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viernes, 7 de junio de 2024

FESTIVIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

  

...te pido que el primer Viernes 
después de la Octava del Corpus 
se celebre una Fiesta especial 
para honrar a Mi Corazón...

Revelación del Sagrado Corazón de Jesús
a Santa Margarita María de Alacoque,
en Paray-le-Monial, Junio de 1675



               Con amor aun mayor latía el Corazón de Jesucristo cuando de su boca salían palabras inspiradas en amor ardentísimo. Así, para poner algún ejemplo, cuando viendo a las turbas cansadas y hambrientas, dijo: «Me da compasión esta multitud de gentes» (San Marcos, 8, 2); y cuando, a la vista de Jerusalén, su predilecta ciudad, destinada a una fatal ruina por su obstinación en el pecado, exclamó: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que a ti son enviados; ¡cuantas veces quise recoger a tus hijos, como la gallina recoge a sus polluelos bajo las alas, y tú no lo has querido!» (San Mateo,23, 37). 

               Su Corazón palpitó también de amor hacia su Padre y de santa indignación cuando vio el comercio sacrílego que en el templo se hacía, e increpó a los violadores con estas palabras: «Escrito está: "Mi casa será llamada casa de oración"; mas vosotros hacéis de ella una cueva de ladrones» (San Mateo, 21, 13)

               Pero particularmente se conmovió de amor y de temor su Corazón, cuando ante la hora ya tan inminente de los crudelísimos padecimientos y ante la natural repugnancia a los dolores y a la muerte, exclamó: «Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz» (San Mateo, 26, 39); vibró luego con invicto amor y con amargura suma, cuando, aceptando el beso del traidor, le dirigió aquellas palabras que suenan a última invitación de su Corazón misericordiosísimo al amigo que, con ánimo impío, infiel y obstinado, se disponía a entregarlo en manos de sus verdugos: «Amigo, ¿a qué has venido aquí? ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?» (San Mateo, 26, 50); en cambio, se desbordó con regalado amor y profunda compasión, cuando a las piadosas mujeres, que compasivas lloraban su inmerecida condena al tremendo suplicio de la cruz, las dijo así: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos..., pues si así tratan al árbol verde, ¿en el seco qué se hará?» (San Lucas, 23, 28).

               Finalmente, colgado ya en la cruz el Divino Redentor, es cuando siente cómo su Corazón se trueca en impetuoso torrente, desbordado en los más variados y vehementes sentimientos, esto es, de amor ardentísimo, de angustia, de misericordia, de encendido deseo, de serena tranquilidad, como se nos manifiestan claramente en aquellas palabras tan inolvidables como significativas: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (San Lucas, 23, 34); «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (San Mateo 27, 46); «En verdad te digo: Hoy estarás conmigo en el paraíso» (San Lucas, 23, 43); «Tengo sed» (San Juan, 19, 28); «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (San Lucas, 23, 46). 


Papa Pío XII, Encíclica "Haurietis aquas"
15 de Mayo de 1956



               La Devoción al Sagrado Corazón tiene doble objeto: se propone, en primer lugar, honrar, por medio de la adoración y del culto público, el Corazón de carne de Jesucristo y, en segundo lugar, tiende a honrar aquel Amor infinito que nos ha tenido desde Su creación y que todavía está consumiéndole por nosotros en el Sacramento de nuestros altares.

                ...al honrar el corazón de Jesús, no suprimimos lo restante del compuesto divino del hombre-Dios, ya que al honrar a Su Corazón lo que en realidad pretendemos es celebrar todas las acciones..., la vida entera de Jesucristo, que no es otra cosa que la difusión de Su Corazón al exterior.

                De la misma manera que los ojos ven y los oídos oyen, así también el corazón ama; es el órgano de que se sirve el alma para manifestar los afectos y el amor. En el lenguaje vulgar se confunden estos dos términos, y se emplea la palabra corazón para significar el amor y viceversa. El Corazón de Jesús fue, por ende, el órgano de Su Amor; cooperó en la obra de Su Amor, siendo el vehículo del mismo amor; experimentó todas las sensaciones de amor que pueden conmover al corazón humano, con la diferencia de que, amando el Alma de Jesucristo con un amor incomparable e infinito, Su Corazón es una hoguera inmensa de amor de Dios y de los hombres, y de esta hoguera salen de continuo las llamas más ardientes y más puras del amor divino. 

                Esas llamas le abrasaron desde el primer instante de su concepción hasta el último suspiro de Su vida y después de la Resurrección no han cesado ni cesarán jamás de abrasarle. El Corazón de Jesús ha latido y late cada día con innumerables Actos de Amor, cada uno de los cuales da más gloria a Dios que la que pueden darle todos los actos de amor de los Ángeles y de los Santos. Por consiguiente, entre todas las criaturas corporales es la que más contribuye a la Gloria del Creador y la que más merece el culto y el amor de los Ángeles y de los hombres. 

                ...todo el amor de la vida mortal del Salvador, Su Amor infantil en el Pesebre, Su Amor lleno de celo apostólico por la Gloria de su Padre durante Su predicación, Su Amor de Víctima sobre la Cruz..., todos esos amores se hallan reunidos y triunfantes en Su Corazón Glorioso que vive en el Santísimo Sacramento. Aquí debemos buscarle para alimentarnos de Su Amor. También está en el Cielo, pero para los Ángeles y los Santos ya coronados. En la Eucaristía está para nosotros: nuestra devoción al Sagrado Corazón debe ser, por consiguiente, eucarística, debe concentrarse en la Divina Eucaristía como el único centro personal y vivo del Amor y de las Gracias del Sagrado Corazón para con los hombres...



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                El Corazón de Jesús vive en la Eucaristía, supuesto que Su Cuerpo está allí vivo. Es verdad que este Corazón Divino no está allí de un modo sensible, ni se le puede ver, pero lo mismo ocurre con todos los hombres. Este principio de vida conviene que sea misterioso, que esté oculto: descubrirlo sería matarlo; sólo se conoce su existencia por los efectos que produce. El hombre no pretende ver el corazón de un amigo, le basta una palabra para cerciorarse de su amor. ¿Qué diremos del Corazón Divino de Jesús? Él se nos manifiesta por los sentimientos que nos inspira, y esto debe bastarnos.


Beato Pedro Julián Eymard, Consideraciones 
y Normas Eucarísticas de Vida Cristiana




jueves, 11 de marzo de 2021

Devocionario Católico: LA COMUNIÓN ESPIRITUAL, Unión de Amor con Jesús Sacramentado


"Amo tanto el deseo de un alma de recibirme, 

que me apresuro a venir a ella cada vez 

que me llama con sus anhelos..." 


Revelación de Nuestro Señor 

a Santa Margarita María de Alacoque


               La Comunión Espiritual es la reserva de la Vida y Amor Eucarístico, siempre disponible para los amantes de Jesús Sacramentado, oculto en los Sagrarios. 

               Por medio de la Comunión Espiritual, se satisfacen los deseos voraces del alma que quiere estar unida a Jesús, su Esposo. La Comunión Espiritual es una Unión de Amor entre el alma y Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. 

               Esta Unión es espiritual, más sin embargo, es real, más real que la unión entre el alma y el cuerpo, "porque el alma vive, más donde ama que donde vive" enseña San Juan de la Cruz. 

               La Comunión Espiritual asume que tenemos Fe en la Presencia Real de Jesús en el Tabernáculo e implica a la vez que quisiéramos la Comunión Sacramental, y así, demanda gratitud por el regalo que nos hace Jesús en este Sacramento.

              


Toca sobre la imagen para verla en su tamaño original; se recomienda su copia y difusión

               "Desea la Santa Madre Iglesia que los Cristianos, cuando realmente no pueden recibir con facilidad el manjar eucarístico -la Sagrada Comunión- lo reciban al menos espiritualmente, de manera que, con fe viva y despierta y con ánimo reverente, humilde y enteramente entregado a la divina voluntad, se unan a él con la más fervorosa e intensa caridad posible."

Papa Pío XII, Encíclica Mediator Dei, Noviembre de 1947


               "Hace falta que los pastores de almas enseñen que no hay sólo una manera para recibir los frutos admirables del sacramento de la Eucaristía, sino que hay dos: la Comunión Sacramental y la Comunión Espiritual."

Catecismo del Concilio Dogmático de Trento


               "...acercarse al Santísimo Sacramento en un estado de pecado mortal es una cosa, y ser indigno es otra muy distinta. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Él es quien lo desea. Vamos y humillémonos delante de Él y recibámoslo con un corazón contrito y lleno de amor." 

               "Durante el transcurso del día, cuando no te es permitido hacer otra cosa, llama a Jesús, aún en medio de todas tus ocupaciones, con un suspiro resignado del alma, y El vendrá y permanecerá siempre unido con tu alma por medio de Su Gracia y Su Santo Amor. Haz un vuelo espiritual hasta frente el Tabernáculo cuando no puedas estar ahí con tu cuerpo, y ahí derrama los deseos ardientes de tu espíritu y abraza al Amado de las almas mejor que si se te hubiera permitido recibirlo sacramentalmente..."

Padre Pío de Pietrelcina


               "...son dos las clases de personas que han de comulgar con frecuencia: las perfectas, porque, estando bien dispuestas, faltarían si no se acercasen al manantial y a la fuente de perfección, y las imperfectas, precisamente para que puedan aspirar a ella; las fuertes, para no enflaquecer, y las débiles, para robustecerse; las enfermas, para sanar, y las que gozan de salud, para no caer enfermas."  

               "...cuando no puedas tener el gozo de comulgar realmente en la Santa Misa, comulga, a lo menos, de corazón y en espíritu, uniéndote, con fervoroso deseo, a esta carne vivificadora del Salvador."

San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia


               "Para ser dulces, miremos al Dios de la Eucaristía; alimentémonos de aquel divino maná que contiene toda delicia; en la Comunión hagamos provisión de mansedumbre para todo el día: ¡tenemos tanta necesidad de ella!"

Beato Pedro Julián Eymard


               "La Fe en la Eucaristía, su perenne presencia, la mística renovación del Sacrificio del Gólgota, la Comunión física y espiritual con el único Redentor, Cristo, no sólo recuerda e impulsa a los hombres a la unión fraterna, sino que la realiza en aquel Cuerpo Místico del que forman parte muchísimos miembros actuales y al que todos están llamados a unirse.

               ¡Oh cuán distintas serían, en verdad, las familias, las ciudades, las naciones y el mundo entero si las almas todas, acercándose con frecuencia a este divino Horno de Amor, recibieran en sí una centella de aquel fuego hasta formar en ellas un benéfico incendio que destruyese todas las impurezas, limpiase todas las escorias, suavizase todas las diferencias, redujese a ceniza todos los egoísmos y calentase la frialdad de los corazones, devolviéndoles el palpitar sincero del amor fraternal y generoso!"

Papa Pío XII



jueves, 12 de noviembre de 2020

POR SU CORAZÓN VIVE EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO


               El alma devota del Sagrado Corazón de Jesús se ejercitará muy especialmente en actos de amor divino, puesto que este Corazón es ante todo el asiento y el símbolo de ese amor; y como el Santísimo Sacramento es la prenda sensible y permanente del Amor, en la Eucaristía el alma encontrará al Corazón de Jesús, y de este Corazón Eucarístico aprenderá a amar.




              Nuestra devoción al Sagrado Corazón debe ser, por consiguiente, eucarística, debe concentrarse en la Divina Eucaristía como el único centro personal y vivo del amor y de las gracias del Sagrado Corazón para con los hombres. ¿Por qué separar al Corazón de Jesús de su Cuerpo y de su Divinidad? ¿No es cierto que por Su Corazón vive en el Santísimo Sacramento y que por Él se halla Su Cuerpo vivificado y animado? Jesús Resucitado no muere ya. ¿Por qué separar ya Su Corazón de Su Persona y querer hacerle morir, por decirlo así, en nuestro espíritu? Este Corazón vive y palpita en la Eucaristía, no ya con la Vida del Salvador pasible y mortal, capaz de tristeza, de agonía, de dolor, sino con una vida resucitada y consumada en la Bienaventuranza.

               Sepamos honrar al Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía y hagamos de manera que siempre anden unidas estas dos cosas en nuestras devociones, sin admitir nunca separación entre el Sacratísimo Corazón de Jesús y la Santísima Eucaristía.


Beato Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas


               El Cuerpo y la Sangre de Cristo son necesarios para la salvación eterna. Privados de la Sagrada Comunión es conveniente hacer a menudo Comuniones Espirituales y así aumentar en nuestra alma el deseo de recibir a Jesús Sacramentado; aprovecha y procura hacer Comuniones Espirituales POR TODAS AQUELLAS ALMAS que no comulgan o lo hacen mal...






viernes, 17 de mayo de 2019

MAYO, MES DEDICADO A NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA. DÍA 17: "Vivir la vida de la Santísima Virgen"




EJERCICIO DEL MES DE MAYO 

en Honor de Nuestra Señora y Madre la Virgen María


           En el nombre el Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

          Bendita sea Tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía, por Tu Pura Concepción, ni de noche ni de día hasta morir en Tu amor. Amén.



MEDITACIÓN DIARIA, DÍA 17:

                "He sentido en mí un gran deseo de vivir la vida de la Santísima Virgen y de hacer un estudio continuado de Su humildad, de Su obediencia y de Su Amor divino; de pedir las luces del Espíritu Santo por María para conocer la Voluntad de Dios sobre mí…"

Beato Pedro Julián Eymard


AHORA REZA, CON PIEDAD Y DEVOCIÓN




INDULGENCIAS que podemos ganar 
y aplicar a las Almas del Purgatorio

          Una Indulgencia Plenaria a perpetuidad, a ser ganada una vez en el mes de Mayo, el mismo día de la Comunión, por todos los fieles católicos, que, todos los días de este mes, honren especialmente a la Santísima Virgen, sea en público, sea en privado, mediante homenajes, ejercicios piadosos o actos de virtud.

          Una indulgencia parcial de trescientos días para cada día del mes en que se haya rendido a María Nuestra Señora un homenaje público o particular. Indulgencias otorgadas por el Papa Pío VII, el 21 de Marzo de 1815 y del 18 de Junio de 1822, respectivamente.

          Para conocer el sentido y valor de las Indulgencias sólo tiene que tocar AQUÍ.


jueves, 20 de diciembre de 2018

LA DIVINA EUCARISTÍA: Alimento para vencer al mundo


               Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...

               Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.




                Jesucristo, realmente presente, aunque oculto, en la Hostia Divina, es adorado por la Iglesia como Dios. Ella le tributa los honores debidos a sólo Dios; se postra ante el Santísimo Sacramento como los moradores de la Corte Celestial ante la majestad soberana de Dios. Aquí no hay distinción: grandes y pequeños, reyes y vasallos, sacerdotes y fieles todos de cualquiera clase y condición que fueren, hincan su rodilla ante el Dios de la Eucaristía: ¡Es Dios! No basta la adoración a la Iglesia para atestiguar su fe, sino que quiere que vaya acompañada de espléndidos y públicos honores. Esas suntuosas basílicas son expresión de su fe en el santísimo, Sacramento. No ha querido construir sepulcros, sino templos que sean como un cielo en la tierra, donde su Salvador y su Dios encuentre un trono digno. 

                Con la más delicada atención y solícito cuidado ha dispuesto la Iglesia, descendiendo hasta los menores detalles, todo lo que se refiere al culto de la Eucaristía. No ha querido confiar a nadie este cuidado de honrar a su divino esposo, porque cuando se trata del santísimo Sacramento, todo es grande, importante, divino. Lo más puro que da la naturaleza, lo más precioso que se encuentra en el mundo, quiere consagrarlo al servicio regio de Jesús. Todo el culto de la Iglesia se refiere a este misterio, todo tiene un sentido ultraterreno y espiritual, posee alguna virtud, encierra alguna gracia.

                Cuando vemos postrados a los creyentes delante del sagrario, no podemos menos de exclamar: ¡Aquí hay alguien más grande que Salomón, superior a todos los ángeles! Está Jesucristo, ante el cual se dobla toda rodilla, lo mismo en el cielo que en la tierra y en los abismos del infierno. En presencia de Jesús sacramentado no hay grandeza que no se eclipse ni santidad que no se humille: todo ante Él queda como reducido a la nada.

                El que comulga puede estar seguro que conseguirá de Jesús las gracias que necesita para dominar las pasiones. Él mismo ha dicho: “Tened confianza en mí, que yo he vencido al mundo”. Él dijo a la tempestad: “Enmudece” y dice ahora al orgulloso, al avaro, al que siente en su interior la furia de los apetitos desordenados, al esclavo de sus concupiscencias y malos deseos: “Rompe tus cadenas... y vete en paz”. El que comulga se siente más fuerte. Al salir del santo banquete podría decir con san Pablo: “Dominaremos todos los obstáculos por aquél que nos ha amado”. Se ha operado un cambio súbito: interiormente se enciende en el corazón un fuego repentino. Dígasenos ahora: si Jesucristo no se hallara realmente presente en la sagrada Hostia, ¿podrían realizarse estos prodigios? ¡Ah, no!, que la naturaleza es más fácil de formar que de reformar. Cuesta mucho más al hombre corregirse y vencerse a sí mismo que practicar una buena obra exterior cualquiera, por difícil que sea, aunque sea heroica. El hábito es una segunda naturaleza. Sólo la Eucaristía, al menos ordinariamente y ateniéndonos a la experiencia, comunica el poder necesario para reformar los malos hábitos que nos dominan. 



Beato Pedro Julián Eymard
 Consideraciones y Normas Eucarísticas de Vida Cristiana




jueves, 8 de noviembre de 2018

LA DIVINA EUCARISTÍA: Su Corazón Glorioso vive en el Santísimo Sacramento


                Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...


               Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.


           
LECTURA-MEDITACIÓN


                La Devoción al Sagrado Corazón tiene doble objeto: se propone, en primer lugar, honrar, por medio de la adoración y del culto público, el Corazón de carne de Jesucristo y, en segundo lugar, tiende a honrar aquel Amor infinito que nos ha tenido desde Su creación y que todavía está consumiéndole por nosotros en el Sacramento de nuestros altares.

                ...al honrar el corazón de Jesús, no suprimimos lo restante del compuesto divino del hombre-Dios, ya que al honrar a Su Corazón lo que en realidad pretendemos es celebrar todas las acciones..., la vida entera de Jesucristo, que no es otra cosa que la difusión de Su Corazón al exterior.

                De la misma manera que los ojos ven y los oídos oyen, así también el corazón ama; es el órgano de que se sirve el alma para manifestar los afectos y el amor. En el lenguaje vulgar se confunden estos dos términos, y se emplea la palabra corazón para significar el amor y viceversa. El Corazón de Jesús fue, por ende, el órgano de Su Amor; cooperó en la obra de Su Amor, siendo el vehículo del mismo amor; experimentó todas las sensaciones de amor que pueden conmover al corazón humano, con la diferencia de que, amando el Alma de Jesucristo con un amor incomparable e infinito, Su Corazón es una hoguera inmensa de amor de Dios y de los hombres, y de esta hoguera salen de continuo las llamas más ardientes y más puras del amor divino. 

                Esas llamas le abrasaron desde el primer instante de su concepción hasta el último suspiro de Su vida y después de la Resurrección no han cesado ni cesarán jamás de abrasarle. El Corazón de Jesús ha latido y late cada día con innumerables Actos de Amor, cada uno de los cuales da más gloria a Dios que la que pueden darle todos los actos de amor de los Ángeles y de los Santos. Por consiguiente, entre todas las criaturas corporales es la que más contribuye a la Gloria del Creador y la que más merece el culto y el amor de los Ángeles y de los hombres. 

                ...todo el amor de la vida mortal del Salvador, Su Amor infantil en el Pesebre, Su Amor lleno de celo apostólico por la Gloria de su Padre durante Su predicación, Su Amor de Víctima sobre la Cruz..., todos esos amores se hallan reunidos y triunfantes en Su Corazón Glorioso que vive en el Santísimo Sacramento. Aquí debemos buscarle para alimentarnos de Su Amor. También está en el Cielo, pero para los Ángeles y los Santos ya coronados. En la Eucaristía está para nosotros: nuestra devoción al Sagrado Corazón debe ser, por consiguiente, eucarística, debe concentrarse en la Divina Eucaristía como el único centro personal y vivo del Amor y de las Gracias del Sagrado Corazón para con los hombres...

                El Corazón de Jesús vive en la Eucaristía, supuesto que Su Cuerpo está allí vivo. Es verdad que este Corazón Divino no está allí de un modo sensible, ni se le puede ver, pero lo mismo ocurre con todos los hombres. Este principio de vida conviene que sea misterioso, que esté oculto: descubrirlo sería matarlo; sólo se conoce su existencia por los efectos que produce. El hombre no pretende ver el corazón de un amigo, le basta una palabra para cerciorarse de su amor. ¿Qué diremos del Corazón Divino de Jesús? Él se nos manifiesta por los sentimientos que nos inspira, y esto debe bastarnos.


Beato Pedro Julián Eymard
 Consideraciones y Normas Eucarísticas de Vida Cristiana



jueves, 18 de octubre de 2018

LA DIVINA EUCARISTÍA: Al que es Amor habladle de amor


             Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...

            Recuerda además en tus oraciones, pedir hoy de manera especial por LA SANTIDAD SACERDOTAL, para que el Señor conserve en la fidelidad a los buenos sacerdotes y nos siga bendiciendo con el maravilloso regalo de Su Presencia en medio de la actual Apostasía.





LECTURA - MEDITACIÓN

             ¿Queréis ser felices en el amor a Jesús? Vivid pensando continuamente en la Bondad de Jesús, bondad siempre nueva para vosotros. Ved cómo trabaja el amor de Jesús sobre vosotros. Contemplad la belleza de sus virtudes; considerad más bien los efectos de su amor que sus ardores; el fuego del amor es en nosotros algo pasajero, pero su verdad permanece. Comenzad todas vuestras adoraciones por un acto de amor, que así abriréis deliciosamente el alma a la acción de la divina gracia. Muchas veces os detenéis en el camino porque empezáis por vosotros mismos; otras os extraviáis, porque os fijáis en alguna otra virtud que no es la del Amor. ¿No abrazan los niños a su madre aún antes de hacer lo que les manda? El amor es la única puerta del corazón.

             ¿Queréis distinguiros por la nobleza de vuestro amor?... Al que es el Amor por esencia habladle del amor. Hablad a Jesús de Su Padre celestial, a quien tanto ama; recordadle los trabajos que se ha impuesto por la gloria de Su Padre e inundaréis Su espíritu de felicidad. Él, en retorno, os amará cada vez más. Hablad a Jesús del Amor que tiene a todos los hombres y veréis cómo la alegría y el contento ensanchan Su Divino pecho, al mismo tiempo que vosotros participáis de esos dulces afectos; habladle de la Santísima Virgen y le renovaréis la dicha de un buen hijo que, como Jesús, ama entrañablemente a Su Madre; habladle de Sus Santos y le glorificaréis reconociendo la eficacia de Su gracia. El secreto del amor está en olvidarse, como san Juan Bautista, de sí mismo, para ensalzar y alabar a Jesucristo. 

            El verdadero amor no atiende a lo que da, sino a lo que merece el amado. Si obráis de esta manera, satisfecho Jesús de vuestra conducta, os hablará de vosotros mismos, os manifestará Su cariño y preparará vuestro corazón para que al aparecer en él los primeros rayos del sol de Su Divino Amor quede abierto a la acción de la gracia, a la manera que la flor, húmeda y fría durante la noche, abre su corola al recibir los primeros fulgores del astro del día. Entonces Su Voz dulcísima penetrará en vuestra alma como el fuego penetra en los combustibles y podréis decir con la esposa de los Cantares: “Mi alma se ha derretido de felicidad a la voz de mi amado” (Cant 5, 4). Escucharéis esta voz en silencio, o mejor, en el acto más intenso y suave del amor: os identificaréis con Él. 

            El obstáculo más deplorable al desenvolvimiento de la gracia del amor en nosotros es el comenzar por nosotros mismos tan pronto como llegamos a los pies del Buen Maestro, hablándole, enseguida, de nuestros pecados, de nuestros defectos y de nuestra pobreza espiritual; es decir, que nos cansamos la cabeza con la vista de nuestras miserias, y contristamos el corazón oprimiéndolo por el pensamiento de tanta ingratitud e infidelidad. De esta manera la tristeza produce pena, y la pena desaliento; y, para recobrar libertad en presencia del Señor, no salimos de este laberinto sino a fuerza de humildad y de angustia y de sufrimiento. No procedáis así en adelante. Y comoquiera que los primeros movimientos de vuestra alma determinan, de ordinario, las acciones subsiguientes, ordenadlos a Dios y decidle “Amado Jesús mío, ¡cuánta es mi felicidad y qué alegría experimento al tener la dicha de venir a verte, de venir a pasar en Tu compañía esta hora y poderte expresar mi amor! ¡Qué bueno eres, pues que me has llamado; cuán amable, no desdeñándote en amar a un ser tan despreciable como yo! ¡Oh, sí, sí; quiero corresponder amándote con toda mi alma!”. El amor os ha abierto ya la puerta del Corazón de Jesús: entrad, amad y adorad.



Beato Pedro Julián Eymard
 Consideraciones y Normas Eucarísticas de Vida Cristiana




jueves, 27 de septiembre de 2018

LA DIVINA EUCARISTÍA: Acompañar a Jesús Sacramentado con amor, confianza y sencillez


               Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...



           
LECTURA - MEDITACIÓN


               Si por vuestros achaques, enfermedad o por otra causa cualquiera os encontráis imposibilitados de hacer vuestra adoración, dejad que el corazón se contriste un instante y volad con el pensamiento al lado de Jesús, uniéndoos espiritualmente a los que le adoran en esos momentos. Durante vuestros viajes, cuando estéis ocupados en vuestros trabajos o postrados en el lecho del dolor, procurad guardar mayor recogimiento y conseguiréis el mismo fruto que si hubieseis podido ir a postraros a los pies del Buen Maestro. Él os tomará en cuenta esta hora y tal vez se duplicará su valor.

               Id a nuestro Señor como sois, haciendo la meditación con toda naturalidad. Antes de echar mano de los libros, agotad el caudal de vuestra piedad y de vuestro amor. Aficionaos al libro de la humildad y del amor, cuya lectura es inagotable. Bien está que os valgáis de algún libro piadoso, para volver al buen camino del que os habíais desviado cuando el espíritu comenzó a divagar, o se adormecían vuestros sentidos; pero tened en cuenta que el buen Maestro prefiere la pobreza de vuestro corazón a los más sublimes pensamientos y santos afectos que os puedan prestar otros. Busca vuestro corazón y no el de los demás; busca los pensamientos y la oración que de él os broten como expresión natural del amor que le profesáis.

               Si os halláis en la más completa impotencia, con el espíritu sumido en tinieblas, zarandeado el corazón por su frivolidad y el cuerpo atormentado por el dolor, haced la adoración del pobre, salid de vuestra pobreza e id a refugiaros en nuestro Señor; o bien, ofrecédsela para que su bondad tenga la ocasión de convertírosla en abundante riqueza, lo cual será una obra digna de su gloria.

                Pero resulta que os encontráis tristes y afligidos, de manera que todo se revela en vosotros y os impulsa a dejar la adoración, so pretexto de que ofendéis a Dios, de que, en vez de servirle, le deshonráis... ¡Oh, no!, no le prestéis oídos, ni os seduzca tan especiosa tentación, pues esa adoración es la adoración del combate, con lo que probáis vuestra fidelidad a Jesús contra vosotros mismos. No, no; no le desagradáis, antes al contrario, regocijáis a vuestro Señor que os está mirando. Si Satanás ha turbado vuestra quietud y sosiego es porque Él se lo ha permitido, y ahora, viendo cómo peleáis, espera que le prestéis el homenaje de vuestra perseverancia hasta el último instante del tiempo que le habéis prometido. Que la confianza, la sencillez y un grande amor a Jesús os acompañen siempre que vayáis a adorarle.



Beato Pedro Julián Eymard
 Consideraciones y Normas Eucarísticas de Vida Cristiana


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jueves, 17 de mayo de 2018

MAYO, MES DEDICADO A NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA. DÍA 17: "Vivir la vida de la Santísima Virgen"




EJERCICIO DEL MES DE MAYO 
en Honor de Nuestra Señora y Madre la Virgen María


          En el nombre el Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo. Amén.

          Bendita sea Tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza. A Ti celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía, por Tu Pura Concepción, ni de noche ni de día hasta morir en Tu amor. Amén.


MEDITACIÓN DIARIA, DÍA 17:

         He sentido en mí un gran deseo de vivir la vida de la Santísima Virgen y de hacer un estudio continuado de Su humildad, de Su obediencia y de Su Amor divino; de pedir las luces del Espíritu Santo por María para conocer la Voluntad de Dios sobre mí…


Beato Pedro Julián Eymard


AHORA REZA, CON PIEDAD Y DEVOCIÓN
LAS TRES AVEMARÍAS




INDULGENCIAS que podemos ganar 
y aplicar a las Almas del Purgatorio


          Una Indulgencia Plenaria a perpetuidad, a ser ganada una vez en el mes de Mayo, el mismo día de la Comunión, por todos los fieles católicos, que, todos los días de este mes, honren especialmente a la Santísima Virgen, sea en público, sea en privado, mediante homenajes, ejercicios piadosos o actos de virtud.

          Una indulgencia parcial de trescientos días para cada día del mes en que se haya rendido a María Nuestra Señora un homenaje público o particular.


Papa Pío VII, 21 de Marzo de 1815 y del 18 de Junio de 1822






jueves, 15 de febrero de 2018

AMOR A LA EUCARISTÍA, por el Beato Pedro Julián Eymard (Parte III)




Pater tales quaerit qui adorent eum…in spiritu et veritate 
“El Padre busca adoradores en espíritu y en verdad”

 (Evangelio de San Juan, capítulo 4, versículo 23)


     ¿Queréis ser felices en el amor a Jesús? Vivid pensando continuamente en la Bondad de Jesús, bondad siempre nueva para vosotros. Ved cómo trabaja el Amor de Jesús sobre vosotros. Contemplad la belleza de Sus virtudes; considerad más bien los efectos de Su Amor que Sus ardores; el fuego del amor es en nosotros algo pasajero, pero Su Verdad permanece. Comenzad todas vuestras adoraciones por un acto de amor, que así abriréis deliciosamente el alma a la acción de la divina gracia. Muchas veces os detenéis en el camino porque empezáis por vosotros mismos; otras os extraviáis, porque os fijáis en alguna otra virtud que no es la del amor. ¿No abrazan los niños a su madre aún antes de hacer lo que les manda? El Amor es la única puerta del corazón.


     ¿Queréis distinguiros por la nobleza de vuestro amor?… Al que es el Amor por esencia habladle del amor. Hablad a Jesús de su Padre Celestial, a quien tanto ama; recordadle los trabajos que se ha impuesto por la Gloria de Su Padre e inundaréis Su espíritu de felicidad. Él, en retorno, os amará cada vez más.

     Hablad a Jesús del amor que tiene a todos los hombres y veréis cómo la alegría y el contento ensanchan Su Divino Pecho, al mismo tiempo que vosotros participáis de esos dulces afectos; habladle de la Santísima Virgen y le renovaréis la dicha de un buen hijo que, como Jesús, ama entrañablemente a su madre; habladle de Sus Santos y le glorificaréis reconociendo la eficacia de Su gracia.




     El secreto del amor está en olvidarse, como san Juan Bautista, de sí mismo, para ensalzar y alabar a Jesucristo.

     El verdadero Amor no atiende a lo que da, sino a lo que merece el Amado.

     Si obráis de esta manera, satisfecho Jesús de vuestra conducta, os hablará de vosotros mismos, os manifestará su cariño y preparará vuestro corazón para que al aparecer en él los primeros rayos del sol de su divino amor quede abierto a la acción de la gracia, a la manera que la flor, húmeda y fría durante la noche, abre su corola al recibir los primeros fulgores del astro del día. Entonces su voz dulcísima penetrará en vuestra alma como el fuego penetra en los combustibles y podréis decir con la esposa de los Cantares: “Mi alma se ha derretido de felicidad a la voz de mi amado” (Cant 5, 4). Escucharéis esta voz en silencio, o mejor, en el acto más intenso y suave del amor: os identificaréis con Él.

     El obstáculo más deplorable al desenvolvimiento de la gracia del amor en nosotros es el comenzar por nosotros mismos tan pronto como llegamos a los pies del buen Maestro, hablándole, enseguida, de nuestros pecados, de nuestros defectos y de nuestra pobreza espiritual; es decir, que nos cansamos la cabeza con la vista de nuestras miserias, y contristamos el corazón oprimiéndolo por el pensamiento de tanta ingratitud e infidelidad. De esta manera la tristeza produce pena, y la pena desaliento; y, para recobrar libertad en presencia del Señor, no salimos de este laberinto sino a fuerza de humildad y de angustia y de sufrimiento.

     No procedáis así en adelante. Y comoquiera que los primeros movimientos de vuestra alma determinan, de ordinario, las acciones subsiguientes, ordenadlos a Dios y decidle “Amado Jesús mío, ¡cuánta es mi felicidad y qué alegría experimento al tener la dicha de venir a verte, de venir a pasar en Tu compañía esta hora y poderte expresar mi amor! ¡Qué bueno eres, pues que me has llamado; cuán amable, no desdeñándote en amar a un ser tan despreciable como yo! ¡Oh, sí, sí; quiero corresponder amándote con toda mi alma!”.

     El amor os ha abierto ya la puerta del Corazón de Jesús: entrad, amad y adorad.




(Continuará)