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jueves, 23 de mayo de 2019

PROFECÍAS DE ISABEL CANORI MORA (II) La Ira de Dios y el Castigo a causa de los malos sacerdotes




               El 26 de Enero de 1815, en medio de un éxtasis, los Ángeles transportaron a Isabel Canori a una sala donde vio a muchos eclesiásticos que “bajo el manto de bien, persiguen a Jesús Crucificado y a Su Santo Evangelio”, y que “como lobos rabiosos tramaban derribar al Jefe de la Iglesia de su trono”. Al poco tiempo de contemplar esta escena, se le mostró una visión mística sobre la Ira de Dios que la conmovió profundamente:  “a ver el cruel estrago que la Justicia de Dios está por hacer entre aquellos miserables: con sumo terror, veía que alrededor mío fulguraban los rayos de la Justicia irritada. Vi edificios cayendo en ruinas. Las ciudades, provincias enteras, todo el mundo estaba en caos. No se oía otra cosa sino débiles voces implorando misericordia. El número de muertos era incalculable”.

               No obstante, lo que más le impresionó fue ver a Dios indignado. En un lugar altísimo y solitario, vio a Dios representado por “un gigante fuerte y airado hasta el extremo contra aquellos que lo perseguían. Sus manos omnipotentes estaban llenas de rayos, su rostro estaba repleto de indignación: sólo su mirada bastaba para incinerar al mundo entero. No había ni ángeles ni santos que lo circundasen, sino sólo su indignación lo circundaba por todas partes”. Tal visión duró apenas un instante, porque, como cuenta Isabel Canori, “si hubiese durado un momento más, ciertamente yo habría muerto”.

LA IRA DE DIOS: LA MAYOR INFELICIDAD 

               Por la mismo época, Isabel Canori narra como vio a María Santísima “triste y dolorosa”. Le preguntó entonces la razón de su dolor. “La Madre de Dios se volvió hacia mí y dijo: «Contempla, oh hija, contempla la gran impiedad». Oyendo estas palabras, vi que unos apóstatas osadamente intentaban arrancar temerariamente a Su Santísimo Hijo de Su purísimo seno y de Sus santísimos brazos. Ante este gran atentado, la Madre de Dios no pedía más misericordia para el mundo, sino Justicia al Divino Padre Eterno; el cual, revestido de su inexorable Justicia y lleno de indignación, se volvió hacia el mundo. En aquel momento toda la naturaleza entró en convulsión, y el mundo perdió su recto orden, y se formó sobre la tierra la mayor infelicidad que se pueda contar o imaginar. Una cosa tan deplorable y aflictiva que dejará al mundo reducido a la última desolación”





EL CASTIGO A CAUSA DE LOS MALOS SACERDOTES

               Isabel Canori Mora continuaba padeciendo en su cuerpo los Sagrados Estigmas de la Pasión cuando, una vez más Nuestro Señor, el 7 de Junio de 1815,  le mostró el Castigo que atraían sobre la humanidad los malos sacerdotes, a los que la vidente Isabel llamaba “lobos rapaces con piel de oveja, […] acérrimos perseguidores de Jesús Crucificado y de Su Esposa, la Santa Iglesia”. “Me parecía -anotó en su Diario- ver a todo el mundo en convulsión, especialmente la ciudad de Roma. […] ¿Qué decir del Sacro Colegio? A causa de la variedad de opiniones, unos habían sido dispersados, otros abatidos, otros despiadadamente asesinados. De un modo similar o aun peor eran tratados el clero secular y la nobleza. El clero regular no sufría la dispersión total, pero era diezmado. Innumerables eran los hombres de toda condición que perecían en esa masacre, pero no todos se condenaban. Muchos eran hombres de buenas costumbres, y muchos otros de vida santa”



Continuará...


(Los textos resaltados en azul están extraídos del libro "Mi vida en el Corazón de la Trinidad, Diario de Isabel Canori Mora, esposa y madre", Libreria Editrice Vaticana, 1996) 

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miércoles, 22 de mayo de 2019

PROFECÍAS DE ISABEL CANORI MORA (I) La Apostasía


               Isabel Canori Mora nació en Roma el 21 de Noviembre de 1774 en el seno de una familia aristócrata. Dada muy pronto a la vida espiritual, sufrió en su juventud un enfriamiento, cediendo a la seducción por las cosas del mundo. En 1796 se casa con un joven abogado llamado Cristóbal Mora. Poco tiempo duró la fidelidad conyugal de Cristóbal. Seducido por una mujer de modesta condición, comienza a engañar a su esposa, descuida la familia hasta dejarla reducida a la miseria. Isabel tiene que ponerse a trabajar para mantener a sus hijas. A las violencias físicas y psicológicas de Cristóbal, Isabel responde con la fidelidad y paciencia. Ante el abandono de Cristóbal, ella se dedica a las tareas del hogar, a la educación cristiana de sus hijas.




               Isabel se entrega totalmente al Señor, consagrándose a la vida de oración y a las obras de caridad en favor de los más necesitados. Profundiza en la espiritualidad trinitaria ingresando en la Orden Tercera. En 1801, sufre una enfermedad que casi la lleva a morir, pero se recupera milagrosamente y a partir de ese momento es favorecida por Dios con dones místicos extraordinarios. Obispos, sacerdotes, religiosos, matrimonios…se acercaron a su domicilio para orar y pedirle consejo. El Papa Pío VII concedió privilegios para la Capilla-Oratorio particular de Isabel. 

               En Enero de 1825 anuncia su propia muerte, que acontece el 5 de Febrero de 1825, cuando contaba con 49 años. Sus restos se veneran en la iglesia trinitaria de San Carlino de Roma. Tras su muerte, su marido se convirtió y se ordena sacerdote.

               Isabel Canori recibió de Nuestro Señor diferentes gracias místicas: el espíritu de profecía, éxtasis, raptos, visiones, apariciones de los Ángeles, de los Santos, de la Virgen, del mismo Hombre Dios.... como a Santa Teresa el don de la transverberación del corazón, visiones sobre el porvenir de la Iglesia, acerca de los terribles combates que tendrá que sostener ésta contra el poder de las tinieblas en los Últimos Tiempos.

               El 24 de Febrero de 1814, Nuestro Señor hizo ver a Isabel una escena profética, por cuanto recuerda a la situación actual: “Veía a muchos ministros del Señor que se despojaban unos a otros; muy rabiosamente se arrancaban los paramentos sagrados; veía cómo eran derribados los altares sagrados por los propios ministros del Señor”.

               Tres meses más tarde, el 22 de Mayo de aquel mismo año, mientras rezaba por el Santo Padre, tuvo una visión con los ojos del alma que narra así: “lo vi viajando rodeado de lobos que […] complotaban para traicionarlo”. Esta misma visión se repetiría los días 2 y 5 de Junio. En esta última, Isabel Canoría contaría: “Vi el sanedrín de lobos que lo circundaban (al Papa Pío VII) y dos Santos Ángeles que lloraban. Una santa osadía me inspiró a preguntarles la razón de su tristeza y de su llanto. Ellos, contemplando la ciudad de Roma con ojos llenos de compasión, dijeron lo siguiente: «Ciudad miserable, pueblo ingrato, la justicia de Dios te castigará»”.

Continuará...


(Los textos resaltados en azul están extraídos del libro "Mi vida en el Corazón de la Trinidad, Diario de Isabel Canori Mora, esposa y madre", Libreria Editrice Vaticana, 1996) 

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lunes, 26 de junio de 2017

ISABEL CANORI MORA Y EL PURGATORIO





          Isabel Canori Mora nació en Roma el 21 de Noviembre de 1774, en el seno de una familia de posición acomodada, profundamente cristiana y diligente en la educación de sus hijos.
          Estudió con las Hermanas Agustinas de Cascia (1785-88), donde destacó por su inteligencia, una profunda vida interior y su espíritu de penitencia. De regreso a Roma, tuvo una vida tranquila hasta que en 1796 -cuando tenía 21 años- se casó con el joven abogado romano Cristóforo Mora.
          En 1801 sufrió una misteriosa enfermedad que la puso al borde de la muerte. Se curó de forma inexplicable y tuvo su primera experiencia mística.

          El Señor le hizo alcanzar la madurez para recibir las visiones y las ilustraciones sobre el destino de la Iglesia. Recibió en forma clara los estigmas de la Pasión de Cristo, y en sus visiones vio las tremendas batallas que tendrá que sostener la Iglesia en los Últimos Tiempos bajo el poder de las tinieblas.


EXPERIENCIA CON EL PURGATORIO
         "El 2 de Noviembre de 1822 recordé que comenzaba el octavario por los Fieles Difuntos y oré al Señor con fervor por ellos. Le dije: Dame la llave de esta horrible cárcel, como otras veces te has dignado darme, porque siento un gran deseo de sacar del Purgatorio a aquellas Almas Santas. Os suplico esta gracia por los méritos infinitos de vuestra Pasión y Muerte...

         El Señor me dijo: Preséntate a aquella cárcel y dales la consoladora noticia de que pronto estarán conmigo en el Paraíso. En aquel momento, aparecieron tres ángeles, que me acompañaron a la cárcel del Purgatorio... 

         No me es posible decir la alegría y consolación de aquellas Almas y cuánto fue su agradecimiento y alabanza a la infinita Misericordia de Dios. Al día siguiente, fui a la iglesia y estuve más de tres horas orando por las Almas del Purgatorio y el Señor se dignó mostrarme el triunfo de Su Misericordia y vi a aquellas Almas que en filas, acompañadas de sus Ángeles Custodios, entraban gloriosas y triunfantes en el Cielo.

         Todos los días del octavario ocurrió lo mismo y así por nueve días... Se puede decir que en nueve enormes hileras (una cada día) se despobló el Purgatorio. No puede haber vista más bella que ésta y que demuestra la infinita Misericordia de Dios y el gran triunfo de los infinitos méritos de la Preciosísima Sangre de Jesucristo“.