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domingo, 25 de enero de 2026

LA FE PURA E INMACULADA: MONSEÑOR PILDAIN Y LA LIBERTAD RELIGIOSA



                    Monseñor Antonio Serapio Pildain y Zapiain fue un Obispo combativo y bueno, completamente entregado a su grey. Nació en Lezo, un pequeño pueblo de la provincia vasca de Guipúzcoa, el 13 de Enero de 1890. Ingresó en el Seminario de Andoáin donde estudió Latín y Humanidades, y de ahí pasó al Seminario de Vitoria, donde se instruyó en Filosofía; fue un alumno brillante, obteniendo siempre las mejores calificaciones, lo que le permitió ser becado para proseguir sus estudios en Roma, como alumno del Pontificio Colegio Español, donde ingresó en 1907. Allí estudió Sagrada Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, obteniendo el Doctorado en 1911, con la máxima calificación, por lo que le fue otorgado el premio Internacional al Doctorado.

                    Antonio Pildain fue ordenado Sacerdote el 13 de Septiembre de 1913 y tan sólo cinco años después, conseguía por oposición la canonjía de Lectoral en la Catedral de Vitoria, labor que compaginó con ser profesor del Seminario vitoriano; alcanzó mucha celebridad en toda la diócesis por su elocuencia y oratoria.

                    Aparte de la vocación sacerdotal, Pildain también desempeñó un papel activo en la vida política española de principios de la década de 1930, tanto que, de acuerdo con su Obispo, participó como candidato en las elecciones de 1931 y fue elegido Diputado a las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española por la minoría vasco-navarra, dentro de la coalición católico-fuerista.

                    El 18 de Mayo de 1936 el Papa Pío XI preconizó al canónigo Pildain como Obispo de Canarias; recibió la Consagración Episcopal en la Capilla del Colegio Español de Roma, el 14 de Febrero de 1937, por el entonces Nuncio en España y Arzobispo titular de Lepanto, Monseñor Federico Tedeschini, más tarde Cardenal, y como co-consagrantes Monseñor Bilbao Ugarriza, Obispo de Tortosa y Monseñor De los Santos Díez y Gómera, Obispo de Cartagena. El Papa Pío XI regaló al nuevo Obispo una preciosa cruz pectoral, que éste donaría, a su muerte, al Cabildo Catedral de Canarias. El Obispo Pildain hizo su entrada oficial en la Catedral de Santa Ana el 21 de Marzo de 1937, Domingo de Ramos. Pastorearía Canarias desde entonces hasta 1966, el episcopado más largo que se recuerda en esa diócesis. Le acompañaría en esta nueva etapa su querida hermana Teodora.

                    La enseñanza de Monseñor Pildain fue abundante y particularmente dirigida a resaltar la Doctrina Social de la Iglesia, de la que tenía un profundo conocimiento, para la protección y mejora de las condiciones de vida de los grupos sociales económicamente más desfavorecidos, atraídos por las ilusorias y horrorosas teorías comunistas.  

                    Sobre el Comunismo, antidivino y antirreligioso, escribió en perfecta adhesión a las enseñanzas de los Sumos Pontífices, siguiendo la línea de los Papas Pío XI y Pío XII, en la Carta Pastoral "Sobre el comunismo. Puntos de meditación y examen de conciencia", publicada durante la Cuaresma de 1945, donde planteó a sus lectores el dilema social y político de la época, exhortándolos a ponerse del lado de Jesucristo: "O el Catolicismo pleno, sin concesiones de ningún tipo o el Comunismo revolucionario radical. La elección no puede ser dudosa para ningún Cristiano".

                    Existen muchas razones válidas para recordar la figura de este excelente y poco conocido Prelado. Entre ellas, sin embargo, destaca una que hoy resulta especialmente útil para ilustrar. Se trata de la agonía que el humilde y piadoso corazón de Monseñor Pildain se vio obligado a vivir debido a la aprobación, por el Concilio Vaticano II, de la Declaración "Dignitatis humanae personae" sobre la Libertad Religiosa.


O el Catolicismo pleno, 
sin concesiones de ningún tipo 
o el Comunismo revolucionario radical. 
La elección no puede ser dudosa 
para ningún Cristiano


                    El Obispo de Canarias fue uno de los Padres Conciliares y aunque no hay constancia de que formara parte de ese grupo de Padres que, bajo el nombre de "Coetus Internationalis Patrum", buscaban frenar la ferocidad del neomodernismo, Monseñor Pildain fue uno de los mayores opositores a la Declaración sobre la Libertad Religiosa. Al respecto dice su biógrafo, el Rvdo. Agustín Chil Estévez:

                    "A la minoría que se oponía a la Libertad Religiosa pertenecía Monseñor Pildain, quien trabajó con todas sus fuerzas y argumentos para mostrar lo que era inaceptable en esta Declaración... De todos los temas tratados en el Vaticano II, este (la Libertad Religiosa) debió ser el que más hizo trabajar y sufrir al Obispo de Canarias. Todas las sesiones en las que se trató este tema debieron ser un auténtico Vía Crucis para él". 

                    La aprobación final de la "Dignitatis humanae personae" causó al Obispo Pildain gran pesar y un profundo desconcierto. Este Obispo ejemplar, tan celoso en la práctica de la virtud, se sorprendió de que la Iglesia (de hecho, él creía que Pablo VI era el verdadero Papa y que el Vaticano II era un verdadero Concilio Ecuménico) aceptara y adoptara la doctrina contenida en ése documento.

                    Para representar esta importante y terrible circunstancia en la vida de Monseñor Pildain, recurro al testimonio de Monseñor José María Cirarda de Lachiondo, que en el tiempo del “Concilio” era Obispo auxiliar del Cardenal Bueno Monreal, Arzobispo de Sevilla, pero que conocía a Monseñor Pildain desde su más temprana juventud. He aquí la historia de Monseñor Cirarda de Lachiondo:

                    El 7 de Diciembre de 1965, conduje con el Obispo Pildain desde el Colegio Español hasta la Basílica de San Pedro para la sesión final de trabajo. El día anterior, se habían celebrado varias votaciones sobre varios documentos conciliares. Entre ellos, la declaración "Dignitatis humanae" sobre la Libertad Religiosa. Mientras conducíamos, el Obispo Pildain me dijo, casi textualmente:

                    -Si esta Declaración se aprueba hoy, regresaré a Canarias, subiré al púlpito con mi mitra y báculo, y les diré a mis Fieles: "El Concilio Vaticano II enseña algo diferente de lo que he explicado en diversas Cartas Pastorales sobre la libertad religiosa. No hagan caso de lo que he enseñado. El Concilio tiene razón".

                    Me impresionó la lucha interna que afligía al buen Don Antonio, y respondí: "No diga eso. Debe considerar que una curva es cóncava o convexa según el punto de vista desde el que se mire. En sus escritos, hablaba del derecho a la verdad. El Concilio, sin embargo, ha cambiado de perspectiva y habla del derecho de cada uno a actuar según su propia conciencia".

                    -No- respondió con firmeza. -No quiero escandalizarte. Pero si el Concilio aprueba el texto tal como está hoy, significa que defiende lo contrario de lo que enseñé. No lo entiendo.

                    Ante la pregunta, me atreví a hacerle una pregunta: "¿Por qué vuelve a usar el condicional "si el Concilio aprueba esta Declaración?". Sin duda, será aprobada hoy. Ayer, en la sesión a la que no asistió el Papa, solo recibió unos cien votos en contra. Hoy será aún menos contradicha. ¿Por qué sigue hablando en condicional "si se aprueba la Declaración…?".

                    Su respuesta me dejó casi petrificado. Hablo en condicional -me dijo-, porque ayer presenté un texto al Secretariado del Concilio, que empezaba: "Utinam ruat cupulla Sancti Petri super nos antequam approbemus Declarationem De Libertate Religiosa…" (Ojalá se derrumbe la cúpula de San Pedro sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración de la Libertad Religiosa…). Son las ocho y media de la mañana y aún puede pasar cualquier cosa. Hizo una pausa y añadió: —Don José María: No quiero escandalizarle. Tenga la seguridad de que si se aprueba la Declaración, volveré a Canarias, subiré al púlpito y, como le dije antes, le diré a mi pueblo: el Concilio enseñó una doctrina diferente a la que yo enseñé sobre la Libertad Religiosa. Me equivoqué. No hagan caso de lo que enseñé. El Concilio tiene razón.



Blasón Episcopal de Monseñor Pildain

                    La Declaración fue aprobada y Don Antonio cumplió su promesa... Murió sin comprender la doctrina conciliar sobre la Libertad Religiosa. Pero pidió a los Fieles que escucharan el Vaticano II y no lo que decían sus cartas pastorales anteriores . 

                    El mismo Monseñor Cirarda, en otro lugar, especifica que en la misma ocasión Monseñor Pildain le dijo: "Estoy convencido de que la Declaración sobre la Libertad Religiosa es un grave error. "¿Por qué?", ​​le pregunté. "Porque la Iglesia siempre ha enseñado lo contrario", sentenció Monseñor Pildain.

                    Las palabras dirigidas por el Obispo de Canarias a la Secretaría General del Concilio ("Que la cúpula de San Pedro se derrumbe sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración sobre la Libertad Religiosa...") son escalofriantes. Es una imagen que capta la dimensión precisa de lo que sucedía en el mundo durante los días de la aprobación de la "Dignitatis Humanae" y la promulgación del desafortunado concilio conocido como Vaticano II. La Iglesia no cesó, pero la vacancia de la Sede de Pedro, que ha perdurado desde entonces, se convirtió en una certeza.

                    Sin duda, el Obispo Pildain se equivocó al pensar que una doctrina contraria a la que siempre ha enseñado la Iglesia podía provenir de la propia Iglesia, con todo lo que ello implica en cuanto al reconocimiento de una autoridad pontificia a Pablo VI que ciertamente no poseía. Sin embargo, por otro lado, nunca adoptó posturas lefebvristas destinadas a comprometer la Doctrina Católica sobre la Infalibilidad de la Iglesia y del Papa.

                    La evidencia de su buena fe, unida a la franqueza de su firme negativa a admitir la continuidad de la nueva enseñanza sobre la Libertad Religiosa, promulgada por el Vaticano II, con lo que la Iglesia siempre había propuesto a los Fieles, es conmovedora y digna de reflexión, especialmente para quienes persisten, incluso hoy, en el desesperado intento de cuadrar el círculo. Es decir, creer, o intentar hacer creer, que la doctrina contenida en la Declaración Conciliar sobre la Libertad Religiosa concuerda con la Doctrina tradicional sobre la misma materia.

                    Nadie habría podido borrar de la mente del Obispo Pildain la conciencia de esa contradicción. Sin duda, su dolorosa experiencia nos entristece y nos anima a la vez, pues refuerza -si es que hacía falta- la certeza de que el Vaticano II, al proponer su doctrina sobre la Libertad Religiosa, se aparta de la Doctrina de la Iglesia, contradiciéndola irremediablemente.

                    A la decisión que todo Católico está llamado a tomar hoy ante las "novedades del Concilio" y la "era postconciliar", se podría aplicar la misma exhortación que el Obispo de Canarias dirigió a sus Fieles para alejarlos lo más posible del comunismo: o el Catolicismo pleno, sin concesiones, o las doctrinas mortíferas de los "Papas" Montini, Wojtyla, Ratzinger, Bergoglio, Prevost... No hay lugar a dudas.




miércoles, 3 de abril de 2024

LA FE PURA E INMACULADA: LA SEDE DE PEDRO SIEMPRE ESTARÁ LIBRE DE ERROR


               Es realmente un tema muy importante y en el que, desgraciadamente, hay muchos errores y confusiones hoy en día, pues en ciertos grupos tradicionales, de “Misa en latín”, hay una tendencia a restringir la infalibilidad papal, reduciéndola en la práctica a la nada.

               Como todos ya saben -o deberían saber-, es un Dogma de la Santa Madre Iglesia Católica que el Papa es infalible cuando enseña sobre Fe y Costumbres, evidentemente, nos referimos a un verdadero y legítimo Papa, no a los impostores que hoy usurpan el Papado desde el Concilio Vaticano II; este Dogma de Fe fue solemnemente definido en el Concilio Vaticano I, en la Constitución Pastor Aeternus, por el Papa Pío IX en el año 1870.




               El error principal de los grupos a los cuales recién hacíamos referencia es que ellos restringen la infalibilidad papal a solas las definiciones solemnes del Papa o lo que se llama Magisterio extraordinario -cosa que no dice para nada Pastor Aeternus; dicho con otras palabras, enseñan que el Papa solamente es infalible cuando hace definiciones solemnes, pretendiendo que un Papa verdadero fuera de ese supuesto —que es muy raro y ocurre muy, pero muy pocas veces—, es tan falible como cualquier otro ser humano... Y así reducen en la práctica a la nada la infalibilidad papal, pues la definiciones solemnes ocurren casi nunca, muy rara vez; la última fue en el año 1950, el Papa Pío XII, definiendo el Dogma de la Asunción de María a los Cielos; antes de ése hay que ir atrás como unos cien años a 1854, a la Inmaculada Concepción, definida por el Papa Pío IX. Como verán, las definiciones solemnes no son algo habitual, sino que muy pocas veces se da... 

               Por tanto, si pretendemos que la infalibilidad papal sólo aplica a lo solemne y que fuera de ello el Papa se puede equivocar como cualquiera, ¿a dónde queda la infalibilidad; para qué sirve?. Entonces podríamos comenzar a poner en duda lo que nos enseñó el Papa Pío XII, o el Papa Pío XI o el mismo San Pío X; éstos últimos dos -que yo sepa- sólo enseñaron con Magisterio Ordinario. Y así, a mi modo de ver, queda prácticamente destruida la infalibilidad.

               Ahora bien, un Papa verdadero es infalible, no solamente en su Magisterio solemne -como es evidente-, sino también en su Magisterio Ordinario (Encíclicas, Bulas, Constituciones, etc.); en éste también es especialmente asistido por el Espíritu Santo para que no haya error alguno en lo que concierne a la Fe y las costumbres o moral.

               Veamos ahora algunos extractos de la mencionada Constitución Pastor Aeternus, que nos ayudarán a discernir este tema y ver que un Papa verdadero nunca puede enseñar errores y herejías a la Iglesia Universal.

               Allí leemos lo siguiente:

                "Los Padres del Concilio IV de Constantinopla... publicaron esta solemne profesión: Primordial salud es guardar la regla de la recta Fe [...]. Y como no puede pasarse por alto la sentencia de Nuestro Señor Jesucristo que dice: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia", esto que ha sido dicho, se prueba por los efectos de las cosas, porque en la Sede Apostólica [que es equivalente a decir el Papa] se guardó SIEMPRE sin mácula la Religión Católica y fue celebrada la Santa Doctrina...". ¿Cómo habría sido ello posible si el Papa realmente pudiera caer en error como cualquiera? Notemos que el texto dice “siempre”; no dice “la mayoría de las veces” o “sólo en las definiciones ‘solemnes’”, sino que SIEMPRE, en todo momento, se guardó sin mácula, sin mancha, la Religión Católica en la Sede Apostólica, en el Papa. Preguntamos: siendo el hombre de suyo tan falible y propenso al error, ¿cómo se podría haber mantenido sin ninguna mácula SIEMPRE el Papado sin una asistencia especial de Dios?. 

                Dicha asistencia es, cabalmente, la infalibilidad. "Los Obispos de todo el orbe, ora individualmente, ora congregados en Concilios, siguiendo la larga costumbre de las Iglesias y en la forma de la antigua regla dieron cuenta particularmente a esta Sede Apostólica de aquellos peligros que surgían en cuestiones de Fe, a fin de que allí señaladamente se resarcieran los daños de la Fe, donde la Fe no puede sufrir mengua". 

               "Roma locuta, causa finita est", "Roma ha hablado, la causa está definida, resuelta". Siempre los Católicos desde los primeros siglos se dirigían al Papa para que él dirimiera las cuestiones de Fe, cuando había dudas o disputas en algún tema teológico. ¿Por qué? Porque sabían, como dice el texto, que en Roma, en el Papa, es "donde la Fe no puede sufrir mengua", y no hacían distinciones: "ah, pero tiene que ser con Magisterio solemne, porque si no, se puede equivocar...". Volvemos a preguntar: ¿cómo sería posible lo que dice el texto si un Papa verdadero realmente pudiera caer en el error y enseñarlo a la Iglesia Universal?. 

               Veamos la fuerza del texto; repitámoslo: sabiendo plenísimamente que esta Sede de San Pedro permanece SIEMPRE intacta de todo error. Realmente, ¿cómo puede haber hoy en día obispos y sacerdotes tradicionales que leyendo esto, “permanece siempre intacta de todo error”, puedan decir que un Papa puede equivocarse al hablar a la Iglesia universal; cómo sería entonces verdad lo que dice el texto de que está siempre intacta de todo error?... O Pastor aeternus está equivocado y tienen razón los que nos dicen que un Papa verdadero puede enseñar errores y herejías a la Iglesia universal; o -lo que es más lógico- Pastor ætérnus está en lo correcto y los que se equivocan son los que nos dicen la falsedad de que un Papa sí puede inducir al error a toda la Iglesia.  

               Hay otro punto, relacionado sobre este tema, respecto al cual quisiéramos hacer una aclaración que nos parece importante. En toda esta cuestión de la infalibilidad se suele traer a colación a San Roberto Belarmino —y también a otros teólogos y Santos— que dicen que el Papa que cae en herejía pública y manifiesta, por ese mismo hecho, deja de ser Papa y cabeza de la Iglesia. Nosotros mismos en el pasado les hemos compartido y hablado de dichas citas; particularmente San Roberto Belarmino es el más nombrado al respecto.
 
              ¿Entonces qué pasó? ¿No estamos por tanto equivocados y un Papa verdadero entonces sí puede caer en herejías? La respuesta es, en realidad, muy sencilla. Cuando San Roberto y demás teólogos hablan sobre el supuesto de que un Papa dijera una herejía pública y manifiesta, siempre aclaran que se refieren en cuanto a doctor privado o persona particular. Esto es muy importante comprenderlo bien.
  
               En efecto, una cosa es que el Papa hable en cuanto Papa, en cuanto Sumo Pontífice, en cuanto Pastor y maestro de todos los católicos, cumpliendo con su oficio público de Papa —como hace por ejemplo en las Encíclicas, Bulas, Constituciones y demás documentos oficiales de enseñanza—, y otra cosa es que hable en cuanto doctor privado o persona particular, por ejemplo en una conversación con alguien.
   
               En éste último supuesto es que San Roberto y los demás teólogos se han expresado, pues ellos sabían y tenían bien claro que el Papa, cuando cumple su oficio público de Pastor y Maestro de todos los católicos, no puede enseñar ningún error sobre la Fe y las Costumbres porque precisamente eso está amparado por la infalibilidad.

               ...un extracto de una Encíclica de Pío IX, llamada Quæ in Patriarchatu, que va contra de los que dicen reconocer a los falsos Papas como verdaderas autoridades y resistir, sin embargo, todas su directivas, negándoles la sujeción y obediencia debidas a la autoridad: "¿Qué tiene de bueno proclamar en alto el Dogma de la supremacía de San Pedro y sus sucesores? ¿De qué sirve repetir una y otra vez declaraciones de Fe en la Iglesia Católica y de obediencia a la Sede Apostólica cuando las acciones contradicen estas hermosas palabras?. Es más, ¿no es acaso la rebelión mucho más inexcusable por el hecho de que la obediencia es reconocida como una obligación? ¿(…) es suficiente estar en Comunión de Fe con esta Sede sin añadir la sumisión de la obediencia -cosa que no puede ser mantenida sin dañar la Fe Católica-?". (Septiembre de 1876)

               ...¿de qué les sirve, como dice, vivir haciendo declaraciones de Fe y de obediencia cuando su obrar dice todo lo contrario; cuando, desobedeciendo a los que ellos mismos dicen que son la autoridad, hacen todo un apostolado paralelo, una iglesia paralela, en contra de la voluntad de la “autoridad” a la que supuestamente reconocen?

               ...tengamos bien claro lo siguiente: un verdadero y legítimo Papa no puede nunca enseñar errores a la Iglesia universal en materia de Fe y costumbres; ello iría directamente contra el Dogma definido por Pío IX. 
    
               También tengamos bien claro que esto se aplica no sólo al Magisterio Solemne o extraordinario del Papa, sino también a su Magisterio Ordinario o habitual, sean Encíclicas, Bulas, Constituciones, etc.
 
               Dicho sea de paso, gracias a este Dogma es que podemos discernir claramente y sin temor a equivocarnos que los “Papas” (entre comillas) del Concilio Vaticano II han sido falsos Papas, usurpadores, porque públicamente y en documentos oficiales han enseñado y siguen enseñando errores contra la Fe y la moral Católicas; el escándalo más reciente en ese sentido siendo el documento de Francisco que salió hace algo más de un mes, en el que se permite a los sacerdotes ¡bendecir a parejas homosexuales!. ¡Qué más queremos!. Si Francisco fuera verdadero Papa, eso hubiera sido imposible, porque la infalibilidad no lo hubiera permitido.
    
               Encomendémonos a la Santísima Virgen María y pidámosle a ella que nos ayude en estos tiempos a afianzarnos en esta Verdad de la Fe Católica y a perseverar en ella, y que a todos los que están equivocados en este punto tan importante les dé luz para corregirse.


Extractos del Sermón del Padre Pío Vázquez,
en el Primer Domingo de Cuaresma, 18 de Febrero de 2024




martes, 16 de junio de 2020

EL RELATIVISMO DOGMÁTICO, contrario a la Verdad Revelada




            "Dando una mirada al mundo moderno, que se halla fuera del Redil de Cristo, fácilmente se descubren las principales direcciones que siguen los doctos. Algunos admiten de hecho, sin discreción y sin prudencia, el sistema evolucionista, aunque ni en el mismo campo de las ciencias naturales ha sido probado como indiscutible, y pretenden que hay que extenderlo al origen de todas las cosas, y con temeridad sostienen la hipótesis monista y panteísta de un mundo sujeto a perpetua evolución. Hipótesis, de que se valen bien los comunistas para defender y propagar su materialismo dialéctico y arrancar de las almas toda idea de Dios."


            "Existe, además, un falso Historicismo que, al admitir tan sólo los acontecimientos de la vida humana, tanto en el campo de la Filosofía como en el de los Dogmas Cristianos destruye los fundamentos de toda Verdad y Ley absoluta."


            "...aún hoy no faltan quienes, como en los Tiempos Apostólicos, amando la novedad más de lo debido y temiendo ser tenidos por ignorantes de los progresos de la Ciencia, procuran sustraerse a la dirección del Sagrado Magisterio, y así se hallan en peligro de apartarse poco a poco e insensiblemente de la Verdad Revelada y arrastrar también a los demás hacia el error."


            "...algunos pretenden disminuir lo más posible el significado de los Dogmas y librar el Dogma mismo de la manera de hablar tradicional ya en la Iglesia y de los conceptos filosóficos usados por los Doctores Católicos, a fin de volver, en la exposición de la Doctrina Católica, a las expresiones empleadas por las Sagradas Escrituras y por los Santos Padres. Así esperan que el Dogma, despojado de los elementos que llaman extrínsecos a la Revelación Divina, se pueda coordinar fructuosamente con las opiniones dogmáticas de los que se hallan separados de la Iglesia, para que así se llegue poco a poco a la mutua asimilación entre el Dogma Católico y las opiniones de los disidentes."


            "...estas tendencias no sólo conducen al llamado relativismo dogmático, sino que ya de hecho lo contienen, pues el desprecio de la Doctrina Tradicional y de su terminología favorecen demasiado a ese relativismo y lo fomentan."



Extractos de la Encíclica "Humani Generis", 
del Papa Pío XII, 12 de Agosto de 1950