Nació el 22 de Agosto de 1567 en el Castillo de Thorens, Ginebra, en el seno de una noble familia de Saboya. A los catorce años fue enviado a París, en donde fue discípulo de los jesuitas durante siete años. Después estudió jurisprudencia en Padua, doctorándose en Derecho en 1592.
sábado, 29 de enero de 2022
SAN FRANCISCO DE SALES
jueves, 1 de abril de 2021
jueves, 11 de marzo de 2021
Devocionario Católico: LA COMUNIÓN ESPIRITUAL, Unión de Amor con Jesús Sacramentado
"Amo tanto el deseo de un alma de recibirme,
que me apresuro a venir a ella cada vez
que me llama con sus anhelos..."
Revelación de Nuestro Señor
a Santa Margarita María de Alacoque
La Comunión Espiritual es la reserva de la Vida y Amor Eucarístico, siempre disponible para los amantes de Jesús Sacramentado, oculto en los Sagrarios.
Por medio de la Comunión Espiritual, se satisfacen los deseos voraces del alma que quiere estar unida a Jesús, su Esposo. La Comunión Espiritual es una Unión de Amor entre el alma y Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Esta Unión es espiritual, más sin embargo, es real, más real que la unión entre el alma y el cuerpo, "porque el alma vive, más donde ama que donde vive" enseña San Juan de la Cruz.
La Comunión Espiritual asume que tenemos Fe en la Presencia Real de Jesús en el Tabernáculo e implica a la vez que quisiéramos la Comunión Sacramental, y así, demanda gratitud por el regalo que nos hace Jesús en este Sacramento.
"Desea la Santa Madre Iglesia que los Cristianos, cuando realmente no pueden recibir con facilidad el manjar eucarístico -la Sagrada Comunión- lo reciban al menos espiritualmente, de manera que, con fe viva y despierta y con ánimo reverente, humilde y enteramente entregado a la divina voluntad, se unan a él con la más fervorosa e intensa caridad posible."
Papa Pío XII, Encíclica Mediator Dei, Noviembre de 1947
"Hace falta que los pastores de almas enseñen que no hay sólo una manera para recibir los frutos admirables del sacramento de la Eucaristía, sino que hay dos: la Comunión Sacramental y la Comunión Espiritual."
Catecismo del Concilio Dogmático de Trento
"...acercarse al Santísimo Sacramento en un estado de pecado mortal es una cosa, y ser indigno es otra muy distinta. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Él es quien lo desea. Vamos y humillémonos delante de Él y recibámoslo con un corazón contrito y lleno de amor."
"Durante el transcurso del día, cuando no te es permitido hacer otra cosa, llama a Jesús, aún en medio de todas tus ocupaciones, con un suspiro resignado del alma, y El vendrá y permanecerá siempre unido con tu alma por medio de Su Gracia y Su Santo Amor. Haz un vuelo espiritual hasta frente el Tabernáculo cuando no puedas estar ahí con tu cuerpo, y ahí derrama los deseos ardientes de tu espíritu y abraza al Amado de las almas mejor que si se te hubiera permitido recibirlo sacramentalmente..."
Padre Pío de Pietrelcina
"...son dos las clases de personas que han de comulgar con frecuencia: las perfectas, porque, estando bien dispuestas, faltarían si no se acercasen al manantial y a la fuente de perfección, y las imperfectas, precisamente para que puedan aspirar a ella; las fuertes, para no enflaquecer, y las débiles, para robustecerse; las enfermas, para sanar, y las que gozan de salud, para no caer enfermas."
"...cuando no puedas tener el gozo de comulgar realmente en la Santa Misa, comulga, a lo menos, de corazón y en espíritu, uniéndote, con fervoroso deseo, a esta carne vivificadora del Salvador."
San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia
"Para ser dulces, miremos al Dios de la Eucaristía; alimentémonos de aquel divino maná que contiene toda delicia; en la Comunión hagamos provisión de mansedumbre para todo el día: ¡tenemos tanta necesidad de ella!"
Beato Pedro Julián Eymard
"La Fe en la Eucaristía, su perenne presencia, la mística renovación del Sacrificio del Gólgota, la Comunión física y espiritual con el único Redentor, Cristo, no sólo recuerda e impulsa a los hombres a la unión fraterna, sino que la realiza en aquel Cuerpo Místico del que forman parte muchísimos miembros actuales y al que todos están llamados a unirse.
¡Oh cuán distintas serían, en verdad, las familias, las ciudades, las naciones y el mundo entero si las almas todas, acercándose con frecuencia a este divino Horno de Amor, recibieran en sí una centella de aquel fuego hasta formar en ellas un benéfico incendio que destruyese todas las impurezas, limpiase todas las escorias, suavizase todas las diferencias, redujese a ceniza todos los egoísmos y calentase la frialdad de los corazones, devolviéndoles el palpitar sincero del amor fraternal y generoso!"
Papa Pío XII
viernes, 29 de enero de 2021
NUESTRA MEJOR MORADA ESTÁ EN LAS LLAGAS DE CRISTO, por San Francisco de Sales
...puesto que encuentro tantos bienes en las Llagas de mi Jesús, quiero seguir el consejo de San Buenaventura y tomo la resolución de hacer tres tiendas, no sobre el Tabor, pues Pedro no sabía lo que decía cuando hacía esta proposición a Jesús, sino en lo alto del Calvario donde el propio Señor nos ha preparado estas tres moradas en Sus Divinas Llagas.
La primera estará en las Llagas hechas a los pies de mi Salvador. Besaré con un vivo agradecimiento estos pies atravesados por amor a mí; allí aprenderé a alejar mis pies de todos los caminos que conducen a las locas alegrías del mundo; allí comprenderé la dicha de caminar... siguiendo las huellas... de los pasos de Jesús.
La segunda será las Llagas de Sus manos. Veré en ellas estas manos abiertas para recibirme, estos brazos extendidos para acogerme, sacaré de ello la fuerza y el poder que reside en estas manos adorables. “Es en estas manos donde se oculta la fuerza”, dice Habacuq.
La tercera, la más ancha, la más querida por mi corazón, será la Llaga que la lanza hizo en Su Costado. Estableceré mi morada en el Divino Corazón traspasado por mí. Junto a este hogar ardiente, sentiré reanimarse la llama de amor hasta ahora tan debilitada ¡Ah! Señor, vuestro Corazón es la verdadera Jerusalén; permitidme elegirlo para siempre para el lugar de mi reposo: “Es el lugar que he elegido para morar para siempre jamás.”
domingo, 22 de marzo de 2020
"NO TE PREOCUPES POR LO QUE PUEDE PASAR MAÑANA..."
jueves, 19 de marzo de 2020
FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ, ESPOSO VIRGINAL DE MARÍA, PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL
Del mismo modo que Dios designó al Patriarca José, hijo de Jacob, gobernador de todo Egipto para asegurar al pueblo el trigo necesario, así, cuando se cumplió el tiempo en que el Eterno había de enviar a la tierra a Su Hijo único para rescatar al mundo, escogió a otro José del que el primero era figura. Lo estableció Señor y Príncipe de Su casa y de Sus bienes; le confió Sus más grandes Tesoros. En efecto, José tomó como Esposa a María, la Virgen Inmaculada, de la que había de nacer, por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, quien pasó ante los ojos de todos como hijo de José y le fue sumiso en todo. Aquel que tantos profetas y reyes deseaban ver, José no sólo lo vio sino que conversaba con él, lo abrazaba con ternura paternal y lo cubría de besos; con un cuidado y solicitud sin igual alimentaba a Aquel que se haría para los fieles pan de vida eterna.
A causa de esta dignidad sublime que Dios confiere a su servidor fiel y solícito, la Iglesia siempre ha honrado y exaltado a José con un culto excepcional, aunque inferior al de la Madre de Dios. Siempre, en horas críticas, la Iglesia ha implorado su ayuda... Por esto, declaramos solemnemente a San José Patrón de la Iglesia Católica.
"...es conveniente que el Pueblo Cristiano se acostumbre a invocar con piedad ferviente y espíritu de confianza, juntamente con la Virgen Madre de Dios, a Su Castísimo Esposo San José, lo que tenemos la certeza de que ha de ser grato y conforme a los deseos de la misma Santísima Virgen..."
Acerca de la piadosa creencia de que el Glorioso San José, al morir para este mundo, no conoció la corrupción de la carne puesto que fue resucitado y ascendió a los Cielos con Cristo Nuestro Señor, son múltiples los teólogos, Santos y Videntes, que aseguran que San José, en virtud de los muchos privilegios con los que Dios lo bendijo, al tiempo de colmarlo de virtudes, indispensable estado para educar a Jesús Nuestro Señor, además de morir en los brazos de su Esposa María y del Redentor, obtuvo tras su muerte, el privilegio singularísimo de resucitar y ascender al Cielo en cuerpo y alma, compartiendo así la misma gracia que la Virgen Purísima.
Al respecto de la incorrupción de San José dejó escrito San Francisco de Sales:"¿Qué nos queda ya que decir sino que no debemos dudar ni en un punto que este Glorioso Santo tenga gran valimiento con aquel que lo magnificó hasta llevárselo consigo en cuerpo y alma al Cielo?...Si es verdad lo que debemos creer que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos en nuestros corazones, nuestros cuerpos resucitarán en el Día del Juicio, ¿cómo podemos dudar que Nuestro Señor haría subir consigo al Cielo en cuerpo y alma al Glorioso San José, que mereció la honra y la gracia de llevar con tanta frecuencia en sus benditos brazos a Jesús que en ellos tanto se complacía? ¡Cuántos besos le dio tiernamente con su boca bendita para recompensar en algún modo sus trabajos! Luego, sin duda ninguna, San José está en el Cielo en cuerpo y alma."(Sermón de San José)
Por su parte, San Bernardino de Siena lo afirma claramente: "Piadosamente se ha de creer, pero no asegurar, que el piadosísimo Hijo de Dios, Jesús, honrase con igual privilegio que a Su Santísima Madre, a Su padre putativo; de modo que como a Ésta la subió al Cielo Gloriosa en cuerpo y alma, así también el día de Su Resurrección unió consigo al Santísimo José en la Gloria de la Resurrección; para que como aquella Santa Familia –Cristo, la Virgen y José- vivió junta en la laboriosa vida y en gracia amorosa, así ahora en la Gloria feliz reine con el cuerpo y alma en los Cielos" (Sermo de S. Joseph, a. 3)
En épocas más recientes, teólogos como el Padre Bonifacio Llamera, O.P. sentencian al respecto de la posibilidad de que San José esté glorioso en el Cielo en cuerpo y alma: "Parece razonable que la Familia Sagrada, integrada por Jesús, María y José, predestinada a iniciar la nueva vida divina del linaje humano con anterioridad a todos los demás cristianos, inicie también la Vida Gloriosa de la Resurrección con anterioridad a todos los demás. Verdad es que Jesús y María son muy superiores a San José, pero esa superioridad no obstó para que el Santo Patriarca perteneciera a la Sagrada Familia y con nexo tan entrañable como el esponsal y paternal. No parece, pues, que estando ya resucitado Jesús, esté sin resucitar Su padre, y estando ya resucitada María, esté sin resucitar Su dignísimo Esposo..."
"...podemos, por tanto, creer que San José, nuestro amantísimo Patriarca, ha triunfado ya en cuerpo y alma, gozando como todos lo otros Santos y de un modo absoluto, de la vida del alma, y también de la vidas del cuerpo, que a él principalmente le es debida, en la divina e inseparable compañía de Jesús y de María" (La teología de San José, p. II, c. 6)
miércoles, 29 de enero de 2020
SAN FRANCISCO DE SALES, Obispo, Fundador y Doctor de la Iglesia
Breve síntesis biográfica del Santo Fundador de la Orden de la Visitación
Nació el 22 de Agosto de 1567 en el Castillo de Thorens, Ginebra, en el seno de una Noble familia de Saboya. A los catorce años fue enviado a París, en donde fue discípulo de los jesuitas durante siete años. Después estudió jurisprudencia en Padua, doctorándose en Derecho en 1592.
Tenemos otras obras maestras que brotaron de su pluma. Así, por ejemplo, el soberbio tratado de Teología, modelo acabado de controversia dogmática, digno de quien hoy ostenta el título de Doctor de la Iglesia: el primer título del Codex Fabrianus. San Francisco de Sales escribió el espléndido Tratado del amor de Dios. Y sobre todo contamos con la maravillosa colección de sus cartas. Escribió sin cansarse, a gentes de toda clase, de cualquier condición y cultura. En ellas brilla de manera maravillosa el celo pastoral, el profundo conocimiento de la psicología humana, la caridad sin límites del santo.
sábado, 23 de noviembre de 2019
RELIGOSAS MÁRTIRES DE LA VISITACIÓN, Mártires por Dios y por España
María Gabriela, Teresa María, Josefa María, María Engracia, María Ángela, María Inés y María Cecilia, siete vírgenes, todas ellas fieles religiosas de la Orden de la Visitación (Salesas); llevaban meses escondidas de la salvaje persecución religiosa que se vivía en Madrid y en toda España desde la proclamación de la II República. Eran horas de Getsemaní en las que las futuras Mártires esperaban la llegada de sus verdugos.
El 18 de Noviembre de 1936 se consuma la amenaza de los milicianos anarquistas que, después de tres registros, se habían despedido el día anterior con un lacónico: “-¡Hasta mañana!”.
domingo, 1 de septiembre de 2019
SOR BENIGNA CONSOLATA FERRERO, consoladora del Sagrado Corazón de Jesús
La que habría de ser una confidente más del Divino Corazón, nació en Turín, el 5 de Agosto de 1885. Muy joven todavía empezó a tener comunicaciones divinas. En 1906, a los 21 años, entró en el Monasterio de la Visitación de Pignerol, pero a los pocos días, asustadas las Superioras de aquellos caminos extraordinarios, la despidieron. En 1907 fue recibida en la Visitación de Como (al norte de Milán). El 28 de Noviembre de 1912 hizo su profesión solemne, y el uno de Septiembre (también entonces Primer Viernes) de 1916, a los 31 años de edad, moría con fama de santidad.
Desde el anonimato de la clausura, escribía cuanto le dictaba el Sagrado Corazón de Jesús, como lo hiciera con Santa Gertrudis, de modo semejante a Santa Margarita Mª. de Alacoque y como volverá a pasar con Sor Josefa Menéndez, de quien tanto hemos dado a conocer en este blog.
Aquí os dejo algunos extractos de esos Mensajes del Sagrado Corazón a Sor Benigna Consolata Fuerrero, que seguro servirán para cumplir con los deseos de desagravio y consuelo que tanto ha solicitado este Divino Corazón.
"Es necesario reavivar la devoción a este Corazón, para que el mundo se conmueva de nuevo. Mi Corazón ha de ser la salvación de todo el mundo, la salvación de cuantos lo busquen y lo conozcan..."
"Estoy preparando la obra de mi Misericordia; quiero un nuevo resurgimiento en la sociedad, y quiero que éste sea realizado por el amor."
"Yo no puedo resistir al ver tantas almas engañadas, y con ellas usaré de Misericordia, instruyéndolas cada vez más y llamándolas más dulcemente a Mi Divino Corazón. Yo les revelaré los secretos inefables de mi Divino Corazón y les enseñaré a vivir de Mi amor, de aquel Amor que vuelve suave el dolor más grande, y que hace gustar al alma una paz celestial, aun en medio de las más rudas pruebas."
"Mi Corazón, ¡oh amada!, es tan poco conocido, que si los hombres tuviesen que elegir entre Mí y un pedazo de pan, preferirían el pan... Esto me causa pena, mucha pena. Ver a los hombres que gimen, sufren privaciones, languidecen; conocer que tengo todo lo que necesitan, ver que lo rehúsan, que lo desprecian, es una pena que me pasa el Corazón.
Para no sentirla, sería menester no amar a los hombres como Yo los amo; sería menester no haber muerto por ellos como Yo he muerto... ¡Oh María! ¡Cuánto me preocupa el amor de los hombres! ¡Cuánto ansío su amor! Por esto, cuando Yo encuentro un corazón que me abre las puertas, me precipito dentro con todas mis gracias..."
miércoles, 21 de agosto de 2019
SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL
Breve Biografía de la Fundadora de la Orden de la Visitación (Monjas Salesas)
Santa Juana Francisca Fremiot nació en Dijon, Francia, el 23 de Enero, de 1572. Su madre murió cuando tenía tan solo dieciocho meses de vida. Su padre, hombre distinguido, de recia personalidad y una gran fe, se convirtió así en la mayor influencia de su niñez. A los veintiún años se casó con el Barón Christophe de Rabutin-Chantal, de quien tuvo seis hijos. Dos de ellos murieron en la temprana niñez. Un varón y tres niñas sobrevivieron. Tras siete años de matrimonio ideal, su esposo murió en un accidente de cacería. Ella educó a sus hijos cristianamente.
En el otoño de 1602, el suegro de Juana la forzó a vivir en su castillo de Monthelon, amenazándola con desheredar a sus hijos si se rehusaba. Ella pasó unos siete años bajo su errática y dominante custodia, aguantando malos tratos y humillaciones. En 1604, en una visita a su padre, conoció a San Francisco de Sales. Con esto comenzó un nuevo capítulo en su vida.
Bajo la brillante dirección espiritual de San Francisco de Sales, nuestra Santa creció en sabiduría espiritual y auténtica santidad. Trabajando juntos, fundaron la Orden de la Visitación de Annecy en 1610. El título oficial de la Orden fue la Visitación de Santa María.
Sabemos que cuando la Santa, bajo la guía espiritual de San Francisco de Sales, tomó la decisión de dedicarse por completo a Dios y a la vida religiosa, repartió sus joyas valiosas y sus pertenencias entre sus allegados y seres queridos con abandono amoroso. De allí en adelante, estos preciosos regalos se conocieron como "las Joyas de nuestra Santa." Gracias a Dios que ella dejó para la posteridad joyas aún más preciosas de sabiduría espiritual y edificación religiosa.
Uno de los factores providenciales en la vida de Santa Juana fue el hecho de que su vida espiritual fuera dirigida por dos de los más grandes santos todas las épocas, San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl. Todos los escritos de la Santa revelan la inspiración del Espíritu Santo y de estos grandiosos hombres. Ellos, a su vez, deben haberla guiado a los escritos de otros grandes santos, ya que vemos que ella les indicaba a sus Maestras de Novicias que se aseguraran de que los escritos de Santa. Teresa de Ávila se leyeran y estudiaran en los Noviciados de la Orden.
Santa Juana fue una auténtica contemplativa pero al igual que Santa Brígida de Suecia y otros místicos, era una persona muy activa, llena de múltiples proyectos para la gloria de Dios y la santificación de las almas. Estableció no menos de ochenta y seis casas de la Orden. Se estima que escribió no menos de once mil cartas, que son verdaderas gemas de profunda espiritualidad. Más de dos mil de éstas se conservan todavía. La fundación de tantas casas en tan pocos años, la forzó a viajar mucho, cuando los viajes eran un verdadero trabajo.
En 1622, murió San Francisco de Sales y su muerte constituyó un rudo golpe para la madre de Chantal; pero su conformidad con la voluntad divina le ayudó a soportarlo con invencible paciencia. El santo fue sepultado en el convento de la Visitación de Annecy.
La Reina Ana de Austria la convidó a París, donde la colmó de honores y distinciones con gran confusión por parte de la homenajeada. Al regreso, cayó enferma en el convento de Moulins, donde murió el 13 de Diciembre de 1641, a los sesenta y nueve años de edad. Su cuerpo fue trasladado a Annecy y sepultado cerca del de San Francisco de Sales.
jueves, 15 de agosto de 2019
LA GLORIOSA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO en cuerpo y alma
Antiquísima y universal es la creencia del pueblo cristiano que afirma que Nuestra Señora la Virgen Santísima no sufrió la corrupción del sepulcro por no haber sido nunca contaminada con pecado alguno, ni original ni actual; por Misterio de Ángeles fue asunta a los Cielos en cuerpo y alma.
Desde tiempo inmemorial se celebra con máximo esplendor esta Fiesta Litúrgica, que junto con la Navidad, Pascua y Pentecostés, constituye una de las cuatro fiestas más importantes del año.
Escogida como fiesta mayor de muchos pueblos y titular de numerosas iglesias.
El Misterio de hoy es conocido como Dormición y reposo de la Virgen para indicar la suavidad de Su muerte; Asunción para significar el momento en que el cuerpo de Nuestra Señora fue conducido gloriosamente al Cielo.
En algunos lugares se celebran procesiones con la imagen de la Virgen muerta, puesta a la veneración de los fieles por unos días.
La definición dogmática de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma a los Cielos, fue hecha el 1 de Noviembre del Año Santo de 1950, por el Papa Pío XII.
"¡Cuán activo y poderoso (...) es el amor divino! Que no os extrañe si os digo que Nuestra Señora de él murió, pues, llevando siempre consigo, en su corazón, las llagas del Hijo, las padecía sin consumirse, pero finalmente murió por el ímpetu del dolor. Sufría sin morir, pero al fin murió sin sufrir.
¡Oh amor de pasión! Si Su Hijo estaba en el Cielo, Su Corazón ya no estaba en Ella. Estaba en aquel cuerpo que amaba tanto, huesos de sus huesos, carne de su carne, y al Cielo volaba esa águila santa. Su Corazón, Su Alma, Su Vida, todo estaba en el Cielo: ¿por qué habían de quedarse aquí en la tierra?
“Finalmente, luego de tantos vuelos espirituales, tantos arrebatos y tantos éxtasis, ese castillo santo de pureza y humildad se rindió al último asalto del amor, después de haber resistido a tantos. El amor la venció, y consigo se llevó Su Bendita Alma."
Ved que ya entra María en la patria bienaventurada. Mas al entrar y verla tan hermosa y gloriosa, los espíritus celestiales preguntan a los que vienen de fuera, como contempla Orígenes (Cant.8,5): “¿Quién es esta criatura tan bella, que viene del desierto de la tierra, lugar de espinas y abrojos, mas Ella viene tan pura y tan rica de virtudes, apoyada en su amado Señor, que se digna acompañarla Él mismo con tanto honor?” “Quién es?”. Y los Ángeles que la acompañan responden: "Esta es la Madre de nuestro Rey, es nuestra Reina, es la bendita entre las mujeres, la llena de gracia, la santa de los santos, la predilecta de Dios, la inmaculada, la paloma, la más bella de todas las criaturas.”
Entonces, todos aquellos espíritus bienaventurados, comenzaron a bendecirla y alabarla, cantando, mejor que los hebreos a Judit (15,10): “Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú la alegría de Israel, Tú el honor de nuestro pueblo, Señora y Reina nuestra, Vos sois la gloria del cielo, la alegría de nuestra patria, el honor de todos nosotros. Sed por siempre bienvenida, sed por siempre bendita. Éste es vuestro reino, y todos nosotros somos vasallos vuestros prontos a cumplir vuestras órdenes”.
Luego se acercaron a darle la bienvenida y saludarla como a su Reina todos los Santos que hasta entonces estaban en el cielo. Llegaron todas las santas vírgenes y dijeron: “Santísima Señora,…Vos sois nuestra Reina porque fuisteis la primera en consagrar a Dios vuestra virginidad; todas nosotras te bendecimos y damos gracias.” Llegaron también los Mártires a saludarla como a su Reina, porque con su gran constancia en los dolores de la Pasión de su Hijo, les había enseñado e impetrado con sus méritos la fortaleza para dar la vida por la fe. Llegó Santiago el Mayor, el único de los Apóstoles que hasta entonces había subido al Cielo, y en nombre de todos los Apóstoles le dio gracias por todo el consuelo y la asistencia que les había prestado durante su permanencia en la tierra. Llegaron luego a saludarla los Profetas, y le decían: “Vos, Señora, sois la que vislumbramos en nuestras profecías.” Llegaron los santos Patriarcas y le decían: “Vos, María, fuisteis nuestra esperanza, y por tantos siglos tan suspirada.” Y entre éstos llegaron con mayor afecto a darle gracias nuestros primeros padres Adán y Eva, y le decían: “Hija predilecta, Tú has reparado el daño que nosotros hicimos al género humano. Tú devolviste al mundo la bendición perdida por nuestra culpa, por Ti somos salvos; ¡Seas por siempre Bendita!”
Llegó después a besarle los pies San Simeón, y le recordó con júbilo el día en que recibió de sus manos a Jesús niño. Llegaron San Zacarías y Santa Isabel, y de nuevo le dieron gracias por aquella amorosa visita que con tanta humildad y caridad les hizo en si casa, y por la cual recibieron tantos tesoros de gracias. Con mayor afecto llegó San Juan Bautista, a darle las gracias por haberlo santificado por medio de su voz. Y ¿Qué le dirían cuando llegaron a saludarla sus queridos padres San Joaquín y Santa Ana? ¡Oh Dios! Con cuánta ternura la debieron bendecir diciendo: “Hija amada ¿y qué dicha la nuestra la de tener una hija como Tú! Ahora eres nuestra Reina, porque eres la Madre de nuestro Dios; por tal te saludamos y te veneramos.”
Más, ¿Quién puede comprender el afecto con que llegó a saludarla su querido esposo San José? ¿Quién podrá explicar la alegría que sintió el Santo Patriarca al ver a su esposa entrar en el cielo con tanto triunfo y ser proclamada Reina de todos los cielos?¡Con cuanta ternura le debió decir!: “Señora y esposa mía, ¿Cuándo podré yo agradecer lo que debo a nuestro Dios por haberme hecho esposo vuestro, que sois su verdadera Madre? Por Vos merecí en la tierra asistir en su infancia al Verbo encarnado, tenerle tantas veces en mis brazos y recibir de Él tantas gracias especiales. ¡Benditos sean los momentos que empleé en la vida en servir a Jesús y a Vos, mi Santa Esposa! …
Por fin, todos los Ángeles llegaron a saludarla, y Ella, la Gran Reina, a todos dio las gracias por la asistencia que le habían prestado en la tierra; singularmente a San Gabriel Arcángel, feliz embajador de todas sus dichas, cuando bajó a darle la nueva de que era elegida para Madre de Dios.
Luego, arrodillada la humilde y Santa Virgen, adoró a la Divina Majestad, y toda abismada en el conocimiento de su nada, dio gracias por todos los dones que su bondad le había concedido, y especialmente, por haberla hecho Madre del Verbo Eterno. No hay quien pueda comprender con cuánto amor la bendijo la Santísima Trinidad; qué acogida hizo el Padre a Su Hija, el Hijo a Su Madre, el Espíritu Santo a Su Esposa. El Padre la coronó, comunicándole Su Poder, el Hijo la Sabiduría; el Espíritu Santo el Amor. Y todas las Tres Personas, colocando Su trono a la diestra de Jesús, la proclamaron Reina Universal del Cielo y de la Tierra, y mandaron a los Ángeles y a todas las criaturas que la reconocieran como su Reina, y como a tal la obedecieran y sirvieran.”
domingo, 7 de abril de 2019
DOMINGO DE PASIÓN. Reflexión de San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia
DEL AMOR QUE JESUCRISTO NOS TIENE
Considera el amor con que Jesucristo ha sufrido en el huerto de los Olivos y en el monte Calvario, este amor era para ti, y, con todas aquellas penas y trabajos, obtenía de Dios Padre, para tu corazón, las buenas resoluciones y promesas, y, por los mismos medios, todo lo que necesitas para mantener, alimentar, robustecer y consumar estas resoluciones. ¡Oh resolución, qué preciada eres, siendo hija de tal madre, cual es la Pasión de mi Salvador! ¡Oh, cómo te ha de amar mi alma, pues tan amada has sido de mi Jesús! ¡Ah Señor! ¡Oh Salvador de mi alma! ¡Tú moriste para obtener en mi favor estas resoluciones! Concédeme, pues, la gracia de que muera antes de dejarlas.
Ya ves, Filotea, cuanta verdad es que el Corazón de nuestro amado Jesús veía el tuyo, desde el árbol de la cruz, y le amaba, y, por este amor, obtenía para todos los bienes que jamás podrás tener, y entre otros, tus resoluciones. Sí, amada Filotea, nosotros podemos decir con Jeremías: “¡Oh Señor!, antes de que yo existiese, Tú me mirabas y me llamabas por mi nombre”, como sea que su bondad preparó, con su amor y su misericordia, todos los recursos generales y particulares de nuestra salvación, y, por consiguiente, nuestras resoluciones. Sí, ciertamente: así como la mujer que ha de ser madre prepara la cuna, las mantillas y las fajitas, y además busca nodriza para el niño que espera, aunque todavía no haya venido al mundo, así también Nuestro Señor, después de haberte concebido en su bondad y llevado en sus entrañas, al querer darte a luz para tu salvación y hacerte hija suya, preparó en el árbol de la cruz, todo lo que era menester para ti: tu cuna espiritual, tus mantillas y fajitas, tu nodriza, y todo lo que era conveniente para tu felicidad, a saber, todos los recursos, todos los alicientes, todas las gracias por las cuales conduce tu alma y quiere llevarla hasta la perfección. ¡Ah, Dios mío! ¡Cómo deberíamos grabar todo esto en nuestra memoria! ¿Es posible que yo haya sido amada, y tan dulcemente amada, de mi Salvador; que Él haya pensado particularmente en mí y en todos estos pormenores, con los cuales me ha atraído hacia Él? ¡Cómo hemos de amarle y emplearlo todo para nuestra utilidad!
Todo esto es muy dulce: este corazón amable de mi Dios pensaba en Filotea, la amaba y le procuraba mil medios de salvación, como si no hubiere más almas en el mundo en quienes pensar, de la misma manera que el sol ilumina un lugar de la tierra como si no iluminase otros y sólo iluminase aquél. Así Nuestro Señor pensaba y cuidaba de todos sus hijos, de forma que pensaba en cada uno de ellos, como si no hubiese tenido que pensar en los demás. “Me amó -dice San Pablo-, y se entregó por mí”; como si dijera: sólo por mí, como si nada hubiese hecho por los demás. Esto, Filotea, ha de permanecer grabado en nuestra alma, para tener en mucho y fomentar tu resolución, tan preciosa para el Corazón del Salvador.
DEL AMOR ETERNO DE DIOS A NOSOTROS
Considera el amor eterno que Dios te ha tenido; porque ya antes de que Nuestro Señor Jesucristo, en cuanto hombre, sufriese en la cruz por ti, su divina Majestad te concebía en su soberana bondad, y te amaba en gran manera. Mas, ¿cuándo comenzó a amarte? Comenzó cuando comenzó a ser Dios. ¿Y cuándo comenzó a ser Dios? Nunca, pues siempre ha sido, sin principio ni fin, y te ha amado siempre desde la eternidad; por esto te preparaba las gracias y los favores que te ha hecho. Lo dice por el profeta: “Te amaré (dice a ti y a cada uno de nosotros) con un amor perpetuo; por lo tanto te atraje, compadecido de ti”.
Ha pensado, pues, entre otras cosas, en hacerte formar tus resoluciones para servirle. ¡Dios mío! ¡Qué resoluciones son éstas, pensadas, meditadas, proyectadas por Dios, desde toda la eternidad! ¡Cuán amadas y preciosas han de ser para nosotros! ¡Qué no hemos de sufrir, antes que dejar perder una sola brizna de ellas! Ciertamente, ni que se hubiese de perder todo el mundo para nosotros, pues todo el mundo junto no vale lo que vale una alma, y una alma no vale nada sin nuestras resoluciones.
martes, 19 de marzo de 2019
NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, PATRÓN DE LA IGLESIA UNIVERSAL
San José es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre, hasta Su ingreso en el Cielo.
San José murió poco antes de comenzar Jesús Su vida pública, pues no vemos que aparezca, por ejemplo, en las bodas de Caná -hubiera sido, de no ser así lógica su asistencia-, ni en tantas otras narraciones de milagros y hechos de Jesús, y, sobre todo, cuando Él muere en la Cruz ¡jamás habría abandonado San José a Jesús en ese trance si hubiera vivido!. Que San José ya había muerto, nos lo confirma el hecho de que Jesús recomienda los cuidados de Su propia Madre a San Juan, dando a entender que ya no existía José, pues si no, es obvio que la hubiera confiado a Su Castísimo Esposo.
La Tradición sitúa la muerte de San José entre los 50 ó 55 años, asistido por Jesús y María. Jesús mismo le animaría a esperar la felicidad eterna, prometida a los que aman al Señor. La muerte de San José fue la más apacible y tranquila que pueda gozar el justo, es por eso que la Piedad Católica lo ha considerado Patrón de la Buena Muerte.
Algunos teólogos son de la opinión que el cuerpo de San José, unido a su alma, se encuentra también glorioso en el Cielo, compartiendo con Jesús y María la Eterna Bienaventuranza. Se considera que la plena glorificación del Patriarca San José tuvo lugar probablemente después de la Resurrección de Jesús. Uno de los fundamentos en que se basa esta doctrina, moralmente unánime desde el siglo XVI, es el dato que aporta el Evangelista San Mateo de los sucesos que ocurrieron a la Muerte del Señor "...muchos cuerpos de los santos, que habían muerto, resucitaron." (1) Doctores de la Iglesia y teólogos piensan que Jesús, al escoger una escolta de resucitados para afirmar Su propia Resurrección y dar más realce a Su Triunfo sobre la muerte, incluiría en primer lugar a Su padre adoptivo.
¡Cómo sería el nuevo encuentro de Jesús y San José! "El Glorioso Patriarca -afirma San Francisco de Sales- tiene en el Cielo un crédito grandísimo con Aquél que tanto le favoreció, conduciéndole al Cielo en cuerpo y alma (...) ¿Cómo iba a negarle esta gracia a quien toda la vida obedeció? Yo creo que José, viendo a Jesús, le diría: Señor mío, acuérdate de que cuando bajaste del Cielo a la tierra te recibí en mi familia y en mi casa, y cuando apareciste sobre el mundo Te estreché con ternura entre mis brazos. Ahora tómame en los Tuyos y, como Te alimenté y Te conduje durante Tu vida mortal, cuida Tú de conducirme a la Vida Eterna."
La excelsitud y el grado de Gloria que recibió el Santo Patriarca José, proporcionalmente a su misión y a los done otorgados, ha de colocarse, después de Santísima Virgen, en el más alto lugar. (2)
El Patrocinio de San José, por ser Universal, se extiende a la Iglesia Triunfante (en el Cielo), la Purgante (las Almas retenidas en el Purgatorio) y la Militante, que es aquella que formamos los bautizados que aún permanecemos en este mundo. San José fue el Custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia, por eso, si está unido para siempre con su Hijo y su Esposa, es lógico también que proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia nacida en el Santo Hogar de Nazareth.
"Del mismo modo que Dios designó al Patriarca José, hijo de Jacob, gobernador de todo Egipto para asegurar al pueblo el trigo necesario (3) así, cuando se cumplió el tiempo en que el Eterno había de enviar a la tierra a Su Hijo único para rescatar al mundo, escogió a otro José del que el primero era figura. Lo estableció Señor y Príncipe de Su casa y de Sus bienes; le confió Sus más grandes Tesoros.
En efecto, José tomó como esposa a María, la Virgen Inmaculada, de la que había de nacer, por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, quien pasó ante los ojos de todos como hijo de José y le fue sumiso en todo. Aquel que tantos Profetas y Reyes deseaban ver (4) José no sólo lo vio sino que conversaba con Él, lo abrazaba con ternura paternal y lo cubría de besos; con un cuidado y solicitud sin igual alimentaba a Aquél que se haría para los fieles Pan de Vida Eterna.
A causa de esta dignidad sublime que Dios confiere a Su servidor fiel y solícito, la Iglesia siempre ha honrado y exaltado a José con un culto excepcional, aunque inferior al de la Madre de Dios. Siempre, en horas críticas, la Iglesia ha implorado su ayuda... Por esto, declaramos solemnemente a San José Patrón de la Iglesia Católica."
NOTAS ACLARATORIAS
1- Evangelio de San Mateo, cap. 27, vers. 52 .
2- La Santa Iglesia Católica tributa a San José el singular culto de "protodulía", esto es, perteneciente al primer Santo, después de la Virgen María, a la que le corresponde el culto de "hiperdulía", muy por encima del culto con el que veneramos a los Ángeles y a los Santos.
3- Libro del Génesis, cap. 41,vers. 40.
4- Evangelio de San Lucas, cap. 10, vers. 24




































