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sábado, 25 de julio de 2026

APÓSTOL SANTIAGO, Glorioso Patrón de España



                    Santiago el Mayor fue uno de los tres Discípulos predilectos del Señor; su madre Salomé, pidió a Jesús Nuestro Señor que sus hijos Santiago y Juan ocupasen puestos destacados en Su Reino, momento que Jesús aprovechó para profetizar a ambos hermanos su Martirio; Santiago fue el privilegiado que asistió a la escena de la Transfiguración y que además fue admitido a presenciar la resurrección de la hija de Jairo; pero sin duda, el mayor gesto de amistad que tuvo Cristo con Santiago, fue cuando recibió el encargo de velar cerca del Maestro en la noche de Gethsemaní.

                    Santiago era natural de Betsaida, como Pedro y Andrés, y también como ellos, se dedicaba a la pesca en las aguas del lago de Genesareth, en compañía de su hermano Juan y de su padre Zebedeo. Un día estaban los dos hermanos remendando las redes, cuando acertó a pasar junto a ellos Jesús, y les dijo: "Venid en pos de Mí, Yo os haré pescadores de hombres". Y ellos, dejando las redes y la familia, le siguieron. Impetuosos y ardientes como el rayo, merecieron que el Maestro les bautizase con el nombre de Boanerges, es decir "Hijos del trueno". Cuando el Señor les preguntó si estaban dispuestos a beber Su cáliz, contestaron a una "Podemos", y desde entonces jamás desmintieron su palabra.

                    Después de la Resurrección de Nuestro Señor, Santiago predicó el Evangelio en Judea, Samaría y, según la venerable Tradición, también llegó a España en el año 36; piadosamente se cree que cuando el Apóstol estaba más desfallecido, recibió la visita en carne mortal de la Virgen María, que aún vivía en Jerusalén. Sería la primera Aparición Mariana reconocida, que tuvo lugar a orillas del río Ebro, en la actual Zaragoza, donde se edificó el primero de los muchos templos marianos de la Cristiandad. 

                    El Apóstol, de vuelta a Jerusalén en el año 42-44, sería martirizado por Herodes Agripa, que ordenó que el Discípulo fuese degollado; sus venerables restos serían trasladados a la que fue su patria evangelizada, España. Sus reliquias serían redescubiertas a principios del siglo IX, cerca de Iría, en Compostela (Campo de la estrella). A partir de la Edad Media, el sepulcro que contiene los venerables huesos del Apóstol, se convertiría en uno de los principales Santuarios de peregrinación del Orbe Católico.

                    Según la Tradición, en el transcurso de la Batalla de Clavijo (en la provincia de La Rioja), era el 23 de Mayo de 844, cuando en pleno combate, irrumpió en el campo de batalla la figura del Apóstol montado sobre un brioso caballo blanco, sosteniendo una espada y un estandarte. Inspiradas por la visión, las tropas cristianas lograron una victoria arrolladora (1).

                    El Papa Urbano VIII declaró oficialmente a Santiago Apóstol como el único Patrón de España en el año 1630.


NOTA 

                    1) “Yo, el rey Ramiro, confiando más en la Misericordia de Dios que en la multitud de mi ejército, una vez atravesadas las tierras intermedias, enderecé mi camino a Nájera, de donde pasé a un lugar que se llama Albelda. Pero, entretanto, los sarracenos, conociendo nuestra venida por los rumores que les llegaron, reunieron contra nosotros todos los de aquende el mar; y avisados por cartas y mensajeros los de allende nos acometieron todos con gran multitud y fuerzas muy poderosas […]. 

                    Cayendo muchos de los nuestros a causa de los pecados, maltrechos y heridos los demás, nos dimos a huir y sin orden llegamos al collado que llaman Clavijo […] y estando yo durmiendo, se dignó aparecérseme, en figura corporal, el bienaventurado Santiago […]. 

                    Poseído yo entonces de mayor asombro, que en modo extraordinario me produjeron tales palabras, el bienaventurado apóstol me dijo: […] Buen ánimo y ten valor, pues yo he de venir en tu ayuda y mañana, con el Poder de Dios, vencerás a toda esa gran muchedumbre de enemigos por quienes te ves cercado […] y para que no haya lugar a duda, tanto vosotros como los sarracenos, me veréis sin cesar vestido de blanco, sobre un caballo blanco, llevando en la mano un estandarte blanco […]. 

                    Armada ya y puesta nuestra gente en orden de batalla, entramos en lucha con los sarracenos y el bienaventurado apóstol de Dios se apareció como lo había prometido, instigando a ambos, pero realmente animando a nuestras huestes para el combate, y entorpeciendo y desbaratando a los contrarios”.  (Extraído de los documentos fundacionales del Voto de Santiago)



jueves, 9 de abril de 2026

120 ANIVERSARIO de la Aparición de NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO, en Chauchina (Granada)



                    Chauchina es una localidad de la provincia de Granada, en España. En tal punto del sur de la Península Ibérica aconteció, a principios del siglo pasado, una manifestación celestial poco conocida pero de gran alcance espiritual. 

                    Era el 9 de Abril de 1906, Lunes Santo en aquel año, una virtuosa anciana llamada Rosario Granados Martín, apoyada en el respaldo de una silla, por no poder caminar de otra manera, se dirigía muy de mañana a las afueras del poblado para curarse las llagas purulentas que hacía más de tres años padecía en la pierna y cuyo estado nauseabundo movía a compasión a cuantas personas la encontraban. 

                    Abrumada iba la triste anciana, cuando vio que hacia ella venía una dama enlutada, llevando en sus manos un modesto rosario negro, la cual se detuvo a preguntarle qué le sucedía. Le contestó Rosario que estaba casi desesperada, porque ni Dios ni la Virgen se dignaban oírla. Le mandó entonces la Señora que siguiera Sus pasos hacia el cementerio, oído lo cual, la anciana soltó la silla que le servía de sostén y con tanta agilidad lo hizo, que sorprendió a los que la vieron; Rosario siguió a la Señora por la angosta vereda, hasta llegar a un arroyo donde la Señora le dio la mano para ayudarle a pasar, y Rosario alargó la suya para asir la de la Señora; cerca de la escena, un joven campesino, que no veía a la Señora, observando en tal actitud a la anciana creyó que la mujer había perdido el juicio.

                    Una vecina de las últimas casas del pueblo la invitó a descansar y como rehusara hacerlo por ir siguiendo a una Señora de “ojos hermosísimos y cara llena de gracia”, la tomó por ilusa. Llegó por fin al cementerio y la Señora enlutada le dijo con acento de compasión y tristeza “Oremos por los desgraciados del mundo que no temen la Divina Justicia”. 

                    Enseguida y puestas ambas de rodillas en el umbral del cementerio, comenzaron el rezo del Rosario observando la anciana la reverencia y devoción con que la Señora pronunciaba el Nombre de Dios Padre. No había terminado el Rosario, cuando la anciana sintióse adormecida por dulcísimo éxtasis, a cuyo despertar se sintió completamente curada. Corrió presurosa preguntando por la Señora y nadie supo darle razón de Ella. 

                    El pueblo se conmovió a la vista de la prodigiosa curación, la prensa granadina comentó el hecho y Chauchina y los pueblos comarcanos se persuadieron de que la misteriosa enlutada fue la Santísima Virgen, conocida bajo la advocación del Espino, por el arbusto junto al cual se apareció primeramente y de los Dolores, por las negras vestiduras que llevaba la misteriosa aparecida.

                    Una pobre estampa, rodeada de rústicas piedras, fue el primer monumento de gratitud que Rosario ofreció a la Santísima Virgen. A iniciativa del pueblo se hizo una pequeña hornacina en donde se colocó un sencillo cuadro de la Virgen de los Dolores, ante el cual se rezaba constantemente el Rosario y se pedía consuelo a la Madre afligida. Velas y lámparas de aceite permanecían encendidas de día y de noche, dando guardia de honor al cuadrito y mostrando a todos la creencia segura en la presencia de la Madre de Dios. Más tarde se levantó una pequeña Ermita con la limosna de los fieles. Para todos esta tierra estaba consagrada por el contacto de los pies de la Santísima Virgen. Y así, para distinguir el camino por donde anduvo la Señora hasta el cementerio, cortaron frondoso ramaje de los árboles próximos clavando las floridas ramas a uno y otro lado del camino. Sin atreverse a pisar el sagrado camino, llorando de alegría, pasaban de rodillas besando aquella tierra.

                    Un matrimonio costeó la construcción de una capilla, espléndidamente dotada para el culto; y junto a esa capilla ya ampliada porque era incapaz de contener las multitudes, que en fervorosas romerías acuden de muchos pueblos, se levanta la esbelta silueta de un monasterio de Capuchinas, llevado allí por la piedad del Cardenal-Arzobispo Vicente Casanova y Marzol, para que adorando al Santísimo Sacramento y viviendo en perpetua oración y penitencia por los pecados del mundo, cumpliesen los deseos de la Santísima Virgen. En efecto, antes de morir manifestó Rosario a un Padre Capuchino que la Santísima Virgen le había dicho: "En el lugar del espino donde fue la primera Aparición, se edificará una casa de oración y penitencia, un Monasterio de Religiosas Franciscanas que adorarán al Santísimo Sacramento".




LA VIDENTE DE NUESTRA SEÑORA DEL ESPINO


                    Rosario Granados Martín es una mujer sencilla que nació en Chauchina el 25 de Abril de 1839; el 4 de Abril de 1859 contraerá matrimonio con Manuel de Cantos Romero; muy pronto quedará viuda con 3 hijos: José, Diego y Francisco, a los que procuraba educar cristianamente y daba buenos ejemplos, enseñándoles las oraciones y la práctica de la caridad cristiana. 

                    Rosario ayuda a su nuera Magdalena en los trabajos de la casa y en la crianza de los niños que le van naciendo; atiende a los pobres que pasan, pidiendo un pedazo de pan, así como también a los vecinos que necesitan unas palabras de consuelo, unas muestras de cariño; y mantiene trato amistoso con todas sus vecinas y personas del pueblo que hablan muy bien de ella, como una mujer sencilla, una anciana que pasa desapercibida.

                    Rosario tuvo en su vida una ocasión de ejercitar en grado heroico el mandamiento del Señor de perdonar, y es que unos años antes de la Aparición, uno de sus hijos es asesinado por un hombre en la taberna de Arenas del Rey, pueblo de Granada donde Rosario y sus hijos viven como porteros de un cortijo. El asesino escapando de la justicia se esconde precisamente en casa de Rosario, él dice a Rosario que en una riña ha matado a un hombre y que lo quieren ahora matar a él; Rosario esconde a este hombre y al poco rato llega el otro hijo de Rosario, comunicando la muerte de su hermano y Rosario en lugar de delatar al hombre se lamenta diciéndole una vez que su hijo se ha marchado en su búsqueda: “Ya ves lo que has hecho… pero yo no te denunciaré… te perdono… También la Virgen perdonó a los verdugos de Su Hijo en el Calvario… Anda, y que Dios te acompañe por el mundo…”. Incluso Rosario le da de comer. 

                    No tardó el asesino en ser apresado. Rosario, pensando que él tendría madre, rogaba al Señor que no se viera obligada a testificar contra él ante un tribunal. Y su oración fue atendida: ocho días antes de la fecha señalada para el juicio, falleció el homicida, dando muestras de sincero arrepentimiento. 

                    Rosario murió para este mundo el 24 de Septiembre de 1921, siendo enterrada en el Cementerio de Chauchina, pero 40 años después, sus restos se trasladan a la cripta que, con permiso del Arzobispo de Granada, se le construyó junto al Camarín de la Virgen en la Iglesia conventual. 


EL SECRETO QUE CONFIÓ LA VIRGEN 
A ROSARIO GRANADOS


                    Como en otras apariciones, la Virgen en Chauchina también reveló un Secreto a la vidente. Ángeles Díaz García, amiga de Rosario y vecina también de Chauchina, de edad aproximadamente igual a la de Rosario, nos cuenta que Rosario le confío que había recibido de la Señora enlutada que vio el Lunes Santo del 1906, una confidencia misteriosa que debía guardar en secreto. Más adelante en 1921, Rosario se siente agotada y próxima a morir. Un sobrino de Rosario fue a visitarla en su enfermedad y atendió a su tía en su petición: «Que venga mi confesor, el Padre Francisco de Sevilla - un sacerdote de la Orden de los Capuchinos que residía en Granada- pues tengo que comunicarle una cosa antes de morir». El sobrino se dirigió raudo hacia Granada, para ir al Convento de los padres Capuchinos y buscar al Padre Francisco.

                    Mas no necesitó ir al Convento, ni siquiera detenerse en Granada.  La gran Providencia de Dios dispuso que cuando su tranvía llegaba a la que entonces llamaban Estación de Andaluces, viese que en aquel momento el Padre Francisco de Sevilla acababa de llegar en tren. Le contó el ruego de su tía Rosario, y el caritativo fraile fue a tomar el primer tranvía con dirección a Chauchina; entró en casa de la enferma; la escuchó en Confesión y recibió el Secreto con permiso de darlo a conocer después de que ella falleciera.

                    Aquel Secreto contenía una profecía, un anuncio para el tiempo futuro:

                    "En el lugar del espino donde fue la primera Aparición, se edificará una casa de oración y penitencia, un Monasterio de Religiosas Franciscanas que adorarán al Santísimo Sacramento".




                    Como los deseos del Cielo buscan diversos canales para ser cumplidos, nos encontramos que a menos de 20 kilómetros del lugar de aquella Aparición, en el Monasterio de las Capuchinas de San Antón (Granada capital), era abadesa Sor Trinidad del Inmaculado Corazón de María, devotísima de Jesús Sacramentado; aquella alma se sentía inspirada por Dios a tener en la Iglesia de su Comunidad el Santísimo Sacramento expuesto durante todo el día y adorado por las Religiosas Capuchinas en turnos de una hora. Sus deseos fueron aprobados por el Cardenal Arzobispo de Granada, Monseñor Vicente Casanova y Marzol, sin embargo, no todas las Capuchinas de la Comunidad veían con claridad ese deseo y proyecto de recargar la Regla Capuchina, ya muy austera por sí misma.

                    Es entonces cuando el Padre Francisco de Sevilla, le sugiere a la Madre Abadesa Sor Trinidad, la idea de ir a fundar a Chauchina, ya que la Virgen así lo ha pedido y coincide, la celestial petición con la inspiración de la piadosa monja.

                    El 11 de Abril de 1925, Sábado Santo, el Cardenal de Granada, junto con su Clero, reciben en Chauchina a la Madre Trinidad, que junto con otras 11 monjas, llegan a la localidad para iniciar la vida recoleta de las Capuchinas en la ermita de la Virgen del Espino, convertido desde entonces en Santuario Monasterio.



viernes, 6 de marzo de 2026

NUESTRO PADRE JESÚS DE MEDINACELI

 



               La Villa y Corte de Madrid celebra hoy a Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, tradicional Devoción entre los que aquí vivimos y aún más de otros muchos lugares del Orbe Católico, como por ejemplo Hispanoamérica, Estados Unidos o Las Filipinas, donde la influencia de esta bendita imagen ha trascendido por generaciones. La talla representa a Jesús Cautivo, tratado como rey de burlas, maniatado, abofeteado... en la antesala del Camino hacia el Calvario, ¿qué mejor meditación que contemplar a Nuestro Señor en ese trance?. ¿Qué mejor consuelo podemos darle que vivir como buenos Cristianos, acariciarle con ojos de pureza y caridad para con el prójimo?... 

               Mírale, lleno de golpes, despreciado, y luego repárale. Repara a Cristo, porque Él está maniatado por ti, tu arrogancia ata Sus Benditas Manos y le impiden alzarlas para perdonarte; ignorado por tu egoísmo, de ahí su triste semblante, una Faz que refleja los dolores más crueles, porque sólo acudes a Él en los momentos de fatiga, pero cuando todo te resulta bien, pronto le olvidas. Jesús es escupido por tus malas acciones con el semejante, al que menosprecias o consideras inferior... por muchos, derramó Su Sangre... con tu trato distante y falto de caridad, no podrás contarte entre aquellos que se aprovechan de esa Divina Sangre.

             Que este Viernes de Cuaresma, Primero de Mes, tu corazón renueve el dolor de tus muchos pecados; consuela a Cristo por tus faltas, por las mías, por las de todos. Imítale, soportando cuantas pruebas se te presenten, por Su Amor, sólo por eso aguántalas y ofrece todas los sinsabores por aquella sed que Nuestro Señor experimentó, para que te unas así con Cristo en la redención de tu alma y colabores, en la de los que andan aún lejos de Él...


BREVE CRÓNICA DE LA BENDITA IMAGEN DE 
NUESTRO PADRE JESÚS DE MEDINACELI


                    La imagen del Cristo es de la primera mitad del siglo XVII, con 1,73 metros de altura. Fue tallada en Sevilla. Es dudosa la autoría de la imagen y, mientras que unos se la atribuyen a Luis de la Peña, los más se la adscriben a Francisco de Ocampo. La imagen se realizó por encargo de la comunidad de los Padres Capuchinos de Sevilla, quienes la llevaron a la colonia española de Mámora en el norte de África, llamada por los españoles San Miguel de Ultramar. El día 30 de Abril de 1681, Mámora cayó en manos de Musley Ismael y su ejército y la imagen del Nazareno fue también capturada y llevada a Mequínez. La historia atestigua por orden expresa del Rey Muley, la imagen fue arrastrada por las calles de Mequinez en señal de odio contra la Religión Cristiana y hasta algunos aseguran que, como si se tratara de carne humana, fue arrojada a los mismos leones... 

                  Fue vista por el Padre de la Orden de la Santísima Trinidad, Fray Pedro de los Ángeles, quien, arriesgando su vida y presentándose ante el mismo rey, solicitó el rescate de la imagen como si se tratara de un ser vivo. Se dice que el rey le permitió al padre trinitario custodiar la imagen, hasta que reuniera el dinero para su rescate, amenazándole que, de no hacerlo así, lo quemaría a él y a la imagen. El Padre General de la Orden mandó a los Padres Miguel de Jesús, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección que se encargaran de servir de mediadores en la solución del problema y estos lograron convencer al rey Muley de que tasara el rescate de la imagen pagando su peso en oro. La leyenda asegura que la balanza se equilibró exactamente cuando se acumularon treinta monedas. Una y otra vez efectuada esta operación, el resultado fue siempre idéntico, con lo que el recuerdo del episodio evangélico en el que Cristo mismo apareció valorado en esas 30 monedas resultaba milagroso.

                   La imagen, ya rescatada, pasó después a Tetuán, de allí a Ceuta, y por Gibraltar a Sevilla, hasta llegar a Madrid en el verano de 1682. Ese mismo año se organiza la primera procesión a la que asiste el "todo Madrid", pueblo fiel, nobleza y casa real. Desde entonces todos los años, en la gran romería del primer Viernes de Marzo, asiste algún miembro de la familia real a rezar al Nazareno.

                   La imagen se deposita en el convento de los Padres Trinitarios Descalzos, junto al que en 1689 se le erigió una capilla, donación de los Duques de Medinaceli. A consecuencia del decreto de Desamortización firmado por Mendizábal en 1836, la imagen volvió otra vez a peregrinar por Madrid, en esta ocasión hacia la iglesia de San Sebastián en la que permaneció diez años cuando, gracias a la influencia del Duque de Medinaceli, volvió a la capilla del antiguo convento de Trinitarios, regentado entonces por las Religiosas Concepcionistas de Caballero de Gracia y después por las Agustinas y las Carmelitas de Santa Ana.

                   Fue en 1890 cuando, al derribarse el convento de los Capuchinos de San Antonio del Prado, sus patronos, los Duques de Medinaceli, pensaron instalar definitivamente en su nueva capilla la imagen del Cristo. Esto aconteció el día 8 de Julio 1895, interviniendo en la donación la Duquesa Madre de Medinaceli Doña Casilda Salabert y Arteaga.




                  Durante la Guerra Civil, el día 13 de Marzo de 1936 los devotos y vecinos del convento lograron impedir que la imagen fuera destruida por un piquete de revolucionarios. El 17 de Julio los frailes ocultaron la imagen en una caja de madera, y envuelta en sábanas, en los sótanos del convento. Alojándose en el mismo el batallón republicano conocido con el sobrenombre de "Margarita Nelken", y para mitigar el frío del invierno madrileño que allí padecían sus tropas, al buscar unas tablas para calentarse se encontraron con la sorpresa de la caja que contenía la sagrada imagen... Al comprobar Juan Manuel Oliva, jefe del batallón, "a las cuatro de la tarde" que se trataba del Cristo de Medinaceli, no sólo por motivos artísticos, sino también religiosos, entregó la imagen a la "Junta del Tesoro", que la trasladó bien pronto a la ciudad de Valencia, concretamente al Colegio del Patriarca. En Marzo de 1938 fue transportada a Barcelona y desde allí , el día 3 de Febrero de 1939, fue trasladada con todo el Tesoro Artístico a la ciudad suiza de Ginebra, a la que llegó el día 12 de Febrero.

                   Cuando terminó la Cruzada y fue recuperado el Tesoro, Don Fernando Álvarez de Sotomayor y Zaragoza, Director del Museo del Prado, consiguió que la imagen del Cristo saliera de Ginebra el día 10 de Mayo de 1939, siendo esperada con toda devoción en Pozuelo de Alarcón, pueblo cercano a Madrid. Allí fue recibida con honores militares y de ella se hizo cargo la Junta de la Real Esclavitud, llevándola a Madrid, pero antes visitó momentáneamente al Monasterio de la Encarnación. 

                  La Víspera de la Festividad de San Isidro, el día 14 de Mayo, todo el pueblo de Madrid se organizó en solemne procesión acompañando la imagen hasta el altar de su templo en el que siguió recibiendo el culto y la veneración de multitud de devotos. Siempre, pero sobre todo los Viernes del año, y de forma multitudinaria el primer Viernes de Marzo, son incontables las personas que acuden a venerar al Cristo de Medinaceli, para lo que han de aguantar largas horas de espera y de incomodidades aún climatológicas, hasta conseguir besarle el pie y formularle las tres peticiones rituales.




domingo, 15 de febrero de 2026

CENTENARIO DE LA APARICIÓN DEL NIÑO JESÚS A SOR LUCÍA

 


               Tal día como hoy, el 15 de Febrero de 1926, el Niño Jesús se aparecía a Sor Lucía, -la que fuera vidente de Nuestra Señora en Fátima- en el patio de la casa de las Hermanas Doroteas de Pontevedra (España); allí había ingresado como religiosa dorotea en 1921. Apenas unas semanas antes, el 10 de Diciembre de 1925, la Virgen se apareció también a la joven religiosa pidiéndole que extendiera la Devoción de los Cinco Primeros Sábados de mes.

               Dicha Aparición de 1926 en Pontevedra no se entiende sin explicar que Sor Lucía, desde hacía unos meses, se encontraba con un niño en las cercanías del Convento. Y entonces, el 15 de Febrero, Sor Lucía volvió a encontrarse con el pequeño y le preguntó si se había aprendido las oraciones que en otras ocasiones le había ido enseñando.

               “¿Y tú has propagado por el mundo aquello que la Madre del Cielo te pedía?”, le contestó el niño. En aquel instante supo que se trataba del Niño Jesús.



Lugar exacto donde el Divino Niño Jesús se apareció a Sor Lucía Dos Santos, 
el 15 de Febrero de 1926. La imagen fue regalo del Presidente John F. Kennedy

               El Niño pidió a Sor Lucía que hiciera lo que su Madre le había pedido en Su Aparición: extender la Devoción de los Cinco Primeros Sábados de mes. Esta petición se hizo porque muchas personas comenzaban esta devoción, pero pocas la terminaban.

               Al igual que la aparición anterior de la Virgen semanas antes, de nuevo Sor Lucía habló con su confesor en Pontevedra sobre esta nueva revelación. Para cerciorarse, el Sacerdote le hizo varias preguntas, entre ellas, por qué debían ser Cinco Sábados.

               Sor Lucía pidió una respuesta al Señor y Éste le contestó que “la Devoción de los Cinco Sábados se debe a que hay cinco tipos de ofensas contra el Inmaculado Corazón de María”.

          -Contra Su Inmaculada Concepción.

          -Contra Su Virginidad Perpetua.

          -Contra Su Divina Maternidad al rechazar reconocerla como Madre de todos los hombres.

          -Las ofensas de aquellos que tratan de sembrar públicamente en los corazones de los niños indiferencia o incluso odio a la Virgen.

          -Las ofensas de quienes la ultrajan en Sus santas imágenes.





domingo, 25 de enero de 2026

LA IMAGEN DEL MILAGROSO NIÑO JESÚS DE PRAGA

 


EL ESCULTOR DE LA IMAGEN DEL NIÑO JESÚS

                   Fray José de la Santa Casa era un humilde fraile lego, de Córdoba. Un estaba barriendo el suelo y de repente se le presenta un hermoso Niño que le dice:

                  -¡Qué bien barres, Fray José, y que brillante dejas el suelo!. ¿Serías capaz de recitar el Ave María?. Pues entonces, dilo.

                   Fray José deja a un lado la escoba, se recoge, junta las manos y con los ojos bajos, comienza la salutación angélica.

                   Al llegar a las palabras “et benedictus fructus ventris Tui” (y bendito el fruto de Tu vientre), el Niño le interrumpe y le dice:

                  -¡Ese Soy Yo!, y enseguida desaparece.

                   Fray José grita extasiado:

                  -¡Vuelve Pequeño Jesús, porque de otro modo moriré del deseo de verte!.

                   Pero Jesús no vino. Y Fray José, seguía llamándolo día tras día, en la celda, en el huerto, en la cocina…en todas partes.

                   Al fin un día sintió que la voz de Jesús le respondía:

                  Volveré, pero cuida de tener todo preparado para que a mi llegada hagas de Mí una estatua de cera en todo igual a como Soy”.

                   Fray José corrió a contárselo al Padre Prior, pidiéndole cera, un cuchillo y un pincel.

                   El Superior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del Niño que había visto.

                   Hacía una y la deshacía, para hacer otra, pues nunca estaba conforme, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior, y así pasaba el tiempo, esperando que regresase su Amado Jesusito.

                   Y por fin llegó el día en el que rodeado de Ángeles, se le presenta el Niño Jesús. Y Fray José en éxtasis, pero con la mayor naturalidad pone los ojos en el Divino modelo y copia al Niño que tiene delante.

                   Cuando termina y observa que su estatua es igual al Sagrado Modelo, estalla en risas y llantos de alegría. Cae de rodillas delante de ella y posando la cabeza sobre las manos juntas, muere. Y los mismos ángeles que acompañaron a su Niño Jesús, recogieron su espíritu y lo llevaron al Paraíso.

                   Los religiosos enterraron piadosamente el cuerpo del santo lego y con particular devoción colocaron la imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del monasterio.

LA NOBLE FAMILIA DE LOS MANRIQUE DE LARA

                   Aquella misma noche Fray José se apareció en sueños al Padre Prior, comunicándole la siguiente profecía:

                    Esta estatua, hecha indignamente por mí, no es para el monasterio. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Manrique de Lara, a quien se la daréis, quien a su vez se la entregará a su hija como regalo de bodas, quien la llevará a Bohemia y de la capital de aquel reino será llamado Niño Jesús de Praga entre los pueblos y naciones. La gracia, la paz y la misericordia descenderán a la tierra, por Él escogida para habitar en ella, el pueblo de aquel reino será su pueblo, y Él será su PEQUEÑO REY”.

                   Y efectivamente al año en punto, Doña Isabel Manrique de Lara, en un viaje de recreo por la zona, topó con las ruinas del monasterio, y el prior, ya único superviviente le entregó la imagen del Niño Jesús, contándole su fascinante historia.

                   La dama llena de alegría, retornó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba. Y aquí la leyenda deja paso a la Historia… Lo que sí se sabe es que cuando en 1526 un Habsburgo se ciñó la Corona de Bohemia, los enlaces entre las familias nobles españolas y eslovacas se repitieron.

                   Cuando la Emperatriz partió para Praga en 1547, entre sus damas de la corte iba Doña María Maximiliana Manrique de Lara, hija de Don García Manrique de Lara y de doña Isabel de Briceño, de noble familia italiana.

                   Contrajo matrimonio el 14 de Septiembre de 1555, a los diecisiete años de edad, con el noble checo (y futuro canciller del reino de Bohemia) Vratislao de Pernestán (1530-1582), en un momento de la historia en que los nobles checos se desposaban con damas de la Corte españolas como consecuencia de la subida al trono del rey Fernando I, hermano de Carlos V, que había nacido y sido educado en la Corte española.

                   María Maximiliana Manrique de Lara era una mujer devota, y había sido educada por las Carmelitas Descalzas, al igual que su madre Isabel. A la lejana y turbulenta Bohemia se llevó consigo en 1556, además de una firme fe, una singular reliquia familiar: la estatuilla del milagroso Niño Jesús de Praga, que había recibido de su madre Isabel como regalo de bodas, y que, siguiendo la tradición familiar, regalará a su hija Polyxena al casarse ésta con Zdenek Vojtech Popel de Lobkovic, canciller checo y representante de la joven generación de la nobleza católica checa. Esta figura representa una obra maestra del Renacimiento español y fue regalada a los Carmelitas por Polyxena de Lobkowitz tras la defunción de su esposo; fue expuesta al culto en Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria en Malá Strana, Praga.




LA FE PURA E INMACULADA: MONSEÑOR PILDAIN Y LA LIBERTAD RELIGIOSA



                    Monseñor Antonio Serapio Pildain y Zapiain fue un Obispo combativo y bueno, completamente entregado a su grey. Nació en Lezo, un pequeño pueblo de la provincia vasca de Guipúzcoa, el 13 de Enero de 1890. Ingresó en el Seminario de Andoáin donde estudió Latín y Humanidades, y de ahí pasó al Seminario de Vitoria, donde se instruyó en Filosofía; fue un alumno brillante, obteniendo siempre las mejores calificaciones, lo que le permitió ser becado para proseguir sus estudios en Roma, como alumno del Pontificio Colegio Español, donde ingresó en 1907. Allí estudió Sagrada Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, obteniendo el Doctorado en 1911, con la máxima calificación, por lo que le fue otorgado el premio Internacional al Doctorado.

                    Antonio Pildain fue ordenado Sacerdote el 13 de Septiembre de 1913 y tan sólo cinco años después, conseguía por oposición la canonjía de Lectoral en la Catedral de Vitoria, labor que compaginó con ser profesor del Seminario vitoriano; alcanzó mucha celebridad en toda la diócesis por su elocuencia y oratoria.

                    Aparte de la vocación sacerdotal, Pildain también desempeñó un papel activo en la vida política española de principios de la década de 1930, tanto que, de acuerdo con su Obispo, participó como candidato en las elecciones de 1931 y fue elegido Diputado a las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española por la minoría vasco-navarra, dentro de la coalición católico-fuerista.

                    El 18 de Mayo de 1936 el Papa Pío XI preconizó al canónigo Pildain como Obispo de Canarias; recibió la Consagración Episcopal en la Capilla del Colegio Español de Roma, el 14 de Febrero de 1937, por el entonces Nuncio en España y Arzobispo titular de Lepanto, Monseñor Federico Tedeschini, más tarde Cardenal, y como co-consagrantes Monseñor Bilbao Ugarriza, Obispo de Tortosa y Monseñor De los Santos Díez y Gómera, Obispo de Cartagena. El Papa Pío XI regaló al nuevo Obispo una preciosa cruz pectoral, que éste donaría, a su muerte, al Cabildo Catedral de Canarias. El Obispo Pildain hizo su entrada oficial en la Catedral de Santa Ana el 21 de Marzo de 1937, Domingo de Ramos. Pastorearía Canarias desde entonces hasta 1966, el episcopado más largo que se recuerda en esa diócesis. Le acompañaría en esta nueva etapa su querida hermana Teodora.

                    La enseñanza de Monseñor Pildain fue abundante y particularmente dirigida a resaltar la Doctrina Social de la Iglesia, de la que tenía un profundo conocimiento, para la protección y mejora de las condiciones de vida de los grupos sociales económicamente más desfavorecidos, atraídos por las ilusorias y horrorosas teorías comunistas.  

                    Sobre el Comunismo, antidivino y antirreligioso, escribió en perfecta adhesión a las enseñanzas de los Sumos Pontífices, siguiendo la línea de los Papas Pío XI y Pío XII, en la Carta Pastoral "Sobre el comunismo. Puntos de meditación y examen de conciencia", publicada durante la Cuaresma de 1945, donde planteó a sus lectores el dilema social y político de la época, exhortándolos a ponerse del lado de Jesucristo: "O el Catolicismo pleno, sin concesiones de ningún tipo o el Comunismo revolucionario radical. La elección no puede ser dudosa para ningún Cristiano".

                    Existen muchas razones válidas para recordar la figura de este excelente y poco conocido Prelado. Entre ellas, sin embargo, destaca una que hoy resulta especialmente útil para ilustrar. Se trata de la agonía que el humilde y piadoso corazón de Monseñor Pildain se vio obligado a vivir debido a la aprobación, por el Concilio Vaticano II, de la Declaración "Dignitatis humanae personae" sobre la Libertad Religiosa.


O el Catolicismo pleno, 
sin concesiones de ningún tipo 
o el Comunismo revolucionario radical. 
La elección no puede ser dudosa 
para ningún Cristiano


                    El Obispo de Canarias fue uno de los Padres Conciliares y aunque no hay constancia de que formara parte de ese grupo de Padres que, bajo el nombre de "Coetus Internationalis Patrum", buscaban frenar la ferocidad del neomodernismo, Monseñor Pildain fue uno de los mayores opositores a la Declaración sobre la Libertad Religiosa. Al respecto dice su biógrafo, el Rvdo. Agustín Chil Estévez:

                    "A la minoría que se oponía a la Libertad Religiosa pertenecía Monseñor Pildain, quien trabajó con todas sus fuerzas y argumentos para mostrar lo que era inaceptable en esta Declaración... De todos los temas tratados en el Vaticano II, este (la Libertad Religiosa) debió ser el que más hizo trabajar y sufrir al Obispo de Canarias. Todas las sesiones en las que se trató este tema debieron ser un auténtico Vía Crucis para él". 

                    La aprobación final de la "Dignitatis humanae personae" causó al Obispo Pildain gran pesar y un profundo desconcierto. Este Obispo ejemplar, tan celoso en la práctica de la virtud, se sorprendió de que la Iglesia (de hecho, él creía que Pablo VI era el verdadero Papa y que el Vaticano II era un verdadero Concilio Ecuménico) aceptara y adoptara la doctrina contenida en ése documento.

                    Para representar esta importante y terrible circunstancia en la vida de Monseñor Pildain, recurro al testimonio de Monseñor José María Cirarda de Lachiondo, que en el tiempo del “Concilio” era Obispo auxiliar del Cardenal Bueno Monreal, Arzobispo de Sevilla, pero que conocía a Monseñor Pildain desde su más temprana juventud. He aquí la historia de Monseñor Cirarda de Lachiondo:

                    El 7 de Diciembre de 1965, conduje con el Obispo Pildain desde el Colegio Español hasta la Basílica de San Pedro para la sesión final de trabajo. El día anterior, se habían celebrado varias votaciones sobre varios documentos conciliares. Entre ellos, la declaración "Dignitatis humanae" sobre la Libertad Religiosa. Mientras conducíamos, el Obispo Pildain me dijo, casi textualmente:

                    -Si esta Declaración se aprueba hoy, regresaré a Canarias, subiré al púlpito con mi mitra y báculo, y les diré a mis Fieles: "El Concilio Vaticano II enseña algo diferente de lo que he explicado en diversas Cartas Pastorales sobre la libertad religiosa. No hagan caso de lo que he enseñado. El Concilio tiene razón".

                    Me impresionó la lucha interna que afligía al buen Don Antonio, y respondí: "No diga eso. Debe considerar que una curva es cóncava o convexa según el punto de vista desde el que se mire. En sus escritos, hablaba del derecho a la verdad. El Concilio, sin embargo, ha cambiado de perspectiva y habla del derecho de cada uno a actuar según su propia conciencia".

                    -No- respondió con firmeza. -No quiero escandalizarte. Pero si el Concilio aprueba el texto tal como está hoy, significa que defiende lo contrario de lo que enseñé. No lo entiendo.

                    Ante la pregunta, me atreví a hacerle una pregunta: "¿Por qué vuelve a usar el condicional "si el Concilio aprueba esta Declaración?". Sin duda, será aprobada hoy. Ayer, en la sesión a la que no asistió el Papa, solo recibió unos cien votos en contra. Hoy será aún menos contradicha. ¿Por qué sigue hablando en condicional "si se aprueba la Declaración…?".

                    Su respuesta me dejó casi petrificado. Hablo en condicional -me dijo-, porque ayer presenté un texto al Secretariado del Concilio, que empezaba: "Utinam ruat cupulla Sancti Petri super nos antequam approbemus Declarationem De Libertate Religiosa…" (Ojalá se derrumbe la cúpula de San Pedro sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración de la Libertad Religiosa…). Son las ocho y media de la mañana y aún puede pasar cualquier cosa. Hizo una pausa y añadió: —Don José María: No quiero escandalizarle. Tenga la seguridad de que si se aprueba la Declaración, volveré a Canarias, subiré al púlpito y, como le dije antes, le diré a mi pueblo: el Concilio enseñó una doctrina diferente a la que yo enseñé sobre la Libertad Religiosa. Me equivoqué. No hagan caso de lo que enseñé. El Concilio tiene razón.



Blasón Episcopal de Monseñor Pildain

                    La Declaración fue aprobada y Don Antonio cumplió su promesa... Murió sin comprender la doctrina conciliar sobre la Libertad Religiosa. Pero pidió a los Fieles que escucharan el Vaticano II y no lo que decían sus cartas pastorales anteriores . 

                    El mismo Monseñor Cirarda, en otro lugar, especifica que en la misma ocasión Monseñor Pildain le dijo: "Estoy convencido de que la Declaración sobre la Libertad Religiosa es un grave error. "¿Por qué?", ​​le pregunté. "Porque la Iglesia siempre ha enseñado lo contrario", sentenció Monseñor Pildain.

                    Las palabras dirigidas por el Obispo de Canarias a la Secretaría General del Concilio ("Que la cúpula de San Pedro se derrumbe sobre nosotros antes de que aprobemos la Declaración sobre la Libertad Religiosa...") son escalofriantes. Es una imagen que capta la dimensión precisa de lo que sucedía en el mundo durante los días de la aprobación de la "Dignitatis Humanae" y la promulgación del desafortunado concilio conocido como Vaticano II. La Iglesia no cesó, pero la vacancia de la Sede de Pedro, que ha perdurado desde entonces, se convirtió en una certeza.

                    Sin duda, el Obispo Pildain se equivocó al pensar que una doctrina contraria a la que siempre ha enseñado la Iglesia podía provenir de la propia Iglesia, con todo lo que ello implica en cuanto al reconocimiento de una autoridad pontificia a Pablo VI que ciertamente no poseía. Sin embargo, por otro lado, nunca adoptó posturas lefebvristas destinadas a comprometer la Doctrina Católica sobre la Infalibilidad de la Iglesia y del Papa.

                    La evidencia de su buena fe, unida a la franqueza de su firme negativa a admitir la continuidad de la nueva enseñanza sobre la Libertad Religiosa, promulgada por el Vaticano II, con lo que la Iglesia siempre había propuesto a los Fieles, es conmovedora y digna de reflexión, especialmente para quienes persisten, incluso hoy, en el desesperado intento de cuadrar el círculo. Es decir, creer, o intentar hacer creer, que la doctrina contenida en la Declaración Conciliar sobre la Libertad Religiosa concuerda con la Doctrina tradicional sobre la misma materia.

                    Nadie habría podido borrar de la mente del Obispo Pildain la conciencia de esa contradicción. Sin duda, su dolorosa experiencia nos entristece y nos anima a la vez, pues refuerza -si es que hacía falta- la certeza de que el Vaticano II, al proponer su doctrina sobre la Libertad Religiosa, se aparta de la Doctrina de la Iglesia, contradiciéndola irremediablemente.

                    A la decisión que todo Católico está llamado a tomar hoy ante las "novedades del Concilio" y la "era postconciliar", se podría aplicar la misma exhortación que el Obispo de Canarias dirigió a sus Fieles para alejarlos lo más posible del comunismo: o el Catolicismo pleno, sin concesiones, o las doctrinas mortíferas de los "Papas" Montini, Wojtyla, Ratzinger, Bergoglio, Prevost... No hay lugar a dudas.




miércoles, 31 de diciembre de 2025

NOS TOCA DEMOSTRAR NUESTRO AMOR A DIOS


                   Un buen Católico ha de abstenerse de participar en fiestas mundanas; esta noche de Fin de Año, al igual que los días de Carnaval, abundarán los excesos en la comida, en la impureza, en el alcohol... ¡cuántas almas engañadas por el mundo!, ¡cuántos que son seducidos por el Demonio sin apenas darse cuenta!, ¡por miles caerán en las garras de la impureza, vendiendo el precio de su alma por un momento de placer...!

                  A ti y a mí, por el contrario, nos toca demostrar nuestro amor a Dios y REPARAR por cuantos desprecian Su Divina Ley; a ti y a mí nos llama Cristo para que compartamos con Él la agonía de este nuevo Getsemaní; a ti y a mí al fin, nos convida el Señor a velar con Él, por el cruento dolor que le causan los pecados del mundo.

                  Te invito, como Cristo animó a Pedro, a Santiago y a Juan, a que hoy, antes de la medianoche y hasta bien pasada ésta, te encierres con Dios a solas; pídele a María nuestra Santa Madre que te acompañe, como lo hizo con Su Corazón cuando Jesús estuvo preso. Ella fue la primera adoradora de Jesús, siendo Su Sagrario viviente en el embarazo; luego, durante la Santa Infancia del Redentor fue Su Protectora junto a San José; en la vida pública de Nuestro Señor, María ocupó un discreto lugar hasta que llegó la hora suprema de la entrega en el Calvario, como Corredentora de las almas; pero aún hoy, María, en el Cielo y en la Tierra, acompaña a Cristo: en Su Corte de Gloria y en la soledad aterradora ante la caída continua de las almas que viven sin Dios...

                  Sería ideal hacer esta oración ante el Santísimo Sacramento, expuesto o en el Sagrario, pero si no te es posible, vuela en espíritu al Tabernáculo de tus amores y confidencias y figúrate al menos, presente ante Su Presencia Sacramental.

                  Así, en mitad del júbilo del mundo, compartirás la soledad y el dolor de Jesús, cautivo, preso, tratado por loco, azotado hasta casi la muerte... crucificado.


(Padre Alfonso María del Santísimo Sacramento)    




                       "Dichoso el varón que no anda en el consejo de los impíos, ni camina por las sendas de los pecadores ni se sienta en compañía de los malvados. Antes tiene en la Ley del Señor sus complacencias y a ella día y noche atiende. Este será como árbol plantado a la vera del arroyo, que a su tiempo da sus frutos, cuyas hojas no se marchitan" (Salmo 1, cap. 1, vers. 3).

                       Hemos leído, no sabemos dónde, ser costumbre de ciertos pueblos aguardar entre las emociones de un baile o de un banquete las doce de la noche del último día de diciembre y la subsiguiente entrada del primero de Año Nuevo.   

                       Comprendemos perfectamente la idea. Se reduce a ahogar en placeres y devaneos el severo recuerdo del año que expira y el del otro que va a empezar; es sencillamente levantar un poco de ruido en el corazón, aturdirse algún tanto para sentir menos esa aldabada convulsiva que nos da el año saliente al pasar rápido delante de nosotros para dar lugar al año entrante, como para advertirnos que no somos más duraderos que él y que no menos que a él va a tragarnos en breve la eternidad. Es puramente cuestión de miedo. El mundano se atolondra con sus locuras para distraerlo, del mismo modo que el niño cobarde canta y grita en la obscuridad para disimular su pavura.

                      El cristiano fiel ve muy de otra manera morir y renacer los años. Agradece a Dios los transcurridos, y espera de su bondad los que todavía le quiere conceder. Da una ojeada sobre los primeros para corregir los tropiezos de su vida si los hubo, y otra sobre los segundos para afirmarse en el bien y asegurarlo con nuevas resoluciones. Contempla sobre todo los beneficios sin número que le ha prodigado Dios, y los agradece, y pide su continuación confiado.

                       Con tales consideraciones procuran muchas almas cristianas despedir al año que se va, y dar la bienvenida al año que se viene. Para eso pasan muchos en meditación la hora última del día 31 de Diciembre. Y en varias Casas Religiosas, y en alguna Parroquia, se expone el Santísimo Sacramento al anochecer de este día y se le dedican las últimas horas de él.

                       De un modo o de otro de éstos quisiéramos santificasen tal día nuestros buenos lectores. Consideren los amigos y conocidos que de su lado ha arrebatado la muerte en los últimos doce meses; reflexionen lo que para ellos mismos se ha acortado el plazo que les separa de la eternidad; vean qué dones han recibido del Cielo y cuántos han aprovechado y cuántos malbaratado; examínense a sí propios, cómo viven, cómo morirían si hubiesen de morir hoy, y qué sentencia fuera la suya si hoy debiesen ser juzgados. Y si algo aman su propia alma, apresúrense a vivir ese poco que todavía les resta vivir, en conformidad con estas reflexiones. Más nuevas y más halagüeñas las puede haber, pero no más verdaderas y que más de cerca nos interesen.


(Padre Félix Sardá y Salvany, "Año Sacro", Tomo I, 1953)




jueves, 20 de noviembre de 2025

EL PRÍNCIPE DE LA JUVENTUD ESPAÑOLA, en el Aniversario de José Antonio Primo de Rivera

 

“Al deseadísimo Príncipe de la Juventud Española, 
al magnánimo Fundador de la Falange, 
que juntamente con muchos Mártires Gloriosos ofreció
 valerosamente su muerte por Dios y por la Patria, 
séale concedida la Luz de la Bienaventuranza, 
el recuerdo de los siglos y la corona 
de manos del Señor por toda la Eternidad”

Canto gregoriano entonado por los Monjes Benedictinos de Silos, 
en 1938, bajo la invocación: Dessideratisimo Principi Juventutis



               José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia nació el 24 de Abril de 1903. Fue el mayor de cinco hermanos que quedaron huérfanos de madre en 1908. Miembro de una aristócrata familia de tradición militar, optó sin embargo por la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde obtuvo la Licenciatura en 1922. Permaneció totalmente ajeno de la actividad política hasta que el 29 de Octubre de 1933, presentaría en el madrileño Teatro de la Comedia el nuevo movimiento, que se denominará Falange Española. A la muerte de su padre, el General Miguel Primo de Rivera, heredaría el Marquesado de Estella, con Grandeza de España. 

               En Febrero de 1934 la Falange se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) y , poco después, José Antonio sería proclamado Jefe Nacional del partido en Octubre de 1934. El 14 de Marzo de 1936 José Antonio fue detenido, junto a la mayor parte de la Junta Política de FE de las JONS. Mientras sus camaradas eran perseguidos —encarcelados o asesinados—, José Antonio tuvo que enfrentarse a diversos procesos judiciales hasta que el 5 de Junio de 1936 fue trasladado a la Cárcel Modelo de Alicante, donde se encontraba al producirse el Alzamiento el 18 de Julio. 


“Cuando un hombre, tras pública y sincera confesión de Fe,
 que es acto del entendimiento llega a la plenitud 
de conciencia de dicha subordinación, ese hombre posee 
en toda su pureza y con grado eminente la virtud 
de la Religión; la Religión del espíritu y de la verdad, 
exenta en lo posible de máculas, Misas de conveniencia
y fariseísmos puramente ritualísticos. 
De haberla poseído dio José Antonio muestras claras 
e irrebatibles en distintas ocasiones de su vida”


Testimonio del Arzobispo de Valladolid 
Mons. Remigio Gandásegui y Gorrochátegui 





               Deseoso de poner fin a la tragedia de la guerra, se ofreció para mediar con los sublevados con el propósito de establecer un régimen de salvación nacional, pero su oferta no fue atendida por el Gobierno republicano. Juzgado por rebelión, fue condenado a muerte y fusilado en la madrugada del 20 de Noviembre de 1936. Apenas unas horas antes, dejó escrito en su testamento: “Ojalá sea la mía la última sangre española que se vierta en discordias civiles”.

               Finalizada la Cruzada de Liberación y con la Victoria del Caudillo Franco, sus restos fueron trasladados al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Allí reposaron hasta que el 30 de Marzo de 1959 recibió sepultura ante el Altar Mayor de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, adonde llegó portado a hombros de sus camaradas, muchos de los cuales no tuvieron la oportunidad de conocerle en vida. En el granito de la losa que lo cubre simplemente aparece grabado el nombre con el que ha pasado a la Historia: José Antonio. Los martiriales restos de José Antonio fueron trasladados del Valle de los Caídos al Cementerio de San Isidro de Madrid el 25 de Abril de 2023.




domingo, 9 de noviembre de 2025

NUESTRA SEÑORA MARÍA SANTÍSIMA DE LA ALMUDENA, Patrona de la Villa y Corte de Madrid

 



“Que si bien se considera
Virgen Pura y excelente,
Vos en Madrid solamente
fuisteis la imagen primera
que reverenció su gente...”


(Verso dedicado a la Virgen de la Almudena en 1616)


                 Dice una antiquísima tradición que “cuando el Apóstol Santiago vino de Jerusalén a predicar a España, trajo a esta coronada Villa de Madrid, la milagrosísima Imagen que hoy llaman de la Almudena y la colocó  en esta Iglesia  en compañía de uno de los doce discípulos  llamado San Calocero, que fue el primero que predicó en ella el año del Señor de 38....”. (Según consta en una inscripción de 1640).

                 Al conquistar los musulmanes Madrid (Magerit lo llamaron los infieles) hacia el 714, la imagen de Nuestra Señora fue escondida por los Cristianos en un hueco practicado en las murallas de la Villa, en evitación de profanaciones y cumpliendo así el decreto Arzobispo de Toledo, Don Raymundo. En prueba de devoción, ocultaron, junto con la Virgen, dos velas encendidas, tapiando después el hueco con una gruesa pared de cal y canto.

                 El Rey Don Alfonso VI de León, conquista Madrid en torno al año 1083, y enseguida trata de hallar la Imagen de la Santísima Virgen, escondida por los Cristianos siglos atrás. El Monarca había hecho voto de buscarla incansablemente para restituirla al culto de los fieles, si Dios le concedía la victoria sobre los Sarracenos, y lograba tomar la fortaleza de Madrid. Pero una vez liberada ésta y no obstante sus pesquisas, no lograba localizar el sitio donde la Imagen estaba oculta.

                 Por ese deseo de que la Virgen Nuestra Señora fuese venerada hasta tanto se lograse hallarla, mandó pintar una Imagen, inspirándose en los rasgos que la tradición atribuía a aquélla imagen oculta y, no se sabe si por el deseo del artista o por gusto del propio Rey casado en aquel momento con Doña Constanza -hija de Enrique I de Francia-, pintaron en su mano una flor de lis.

                 La Imagen fue pintada sobre los muros de la antigua Mezquita musulmana. Tras las ceremonias de purificación y dedicación del Templo, quedó expuesta al culto en el cuadro hoy conocido por Nuestra Señora de la Flor de Lis.

                 Una vez conquistado Toledo, volvió Alfonso VI a insistir en la búsqueda de la Imagen oculta por los Cristianos. Así, en Noviembre de 1085, se celebró  un piadoso Novenario por el éxito de las pesquisas, que finalizó el día 9, con una devota procesión presidida por el Monarca y los Prelados; y al pasar la comitiva frente a la alhóndiga o Almudith, establecida por los moros, se desplomaron unas piedras, dejando al descubierto la Imagen llamada desde entonces de la Almudena, que según la tradición, conservaba encendidas dos candelas, con que fue escondida al ser ocultada 369 años antes.

                 Llevada a la Iglesia de Santa María, fue colocada solemnemente en el Altar mayor, donde permaneció hasta el día 25 de Octubre de 1868 en que, por demolición del Templo, fue instalada en el Convento de las Religiosas Bernardas del Santísimo Sacramento, en cuya Iglesia estuvo expuesta al culto hasta el 29 de Mayo de 1911, fecha en la que se trasladó con la mayor solemnidad a la Cripta de la Nueva Catedral que construía en honor de su Advocación junto al lugar de la muralla, donde fue hallada la Imagen por Alfonso VI, existiendo hoy en el hueco donde la Virgen estuvo oculta, una Imagen de piedra que conmemora el hecho.

                 El Papa San Pío X, la declaró por soberano decreto de Agosto 1908, Patrona de Madrid y señaló su Fiesta para el día 9 de Noviembre.