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domingo, 1 de enero de 2023

LXXX Aniversario de Sor María Teresa Desandais

 

              “Quisiera hacer comprender a las almas que Mi Amor Misericordioso no es una cosa nueva, es lo que Mi Iglesia enseñó desde el principio... es el Amor del Salvador, su manifestación en la Ley Nueva... No quiero Yo que los que en él crean y abracen esta devoción esperen encontrar en ella alguna nueva forma de espiritualidad” 


Nuestro Señor a Sor María Teresa Desandais



               En el siglo se llamó Adriana y nació en Dreux (Eure-et-Loir), en 1876. Educada en la Fe Católica desde niña, quedó huérfana a los seis años y a los nueve ya estaba determinada a ser esposa virginal de Cristo. Su piedad y confianza en Dios la llevó con 20 años de edad a ingresar en el Monasterio de la Visitación de Dreux (Francia). Tomó el Santo Hábito el 4 de Mayo de 1897, cambiando su nombre civil por el religioso de María Teresa.

               A partir de 1900 fue bendecida con una serie de revelaciones místicas sobre el Amor Misericordioso de Jesús. Comenzó a escribir dichas experiencias sobrenaturales bajo el pseudónimo de "Sulamitis" (en referencia a la doncella del Cantar de los Cantares).

                En 1902 escribirá “El tesoro escondido” un opúsculo que habla de los méritos ganados por Jesús para nosotros, la Cruz es su camino. Ese mismo año escribe la oración Ofrenda al Amor Misericordioso, pero no será sólo la escritura donde proyecte su revelaciones místicas, será la pintura uno de sus canales privilegiados, escribiendo y pintando al dictado.

               En 1904, sin tener conocimiento particular de pintura, pintó el cuadro del “Amor Misericordioso”: Cristo crucificado, con los ojos en el Cielo y en el fondo una gran Hostia con las siglas JHS; del Corazón de Jesús irradian unos rayos de luz que iluminan la Biblia que se encuentra al pie del Crucifijo con el versículo: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado"; también al pie de la Cruz se encuentra una corona real que indica el despojo de Nuestro Señor de Su Gloria Divina para asumir nuestra naturaleza mortal convirtiéndose en Siervo.

               Desde 1915 la actividad literaria de Sor María Teresa fue aumentando considerablemente, y hacia el final de la Primera Guerra Mundial la doctrina del Amor Misericordioso, así como la imagen, ya se encontraba difundida por Francia y parte de Europa. En España, para poder difundir el mensaje del Amor Misericordioso, Sor María Teresa contó con la ayuda del Padre Juan Arintero González OP, Dominico español, publicando los mensajes en su revista  “Vida Sobrenatural” a partir de 1922.

               En 1918 Sor María Teresa leyó la vida de Sor Benigna Consolata, que había fallecido dos años antes. Fue para ella un momento importante que recogió en su Autobiografía: “Cuando apareció la vida de Sor Benigna sentí una gran alegría ya que en ella vi la respuesta del Amado: ahí me hizo comprender que Él la había escogido para abrir después el camino a Teresa del Niño Jesús”.

              Sor María Teresa vivió en el Monasterio de la Visitación de Dreux hasta 1940. Más tarde, a causa de la Segunda Guerra Mundial, la Comunidad se trasladó a Vouvant, provincia de la Vendée, donde ejercería el cargo de Superiora; después de una vida de dedicación y ocultación, murió en olor de Santidad el 1 de Enero de 1943, Primer Viernes de Mes; tenía 66 años de edad y 44 como esposa de Cristo.

               En estos años la obra del Amor Misericordioso se difundió por toda España y contó con la aprobación de muchos Obispos y en particular con la bendición del Papa Pío XI, que indulgenció la fórmula de la Ofrenda al Amor Misericordioso. El culto se celebraba principalmente en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, Madrid, donde, por encargo del Padre Arintero se instaló un gran cuadro pintado por "Sulamitis". El 20 de Julio de 1936, a los dos días de comenzar la Guerra Civil Española, la Basílica fue incendiada y el cuadro ardió; los Frailes Dominicos que custodiaban el templo fueron martirizados por odio a la Fe Católica.

               La misión de María Teresa Desandais fue enseñar a los hombres a conocer a Jesucristo, Amor Misericordioso. Para ello debía suscitar en el mundo una legión de almas pequeñas que siguieran la estela de Santa Margarita María, Santa Teresita de Lisieux y Sor Benigna Consolata, para ofrecerse como Víctimas al Amor Misericordioso de Dios y conseguir de este modo el Reinado de la Caridad de Cristo en el mundo y el triunfo de Su Santa Iglesia.


"Quiero una Asociación del Amor Misericordioso 
para corresponder a Mi Plan Divino 
y satisfacer los deseos de Mi Corazón"


Nuestro Señor a Sor María Teresa Desandais
29 de Enero de 1919




¿Qué es la Obra del Amor Misericordioso?

               Esta Asociación no tiene más Centro que el Corazón de Jesús. El Registro donde están inscritos los nombres, es el mismo Sagrado Corazón.

               El Director, es el Espíritu Santo, que con la cooperación de la Santísima Virgen, transformará las almas poco a poco para hacerlas vivir de la Caridad Evangélica (Amor y Misericordia) que es la vida misma del Corazón de Jesús.

               Bien se la podría llamar la precursora de esta obra, como lo es también en pos de ella Sor Benigna Consolata, Religiosa Salesa, de la que el mismo Jesús ha manifestado que la había escogido para abrir el camino de su Amor Misericordioso después de Santa Teresita, y la llamó su secretaria.

               Pero ni Santa Teresita ni Sor Benigna Consolata habían recibido la misión de extender esta devoción, como la recibió P. M. Sulamitis, alma privilegiada, escogida por el mismo Jesús. Esta hermosa obra empezó a propagarse en Francia, lugar donde reside esta bendita alma, bajo la dirección del Padre Juan Arintero OP.

               P. M. Sulamitis es un seudónimo que encubre el verdadero nombre de esta devota alma, escogida de Dios. Ella es la voz del que clama en el desierto, como la de un nuevo precursor, por la cual Dios nos llama, nos invita, nos amonesta; es la voz de un alma enamorada y pequeñita mano de la que Dios quiere servirse para recordarnos sus preceptos y su Amor; la eterna historia y el perenne esfuerzo de Jesús que los hombres conozcan su amor. Para informar nuestras almas en este espíritu e inflamarlas en el celo de esta cruzada evangélica, nada tan a propósito como las obritas y folletos, ya numerosos de esta alma piadosa que escribe a religiosos, sacerdotes, padres de familia, jóvenes y toda suerte de personas de todos los estados y condiciones.


(De la revista “Acción Antoniana” de los Franciscanos de Valencia, 
Septiembre de 1932, número 140, con licencia eclesiástica)


EL REMEDIO SUPREMO ES JESÚS...

(de las Revelaciones a la Madre Desandais)

               La Obra del Amor Misericordioso, es un gran regalo de la diestra del Excelso, que no ha sido abreviada a pesar de nuestras ingratitudes, es la que salvará a España, salvará al mundo entero. Él nos dice:

               Confiad en Mí; no os abandonaré; tened confianza, os lo repito, a pesar de todo; aunque el universo entero pareciese bambolearse, ahí estoy Yo, que Soy el Salvador, no perdáis la paz de vuestras almas; venid a Mí todos, Yo os aliviaré, con vosotros estoy hasta la consumación de los siglos con tal de que permanezcáis Conmigo en Caridad. La Caridad, he ahí el Mandamiento supremo de Mi Santa Ley.

              El remedio supremo, eficaz, inmejorable, insustituible, es Jesús, Jesús más conocido, amado, mejor imitado, intensamente vivido, esta es la devoción y la Obra del Amor Misericordioso, es el mismo Corazón de Jesús bien comprendido, su devoción mejor interpretada y aun completada y perfeccionada.




               Santa Teresita del Niño Jesús se ofreció como víctima bajo este dulce Nombre de Amor Misericordioso; y que esto sea muy del agrado divino lo muestra el hecho sorprendente de la gloriosa glorificación que Dios otorgó a la Santa. Ella, formada delicadamente por el Espíritu Santo en la Escuela del Amor y de la Confianza, es la que recibió el encargo de mostrar a las almas el camino de la sencillez evangélica y la Infancia Espiritual, que nos llevase a creer y a corresponder a las tiernas efusiones del Amor Misericordioso del Corazón de Jesús; ¿no es ella acaso la primera víctima del holocausto al Amor Misericordioso?




viernes, 28 de mayo de 2021

LA REDENCIÓN ES UN MISTERIO DE AMOR MISERICORDIOSO


               ...tan sólo por los Evangelios llegamos a conocer con perfecta claridad que la Nueva Alianza estipulada entre Dios y la humanidad -de la cual la alianza pactada por Moisés entre el pueblo y Dios, fue tan solo una prefiguración simbólica, y el vaticinio de Jeremías una mera predicción- es la misma que estableció y realizó el Verbo Encarnado, mereciéndonos la Gracia Divina. 




                Esta Alianza es incomparablemente más noble y más sólida, porque a diferencia de la precedente, no fue sancionada con sangre de cabritos y novillos, sino con la Sangre Sacrosanta de Aquel a quienes aquellos animales pacíficos y privados de razón prefiguraban: "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (1). Porque la Alianza Cristiana, más aún que la antigua, se manifiesta claramente como un pacto fundado no en la servidumbre o en el temor, sino en la amistad que debe reinar en las relaciones entre padres e hijos. Se alimenta y se consolida por una más generosa efusión de la Gracia Divina y de la Verdad, según la sentencia del Evangelista San Juan: "De su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia por gracia. Porque la ley fue dada por Moisés, mas la Gracia y la Verdad por Jesucristo han venido" (2).

               Introducidos por estas palabras del Discípulo "al que amaba Jesús, y que, durante la Cena, reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús" (3), en el mismo Misterio de la infinita Caridad del Verbo Encarnado, es cosa digna, justa, recta y saludable, que nos detengamos un poco en la contemplación de tan dulce Misterio, a fin de que, iluminados por la luz que sobre él proyectan las páginas del Evangelio, podamos también nosotros experimentar el feliz cumplimiento del deseo significado por el Apóstol a los fieles de Éfeso: "Que Cristo habite por la Fe en vuestros corazones, de modo que, arraigados y cimentados en la Caridad, podáis comprender con todos los Santos cuál es la anchura y la longitud, la alteza y la profundidad, hasta conocer el Amor de Cristo, que sobrepuja a todo conocimiento, de suerte que estéis llenos de toda la plenitud de Dios» (4).

               En efecto, el Misterio de la Redención Divina es, ante todo y por su propia naturaleza, un Misterio de Amor; esto es, un Misterio del Amor justo de Cristo a Su Padre Celestial, a quien el Sacrificio de la Cruz, ofrecido con amor y obediencia, presenta una satisfacción sobreabundante e infinita por los pecados del género humano: "Cristo sufriendo, por caridad y obediencia, ofreció a Dios algo de mayor valor que lo que exigía la compensación por todas las ofensas hechas a Dios por el género humano" (5). Además, el Misterio de la Redención es un Misterio de Amor Misericordioso de la Augusta Trinidad y del Divino Redentor hacia la humanidad entera, puesto que, siendo esta del todo incapaz de ofrecer a Dios una satisfacción condigna por sus propios delitos (6), Cristo, mediante la inescrutable riqueza de Méritos, que nos ganó con la efusión de Su Preciosísima Sangre, pudo restablecer y perfeccionar aquel pacto de amistad entre Dios y los hombres, violado por vez primera en el Paraíso terrenal por culpa de Adán y luego innumerables veces por las infidelidades del pueblo escogido.


Papa Pío XII, Encíclica Haurietis aquas, 15 de Mayo de 1956


NOTAS

     1 Evangelio de San Juan, cap. 1, vers. 29
     2 Evangelio de San Juan cap. 1, vers. 16-17
     3 Evangelio de San Juan, cap. 21
     4 Carta a los Efesios, cap. 3, vers. 17-19
     5 Santo Tomás, Summa Theologica, 3, 48, 2
     6 Papa Pío XI, Encíclica Miserentissimus Redemptor, 1928



lunes, 1 de febrero de 2021

...QUIERO AMARTE Y HACERTE AMAR... Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso, por Santa Teresita de Lisieux


               Ofrenda de mí misma como Víctima de holocausto al Amor Misericordioso de Dios

               ¡Oh Dios mío, Trinidad Santa !, yo quiero amarte y hacerte amar y trabajar por la glorificación de la Santa Iglesia, salvando las Almas que están en la tierra y liberando a las que sufren en el Purgatorio. Deseo cumplir perfectamente Tu Voluntad y alcanzar el grado de Gloria que Tú me has preparado en Tu Reino. En una palabra, quiero ser Santa. Pero siento mi impotencia y te pido, Dios mío, que seas Tú mismo mi Santidad.

               Ya que me has amado hasta darme a Tu Hijo Único para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los Tesoros Infinitos de Sus méritos son míos; te los ofrezco gustosa y te suplico que no me mires sino a través de la Faz de Jesús y en Su Corazón abrasado de Amor.




               Te ofrezco también todos los Méritos de los Santos (de los que están en el Cielo y de los que están en la tierra), sus Actos de Amor y los de los Santos Ángeles. Y, por último, te ofrezco, ¡oh Santa Trinidad ! el Amor y los Méritos de la Santísima Virgen, mi Madre querida; a Ella le confío mi Ofrenda, pidiéndole que te la presente. Su Divino Hijo, mi Esposo amadísimo, en los días de Su Vida mortal nos dijo: «Todo lo que pidáis al Padre en Mi Nombre, os lo concederá». Por eso estoy segura de que escucharás mis deseos. Lo sé, Dios mío, cuanto más quieres dar tanto más haces desear. 

               Siento en mi corazón deseos inmensos y te pido, confiadamente, que vengas a tomar posesión de mi alma. ¡Ay!, no puedo recibir la Sagrada Comunión con la frecuencia que deseo pero, Señor, ¿no eres Tú Todopoderoso…? Quédate en mí como en el Sagrario, no te alejes nunca de Tu pequeña hostia…

               Quisiera consolarte de la ingratitud de los malos y te suplico que me quites la libertad de desagradarte. Y si por debilidad caigo alguna vez, que Tu Mirada Divina purifique enseguida mi alma, consumiendo todas mis imperfecciones, como el fuego que todo lo transforma en sí…

               Te doy gracias, Dios mío, por todos los beneficios que me has concedido y, en especial, por haberme hecho pasar por el crisol del sufrimiento. En el último día te contemplaré llena de gozo llevando el cetro de la Cruz. Ya que te has dignado darme como lote esta Cruz tan preciosa, espero parecerme a Ti en el Cielo y ver brillar en mi cuerpo glorificado los Sagrados Estigmas de Tu Pasión…

               Después del destierro de la tierra, espero ir a gozar de Ti en la Patria, pero no quiero acumular méritos para el Cielo, quiero trabajar sólo por Tu Amor, con el único fin de agradarte, de consolar a Tu Sagrado Corazón y de salvar almas que te amen eternamente.

               En la tarde de esta vida compareceré delante de Ti con las manos vacías, pues no te pido, Señor, que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a Tus ojos. Por eso, yo quiero revestirme de Tu propia Justicia y recibir de Tu Amor la posesión eterna de Ti mismo. No quiero otro trono ni otra corona que Tú mismo, Amado mío…

               A Tus ojos el tiempo no es nada y un solo día es como mil años. Tú puedes, pues, prepararme en un instante para comparecer delante de Ti…




               A fin de vivir en un Acto de Perfecto Amor, yo me ofrezco como Víctima de holocausto a Tu Amor Misericordioso y te suplico que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden sobre mi alma las olas de ternura infinita que se encierran en Ti y que, de esa manera, llegue yo a ser mártir de Tu Amor, Dios mío… (*)

               Que este martirio, después de haberme preparado para comparecer delante de Ti, me haga, por fin, morir y que mi alma se lance sin demora al eterno abrazo de Tu Amor Misericordioso…

               Quiero, Amado mío, renovarte esta Ofrenda con cada latido de mi corazón y un número infinito de veces, hasta que las sombras se desvanezcan y pueda yo, decirte mi Amor, en un cara a cara eterno…


Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz 

9 de Junio de 1895


               (*) Indulgencias concedidas por el Papa Pío XI para los que reciten el Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso compuesto por Santa Teresita de Liseux, a partir de las palabras “A fin de vivir en un perfecto Acto de Amor...” :

          1º) 300 días de indulgencia, cada vez que se rece con devoción este Acto de Ofrenda. 

          2º) Indulgencia plenaria cada mes con las condiciones ordinarias a todos los que la hubieran rezado todo el mes. 

          - Todas las indulgencias pueden y deben ser aplicadas por las Benditas Almas del Purgatorio.

          Roma, 31 de Julio de 1922



miércoles, 20 de enero de 2021

LA SANTA INTRANSIGENCIA


               La Misericordia de Dios no puede consistir en dejarnos yaciendo desamparados en nuestra corrupción, sino en sacarnos de ella. Delante de los ciegos, de los cojos, de los leprosos, Él no se limitaba a sonreír y seguir adelante. Él los curaba. Delante de nuestros pecados, Su compasión no consiste en dejarnos presos, sino en sacarnos de ellos amorosamente y llevarnos sobre los hombros. Lo que esperamos de la Misericordia de Dios son los recursos necesarios para tornarnos capaces de practicar la ley moral.



 

               Tenemos para esto la gracia, que nos fue alcanzada por los Méritos infinitos de Nuestro Señor Jesucristo. La gracia torna a la inteligencia del hombre capaz del acto de Fe. Torna a la voluntad humana capaz de una energía tal, que se le hace posible practicar los Mandamientos. El gran don de Dios para los hombres, insistimos, no consiste en condescender con sus faltas, en el sentido de que, sin censurar, los deje displicentemente sumergidos en ellas. El gran don de Dios consiste en darnos los medios sobrenaturales para evitar el pecado y alcanzar la santidad. Y de ahí también una gran responsabilidad para los que recusen este don inestimable.

               Símbolo expresivo de ese Amor Misericordioso de Dios, de la abundancia de sus perdones, y de la insistencia con que Él está constantemente convidando al hombre a que se arrepienta, a que pida las gracias necesarias para practicar la virtud, a que por medio de la oración consiga todos los recursos necesarios para la reforma de su carácter, es el Sagrado Corazón de Jesús. Es, pues, en el Sagrado Corazón de Jesús que toda verdadera intransigencia tiene su norma y su explicación.

               La bondad no consiste para el Católico en dejar al pecador en la ilusión de que su estado de alma es satisfactorio. Cumple mostrar al impío todo el horror de su impiedad, para removerlo de ella. Cumple señalarle las cimas de la perfección para que desee alcanzarlas. Lo que del todo le es posible si pidiere con perseverancia la gracia de Dios y con ella cooperare. 

               En esta convicción profunda y alegre de que el hombre todo puede con la gracia, está la razón profunda de la santa virtud de la intransigencia cristiana. Toda misericordia constituye un gran don. Pero constituye también una gran responsabilidad. Puesto que el hombre, por la oración y por la fidelidad a la virtud, puede y debe practicar los Mandamientos, es bien evidente que no resta para él ninguna disculpa si se obstinare en el pecado. 

               Las enseñanzas de la Iglesia nos muestran como las gracias brotan superabundantes del Corazón Dulcísimo de Jesús. Por eso mismo, la fórmula del Apostolado eficaz consiste, no en silenciar a los hombres su malicia, sino en convidarlos a lavarse de ella en la Fuente Divina de donde nacen los torrentes de la gracia. 


Doctor Plinio Corrêa de Oliveira 



miércoles, 5 de junio de 2019

LXV Aniversario de la Madre María Luisa Zancajo de la Mata, Alma Víctima de Amor


               La Madre María Luisa Zancajo de la Mata, nació el 4 de Noviembre de 1911, en Sinlabajos, Ávila (España). Desde temprana edad padeció una parálisis infantil que la dejó paralizada de las dos piernas para toda la vida.

               Muy joven hizo el Voto de Víctima de Amor. Amaba a Dios con un amor exclusivo, amor que crecerá hasta las más altas cimas de la unión transformante. Según su testimonio el trato con Jesús Nuestro Señor era cotidiano: cuando enfermó de difteria los médicos no acertaban a curarle, sin embargo, ella cuenta que se le apareció el Señor y le prometió que se curaría en tres días si dejaba de quejarse, aunque la avisaba de que este no sería su último padecimiento pues había sido designada para sufrir. 




               La familia se traslada a Madrid por falta de recursos en el pueblo natal; el padre está enfermo y tiene otras dos hermanas. Salen adelante con el trabajo de la madre y con las ayudas de la beneficencia pública. Vivía en el Asilo de San José y sufrió en su cuerpo y en su alma los desatinos de la guerra civil española.

               El día 7 de Diciembre de 1936 es una fecha histórica. María Luisa sale del convento-asilo de San José para no volver más a él como interna. Ahora se trata de sobrevivir en constante peligro de muerte, en plena zona republicana y en medio de los bombardeos que se producen sobre la ciudad de Madrid.

               Concluida la contienda, la joven María Luisa tiene otra nueva aparición: Nuestro Señor le pide ahora que funde una Congregación Religiosa llamada Misioneras de la Caridad y que unidos a los votos de pobreza, castidad y obediencia, asumieran un cuarto voto: "ser víctimas de amor".  A los 29 años fundó la Congregación de Misioneras de la Caridad y la Providencia, en Madrid, el 8 de Junio de 1941. 

               A pesar de la carestía en un país desolado por la Guerra Civil de unos años atrás, las hermanas fundadoras no pasaron nunca hambre:  diez kilos de alubias duraron seis meses pese a que se gastaban tres cuartos de kilo en cada comida; era imposible llevar al día el libro de cuentas porque siempre aparecía más dinero del que tenía que haber. También sucedía algo curioso con el aceite, cuyo bidón de arroba siempre estaba lleno pese a ir cogiendo lo necesario y no rellenarlo jamás. Estos hechos prodigiosos y otros, de tipo espiritual, acompañarían la vida de la Madre María Luisa y de su Congregación

               Su Director Espiritual, el Padre Manuel Soria Agudo, recogió innumerables testimonios de las estigmatizaciones de la Madre María Luisa Zancajo, así como de otros hechos sobrenaturales de los que él mismo fue testigo en varias ocasiones.
              
                Después de una vida de entrega total a su Divino Esposo, murió a los 42 años, el 5 de Junio de 1954, en Madrid. Sus restos reposan en la capilla de la Casa Madre en Hellín (Albacete) España.



                    Datos extraídos del libro "Yo soy testigo", Biografía de la Madre María Luisa Zancajo de la Mata, fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad y de la Providencia, escrita por que fuera su Director, el Padre Manuel Soria Agudo.


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martes, 27 de diciembre de 2016

SOR MARÍA TERESA DESANDAIS, APÓSTOL DEL AMOR MISERICORDIOSO


     En el siglo se llamó Adriana y nació en Francia en 1876. Educada en la fe católica desde niña, a los nueve años ya estaba determinada a ser religiosa. A los 20 años de edad, en 1896, ingresa en la Visitación de Dreux (Francia). A partir de 1902 fue bendecida con una serie de revelaciones místicas sobre el Amor Misericordioso de Jesús. Comenzó a escribir dichas experiencias sobrenaturales bajo el pseudónimo de “Sulamitis P.M.”.

     En 1912, sin tener conocimiento particular de pintura, pintó el cuadro del “Amor Misericordioso”: Cristo crucificado en el centro, con los ojos en el cielo y en el fondo una gran Hostia con las siglas JHS; del Corazón de Jesús irradian unos rayos de luz que iluminan la Biblia que se encuentra al pie del crucifijo con el versículo: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado"; también al pie de la Cruz se encuentra una corona real que indica el despojo de Nuestro Señor de su Gloria Divina para asumir nuestra naturaleza mortal convirtiéndose en Siervo.






     Desde 1915 la actividad literaria de Sor María Teresa fue aumentando considerablemente, y hacia el final de la Primera Guerra Mundial la doctrina del Amor Misericordioso, así como la imagen, ya se encontraba difundida por Francia y parte de Europa. En España, para poder difundir el mensaje del Amor Misericordioso, Sor María Teresa contó con la ayuda del Padre Juan Arintero González OP, Dominico español, publicando los mensajes en su revista  “Vida Sobrenatural” a partir de 1922.

     Sor María Teresa vivió en el monasterio de Dreux hasta 1940. Más tarde, a causa de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad se trasladó a Vouvant (y de nuevo a La-Roche-sur-Yon en 1997), donde después de una vida de dedicación y ocultación, murió en olor de santidad en 1943.

     La doctrina revelada a Sor María Teresa presenta a Dios que sale al encuentro del pecador y busca su conversión, favoreciendo en el alma una actitud de confianza, abandono filial y correspondencia generosa a la gracia divina. Otros aspectos comprendidos son la infancia espiritual, la ofrenda de la propia vida, el valor de las pequeñas acciones hechas por amor y la oración por los sacerdotes y religiosos.