jueves, 22 de enero de 2026

ASOCIARSE A CRISTO, ÚNICO Y ETERNO SACERDOTE


«Comprended lo que hacéis, imitad lo que traéis entre manos; 
para que, al celebrar el Misterio de la Muerte del Señor, 
procuréis purificar vuestros miembros de todos los vicios 
y concupiscencias. Sea vuestra Doctrina medicina espiritual 
para el Pueblo de Dios; sea el aroma de vuestra vida 
el preferido de la Iglesia de Cristo, para que, con la predicación 
y con el ejemplo, edifiquéis la casa que es la familia de Dios» 

De la Ordenación Sacerdotal, Pontifical Romano




                    Según las enseñanzas del Divino Maestro, la perfección de la Vida Cristiana tiene su fundamento en el amor a Dios y al prójimo; pero este amor ha de ser férvido, diligente, activo. Y, si así estuviere conformado, en cierto modo encierra ya en sí todas las virtudes; y por ello, con toda razón, puede llamarse «vínculo de perfección». Cualesquiera sean las circunstancias en que se encuentre el hombre, necesario es que dirija sus intenciones y sus actos hacia tal ideal.

                    A ello, pues, viene obligado de modo particular el Sacerdote. Porque todos sus actos sacerdotales por su misma naturaleza -esto es, en cuanto que el Sacerdote ha sido llamado a tal fin por divina vocación, y para ello ha sido adornado con un divino oficio y con carismas divinos- es necesario que tiendan a ello: pues él mismo tiene que asociar su actividad a la de Cristo, único y Eterno Sacerdote: y necesario es que siga e imite a Aquel que, durante Su vida terrenal, tuvo como fin supremo el manifestar Su ardentísimo Amor al Padre y hacer partícipes a los hombres de los infinitos tesoros de Su Corazón.

                    El principal impulso que debe mover al espíritu sacerdotal es el de unirse íntimamente con el Divino Redentor, el aceptar íntegra y dócilmente los mandatos de la doctrina cristiana, y el de llevarlos a la práctica, en todos los momentos de su vida, con tal diligencia que la fe sea la guía de su conducta y ésta, en cierto modo, refleje el esplendor de la Fe.

                    Guiado por el esplendor de esta virtud, siempre tenga fija su mirada en Cristo; siga con toda diligencia sus mandatos, sus actos y sus ejemplos; y hállese plenamente convencido de que no le basta cumplir aquellos deberes a que vienen obligados los simples fieles, sino que ha de tender cada vez más y más hacia aquella santidad que la excelsa dignidad sacerdotal exige, según manda la Iglesia: «El Clérigo debe llevar vida más santa que los seglares y servir a éstos de ejemplo en la virtud y en la rectitud de las obras».

                    La Vida Sacerdotal, del mismo modo que se deriva de Cristo, debe toda y siempre dirigirse a Él. Cristo es el Verbo de Dios, que no desdeñó tomar la naturaleza humana, que vivió su vida terrenal para cumplir la voluntad del eterno Padre, que difundió en torno a sí el aroma del lirio, que vivió en la pobreza, «que pasó haciendo el bien y sanando a todos»; que, en fin, se inmoló como hostia por la salvación de los hermanos. Ante vuestros ojos tenéis, amados hijos, el cuadro de aquella tan admirable vida: empeñaos con todo esfuerzo por reproducirla en vosotros, acordándoos de aquella exhortación: «Os he dado ejemplo para que vosotros hagáis como yo he hecho».

                    Sacerdotes y amadísimos hijos, en nuestras propias manos tenemos un tesoro grande, una margarita, la más preciosa: esto es, las riquezas inagotables de la sangre del mismo Jesucristo; usemos de ellas con mayor largueza, para que, por medio del sacrificio total de nosotros mismos, ofrecido junto con Cristo al Eterno Padre, en verdad lleguemos a ser mediadores de justicia «en aquellas cosas que tocan a Dios», y así sean aceptadas benignamente nuestras plegarias, logrando impetrar aquella lluvia de gracias tan abundantes que renueven y enriquezcan a la Iglesia y a las almas todas. 


Extracto de la Exhortación Apostólica "Menti Nostrae", 
del Papa Pío XII, 23 de Septiembre de 1950





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.