viernes, 22 de diciembre de 2017

ESCOGER SIEMPRE LA CORONA DE ESPINAS



     Amigos de la Cruz, discípulos de un Dios crucificado: el Misterio de la Cruz es un Misterio ignorado por los gentiles, rechazado por los judíos, menospreciado por los herejes y malos cristianos. Pero es el gran Misterio que tenéis que aprender en la práctica, en la escuela de Jesucristo. Solamente en su escuela lo podéis aprender. 

     En vano rebuscaréis en todas las academias de la Antigüedad algún filósofo que lo haya enseñado. En vano consultaréis la luz de los sentidos y de la razón. Sólo Jesucristo puede enseñaros y haceros saborear ese Misterio por su gracia triunfante. Adiestraos, pues, en esta sobre eminente ciencia bajo la dirección de tan excelente Maestro, y poseeréis todas las demás ciencias, ya que ésta las encierra a todas en grado eminente. Ella es nuestra filosofía natural y sobrenatural, nuestra Teología divina y misteriosa, nuestra piedra filosofal, que -por la paciencia- cambia los metales más toscos en preciosos; los dolores más agudos, en delicias; la pobreza, en riqueza; las humillaciones más profundas, en gloria. 

     Aquel de vosotros que sepa llevar mejor su cruz -aunque, por otra parte, sea un analfabeto-, es más sabio que todos los demás. Escuchad al gran San Pablo, que, al bajar del tercer cielo -donde aprendió misterios escondidos a los mismos Ángeles-, exclama que no sabe ni quiere saber nada fuera de Jesucristo Crucificado. ¡Alégrate, pues, tú, pobre ignorante; tú, humilde mujer sin talento ni letras; si sabes sufrir con alegría, sabes más que un doctor de la Sorbona que no sepa sufrir tan bien como tú!

     Sois miembros de Jesucristo. ¡Qué honor! Pero ¡qué necesidad tan imperiosa de padecer implica el serio! Si la Cabeza está coronada de espinas, ¿lo serán de rosas los miembros? Si la Cabeza es escarnecida y cubierta de lodo camino del Calvario, ¿querrán los miembros vivir perfumados y en un trono de gloria? Si la Cabeza no tiene donde reclinarse, ¿descansarán los miembros entre plumas y edredones! ¡Eso sería monstruosidad inaudita! ¡No, no, mis queridos Compañeros de la Cruz! No os hagáis ilusiones. 

     Esos cristianos que veis por todas partes trajeados a la moda, en extremo delicados, altivos y engreídos hasta el exceso, no son los verdaderos discípulos de Jesús Crucificado. Y, si pensáis lo contrario, estáis afrentando a esa Cabeza coronada de espinas y a la verdad del Evangelio. ¡Válgame Dios! ¡Cuántas caricaturas de cristianos que pretenden ser miembros de Jesucristo, cuando en realidad son sus más alevosos perseguidores, porque mientras hacen con la mano la señal de la cruz, son sus enemigos en el corazón! 

     Si os preciáis de ser guiados por el mismo espíritu de Jesucristo y vivir la misma vida de quien es vuestra Cabeza coronada de espinas, no esperéis sino abrojos, azotes, clavos; en una palabra, Cruz. Pues es necesario que el discípulo sea tratado como el Maestro, los miembros como la Cabeza. Y, si el Cielo os ofrece -como a Santa Catalina de Siena- una corona de espinas y otra de rosas, escoged sin vacilar la de espinas y hundidla en vuestra cabeza para asemejaros a Jesucristo.



jueves, 21 de diciembre de 2017

DIOS CAUTIVO QUE PIDE AMOR EN EL SAGRARIO




     Aquí tenéis Mi Corazón: os lo doy, os lo entrego sin reservas, en cambio del vuestro pecador e ingrato… ¡Oh, tengo sed, inmensa sed de ser amado, en este Sacramento del Altar… En él he sido hasta ahora el Rey del silencio, el Monarca del olvido… Pero ha llegado la hora de mis triunfos… Vengo a reconquistar la tierra… Sí, he de subyugarla, mal que pese al infierno, y la salvaré por la omnipotencia de Mi Corazón. Aceptádmelo, os lo ruego… tendedme las manos y el alma para recibir este supremo don de Mi Misericordia redentora… Fuego vengo a traer a la tierra, fuego de vida, de amor sin límites, fuego de santidad, fuego de sacrificio, y ¿qué he de querer sino que arda?…

     Poned los ojos en mi pecho herido… ahí tenéis el Corazón que os ha amado hasta los abatimientos de Belén… y más; hasta las humillaciones y oscuridades de Nazaret… mucho más aún; hasta las agonías afrentosas del Calvario… Es éste el mismo Corazón que dejó de latir en el Gólgota, sí, el mismo, que sigue amando en la hoguera inextinguible del Altar… de la Santa Eucaristía.

     ¡Y vosotros no me amáis!

     Por esto estoy triste hasta la muerte…

     Por esto, me apena hasta la agonía que la viña de Mis amores haya producido las espinas que circundan Mi Divino Corazón… Arrancádmelas en esta Hora Santa y amorosa, en esta hora feliz para vosotros, y también para este Dios-Cautivo, que brinda amor, que espera amor, que pide amor en el Sagrario.

     Desfallezco de caridad… acercaos y sostenedme en esta agonía sacramental de veinte siglos… ¡Sed Mis ángeles consoladores!…

     ¡Oh amo tanto, tanto…, y no me amáis bastante vosotros Mis amigos, vosotros Mis favorecidos!… ¡Ay! Y el mundo desconoce todas Mis finezas… rechaza Mis ternuras… malgasta y profana Mis misericordias…

     ¡Estoy triste hasta la muerte…, venid, éste es el Corazón que jamás dejó de amaros… venid, aceptadlo en prenda de resurrección! Hijos míos, venid y dadme en cambio del Mío vuestros corazones, vuestras almas, vuestras vidas, vuestras penas y alegrías… ¡Oh, sed todo míos!… ¡Y todos!… Os perdono… ¡pero amadme!… ¡Decídmelo de una vez… decidme que soy vuestro Rey y que aceptáis reconocidos el don incomparable de Mi Sagrado Corazón!…



LA HORA SANTA
por el Padre Mateo Crawley



miércoles, 20 de diciembre de 2017

VIDA DE SAN JOSÉ ( V ) PENAS Y CONSUELOS DE SAN JOSÉ EN BELÉN

       

          La Piedad Católica ha dedicado tradicionalmente el día MIÉRCOLES a rezar mediante la intercesión del GLORIOSO SAN JOSÉ. Por eso, todos los miércoles que sea posible -si no hay otra conmemoración más importante- procuraremos compartir breves extractos del libro "VIDA DE SAN JOSÉ", del Padre Francisco de Paula García, de la Compañía de Jesús.

           Procuremos no perder nuestras raíces cristianas, las mismas que un día hicieron grande nuestra Patria,  y continuemos al tiempo con aquéllas sencillas pero didácticas devociones de nuestros mayores; sólo abrazando con fuerza y sin respetos humanos la Fe de siempre, podremos seguir siendo fieles a la genuina Doctrina de Nuestro Señor Jesucristo.






     El empadronamiento general decretado por César Augusto obligó a la Virgen y a San José a dejar su casita de Nazaret. Había resuelto dicho emperador que, para formar el censo de los habitantes de sus dilatados dominios, se presentaran todos sus vasallos en el pueblo o lugar de su orígen para inscribir sus nombres en la lista de empadronamiento; y como la Virgen y San José eran oriundos de Belén, como descendientes de David, a este último punto tuvieron que trasladarse, emprendiendo para ello un largo y penoso viaje.

     Cumpliendo el objeto de éste, trataron los santos cónyuges de buscar albergue para pasar la noche. Tenían en Belén muchos deudos, algunos bien acomodados, y a sus casas fue San José suplicando les dieran asilo; pero halló todas las puertas cerradas, sin que uno quisiera recibirles. Viéndole tan pobre, todos le rechazaron, tal vez en forma descomedida, y esto anegó en amargura el ánimo del Santo Patriarca, más que por el desamparo en que se veía, por el desprecio y desamparo en que contemplaba a su Celestial Esposa. Y como la noche se les venía encima, y el tiempo era áspero y frío, corrió en busca de una posada, pero tampoco halló ninguna donde poder guarecerse.

     Cerca del muro de la ciudad, hay una cueva oscura, que como dice San Jerónimo, era un lugar como público y acogimiento común, donde acostumbraban a recogerse los pobres peregrinos y los pastores. Aquí se encontraron los santos viajeros, determinados a poner allí su morada, íntimamente persuadidos de que todo aquello se gobernaba por disposición de Dios, en cuya Voluntad y Providencia estaban de todo y en todo resignados.

     Tal vez, después de reparadas su fuerzas con frugal alimento, que llevarían prevenido, se acomodaron buenamente como pudieron; y estando San José, o absorto en la oración, o retirado de la cueva, o preso de dulce sueño, sintió María, no los dolores del parto como las demás mujeres, sino con trasportes de alegría los prenuncios de la hora felicísima; y haciendo templo magnífico del estado humilde, disponiéndose para recibir en Sus brazos al Rey Eterno más decentemente que en el rico lecho de Salomón, quedó arrebatada con la fuerza de contemplación altísima.

     En esta coyuntura vino al mundo el Deseado de las naciones, saliendo del claustro virginal de María Nuestra Señora como un rayo refulgente de luz sale de cristal clarísimo, como salió el mismo Salvador del sepulcro, sin abrir ni quebrantar la puerta en virtud del don de sutileza.

     De muchos bellísimos y sublimes arranques de entusiasmo hicieron demostración santos escritores al publicar el regocijo y consuelo que experimentó la Virgen Santísima al adorar a Jesús recién nacido; mas, ¿qué diremos nosotros al apuntar el placer y alegría que inundó el alma de San José en descubriendo al Niño Dios reclinado en el pesebre?. Dice San Juan Crisóstomo: "En viendo San José al Redentor ya nacido, sentía que su corazón le saltaba de júbilo y no le cabía en el pecho". ¡Cuántas ideas se agolparían en su mente con la contemplación de tan sublime espectáculo!.

     El aspecto del Niño Dios le hechizaba y suspendía; más al verlo sobre frías pajas en vil pesebre, temblando de frío y soltando de sus ojos alguna lagrimilla, sentía su alma herida de pesar y amargura.

     ¿Y qué diremos de los afectos que inundaron el corazón de San José al contemplar al recién nacido adorado primero por los ángeles, y seguidamente por los pastores, congregados por San Gabriel?. ¿Y qué de la piadosa visita de los Magos, que, guiados por la estrella milagrosa, penetraron en la santa cueva, y sin curarse de la pobreza del lugar, postráronse ante Jesús Nuestro Señor, le adoraron y le ofrecieron oro, incienso y mirra como a Dios, como Rey y como hombre?.


(Continuará...) 



martes, 19 de diciembre de 2017

"MÁNDAME A TU ÁNGEL PARA QUE ME DESPIERTE" El Padre Pío y su Ángel Custodio




     Entre los Santos que han visto a su Ángel y han experimentado sensiblemente su ayuda están Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), la Beata Ana Catalina Emmerick (1774-1824), Santa Catalina Lobouré (1806-1876), San Juan Bosco (1815-1888), Santa Gema Galgani (1878-1903), la Sierva de Dios Mónica de Jesús (1889-1964) y otros muchos. 

     En el caso del Padre Pío, la relación con su Ángel fue extremadamente estrecha y familiar y su devoción se la inculcaba siempre a sus hijos espirituales. Llamaba a su Ángel Custodio en sus cartas con diferentes nombres: angelito, buen angelito, celeste personaje, inseparable compañero, mensajero celeste, buen ángel custodio, buen secretario, pequeño compañero de mi infancia.  

     Cuando estaba enfermo y no había nadie que le pudiera ayudar en un momento determinado, era su ángel quien le hacía pequeños servicios. El Padre Paolino cuenta al respecto: Viviendo con el Padre Pío, llegué a tenerle cierta confianza. Cuando estaba enfermo, sudaba mucho y tenía necesidad de ayuda para cambiarse. Muchas veces yo estaba tan cansado que, apenas iba a la cama, me quedaba dormido. Un día le dije: - Si quieres que te ayude de noche, mándame tu Ángel para que me despierte. Padre Pío, muy tranquilo contestó: - Está bien.

     Ese día a medianoche fui despertado bruscamente. Pensé de inmediato en el Padre Pío, pero me quedé dormido de nuevo. A la mañana siguiente, le dije que había sentido que me despertaban y de nuevo me había dormido. Le dije: - ¿Para qué ha venido su Ángel a despertarme, si me ha dejado dormir otra vez? Si viene, que me despierte de modo que me levante. En la tarde de ese mismo día, le recordé lo mismo. En la noche me desperté y de nuevo me dormí. La tercera noche desperté de nuevo y me levanté corriendo para ir a la celda del Padre Pío. Le pregunté qué necesitaba y me respondió: - Estoy lleno de sudor y no puedo cambiarme solo. Las otras noches ¿quién lo cambiaba? Con seguridad su Ángel.




     Todos los Santos han tenido devoción a su Ángel Custodio y muchos de ellos lo veían con sus propios ojos y nos cuentan sus experiencias personales con este amigo inseparable, que Dios nos ha dado para nuestra santificación.

     La Santa Iglesia Católica celebra la Fiesta de los Ángeles Custodios el dos de Octubre de cada año. En la Sagrada Escritura encontramos diferentes textos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que hacen referencia directa a los Santos Ángeles:

     Yo mandaré un ángel delante de ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te ha dispuesto. Respétalo y obedécele, no le resistas. libro del Éxodo, capítulo 23, versículos 20-22

     Para el hombre hay un ángel, un protector entre mil que le hace ver su deber (Job 33, 23). 

     Mi ángel está con vosotros y os pedirá cuentas (Baruc 6, 6). 

     El ángel del Señor está en torno a los que le temen y los salva (Salmo 33, 8). 

     Los ángeles de los niños ven continuamente el Rostro de Mi Padre celestial (Evangelio de San Mateo, capítulo 8, versículo 10)

lunes, 18 de diciembre de 2017

LAS ALMAS DEL PURGATORIO: la herrumbre del pecado, impedimento para ver a Dios


   Ahora que se aproxima la Navidad, de alguna manera procuramos confraternizar más con nuestros semejantes; en esa espiral de compromisos, cenas, comilonas, fiestas, regalos...¿tendremos hueco para acordarnos de aquellas Almas que ya no están entre nosotros?

   Pocas veces pensamos en nuestro destino tras la muerte...pero déjame explicarte que la mayoría de los que no se condenan, van sin remedio al Purgatorio, porque a pesar de haber muerto en gracia de Dios, muy posiblemente cometieron en vida pecados mortales, que, después de ser confesados, deben ser purgados mediante la oración y la penitencia. Si en este mundo la deuda no queda saldada, por así decirlo, habrán de permanecer en el Bendito Purgatorio hasta que la Misericordia de Dios se apiade de esas Ánimas Benditas.

   No olvides, como cada Lunes, rezar por estas Benditas Almas que en el Purgatorio sólo dependen de tus oraciones, de lo poco que te puedas sacrificar por Ellas y de tu generosidad a la hora de dar limosna al necesitado u ofrecer estipendios de Misas por su pronta liberación.





      Las almas que están en el Purgatorio, según me parece entender, no pueden tener otra elección que estar en aquel lugar; y esto es por la ordenación de Dios, que ha hecho esto justamente.

      Ellas, reflexionando sobre sí mismas, no pueden decir: «Yo, cometiendo tales y tales pecados, he merecido estar aquí». Ni pueden decir: «No quisiera yo haberlos cometido, pues ahora estaría en el Paraíso». Y tampoco pueden decirse: «Aquéllas salen del purgatorio antes que yo», o bien «yo saldré antes de aquél».

      Y es que no pueden tener memoria alguna, en bien o en mal, ni de sí ni de otros, sino que, por el contrario, tienen un contento tan grande de estar cumpliendo la ordenación de Dios, y de que Él obre en ellas todo lo que quiera y como quiera, que no pueden pensar nada de sus cosas. Lo único que ven es la operación de la Bondad Divina, que tiene tanta misericordia del hombre para conducirlo hacia Sí; y nada reparan en sí mismas, ni de penas ni de bienes. Si en ello pudieran fijarse, no estarían viviendo en la pura caridad.

       Por lo demás, tampoco pueden ver a sus compañeras que allí penan por sus propios pecados. Están lejos de ocuparse en esos pensamientos. Eso sería una imperfección activa, que no puede darse en aquel lugar, donde los pecados actuales no son ya posibles.

      La causa del Purgatorio que sufren la conocieron de una sola vez, al partir de esta vida; y después ya no piensan más en ella, pues otra cosa sería un apego de propiedad desordenada.

      Estas Almas, viviendo en la caridad, y no pudiendo desviarse de ella con defectos actuales, por eso ya no pueden querer ni desear otra cosa que el puro querer de la caridad. Estando en aquel fuego purgatorio, están en la ordenación divina, que es la Pura Caridad, y ya no pueden desviarse de ella en nada, pues ya no pueden actualmente ni pecar ni merecer.

      No creo que sea posible encontrar un contento comparable al de un Alma del Purgatorio, como no sea en el que tienen los Santos en el Paraíso. Y este contentamiento crece cada día por el influjo de Dios en esas Almas; es decir, aumentado más y más a medida que se van consumiendo los impedimentos que se oponen a ese influjo.

      La herrumbre del pecado es impedimento, y el fuego lo va consumiendo. Así es como el alma se va abriendo cada vez más al divino influjo. Si una cosa que está cubierta no puede corresponder a la reverberación del sol -no por defecto del sol, que continuamente ilumina, sino por la cobertura que se le opone-, eliminada la cobertura, queda la cosa descubierta al sol. Y tanto más corresponderá a la irradiación luminosa, cuanto más se haya eliminado la cobertura.

      Pues así sucede con la herrumbre del pecado, que es como la cobertura de las almas. En el Purgatorio se va consumiendo por el fuego, y cuanto más se consuma, tanto más puede recibir la iluminación del sol verdadero, que es Dios. Y tanto crece el contento, cuanto más falta la herrumbre, y se descubre el alma al divino rayo. Lo uno crece y lo otro disminuye, hasta que se termine el tiempo. Y no es que vaya disminuyendo la pena; lo que disminuye es el tiempo de estar sufriéndola.

      Y por lo que se refiere a la voluntad de esta alma, jamás ella podrá decir que aquellas penas son penas; hasta tal punto está conforme con la ordenación de Dios, con la cual esa voluntad se une en pura caridad.


Santa Catalina de Génova
 TRATADO DEL PURGATORIO


sábado, 16 de diciembre de 2017

NUESTRA SEÑORA Y SU MENSAJE EN GARABANDAL. Parte 1 EL ABSURDO ATAQUE A UNA MANIFESTACIÓN CELESTIAL


LAS APARICIONES DE GARABANDAL, 
ATACADAS POR TRADICIONALISTAS
Y MODERNISTAS


OBJECIONES A LAS PRINCIPALES CRÍTICAS

     En los presentes artículos trataré de explicar mi particular postura acerca de las conocidas Revelaciones de Nuestra Señora en la aldea de San Sebastián de Garabandal, en Santander (España). No pretendo revelar ninguna opinión nueva, sino más bien plasmar el afecto que -pese a los ataques que recibe esta Manifestación Mariana- se tiene a Garabandal en no pocos círculos tradicionalistas, y que muchas veces son silenciados -a pesar de creer en la veracidad del Mensaje de Garabandal- por el hecho que las videntes, entonces niñas, "abrazaron la iglesia que surgió del Concilio", con todos los cambios y novedades que supusieron el nacimiento de una nueva religión.

     Tristemente se ha juzgado el fenómeno de Garabandal desde "sectores tradicionalistas" sin tan siquiera poner un pie en la aldea, se ha atacado sistemáticamente el Mensaje de Nuestra Señora argumentando que "las videntes aceptaron la Misa Nueva y todos los cambios del Concilio Vaticano II"; pues miren Vds., tampoco el Padre Pío alegó nada contrario al "Concilio" y aceptó, por obediencia, decir la Misa de Siempre pero de cara al pueblo, como atestiguan los vídeos que cualquiera puede ver en internet. Sobra añadir aquí los miles y miles de testimonios de almas santas, seglares y sacerdotes, que vieron con buenos ojos el "Concilio Vaticano II" y que sólo muchos años después, entendieron, ante la visión de los "frutos", que fue una perfecta maniobra para asentar errores en la Doctrina Católica, en la raíz misma de la Santa Iglesia.




     Así, comprobamos en otros lugares marianos, como Lourdes o Fátima, que la iglesia conciliar ha tomado posesión de ellos, de sus altares y confesonarios, y no por eso dejamos de creer en la veracidad de las apariciones originales; en la aldea de San Sebastián de Garabandal, como en casi todos los núcleos rurales de la época, se vivía la Santa Misa de siempre, precedida por el piadoso rezo del Rosario, cada día. También conviene señalar una acentuada devoción por las Benditas Ánimas del Purgatorio, por las que rezaba todo el pueblo cada tarde mientras eran avisados por una mujer que recorría las calles de Garabandal tocando una campana, que era la que le pedía las limosnas de oraciones para las Ánimas.

     Entre las muchas páginas que alegremente critican a Garabandal -compruebo que algunos bloggers, lejos de razonar o investigar, se limitan a copiar y pegar el material de otros contrarios a estas manifestaciones- también he encontrado "argumentos" que me han sacado alguna que otra sonrisa, "razonamientos" tales como que  "las niñas durante los éxtasis caminaban hacia atrás" o "hablaban con la Virgen de las vacas"; olvidan aquí, esos que se llaman devotos de Nuestra Señora, que la Virgen en Lourdes mandó a Berbardette lavarse la cara con fango, besar el suelo o comer hierba en señal de penitencia... tampoco entonces faltaron almas que tacharon a la niña vidente de "desequilibrada" o "histérica". La Virgen como Madre, se preocupaba por las vacas de las niñas de Garabandal, como se preocupó el Señor por el destino de los pájaros del milagro de San Antonio, ante el cual un burro se postró de rodillas cuando llevaba el Santísimo Sacramento o permitió, en otra época, que San Francisco predicara a los peces.

     Se ataca el Mensaje de Garabandal tratando de desacreditar a las niñas, aún después de mayores, alegando que "ninguna de ellas abrazó la vida religiosa", olvidando -una vez más- que tampoco el pobre indio de Guadalupe, Juan Diego, así como los niños videntes de la Virgen en La Salette, fueron religiosos, como tampoco lo fueron otras tantas almas agraciadas incluso ya no sólo ver a la Virgen y a Nuestro Señor, sino además compartir con Él los estigmas de la Pasión, como ocurriera en la vida de Teresa Neumann o Santa Gema Galgani

     En resumen se pude decir que las antipatías por Garabandal de los sectores tradicionales, tienen su raíz en que las entonces niñas, con el tiempo abrazaron la "misa nueva" y demás cambios post-conciliares, no hay más. A partir de ahí, cualquier elemento se convierte en arma arrojadiza para desprestigiar esta Aparición Mariana, como ocurre de igual forma desde los sectores más "progresistas", donde se tilda a Garabandal de "fenómeno de histerismo", "fanatismo reaccionario"... ni los unos (católicos tradicionalistas) ni los otros (modernistas), se ha molestado en leer y estudiar los testimonios no sólo de la gente sencilla del pueblo, sino el relato formal y profesional de médicos, psiquiatras, sacerdotes con fama de santidad y hasta del suboficial de la Guardia Civil, testigos directos de las Apariciones de la Virgen en Garabandal y que desmontan todas las MENTIRAS y ABSURDOS ANÁLISIS que con posterioridad se han inventado.

    Más adelante procuraré argumentar en contra de otras objeciones sobre Garabandal, pero de entrada, quisiera compartir una sencilla reflexión acerca del contexto de las Apariciones de la Virgen en esta aldea del Norte de España.






LA VIRGEN SE MANIFIESTA EN GARABANDAL
 TRAS NO LEERSE EL SECRETO DE FÁTIMA EN 1960
y coincidiendo con el inicio del "Concilio Vaticano II"


EN 1960, SE DESOYE A LA VIRGEN

     En el momento de las Primeras Apariciones (18 de Junio de 1961) las niñas, Mariloli Mazón, Conchita, Jacinta y Maricruz González -a pesar del apellido, sin parentesco entre ellas- apenas contaban entre 11 años tres de ellas y la mayor 12; eran pequeñas con apenas estudios básicos, cuasi aisladas en una aldea donde como mucho, se usaba una bombilla en el salón principal de las humildes casas.

     En Roma, el "Concilio Vaticano II" había sido convocado dos años antes, el 25 de Enero de 1959, por Angelo Roncalli, Juan XXIII, que desatendiendo la petición de Nuestra Señora de Fátima, no reveló al mundo la Tercera Parte del Secreto de Fátima.(1)

     No podemos dejar de recordar ahora, la curiosa y después "negada" ENTREVISTA DEL PADRE AGUSTÍN FUENTES (Postulador de la Causa de Canonización de Francisco y Jacinta Marto) con la única superviviente entonces de las Apariciones de Fátima, cuando refiriéndose al Tercer Secreto de Fátima Sor Lucía se queja: “La Santísima Virgen está muy triste, pues nadie le da ninguna importancia a Su Mensaje ... Ni los buenos ni los malos ...

     Así, el 17 de Agosto de 1959, Juan XXIII había solicitado que le llevasen el Secreto que Sor Lucía había redactado en el Carmelo de Coimbra y lo leyó ayudado de un traductor portugués, Mons. Paulo José Tavarez; poco después, el Secreto sería leído al Cardenal Ottaviani, Prefecto del Santo Oficio. El 8 de Febrero de 1960, Roma se limitó a publicar un comunicado mediante el cual se explicaba que el Secreto de Fátima no se daría a conocer (2) y terminaba el comunicado diciendo literalmente “Aunque la Iglesia reconoce las apariciones de Fátima, no tiene el deseo de asumir la responsabilidad de garantizar la veracidad de las palabras que los tres pastorcitos dijeron que la Virgen María les había dirigido” (Poniendo en tela de juicio las palabras de Sor Lucía...)

     El Cardenal Ottaviani cuenta que "el Papa Juan XXIII puso el Secreto en uno de esos archivos que son como un pozo muy profundo, oscuro, en cuyo fondo caen papeles en forma tal que ya nadie los puede volver a ver"


(Continuará...)


NOTAS:

     (1) El 3 de Enero de 1944, a instancias del Obispo de Leiria y con el debido permiso de Nuestra Señora, Sor Lucía, niña vidente de la Virgen en Fátima, escribió la Tercera Parte del Secreto, que mandó entregar al Obispo por medio de un portador, en sobre lacrado, con una nota que señalaba que no podía ser divulgado a su muerte o en 1960, según expreso deseo de Nuestra Señora.

     El Obispo, Mons. José Alves Correia da Silva, colocó el sobre enviado por Sor Lucía dentro de uno mayor, que asimismo lacró y guardó en la caja fuerte de la Curia episcopal.


     A comienzos de 1957, la Sagrada Congregación del Santo Oficio -actual Congregación para la Doctrina de la Fe- pidió que el documento fuese remitido a Roma. Para ese efecto, fue entregado en la Nunciatura Apostólica de Lisboa, desde donde el Nuncio, Mons. Fernando Cento, lo condujo al Vaticano, donde ingresó en el Archivo Secreto del Santo Oficio el día 4 de Abril de 1957.

     (2) La revelación de los primeros dos Secretos de Fátima,  sobre la Visión del Infierno y el Fin de la II Guerra Mundial, fue en 1942, con el consentimiento del Papa Pío XII, quedando pendiente la Tercera Parte o Tercer Secreto, previsto de anunciar al mundo en 1960.




viernes, 15 de diciembre de 2017

EL VERDADERO PARAÍSO TERRENAL




     Llevad vuestra Cruz con alegría. Encontraréis en ella una fuerza victoriosa, a la cual ningún enemigo vuestro podrá resistir; una dulzura encantadora, con la cual nada se puede comparar. Sí, hermanos, sabed que el verdadero paraíso terrenal consiste en sufrir algo por Jesucristo. Preguntad a todos los Santos. Os contestarán que jamás gozaron tanto ni sintieron mayores delicias en el alma como en medio de sus mayores tormentos. «Vengan sobre mí todos los tormentos del demonio», decía San Ignacio Mártir. «O padecer o morir», decía Santa Teresa. «No morir, sino padecer», decía Santa Magdalena de Pazzi. «Padecer y ser despreciado por ti», decía San Juan de la Cruz. Y tantos otros hablaron el mismo lenguaje, como leemos en sus biografías.

     Confiad en Dios, carísimos hermanos. Cuando padecemos con alegría y por Dios, la Cruz se convierte en objeto de toda clase de alegrías para toda clase de personas, dice el Espíritu Santo. La alegría de la Cruz es mayor que la del pobre que se ve colmado de toda clase de riquezas. Es mayor que la del mercader que gana millones. Mayor que la del general que lleva su ejército a la victoria. Mayor que la de los prisioneros que se ven liberados de sus cadenas. En fin, imaginad las mayores alegrías de esta tierra: todas quedan superadas por la alegría de una persona crucificada que sepa sufrir bien.

     Regocijaos, pues, y saltad de alegría cuando Dios os regale alguna cruz. Porque, sin daros cuenta, lo más valioso que existe en el cielo y en el mismo Dios recae sobre vosotros. ¡Magnífico regalo de Dios es la Cruz! De entenderlo, encargarías Misas, harías Novenas en los sepulcros de los Santos, emprenderías largas peregrinaciones -como lo hicieron los Santos- para obtener del Cielo este regalo divino. 

     El mundo llama locura, infamia, necedad, indiscreción, imprudencia; dejad hablar a esos ciegos. Su ceguera -que les lleva a juzgar humanamente de la Cruz, muy al revés de lo que es en realidad- forma parte de nuestra gloria. Cada vez que nos proporcionan alguna cruz por sus desprecios y persecuciones, nos regalan joyas, nos elevan al trono y nos coronan de laureles.



jueves, 14 de diciembre de 2017

DEVOCIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS POR LOS SACERDOTES

      Siguiendo el esquema de piedad "LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO" dediquemos este día jueves a orar de manera especial por la santidad de los sacerdotes católicos; meditemos también acerca del Gran Misterio de la Santa Misa por medio de las indignas manos de un hombre que en el Altar y en el confesionario es el mismo Cristo.     

      El Seráfico San Francisco de Asís, el Santo que tal vez más se asemejó con Nuestro Señor Jesucristo, destacó por su amor a los sacerdotes y a su celestial labor: celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, privilegio reservado sólo a ellos y del que ni la Purísima Madre de Dios participó.




      “Ardía en fervor, que le penetraba hasta la médula, para con el Sacramento del Cuerpo del Señor, admirando locamente su preciosa condescendencia y su condescendiente caridad. Juzgaba notable desprecio no oír cada día, a lo menos, una Misa, pudiendo oírla. Comulgaba con frecuencia y con devoción tal, como para infundirla también a los demás. Como tenía en gran reverencia lo que es digno de toda reverencia, ofrecía el sacrificio de todos los miembros, y al recibir al Cordero inmolado inmolaba también el alma en el fuego que le ardía de continuo en el altar del corazón.

      Quiso a veces enviar por el mundo hermanos que llevasen copones preciosos , con el fin de que allí donde vieran que estaba colocado con indecencia lo que es el precio de la redención, lo reservaran en el lugar más escogido.

      Quería que se tuviera en mucha veneración las manos del sacerdote, a las cuales se ha concedido el poder tan divino de realizarlo. Decía con frecuencia: "Si me sucediere encontrarme al mismo tiempo con algún Santo que viene del Cielo y con un sacerdote pobrecillo, me adelantaría a presentar mis respetos al presbítero y correría a besarle las manos, y diría: “¡Oye, San Lorenzo, espera, porque las manos de éste tocan al Verbo de la Vida y poseen algo que está por encima de lo humano."


Extracto tomado de la Vida Segunda de San Francisco de Asís, 
escrita por el Beato Tomás de Celano, N° 201



miércoles, 13 de diciembre de 2017

SANTA LUCÍA DE SIRACUSA, Virgen valiente hasta el Martirio


     De acuerdo con "las Actas" del Martirio de Santa Lucía, nació en Siracusa, Sicilia (Italia), de padres nobles y ricos y fue educada en la fe cristiana. Perdió a su padre durante la infancia y se consagró a Dios siendo muy joven. Sin embargo, mantuvo en secreto su voto de virginidad, de suerte que su madre, que se llamaba Eutiquia, la exhortó a contraer matrimonio con un joven pagano. 

     Lucía persuadió a su madre de que fuese a Catania a orar ante la tumba de Santa Agata para obtener la curación de unas hemorragias. Ella misma acompañó a su madre, y Dios escuchó sus oraciones. Entonces, la Santa dijo a su madre que deseaba consagrarse a Dios y repartir su fortuna entre los pobres. Llena de gratitud por el favor del Cielo, Eutiquia le dio permiso. El pretendiente de Lucía se indignó profundamente y delató a la joven como cristiana ante el pro-consul Pascasio. La persecución de Diocleciano estaba entonces en su momento más cruento.




     El juez pagano presionó a Santa Lucía cuanto pudo para convencerla a que apostatara de la Fe Católica, pero ella se resistía con entereza y respondía: "Es inútil que insista. Jamás podrá apartarme del amor a mi Señor Jesucristo".

     El juez le preguntó: "Y si la sometemos a torturas, ¿será capaz de resistir?".

     La jovencita respondió: "Sí, porque los que creemos en Cristo y tratamos de llevar una vida pura tenemos al Espíritu Santo que vive en nosotros y nos da fuerza, inteligencia y valor".

     El juez entonces la amenazó con llevarla a una casa de prostitución para someterla a la fuerza a la ignominia. Ella le respondió: "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma consciente". Santo Tomás de Aquino, el mayor teólogo de la Iglesia, admiraba esta respuesta de Santa Lucía. Corresponde con un profundo principio de moral: No hay pecado si no se consiente al mal.

     No pudieron llevar a cabo la sentencia pues Dios impidió que los guardias pudiesen mover a la joven del sitio en que se hallaba. Entonces, los guardias trataron de quemarla en la hoguera, pero también fracasaron. Finalmente, la decapitaron. Pero aún con la garganta cortada, la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra "amén".

     Aunque no se puede verificar la historicidad de las diversas versiones griegas y latinas de las Actas de Santa Lucía, está fuera de duda que, desde antiguo, se tributaba culto a la Santa de Siracusa. En el siglo VI, se le veneraba ya también en Roma entre las Vírgenes y Mártires más ilustres. 

     En la Edad Media se invocaba a la Santa contra las enfermedades de los ojos, probablemente porque su nombre está relacionado con la luz. Ello dio origen a varias leyendas, como la de que el tirano mandó a los guardias que le sacaran los ojos y ella recobró la vista.

     Cuando ya muchos decían que Santa Lucía es pura leyenda, se probó su historicidad con el descubrimiento, en 1894, de la inscripción sepulcral con su nombre en las catacumbas de Siracusa, así no cabe duda de que la Santa vivió en el siglo IV.




martes, 12 de diciembre de 2017

NUESTRA SEÑORA MARÍA SANTÍSIMA DE GUADALUPE

Diez años después de la conquista de México, el día 9 de diciembre de 1531, Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlaltelolco para oír Misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac. De repente oyó música que parecía el gorjeo de miles de pájaros. Muy sorprendido se paró, alzó su vista a la cima del cerro y vio que estaba iluminado con una luz extraña. Cesó la música y en seguida oyó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole: "Juanito; querido Juan Dieguito". Juan subió presurosamente y al llegar a la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. 




   Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que ella le dirigió a él. Ella habló en azteca. Le dijo que Ella era la Inmaculada Virgen María, Madre del Verdadero Dios. Le reveló cómo era su deseo más vehemente tener un templo allá en el llano donde, como madre piadosa, mostraría todo su amor y misericordia a él y a los suyos y a cuantos solicitaren su amparo. "Y para realizar lo que mi clemencia pretende, irás a la casa del Obispo de México y le dirás que yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo; que aquí en el llano me edifique un templo. Le contarás cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que le agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Ya has oído mi mandato, hijo mío, el más pequeño: anda y pon todo tu esfuerzo".

   Juan Diego se inclinó ante ella y le dijo: "Señora mía: ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo".

   Cuando Juan Diego llegó a la casa del Obispo Zumárraga y fue llevado a su presencia, le dijo todo lo que la Madre de Dios le había dicho. Pero el Obispo parecía dudar de sus palabras, pidiéndole volver otro día para escucharle más despacio.

   Ese mismo día regresó a la cumbre de la colina y encontró a la Santísima Virgen que le estaba esperando. Con lágrimas de tristeza le contó cómo había fracasado su empresa. Ella le pidió volver a ver al Sr. Obispo el día siguiente. Juan Diego cumplió con el mandato de la Santísima Virgen. Esta vez tuvo mejor éxito; el Sr. Obispo pidió una señal.

   Juan Diego regresó a la colina, dio el recado a María Santísima y ella prometió darle una señal al siguiente día en la mañana. Pero Juan Diego no podía cumplir este encargo porque un tío suyo, llamado Juan Bernardino había enfermado gravemente.

  



 Dos días más tarde, el día doce de Diciembre, Juan Bernardino estaba moribundo y Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco. Llegó a la ladera del cerro y optó ir por el lado oriente para evitar que la Virgen Santísima le viera pasar. Primero quería atender a su tío. Con grande sorpresa la vio bajar y salir a su encuentro. Juan le dio su disculpa por no haber venido el día anterior. Después de oír las palabras de Juan Diego, ella le respondió: "Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿Qué más te falta? No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que ya sanó".

Cuando Juan Diego oyó estas palabras se sintió contento. Le rogó que le despachara a ver al Señor Obispo para llevarle alguna señal y prueba a fin de que le creyera. Ella le dijo:

   "Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, recógelas y en seguida baja y tráelas a mi presencia".

  Juan Diego subió y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tan hermosas flores. En sus corolas fragantes, el rocío de la noche semejaba perlas preciosas. Presto empezó a córtalas, las echó en su regazo y las llevó ante la Virgen. Ella tomó las flores en sus manos, las arregló en la tilma y dijo: "Hijo mío el más pequeño, aquí tienes la señal que debes llevar al Señor Obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del Obispo despliegues tu tilma y descubras lo que llevas".

   Cuando Juan Diego estuvo ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga, y le contó los detalles de la cuarta aparición de la Santísima Virgen, abrió su tilma para mostrarle las flores, las cuales cayeron al suelo. En este instante, ante la inmensa sorpresa del Señor Obispo y sus compañeros, apareció la imagen de la Santísima Virgen María maravillosamente pintada con los más hermosos colores sobre la burda tela de su manto.




lunes, 11 de diciembre de 2017

MADRE MARAVILLAS DE JESÚS, FUNDADORA

 
     Nació en Madrid el 4 de Noviembre de 1891. Bautizada el día 12 del mismo mes y año, en la Parroquia de San Sebastián con el nombre de María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán.

     Hija de Don Luis Pidal y Mon y de Doña Cristina Chico de Guzmán y Muñoz, Marqueses de Pidal. El padre era a la sazón Embajador de España ante la Santa Sede; había sido Ministro de Fomento. Se distinguió siempre por sus gestiones a favor de la Iglesia. Con su hermano, el filósofo Alejandro Pidal, creó la Unión Católica, un partido político que agradó mucho al Papa León XIII y a la mayoría de los Obispos españoles. En un ambiente de tanta religiosidad y distinción, la educación de Maravillas fue esmeradísima. Recibió el sacramento de la Confirmación en 1896 y la Primera Comunión en 1902.

     Dotada de grandes cualidades humanas, entre las que destacaban una inteligencia clara y profunda, y una voluntad siempre orientada hacia el bien. Desde niña, ella misma lo diría, que su vocación a la vida consagrada había nacido con ella. En su juventud, además de cultivar su vida de piedad y de llevar a cabo sus estudios privados de lengua y cultura general, se dedicó a las obras de beneficencia y caridad, ayudando a muchas familias, pobres y marginados.




     El 12 de Octubre de 1919 entró en el Carmelo de El Escorial (Madrid). Tomó el hábito en 1920 e hizo su primera profesión en 1921.

     Lo que llevó a la Madre Maravillas al Carmelo fue el amor a Cristo Nuestro Señor, sus deseos de pagarle amor con amor. Centenares de veces en sus cartas expresa este anhelo de amarle con locura, de corresponder con excesos al infinito amor a Cristo. Este amor a Jesucristo está íntimamente unido a su devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Sabemos de sus largas vigilias ante el Sagrario, en sus primeros años de carmelita, en El Escorial. En esas horas, a solas con Dios, se forjó la fundación del Carmelo del Cerro de los Ángeles, que había de ser “lámpara viva que se consumiese en amor y reparación ante el Corazón de Cristo”.

     El Cerro de los Ángeles, centro geográfico de España, donde se había levantado un monumento al Sagrado Corazón de Jesús, se consagró en él la nación el 30 de mayo de 1919, por el Rey Alfonso XIII.

     El 19 de Mayo de 1924, la Madre Maravillas y otras tres religiosas de El Escorial se instalan en una casa provisional del pueblo de Getafe para, desde allí, atender la edificación del convento del Cerro. En esta casa hizo su profesión solemne el 30 de mayo de ese mismo año.

     En Junio de 1926 fue nombrada Priora de la comunidad, y pocos meses después, el 31 de octubre, se inauguraba el nuevo Carmelo en el Cerro de los Ángeles. Pronto se pobló el nuevo Carmelo de vocaciones, lo que le impulsaba a multiplicar las “casas de la Virgen”.

     En 1933 hizo la fundación de Kottayam (India), enviando ocho monjas. Desde 1944 a 1966, le siguen otras nueve fundaciones en España. En Julio de 1936 comenzó la Cruzada de Liberación Española y las monjas del Cerro tienen que salir del convento. En 1939 volvió con un grupo de monjas para recuperar el convento, que había quedado completamente destruido. Con muchos trabajos y esfuerzos y en medio de una gran escasez, la Santa sabía infundir valor y alegría entre sus hijas.

     Se interesaba por el problema de los demás y procuraba darles solución. Desde su clausura de La Aldehuela funda un colegio para niños pobres, hace construir una barriada de casa y una iglesia. Ayuda en la construcción de 200 viviendas próximas a La Aldehuela. Para llevar a cabo éstas y otras muchas obras, se apoyaba confiadamente en la Providencia Divina.

     “No quiero la vida más que para imitar lo más posible la de Cristo”, había escrito. Con este deseo, amó y practicó la pobreza heroicamente. Los Carmelos que funda viven en pobreza radical, sin rentas, con edificios pequeños, con trabajo manual para su sustento. Sus hijas la amaban profundamente; era tal el equilibrio, serenidad, caridad y delicadeza con todas. Su alegría estaba llena de paz, sin estridencias, siempre afable sin imponer su criterio, pedía siempre el parecer de las demás.
     Eran continuas sus enfermedades y penitencias: dormir poco, vestida y sentada en el suelo. El aprecio por la oración era extraordinario. Vivió la espiritualidad de sus Santos Padres: Santa Teresa y San Juan de la Cruz, sintiéndose siempre “una nada pecadora”. Con alternancia de estados dolorosos y gozosos, nos revela“me siento amada por el Señor”.
    Murió en el Carmelo de La Aldehuela (Madrid) el 11 de diciembre de 1974, con una muerte llena de paz y de entrega, repetía: “¡Qué felicidad morir carmelita!”.
    Madre Maravillas ha tenido una misión: conservar el espíritu de contemplación amorosa y misionera al máximo. Conservar y multiplicar estos “palomarcitos de la Virgen” como oasis de paz, de oración, en este mundo conflictivo y triste.
    Muchos de lo que estudiaron su vida, Consultores Teólogos en Roma, la han llamado: mujer carismática, profética y providencial.




sábado, 9 de diciembre de 2017

LA ENTREGA DE NUESTRO CORAZÓN A LA VIRGEN NUESTRA SEÑORA


     "Para que vivamos en Dios, es necesario que en todo cuanto hayamos de hacer, omitir o soportar, obremos según Su Voluntad; que todo lo que se ofrezca sufrir, sea en el cuerpo o en el alma, en lo interior o exterior, venga de los hombres o de los demonios, lo aguantemos con ánimo reverente y con espíritu de amor, con una especie de conversión, introversión, inclinación o aspiración del alma hacia Dios, suave y amorosamente.




     Lo haremos con una como tranquila respiración de la Divina Esencia, imitando al Salvador, que dejaba que el Padre, que en Él moraba, hiciera todas sus obras y, a la vez, Él en íntima unión con el Padre, las realizaba, con una apacible, amorosa y reverencial mirada de entrega total de su espíritu a Su Padre Celestial.

     Pues bien: de un modo semejante podemos podemos vivir también en nuestra amantísima Madre María, procurando, con todo esmero, conservar o fomentar en nosotros esa filial, tierna y candorosa entrega de nuestro corazón, esa aspiración o respiración hacia Nuestra Señora, como a nuestra más amabilísima y queridísima Madre de Dios, en todo cuanto tengamos que obrar o soportar, en todo cuanto hayamos de hacer u omitir, en nuestras penalidades, dolores, aflicciones y tribulaciones, de tal modo, que nuestro amor a María y de María a Dios tenga un suave y mutuo flujo y reflujo."



Padre Miguel de San Agustín, Carmelita
VIDA DE UNIÓN CON MARÍA



viernes, 8 de diciembre de 2017

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA, NUESTRA REINA Y SEÑORA, PATRONA DE ESPAÑA



MODO DE HACER LA NOVENA

   Puestos de rodillas, delante de una imagen de la Inmaculada Concepción, se santiguará y luego dirá todos los días el siguiente


ACTO DE CONTRICIÓN


   Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos,confesarme y, cumplir la penitencia que me fuera impuesta.

   Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que los perdonareis, por los méritos de vuestra Preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro santo amor y servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

     Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de Tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por Ti, que, por la gracia de Dios, has sido elegida para ser Madre del Nuevo Pueblo que Jesucristo ha formado con Su Sangre.

     A Ti, Purísima Madre, Restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena, para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de Tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado.

     Acordaos, Virgen Santísima, que habéis sido hecha Madre de Dios, no sólo para vuestra dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acordaos que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro haya sido desamparado.

     No me dejéis pues a mí tampoco, porque si no, me perderé; que yo tampoco quiero dejaros a Vos, antes bien cada día quiero crecer más en vuestra verdadera devoción. Y alcanzadme principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además dadme la gracia particular que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, vuestra y bien de mi alma. 

ORACIÓN DÍA NOVENO

  
  ¡Oh Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como has concedido a María Nuestra Señora la gracia de ir al Cielo y de ser en él colocada en el primer lugar después de Ti, así Te suplicamos humildemente, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas una buena muerte, que recibamos bien los últimos sacramentos, que expiremos sin mancha ninguna de pecado en la conciencia y vayamos al Cielo para siempre gozar en Tu compañía y la de Nuestra Madre, con todos los que se han salvado por Ella.

Rezar ahora tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias a la Santísima Trinidad, y luego pide lo que por intercesión de la Inmaculada Concepción deseas conseguir de esta Novena.

A continuación se dirá la Oración final para todos los días y la Letanía a la Virgen.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS




LETANÍAS A LA PURÍSIMA VIRGEN MARÍA

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos


Dios, Padre celestial. Ten misericordia de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo. Ten misericordia de nosotros.
Dios, Espíritu Santo. Ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios. Ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros
Santa Virgen de las vírgenes, ruega por nosotros
Madre de Cristo, ruega por nosotros
Madre de la divina gracia, ruega por nosotros
Madre purísima, ruega por nosotros
Madre castísima, ruega por nosotros
Madre inviolada, ruega por nosotros
Madre virgen, ruega por nosotros
Madre inmaculada, ruega por nosotros
Madre amable, ruega por nosotros
Madre admirable, ruega por nosotros
Madre del buen consejo, ruega por nosotros
Madre del Creador, ruega por nosotros
Madre del Salvador, ruega por nosotros
Virgen prudentísima, ruega por nosotros
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros
Virgen digna de exaltación, ruega por nosotros
Virgen poderosa, ruega por nosotros
Virgen clemente, ruega por nosotros
Virgen fiel, ruega por nosotros
Espejo de justicia, ruega por nosotros
Trono de la sabiduría, ruega por nosotros
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros
Vaso espiritual, ruega por nosotros
Vaso digno de honor, ruega por nosotros
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros
Rosa mística, ruega por nosotros
Torre de David, ruega por nosotros
Torre de marfil, ruega por nosotros
Casa de oro, ruega por nosotros
Arca de la alianza, ruega por nosotros
Puerta del Cielo, ruega por nosotros
Estrella de la mañana, ruega por nosotros
Salud de los enfermos, ruega por nosotros
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros
Consoladora de los afligidos, ruega por nosotros
Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros
Reina de los Angeles, ruega por nosotros
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros
Reina de los Profetas, ruega por nosotros
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros
Reina de los Mártires, ruega por nosotros
Reina de los Confesores, ruega por nosotros
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros
Reina, concebida sin pecado original, ruega por nosotros
Reina, asunta a los Cielos, ruega por nosotros
Reina del santísimo Rosario, ruega por nosotros
Reina de la Paz, ruega por nosotros

Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo. Perdonadnos, Señor.
Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo. Escuchadnos, Señor.
Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo. Tened piedad de nosotros.

V. Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

ORACIÓN

     Os rogamos, Señor Dios, que nos concedáis a vuestros siervos gozar de continua salud de alma y cuerpo; y que por la intercesión de la siempre Virgen Santa María, seamos libres de las tristezas de esta vida y gocemos de las eternas alegrías del cielo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.