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miércoles, 5 de noviembre de 2025

LAS SAGRADAS RELIQUIAS de los Santos, Mártires y Bienaventurados

 

                Hemos acompañado ya en su Triunfo a los Santos en el Cielo; pero aquí en la tierra tenemos todavía sus cuerpos, que fueron templo del Espíritu Santo, que le sirvieron dócilmente para realizar actos heroicos y que un día han de resucitar para participar, juntamente con las almas, de la Bienaventuranza Eterna. La Festividad de los Santos se completa con esta de las Sagradas Reliquias, que se celebra dentro de la Octava.




                Merecen las Reliquias de los Santos culto, ya que por su influencia podemos lograr bienes materiales y espirituales; así como de la Santa Humanidad de Cristo Nuestro Señor, salía una virtud que curaba a cuantos a Él se acercaban, así también las Reliquias de los Santos pueden obrar maravillas, según reza la Oración de la Misa propia de hoy. De hecho, Dios mismo ha puesto sobre las reliquias virtudes sobrenaturales para arrojar a los demonios, curar a los enfermos, devolver a los ciegos la vista, alejar las tentaciones y alcanzarnos otros bienes y dones excelentes.

                Ya los primeros Cristianos recogían con piedad los cuerpos de sus Mártires y sobre su tumbas celebraban la Santa Misa, para simbolizar así que el sacrificio del Mártir se asocia al Sacrificio de Jesús en el Monte Calvario.

                

CLASIFICACIÓN DE LAS SAGRADAS RELIQUIAS


               La Santa Iglesia Católica, siguiendo la Sagrada Escritura y la Tradición, reconoce tres grupos de reliquias, que califica de "primera, segunda o tercera clase, o grado".

               - Las RELIQUIAS DE PRIMERA CLASE: tomadas del cuerpo del santo (hueso, carne, pelo…), como los huesos del profeta Eliseo, que hicieron resucitar a un muerto (II Reyes, 13, 21).

               Las reliquias de primera clase se dividen a su vez en tres tipos:

               - Reliquias insignes: cuerpos enteros o una parte completa de él (cráneo, una mano, una pierna, un brazo), como también algún órgano incorrupto (como la lengua de San Antonio de Padua, el cerebro de Santa Margarita de Alacoque, el corazón de Santa Teresa, etc).

              - Reliquias notables: partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero (la cabeza del fémur, una vértebra, etc)

              - Reliquias mínimas: astillas de huesos o pequeños trozos de carne.




               - Las RELIQUIAS DE SEGUNDA CLASE: objetos que usaron en vida (rosario, libros, indumentaria…), como la capa de Nuestro Señor, que como antes citamos, con sólo tocarla la hemorroísa, quedó curada.

               - Las RELIQUIAS DE TERCERA CLASE: cualquier objeto tocado a una reliquia de primera clase o a la tumba del santo (normalmente pequeños trozos de tela). Ejemplo de ello, -como ya vimos antes- eran los paños que tocaban al cuerpo del apóstol San Pablo.


DEL TRATO Y CUIDADO QUE SE HA DE TENER 
CON LAS RELIQUIAS


               La Iglesia manda guardar las reliquias -sobre todo las de primera clase- en “relicarios“, que tienen consideración de vasos sagrados; a lo largo de la historia, los relicarios han dado lugar a verdaderas obras de arte de la orfebrería. Pueden tener diferentes formas, dependiendo del tamaño de la reliquia que conserven; en los casos de cuerpos enteros, se emplea un cofre-relicario llamado capsa, mientras que si es una parte del cuerpo, el cofre es algo más pequeño y recibe el nombre de capsella. Las reliquias mínimas se guardan en una teca.

               Las Sagradas Reliquias se dispensan desde las diferentes Postulaciones Generales de Roma, así como desde ciertas iglesias y conventos que conserven las reliquias de algún Santo del lugar o propio de alguna Orden Religiosa en particular.

               SOLO HAN DE EXPONERSE A LA VENERACIÓN PÚBLICA aquellas reliquias que estén debidamente autenticadas, o lo que es lo mismo, que una Autoridad Eclesiástica haya validado la procedencia, el tipo de reliquia y en dónde se coloca; todo ello refrendado en un documento, debidamente sellado y con papel especial, que muchas veces incorpora la conocida como "marca de agua" (con el escudo de la Congregación o del Postulador). De igual forma, el Postulador o la Autoridad que certifica la autenticidad de la reliquia, sellará ésta o el relicario donde se coloque, usando hilo y lacre, que ha de permanecer intactos.



Documento de autenticidad, sellado y firmado por el entonces Postulador 
de los Carmelitas Descalzos, Fray Simeón de la Sagrada Familia


               LAS RELIQUIAS DUDOSAS, que son todas las que se encuentren desprovistas de documento de autenticidad, o cuyo relicario esté violentado (lacre o hilos rotos/manipulados) se ha de retirar del culto público y en el peor de los casos, ser enterradas.

                Aquellos Católicos que tengan la dicha de custodiar una RELIQUIA DE PRIMERA CLASE, han de tener en cuenta los siguientes puntos:

             1º) Las Sagradas Reliquias NO SON AMULETOS, NI PIEZAS DE COLECCIÓN; de hecho, las reliquias de primera clase tienen condición de vaso sagrado. Horroriza comprobar cómo personas de dudoso comportamiento moral poseen reliquias y las exhiben en las redes sociales, como si de trofeos o condecoraciones se tratasen.

             2º) Para no perder de vista el carácter SAGRADO de las Reliquias, es muy conveniente apartarlas de otros objetos profanos; lo ideal es guardarlas ordenadamente en una caja digna, provista de tapa para evitar el polvo y la humedad, aparte de un mejor transporte si de diese el caso.

             3º) Las tecas (los recipientes que contienen las reliquias) han de ser limpiadas con sumo cuidado (al menos una vez al mes); limpieza de la parte metálica de la teca, con exquisito mimo para evitar romper el lacre, que junto con el certificado de autenticidad de la reliquia, garantiza que se trata de una reliquia verdadera.



Reverso de un documento de autenticidad, dotado con
con una marca de agua con el escudo del Carmelo Descalzo


             4º) Costumbre piadosa, es la de besar la teca ( o tecas ) en la mañana y en la noche. Cuando se posean más de seis, es suficiente besarlas una vez al día.

             5º) También es recomendable adquirir un RELICARIO, donde se puede exponer la Reliquia del Santo en cuestión en el día de su Onomástica y en día previos si por ejemplo, hacemos una novena.

             6º) Algunas personas muy piadosas, a veces llevan consigo la teca con reliquia de un Santo de su devoción; en estos casos, lo ideal es llevarla prendida al cuello, con una cadena o un cordón sólidos, en el interior de la ropa y siempre y cuando no vayamos a realizar un esfuerzo físico que pueda dañar la teca.





sábado, 14 de septiembre de 2024

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ


"Nos autem praedicamus Christum crucifixum, 
iudaeis quidem scandalum, gentibus autem stultitiam"

   



              El Rey de Persia, Cosroe, declara la guerra al Imperio Romano de Oriente ( Imperio Bizantino con sede en Constantinopla ) en el año 604. El Senado de la ciudad nombra Emperador a Heraclio, que de entrada busca la paz con los enemigos. Así, el general Ramiozán, de las huestes del rey persa, se apodera de la Ciudad Santa, Jerusalén, comete el sacrilegio de destruir el Santo Sepulcro y roba impunemente el trozo de la Verdadera Cruz de Nuestro Señor que Santa Elena había guardado en un relicario de plata.


              De los testimonios de aquél sacrílego acto de tomar Jerusalén, se dice que "De los prisioneros cristianos que quedaron en poder de los vencedores, unos fueron entregados al furor de los judíos, que los sacrificaron cruelmente, y otros fueron conducidos a Persia en unión del botín y de la Santa Reliquia. Entre los prisioneros se halaba el Patriarca de Jerusalén, Zacarías."

              La noticia conmociona a la Cristiandad, que rápidamente crea un ejército -a modo de Cruzada- para liberar a los hermanos cautivos, al Patriarca y sobre todo, la Sagrada Reliquia de la Cruz de Nuestro Señor. El valiente y creyente ejército se adentró en Persia, tomando las ciudades de Gauzak (donde los persas tenían un templo dedicado al sol ), Derkeveh, Urma, Saro...

             El mismo Emperador Heraclio cruza las filas de sus tropas crucifijo en mano, prometiendo a los soldados la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Iglesia Católica; promesa que Dios tuvo a bien cumplir, ya que la derrota persa fue completa. Incluso los aliados del rey persa asesinaron a éste, que se negaba a negociar la paz, y pusieron a su hijo en su lugar, el cual capituló y devolvió las ciudades tomadas antes de la guerra, así como liberó a los cristianos cautivos y devolvió la Sagrada Reliquia de la Cruz.


             Cuando el Emperador Heraclio regresó a Constantinopla con la Santa Cruz, la ciudad la recibió con un júbilo sin parangón. De esa alegría sin par que llenó el alma de miles y miles de cristianos que adoraron la Preciosa Reliquia, quedó establecida la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz.


              A pesar de lo mucho que había costado recuperarla, Heraclio quiso devolverla a Jerusalén y lo quiso hacer él mismo. Así, otra vez en la Ciudad Santa, decidió cargarla personalmente hasta el Monte Calvario y claro está, para ceremonia tan importante, quiso lucir sus mejores galas. Sin embargo, cuando se disponía a ascender camino del monte donde Nuestro Señor fue crucificado, sus pies quedaron inmóviles, siéndole imposible dar un paso. 




El mayor fragmento de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo se venera en 
el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, Cantabria (España). Las medidas del 
Leño Santo son de 63, 5 cm. el palo vertical, 39,3 cm. el travesaño y 3,8 cm. de grosor 



              El Patriarca, le recordó entonces que Cristo había subido al Calvario pobre, con apenas unos harapos y escarnecido por sus enemigos. El Emperador entendió y sin vacilar, se desprendió de sus galas y su corona, cargó de nuevo con la Santa Cruz y esta vez sí pudo ascender hasta llegar al lugar bendito de la Redención, donde el Patriarca de Jerusalén impartió la bendición la Sagrada Reliquia de la Cruz.

               Con el tiempo, la Santa Cruz sería dividida para poder así ser repartida por todo el orbe católico; algunas veces en pequeñas astillas (reliquias mínimas); en otras ocasiones los trozos serían más grandes, para ir colocados en bellos relicarios o en la cruz pectoral de algún piadoso Obispo. Por último, existen reliquias notables, de tamaño considerable, algunas se veneran en Roma pero la reliquia insigne, el trozo más grande de la Santa Cruz de Nuestro Señor se venera en España, en Cantabria.

               Fue Santo Toribio de Astorga, un importante Obispo, el que estando en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo, obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes, donde en la actualidad se sigue venerando por parte de los fieles que allí acuden en peregrinación.




Detalles del Santo Lignum Crucis de Liébana








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domingo, 5 de noviembre de 2023

LAS SAGRADAS RELIQUIAS

 



                    "Enseñen también que deben ser venerados por los Fieles los Sagrados Cuerpos de los Santos y Mártires y de los otros que viven con Cristo, pues fueron miembros vivos de Cristo y templos del Espíritu Santo, que por Él han de ser resucitados y glorificados para la Vida Eterna, y por los cuales hace Dios muchos beneficios a los hombres, de suerte que los que afirman que a las reliquias de los Santos no se les debe veneración y honor, o que ellas y otros sagrados monumentos son honrados inútilmente por los fieles y que en vano se reitera el recuerdo de ellos con objeto de impetrar su ayuda (quienes tales cosas afirman) deben absolutamente ser condenados, como ya antaño se los condenó y ahora también los condena la Iglesia"


Sacrosanto Concilio de Trento, 1545-1563


               El culto a las Sagradas Reliquias lo encontramos en los inicios del Cristianismo, momento en que tuvo lugar la aparición de los primeros Mártires, cuyos cuerpos fueron enterrados en catacumbas. En un primer momento se mantuvo la costumbre romana y occidental de respetar la inviolabilidad de la sepultura, dado que se consideraba un sacrilegio tocar el cuerpo de los Santos, lo que dio lugar a la aparición de las reliquias de contacto, llamadas también "brandeas", obtenidas mediante la colocación de paños sobre la tumba de aquellos que habían fallecido en olor de santidad. 


               Se sabe que esta tradición aún estaba vigente en el siglo VI, si bien, progresivamente, se fue imponiendo la práctica oriental de trasladar y dividir los cuerpos santos con el fin de utilizarlos para consagrar los templos. Asimismo, se fue haciendo cada vez más habitual el empleo de estos restos y objetos sagrados para uso personal, así como su exposición en relicarios y cortejos procesionales con la intención de que fueran venerados por el pueblo.






               Paulatinamente se generalizó la costumbre advertida en otros países de utilizar las reliquias para la consagración de las iglesias, lo que provocó que se produjera un gran afán en la obtención de estos objetos por parte de los particulares interesados en fundar nuevos edificios religiosos. La presencia de reliquias en estos recintos sacros favorecía la celebración de fiestas en honor de las mismas, en las que las procesiones debían ser frecuentes, tal y como se desprende de un canon del Concilio III de Braga, celebrado el año 675, donde se señala que los Obispos se colgaban en las Fiestas de los Mártires las reliquias del cuello, haciéndose llevar en hombros por los diáconos como si ellos mismos fueran relicarios. Tal vez desde esa época, los Obispos conservaron la costumbre de llevar reliquias en la cruz pectoral.

               El Concilio de Nicea, en el año 787, impuso que todas las iglesias debían ser  consagradas con alguna reliquia, lo que supuso un notable impulso a su devoción. El Concilio de Trento determinó que las reliquias insignes eran las del cuerpo entero del Santo o parte del mismo en el que éste había sufrido el Martirio, se fijó que no se podían enajenar ni trasladar a otra iglesia sin Indulto Apostólico, que debían ser expuestas en relicarios cerrados y que no era lícito venderlas, siendo función del clero el impedir que se profanasen, perdiesen o no se guardasen debidamente.






CLASIFICACIÓN DE LAS SAGRADAS RELIQUIAS


               La Santa Iglesia Católica, siguiendo la Sagrada Escritura y la Tradición, reconoce tres grupos de reliquias, que califica de "primera, segunda o tercera clase, o grado".

      - Las RELIQUIAS DE PRIMERA CLASE: tomadas del cuerpo del santo (hueso, carne, pelo…), como los huesos del profeta Eliseo, que hicieron resucitar a un muerto (II Reyes, 13, 21).


CONSEJOS ÚTILES
PARA LOS DEVOTOS Y CUSTODIOS 
DE SAGRADAS RELIQUIAS


               Aquellos Católicos que tengan la dicha de custodiar una RELIQUIA DE PRIMERA CLASE, han de tener en cuenta los siguientes puntos:

        1º) Las Sagradas Reliquias NO SON AMULETOS, NI PIEZAS DE COLECCIÓN; de hecho, las reliquias de primera clase tienen condición de vaso sagrado. Horroriza comprobar cómo personas de dudoso comportamiento moral poseen reliquias y las exhiben en las redes sociales, como si de trofeos o condecoraciones se tratasen.

        2º) Para no perder de vista el carácter SAGRADO de las Reliquias, es muy conveniente apartarlas de otros objetos profanos; lo ideal es guardarlas ordenadamente en una caja digna, provista de tapa para evitar el polvo y la humedad, aparte de un mejor transporte si de diese el caso.

        3º) Las tecas (los recipientes que contienen las reliquias) han de ser limpiadas con sumo cuidado (al menos una vez al mes); limpieza de la parte metálica de la teca, con exquisito mimo para evitar romper el lacre, que junto con el certificado de autenticidad de la reliquia, garantiza que se trata de una reliquia verdadera.

        4º) Costumbre piadosa, es la de besar la teca ( o tecas ) en la mañana y en la noche. Cuando se posean más de seis, es suficiente besarlas una vez al día.




        5º) También es recomendable adquirir un RELICARIO, donde se puede exponer la Reliquia del Santo en cuestión en el día de su Onomástica y en día previos si por ejemplo, hacemos una novena.

        6º) Algunas personas muy piadosas, a veces llevan consigo la teca con reliquia de un Santo de su devoción; en estos casos, lo ideal es llevarla prendida al cuello, con una cadena o un cordón sólidos, en el interior de la ropa y siempre y cuando no vayamos a realizar un esfuerzo físico que pueda dañar la teca.



martes, 27 de septiembre de 2022

LA SÁBANA SANTA: EL SUDARIO DE LA REDENCIÓN



               Probablemente la Sábana Santa fue obtenida durante las Cruzadas y traída a Europa. La documentación histórica demuestra que la Sábana Santa se exhibió en las ciudades de Jerusalén, Edesa (año 500) y Constantinopla (año 1092). El rey Luis VII de Francia veneró la Sábana Santa en Constantinopla en 1147. En Agosto de 1203, Robert de Clari, un cruzado francés, informó haber visto la Sábana Santa en Constantinopla. 

               Aunque aparecen algunas lagunas en su paradero histórico, la Sábana Santa ha mantenido una presencia constante. Tras el testimonio de Robert de Clari, la siguiente cita histórica sitúa la Sábana Santa en Francia, habiendo pasado a posesión de la familia De Charny de Lirey.

               En Marzo de 1453, Margarita de Charny entregó la Sábana Santa a la Casa de Saboya, y se conservó en la Capilla de Castillo de Chambéry. La Sábana Santa sobrevivió al incendio del 4 de Diciembre de 1532, pero las esquinas dobladas se quemaron cuando su relicario de plata comenzó a derretirse; hasta la fecha, se pueden ver los parches aplicados a la Sábana Santa debido a las marcas de quemaduras. La Sábana Santa fue trasladada a la Catedral de Turín el 14 de Septiembre de 1578, donde permanece desde entonces en la Capilla Real.

               La Sábana Santa está hecha en lino tejido, de alta calidad, realizada por un tejedor profesional, por lo que probablemente perteneciera a un hombre rico (por ejemplo, ¿José de Arimatea?). Las fibras de lino se remontan al Mediterráneo Oriental o al Medio Oriente.

               Las pruebas químicas y biológicas prueban que hay manchas de sangre en la Sábana Santa, del tipo de sangre AB y del grupo de antígenos MNS. Además, no hay pigmentos de pintura de ningún tipo en la Sábana Santa, lo que elimina la posibilidad de que la Sábana Santa sea una especie de falsificación artística supremamente inteligente.

               La Sábana Santa lleva la imagen de un varón adulto, de 1.81 cms. de altura, de firme complexión atlética, en torno a los 80 kilos de peso, con cabello hasta los hombros y barba; un hombre que había sufrido la crucifixión a la manera romana; así, la víctima fue clavada por las muñecas, entre el radio y el cúbito, para que pudiera colgar de forma segura en la cruz. El clavo en la muñeca habría penetrado en un nervio y habría provocado que el pulgar se clavara en la palma de la mano. Los pulgares del hombre de la Sábana Santa están ocultos debido a este clavado.

                La Víctima de la Sábana Santa muestra una herida en el costado; esta lesión atravesó las costillas quinta y sexta, y perforó el pericardio y la aurícula derecha, provocando el flujo de sangre y líquido pericárdico. Las manchas de sangre alrededor de la frente y la nuca podrían atribuirse a múltiples laceraciones en la cabeza... la corona de espinas.

               También aparecen manchas de sangre en la espalda, alternando los hombros derecho e izquierdo, y en las nalgas debidas a la flagelación. Las heridas del flagelo se abren en abanico, lo que tiene sentido ya que el flagelo que usaban los romanos tenía dos o tres tiras de cuero con pequeñas bolas de plomo o ganchos en el extremo para perforar la carne. Claramente, la Víctima fue azotada muy metódicamente y hay más de 120 heridas.

               No se han encontrado pigmentos, pinturas, o colorantes en las fibrillas. La fluorescencia de rayos X y la microquímica en las fibrillas eliminan la posibilidad de que se utilice pintura como método para crear la imagen, y la evaluación ultravioleta e infrarroja ha confirmado estos estudios. Si se hubiera usado pintura, habría penetrado a través de las fibras superiores hacia las fibras inferiores del tejido en espiga; sin embargo, la imagen está solo en las fibras superiores y las fibras inferiores no se tocan. Además, la imagen era resistente a la decoloración y otros agentes químicos estándar que habrían reaccionado con la pintura o algún otro medio.


La imagen de la Sábana Santa: 
algunas claves

por el escritor Juan José Benítez


               • La ciencia no sabe cómo, pero la imagen del Hombre muerto responde a una degradación física de la celulosa que forma las fibras de lino.

               • No hay pintura. Jamás se encontró vestigio alguno de los pigmentos.

               • El color es similar al de las quemaduras producidas en el siglo XVI en la misma tela de lino. Los científicos hablan de estabilidad térmica.

               • Conforme el espectador se acerca a la imagen, ésta desaparece, y se convierte en una mancha informe. Sólo a cuatro o cinco metros se aprecia en toda su belleza. Este fenómeno óptico se registra como consecuencia de la falta de definición en los perfiles.

              • No existen huellas laterales del cuerpo.

              • La imagen es superficial: sólo afecta a las dos o tres primeras fibras (un hilo está integrado por casi doscientas fibras).



              • El oscurecimiento de la imagen es igual en la parte frontal y en la dorsal. ¿Cómo puede ser si esta última experimentó un mayor peso?

              • La ciencia no sabe cómo, pero la imagen dispone de estabilidad hídrica y química (el agua utilizada para sofocar el incendio que la afectó en Chambéry, y que hirvió en el interior de la urna de plata, no afectó a la pureza de la figura. Ninguno de los reactivos químicos conocidos la disuelven o la decoloran).

              • ¿A qué obedecen las claras deformaciones anatómicas en algunas regiones de la imagen? Por ejemplo: caderas y longitud del antebrazo.

             • No hay direccionalidad. Si se tratase de una pintura, aparecería la inevitable dirección de la mano del artista.

             • La imagen presenta manchas de sangre, independientes de la formación de dicha figura. ¿Por qué los coágulos y reguerillos no están lógicamente desflecados?

             • La ciencia no sabe cómo, pero la Sábana Santa es un «negativo» fotográfico.

             • La ciencia no sabe cómo, pero la intensidad de la imagen varía en función de la distancia del lienzo al cuerpo. Cuanto más cerca, menos intensidad.

             • La imagen -según los especialistas- se transfiere al lino en sentido vertical.



miércoles, 14 de septiembre de 2022

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ


"Nos autem gloriari opórtet 
in Cruce Dómini nostri Iesu Christi"

"Debemos gloriarnos 
en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo"

San Pablo a los Gálatas, cap. 6, vers. 14

   


              El Rey de Persia, Cosroe, declara la guerra al Imperio Romano de Oriente ( Imperio Bizantino con sede en Constantinopla ) en el año 604. El Senado de la ciudad nombra Emperador a Heraclio, que de entrada busca la paz con los enemigos. Así, el general Ramiozán, de las huestes del rey persa, se apodera de la Ciudad Santa, Jerusalén, comete el sacrilegio de destruir el Santo Sepulcro y roba impunemente el trozo de la Verdadera Cruz de Nuestro Señor que Santa Elena había guardado en un relicario de plata.


              De los testimonios de aquél sacrílego acto de tomar Jerusalén, se dice que "De los prisioneros cristianos que quedaron en poder de los vencedores, unos fueron entregados al furor de los judíos, que los sacrificaron cruelmente, y otros fueron conducidos a Persia en unión del botín y de la Santa Reliquia. Entre los prisioneros se halaba el Patriarca de Jerusalén, Zacarías."

              La noticia conmociona a la Cristiandad, que rápidamente crea un ejército -a modo de Cruzada- para liberar a los hermanos cautivos, al Patriarca y sobre todo, la Sagrada Reliquia de la Cruz de Nuestro Señor. El valiente y creyente ejército se adentró en Persia, tomando las ciudades de Gauzak (donde los persas tenían un templo dedicado al sol ), Derkeveh, Urma, Saro...

             El mismo Emperador Heraclio cruza las filas de sus tropas crucifijo en mano, prometiendo a los soldados la victoria sobre los enemigos de Dios y de la Iglesia Católica; promesa que Dios tuvo a bien cumplir, ya que la derrota persa fue completa. Incluso los aliados del rey persa asesinaron a éste, que se negaba a negociar la paz, y pusieron a su hijo en su lugar, el cual capituló y devolvió las ciudades tomadas antes de la guerra, así como liberó a los cristianos cautivos y devolvió la Sagrada Reliquia de la Cruz.


             Cuando el Emperador Heraclio regresó a Constantinopla con la Santa Cruz, la ciudad la recibió con un júbilo sin parangón. De esa alegría sin par que llenó el alma de miles y miles de cristianos que adoraron la Preciosa Reliquia, quedó establecida la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz.


              A pesar de lo mucho que había costado recuperarla, Heraclio quiso devolverla a Jerusalén y lo quiso hacer él mismo. Así, otra vez en la Ciudad Santa, decidió cargarla personalmente hasta el Monte Calvario y claro está, para ceremonia tan importante, quiso lucir sus mejores galas. Sin embargo, cuando se disponía a ascender camino del monte donde Nuestro Señor fue crucificado, sus pies quedaron inmóviles, siéndole imposible dar un paso. 


              El Patriarca, le recordó entonces que Cristo había subido al Calvario pobre, con apenas unos harapos y escarnecido por sus enemigos. El Emperador entendió y sin vacilar, se desprendió de sus galas y su corona, cargó de nuevo con la Santa Cruz y esta vez sí pudo ascender hasta llegar al lugar bendito de la Redención, donde el Patriarca de Jerusalén impartió la bendición la Sagrada Reliquia de la Cruz.




               Con el tiempo, la Santa Cruz sería dividida para poder así ser repartida por todo el orbe católico; algunas veces en pequeñas astillas (reliquias mínimas); en otras ocasiones los trozos serían más grandes, para ir colocados en bellos relicarios o en la cruz pectoral de algún piadoso Obispo. Por último, existen reliquias notables, de tamaño considerable, algunas se veneran en Roma pero la reliquia insigne, el trozo más grande de la Santa Cruz de Nuestro Señor se venera en España, en Cantabria.

               Fue Santo Toribio de Astorga, el que estando en Jerusalén custodiando las reliquias de Jesucristo, obtuvo permiso del Papa de la época para trasladar el brazo izquierdo de la Cruz de Cristo hasta Astorga. Esta reliquia así como sus restos, una vez muerto, eran de enorme valor para la Cristiandad. Es por ello que todo se trasladó hasta Liébana ante el inminente avance de la invasión de los musulmanes, donde en la actualidad se sigue venerando por parte de los fieles que allí acuden en peregrinación.



viernes, 5 de noviembre de 2021

LAS SAGRADAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS




               Los primeros Cristianos recogían con piedad los cuerpos de sus Mártires y sobre su tumbas celebraban la Santa Misa, para simbolizar así que el sacrificio del Mártir se asocia al Sacrificio de Jesús en el Monte Calvario. La santa y piadosa Tradición de venerar las Reliquias de los Santos, la encontramos consignada por los primeros seguidores de Nuestro Señor Jesucristo, tal y como nos refieren algunos de los anales de los Mártires: 

          "Tomamos sus huesos, que eran más valiosos que las piedras preciosas y más refinados que el oro y los depositamos en un lugar adecuado. Y allí nos reunimos siempre que podemos; el Señor nos dará celebrar con gozo y alegría el aniversario de su martirio". ("El Martirio de San Policarpo", 150 después de Cristo).

           "Solamente las partes más duras se sus reliquias se dejaron y estas las enviamos a Antioquia envueltas en lino, como un inestimable tesoro dejado a la Santa Iglesia, como cuenta de la gracia que ha sido en este Mártir". ( "El Martirio de San Ignacio", 108DC ).

               Hemos acompañado ya en su Triunfo a los Santos en el Cielo; pero aquí en la tierra tenemos todavía sus cuerpos, que fueron templo del Espíritu Santo, que le sirvieron dócilmente para realizar actos heroicos y que un día han de resucitar para participar, juntamente con las almas, de la Bienaventuranza Eterna. La Festividad de los Santos se completa con esta de las Sagradas Reliquias, que se celebra dentro de la Octava.

               Merecen las Reliquias de los Santos culto, ya que por su influencia podemos lograr bienes materiales y espirituales; así como de la Santa Humanidad de Cristo Nuestro Señor, salía una virtud que curaba a cuantos a Él se acercaban, así también las Reliquias de los Santos pueden obrar maravillas, según reza la Oración de la Misa propia de hoy. De hecho, Dios mismo ha puesto sobre las reliquias virtudes sobrenaturales para arrojar a los demonios, curar a los enfermos, devolver a los ciegos la vista, alejar las tentaciones y alcanzarnos otros bienes y dones excelentes.




CLASIFICACIÓN DE LAS SAGRADAS RELIQUIAS


                La Santa Iglesia Católica, siguiendo la Sagrada Escritura y la Tradición, reconoce tres grupos de reliquias, que califica de "primera, segunda o tercera clase, o grado".

          - Las RELIQUIAS DE PRIMERA CLASE: tomadas del cuerpo del santo (hueso, carne, pelo…), como los huesos del profeta Eliseo, que hicieron resucitar a un muerto (II Reyes, 13, 21).

          - Las RELIQUIAS DE SEGUNDA CLASE: objetos que usaron en vida (rosario, libros, indumentaria…), como la capa de Nuestro Señor, que como antes citamos, con sólo tocarla la hemorroísa, quedó curada.

          - Las RELIQUIAS DE TERCERA CLASE: cualquier objeto tocado a una reliquia de primera clase o a la tumba del santo (normalmente pequeños trozos de tela). 

               Es necesario aclarar que las reliquias de primera clase se dividen a su vez en tres tipos:

          - Reliquias insignes: cuerpos enteros o una parte completa de él (cráneo, una mano, una pierna, un brazo), como también algún órgano incorrupto (como la lengua de San Antonio de Padua, el cerebro de Santa Margarita de Alacoque, el corazón de Santa Teresa, etc).

          - Reliquias notables: partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero (la cabeza del fémur, una vértebra, etc)

          - Reliquias mínimas: astillas de huesos o pequeños trozos de carne.




               La Iglesia manda guardar las reliquias -sobre todo las de primera clase- en “relicarios“, que tienen consideración de vasos sagrados; a lo largo de la historia, los relicarios han dado lugar a verdaderas obras de arte de la orfebrería. Pueden tener diferentes formas, dependiendo del tamaño de la reliquia que conserven; en los casos de cuerpos enteros, se emplea un cofre-relicario llamado capsa, mientras que si es una parte del cuerpo, el cofre es algo más pequeño y recibe el nombre de capsella

               Las reliquias mínimas se guardan en un recipiente metálico, bien de plata u otro material, generalmente con forma redondeada conocido como teca. En ocasiones, las reliquias también pueden ser colocadas en imágenes que representen al Santo al que pertenece o bien en pequeñas cruces. Entre los Obispos Católicos, es común llevar al menos una reliquia en la Cruz Pectoral.





jueves, 5 de noviembre de 2020

LA DEVOCIÓN Y PIEDAD POR LAS SAGRADAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS Y MÁRTIRES


                Hemos acompañado ya en su Triunfo a los Santos en el Cielo; pero aquí en la tierra tenemos todavía sus cuerpos, que fueron templo del Espíritu Santo, que le sirvieron dócilmente para realizar actos heroicos y que un día han de resucitar para participar, juntamente con las almas, de la Bienaventuranza Eterna. La Festividad de los Santos se completa con esta de las Sagradas Reliquias, que se celebra dentro de la Octava.




                Merecen las Reliquias de los Santos culto, ya que por su influencia podemos lograr bienes materiales y espirituales; así como de la Santa Humanidad de Cristo Nuestro Señor, salía una virtud que curaba a cuantos a Él se acercaban, así también las Reliquias de los Santos pueden obrar maravillas, según reza la Oración de la Misa propia de hoy. De hecho, Dios mismo ha puesto sobre las reliquias virtudes sobrenaturales para arrojar a los demonios, curar a los enfermos, devolver a los ciegos la vista, alejar las tentaciones y alcanzarnos otros bienes y dones excelentes.

                Ya los primeros Cristianos recogían con piedad los cuerpos de sus Mártires y sobre su tumbas celebraban la Santa Misa, para simbolizar así que el sacrificio del Mártir se asocia al Sacrificio de Jesús en el Monte Calvario.

                

CLASIFICACIÓN DE LAS SAGRADAS RELIQUIAS


               La Santa Iglesia Católica, siguiendo la Sagrada Escritura y la Tradición, reconoce tres grupos de reliquias, que califica de "primera, segunda o tercera clase, o grado".

               - Las RELIQUIAS DE PRIMERA CLASE: tomadas del cuerpo del santo (hueso, carne, pelo…), como los huesos del profeta Eliseo, que hicieron resucitar a un muerto (II Reyes, 13, 21).

               Las reliquias de primera clase se dividen a su vez en tres tipos:

               - Reliquias insignes: cuerpos enteros o una parte completa de él (cráneo, una mano, una pierna, un brazo), como también algún órgano incorrupto (como la lengua de San Antonio de Padua, el cerebro de Santa Margarita de Alacoque, el corazón de Santa Teresa, etc).

              - Reliquias notables: partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero (la cabeza del fémur, una vértebra, etc)

              - Reliquias mínimas: astillas de huesos o pequeños trozos de carne.




               - Las RELIQUIAS DE SEGUNDA CLASE: objetos que usaron en vida (rosario, libros, indumentaria…), como la capa de Nuestro Señor, que como antes citamos, con sólo tocarla la hemorroísa, quedó curada.

               - Las RELIQUIAS DE TERCERA CLASE: cualquier objeto tocado a una reliquia de primera clase o a la tumba del santo (normalmente pequeños trozos de tela). Ejemplo de ello, -como ya vimos antes- eran los paños que tocaban al cuerpo del apóstol San Pablo.


DEL TRATO Y CUIDADO QUE SE HA DE TENER 
CON LAS RELIQUIAS


               La Iglesia manda guardar las reliquias -sobre todo las de primera clase- en “relicarios“, que tienen consideración de vasos sagrados; a lo largo de la historia, los relicarios han dado lugar a verdaderas obras de arte de la orfebrería. Pueden tener diferentes formas, dependiendo del tamaño de la reliquia que conserven; en los casos de cuerpos enteros, se emplea un cofre-relicario llamado capsa, mientras que si es una parte del cuerpo, el cofre es algo más pequeño y recibe el nombre de capsella. Las reliquias mínimas se guardan en una teca.

               Las Sagradas Reliquias se dispensan desde las diferentes Postulaciones Generales de Roma, así como desde ciertas iglesias y conventos que conserven las reliquias de algún Santo del lugar o propio de alguna Orden Religiosa en particular.

               SOLO HAN DE EXPONERSE A LA VENERACIÓN PÚBLICA aquellas reliquias que estén debidamente autenticadas, o lo que es lo mismo, que una Autoridad Eclesiástica haya validado la procedencia, el tipo de reliquia y en dónde se coloca; todo ello refrendado en un documento, debidamente sellado y con papel especial, que muchas veces incorpora la conocida como "marca de agua" (con el escudo de la Congregación o del Postulador). De igual forma, el Postulador o la Autoridad que certifica la autenticidad de la reliquia, sellará ésta o el relicario donde se coloque, usando hilo y lacre, que ha de permanecer intactos.



Documento de autenticidad, sellado y firmado por el entonces Postulador 
de los Carmelitas Descalzos, Fray Simeón de la Sagrada Familia


               LAS RELIQUIAS DUDOSAS, que son todas las que se encuentren desprovistas de documento de autenticidad, o cuyo relicario esté violentado (lacre o hilos rotos/manipulados) se ha de retirar del culto público y en el peor de los casos, ser enterradas.

                Aquellos Católicos que tengan la dicha de custodiar una RELIQUIA DE PRIMERA CLASE, han de tener en cuenta los siguientes puntos:

             1º) Las Sagradas Reliquias NO SON AMULETOS, NI PIEZAS DE COLECCIÓN; de hecho, las reliquias de primera clase tienen condición de vaso sagrado. Horroriza comprobar cómo personas de dudoso comportamiento moral poseen reliquias y las exhiben en las redes sociales, como si de trofeos o condecoraciones se tratasen.

             2º) Para no perder de vista el carácter SAGRADO de las Reliquias, es muy conveniente apartarlas de otros objetos profanos; lo ideal es guardarlas ordenadamente en una caja digna, provista de tapa para evitar el polvo y la humedad, aparte de un mejor transporte si de diese el caso.

             3º) Las tecas (los recipientes que contienen las reliquias) han de ser limpiadas con sumo cuidado (al menos una vez al mes); limpieza de la parte metálica de la teca, con exquisito mimo para evitar romper el lacre, que junto con el certificado de autenticidad de la reliquia, garantiza que se trata de una reliquia verdadera.



Reverso de un documento de autenticidad, dotado con
con una marca de agua con el escudo del Carmelo Descalzo


             4º) Costumbre piadosa, es la de besar la teca ( o tecas ) en la mañana y en la noche. Cuando se posean más de seis, es suficiente besarlas una vez al día.

             5º) También es recomendable adquirir un RELICARIO, donde se puede exponer la Reliquia del Santo en cuestión en el día de su Onomástica y en día previos si por ejemplo, hacemos una novena.

             6º) Algunas personas muy piadosas, a veces llevan consigo la teca con reliquia de un Santo de su devoción; en estos casos, lo ideal es llevarla prendida al cuello, con una cadena o un cordón sólidos, en el interior de la ropa y siempre y cuando no vayamos a realizar un esfuerzo físico que pueda dañar la teca.





lunes, 10 de agosto de 2020

SAN LORENZO DE HUESCA, DIÁCONO Y MÁRTIR POR CRISTO, Custodio del Santo Cáliz





               San Lorenzo nació en Loreto, Huesca (España, entonces provincia del Imperio Romano), hijo de Orencio y Paciencia agricultores y cristianos ejemplares (inscritos también como Santos en el Martirologio). El futuro Papa Sixto II, visitaba la Península Ibérica cuando conoció al joven Lorenzo y lo llevó con él a Roma. Una vez elevado a la dignidad Pontificia, el Papa eligió al joven español como uno de los siete diáconos de Roma, confiándole la administración de los bienes de la Iglesia en favor de los cristianos más necesitados.

               En el año 257 el Emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte. El 6 de Agosto el Papa San Sixto estaba celebrando la Santa Misa en un cementerio de Roma cuando fue asesinado junto con cuatro de sus diáconos por la guardia del Emperador. Cuatro días después fue martirizado su diácono San Lorenzo.

               La antigua Tradición dice que cuando Lorenzo vio que al Sumo Pontífice lo iban a matar le dijo: "Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?" y San Sixto le respondió: "Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás". Lorenzo se alegró mucho al saber que pronto iría a gozar de la Gloria de Dios.

               Entonces Lorenzo viendo que el peligro llegaba, recogió todos los dineros y demás bienes que la Iglesia tenía en Roma y los repartió entre los pobres. Y vendió los cálices de oro, copones y candeleros valiosos, y el dinero lo dio a las gentes más necesitadas. Cuenta una piadosa tradición que el Santo Cáliz que Nuestro Señor usó en la Última Cena y que había sido conservado por los Papas hasta entonces, fue enviado a España por San Lorenzo, a casa de sus padres, para evitar que los romanos se incautasen de la preciosa reliquia.



 




               El alcalde de Roma, que era un pagano muy amigo de conseguir dinero, llamó a Lorenzo y le dijo: "Me han dicho que los cristianos emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que en sus celebraciones tienen candeleros muy valiosos. Vaya, recoja todos los tesoros de la Iglesia y me los trae, porque el emperador necesita dinero para costear una guerra que va a empezar".

               Lorenzo le pidió que le diera tres días de plazo para reunir todos los tesoros de la Iglesia, y en esos días fue invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con sus limosnas. Y al tercer día los hizo formar en filas, y mandó llamar al alcalde diciéndole: "Ya tengo reunidos todos los tesoros de la Iglesia. Le aseguro que son más valiosos que los que posee el Emperador".

               Llegó el alcalde muy contento pensando llenarse de oro y plata y al ver semejante colección de miseria y enfermedad se disgustó enormemente, pero Lorenzo le dijo: "¿Por qué se disgusta? ¡Estos son los tesoros más apreciados de la Iglesia de Cristo!"

              El alcalde lleno de ira le condenó: "Pues ahora morirás, pero no crea que va a morir instantáneamente. Lo haré morir poco a poco para que padezca todo lo que nunca se había imaginado. Ya que tiene tantos deseos de ser mártir, lo martirizaré horriblemente".

             Y encendieron una parrilla de hierro y ahí acostaron al diácono Lorenzo. San Agustín dice que el gran deseo que el mártir tenía de ir junto a Cristo le hacía no darle importancia a los dolores de esa tortura. Los cristianos vieron el rostro de San Lorenzo rodeado de un esplendor hermosísimo y sintieron un aroma muy agradable mientras lo quemaban. Los paganos ni veían ni sentían nada de eso.

             Después de un rato de estarse quemando en la parrilla ardiendo el Mártir dijo al juez: "Ya estoy asado por un lado. Ahora que me vuelvan hacia el otro lado para quedar asado por completo". El verdugo mandó que lo voltearan y así se quemó por completo. Cuando sintió que ya estaba completamente asado exclamó: "La carne ya está lista, pueden comer". Y con una tranquilidad que nadie había imaginado rezó por la conversión de Roma y la difusión de la Religión de Cristo en todo el mundo, y exhaló su último suspiro. Era el 10 de Agosto del año 258.


               El Emperador Constantino mandó construir una basílica en el lugar del Martirio de San Lorenzo; la mayor parte de sus restos se encuentran sepultados allí, pero hay multitud de reliquias suyas a lo largo y ancho del Orbe Católico, como la de su cráneo, que se expone cada año en Roma para veneración de sus devotos.