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jueves, 30 de abril de 2026

SANTA CATALINA DE SIENA, Terciaria Dominica



                  Penúltima de veinticinco hermanos, Terciaria Dominica, fue analfabeta hasta los 30 años, cuando le enseña a leer y escribir Nuestro Señor Jesucristo. Muere a los treinta y tres años; gran Mística. Su Director Espiritual, el dominico Beato Raimundo de Capua (+1399), escribió su vida, la «Legenda maior».

                 Santa Catalina nació en Siena en 1347; fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.

                 Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios más humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

                 Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

                 A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñón para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

                 Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.

                 Santa Catalina de Siena, murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus virginales restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; en 1939, el Papa Pío XII la declaró Patrona Principal de Italia, junto a San Francisco de Asís.



VIDA MÍSTICA DE SANTA CATALINA
Algunos hechos sobrenaturales de su vida mística


LAS DOS CORONAS

               Una vez estaba Catalina rezando y llorando en su habitación porque había sufrido una grave calumnia, y le pedía a Cristo, su Esposo, que defendiera su inocencia. «Entonces se le apareció el Salvador del mundo sosteniendo en la mano derecha una corona de oro adornada con perlas y piedras preciosas y en la izquierda una corona de espinas y le dijo: “querida hija, has de saber que es necesario que tú, en ocasiones diferentes y en tiempos distintos, seas coronada primero con una y luego con otra de estas dos coronas. Elige la que prefieras”…

               «Ella respondió: “Señor, desde hace mucho tiempo he renunciado a mi voluntad y he preferido seguir solamente la Tuya; por lo tanto, la elección no la he de hacer yo. Pero ya que quieres que responda, te digo ahora mismo que en esta vida elijo conformarme siempre según Tu Santísima Pasión y abrazar por Tu Amor las penas como refrigerio”. Dicho esto, con ambas manos tomó fervorosamente de la mano del Salvador la corona de espinas y se la metió tan fuertemente en la cabeza que las espinas se la perforaron por todas partes»

LOS SAGRADOS ESTIGMAS

               Estando Catalina de viaje en Pisa, cuenta el Beato Raimundo, "la virgen me hizo llamar y, con voz queda, me dijo: sabed, padre, que por la Misericordia del Señor llevo ya en mi cuerpo Sus estigmas… He visto al Señor clavado en la Cruz viniendo hacia mí en medio de una gran luz… Entonces, de las cicatrices de Sus Sacratísimas Llagas he visto bajar hacia mí cinco rayos sangrientos, dirigidos a las manos, a los pies y al corazón… Es tal el dolor que siento en estos cinco puntos, en especial en el corazón, que si el Señor no hace otro milagro, no me parece posible que pueda seguir adelante y que he de morir en pocos días". Le fue concedido que sus estigmas no fueran visibles.



JESÚS LE DA SU CORAZÓN

               En una ocasión Santa Catalina de Siena se encontraba rezando en la capilla de sus hermanos dominicos cuando de pronto cayó en éxtasis. Cuando se recuperó se puso de pie para volver a casa, pero al instante tuvo una visión asombrosa. En esta vio como una hermosa luz bajaba del Cielo y la envolvía. En medio de esa luz apareció el Señor quien traía algo en una de sus manos: ¡era un corazón humano!. El Señor se acercó a Santa Catalina, abrió uno de los costados de ella e introdujo el corazón que había traído. Mientras lo hacía de dijo a la Santa:

               "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el Mío con el cual siempre vivirás".

               Luego del episodio Santa Catalina de Siena quedó con una cicatriz en ese costado como prueba del milagro que Dios había obrado en ella.

               Su Confesor explicaba esto último de esta manera:

               "De lo dicho queda la apertura que [El Señor] le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a contármelo".



domingo, 30 de abril de 2023

SANTA CATALINA DE SIENA





                  Penúltima de veinticinco hermanos, Terciaria Dominica, fue analfabeta hasta los 30 años, cuando le enseña a leer y escribir Nuestro Señor Jesucristo. Muere a los treinta y tres años; gran Mística. Su Director Espiritual, el dominico Beato Raimundo de Capua (+1399), escribió su vida, la «Legenda maior».

                 Santa Catalina nació en Siena en 1347; fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.


                 Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios mas humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

                 Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

                 A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñon para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

                 Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.

                 Santa Catalina de Siena, murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus virginales restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; en 1939, el Papa Pío XII la declaró Patrona Principal de Italia, junto a San Francisco de Asís.


VIDA MÍSTICA DE SANTA CATALINA
Algunos hechos sobrenaturales de su vida mística





    LAS DOS CORONAS

               Una vez estaba Catalina rezando y llorando en su habitación porque había sufrido una grave calumnia, y le pedía a Cristo, su Esposo, que defendiera su inocencia. «Entonces se le apareció el Salvador del mundo sosteniendo en la mano derecha una corona de oro adornada con perlas y piedras preciosas y en la izquierda una corona de espinas y le dijo: “querida hija, has de saber que es necesario que tú, en ocasiones diferentes y en tiempos distintos, seas coronada primero con una y luego con otra de estas dos coronas. Elige la que prefieras”…

               «Ella respondió: “Señor, desde hace mucho tiempo he renunciado a mi voluntad y he preferido seguir solamente la Tuya; por lo tanto, la elección no la he de hacer yo. Pero ya que quieres que responda, te digo ahora mismo que en esta vida elijo conformarme siempre según Tu Santísima Pasión y abrazar por Tu Amor las penas como refrigerio”. Dicho esto, con ambas manos tomó fervorosamente de la mano del Salvador la corona de espinas y se la metió tan fuertemente en la cabeza que las espinas se la perforaron por todas partes»

LOS SAGRADOS ESTIGMAS

               Estando Catalina de viaje en Pisa, cuenta el Beato Raimundo, "la virgen me hizo llamar y, con voz queda, me dijo: sabed, padre, que por la Misericordia del Señor llevo ya en mi cuerpo Sus estigmas… He visto al Señor clavado en la Cruz viniendo hacia mí en medio de una gran luz… Entonces, de las cicatrices de Sus Sacratísimas Llagas he visto bajar hacia mí cinco rayos sangrientos, dirigidos a las manos, a los pies y al corazón… Es tal el dolor que siento en estos cinco puntos, en especial en el corazón, que si el Señor no hace otro milagro, no me parece posible que pueda seguir adelante y que he de morir en pocos días". Le fue concedido que sus estigmas no fueran visibles.




JESÚS LE DA SU CORAZÓN

               En una ocasión Santa Catalina de Siena se encontraba rezando en la capilla de sus hermanos dominicos cuando de pronto cayó en éxtasis. Cuando se recuperó se puso de pie para volver a casa, pero al instante tuvo una visión asombrosa. En esta vio como una hermosa luz bajaba del cielo y la envolvía. En medio de esa luz apareció el Señor quien traía algo en una de sus manos: ¡era un corazón humano! El Señor se acercó a Santa Catalina, abrió uno de los costados de ella e introdujo el corazón que había traído. Mientras lo hacía de dijo a la santa:

               "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el Mío con el cual siempre vivirás".

               Luego del episodio Santa Catalina de Siena quedó con una cicatriz en ese costado como prueba del milagro que Dios había obrado en ella.

               Su confesor explicaba esto último de esta manera:

               "De lo dicho queda la apertura que [El Señor] le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a confesármelo".


LETANÍAS 
EN HONOR DE SANTA CATALINA DE SIENA


Señor, ten piedad de nosotros 
Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, óyenos, (se repite) Cristo, óyenos
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios ten piedad de nosotros

   (Ahora, después de cada invocación se repite "Ruega por nosotros")

Santa María, nuestra Madre
Santo Domingo, Glorioso Patriarca    
Santa Catalina de Siena
Santa Catalina, benévola madre de los pobres
Santa Catalina, dulce madre de los que sufren
Santa Catalina, misericordiosa madre de los enfermos
Santa Catalina, refugio de los que sufren
Santa Catalina, intercesora de los pecadores
Santa Catalina, rosa de paciencia,
Santa Catalina, modelo de humildad,
Santa Catalina, modelo de castidad,
Santa Catalina, recipiente de gracias
Santa Catalina, ardiente promotora del Honor de Dios
Santa Catalina, espejo de Santidad
Santa Catalina, ejemplo de clemencia
Santa Catalina, Gloria de la Orden de Predicadores
Santa Catalina, fecunda madre espiritual
Santa Catalina, promotora de la Paz
Santa Catalina, Discípula de Jesús
Santa Catalina, Sierva de Jesús
Santa Catalina, bendecida con Sus Santas Llagas
Santa Catalina, recompensada ampliamente por
sus esfuerzos y méritos

   Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo perdónanos, Señor

   Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor

   Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor

          Ruega por nosotros oh gloriosa virgen, Santa Catalina, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.



sábado, 30 de abril de 2022

SANTA CATALINA DE SIENA

 

                “Cuando un alma se eleva a Dios con ansias de ardentísimo deseo de honor a Él y de la salvación de las almas, se ejercita por algún tiempo en la virtud, se aposenta en la celda del conocimiento de sí misma y se habitúa a ella para mejor entender la Bondad de Dios; porque al conocimiento sigue el amor, y, amando, procura ir en pos de la verdad y revestirse de ella”





               Nacida en 1347, Catalina (nombre que significa "Pura"), era la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de Ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.

               Desde niña, empezó a orar a la Reina de Siena, y a menudo se le oía rezar el Avemaría bajando las escaleras de su casa. Un día cuando tenía 6 años de edad y mientras caminaba por las calles de Siena con su hermano, elevó su mirada y de repente vio sobre el techo de la Iglesia de Santo Domingo, al Rey de Reyes sobre un espléndido trono, vestido como el Papa con su corona Papal; y con Él estaban San Pedro, San Pablo y San Juan. Jesús mirando con ternura a Catalina, despacio y solemnemente la bendijo, haciendo tres veces la señal de la Cruz sobre ella con su mano derecha, como lo hace un obispo. Desde ese momento Catalina dejó de ser una niña, se enamoró profundamente de su amado Salvador.

               Al año siguiente, ante un cuadro de Nuestra Señora, se ofreció al Señor que la había  bendecido. En este momento tan crucial oró a la Virgen:

                    "¡Santísima Virgen, no mires mi debilidad, sino dame la gracia de tener como esposo a Aquel  a quien yo amo con toda mi alma, tu Santísimo Hijo, Nuestro Único Señor, Jesucristo! Le prometo a Él y a Ti, que nunca tendré otro esposo"

               Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios más humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

               Con su ejemplo de humildad, obediencia y caridad ante su familia, los conquistó y entonces le permitieron ser miembro de la Tercera Orden de Santo Domingo y tener un cuarto privado. Allí comenzó a hacer actos de mortificación heroicos. Se alimentaba principalmente de hierbas y vestía con telas muy crudas. Asistía con gran generosidad a los pobres, a los enfermos, consolaba a los presos. Su sometimiento de la propia voluntad al Señor, aún en sus penitencias, daba verdadero valor a lo que hacía. Pero sus experiencias místicas no le quitaban las pruebas. Sufría por su temperamento al que dominaba con gran paciencia y por los baños calientes que le ordenaron los médicos. En medio de sus dolencias oraba sin cesar para expiar sus ofensas y purificar su corazón.

               Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo. Tenía 16 años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos, a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible Peste Negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

               En la noche anterior a su profesión en la Orden, después de pasar por una severa prueba en la cual el demonio se le apareció como un caballero muy guapo y elegante, y le ofreció un traje de seda con joyas brillantes, Catalina se tiró sobre el crucifijo y gritó:

                    "¡Mi único, mi amado esposo. Tú sabes que jamás he deseado a nadie más que a Ti. Ven en mi ayuda, mi amado Salvador!"

               De pronto, frente a Catalina estaba la Madre de Dios, teniendo en sus manos un traje de oro, y con su voz suave y tierna, la Virgen le dijo:

                    "Este vestido, hija mía, lo he traído del Corazón de mi Hijo. Estaba escondido en la Herida de su costado como en una canasta de oro, y te lo hice con mis propias manos"

               Entonces con ferviente amor y humildad, Catalina inclinó la cabeza, mientras la Virgen le imponía este vestido celestial.

               Por fin, en 1635, a los 18 años (según algunos escritores a los 20 años), recibió el hábito de la Tercera Orden Dominica. Durante tres años después de recibir el hábito, Catalina vivió, en la santa soledad de su pequeño cuarto y en su capilla favorita. Allí pasó un entrenamiento estricto basado en la auto-negación y desarrollo espiritual bajo la dirección personal de Cristo y de su Madre. No hablaba sino con Dios, la Virgen y su confesor.




               Catalina tenía gran devoción al Niño Jesús. Una noche de Navidad, mientras oraba con sus hermanas de la Tercera Orden en la Iglesia de Santo Domingo, se le concedió una visión muy impresionante. La Virgen María de rodillas adorando en oración ferviente al recién nacido, el Divino Niño. Catalina estaba tan sobrecogida que suplicó humildemente a la Virgen que le permitiera cargar al Niño por un momento. Con una sonrisa afectuosa, la Virgen tomó el Niño y se lo entregó a Catalina, quien teniéndolo en sus brazos, lo besó y le susurró en el oído los nombres de todos sus seres queridos.

               La serpiente, viendo su vida angelical, la asaltaba buscando destruir su virtud. Llenaba su imaginación con las más sucias representaciones y asaltaba su corazón con las más bajas y humillantes tentaciones. Después su alma quedaba en una nube de oscuridad, la más severa prueba imaginable. Se veía a sí misma cientos de veces al borde del precipicio, pero siempre sostenida por una mano invisible.

               Sus armas eran: la oración ferviente, la humildad, resignación y confianza en Dios.

               Así venció las pruebas que sirvieron mucho para purificar su corazón. Nuestro Señor la visitó después y ella le dijo:

                   "¿Dónde estabas, mi divino Esposo, mientras yo yacía en tan temible condición de abandono?"

               Jesús le contestó:

                    "Estaba contigo"

                    "¿Cómo? -replicó ella-, ¡¿entre las sucias abominaciones en que infectaban mi alma?!"

               Él le dice:

                    "Eran desagradables y sumamente dolorosas para ti. Este conflicto, por lo tanto, fue tu mérito, y la victoria sobre ellas, fue debido a mi presencia"

               El enemigo también la invitaba al orgullo, sin escatimar ni violencia ni estrategia alguna para seducirla a sus vicios. Pero la humildad era su defensa. Dios la recompensó con su caridad para los pobres y muchos milagros.



               Un día, después de que Catalina había orado todo el día con extraordinaria fe, Nuestro Señor se le apareció y le dijo:

                    "Ya que por amor a Mi has renunciado a todos los gozos terrenales y deseas gozarte sólo en Mi, he resuelto solemnemente celebrar Mi Desposorio contigo y tomarte como mi esposa en la fe"

               Mientras el Señor hablaba, aparecieron muchos Ángeles, su Santísima Madre, San Juan, San Pablo y Santo Domingo. Y mientras el Rey David tocaba una dulce música en su arpa, nuestra amorosa Madre tomó la mano de Catalina y la puso en la mano de su Hijo. Entonces Jesús, puso un anillo de oro en el dedo de Catalina, y dijo:

                    "Yo, tu Creador y Salvador, te acepto como esposa y te concedo una fe firme que nunca fallará. Nada temas. Te he puesto el escudo de la fe y prevalecerás sobre todos tus enemigos"

               En otra ocasión, en el transcurso de una visión sobrenatural, Nuestro Señor le presentó dos coronas, una de oro y la otra de espinas, invitándola a escoger la que más le gustara. Ella respondió:

                    "Yo deseo, oh Señor, vivir aquí siempre conformada a tu pasión y a tu dolor, encontrando en el dolor y el sufrimiento mi respuesta y deleite"

               Entonces, con decisión tomó la corona de espinas y la presionó con fuerza sobre su cabeza.




               Dos veces, en fiestas litúrgicas especiales, la Virgen le ayudó milagrosamente. Durante una Misa de año nuevo, Catalina estaba tan sobrecogida por la emoción, que cuando se puso de pie para ir a recibir la comunión estuvo a punto de caer. La Virgen, con sus manos tiernas y al mismo tiempo fuertes, la sostuvo hasta que se recuperó.

               Un día de la Asunción, que tradicionalmente era la fiesta más grande del año en Siena, la ciudad de la Virgen, Catalina estaba muy enferma en cama, y deseaba intensamente por lo menos poder ver la catedral. De pronto se encontró en el atrio de la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, y pudo caminar perfectamente y participar en la Misa solemne dedicada a la Virgen.

               A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los 25 años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñón para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

               Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus 375 cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua italiana.

               Santa Catalina tenía un profundo amor a la Sagrada Eucaristía, a la Santísima Virgen y a los pobres. Tuvo muchas experiencias místicas, entre ellas: el Desposorio con Cristo, innumerables profecías, el don de los estigmas, así como ayunos de largos períodos (en los cuales se alimentaba solamente de la Sagrada Comunión)

               Santa Catalina murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de 33 años, el 29 de Abril de 1380, fue la gran mística del siglo XIV. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; es además, patrona de Italia y Protectora del Pontificado.



viernes, 30 de abril de 2021

"HOY TE ENTREGO MI CORAZÓN..." mística unión entre Cristo y Santa Catalina de Siena


               El Beato Raimundo de Capua, dominico, confesor y biógrafo de Santa Catalina de Siena, recogió varios episodios en donde la Santa se vio envuelta en fenómenos místicos; eran tal sus éxtasis y arrobamientos que, en aquellos momentos de trance, parecía pertenecer más al Cielo que a la tierra. Así, encontramos una gracia mística, el intercambio de corazones, que se ha dado en muy pocos Santos, de elevada talla espiritual, como Santa Gertrudis de Helfta o Santa Verónica Giuliani. Leamos el relato completo:




              "Un día, en el fervor de su oración, Catalina dijo con el Profeta: «-Crea en mí, Señor, un corazón nuevo, etc.», y rogó a Dios que tuviese a bien sacarle el corazón y la voluntad. Parece ser que entonces su divino esposo se le presentó, abrió el costado izquierdo de la Santa, tomó su corazón y se lo arrancó. A partir de ese momento dejó de sentirlo en el pecho. 

               Esta visión fue extraordinaria y tan de acuerdo con la realidad que, cuando habló de ella a su Confesor, le aseguró que no tenía corazón. El Confesor se echó a reír al oírla y la reprendió por hacer una afirmación de esta naturaleza, pero ella insistió en lo que acababa de decir. «-Realmente, Padre -afirmó-, a juzgar por lo que siento dentro de mí misma, me parece que no tengo corazón. El Señor se me apareció, abrió mi costado izquierdo, me sacó el corazón y se lo llevó». Y como insistiese el Confesor en que era imposible vivir sin corazón, ella le contestó que para Dios no hay imposibles, afirmando de nuevo que ella no tenía corazón. 

               Algunos días más tarde se encontraba Catalina en la Capilla de la Iglesia de los Frailes Predicadores, donde solían reunirse las Hermanas de Penitencia. Habiendo quedado sola para proseguir sus oraciones, se disponía a volver a casa, cuando repentinamente se vio envuelta en una luz que venía del Cielo y el Salvador se le apareció teniendo en Sus Sagradas Manos un Corazón intensamente rojo, del que brotaba un fuego radiante. Hondamente impresionada por esta visión, se prosternó en el suelo. Entonces Nuestro Señor se acercó, le abrió el costado izquierdo y le colocó el Corazón que llevaba en la mano, diciéndole: «-Hija, el otro día me llevé tu corazón; hoy te entrego el Mío y de aquí en adelante lo tendrás para siempre». Dichas estas palabras le cerró el pecho, pero, como prueba del milagro, dejó en aquel lugar una cicatriz que sus compañeras me aseguraron más de una vez haber visto. Cuando yo la interrogué con respecto a este punto, ella me confesó que el incidente había ocurrido en realidad y que desde entonces había adoptado la siguiente manera de decir: «-Señor, te recomiendo mi corazón».

               Cuando Catalina hubo conseguido ese Corazón de una manera tan dulce y maravillosa, la abundancia de gracia que poseyó su alma hizo que sus actos externos fuesen más y más perfectos y que se multiplicasen las revelaciones divinas en su interior. Nunca se acercaba al Altar sin ver alguna visión superior a los sentidos, especialmente cuando recibía la Sagrada Comunión. Veía entonces con frecuencia en las manos del Sacerdote a un Infante recién nacido o a un joven de extraordinaria hermosura y muchas veces un horno de candente fuego en el que parecía penetrar el Sacerdote al consumir la Sagrada Forma. Por lo general percibía un aroma tan delicioso y penetrante cuando comulgaba que estuvo más de una vez a punto de perder los sentidos. 

               En el momento que Catalina se acercaba al Altar se producía en su alma una inefable alegría y su corazón latía con tanta violencia que las personas que se encontraban cerca podían percibir sus latidos. El ruido producido por los latidos de su corazón no tenía parecido alguno con los sonidos que pudiera ocasionar un órgano, sino que era algo singular y completamente sobrenatural, obrando tan sólo por el poder del Creador. ¿No dijo acaso el Profeta: «Mi corazón y mi carne exultarán en el Señor»? Cor meum met caro mea exultabunt in Deum vivum (Salmo 73, vers. 3). El Profeta se refiere y menciona al Dios vivo, porque la agitación, el temblor que proviene de él purifica al hombre en lugar de producirle la muerte.

              Después del maravilloso cambio de corazones anteriormente mencionado, Catalina dio muestras de haber sufrido un cambio extraordinario. «-Padre -le dijo a su Confesor-, ¿no se da Usted cuenta de que ya no soy la misma? Estoy completamente cambiada. ¡Oh, si Usted supiese lo que siento dentro de mí! Todo lo que yo experimento está fuera de la realidad y por consiguiente es incomprensible». Sin embargo trató de dar una idea acerca de ello. «-Mi alma -dijo- está tan embriagada de delicias y alegrías, que estoy asombrada de que todavía permanezca en el cuerpo. Su ardor es tan grande que el fuego exterior no puede compararse con él y estoy convencida de que ese fuego me refrescaría. Y este ardor obra en mí tal renovación de pureza y de humildad que pienso haber vuelto a la edad de cuatro años. El amor al prójimo ha aumentado en mí de tal modo que sería un gran placer para mí el morir por alguien». Esto se lo decía siempre en secreto a su Confesor, ocultándoselo a los demás tanto como le era posible..."




SANTA CATALINA DE SIENA, Mística y Patrona de Italia


              Santa Catalina nació en 1347 y fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera Visión sobrenatural, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa: cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de Ángeles; Jesús le sonreía le sonreía al tiempo que le impartía la bendición.




              Su padre, Jacobo, era tintorero de pieles, pensó casarla  con un hombre rico, pero la joven Catalina se negó en rotundo y manifestó que se había prometido a Dios cortándose el pelo y dejando atrás las vanidades de las jóvenes de su edad. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometieron a los servicios más  humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

              Para ayudarse a construir la morada interior, hizo de los fenómenos y personajes externos un camino hacia la Vida Espiritual: al ver y servir a su padre, se figuraría que servía a Dios; al ver y servir a su madre, tendría presente a María Nuestra Señora; y en el servicio a los hermanos, serviría a los Apóstoles.

               Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo cuando apenas tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible Peste Negra, conocida en la Historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

              A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los Soberanos y aconsejando a los Príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Avignon para retornar a Roma. Este Pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

               Intensificó la oración y la penitencia realizada en la habitación que había convertido en una especie de eremitorio. Fueron tres años intensos de los que solo sabía, además de Dios que todo lo conoce, su confesor. Punzantes tentaciones contra la castidad que brotaban de su mente de mil formas distintas le produjeron gran turbación y desasosiego. A ello siguió una profunda oscuridad que constituyó para la Santa una prueba aún mayor. Le sostuvo su humildad y confianza en Dios. 

               Al final de este túnel, cuando vislumbró el rostro resplandeciente de Cristo, le preguntó: "¿Dónde estabas Tú, mi divino Esposo, mientras yacía en una condición tan abandonada y aterradora?". Él respondió: "Hija, estaba en tu corazón, fortificándote por la gracia". Cristo Crucificado le tendía los brazos y se esforzaba por asemejarse a Él. Este inefable amor fue singularmente correspondido en 1366, con su Místico Desposorio sellado con una alianza, que siempre era visible para ella pero no para el resto de mortales.

               A lo largo de su vida fue agraciada con numerosos éxtasis, así como dones de lágrimas, milagros y profecía. En una de sus visiones, narra su confesor y biógrafo san Raimundo de Capua, tuvo la impresión de que Dios se había llevado su corazón. Y pocos días más tarde, viéndose envuelta en una luz que provenía del cielo, se le apareció el Salvador portando en sus manos un rojo corazón del que emanaba intenso fulgor. Se acercó a ella y abrió su costado izquierdo introduciéndoselo, al tiempo que le decía: "Hija, el otro día me llevé tu corazón; hoy te entrego el Mío y de aquí en adelante lo tendrás para siempre".Le cerró el pecho, pero la cicatriz fue ostensible. A partir de entonces solía decir: "Señor, te recomiendo mi corazón".

              El Señor se le aparecía con frecuencia y estaba largo tiempo en su compañía llevando consigo algunas veces a Su Santa Madre, otras a Santo Domingo o a ambos juntos, a Santa María Magdalena, a San Juan Evangelista, a San Pablo y a otros santos, bien juntos, bien separados. Pero por lo general se aparecía solo y conversaba con ella como un amigo con otro en términos de la mayor intimidad.

              Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, Santa Catalina dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica, que expresan los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la Edad Media.

               Gracias a Santa Catalina, el Papa Gregorio XI tomó la determinación de que la sede de Pedro regresara a Roma tras unos años de exilio en Avignon; a la muerte de este Pontífice, Santa Catalina ayudó a afianzar la legítima Autoridad de su sucesor, el Papa Urbano VI. La Santa amaba profundamente el Papado, y al Romano Pontífice lo definía como "el Dulce Cristo en la tierra".

               Santa Catalina de Siena, murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380, lo que no impidió reconocerla como la gran Mística del siglo XIV. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; es además, Patrona de Italia y Protectora del Pontificado. En 1939, el Papa Pío XII declara a Santa Catalina de Siena Patrona de Italia, junto a San Francisco de Asís.




jueves, 30 de abril de 2020

SANTA CATALINA DE SIENA, Mística, Estigmatizada, Maestra de Vida Espiritual




"En el Costado de Cristo 
se adquiere el verdadero conocimiento 
de nosotros mismos y el de Dios en nosotros"

Santa Catalina de Siena


              Nació en 1347 y fue la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera Visión sobrenatural, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa: cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de Ángeles; Jesús le sonreía le sonreía al tiempo que le impartía la bendición.

              Su padre, Jacobo, tintorero de pieles, pensó casarla  con un hombre rico, pero la joven Catalina se negó en rotundo y manifestó que se había prometido a Dios cortándose el pelo y dejando atrás las vanidades de las jóvenes de su edad. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometieron a los servicios más  humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

              Para ayudarse a construir la morada interior, hizo de los fenómenos y personajes externos un camino hacia la Vida Espiritual: al ver y servir a su padre, se figuraría que servía a Dios; al ver y servir a su madre, tendría presente a María Nuestra Señora; y en el servicio a los hermanos, serviría a los Apóstoles.

               Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la Tercera Orden de Santo Domingo cuando apenas tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible Peste Negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.

              A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los Soberanos y aconsejando a los Príncipes. Por su influjo, el Papa Gregorio XI dejó la sede de Avignon para retornar a Roma. Este Pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.

              Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, Santa Catalina dictó un maravilloso libro titulado "Diálogo de la Divina Providencia", donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica, que expresan los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la Edad Media.




              Santa Catalina de Siena, murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de Abril de 1380, lo que no impidió reconocerla como la gran Mística del siglo XIV. El Papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como Patrona de la ciudad; es además, Patrona de Italia y Protectora del Pontificado.


"Cuando un alma se eleva a Dios 
con ansias de ardentísimo deseo de amor 
a Él y de la salvación de las almas, 
se ejercita por algún tiempo en la virtud, 
se aposenta en la celda del conocimiento 
de sí misma y se habitúa a ella 
para entender mejor la Bondad de Dios, 
pues al conocimiento sigue el amor, 
y, amando, se cuida de ir en pos 
de la verdad y revestirse de ella..."




viernes, 27 de septiembre de 2019

Devocionario Católico: LA COMUNIÓN ESPIRITUAL, amoroso abrazo a Jesús Sacramentado


La Comunión Espiritual
consiste en el deseo 
de recibir a Jesús Sacramentado
y en darle un amoroso abrazo,
como si ya lo hubiéramos recibido

(San Alfonso María de Ligorio)


               La Comunión Espiritual se puede hacer en cualquier momento del día y en cualquier lugar, aunque lo más apropiado es realizarla en la Visita a Jesús Sacramentado

               La Comunión Espiritual NO sustituye la Comunión Sacramental que recibimos en la Santa Misa, sino que es como un anticipo de la misma, un deseo sincero de comulgar, de recibir a Jesús Sacramentado en nuestro corazón, por eso, y al igual que ocurre con la Comunión Eucarística, debemos tener preparación previa:

               Estar en gracia de Dios -no tener conciencia de pecado mortal- , hacer un acto de Fe en la Presencia Real de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento -donde Jesús se encuentra con Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad. A continuación, formulamos el deseo de comulgar espiritualmente, mediante un deseo sencillo o bien usando de alguna de las oraciones que los Santos nos han legado para tal caso, como por ejemplo la de la imagen que acompaña estas líneas. 





               Después de un momento de intimidad con Jesús, al que albergamos en nuestro pecho después de comulgar, concluiremos haciendo una sincera acción de gracias, por cuantos beneficios va a causar recibir a Nuestro Señor por este medio de la Comunión Espiritual.

               Si alguna vez asistimos a la Santa Misa y por desgracia estuviésemos en estado de pecado mortal o tal vez por otra causa grave no pudiésemos comulgar, el formular una Comunión Espiritual hará que aprovechemos algunas de las gracias que hubiésemos obtenido de haber comulgado sacramentalmente; si estamos en pecado mortal -y hasta que podamos confesar- es preferible realizar comuniones espirituales antes que cometer el sacrilegio de ir a comulgar en Misa sin la debida preparación.

              La Comunión Espiritual es la manera más rápida de unirnos a Jesús Sacramentado; por eso te animo a que al poco de despertar, después de rezar tus oraciones básicas, continúes arrodillado y así, en presencia de Dios y de Nuestra Santa Madre, te representes por un momento ante el Sagrario: adora a Jesús, Prisionero del Tabernáculo, dale gracias por estar noche y día preso por tu amor y el mío; luego, formula la Comunión Espiritual y toma así el alimento que te sostendrá durante la jornada. 

               Sería ideal que a partir de hoy te propongas hacer muchas comuniones espirituales a lo largo del día, no sólo por tu propio provecho sino como un acto de amor y reparación al Corazón Eucarístico de Jesús, herido por cuantas almas comulgan fríamente, sin la debida preparación o por aquellas desgraciadas que lo hacen sacrílegamente... tu Comunión Espiritual, por la mañana, y todas las que puedas hacer después, en medio del transcurso de tus obligaciones, procura que sean preparadas, fervorosas y agradecidas; así repararás por otras muchas comuniones mal hechas y por todas aquellas que se han dejado de hacer.






Los Santos y su amor 
por la Comunión Espiritual


               "Si sufrimos penas y disgustos, Él nos alivia y nos consuela. Si caemos enfermos, o bien será nuestro remedio, o bien nos dará fuerzas para sufrir… Si nos hacen la guerra el demonio y las pasiones, nos dará armas para luchar, para resistir y para alcanzar la victoria. Si somos pobres, nos enriquecerá  con toda suerte de bienes en el tiempo y en la eternidad". (San Juan María Vianney)

               "Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Misa." (San Francisco de Asís)

               Santa Catalina de Siena, durante un éxtasis, vio a Jesús Nuestro Señor con dos cálices, y le dijo: "En este cáliz de oro pongo tus Comuniones Sacramentales y, en éste de plata, tus Comuniones Espirituales. Los dos cálices me son agradables".

               Santa Teresa de Jesús enseña que "Cuando no podáis comulgar ni oír Misa, podéis comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho".

               San Juan María Vianney, el Cura de Ars, predicaba que “Una Comunión Espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión Espiritual”.

               San Antonio María Claret tenía siempre este propósito: "Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual".

               "A veces, la Comunión Espiritual puede traer las mismas gracias que la sacramental" (Padre Maximiliano Kolbe)


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viernes, 30 de agosto de 2019

SANTA ROSA DE LIMA, Flor de la Orden Dominica


             Santa Rosa de Lima nació en el Virreinato del Perú (Imperio Español) en 1586, siendo la cuarta hija de una prole de trece hermanos. Su padre era arcabucero de origen castellano y su esposa de origen peruano. En el bautizo le pusieron el nombre de Isabel Flores de Oliva, pero su madre, al ver que al paso de los años su rostro se volvía sonrosado y hermoso como una rosa, empezó a llamarla con el nombre de Rosa. El día de su confirmación en el pueblo de Quives, el Arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, la llamó Rosa sin que alguien pudiese darle noticia al Arzobispo de este nombre tan particular e íntimo...

                Desde pequeñita Rosa tuvo una gran inclinación a la oración y a la meditación. Un día rezando ante una imagen de la Virgen María le pareció que el niño Jesús le decía: "Rosa conságrame a mí todo tu amor". Y en adelante se propuso no vivir sino para amar a Jesucristo. Tomó en Santa Catalina de Siena, su ejemplo a imitar y así fue, pues no pudiendo ser monja dominica se conformó con profesar como Terciaria de la Orden de Santo Domingo.

                 Con los años, fue renunciando a los pretendientes y al matrimonio para entregarse por completa a Nuestro Señor y se retiró a la soledad de una pequeña habitación, en donde viviría dedicada a la oración y a la penitencia; tan sólo abandonaba la celda para algún trabajo manual y para asistir a la Santa Misa.




                 En múltiples ocasiones, los mismos familiares la consideraban equivocada en su modo de vivir. Alguna vez le protestó amorosamente a Nuestro Señor Jesucristo por todo esto, diciéndole: "Señor, ¿y a dónde te vas cuando me dejas sola en estas terribles tempestades?". Y oyó que Jesús le decía: "Yo no me he ido lejos. Estaba en tu espíritu dirigiendo todo para que la barquilla de tu alma no sucumbiera en medio de la tempestad".

                 Su ayuno era casi continuo. Y su abstinencia de carnes era perpetua. Comía lo mínimo necesario para no desfallecer de debilidad. Aún los días de mayores calores, no tomaba bebidas refrescantes de ninguna clase, y aunque a veces la sed la atormentaba, le bastaba mirar el crucifijo y recordar la sed de Jesús en la cruz, para tener valor y seguir aguantando su sed, por amor a Dios.

                Dormía sobre duras tablas, con un palo por almohada. Alguna vez que le empezaron a llegar deseos de cambiar sus tablas por un colchón y una almohada, miró al crucifijo y le pareció que Jesús le decía: "Mi cruz, era mucho más cruel que todo esto". Y desde ese día nunca más volvió a pensar en buscar un lecho más cómodo.

               Desde 1614 ya cada año al llegar la fiesta de San Bartolomé, el 24 de Agosto, demuestra su gran alegría. Y explica el porqué de este comportamiento: "Es que en una fiesta de San Bartolomé iré para siempre a estar cerca de mi Redentor Jesucristo". Y así sucedió. El 24 de agosto del año 1617, después de terrible y dolorosa agonía, expiró con la alegría de irse a estar para siempre junto al Amadísimo Salvador. Tenía 31 años.

               El 5 de Abril de 1668 fue beatificada por el Papa Clemente IX, y 11 de Agosto de 1670, su sucesor, Clemente X, declaraba a Santa Rosa, siendo la primera católica del nuevo mundo en llegar a la Gloria de los Altares. El mismo Papa la declaró Celestial Patrona no sólo del Perú, (pues ya lo era por decreto de Clemente IX) sino de toda la América, Indias y Filipinas. Un año más tarde, después de haberse aprobado por la Sagrada Congregación de Ritos cuatro milagros obrados por su intercesión y debidamente comprobados, resolvió proceder a su canonización. El día 12 de Abril, al lado de Rosa iban a ser elevados al honor máximo que la Iglesia concede a sus hijos, otros cuatro luminares de su Cielo: Cayetano de Tiene, Luis Beltrán, Felipe Benicio y Francisco de Borja.


SANTA ROSA DE LIMA 
Y EL DESPOSORIO MÍSTICO


               La santa limeña fue devotísima de la Virgen del Rosario, quien le enseñaba, consolaba y visitaba junto con su Santísimo Hijo. Su imagen, existente en la iglesia de Santo Domingo, cambiaba de rostro cada vez que le solicitaba algún favor y le significaba los sucesos futuros del reino. Fue a sus plantas que recibió una de las mayores mercedes que obtuvo del Cielo, el Domingo de Ramos de 1615. 

               Los religiosos repartieron todas las palmas que habían bendecido y no alcanzó para Rosa, quien quedó entristecida; pero enseguida, volviéndose a la sagrada imagen, arrepintiéndose de tal sentimiento por cosa de tan poca importancia, pidió perdón y dijo: “Señora mía, no quiero palmas de hombres, espero recibir la que por intercesión vuestra me ha de dar mi Señor Cristo”. Y continuando en oración vio que el rostro de Nuestra Señora estaba alegrísimo y el del Niño más aún, el cual mirándola le dijo: “Rosa de mi Corazón, sé mi esposa”. La santa, humillándose grandemente respondió: “Señor aquí esta vuestra esclava”. Rosa iniciaba, así, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en el Perú.

               Volvió a casa con este pensamiento y determinó hacer un anillo, señal del desposorio. Confidenciando esto con un hermano suyo, pidió que se grabase un corazón y un Jesús, a lo que su hermano completó: “Y una frase que diga: «ROSA DE MI CORAZÓN, SÉ MI ESPOSA”, lo que la llenó de gozo al ver que éste repetía las mismas palabras del Niño sin haberlas oído. Hecho el anillo, después de hacerlo colocar en el sagrario durante los días de Semana Santa, la mañana de Pascua lo recibió de manos del Padre Maestro Fray Alonso Velásquez.