lunes, 24 de septiembre de 2018

NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DE LA MERCED, Libertadora de las almas que a Ella se confían




Relato de la Aparición de Nuestra Señora de la Merced
 a San Pedro Nolasco

               El Padre Gaver, en el 1400, relata como Nuestra Señora se aparece a San Pedro Nolasco en el año 1218 y le revela su deseo de ser Liberadora a través de una orden dedicada a socorrer a los cristianos cautivos en tierras infieles.

               Ante la visión de la Virgen Santísima, San Pedro Nolasco, confundido por tal gracia, le pregunta:

               "¿Quién eres Tú, que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil, de tan gran caridad, que es grata Dios y meritoria para mi?"

                Nuestra Señora le responde:

               "Yo soy María, aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios, tomándola de Mi sangre purísima, para reconciliación del género humano. Soy Aquella a la que dijo Simeón cuando ofrecí Mi Hijo en el templo: "Mira que éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel; ha sido puesto como signo de contradicción: y a Ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma".

               "¡Oh Virgen María - prosiguió el Santo- Madre de Gracia, Madre de Misericordia ¿Quién podrá creer que tú me mandas?" 

               "No dudes en nada, - sentenció Nuestra Señora - porque es voluntad de Dios que se funde una Orden de ese tipo en honor Mío; será una Orden cuyos hermanos y profesos, a imitación de Mi Hijo Jesucristo, estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel (es decir, entre los cristianos) y serán signo de contradicción para muchos."

               Para llevar a cabo esta misión, el 10 de Agosto de 1218, San Pedro Nolasco fundó en Barcelona la Orden de la Virgen María de la Merced de la redención de los cautivos, con la participación del Rey Jaime de Aragón y ante el Obispo de la ciudad, Berenguer de Palou. 

               Por la confirmación del Papa Gregorio IX aprobó la Orden el 17 de Enero de 1235; la ratificó en la práctica de la Regla de San Agustín; le dio carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sancionó su obra como misión en el pueblo de Dios.”

               En el año 1696, el Papa Inocencio XII extendió la Fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia y fijó su fecha el 24 de Septiembre.




El escapulario de la Merced es blanco por la Pureza Virginal de María Nuestra Señora,
a quien se consagra quien lo lleva. Por una de las partes lleva impresa la imagen
de la Virgen de la Merced o el anagrama del Ave María y por la otra el escudo 
de la Orden de la Merced, privilegio del Rey Jaime I de Aragón.



JOSÉ ANTONIO, EL CABALLERO MÁRTIR DE LA MERCED

               José Antonio Primo de Rivera y Záenz de Heredia, abogado, Fundador de Falange Española, Marqués de Estella, Grande de Esapaña, por influencia de sus piadosas hermanas Carmen y Pilar, entró en la Orden de la Merced en calidad de Caballero. Años más tarde,  José Antonio sería detenido en Madrid y posteriormente trasladado a Alicante, pero no sin antes solicitar que le trajesen su escapulario de la Merced, el cual puso sobre el pecho y ya no se desprendió de él... lo llevaba puesto el 20 de Noviembre de 1936, en el momento de ser fusilado, junto con el Detente del Sagrado Corazón y una medalla de la Santa Faz, entre otras. 




domingo, 23 de septiembre de 2018

50 ANIVERSARIO DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA, el sacerdote que llevó los Estigmas de la Crucifixión



                Recordamos hoy al fraile capuchino, sacerdote y crucificado sin Cruz, pues soportó en su endeble cuerpo los Sagrados Estigmas de Nuestro Señor durante cincuenta años, los mismos que se cumplen desde que saliera de este mundo el 23 de Septiembre de 1968, poco después que celebrara su última Misa.

                El Padre Pío nació el 25 de Mayo de 1887, en una aldea llamada Pietrelcina, al sur de Italia, en la provincia de Benevento; sus padres, Horacio Forgione y Giuseppa de Nunzio unos humildes agricultores, encomendaron su protección al Seráfico San Francisco de Asís, por eso le bautizaron con su nombre. Con el pasar de los años, el Padre Pío se configuraría con aquél santo no sólo por pertenecer a su Orden, sino por llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión.

                Desde muy niño fue profundamente sensible y espiritual; así a la corta edad de cinco años, se ofreció al Señor como víctima y comenzó a tener frecuentes visiones de su ángel custodio, de Nuestra Señora la Virgen y del mismo Jesucristo, visiones estas que le acompañarían el resto de su vida. 

               Pero también el demonio se le representaría de distintas maneras; cuando esto ocurría, nunca le falló la ayuda su ángel de la guarda o incluso de Nuestro Señor, que ponían al diablo en fuga.
                Para conocer más detalles sobre la vida del Padre Pío sólo pulse aquí.




LA MISIÓN DEL SACERDOTE DE LOS ESTIGMAS            
                La misión del Padre Pío va a ser en gran parte una especie de reto lanzado al racionalismo moderno y a la incredulidad. Va a llevar hasta un punto sublime los Misterios del Sacrificio de la Misa y de la Confesión, los dos sacramentos en los que el sacerdote es más visiblemente "otro Cristo". Va a añadir a ese ministerio tradicional del sacerdote los estigmas que, en su carne, lo identificarán todavía más con Cristo Crucificado. 

                Esos estigmas eran una gracia que el Señor le concedía, pero también un testimonio para el mundo: recordar los sufrimientos padecidos por Cristo para la salvación del mundo y defender la eminente dignidad del sacerdocio católico. 



EL SENTIDO MÍSTICO DE LOS ESTIGMAS

                "La estigmatización es un acabamiento de la Unión a Dios, que llega hasta la conformidad perfecta, porque Jesús conforma poco a poco con Él, imprimiendo incluso físicamente Sus marcas divinas. Une poco a poco Sus padecimientos de alma, corazón y de cuerpo, igual que une a Sus intenciones. Esta Unión se hace tan íntima que Jesús arrastra con Él en las diversas etapas de Su vida humano-divina entregada a la Voluntad del Padre. Antes de hacer visible y exterior esa unión, antes de imprimirla en el ser físico de una manera externa, ya la ha hecho vivir de algún modo de manera invisible: el alma se encuentra ya en esa intimidad de amor y de sufrimiento con Él, igual que ya está en Su intimidad divina en lo que se refiere a los designios de Su Corazón sobre las almas. Totaliza en cierto modo esa unión que nos hace ser Él en todo el ser. Antes de llegar a la estigmatización exterior, Jesús hace pasar por numerosas agonías del corazón y del alma. El alma no sabe expresar lo que siente, tan sobrenatural y divino y sentido es al mismo tiempo: lo siente el ser entero. Es más que un sentir: el ser entero está en esa prueba." (Marta Robin)




sábado, 22 de septiembre de 2018

"TODO SE ENCUENTRA EN LA VIRGEN..." Santo Tomás de Villanueva


                “La hermosura del Carmelo y de Sarón. El Carmelo es un monte elevado en el que existen cedros altísimos; Sarón es un monte bajo, abundante en hierbas odoríferas. El primer monte significa la naturaleza angélica; y el segundo la Iglesia. Por lo tanto en la Virgen se encuentra la hermosura del Carmelo y de Sarón, porque toda la plenitud de los espíritus celestiales y de las almas santas, y de los dones todos, gracias y privilegios concedidos tanto a los Ángeles como a los hombres, se hallan reunidos en Su Alma Sacratísima. El ardor de los Serafines, el esplendor de los Querubines, la blancura de la naturaleza angélica, el poder de las Virtudes y de las Dominaciones, todo se encuentra en la Virgen.




                ¿Cómo, pues, no va a arder la que encerró en Su Seno al fuego divino? ¿Cómo no va a resplandecer la que cubrió con una nube de carne al Sol de Justicia? ¿Qué blancura despedirá la que concibió y dio a luz a la misma pureza? Por tanto, en Ella se encuentra la Hermosura del Carmelo.

               También se halla en Ella la hermosura del Sarón, esto es, de todos los Santos de la Iglesia; porque tiene la Fe de Abraham, la paciencia de Job, la humildad de David, la dignidad de los Patriarcas, la santidad de los Apóstoles, la fortaleza de los Mártires, la austeridad de los Confesores, la clarividencia de los Doctores, la pureza de las Vírgenes; y es, además, Ella la norma de la Santidad, el prototipo de la virtud, el ejemplo de la religión, debeladora de los demonios, Auxiliadora de los hombres; en una palabra, el compendio abreviado y concentrado del esplendor de la gracia, en la que se hallan reunidas la gracia, y la hermosura de toda la naturaleza humana y angélica”.




SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA, Arzobispo de Valencia



          Hijo primogénito de Tomás García y Lucía Martínez de Castellanos, Hijodalgos de Villanueva de los Infantes, partido y vicaría del Campo de Montiel, provincia de La Mancha, en la corona de Castilla, en la Navidad de 1486, en Fuenllana. La hidalga familia tenía una posición económica desahogada, permitiendo a algunos de sus miembros estar vinculados con las Órdenes Militares y dedicarse al gobierno municipal; fueron cinco hermanos.





          De su madre aprendió las virtudes domésticas, a nombrar a la Virgen María y a llevarla en su corazón, como demostrará el resto de su vida; de su padre adquirió la misericordia para con los necesitados. La caridad como justicia, pero también como limosna y como entrega personal al necesitado, fue práctica y dedicación constante. La puerta de su casa solariega siempre estuvo abierta -aún antes de llamar- para socorrer a los necesitados; siendo muy niño volvió a casa varias veces vestido de harapos porque su ropa la había entregado a los pobres; otro día, estando sólo en casa, ante la petición angustiosa de unos necesitados, y no teniendo nada que ofrecerles, fue entregando, uno a uno, los pollos que había en el corral.

          Recibió las primeras letras en su pueblo en el recién fundado convento de San Francisco, donde su madre -y posteriormente él mismo siendo Arzobispo- creó una obra pía y allí se erigió el panteón familiar; también debió realizar allí los estudios iniciales de latinidad y principios de lógica, hasta que con 16 años se trasladó a Alcalá en 1501, donde cursó el ciclo de Humanidades. En la recién fundada Universidad cisneriana estudió Artes, graduándose de Bachiller en 1508, pocas semanas antes de que se inaugurase el Colegio Mayor de San Ildefonso (1508), en el que pocos días después ingresa para completar su formación curricular: Maestro en 1509 y Catedrático, en 1512.

         Refieren muchos testigos y biógrafos que la Universidad de Salamanca le ofreció una cátedra pero, descubriendo que Dios le quería en otros claustros, el 21 de Noviembre de 1516 tomó el hábito en el convento de San Agustín de la ciudad del Tormes, día de la Presentación de Nuestra Señora, profesando el día 25 de Noviembre de 1517, pocos días después de que su hermano en religión, Fray Martín Lutero clavara las 95 tesis en la puerta de la capilla de la Universidad de Wittenberg, comenzando una curiosa existencia en paralelo estos dos agustinos, súbditos del César Carlos.

          En Diciembre de 1518 es ordenado sacerdote, celebrando su primera Misa el día de Natividad de Nuestra Señora; a partir del año siguiente comenzará su vida pública de servicio a la Iglesia y a la Orden de San Agustín, ostentando los cargos de Prior en diferentes conventos; parece ser que renunció al Arzobispado de Granada y, en virtud de santa obediencia, acepta el de Valencia, el 5 de Julio de 1544.





          Es conocido por su amor a la Virgen, como demuestran sus escritos, y por la piedad de sus predicaciones; fueron famosos los sermones predicados en la Catedral de Salamanca en la Cuaresma de 1521. Cuando se autoriza a los agustinos a fundar el convento de Madrid -San Felipe el Real, 1544- es con la condición de que Fray Tomás de Villanueva resida en él o venga a predicar todas las cuaresmas; el propio emperador y la emperatriz acudían en Valladolid a escucharle, aceptando que el santo no les recibiese porque antes era prepararse para exponer con dignidad y con unción la palabra de Dios; fomentó con especial interés el espíritu misionero, propiciando el envío de religiosos a los territorios americanos para difundir la luz del Evangelio.

         La Diócesis de Valencia para la que fue nombrado Pastor en 1544 era una sede amplia, compleja y con problemas estructurales: tenía una enorme población morisca, mal integrada, peor convertida y en muchos casos explotada por miembros de la nobleza como trabajadores agrícolas; la reiterada ausencia de los anteriores prelados, había ocasionado un vacío de autoridad, dejando a la comunidad cristiana sin pastor que la guiase, sin padre que la guardase, sin voz que les animase, sin luz que les iluminase; el relajado ambiente moral del clero era un fenómeno habitual y extendido; la falta de un centro donde los jóvenes aspirantes al sacerdocio se formasen humana, cultural y espiritualmente, hacía que los niveles de estos futuros ministros no alcanzasen la cota mínima que cabía esperar para que pudiesen cumplir con dignidad la misión a ellos confiada.


          Mantuvo una especial predilección por los pobres, las huérfanas y los niños abandonados, especialmente estos últimos, que por su desvalimiento no podían sobrevivir y ser criados con dignidad, llegando a tener habitualmente más de medio centenar, que alimentaba, vestía y educaba; los primeros de mes visitaba las dependencias donde se criaban y a las amas que los cuidaban, interesándose por su desarrollo y salud.

          Se consideró administrador de los bienes de ellos, a los que, por justicia, debían volver; esta actitud le llevó a vigilar con especial cuidado los gastos del arzobispado, pensando que todo los que no fuese estrictamente necesario era un robo que se hacía a los pobres. Daba sin humillar, corregía sin ofender, enseñaba sin herir. Anualmente entregaba en limosnas casi las tres cuartas partes de las rentas del arzobispado. La austeridad de costumbres, en su persona y en el Palacio Arzobispal, la sencillez del vestido, la frugalidad de la mesa, la humildad del ajuar, lo reducido del servicio, la piedad de vida, la mansedumbre en el trato… 





         Oraba y estudiaba; sus sermones han quedado como ejemplo de buena catequesis -por la concisión en el mensaje, la sencillez en la exposición, y la unción religiosa del contenido-, basados en la Sagrada Escritura y en los Santos Padres, especialmente San Agustín, del que siempre se esforzó por ser reflejo de su luz, eco de su voz, discípulo de su pensamiento y heredero de sus ideales. 


          El Cristo de su oratorio fue el amigo íntimo al que confiaba el gobierno de la Diócesis y del que sacaba ejemplo y fuerzas para cumplir con su misión; esa imagen será la que le anuncie la inminente muerte para el día de la Natividad de María. Se apresuró a ponerse a bien con los pobres, que era la forma de poder justificarse ante Dios de una correcta administración de los bienes; dejó pagado el sustento de un año y el salario de las amas de cría de los niños abandonados; ordenó al tesorero y al limosnero del Arzobispado que entregasen urgentemente a los pobres todo el numerario que hubiese en las arcas del arzobispado, ya que deseaba morir sin poseer nada; después fue repartiendo las pertenencias de su casa y, en un último gesto de desprendimiento, entregó la cama en la que estaba a un criado, pidiéndosela prestada para morir, como ocurrió el día 8 de Septiembre de 1555. Fue beatificado por el Papa Pablo V, en 1618, y canonizado por Alejandro VII, en 1658. 



        



viernes, 21 de septiembre de 2018

YO TE ENSEÑARÉ MIS SECRETOS DE AMOR...


               Sor Josefa Menéndez, religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón, fue agraciada con revelaciones privadas de Nuestro Señor y de la Virgen Santa en los últimos años de corta vida. Española de nacimiento había emigrado a Francia para cumplir con la Voluntad de Dios y desposarse con Cristo alejada de su Patria y desempeñando las labores más humildes en su comunidad. En medio de aquella vida sencilla, el Sagrado Corazón de Jesús se le manifestó siempre a espaldas de sus hermanas de religión, pero por obediencia a sus Superioras, Josefa recogió por escrito aquellos coloquios celestiales. (1)




               El 29 de Junio de 1923, después de varias apariciones de este Corazón, que se le presentaba siempre como incendiado, el Divino Maestro se mostró a ella con un delicioso resplandor durante la celebración de la Santa Misa. Sor Josefa lo narrá así:

               En la Santa Misa, poco antes de la Elevación, ¡mis ojos, estos pobres ojos, han visto a mi Amado Jesús... al único deseo de mi alma... a mi Dios y Señor! He visto cómo me tenía dentro de Su Corazón, en medio de aquella gran hoguera... Sonreía... Así estaba anonadada en presencia de tanta luz y tanta hermosura, cuando me ha dicho estas palabras con una voz dulcísima, al mismo tiempo que muy grave: "Así como Yo me inmolo Víctima de Amor, quiero que tú también seas víctima; el Amor nada rehúsa."

               Más adelante, este Divino Corazón le seguirá revelando Sus confidencias, explicándole que sólo podrá obrar en ella por su nada y miseria, lo que nos hace reflexionar acerca de nuestra ineptitud, que lejos de ser impedimento se convierte en la llave de nuestra salvación si la dejamos en manos de Nuestro Señor...

               Yo daré a conocer que Mi obra se funda sobre la nada y la miseria; éste es el primer eslabón de la cadena de amor que preparo a las almas desde toda la eternidad. Haré que las almas conozcan hasta qué punto las ama y perdona Mi Corazón. Penetro el fondo de las almas, sus deseos de darme gusto, de consolarme y de glorificarme: y el acto de humildad que sus faltas les obligan a hacer, viéndose tan débiles, es precisamente lo que consuela y glorifica Mi Corazón. No importa que las almas sean débiles, Yo suplo lo que les falta. 

               Yo te enseñaré Mis Secretos de Amor y tú serás ejemplo vivo de Mi Misericordia, pues si por ti, que eres miseria y nada, tengo tanta predilección y te amo tanto, ¿que haré por otras almas mucho más generosas que tú? Como no eres nada, ven..., entra en Mi Corazón...; a la nada le es fácil entrar y perderse en este abismo de Amor... Así iré consumiendo tu pequeñez y tu miseria... Yo obraré en ti... Hablaré por ti... Me haré conocer por ti... ¡Cuántas almas encontrarán la vida en Mis Palabras! ¡Cuántas cobrarán ánimo al ver el fruto de sus trabajos! Un actito de generosidad, de paciencia, de pobreza, puede ser un tesoro que gane para Mi Corazón gran número de almas. Yo no miro la acción, miro la intención. El acto más pequeño hecho por amor, ¡adquiere tanto mérito y puede darme tanto consuelo!...

               Les daré a conocer cómo su misma debilidad puede servirme para dar vida a muchas almas que la han perdido. Daré a conocer que la medida de Mi Amor y de Mi Misericordia para con las almas caídas, no tiene límites... Deseo perdonar... Descanso perdonando... Siempre estoy esperándolas con Amor... ¡Que no se desanimen!... ¡Que vengan!... ¡Que se echen sin temor en Mis brazos!... ¡Soy su Padre!... Muchas almas no comprenden cuánto pueden hacer para atraer a Mi Corazón a las otras almas que están sumidas en un abismo de ignorancia y no saben cómo deseo que se acerquen a Mí para darles vida... La verdadera Vida. 


NOTAS ACLARATORIAS:

1- Para conocer más de la vida de Sor Josefa Menéndez toque aquí. Puede encontrar otros extractos de "Un Llamamiento al Amor" por la etiqueta que lleva el mismo nombre en el ÍNDICE DE TEMAS situado en el margen izquierdo de este Blog.


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jueves, 20 de septiembre de 2018

LA DIVINA EUCARISTÍA: Centro y razón de la vida del católico


          Dedicamos los días jueves a meditar el Misterio Eucarístico, la gran bondad que tuvo Nuestro Señor Jesucristo de quedarse en nuestros sagrarios, oculto bajo la forma de una sencilla hostia, pero en toda Su Gloria, rodeado de la Corte Celestial, invisible a algunos ojos humanos, que le adora sin cesar noche y día. Deseo que tú que lees esto, te conviertas en uno de esos adoradores del Señor en el Tabernáculo, donde tendrás preferencia si con humildad te arrodillas y le entregas tu corazón...

LECTURA - MEDITACIÓN

               En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, y por consecuencia, todo Cristo; sin que sea lícito afirmar que solamente está en él como en señal o en figura o virtualmente. 

               En el Sacrosanto Sacramento de la Eucaristía no queda sustancia de pan y de vino juntamente con el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo; sino que por virtud de las palabras que pronuncia el sacerdote se realiza aquella admirable y singular conversión, de toda la sustancia de pan en el Cuerpo, y de toda la sustancia del vino en la Sangre, permaneciendo solamente las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica con suma propiedad llama Transubstanciación.





               La Divina Eucaristía es la maravilla de las maravillas, la obra de las obras, el resumen, la consumación, el coronamiento de todas las obras de Dios: el más grande, el más rico, el más suave de los sacramentos.  En ella, como en un abismo, están acumuladas las riquezas inexcrutables de Cristo: A ella, como a un océano infinito, afluyen la bondad, la sabiduría, la omnipotencia, la misericordia y la munificencia divinas. 

               Centro de todas las grandezas, de todos los destinos, de todos los deberes y de todas las fuerzas del cristiano, la Eucaristía es, por excelencia, el ejercicio de su Fe, el apoyo de su Esperanza, el fuego que enciende en su alma el incendio del Amor, el incomprensible abatimiento que confunde su orgullo, el recuerdo de las agonías divinas que lo despierta de su languidez y fortifica su paciencia, la prenda de la más inenarrable ternura que excita su piedad y conserva siempre vivas las llamas de su devoción. 

               Sin la Sagrada Eucaristía sería la Iglesia un firmamento sin sol, una tierra sin vida, una soledad triste y helada. Sin ella, que perpetúa el viviente recuerdo de la Encarnación del Verbo de Dios, se borraría de las inteligencias y de los corazones ese dulce y asombroso Misterio, y las relaciones entre el Cielo y la tierra, tan solemnemente inauguradas, anudadas tan poderosamente por la inmolación del Calvario, aflojándose poco a poco, bien pronto serían impotentes para retener a la humanidad en su nueva e irremediable pérdida. Es el tabernáculo, para la sociedad entera, un foco de luz de donde parten esas secretas influencias, esas fuerzas misteriosas, ese soplo, esa respiración, esa sangre de la caridad, que sólo mantienen en ella esa vida de que goza sin reconocer su fuente.

               Por más que el mundo lo desconozca o lo niegue, de la Sagrada Eucaristía salen esos Apóstoles, esos consoladores, esos ángeles que por millares, bajo todos los nombres y bajo todos los sayales, hacen por todas partes y a través de todos los siglos, la misma obra: consolar, bendecir, santificar a una sociedad que los pisotea, los desprecia y los maldice. Por más que el mundo lo desconozca o lo niegue, a la Divina Eucaristía le debe esa suavidad de costumbres que el paganismo de las suyas no logra debilitar, ese sentimiento de justicia que sus leyes ateas no han podido vencer, esa atmósfera impregnada de cristianismo que sus perversas teorías no han llegado a envenenar.

               El hombre y el mundo están impregnados de sus celestiales influencias, porque ella comunica a todos la virtud de la Redención, ese misterioso abismo en que reside la fuente misma de todas las gracias, prolongación y multiplicación de la presencia de Dios hecho hombre en este valle del destierro y del llanto, glorificación terrestre de la naturaleza y de la humanidad, perfeccionamiento de la vida sobrenatural, prenda segura de vida celeste, profundo símbolo de la unidad de la Iglesia; memorial en fin, según el canto de David, de todas las maravillas de un Dios Bueno y Misericordioso.





Toca en el texto inferior para saber cómo se realiza la




De no ser posible asistir a una iglesia o capilla católica para visitar el Sagrario,
puedes buscar un momento tranquilo del día, en el silencio del hogar,
donde nada te moleste; recógete por al menos 15 minutos, teniendo presente
que Dios te ve, que te acompaña la Virgen Nuestra Madre y tu Ángel Custodio.
En esa Santa Compañía, adora a Jesús Sacramentado y únete a Él 
como los buenos Apóstoles que lo acompañaron 
en la soledad agónica del Huerto de los Olivos...




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miércoles, 19 de septiembre de 2018

LA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE, Aviso Celestial de la Apostasía


               Nuestra Santa Madre la Virgen Santísima nunca nos desampara, siempre se ha hecho presente en la Historia cuando las circunstancias así lo requerían; por eso vino a Zaragoza, en un milagro de bilocación -pues aún vivía en este mundo Nuestra Señora- para aparecerse al Apóstol Santiago y apoyar su labor evegalizadora, dejando muestra visible de Su paso en el glorioso pilar que aún se venera. Desde entonces, la Virgen ha continuado apareciéndose en multitud de lugares y la mayoría de las veces, a niños o almas muy humildes, a las que hace partícipes de Sus anhelos por la salvación de los hombres.

              La aparición que hoy rememoramos tuvo lugar en una meseta montañosa al sudeste de Francia, en el poblado de La Salette, en el distrito de Grenoble, cantón de Corps. Un niño llamado Maximino Giraud, de once años y Melania Calvat Mathieu de quince años estaban cuidando el ganado. Melanie estaba acostumbrada y entrenada a este tipo de trabajo desde que tenía nueve años de edad, pero todo era nuevo para Maximino. Su padre le había pedido que lo hiciera como un acto generoso para cooperar con el granjero que tenía a su ayudante enfermo por esos días.




RELATO DE LA APARICIÓN
por Melanie Calvat

          El día 18 de Septiembre, de 1846, víspera de la Aparición de la Santísima Virgen, estaba yo sola -relata Melania- como siempre cuidando el ganado de mi amo, alrededor de las once de la mañana vi a un niño que se aproximaba hacía mí. Por un momento tuve miedo, pues me parecía que todos deben saber que evitaba todo tipo de compañía. El niño se acercó y me dijo: "Hey niña, voy a ir contigo, soy de Corps". A estas palabras mi malicia natural se mostró y le dije: "No quiero a nadie a mi alrededor. Quiero estar sola". Pero el, siguiéndome, dijo: "Mi amo me envió aquí para que contigo cuidara el ganado. Vengo de Corps". Me separé molesta de el, dándole a entender que no quería a nadie alrededor mío. Cuando estaba ya a cierta distancia me senté en la hierba. Usualmente de esta forma hablaba a las florecitas o al Buen Dios.

           Después de un momento, detrás de mí estaba Maximino sentado y directamente me dijo: "Déjame estar contigo, me portaré muy bien". Aún en contra de mi voluntad y sintiendo un poco de lástima por Maximino le permití quedarse. Al oír la campana de la Salette para el Ángelus, le indiqué elevar su alma a Dios. El se quitó el sombrero y se mantuvo en silencio por un momento. Luego comimos y jugamos juntos. Cuando cayó la tarde bajamos la montaña y prometimos regresar al día siguiente para llevar al ganado nuevamente.

          Al día siguiente, sábado, 19 de Septiembre, de 1846, el día estaba muy caluroso y los dos jovencitos acordaron comer su almuerzo en un lugar sombreado. Melania había descubierto que Maximino era muy buen niño, simple y dispuesto a hablar de lo que ella deseara. Era muy flexible y juguetón, pero si un poco curioso. Llevaron el ganado a una pequeña quebrada y encontrando un lugar agradable decidieron tomar una siesta. Ambos durmieron profundamente. Melania fue la primera en despertar. El ganado no estaba a su vista, entonces rápidamente llamó a Maximino. Juntos fueron en su búsqueda por los alrededores y lo encontraron pastando plácidamente.

LA SEÑORA QUE LLORABA AMARGAMENTE

          Los dos jóvenes volvían en la búsqueda de sus utensilios donde habían llevado su almuerzo y cerca de la quebrada en donde habían hecho la siesta divisaron un globo luminoso que parecía dividirse. Melania pregunta a Maximino si el ve lo que ella esta viendo. ¡Oh Dios mío!, exclamó Melania dejando caer la vara que llevaba. Algo fantásticamente inconcebible la inundaba en ese momento y se sintió atraída, con un profundo respeto, llena de amor y el corazón latiéndole más rápidamente. Vieron a una Señora que estaba sentada en una enorme piedra. Tenía el rostro entre sus manos y lloraba amargamente. Melania y Maximino estaban atemorizados, pero la Señora, poniéndose lentamente de pie, cruzando suavemente sus brazos, les llamó hacía ella y les dijo que no tuvieran miedo. Agregó que tenía grandes e importantes nuevas que comunicarles. Sus suaves y dulces palabras hicieron que los jóvenes se acercaran apresuradamente. Melania cuenta que su corazón deseaba en ese momento adherirse al de la bella Señora.



Imagen original de los videntes de Nuestra Señora de La Salette:
Maximino Giraud y Melanie Calvat



EL SECRETO DE LA VIRGEN

          La Señora era alta y de apariencia majestuosa. Tenía un vestido blanco con un delantal ceñido a la cintura, no se podría decir que era de color dorado pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Sobre sus hombros lucía un precioso chal blanco con rosas de diferentes colores en los bordes. Sus zapatos blancos tenían el mismo tipo de rosas. De su cuello colgaba una cadena con un crucifijo. Sobre la barra del crucifijo colgaban de un lado el martillo y del otro las tenazas. De su cabeza una corona de rosas irradiaba rayos luminosos, como una diadema. En sus preciosos ojos habían lágrimas que rodaban sobre sus mejillas. Una luz más brillante que el sol pero distinta a éste le rodeaba.

           Le dijo a los jóvenes que la mano de su Hijo era tan fuerte y pesada que ya no podría sostenerla, a menos que la gente hiciera penitencia y obedeciera las leyes de Dios. Si no, tendrían mucho que sufrir. "La gente no observa el Día del Señor, continúan trabajando sin parar los Domingos. Tan solo unas mujeres mayores van a Misa en el verano. Y en el invierno cuando no tienen más que hacer van a la iglesia para burlarse de la religión. El tiempo de Cuaresma es ignorado. Los hombres no pueden jurar sin tomar el Nombre de Dios en vano. La desobediencia y el pasar por alto los Mandamientos de Dios son las cosas que hacen que la mano de mi Hijo sea más pesada".

          Ella continuó conversando y les predijo una terrible hambruna y escasez. Dijo que la cosecha de patatas se había echado a perder por esas mismas razones el año anterior. Cuando los hombres encontraron las patatas podridas, juraron y blasfemaron contra el nombre de Dios aún más. Les dijo que ese mismo año la cosecha volvería a echarse a perder y que el maíz y el trigo se volverían polvo al golpearlo, las nueces se estropearían, las uvas se pudrirían. Después, la Señora comunica a cada joven un secreto (1) que no debían revelar a nadie, excepto al Santo Padre, en una petición especial que el mismo les haría. A Melania le confiaría además la Regla de Vida para los Apóstoles de los Últimos Tiempos.

          La Señora agregó que si el pueblo se convirtiera, las piedras y las rocas se convertirían en trigo y las patatas se encontrarían sembradas en la tierra. Entonces preguntó a los jovencitos: "¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos míos?" Respondieron los dos: ¡Oh! no, Señora; no muy bien." ; "¡Ay, hijos míos! Hay que hacerlas bien por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un Padrenuestro y un Avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más."

DESPUÉS DE LA APARICIÓN...

          Con su voz maternal y solícita les termina diciendo: "Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo". Luego continuó andando hasta el lugar en que habían subido para ver donde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la hermosa Señora se detuvo. Melania y Maximino corren hacia ella apresuradamente para ver a donde se dirige. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a unos metros de altura (aprox. 3-5 m.). Mira al cielo, a su derecha (¿hacia Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a los ojos de los niños, y se confunde con el globo de luz que la envuelve. Este sube hasta desaparecer en el firmamento.





          Al principio solo algunos creían lo que los jóvenes decían haber visto y oído. Los campesinos que habían contratado a los jóvenes estaban sorprendidos que, siendo estos tan ignorantes, fueran capaces de transmitir y relacionar tan complicado mensaje tanto en francés, el cual no entendían bien, como en patuá (dialecto francés) en el cual describían exactamente lo que decían.

          A la mañana siguiente Melania y Maximino fueron llevados a ver al párroco. Era un sacerdote de edad avanzada, muy generoso y respetado. Al interrogar a los jóvenes, escuchó todo el relato, ante el cual quedó muy sorprendido y realmente pensó que ellos decían la verdad. En la Misa del domingo siguiente habló de la visita de la Señora y su petición. Cuando llegó a oídos del obispo que el párroco había hablado sobre la aparición desde el púlpito, éste fue reprendido y reemplazado por otro sacerdote. Esto no es sorprendente ya que la Iglesia es muy prudente en no hacer juicios apresurados sobre apariciones.

          Melania y Maximino eran constantemente interrogados tanto por los curiosos como por los devotos. Ellos simplemente contaban la misma historia, repitiéndola una y otra vez. A los que estaban interesados en subir la montaña, les señalaban el lugar exacto donde la Señora se había aparecido. En varias ocasiones fueron amenazados de ser arrestados si no negaban lo que continuaban diciendo. Sin ningún temor y vacilación reportaban a todos los mensajes que la Señora había dado.

           Surgió una fuente cerca del lugar donde la Señora se había aparecido y el agua corría colina abajo. Muchos milagros empezaron a ocurrir. Las terribles calamidades que fueron anunciadas se empezaron a cumplir. La terrible hambruna de patatas de 1846 se difundió, especialmente en Irlanda donde muchos murieron. La escasez de trigo y maíz fue tan severa que más de un millón de personas en Europa murieron de hambre. Una enfermedad afectó las uvas en toda Francia. Probablemente el castigo hubiera sido peor de no haber sido por los que acataron el mensaje de La Salette. Muchos comenzaron a ir a misa. Las tiendas fueron cerradas los domingos y la gente cesó de hacer trabajos innecesarios el día del Señor. Las malas palabras y las blasfemias fueron disminuyendo.


NOTAS ACLARATORIAS:

     1- Para conocer el texto del Secreto de la Salette tan sólo tiene que pulsar aquí...






martes, 18 de septiembre de 2018

SAN JOSÉ DE CUPERTINO, el Místico Penitente


Infancia

           Nació el 17 de J
unio de 1603, en un establo, mientras sus padres Felice y Franceschina, se escondían de los acreedores que les buscaban. Fue el menor de seis hermanos. Entre el hambre, las enfermedades (padeció sarna de pequeño) y la poca atención de la madre, José creció con deficiencias intelectuales y físicas. Un poco tonto, vamos. Donde no tenía deficiencias era en la fe, la piedad y la alegría. Siempre sonreía, a pesar de las burlas y el desprecio de sus convecinos. Ni siquiera le quisieron los franciscanos, los capuchinos le aceptaron por misericordia, para despedirle antes del año por torpe, olvidadizo y poco dado a los oficios. De vuelta al mundo, se colocó en casa de un pariente, que le echó por inútil. Su madre al verle aparecer de nuevo en casa, se deshizo de él, mandándoselo a su tío Donato, franciscano conventual, para que le emplearan como recadero al menos. Y llegó a Santa María della Grottella, que estaba en plena construcción. A esta imagen le tuvo mucha devoción el santo, pues consideraba ella había permitido le aceptasen en el convento, luego de suplicarle toda una noche con lágrimas.





Fraile y Sacerdote

          Pues admitido el santo como sirviente, los frailes le tomaron estima porque aunque era lento y despistado, era muy piadoso, humilde y siempre tenía buen trato para con todos. Y tanto aprecio le tomaron, que en 1625 le admitieron como religioso lego. Torpe era, pero suerte tenía un montón, pues cuando le propusieron estudiar para ser ordenado sacerdote, lo hizo por obediencia, aunque sabía que no iba a aprobar ni un examen. Sólo podía hablar con cierta soltura y explicar la frase evangélica “Bendito el fruto de tu vientre” ¡y fue la que le pidieron explicara, abriendo el sacerdote examinador, el Evangelio por una página al azar. El examen final, para aceptarle o no a la ordenación, era realizado por el Obispo en persona. Y este, luego de examinar a varios candidatos estaba cansado y dijo “¿Para qué examinar a todos los que quedan, si se ve están muy bien preparados?” Y se salvó Cupertino de ser examinado. El 18 de Marzo de 1628 fue ordenado y ya que la predicación se le daba fatal, optó por salvar almas mediante la oración y la penitencia. Y fue un campeón en esta: Ayunaba siempre, jamás comió carne ni bebió licor alguno. Se flagelaba casi diariamente, y con tal fervor, que la sangre salpicaba las paredes y el techo del minúsculo rincón donde lo hacía, llamado actualmente la “capilla de la sangre”. A pesar de ser sacerdote continuó trabajando como un lego más, ocupándose de las tareas más duras sin protestar ni pedir alivio.


El Místico

          Pero por lo que ha pasado a la fama José de Cupertino es por su profunda vida mística y unión con Dios. Sus éxtasis comenzaron el 4 de Octubre de 1630, fiesta de San Francisco, y eran tan frecuentes y elevados, que le prohibieron celebrar Misa en público, o asistir a cualquier otra devoción, por el asombro que causaba en los fieles. La sola mención de Dios, o un misterio de la Fe, lo transportaba y le hacía perder los sentidos. Y fue a más cuando comenzó a elevarse por los aires. Más de 70 éxtasis y elevaciones están perfectamente registrados por los religiosos u otras personas que fueron testigos. Como buen místico era humilde y obediente, al punto que bastaba la palabra del superior para que volviese de los éxtasis, a los que él llamaba “mareos” y retomara sus oficios.

        Hay tres casos que merecen relatarse, pues han pasado a la iconografía del santo: el primero es el de la cruz pesadísima que iba destinada a situarse junto al santuario de la Virgen, situado en lo alto de un monte. Ni diez obreros podían con ella, ante lo cual, el santo hizo una breve oración, tomó la cruz y elevándose por el aire, la depositó tranquilamente en el sitio elegido. El segundo, ocurrió frente al embajador de España y su mujer. Estos dos personajes quisieron conocerle, pues dudaban de lo que se contaba del fraile “volador”. José salió de la clausura y al entrar a la iglesia, miró la imagen de Nuestra Señora e inmediatamente entró en éxtasis y se elevó hasta la imagen, quedando su rostro a unos centímetros del de la Virgen. Luego de unos instantes de profunda oración, descendió al suelo. Y el último caso, hay que traerlo a colación pues ocurrió ante el mismo Papa Urbano VIII, al que le llegaron acusaciones de falsedad, hechicería y falacias de los frailes y de José de Cupertino. Hablando con el Papa, sin defenderse, quedó absorto y comenzó a elevarse. El Duque de Hannover, fue testigo del hecho y al ver aquello, abandonó la herejía protestante y se convirtió a la Fe Católica. Años después también convertiría al príncipe luterano John Frederick mientras San José de Cupertino celebraba la Misa.

           Aunque era inocente de las acusaciones de estafador, y así lo declaró el Santo Oficio luego de tres años de investigaciones, los superiores le enviaron a varios conventos lejanos (Asís, Fossombrone, y finalmente Ossimo en 1656) para alejarle de las multitudes y poner paz en Cupertino, pero daba igual, la gente ávida de portentos y milagros (más que del Evangelio), le seguían adonde iba. También padeció las noches oscuras de la fe, donde la sequedad espiritual es grande y Dios parece haberse escondido. Es un estado espiritual del alma en la que aunque no se perciben los consuelos de Dios, la fe actúa y es lo que sostiene al alma. Tal vez por ello siempre aconsejaba a todos: "Orad, no cansaros nunca de orar. Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que pide, recibe".

          También destacó José por su poder con los demonios, a los que conminaba en el nombre de Cristo. Llegó a liberar a varios posesos que le llevaban a su convento. Aunque no se sentía con fuerza para esto, lo hacía por obediencia a sus superiores. Era un buen confesor, tenía don de conciencias y sin que le dijeran nada, podía saber lo que pesaba a las almas. Y si le ocultaban un pecado, igualmente lo sabía, haciendo que el pecador lo reconociese. Igualmente tuvo el don de la bilocación, que se hizo evidente cuando pudo estar junto a su madre moribunda, mientras estaba en su celda de Asís. Y más de una vez se le vio multiplicar panes o miel. Más de un enfermo y moribundo salió de su presencia totalmente curado. A veces con solo besar su crucifijo, sin que el santo hablase o hiciese algo especial. Y con respecto a la profecía, conocidas son aquellas en las que anunció las muertes de los Papas Urbano VIII e Inocencio X.


Camino del Paraíso

          El 15 de agosto de 1663 se le permitió celebrar la Santa Misa en público, por ser día de la Asunción. Y fue su última Misa, pues luego del éxtasis que vivió, cayó enfermo. Su estómago se negaba a recibir alimento alguno, arrojándolos al instante. Solamente podía recibir la Sagrada Comunión, que se le dio como Viático el 8 de Septiembre y murió el 18 del mismo mes, con solo 60 años. Fue enterrado el día 20, en la Capilla de la Inmaculada, a la izquierda del altar mayor. Las peregrinaciones y los portentos no demoraron en aparecer, siendo un flujo constante de devoción. En En 1688 se inició el Proceso Apostólico de Canonización, que será aprobado en 1690. En 1735 fue declarado “Venerable”, fue beatificado el 24 de Febrero de 1753, por el Papa Benedicto XIV y canonizado el 16 de Julio de 1767 por Clemente XIII. En 1767, el ministro General de los Conventuales, Domenico Andrea Rossi manda publicar su “Vida y Milagros”.

          Su cuerpo incorrupto se venera en Ossimo. Es abogado de los aviadores, del Ejército del Aire italiano y de los astronautas. También es patrono de los estudiantes con dificultades.



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lunes, 17 de septiembre de 2018

SAN FRANCISCO RECIBE LAS LLAGAS DE CRISTO NUESTRO SEÑOR


           Muchas veces se nos quiere representar la imagen de San Francisco como un Santo "alegre y feliz de la vida", que toleraba a todos y buscaba la paz a cualquier precio. Nada más lejos de la realidad. Quien ha leído "Las Florecillas de San Francisco" y conoce cuanto se ha escrito del Santo por parte de quienes lo conocieron personalmente, sabe bien que San Francisco era un hombre tan sólo preocupado en imitar en todo lo posible a Nuestro Señor Jesucristo.

            Por eso le vemos reprender sin titubeos a quien no cumple la Ley de Dios y preocupado por formar buenos frailes que guarden almas, que se preocupen de la santificación personal de todos los que se cruzan en sus caminos como mendicantes.

           San Francisco, como místico, gozaba de visiones del Cielo, lo que en muchas ocasiones, como ocurre con todas las almas que han saboreado la intimidad con Dios, busca la soledad y el retiro, sabedor que su final está cercano y desea compartir con Nuestro Señor hasta los dolores del Calvario, crucificándose con Él desde entonces hasta su muerte.





                Desde su conversión a Dios, San Francisco profesó una gran devoción a los Misterios de la Pasión del Señor y no cesó de meditar y de predicar, con su vida y su palabra, a Cristo Crucificado. 

                En Septiembre de 1224, dos años antes de su muerte, se retiró al monte Alverna para consagrarse totalmente a la oración y la penitencia, y un día, mientras estaba sumido en contemplación, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo -manos, pies y costado- los estigmas de Su Dolorosa Pasión.

                Le sangraban, le causaban grandes sufrimientos y le dificultaban su vida y actividades, pero no cesó de viajar y predicar mientras sus fuerzas se lo permitieron. En vida del Santo, sus compañeros más cercanos pudieron ver las llagas de manos y pies, y a partir de su muerte todos pudieron contemplar también la llaga del costado. El Papa Benedicto XI concedió a la Orden Franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.

               El mismo San Buenaventura, franciscano y Doctor de la Iglesia nos cuenta sobre la Estigmatización de San Francisco:

                     “… mientras oraba…, vio bajar de lo más alto del Cielo a un Serafín que tenía seis alas tan ígneas como resplandecientes. En vuelo rapidísimo avanzó hacia el lugar donde se encontraba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Apareció entonces entre las alas la efigie de un hombre crucificado, cuyas manos y pies estaban extendidos a modo de cruz y clavados a ella. Dos alas se alzaban sobre la cabeza, dos se extendían para volar y las otras dos restantes cubrían todo su cuerpo…

                    Estaba sumamente admirado ante una visión tan misteriosa, sabiendo que el dolor de la Pasión de ningún modo podía avenirse con la dicha inmortal de un Serafín. Por fin, el Señor le dio a entender que aquella visión le había sido presentada así por la Divina Providencia para que el amigo de Cristo supiera de antemano que había de ser transformado totalmente en la imagen de Cristo crucificado no por el martirio de la carne, sino por el incendio de su espíritu. Así sucedió, porque al desaparecer la visión dejó en su corazón un ardor maravilloso, y no fue menos maravillosa la efigie de las señales que imprimió en su carne. Así, pues, al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las señales de los clavos, tal como lo había visto poco antes en la imagen del varón crucificado."

(Leyenda Mayor XIII, 3)

               También se conserva una carta original de la época, de un testigo ocular del Milagro de los Estigmas de San Francisco:

                      “Y ahora os anuncio un gran gozo y un nuevo milagro. El mundo no ha conocido un signo tal, a no ser en el Hijo de Dios, que es Cristo el Señor. No mucho antes de su muerte, el hermano y Padre nuestro Francisco, apareció crucificado, llevando en su cuerpo cinco llagas que son, ciertamente, los estigmas de Cristo. Sus manos y sus pies estaban como atravesadas por clavos de una a otra parte, cubriendo las heridas y del color negro de los clavos. Su costado aparecía traspasado por una lanza y a menudo sangraba.(…) Por tanto, hermanos, bendecid al Dios del Cielo y proclamadlo ante todos, porque ha sido misericordioso con nosotros, y recordad a nuestro Padre y hermano Francisco, para alabanza y gloria suya, porque lo ha engrandecido entre los hombres y lo ha glorificado delante de los Ángeles".

(Carta de Fray Elías, anunciando la muerte de San Francisco de Asís, 3 de Octubre de 1226)




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