Mostrando entradas con la etiqueta Tradición Católica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tradición Católica. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de julio de 2026

¿ESTAMOS OBLIGADOS A OBEDECERLES?

 


                    Ahora no se persigue a los lobos carniceros; ahora, Sacerdotes, Obispos y Cardenales atacan los mismos Dogmas, que la Teología secular de la Iglesia había enseñado como la Verdad Revelada. Ahora se lanzan las censuras más graves de la Iglesia, para aquéllos, que tienen la audacia de defender lo que aprendieron en las aulas eclesiásticas de mayor prestigio, de Sacerdotes eminentes por su ciencia teológica...

                    Aunque falte el Papa, aunque, por un imposible, faltasen todos los Obispos, la Iglesia no quedaría sin Cabeza, porque nunca la ha abandonado, ni la abandona, ni la abandonará Cristo, que es su Divina Cabeza y cumple perennemente Sus infalibles promesas: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos".

                    Falta el Vicario, falta el lugarteniente, falta el administrador; pero no falta la Cabeza. Si, por un imposible, el Papa y los Obispos en su mayoría se apartasen de la Verdadera Doctrina de Cristo, si se opusiesen a la Tradición Apostólica, de un modo palpable y manifiesto, ¿podríamos decir que siguen siendo los visibles representantes de Jesucristo y que nosotros estamos obligados a obedecerles, contra los dictámenes de nuestra conciencia, contra las no interrumpidas enseñanzas del Magisterio auténtico e infalible, contra la misma Doctrina revelada, que ha llegado a nosotros por la Tradición y la Escritura y por el mismo Magisterio de la Iglesia?. 

                    Vale la pena citar aquí el pasaje elocuente de la Epístola de San Pablo a los Gálatas (II, 11), en el que San Pablo, con libertad de espíritu y anteponiendo a Dios sobre los criterios o conveniencias humanas, reprende a San Pedro, primer Papa, por sus condescendencias con los judaizantes. En ese pasaje aparece claramente la dependencia que el sumo ejercicio de la autoridad humana ha de tener respecto a la autoridad suprema e infinita de Dios. He aquí las palabras del Apóstol: "Mas, cuando Cefas (Pedro) vino a Antioquía le resistí cara a cara, por ser digno de reprensión. Pues él, antes que viniesen ciertos hombres de parte de Santiago, comía con los gentiles; mas, cuando llegaron aquéllos, se retractaba y se apartaba, por temor a los que eran de la circuncisión. Y los otros judíos incurrieron con él en la misma hipocresía, tanto que hasta Bernabé se dejó arrastrar por la simulación de ellos. Mas, cuando yo vi que no andaban rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas (Pedro) en presencia de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles, y no como los judíos, ¿cómo obligas a los gentiles, a judaizar? Nosotros somos judíos de nacimiento, y no pecadores procedentes de la gentilidad; mas, sabiendo que el hombre es justificado, no por obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, nosotros mismos hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados, por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley; puesto que por las obras de la Ley no será justificado mortal alguno".

                    Nadie puede condenar la actitud y los enérgicos conceptos, con que el Apóstol de las gentes reprocha la debilidad, las condescendencias, el disimulo del Jefe visible de la Iglesia, por complacer a los judaizantes y evitar así los compromisos, que una actitud franca y honesta respecto a la gentilidad convertida pudiera ocasionarle de parte de aquellos falsos hermanos, que, cristianos en apariencia, seguían adheridos a la Ley mosaica. 

                    Esta es la situación actual, en el mejor de los casos. El Papa Montini (Pablo VI) ha tolerado, disimulado, aparentado condescender con las exigencias absurdas, anticatólicas y, en muchos casos, abiertamente heréticas, de los dirigentes del "progresismo", ya sean Cardenales, Obispos, Clérigos o simples laicos. ¿Qué hubiera dicho y hecho San Pablo, ante esa caótica situación, ante esa "autodemolición" de la Iglesia, ante esas condescendencias por complacer en "ecuménico" diálogo, a los "separados", cuya ambición es reducir nuestra Iglesia a una vergonzosa secta, a una rama seca, desgajada del tronco de la Cruz de Cristo? ¿Qué hubiera opinado el Apóstol de los Gentiles ante el silencio inexplicable de la mayoría de los obispos, que más se preocupan por ajustar la Iglesia al mundo, que en predicar "oportune et importune" la doctrina austera que implica la Cruz de Cristo?

                    San Pablo reprendió en Pedro la simulación, la hipocresía, el disimulo, para acomodarse, siquiera fuera en las apariencias, a las exigencias de los judaizantes. Pablo fustigaría ahora, la claudicación, la tolerancia, la desviación manifiesta de la doctrina recibida, que pretende cambiar el Reino de Dios y Su Justicia, por la utópica "justicia de los hombres", que hoy llamamos "justicia social". 


Extractos de "Sede Vacante: Paulo VI no es Papa legítimo" 
por el Padre Joaquín Sáenz y Arriaga



NOTA

            "No puede haber, por consiguiente, ninguna verdadera oposición o pugna entre la misión invisible del Espíritu Santo y el oficio jurídico que los Pastores y Doctores han recibido de Cristo; pues estas dos realidades —como en nosotros el cuerpo y el alma— se completan y perfeccionan mutuamente y proceden del mismo Salvador Nuestro, quien no sólo dijo al infundir el soplo divino: "Recibid el Espíritu Santo", sino también imperó con expresión clara: "Como me envió el Padre, así os envío Yo; y asimismo "el que a vosotros oye, a Mí Me oye" (Papa Pío XII, Encíclica "Mystici Corporis Christi", 29 de Junio de 1943)



BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA DEL AUTOR

                    El Padre Joaquín Sáenz y Arriaga nació en Morelia, Michoacán, México, el 12 de Octubre de 1899. A los 13 años ingresó en la Compañía de Jesús, cursando en el Seminario de Loyola en Barcelona, España, en 1916. Estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma y obtuvo tres doctorados: en Filosofía, en Teología y en Derecho Canónico. Fue ordenado Sacerdote el 30 Abril de 1930 por el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. 

                    En 1952 abandonó la Compañía de Jesús. Durante la década de 1960, se opuso firmemente a las reformas del Concilio Vaticano II y a la implementación de la nueva misa (Novus Ordo). Junto a los entonces sacerdotes Moisés Carmona y Adolfo Zamora, fundó la Unión Católica Trento en México, e inspiró a tradicionalistas en Estados Unidos a crear organizaciones similares para mantener el culto católico previo a las reformas. El Padre Joaquín Sáez y Arriaga entregó su alma a Dios el 28 de Abril de 1976 en la Ciudad de México, a los 76 años. 


domingo, 5 de julio de 2026

LOS QUE SE APARTAN DE LA VOLUNTAD SANTÍSIMA DE CRISTO



                    La "SEDE VACANTE" puede durar y, de hecho, ha durado vacante, según consta en la Historia de la Iglesia, por largo tiempo, sin que esa vacancia del pontificado signifique, en manera alguna, la desaparición de la misma Iglesia. Si afirmásemos lo contrario, tendríamos que decir que el nombramiento del sucesor del Papa muerto debería hacerse simultáneamente con la muerte de su predecesor, ya que, de lo contrario, la Iglesia misma, al no tener Papa, quedaría sin fundamento, y el edificio de la Iglesia vendría por tierra. Muere el Pontífice reinante, pero no muere el Papado, la institución misma de Cristo. 

                    Por eso, así como puede morir un Papa y durar por largo tiempo la legítima elección de su sucesor; así es posible que el Papa, aparentemente legítimamente electo, pueda ser un anti-Papa, un impostor, un infiltrado; y, sin embargo, aun en estas circunstancias aflictivas, el Papado y la Iglesia, como Obra Divina, permanecen incólumes. Recordemos, por ejemplo, el caso del Papa Luna (1), tenido y acatado como verdadero Papa por muchos católicos y aún por Santos que están ahora canonizados por la Iglesia; y, sin embargo, no era Papa.

                    La Obra de Cristo no falla, ni puede fallar, aunque los hombres, consciente o inconscientemente, se confabulen para destruirla, aunque los lobos, revestidos con pieles de oveja se introduzcan fraudulentamente en el aprisco, aunque todo el poder humano parezca unirse para aplastar la resistencia de los que nos empeñamos en defender la Fe Tradicional y Apostólica. 

                    Una cosa es la Iglesia y otra cosa muy distinta los hombres que forman parte de la Iglesia. Esposa de Cristo, Obra e institución del Hijo de Dios, la Iglesia es Santa, es incorruptible; según nos lo aseguran las Promesas del Divino Fundador: las puertas del Infierno no prevalecerán en contra de Ella; mientras que los hombres -cualquiera que sea su jerarquía- son, por su naturaleza (a no ser que estén confirmados en gracia) frágiles, falibles, expuestos a caer en las mayores miserias, como nos lo enseña la Historia misma de la Iglesia. 

                    Es un gran error, es contrario a la Doctrina Católica pensar que cualquier jerarca, por el hecho de ocupar el puesto que ocupa, por el hecho de ser Obispo, o ser Papa, es ya un "santo", es impecable, es siempre y en todo infalible. De suyo, como enseña la Teología Católica, así como los Religiosos, que voluntariamente abrazaron los consejos evangélicos, están obligados no a ser "perfectos", sino a tender a la perfección, así también, los Obispos y mucho más el Papa deben ser perfectos, deben practicar la perfección cristiana, conforme lo exige la excelsa dignidad que tienen, los sumos poderes que han recibido y el bien espiritual de las almas a ellos confiadas. Pero, una cosa es lo que "debe" ser y otra lo que es en realidad. 

                    Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la "inerrancia" de la Iglesia, nosotros confesamos como Dogma de nuestra Fe Católica, es personalmente ni impecable, ni infalible. En la Cátedra de San Pedro se han sentado grandes Santos, pero también insignes pecadores. 

                    De lo dicho se sigue, me parece, que la "Sede de Pedro" pueda estar, en un tiempo, más o menos largo, "vacante" o "impedida" o por la muerte del Papa o porque el Papa que ocupa esa "Sede" falla gravemente al cumplimiento de sus deberes primordiales, o porque, aunque venerado por una porción del Pueblo Cristiano, como legítimo sucesor de Pedro, es un infiltrado, un anti-papa, un lobo revestido de piel de oveja.

                    Al afirmar estas humanas posibilidades -confirmadas desgraciadamente por la Historia de la Iglesia- no estamos, en manera alguna, ni atacando, ni negando la institución de Cristo. Como dice Belloc, nada prueba tanto la divinidad de la Iglesia, su inerrancia, su indestructible duración, garantizada por las Promesas de Cristo, como las miserias humanas, los errores gravísimos de aquéllos que, por su autoridad, deberían ser la garantía y la defensa de la Verdad y de la Santidad de la Iglesia de Dios, a ellos confiada. Si la Iglesia fuese obra humana, ya los hombres hubiesen acabado.

                    ...la Cabeza de la Iglesia es Cristo; que el Papa es el Vicario, el representante visible de esta Cabeza, en la Iglesia Universal, así como los Obispos lo son en sus diócesis, aunque dependientes y subordinados al Papa; que el Cuerpo Místico de Cristo no tiene dos o más cabezas, porque "Pedro, en fuerza del Primado, no es sino el Vicario de Cristo, por cuanto no existe más que una Cabeza primaria de este Cuerpo, es decir, Cristo". Cristo y su Vicario constituyen una sola Cabeza como lo enseñó solemnemente el Papa Bonifacio VIII (2). Y, lo que se dice de los sucesores de Pedro, se debe decir, salva siempre su dependencia del Primado, de todos los Obispos, en sus diócesis. 

                    Siendo Cristo la verdadera Cabeza de la Iglesia y el Papa, Su Vicario, Su representante visible; así como los Obispos, en sus respectivas diócesis, sigúese que, cuando los Obispos o el Papa se apartan, en su Doctrina o en sus disposiciones, de la Voluntad Santísima de Cristo, dejan de ser Sus representantes, sus lugartenientes; dejan de ser cabeza visible de la Iglesia. El Vicario, el representante, el lugarteniente, en tanto será tal, en cuanto se identifique con las Enseñanzas y los Preceptos del Maestro.


Extractos de "Sede Vacante: Paulo VI no es Papa legítimo" 
por el Padre Joaquín Sáenz y Arriaga



NOTAS

            1- En 1394, el Cardenal aragonés Pedro de Luna fue elegido Pontífice en Aviñón (Francia), adoptando el nombre de Benedicto XIII, compitiendo directamente con el Papa de Roma en ese momento, Bonifacio IX. Para solucionar definitivamente la crisis, se convocó un Concilio que depuso a los Papas rivales y eligió a uno nuevo y único, Martín V.

            2- Bula "Unam Sanctam", 18 de Noviembre de 1302


BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA DEL AUTOR

                    El Padre Joaquín Sáenz y Arriaga nació en Morelia, Michoacán, México, el 12 de Octubre de 1899. A los 13 años ingresó en la Compañía de Jesús, cursando en el Seminario de Loyola en Barcelona, España, en 1916. Estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma y obtuvo tres doctorados: en Filosofía, en Teología y en Derecho Canónico. Fue ordenado Sacerdote el 30 Abril de 1930 por el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez. 

                    En 1952 abandonó la Compañía de Jesús. Durante la década de 1960, se opuso firmemente a las reformas del Concilio Vaticano II y a la implementación de la nueva misa (Novus Ordo). Junto a los entonces sacerdotes Moisés Carmona y Adolfo Zamora, fundó la Unión Católica Trento en México, e inspiró a tradicionalistas en Estados Unidos a crear organizaciones similares para mantener el culto católico previo a las reformas. El Padre Joaquín Sáez y Arriaga entregó su alma a Dios el 28 de Abril de 1976 en la Ciudad de México, a los 76 años. 



jueves, 2 de julio de 2026

LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA A SANTA ISABEL


                    La Fiesta de la Visitación es de origen franciscano, fue iniciativa del Doctor San Buenaventura; la instituyó el Papa Urbano VI en 1389 para impetrar el Cisma de Occidente; al año siguiente, el  nuevo Papa, Bonifacio IX promulgó la Bula Superni benignitas Conditoris,  con la cual extendía a toda la Iglesia la nueva festividad mariana.


            Porque ninguna cosa será imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la Esclava del Señor; hágase Conmigo conforme a tu palabra. Y el Ángel se fue de Su presencia.

            En esos días María se levantó y fue apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y aconteció que cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre; e Isabel fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz y dijo: 

            ¡Bendita Tú entre las mujeres, y bendito el fruto de Tu vientre! ¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí?. Porque he aquí, apenas la voz de tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de gozo en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó que tendrá[ab] cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor. 

            Entonces María dijo: Mi Alma engrandece al Señor, y Mi Espíritu se regocija en Dios Mi Salvador.


Evangelio de San Lucas, cap. 1, vers. 37-47



                    Al mismo tiempo que el Ángel anunció a María la Encarnación del Hijo de Dios, le dio parte del preñado a Su prima Santa Isabel, que, aunque estéril y de edad muy avanzada, tenía en su vientre seis meses, había un hijo milagroso destinado a ser precursor del verdadero Mesías. 

                    Llenó de gozo a la Virgen esta noticia; y considerando la fortuna de aquella dichosa mujer escogida de Dios para madre del precursor de Su amantísimo Hijo, la obligación que tenía de ir cuanto antes a darle el parabien de aquella dicha, los vivos deseos que sentía de servirla, y dándole el Señor un claro conocimiento de las maravillas que quería obrar por Ella en aquella misteriosa visita, partió sin dilación para hacerla en aquel mismo día; porque como dice San Ambrosio, la caridad no sufre tardanzas ni dilaciones. 

                    El camino era dilatado y penoso; y había que viajar desde Nazaret a Hebron, ciudad sacerdotal situada en la parte meridional de Judá, sobre unas escarpadas montañas, a diez o doce leguas de Jerusalen, a treinta y ocho o cuarenta de Nazaret. No era viaje fácil a una doncella tan tierna como la Santísima Virgen; pero el celo y la caridad le allanaron las dificultades, sin acobardarla las fatigas del camino, porque toda Su ansia era seguir la divina inspiración y publicar las grandezas del Señor, como dice el mismo San Ambrosio.

                    Habiendo llegado a Hebrón, se encaminó directamente a la casa de Zacarías, a cuya puerta encontró a su prima que salía a recibirla. Abrazóla tiernamente, saludándola y apenas despegó los labios, cuando el niño de seis meses, que estaba en las entrañas de Isabel, se halló de repente iluminado con una luz celestial; conoció perfectamente la majestad y la grandeza de los huéspedes que le hacían tanta honra, y desde la oscura prisión del materno albergue, ya que no podía hablar, adoró a Jesús como pudo, dando dentro de él un prodigioso salto en señal, dice San Pedro Crisólogo, de su respeto y de su gozo. 

                    Notó Isabel tan alegre movimiento, y comunicándose en el mismo instante a la madre la luz sobrenatural que alumbraba al hijo, conoció el incomprensible Misterio de la Encarnación del Verbo, de manera que llena su alma del Espíritu Santo, no cabiendo el gozo en las estrechas márgenes del pecho, comenzó a exclamar en alta voz: "Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de Tu vientre." ¿De dónde a mí tanta dicha, que venga a visitarme la Madre de mi Dios y Señor? Favor que no soy capaz de agradecer dignamente, dejándome tan llena de asombro como de confusión. El mismo niño que tengo en mis entrañas ha conocido cuánto vale Tu celestial Presencia, saltando de alegría dentro de ellas luego que llegaron a  mis oídos las primeras palabras de Tu dulce salutación. Dichosa mil veces Tú, querida prima mía, que con noble sencillez y sin dar lugar a la menor duda, creíste humildemente cuando el Ángel Te anunció de parte de Dios. Sí por cierto, porque el Todopoderoso, que comenzó en Ti cosas tan grandiosas y tan altas, las acabará y las perfeccionará, como Tú lo has esperado. Él Te empeñó Su Palabra, pues Él Te la cumplirá.

                    La respuesta de la Virgen fue humilde y modesta. Ocultando cuanto podía ceder en su alabanza, rindió al Señor la Gloria de todo, y solo trató de lo obligada que estaba a Su Beneficencia. Animada del Espíritu Santo, de que estaba llena, prorrumpió entonces en aquel divino cántico, el primero del Nuevo Testamento, el cual solo hace infinitas ventajas a todos los del Antiguo; y tanto por el espíritu de devoción que respira en cada sílaba, como por la noble elevación de los pensamientos y por la majestuosa soberanía del estilo, es el más precioso monumento de la profunda humildad de María, el acto más auténtico y perfecto reconocimiento y el modelo más excelente para dar gracias al Cielo, que nos ha dejado el mismo que le inspiró.

                    "Engrandece, Alma Mía, al Señor, -dijo la Virgen-, obrador de tantas maravillas, y sea para solo Él toda la Gloria. No puedo pensar en ellas sin sentir todo Mi Corazón preocupado de alegría en aquel Señor que adoro como a Mi Dios, que venero como a Mi Salvador, y que amo como a Mi Hijo. Dignóse poner los ojos en Mi humildad, y elevó Su vil esclava a la Dignidad de Madre Suya. Bien sé que por esto Me admirarán tosas las naciones, y ensalzarán perpetuamente Mi dicha en los siglos venideros; pero si es que se halla en Mí alguna cosa grande y elevada, a Él solo Se le debe toda la Gloria, Él fue quien Me engrandeció, y a Él le debo todo cuanto soy. Nada soy por Mí Misma; Él es el Autor de las maravillas que todas las naciones admirarán y publicarán de Mi persona, las que ni aun Yo Misma puedo bastantemente engrandecer. Confesarán las mismas naciones que el Todopoderoso hizo en Mí cosas grandiosas, y que no es menos poderosa Su Omnipotente mano que Santo Su Nombre agradable. En mil ocasiones experimentaron nuestros padres los excesos de Su Misericordia. 

                    ¿Qué prodigios no hizo por defender a los que temían? Desplegó toda la fuerza de Su brazo, combatió por ellos, desconcertó los planes de Sus enemigos, derribó del trono a los soberbios monarcas que los amenazaban con Su total ruina; y como el Señor Se complace en abatir a los que se engríen, y en elevar a los que se humillan, después de haber abatido el orgullo de los tiranos, ensalzó a los humildes, y llenó de hartura a los pobres, mientras los ricos privados de sus riquezas perecían de hambre. Faraón sumergido, Saúl reprobado, humillado Roboam, Olofernes abatido, Amán desgraciado, y Nabucodonosor que presumía de deidad confundido con los brutos, mientras los más viles Siervos de Dios se veían exaltados; todo esto acredita cuánto ama el Señor a los humildes.

                    Y aunque es así que todos los verdaderos israelitas, todos los fieles siervos Suyos recibieron de Su mano gracias extraordinarias en todas las edades del mundo; pero en este tiempo muy particularmente la Misericordia de Dios ha hecho resplandecer Su Bondad en su favor. Viene a salvarlos, quiere vivir entre ellos y morir por ellos, no habiendo echado en olvido la promesa que hizo a Abraham y a los de su linaje, de derramar en sus hijos los tesoros de Sus misericordias."

                    De esta manera, con un portentoso rayo de luz sobrenatural descubrió, digámoslo así, de una sola ojeada la Santísima Virgen todas las antiguas promesas y profecías, con el pleno cumplimiento de todas ellas, mil veces más iluminada y más privilegiada Ella sola que todos los profetas juntos. Conocióse bien, dice San Ambrosio, en aquella admirable conversación de María y de Isabel que ambas profetizaban con un mismo espíritu duplicado, uno el que inspiraba a la madres, y otro el que llenaba a los hijos: Duplici miraculo prophetan Matres spiritu parvulorum.


Jean Croisset, "Año Cristiano"



lunes, 29 de junio de 2026

SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles y Mártires

  


                   La Fiesta de hoy es una de las mayores fiestas que celebra la Santa Iglesia Católica, porque, como enseña la Liturgia del día "Dios consagró este día con el Martirio de los Apóstoles San Pedro y San Pablo". Pedro, el pescador de Galilea, elegido por el Señor como Cabeza visible de la Iglesia; y Pablo, el Apóstol de los gentiles, incansable misionero y teólogo inspirado. Su memoria conjunta subraya la unidad y universalidad de la Iglesia fundada sobre el testimonio de estos dos gigantes de la Fe. 

                   San Pedro es el Vicario de Cristo, el primer Papa, aquel a quien dijo el Señor "tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia". Nacido en Betsaida, junto al lago de Genesaret, Simón, hijo de Jonás, se unió desde los comienzos de Su Vida Pública a Jesús, que le dio el nombre de "Kefas", es decir, "piedra". 

                   El entusiasmo con que siguió al Señor y la claridad con que vio y confesó la Divinidad de su Maestro, le merecieron un puesto excepcional entre Los Doce; a pesar de su negación, en la noche de la Pasión de Cristo, Nuestro Señor le confirmó en la Jefatura de la Iglesia, después de la Resurrección, junto al mismo lago de Genesaret, con estas palabras: "Apacienta a Mis ovejas". 

                   Salvado milagrosamente de la cárcel en la que le había encerrado Herodes, con el fin de ejecutarle el día de la Pascua, como había sucedido con el Maestro, "se fue a otro lugar", es decir, a Roma, que por él será la Ciudad Eterna y la Sede principal de los Papas. Desde allí confortó a la Iglesia con su infalibilidad doctrinal, la iluminó con su palabra y la fecundó con su sangre, muriendo por Cristo, junto a San Pablo, en la persecución de Nerón, en el año 67, como el Señor le había profetizado: "Cuando eras joven, te ceñías tu mismo e ibas a donde querías; mas cuando seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras". San Pablo, tras su conversión, encontró a San Pedro en Jerusalén, tres años después de su fuga de Damasco, donde el rey de los nabateos era Aretas IV; esto permite datar la huida hacia el año 37 y su conversión hacia el 34-35.

                  Pedro fue crucificado de cabeza en el circo de Nerón, donde actualmente está ubicado el Vaticano. Pablo, un ciudadano romano, pereció bajo la espada, y su cabeza rebotó tres veces al caer, haciendo brotar un manantial que hoy se conoce como "Las Tres Fuentes".

                   Hoy pues, es el día indicado para renovar nuestra Fe en los Dogmas y Enseñanzas de la Iglesia fundada sobre San Pedro, y de repetir con él esta profesión "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo; solo Tú tienes palabras de Vida Eterna". Nuestra fuerza, nuestra grandeza, nuestra seguridad radican en la firme adhesión a la Fe Católica en su Integridad.




JURAMENTO ANTI-MODERNISTA 
Motu Proprio: “SACRORUM ANTISTITUM” 
Papa San Pío X, 1 de Septiembre de 1910

    

              Yo… (decir nombre propio) abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las Verdades que la Iglesia por su Magisterio, que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente los textos de Doctrina que van directamente dirigidos contra los errores de estos tiempos.

              En primer lugar, profeso que Dios, Principio y Fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas, es decir por las obras visibles de la Creación, como la causa por su efecto.

              En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la Revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la Religión Cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente.

              En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesia, Guardiana y Maestra de la Palabra revelada, ha sido instituida de una manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico, durante Su Vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada sobre Pedro, Jefe de la Jerarquía y sobre sus sucesores hasta el Fin de los Tiempos.

              En cuarto lugar, recibo sinceramente la Doctrina de la Fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERÉTICA DE LA EVOLUCIÓN DE LOS DOGMAS, según la cual estos Dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio.

              Igualmente, repruebo todo error que consista en sustituir el Depósito Divino confiado a la Esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual, formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en el futuro de un progreso indefinido.

              Consecuentemente: mantengo con toda certeza y profeso sinceramente que la Fe no es un sentido religioso ciego que surge de las profundidades tenebrosas del “subconsciente”, moralmente informado bajo la presión del corazón y el impulso de la voluntad, sino que es un verdadero asentamiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente por la enseñanza recibida EX CATEDRA, asentamiento por el cual creemos verdadero, a causa de la Autoridad de Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y revelado por el Dios personal, nuestro Creador y nuestro Maestro.

             En fin, de manera general, profeso estar completamente indemne de este error de los modernistas, que pretenden no hay nada divino en la Tradición Sagrada, o lo que es mucho peor, que admiten lo que hay de divino en el sentido panteísta, de tal manera que no queda nada más que el hecho puro y simple de la historia, a saber: el hecho de que los hombres, por su trabajo, su habilidad, su talento continúa a través de las edades posteriores, la escuela inaugurada por Cristo y Sus Apóstoles. 

              Para concluir, sostengo con la mayor firmeza y sostendré hasta mi ultimo suspiro, la Fe de los Padres sobre el criterio cierto de la Verdad que está, ha estado y estará siempre en el Episcopado transmitido por la Sucesión de los Apóstoles; no de tal manera que esto sea sostenido para que pueda parecer mejor adaptado al grado de cultura que conlleva la edad de cada uno, sino de tal manera que LA VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMÁS NI CREÍDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO.

              Todas estas cosas me comprometo a observarlas fiel, sincera e ÍNTEGRAMENTE, a guardarlas inviolablemente y a no apartarme jamás de ellas sea enseñando, sea de cualquier manera, por mis palabras y mis escritos.



jueves, 4 de junio de 2026

EL SANTÍSIMO CORPUS CHRISTI: "El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, permanece en Mí y Yo en él"

               


               La Santa Iglesia Católica después del Dogma de la Trinidad Santa, nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar al Sacramento por excelencia, que, sintetizando toda la Vida del Salvador, tributa a Dios Gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos pingües de la Redención.

               Si Jesucristo en la Cruz nos salvó, al instituir la Sagrada Eucaristía la víspera de Su Muerte, quiso dejarnos en Ella un vivo recuerdo de Su Pasión. El Altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la Santa Misa "anuncia la Muerte del Señor". Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, bajo las Sagradas Especies, Jesús mismo ofrece a Su Padre, en unión con Sus Sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz, aunque sabemos que está todo entero bajo las dos especies. 

               Según la Tradición Católica, esta Fiesta tuvo su origen en el siglo XIII en la Abadía de Mont Cornillón en la región de Lieja, en Bélgica.

               Fue la religiosa agustina Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquel entonces priora de dicha Abadía, la que con sus visiones sobrenaturales, propició que se celebrase esta fiesta dedicada a la Santísima Eucaristía.

               Sor Juliana nació en Retines, cerca de Lieja, en el año 1193. Al quedar huérfana a los cinco años fue confiada a los cuidados de las Monjas Agustinas de Mont Cornillón, junto con su hermana Agnes, donde fueron cuidadas y educadas. A los catorce años sintió una fuerte vocación religiosa e ingresó en las mismas Agustinas donde llegó a ser Superiora de la Comunidad. Murió en Fosses el 5 de Abril de 1258, a la edad de  65 años, y fue enterrada en Villiers. Santa Juliana deseaba que hubiera una Fiesta especial en honor al Sacramento de la Eucaristía; este deseo se intensificó por unas visiones cuando apenas tenía 16 años: una luna llena y brillante atravesada por una franja oscura, lo que ella interpretó como la Iglesia (la luna) oscurecida por la ausencia de una especial conmemoración del Santísimo Sacramento.



               Sor Juliana comunicó estas visiones a Monseñor Roberto de Thorete, entonces Obispo de Lieja, también al docto dominico Hugh, quien sería más tarde Cardenal Legado de los Países Bajos y además al Archidiácono de Lieja Jacques Pantaleón, quien sería en 1261 el Papa Urbano IV. El Obispo Roberto, convencido por las visiones y por la  interpretación de las mismas y como en ese tiempo los Obispos tenían el derecho de ordenar Fiestas para sus diócesis, invocó un Sínodo en 1246 y ordenó que la celebración en honor al Sacramento de la Eucaristía se tuviera al año siguiente. 

               La celebración tuvo lugar en 1247 en la iglesia de San Martín en Lieja pero sin la presencia de dicho Obispo porque había fallecido. No obstante muchos consideraban las visiones de Sor Juliana como fruto de su imaginación y a la muerte de su protector fue desterrada a Namur en dos ocasiones. 

               Años más tarde, en 1263, en la ciudad de Bolsena, al norte de Roma, muy cerca de Orvieto, donde el Papa Urbano IV tenía la residencia papal, se produjo un hecho milagroso conocido como el Milagro de Bolsena; aconteció que el sacerdote Pedro de Praga viajaba de vuelta de una peregrinación que había hecho desde Bohemia hasta Roma. El sacerdote estaba afectado por varias dudas de Fe, pese a lo cual, siguiendo la norma eclesiástica, celebraba la Santa Misa a diario. 

               En el camino de retorno a su patria pasó por la pequeña cripta de Santa Cristina, en Bolsena, y allí decidió celebrar el Santo Sacrificio. Durante la Consagración, el sacerdote sintió dudas acerca del milagro de la Transubstanciación y fue justo ahí, en el momento de partir la Sagrada Forma, que el infeliz sacerdote vio salir de Ella sangre de la que se fue empapando el corporal y hasta la piedra ara del altar. Con la esperanza de ocultar a los presentes lo sucedido y con el deseo de pedir ayuda y explicación a la autoridad, resolvió suspender la celebración de la Santa Misa. Y recogidas las Sagradas Especies en paños, corrió a la Sacristía, sin reparar que, en el trayecto, algunas gotas de la Preciosísima Sangre habían caído sobre el mármol del pavimento.

                La venerada reliquia fue llevada en procesión a la presencia del Papa, en Orvieto, el 19 Junio de 1264. Allí, en Orvieto, se conservan aún los corporales manchados por la Sangre Milagrosa y también se puede ver la piedra ara del altar, manchada de sangre en Bolsena.

               El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios Obispos, hizo que se extendiera la Fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus", fechada el 8 Septiembre de ese año de 1264. La Fiesta se fijó para el Jueves después de la Octava de Pentecostés, otorgándose Indulgencias a todos los Fieles que asistieran ese día al Santo Sacrificio de la Misa.

               Poco después de la publicación del Decreto moría el Papa Urbano IV (el 2 de Octubre de 1264) lo que obstaculizó la difusión de la Fiesta. Pero en 1311 el Papa Clemente V en el Concilio General de Vienne, en Francia, ordenó una vez más la adopción de esta Fiesta.

                En 1317 el Papa Juan XXII promulga una recopilación de leyes y  extendió la Fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia. Ninguno de los Decretos habla de la Procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración, sin embargo estas procesiones fueron dotadas de Indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.



               Finalmente, el Sacrosanto Concilio de Trento, declaró que fuese introducida en la Santa Iglesia la costumbre de que todos los años se celebrase este Sacramento con singular veneración y solemnidad:

               "Después de la Consagración del pan y del vino se contiene en el saludable Sacramento de la Santa Eucaristía, verdadera, real y sustancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo las especies de aquellas cosas sensibles..."

              "...por la Consagración del pan y del vino se convierte toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y toda la sustancia del vino en la sustancia de Su Sangre, cuya conversión ha llamado oportuna y propiamente Transubstanciación la Santa Iglesia Católica" 

               "...que todos los Fieles Cristianos hayan de venerar a este Santísimo Sacramento, y prestarle el culto de latría que se debe al mismo Dios".



domingo, 31 de mayo de 2026

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, EL MISTERIO PRINCIPAL DE NUESTRA FE

   

                  El Misterio de la Santísima Trinidad penetra toda la Liturgia Católica. Celebramos ante todo los sucesos de la Vida del Verbo hecho carne, pero una de nuestras grandes fiestas está consagrada a rendir nuestros homenajes al Espíritu Santo, y constantemente enviamos nuestras oraciones al Padre por medio del Hijo.

                  No obstante, la Santa Madre Iglesia ha querido reunir en una sola Fiesta los Nombres de las tres Divinas Personas. Desde los primeros siglos, celebraron los cristianos este día, si bien fue el Papa Juan XXII quien extendió su celebración a toda la Universal Iglesia en 1334.

                   Las tres Divinas Personas han contribuido a la Obra de nuestra Redención: el Padre envió a Su Hijo a la Tierra; "Tanto amó Dios al mundo que le dio a Su Hijo Unigénito". El Hijo, se hizo hombre y murió por nosotros, para salvarnos y hacernos hijos de Dios. Desde que Él se apartó de nosotros, quedó a nuestro lado el Espíritu Santo, para ser nuestro Guía , nuestro Maestro, nuestra fuerza y nuestro aliento.



                    En el Evangelio de hoy escuchamos a Jesús Resucitado decir a Sus Apóstoles sobre una montaña de Galilea: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio de San Mateo, cap. 28, vers. 19). Es la única vez que aparece en todos los Evangelios en labios de Nuestro Señor las Tres Divinas Personas nombradas con orden y explícitamente. Jesucristo manda a Sus Apóstoles enseñar a los hombres con un Misterio incompresible. Porque en sí es incomprensible, pero hace comprensible todas las cosas, todo el Universo. Porque es el centro y el punto de partida y el punto final de todo lo que existe. Es como el sol que no se puede mirar y que ilumina todo. 

                   La Civilización Cristiana debe su existencia a este Misterio, es este Misterio el que destruyó los antiguos ídolos de la humanidad. Es este Misterio de la Unidad y Trinidad en Dios. Y ahora de nuevo el mundo vuelve al paganismo, ¿por qué? Porque la Fe en la Trinidad se apaga. En el Nombre de Dios Uno y Trino se halla no sólo la verdadera Civilización, sino también nuestra santificación y salvación eterna. Dios es Uno solo, pero en Él hay Tres Personas verdaderamente distintas: 1) El Padre (la primera persona, que no procede de ninguna otra). 2) El Hijo (la segunda persona, engendrado por el Padre). 3) El Espíritu Santo (la tercera persona). 

                   Las Tres Divinas Personas son iguales, cada una es Dios, pero no hay tres dioses, porque tienen la misma esencia y naturaleza divina. No estamos diciendo que 3=1, o que 1=3, sino que Dios es Uno si miramos a Su Naturaleza, y es Trino, si miramos a las personas que tienen esta única naturaleza divina. ¿Pero cómo es posible que haya una única naturaleza divina idéntica en 3 Personas? Aquí nos topamos con el gran misterio (un ejemplo muy lejano que puede ayudar: el alma es una sola pero tiene tres potencias).

                   Este Misterio es demasiado grande para que podamos comprenderlo con nuestras pequeñas cabezas. Debemos creerlo y adorarlo humildemente. ¿Por qué? Pues porque Dios ‒que no puede engañarse ni engañarnos, según nos enseña el Catecismo‒ nos lo ha revelado, más concretamente lo ha revelado el Dios hecho hombre, Jesucristo, 2ª Persona de esa misma Santísima Trinidad.

                   ¿Pero para qué, podríamos preguntarnos, Dios nos reveló un misterio que no podemos comprender? El dogma de la Trinidad es la confidencia más sublime que Nuestro Señor nos haya hecho a nosotros, pobres creaturas; es además la fuente de donde proceden nuestros sentimientos de amor a Dios y al prójimo.

                   Es decir que nos fue revelado para que amásemos mejor a Dios. Dios Padre creó el universo para nosotros, para que admirando y disfrutando de la belleza y de la bondad creadas comprendiésemos mejor su amor y su gloria.

                   Dios Hijo tomó nuestra naturaleza con sus debilidades, padeció y murió por nosotros. Quiso habitar entre nosotros y hacerse nuestro Alimento en el Santísimo Sacramento del Altar.

                   Dios Espíritu Santo, que no es sino el Amor del Padre y del Hijo, habita en las almas y las santifica por la Gracia. Así comprendemos mejor el Amor de este Dios Uno, que se nos reveló también Trino, por nosotros.

                    Este Misterio también nos fue revelado para que amáramos mejor a nuestro prójimo. Nuestro Señor rezó en la Última Cena por sus discípulos: “para que todos sean uno, como Tu, Padre, en Mi y Yo en Ti somos uno” (Juan 17, 21). Debemos amar a nuestro prójimo a imitación del amor que se tienen las 3 divinas personas. La más hermosa oración que podemos dirigir a la Santísima Trinidad es la Santa Misa, así como la mejor obra que podemos hacer en honor de la Santísima Trinidad es la caridad para con nuestro prójimo. De ahí entonces la importancia de este misterio en nuestra vida:

                   - nacemos y somos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - vivimos y comenzamos todo acto de la vida espiritual, recibimos las absoluciones y las bendiciones en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; - morimos y volvemos a la Santísima Trinidad (al Padre que nos creó, al Hijo que nos redimió, al Espíritu Santo que nos santificó).

                   Estamos hechos, el hombre está hecho, nos lo dice el Génesis, a imagen y semejanza de Dios. Estamos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino; en nosotros hay una imagen y semejanza de la Santísima Trinidad. Hay en nosotros, como dice San Bernardo, una trinidad creada: la mente que comprende, el corazón que ama y la voluntad que gobierna las acciones. Con esta trinidad creada que hay en nosotros debemos alabar a la Trinidad increada, creyendo con la mente, amando con el corazón, y obrando con la voluntad. De esa manera imitamos este misterio de la mejor manera. Veamos un poco:

                   1) Creyendo con la mente. En las Letanías de la Virgen decimos: “Sancta Trinitas, unus Deus”. Las Tres Personas son distinguibles, pero son en todo iguales. Hay un único Dios: tres personas, pero una única Naturaleza Divina. Debemos creer este Misterio, como dijimos, porque Dios lo ha revelado, aunque no podamos comprenderlo (la Fe no contradice la razón, pero la supera). Es el Misterio principal de nuestra Fe, debemos creer en él si queremos salvarnos (¡Oh, Santa Trinidad!, decía San Francisco Javier enseñando a los paganos).

                   2) Debemos adorar, alabar a la Trinidad, amando con el corazón. Hemos visto como cada una de las Personas merece nuestro amor (el Padre como Creador; el Hijo como Redentor; el Espíritu Santo como Santificador), y este amor por la Santísima Trinidad tiene que brillar especialmente en la oración, especialmente por la señal de la Cruz y por el “Gloria Patri”. Enrique IV, luego de humillarse en Canosa, se rebeló contra el Papa otra vez y fue con su ejército a sitiar Roma. En el segundo asalto, luego de incendiar las murallas, en medio de las llamas y el llanto de las mujeres y los quejidos de los agonizantes, apareció en una torre el Papa Gregorio VII e hizo la señal de la Cruz contra las llamas, e inmediatamente se apagó el fuego, como si hubiera recibido una lluvia torrencial. Cuántas veces nos sintamos atacados por el demonio, por las angustias o los peligros, hagamos la señal de la Cruz, con lo cual alabaremos a la Santísima Trinidad y experimentaremos en seguida un gran alivio. Que el respeto humano no nos impida hacer la señal de la cruz delante de otros, por ejemplo, cuando pasamos frente a una iglesia o cuando rezamos viajando. También la oración del "Gloria Patri" agrada mucho a la Santísima Trinidad. Recémosla varias veces al día a modo de jaculatoria, y nos mantendremos en Presencia de Dios.

                   3) Debemos alabar a la Santísima Trinidad obrando con la voluntad. Debemos obrar valientemente para reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad. Nuestro Señor dijo: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) ¿Qué debemos hacer para ello? Debemos tener en cuenta que a la Santísima Trinidad se opone la trinidad infernal.

                   4) Por lo tanto, para ser perfectos y reproducir en nosotros a la Santísima Trinidad, debemos luchar ante todo contra la trinidad infernal. ¿Y cuál es esa trinidad infernal? Es, como dice San Juan, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Jn. 2, 16). Allí tenemos a los tres enemigos contra los cuales tenemos que luchar todos los días.

                   Imitaremos a las Tres Personas de la Santísima Trinidad que se aman entre sí, amando al prójimo como a nosotros mismos, como hemos dicho antes, de manera que formemos un solo corazón y una sola alma, como debe ser entre cristianos, cuanto más hoy en día.

                   Concluyamos con un ejemplo, el del diácono Mártir Euplio de Catania: lo habían torturado durante mucho tiempo para que renegara de la Fe Católica. Tenía mucha sed y sentía grandes dolores. Entonces el juez le grita: “Adora a Marte y Apolo, y tendrás agua abundante para beber”. El Mártir contestó: ¡Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que me darán a beber dentro de poco el agua viva del goce eterno! Y doblando las rodillas, inclinó la cabeza, como si bebiera de un río invisible, y enseguida murió. También nosotros, al mundo, ídolos, placer, dinero, orgullo, contestemos como el Mártir: la Santísima Trinidad me dará la única y verdadera felicidad.

                   Que la Santísima Virgen (Hija del Padre, Madre del Hijo, y Esposa del Espíritu Santo) nos enseñe a honrar y agradar a la Santísima Trinidad.




jueves, 14 de mayo de 2026

LA GLORIOSA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR


Et ascendit in Coelum:
sedet ad dexteram Patris

Del Credo de Nicea


                  En el Monte de los Olivos, donde había iniciado Su Pasión, Nuestro Señor, en presencia de Su Santísima Madre y los Apóstoles, después de haberles dado Su Bendición, se elevó a los cielos donde entró para posicionarse de Su Gloria, sentado a la diestra del Padre.

                  La Ascensión de Cristo es también la nuestra, porque así como entró en el Cielo, seguido del ejército de Patriarcas y Profetas y todos los Santos y Justos del Antiguo Testamento, siendo Él nuestra cabeza  y nosotros miembros de Su Cuerpo Místico, hemos de estar seguros de que, correspondiendo a Sus Auxilios, nos admitirá en Su compañía en el Paraíso.

                 Nota característica de esta Fiesta, una de las más antiguas de la Liturgia, es la ceremonia de apagar el Cirio Pascual al terminar el Evangelio, significando visiblemente que Jesucristo, cuya mística representación ostentaba dicho Cirio, se ha ausentado ya de nosotros.



                    Jesús: “Sed todos benditos en este adiós, e invoco del Padre la recompensa para quienes consolaron al Hijo del hombre en su doloroso camino. Bendita sea la Raza humana en esa porción selecta suya, que está en los judíos y está en los gentiles, y que se ha manifestado en el amor que ha tenido hacia Mí. Bendita la Tierra con su hierba y sus flores, con sus frutos que deleitaron mi paladar y me dieron fuerzas. Bendita la Tierra con su agua y sus encantos, por sus pajarillos y animales que muchas veces fueron mejores que el hombre en consolar al Hijo del hombre. ¡Bendito, tú, sol, y tú mar, y benditos vosotros, montes, llanuras! ¡Benditas vosotras, estrellas, que fuisteis mis compañeras en mis horas de oración y dolor! ¡Tú, luna, que me alumbraste cuando caminaba cual peregrino en busca de almas, a quienes evangelizar! ¡Sed benditas todas, todas vosotras criaturas, obras de mi Padre, compañeras mías en esta hora mortal, amigas de quien dejó el Cielo para arrancar de la Raza humana los cardos de la Culpa que separa a Dios! ¡Sed benditos también vosotros, instrumentos inocentes de mi tortura: espinas, clavos, madero, cuerdas trenzadas porque me ayudasteis a cumplir la voluntad de mi Padre!”.

                    ¡Qué voz la de Jesús! Se esparce por el aire tibio y sereno como el sonido de bronce golpeado; se propaga en ondas sobre el mar de caras que le miran desde todas las direcciones. Estoy segura que son centenares de personas que rodean a Jesús, que sube con los más predilectos hacia la cima del monte de los Olivos. Cuando llega al campo de los Galileos, en que no se ve en este tiempo ninguna de sus tiendas, dice a los apóstoles: “Ordenad a la gente que se detenga donde está, y luego seguidme”.

                    Sigue subiendo, hasta la cima del monte, el lugar más próximo a Betania, y no de Jerusalén, cima que domina todo. Cerca de Él están su Madre, los apóstoles, Lázaro, los pastores y Marziam. Abajo, en semicírculo, manteniendo a distancia a la muchedumbre de los fieles, los otros discípulos.  Jesús está en pie sobre una gran piedra, que sobresale un poco y que muestra su blancura entre la verde hierba. El sol, al tocar sus vestiduras, las hace resplandecer como nieve, y hace brillar sus cabellos como si fueran de oro. Los ojos despiden luz divina. Abre sus brazos en señal de abrazo. Parece como si quisiera estrechar a todas las gentes de la Tierra que su espíritu ve representadas en esa pequeña multitud. Con esa voz que no puede jamás olvidarse, da su última orden: “¡Id! ¡Id en mi nombre a evangelizar a los pueblos hasta los últimos confines de la tierra!  Dios estará con vosotros. Su amor os consolará, su luz os guiará, su paz estará entre vosotros hasta la vida eterna”. 

                    Se transforma en belleza. ¡Hermoso!. Mucho más bello que cuando en el Tabor. Todos caen de rodillas adorándole. Mientras se va elevando, busca una vez más el rostro de Su Madre, y la sonrisa que despide es tal que nadie podrá imaginar… Es Su último adiós a Su Madre. Sube. Sube… El Sol, aún más libre para besarle, porque nada se interpone -ni siquiera la más pequeña hoja-  a sus rayos, que besan al Dios-Hombre que sube con Su Cuerpo Santísimo al Cielo, y descubre Sus Llagas gloriosas que resplandecen como rubíes brillantísimos. El resto es un mar de luz. Es verdaderamente la Luz con que quiere mostrar lo que en realidad es. La Creación se regocija con la luz del Mesías que sube. Una luz que supera a la del Sol. Luz sobrehumana y bienaventurada. Luz que baja del Cielo al encuentro de la que sube… Y Jesucristo, el Verbo de Dios, desaparece de la mirada de los hombres en medio de este océano de resplandores… En la tierra, dos gritos se escuchan en medio de un religioso silencio: el de María, cuando lo ve desaparecer, es “¡Jesús!”, y el que precede al llanto copioso de Isaac… Los otros se quedan como mudos en medio de un religioso éxtasis, así siguen hasta que vienen a sacarlos de él, dos luces angelicales, en forma mortal, que les dicen las palabras que se leen en el primer capítulo de los Hechos de los Apóstoles. 


Extraído de "El Evangelio como me ha sido revelado"
de la mística María Valtorta, 24 de Abril de 1947



lunes, 4 de mayo de 2026

LA SÁBANA SANTA DE TURÍN

 

La Sábana Santa, "extraordinario vestigio 
de la Pasión del Divino Redentor

Papa Pío XII, 1950




                                La conocida como "Sábana Santa" o "Síndone", es un lienzo de lino, (dedicado a ser mortaja) de tejido firme y fuerte, de color sepia, y de grandes dimensiones (4,36 metros de largo por 1,10 metros de ancho)

                       Según fuentes muy antiguas, un lienzo con la efigie de Jesús es llevado de Jerusalén a Edessa (la actual Urfa al este de Turquía), donde propicia la conversión de Abgar V, Rey de Edessa a la Fe Católica. Pero después de que su hijo vuelva al paganismo se le pierde la pista.

                      Abgar VIII "el Grande" es coronado rey de Edessa. Durante su reinado, en el año 201, una inundación daña la llamada "iglesia de los Cristianos". En 216, tan solo cuatro años después de la muerte de Abgar VIII, Edessa es absorbida por el Imperio Romano, terminando así su monarquía y, por tanto, el periodo en el que el lienzo con la imagen de Jesús habría sido traída a la ciudad.

                       Una versión de la historia de la conversión de Edessa  la Doctrina de Addai (Doctrina de Tadeo, apócrifo), se refiere a una imagen de Jesús que es llevada desde Jerusalén a Abgar. Sin embargo, las descripciones de los peregrinos de la ciudad en ese mismo tiempo no hablan del paradero de esta imagen ni siquiera de su existencia.

                       En torno al año 525, Edessa es de nuevo o seriamente inundada. Probablemente a continuación, durante la gran operación de restauración que se lleva a cabo a cabo, se halla un lienzo con la imagen de Jesús tapiado en un nicho encima de una de las puertas de la ciudad. Inmediatamente es reconocido como el lienzo que cinco siglos antes había sido traído desde Jerusalén al rey Abgar V. La imagen de Jesús es inequívocamente descrita como "no hecha por manos humanas". Algunos relatos la describen como una "sindon", también como un "tetradiplon" (doblado en cuatro), lo que indica que sería un largo lienzo plegado de manera que se viera más pequeño de lo que era su tamaño completo. De aquí, en el Arte Cristiano, surge inmediatamente la imagen característica de la apariencia humana de Jesús que ha llegado hasta nuestros días.

                      Un poema datado en el año 569 compara el mármol de la catedral de Santa Sofía de Edessa, la cual ha sido reconstruida después de la inundación, con "la imagen no hecha por manos humanas", es decir, el lienzo con la imagen de Jesús que se guardaba en esta catedral.

                      En el año 723, como parte de una moda por una mayor pureza religiosa, que durará 120 años, se destruyen las imágenes de Jesús durante los Imperios Bizantino y Musulmán. Pero el Lienzo de Edessa con la imagen de Jesús (la cual ha caído bajo dominio de los musulmanes) no sufre daño alguno.

                       Dos siglos más tarde, un ejército enviado por el Emperador Bizantino llega a la todavía musulmana Edessa en el año 943. Su general promete no tocar Edessa, pagar una gran suma de dinero y poner en libertad a 200 prisioneros musulmanes, a cambio del Lienzo con la imagen de Jesús. Después de muchas negociaciones, se llega a un acuerdo. El Lienzo es llevado a Constantinopla, donde el 15 de Agosto del 944 es recibido en la ciudad con grandes celebraciones. Se acuerda una festividad propia, el día 16 de Agosto. Por el celo con que se conserva el Lienzo según el pensamiento ortodoxo del este, no hay ostensiones públicas. Sin embargo, entre los altos dignatarios acuerdan una ostensión privada especial; el refrendario Gregorio menciona que es capaz de ver en el lienzo la herida del costado de Jesús. El lienzo está instalado en la capilla Pharos del palacio imperial de Constantinopla, depósito de otras Reliquias de la Pasión de Nuestro Señor.


                       


                       El Caballero Cruzado Robert de Clary, en la ocasión en que él y sus compañeros fueron invitados a Constantinopla en el año 1203, declara que en la Iglesia de Santa María de Blanquerna, lugar de reunión en tiempos de crisis, ha visto "el lienzo en el que fue envuelto Nuestro Señor". Y añade: "Cada viernes se extendía para que todos pudieran ver la figura de Nuestro Señor".

                        En 1355 Godofredo I de Charny se convierte en el primer propietario europeo conocido de la Síndone; muere en la Batalla de Poitiers en 1356, dejando una viuda, Jeanne de Vergy, un joven hijo, Godofredo II de Charny, y la Síndone...

                       En 1418, a consecuencia de la guerra con Inglaterra, por motivos de seguridad, la Sábana Santa es trasladada de Lirey al Castillo de Montfort, propiedad del Conde de la Roche, y luego a Saint Hippolyte sur Doubs, en Alsace-Lorraine, cerca de Suiza.

                       El Duque Luis de Saboya acepta pagar una renta a los Canónigos de Lirey en 1464, como compensación por su pérdida de la Sábana Santa, indicando claramente que la había conseguido de los Charny de Lirey.

                       A principios del siglo XVI, se establece un nuevo emplazamiento para la Sábana Santa: la Sainte Chapelle, especialmente construida en Chambéry para albergarla y custodiarla.

                       El Papa Julio II establece en 1506  el día 4 de Mayo como Festividad propia de la Sábana Santa. Éste será el día del año en que se mostrará la Sábana Santa ante el gran público. En 1578 sería trasladada a la ciudad de Turín.

                       El abogado y fotógrafo aficionado, Secondo Pía, después de haber obtenido el permiso del Rey Vittorio Emanuele para realizar las primeras fotografías de la Sábana Santa de Turín, tuvo una gran sorpresa en el cuarto de revelado: el 28 de Mayo de 1898, comprobó que en la imagen en negativo de la Sábana Santa, aparecía majestuosamente una imagen en positivo, con extraordinaria claridad y detalle. Así entendió que la imagen representada en la tela constituye un auténtico negativo.