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domingo, 13 de septiembre de 2026

"CONTINUAD REZANDO EL ROSARIO", la quinta Aparición de Nuestra Señora en Fátima



                    Después de las primeras apariciones de Nuestra Señora en la aldea portuguesa de Fátima, el boca a boca de la gente llegó a congregar a más de 30.000 personas para la aparición del mes de Septiembre, el día 13, como así lo había pedido la Virgen en Su primera manifestación. Algunos enfermos y sus familiares gritaban al paso de los tres niños, pidiéndoles entre lágrimas que pidieran a la Señora por su salud.

                    Llegados cerca de la encina de las apariciones, la piadosa multitud comenzó a recitar el Rosario que dirigía Lucía; de repente se pudo ver un relámpago -como en las anteriores apariciones y que avisaba de la llegada de la Virgen- y los niños se pusieron de pie mirando hacia el Este, mientras que sus rostros se llenaban de admiración. Se hincaron de rodillas de nuevo y personas cerca de Lucía la escucharon decir:

                    - ¿Qué quiere de mí?.

                    Continuad rezando el Rosario hijos Míos. Rezadlo todos los días para que cese la guerra. En Octubre vendrá Nuestro Señor, así como Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Monte Carmelo. San José se aparecerá con el Niño Jesús para bendecir al mundo. A Dios le agradan vuestros sacrificios, pero no quiere que uséis la cuerda de noche para ir a dormir. Llevadla sólo durante el día (1).

                    - ¿Tengo las súplicas de muchas personas que piden Su ayuda. ¿Asistirá a una niña que es sordomuda?.

                    Ella mejorará en un año.

                    - ¿Y las conversiones que algunos han pedido?, ¿las sanaciones de los enfermos?

                    A algunas las curaré a otras no, porque el Señor no confía en ellas (2). 

                    - Muchos creen que yo soy una impostora y un fraude, dicen que merezco ser colgada o quemada. ¿Puede por favor hacer un milagro para que ellos crean?”.

                    En Octubre haré un milagro para que todos crean.

                    Algunas mujeres le habían dado a Lucia dos cartas y una botellita de perfume para ofrecerlas a la Virgen; la niña lo hizo, pero Nuestra Señora le advirtió Estas cosas no sirven en el Cielo”.

                    La celestial aparición terminó; la visión se elevó como antes, y Lucía, señalando a la Señora le dijo a la multitud, Si desean verla ¡miren! ¡miren!”.


NOTAS ACLARATORIAS

            1) Los niños videntes de Fátima se mortificaban usando una cuerda que llevaban atada a la cintura, bajo la ropa: era una de las más dolorosas mortificaciones que ofrecían por la conversión de los pecadores. También evitaban algunas meriendas o dejaban de tomar agua. Pero aún mayores eran los sacrificios que exigía la misión que la Virgen les encomendó: las vejaciones, la curiosidad, las molestias de la gente, las interminables visitas, preguntas, persecución, ridículo, etc.

            2) Tal vez estas personas necesitaban de la enfermedad para su santificación y tal vez habrían usado mal el don de la curación, para daño de la propia alma.



martes, 23 de marzo de 2021

LA PRIMERA PENITENCIA DE TODO CRISTIANO: SABER LLEVAR LA VIDA


               Al margen de cualquier pesimismo injustificado, que contrasta con la Esperanza Cristiana misma, hijos de nuestro tiempo, no atados por una nostalgia irrazonable de la vejez, no podemos dejar de advertir la creciente marea de pecados privados y públicos, que intenta abrumar las almas en el barro y subvertir todo orden social saludable.

               Así como cada tiempo tiene su propia impronta que sella sus obras, así nuestra época en su misma culpa se distingue por marcas, que los siglos pasados ​​quizás nunca vieron igualmente unidas.



              Una serie de publicaciones desvergonzadas y criminales preparan los medios de seducción más opresivos y engañosos para los vicios y crímenes. Velando la ignominia y la fealdad del mal bajo el oropel de la estética, el arte, la gracia efímera y engañosa, la falsa valentía; o complaciendo sin restricciones la codicia mórbida de sensaciones violentas y nuevas experiencias de libertinaje; la exaltación de la mala praxis ha llegado al punto de aparecer claramente en público y entrar en el ritmo de la vida económica y social del pueblo, haciendo de las heridas más dolorosas, las más miserables debilidades de la humanidad el objeto de lucrativa industria.

               Obra del hombre, el pecado mancha la tierra y desfigura la Obra de Dios como mancha de inmundicia. Piensa en los innumerables pecados privados y públicos, ocultos y obvios; a los pecados contra Dios y su Iglesia; contra uno mismo, en el alma y en el cuerpo; contra el prójimo, particularmente contra las criaturas más humildes e indefensas; finalmente, a los pecados contra la familia y la sociedad humana. Algunos de ellos son tan brutales y sin precedentes, que se necesitaron nuevas palabras para indicarlos. Sopesa su gravedad: de los cometidos por mera ligereza y de los premeditados a sabiendas y perpetrados con frialdad. Compare, a la luz penetrante de la Fe, este inmenso cúmulo de bajeza y cobardía con la Santidad resplandeciente de Dios, con la nobleza del fin para el que fue creado el hombre, con los Ideales Cristianos, por los que el Redentor sufrió dolores y muerte; y luego decir si la Justicia Divina aún puede tolerar tal distorsión de Su Imagen y Designios, tanto abuso de Sus Dones, tanto desprecio por Su Voluntad, y sobre todo tanta burla de la Sangre inocente de su Hijo.

               Vicario de ese Jesús, que derramó la última gota de Su Sangre para reconciliar a los hombres con el Padre Celestial, Cabeza Visible de esa Iglesia que es Su Cuerpo Místico para la salvación y santificación de las almas, os exhortamos a los sentimientos y a las obras de penitencia, para que el primer paso hacia la efectiva rehabilitación moral de la humanidad la realicéis vosotros y todos Nuestros hijos e hijas esparcidos por el mundo. Con todo el ardor de Nuestro corazón paterno os pedimos el sincero arrepentimiento de los pecados pasados, el total aborrecimiento del pecado, la firme resolución del arrepentimiento; les imploramos que se aseguren el perdón divino mediante el Sacramento de la Confesión y el testimonio de amor del Divino Redentor. De esta manera el alma vuelve a los brazos del Padre Celestial, resucita en la Gracia santificante, se restablece en el orden y el amor, se reconcilia con la Justicia Divina.

               La negación de uno mismo está tan lejos de ello, que de hecho es una condición indispensable de la alegría interior, destinada por Dios a Sus siervos aquí abajo. Y Nosotros, con la misma ansiedad y solicitud, que arde Nuestro corazón por vuestra corrección, no dudéis en exhortaros con el Apóstol San Pablo: Gozaos siempre en el Señor: "Gaudete in Domino semper; iterum dico, gaudete" (Carta a los Filipenses, cap. 4, vers. 4).

               Ahora precisamente el hedonismo, es decir, la búsqueda frenética de todo goce terrenal, el esfuerzo exasperado por conquistar aquí abajo ya toda costa la felicidad entera, la huida, como de la gran desgracia, del dolor, la liberación de todo deber doloroso; todo esto hace la vida triste y casi insoportable, porque cava un vacío mortal alrededor del espíritu. Nada más indica la actual multiplicación de los alocados gestos de rebelión contra la vida y su Autor, porque con pretensiones anticristianas se quiere excluir de ella todo tipo de sufrimiento.

              ¡Saber llevar la vida! Es la primera penitencia de todo Cristiano, la primera condición y el primer medio de santidad y santificación. Con esa dócil resignación propia de quien cree en un Dios Justo y Bueno, y en Jesucristo, Maestro y Guía de corazones, abrazar con valentía la Cruz a menudo dura de cada día. Para llevarla con Jesús, su peso se vuelve ligero.



               Pero las condiciones singularmente graves de la hora actual empujan a los Cristianos, si alguna vez en el pasado, especialmente hoy, a cumplir en sí mismos lo que falta en la Pasión de Cristo, no sólo por el deseo de hacer enmienda siempre mejor las malas acciones y para dar un signo más certero y una prueba más segura de la sinceridad de su regreso, pero también para contribuir a la salvación de todos los redimidos.

               Para ello, todos los Cristianos, penitentes e inocentes, unidos en la intención y obra de una sana expiación, se unen al Supremo Pastor de las almas y su único Salvador Jesucristo, el Cordero del sacrificio, que quita los pecados del mundo. Él está allí, en nuestros Altares, renovando el Sacrificio del Gólgota cada hora. Junto a Él y en virtud de Su Gracia, el ejército de almas expiatorias de la inmensa Iglesia de Dios podrá movilizarse en este Día Santo. Los sufrimientos, aceptados con resignación cristiana y voluntaria o elegidos libre y generosamente, devolverán un rostro Cristiano a la humanidad caída y será en la balanza de la Justicia Divina un contrapeso salvador a los crímenes humanos.

               Sálvanos, Señor, para que no perezcamos. Pisa las olas en el mar agitado de nuestra alma, sé nuestro compañero en la vida y en la muerte, nuestro Juez Misericordioso. Los rayos de los castigos merecidos dan paso a un nuevo y amplio derramamiento de Tu Misericordia sobre la humanidad redimida. Apaga el odio; enciende el Amor; dispersa con el poderoso aliento de Tu Espíritu los pensamientos y anhelos de dominación, destrucción y guerras. Concede el pan a los pequeños, a los desamparados la casa, a los desempleados el trabajo, la armonía a las naciones, la Paz al mundo, a todos la recompensa de la dicha eterna. Que así sea.


Papa Pío XII Extractos de la Homilía pronunciada el Domingo de Pasión, 

26 de Marzo del Año Jubilar de 1950



lunes, 30 de noviembre de 2020

¿Cómo ayudar a las Almas del Purgatorio? -Parte 3: Por medio de la mortificación y las obras de penitencia


               El Obispo Keppler de Rottenberg escribe: "Además de las limosnas, también el ayuno y todas las obras de penitencia, todos los actos de vencimiento y propia renuncia, de paciencia para soportar los sufrimientos y aflicciones y, en general, todas las buenas obras, sirven para, por medio del amor, ser consumidas en dinero que se utilice para la redención de las pobres Almas del Purgatorio".




               San Nicolás de Tolentino ayunaba con frecuencia a pan y agua, se flagelaba muy a menudo hasta derramar sangre y llevaba siempre sobre sí una cadena de hierro que le rodeaba la cintura; y todo esto para el consuelo de las Almas del Purgatorio, las cuales se le aparecieron repetidas veces para darle las gracias por su ayuda.

               El Bienaventurado Francisco de Fabriano, de la Orden Franciscana, ofreció todas sus mortificaciones y rigores, así los prescritos por la Regla de la Orden, como los tomados voluntariamente, sin excepción alguna, por las Almas del Purgatorio, sin retener para sí el mérito más insignificante de los mismos.

               De la Bienaventurada María Ana Lindmayr sabemos que ejercitaba muy duras obras de penitencia en favor de las Almas del Purgatorio; que su comida consistía tan solo en pan y agua; según ella misma refiere, en los tres primeros meses del año 1691, ayudó a más de cuatrocientas Almas a subir rápidamente del Purgatorio hasta el Cielo.

               Catalina Emmerich dice "No hay palabras para expresar el gran consuelo que reciben las pobres Almas por nuestro vencimiento y nuestros pequeños sacrificios"




               Enseña la Iglesia que en nuestra voluntad, está nuestra salvación, en nuestro querer y obrar, la condenación. El pecado se encuentra en la voluntad, en contraposición humana. Es por su propia naturaleza, una sublevación contra la Santa Voluntad de Dios. La expiación de los pecados ha de realizarse también en la voluntad. 

               Según explican Santa Catalina y otros teólogos, en el Purgatorio la libre voluntad del alma se conforma por completo con la Voluntad Divina, se transforma íntimamente con la Voluntad de Dios. También aquí en la tierra, el sacrificio de la voluntad es un poderoso medio de expiación y una ayuda eficaz para liberar Almas de los tormentos del Purgatorio.




viernes, 3 de abril de 2020

Devocionario Católico: LA NECESARIA MORTIFICACIÓN EN LA VIDA DEL BUEN CRISTIANO (II)





"No prometo hacerte feliz 
en este mundo, sino en el otro" 

Palabras de la Virgen a Bernardita Soubirous, Lourdes, 18 de Febrero de 1858


               Nuestra Santa Madre, La Virgen María, pasó por este mundo terrenal desprendida de todo afecto material; la criatura más perfecta y virtuosa que Dios creó, sería la esposa virginal de un humilde artesano, por lo que no es difícil suponer que la Sagrada Familia de Nazaret conoció los rigores de la vida del obrero. La pobreza de la casa de la Trinidad en la tierra predispuso a María Virgen, para ser una criatura absolutamente entregada a la Voluntad de Dios; jamás, nada material, se interpuso entre el Alma Santísima de María y Dios, que la colmó de gracias como a nadie, pero a la que también quiso hacer partícipe directa de la Pasión de Su Hijo, Cristo Redentor.

               Desde el Calvario, María Virgen, sería proclamada por Nuestro Señor como Madre Nuestra; desde aquél día, la intercesión de la Virgen Purísima será crucial en los momentos más críticos de la Iglesia, como la Aparición que tuvo el Apóstol Santiago en el Pilar de Zaragoza, o las fuerzas sobrenaturales que asistieron a los combatientes de la Batalla de Lepanto, atribuídas al rezo del Santo Rosario. 


               En tiempos más recientes, esa presencia de la Madre de Dios se ha hecho más nítida, especialmente a partir del siglo XIX, con la revelación de la Medalla Milagrosa, las Apariciones de La Salette y Lourdes, todas ellas como sello del Dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado por el Papa Pío IX en 1854.


               Ya en el siglo XX, sería en mitad de la Gran Guerra, cuando la Virgen María volvería a revelarse como Nuestra Señora del Rosario para pedir a la Humanidad que abandonase la vida de pecado y volviesen sus corazones a Dios; allí en Fátima, María Santísima anunciaría la llegada de Su Reino al prometer "Al fin Mi Inmaculado Corazón Triunfará", y con el Reinado de María vendrá consecuentemente el de Cristo Nuestro Señor, que volverá por segunda vez como lo hizo la primera, por María. 


               Precisamente han sido estas últimas manifestaciones marianas las que han valido a Nuestra Señora, como medio oportuno para hacer una llamada a la Humanidad a volver a Dios, mediante la oración y la penitencia; la una no puede ir sin la otra, pues ambas se sostienen y son como las muletas que nos enderezan en el caminar hacia la Santidad.

               "Deberíais rezar, jamás podréis recompensar todo el dolor que he asumido por vosotros..." Nuestra Señora a Melanie Calvat y Maximino Guiroud, en La Salette (Francia, 19 de Septiembre de 1846)

               "¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Penitencia!. Ve a besar la tierra para la conversión de los pecadores" Nuestra Señora a Bernardette Soubirous, en Lourdes (Francia), 24 de Febrero de 1858.

             "Os ofreceréis a Dios y aceptaréis todos los sufrimientos que Él os envíe, en reparación por todos los pecados que Le ofenden y por la conversión de los pecadores." Nuestra Señora a los niños videntes de Fátima (Portugal), 13 de Mayo de 1917. 




               "Haced sacrificios por los pecadores, y decid seguido, especialmente cuando hagais un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores, y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María." Nuestra Señora a los niños videntes de Fátima (Portugal), 13 de Julio de 1917. 

               "Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia..." . "Debéis sacrificaros más, pensad en la Pasión de Jesús..." Nuestra Señora a las videntes de Garabandal (España), 18 de Octubre de 1961 y 18 de Junio de 1965.

               "María Nuestra Señora, que parecía ausente de la vida pública de Jesucristo, estuvo presente, sin embargo, a su lado cuando fue a la muerte y fue clavado en la Cruz, y estuvo allí por divina disposición. En efecto, en comunión Su Hijo doliente y agonizante, soportó el dolor y casi la muerte; abdicó los derechos de Madre sobre Su Hijo para conseguir la salvación de los hombres; y, para apaciguar la Justicia Divina, en cuanto dependía de Ella, inmoló a Su Hijo, de suerte que se puede afirmar, con razón, que redimió al linaje humano con Cristo. Y por esta razón, toda suerte de gracias que sacamos del Tesoro de la Redención nos vienen, por decirlo así, de las manos de la Virgen Dolorosa". (Papa Benedicto XV, epís. Inter sodalicia, 22 de Mayo de 1918)


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miércoles, 26 de febrero de 2020

Devocionario Católico: LA NECESARIA MORTIFICACIÓN EN LA VIDA DEL BUEN CRISTIANO (I)


El Señor nos pide que hagamos penitencia

El Buen Cristiano es aquél que imita a Cristo,
que le sigue a través del camino 
que conduce al Calvario...


                Nuestro Señor Jesucristo comenzó Su Vida Pública con cuarenta días de ayuno en el desierto como preparación (1). Más tarde, invitó dulcemente a todos aquellos que decían amarle a llevar junto a Él la Cruz, y les anunció la persecución, por ser Sus Discípulos (2). 




               Duerme Nuestro Señor, casi como un mendigo, a la intemperie en sus viajes, en los que no tiene donde reclinar Su cabeza (3). Afirma que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos (4). Él mismo, se entrega a la muerte para salvarnos; todos los sufrimientos soportados por Cristo Redentor en Su cruenta Pasión, deben considerarse voluntarios, no sólo como el ofrecimiento de algo sucedido contra la propia voluntad y que no puede evitarse: “por eso me ama el Padre, porque doy Mi Vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo”

               Siguiendo el ejemplo claro de Nuestro Señor Jesucristo, dentro de tus obligaciones y trabajos diarios, procura vivir esta Santa Cuaresma -y mejor todo el año- en santo recogimiento, en tu particular desierto: ratos libres, que en lugar de usar para ir con amigos o jugar en casa, dedicarás a estar con Dios a solas; deshecha entonces de tu mente, los pensamientos absurdos, para ocuparla con jaculatorias y otros actos de amor a Dios y a la Virgen Inmaculada. Tal vez te has mortificado alguna vez a base de ayunar, de castigar tu cuerpo, de privarte de algún alimento de tu particular gusto. Son mortificaciones maravillosas, siempre que se tenga cuidado de no comprometer la salud y con revisión por parte de un Director Espiritual. 

               Sin embargo, olvidamos muchas veces mortificar el foco y origen de la mayoría de nuestros males: el pensamiento. ¿Cuántos pensamientos pasan constantemente por nuestra cabeza?, ¿Cuántos de ellos van dedicados a Dios, a la Virgen, a nuestra Santa Fe...?... por el contrario, ¿cuántas veces toleramos y hasta fomentamos ideas absurdas en nuestra mente?, ¿Por qué nos empeñamos en soñar despiertos y vivir adormilados con la anestesia de ideas vanas, que nunca se materializarán o que simplemente son justificaciones absurdas?

               Mortifica tu pensamiento sujetando las ideas, sometiéndolas a la Voz de Dios; siente el peso de la negación propia como Cristo lo sintió en Su Divina Cabeza, cuando se dejó coronar de espinas... y hazlo tan solo por dos motivos: por amor a Dios y a las almas; sobre todo, ten presentes a aquéllas que pasan la vida sin dedicar un solo pensamiento al Creador... tú, que has sido bendecido con el don de la Fe, has de reparar por aquellos que viven sin Dios; tú, que presumes amar a Dios, y obligado estás a ello por Su Ley, debes mortificarte por cuantos malos cristianos no lo hacen; tú, que estas líneas no lees por casualidad, tienes vocación de Apóstol, de dar el mejor testimonio de Fe Católica: el buen ejemplo.

              Mortifica tu mente, refrena las ideas vanas, las ocurrencias absurdas; llena tus ideas de imágenes y textos piadosos, para gustar a Dios con el pensamiento y de ahí con el corazón, el entendimiento y por fin, la voluntad. Ama la mortificación de tus ideas porque ello te asegurará la muerte de tu natural soberbia, que se alimenta de esos pensamientos de superioridad o egoísmo. Oblígate a pensar a menudo en el perdón y en la caridad para con aquellos que no te quieren bien, para eliminar cualquier resto de odio o rencor. Al mismo tiempo, desprende pensamientos de angustia, de desesperación, de incertidumbre... son susurros del demonio, que pretende que desconfiemos de la Providencia de Dios, que siempre nos ampara, aún cuando tengamos que padecer para entenderlo.


La Penitencia en el Antiguo Testamento


               "Todos los hombres, mujeres y niños de Israel que habitaban en Jerusalén se postraron ante el templo, cubrieron de ceniza sus cabezas y extendieron las manos ante el Señor". Libro de Judit, cap. 4, vers. 11

              "...y le dijo el Señor: "Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella". A los otros dijo, oyéndolo yo: "Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no miren con piedad vuestros ojos, no tengáis compasión. Matad a viejos, a jóvenes y a vírgenes, a niños y a mujeres, hasta que no quede ninguno. Pero a todo aquel sobre el cual esté la señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario". Comenzaron, pues, desde los hombres ancianos que estaban delante del templo." Profeta Ezequiel, cap. 9, vers. 4-6

              "Me dirigí hacia el Señor Dios, implorándole con oraciones y súplicas, con ayuno, saco y ceniza". Profeta Daniel, cap. 9, vers. 3

              "El anuncio llegó hasta el rey de Nínive, que se bajó del trono, se quitó su manto, se cubrió de saco y se sentó en la ceniza". Libro de Jonás, cap. 3, vers. 6 


La Penitencia en el Nuevo Testamento


              "...haced penitencia, pues el Reino de los Cielos está al llegar..." Evangelio de San Mateo, cap. 3, vers. 3

             "...cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu cara, para que los hombres no adviertan que ayunas, sino tu Padre que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará". Evangelio de San Mateo, cap. 6, vers. 16-18

             "¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido". Evangelio de San Mateo, cap. 11, vers. 21

               "Os ruego... que le ofrezcáis vuestros cuerpos como una hostia viva, santa y agradable a sus ojos, que es el culto racional que debéis ofrecerle" Carta de San Pablo a los Romanos, cap. 12, vers. 1 

               "...los que son de Jesucristo, crucificaron su carne, con sus vicios y concupiscencias..." Carta de San Pablo a los Gálatas, cap. 5, vers. 24

               

NOTAS ACLARATORIAS

  - 1 Evangelio de San Mateo, cp. 4, vers. 2
  - 2 Evangelio de San Lucas, cap. 21, vers. 12
  - 3 Evangelio de San Mateo, cap. 8, vers. 20
  - 4 Evangelio de San Juan, cap. 15, vers. 13


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