y a éstos miradas de consolador?. Traed muchos afligidos al Sagrario a quien pueda Yo preguntar: ¿Sois capaces…? 


(+) Manuel González, Obispo de Palencia



jueves, 22 de abril de 2021

EL CORAZÓN DE JESÚS QUE VIVE EN EL SAGRARIO...



                Corazón de mi Jesús Sacramentado, ¡un rato en Tu compañía! ¿Me lo concedes? Mi alma tiene ansias de hablarte; está cansada de hablar con el mundo y no es oída o no es entendida. Déjame descansar hablando Contigo. Tú siempre oyes y siempre entiendes, ¡qué alegría!





               Como el agua del arroyo exhala frescura y humedad, aunque nadie se acerque a sus riberas, como la rosa exhala perfumes, aunque nadie se incline a olerla, así el Corazón de Jesús que vive en el Sagrario está siempre exhalando virtud, abandonado y solo...

               Pero, ¿en dónde me encontraré con Él? ¡Soberana realidad de los Sagrarios Cristianos, ven a dar a mi alma la respuesta y la seguridad de su dicha! Dile que sí, que el Jesús de la virtud aquella vive todavía y vive muy cerca de mí, junto a mi casa, ¡en el Sagrario! Di a mi alma y di a todas las almas que quieran oír, que en el Sagrario vive el mismo Jesús de Jerusalén y Nazaret, con Su mismo Corazón tan lleno, tan rebosante de virtud de sanar y tan abierto para que salga perennemente en favor de todos...

               En esa oscuridad, en que el abandono de los hombres Te tiene sumergido, Te confieso Luz de la luz de Dios y única Luz del mundo. En ese silencio, a que voluntariamente Te has reducido ahí, yo Te proclamo Palabra substancial de Dios y única Palabra creadora, restauradora, glorificadora y deificadora. En esa inmovilidad, a que Te has obligado ahí, yo Te reconozco Vida de Dios y única Vida de todo lo que vive.


(+) Manuel González, Obispo de Palencia