lunes, 3 de abril de 2017

UT ADVENIAT REGNUM CHRISTI, ADVENIAT REGNUM MARIAE


   "Y una gran señal apareció en el Cielo: una Mujer, vestida del Sol, con la Luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz (…) Oí entonces una fuerte voz que decía en el Cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el Reinado de Nuestro Dios y la Potestad de Su Cristo…»”.
(Apocalipsis, Cap. XI)



     "¿Cuándo llegará ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús?

     ¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces en la tierra, donde el Espíritu Santo, al encontrar a su querida Esposa como reproducida en las almas, vendrá a ellas con la abundancia de sus dones y las llenará de ellos, especialmente del de sabiduría, para realizar maravillas de gracia..."

     Por María ha comenzado la salvación del mundo y por María debe ser consumada. María casi no ha aparecido en el primer advenimiento de Jesucristo… Pero, en el segundo María debe ser conocida y revelada mediante el Espíritu Santo, a fin de hacer por Ella conocer, amar y servir a Jesucristo”..."Dios quiere, pues, revelar y descubrir a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos."

"... porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente (…)

"... porque María debe resplandecer más que nunca en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia (…) porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces “como un ejército en orden de batalla” sobre todo en estos últimos tiempos, porque el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.”



San Luis María Grignión de Montfort, "Tratado de la Verdadera Devoción"


domingo, 2 de abril de 2017

EL INTEGRISMO CATÓLICO: OASIS EN MEDIO DE LA APOSTASÍA


     Hoy reinan el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, doctrinas éstas que la Iglesia de ayer, la Iglesia ‘integrista’ condenó en diferentes oportunidades.
     En nuestros días, la Iglesia sufre una crisis espantosa, puede decirse que la peor de su historia dos veces milenaria.
     Nosotros, al igual que los católicos tradicionalistas, y contándonos entre ellos, señalamos al Concilio Vaticano II como desencadenante de la misma; y afirmamos que el Concilio contradice la enseñanza infalible y tradicional del Magisterio de la Iglesia, particularmente en las tres doctrinas que hemos señalado.


      Las posiciones constantes de la Iglesia que, en materia de fe, conforman la Integridad, no son propias de uno o nosotros, sino es igual de integrista que nosotros, y no puede dejar de serlo porque recibió el cometido, no de modificar la revelación divina (y todavía menos de inventar una nueva), sino de custodiarla  y explicarla fielmente. Al respecto nos enseña León XIII :

   «el mismo juicio que el Apóstol Santiago profiere sobre los delitos en el campo moral se ha de aplicar a los errores de pensamiento en materia de fe: ‹Porque quien observe toda la Ley, pero quebranta un sólo precepto, viene a ser reo de todos»

   Con mucha razón debe decirse eso de los errores de pensamiento. En efecto «[...] quien no asiente, aunque sea, aunque sea un sólo punto, a las verdades reveladas por Dios, Verdad suma y motivo propio de la fe». (Satis Cognitum).

      Examínese por ello cada quien si no ha embebido sin darse cuenta, no de modernismo, sino de aquél “espíritu modernista” contra el cual pone en guardia Benedicto XV, porque quien «se contagia de él, rechaza al instante con nausea todo lo que sabe a antiguo»

   «De ahí que queramos -prosigue el Papa- que permanezca intacta la conocida ley antigua: ‹No modifiquéis nada; contentaos con la tradición› (San Esteban I ); ley que mientras por una parte ha de observarse inviolablemente en las cosas de la fe, por otra debe servir también en todo lo que está sujeto a mudanza, de suerte que también en esto valga en general la regla ‹No cosas nuevas [sino las mismas], pero de modo nuevo» (Ad Beatissimi Apostolorum Principis).

EL PAPA NO PUEDE CAMBIAR LA DOCTRINA

      De ahí que estemos seguros de no equivocarnos si nos atenemos fielmente a lo que la Iglesia propone para que lo creamos, sea con su magisterio extraordinario infalible, ya con su magisterio constante ordinario, tan infalible como el primero. En cambio, temeríamos muchísimo disgustar a Dios y no ser ya discípulos de la Verdad si no nos plegáramos a «obedecer a los hombres antes que a Dios» (Act. 4, 19) en el triunfo actual del “espíritu privado” y, por ende, de las opiniones humanas. En efecto, ni siquiera al sucesor de Pedro se le ha dado el poder de mudar “una sola iota o un sólo ápice” de lo que Cristo reveló, y que la Iglesia durante dos mil años ha propuesto con su magisterio infalible para ser creído, porque «a los sucesores de Pedro de les prometió el Espíritu Santo no para que por su revelación enseñaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, custodiaran santamente y expusieran con fidelidad la transmitida por medio de los Apóstoles, o sea, el depósito de la fe» (Vaticano I, Denzinger 1836).




NECESIDAD DE CONVERSIÓN, VERDADERO ECUMENISMO

      Los panfletos que distribuyen a los fieles en las iglesias católicas, invitan a rezar «por los hebreos y los musulmanes, quienes creen en el Dios único que se reveló a Moisés, para que puedan participar del conocimiento pleno de Jesucristo, revelador del Padre».

      Así se insinúa en los católicos la falsa convicción de que a la judería y a la morisma tan sólo les falta el conocimiento “pleno” de Jesús, y que tienen alguno, bien que parcial. Pero ¿acaso es conocer parcialmente a “Jesucristo, revelador del Padre”, y no más bien negarlo, el decir, como hacen los moros, que Él no es el Hijo de Dios, consustancial al Padre, sino nada más que un profeta (inferior a Mahoma, por añadidura)? ¿Y se puede decir que los judíos, quienes siguen rechazando a Nuestro Señor Jesucristo como Mesías e Hijo de Dios, tienen de Él un conocimiento no “pleno” aún? En otras palabras: ¿debemos rezar para que moros y judíos lleguen al “conocimiento pleno” de Nuestro Señor Jesucristo o más bien para que se conviertan a Él?

      Así lo ha hecho siempre nuestra Santa Madre Iglesia, poniendo por obra sencillamente la palabra de Dios: «Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo quisiere revelárselo» (Mt. 11, 27), y «Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre» (I. Jn. 2, 23). En efecto, precisamente porque Jesucristo es el “Revelador del Padre”, quien no lo acepta tiene por eso mismo una idea falsa e inadecuada de Dios. Esta es la postura de los propios judíos luego de su rechazo a Jesucristo y en tanto persisten en el mismo.








PERVIERTEN LA NOCIÓN ETERNA DE LA VERDAD

      Que judíos y musulmanes crean “en el Dios único que se reveló a Moisés” no es doctrina católica: se trata de un embuste propalado a principios del siglo XX por el célebre apóstata Jacinto Loyson, ex dominico, más tarde carmelita descalzo, y a la postre, aseglarado (v. Enciclopedia Cattolica, voz Loyson), y difundida hoy de nuevo por sus hermanos modernistas, quienes «pervierten la noción eterna de la verdad» (San Pío X, Pascendi) también cuando quieren hacernos creer que el error no es error , sino tan sólo una verdad menos “plena”. 

      Con este sofismo (en buena lógica, decir “Jesús es Dios” y “Jesús no es Dios” no son en manera alguna una verdad “plena” y otra “menos plena”, sino que son una verdad y una falsedad, esto es, dos contrarios que se excluyen recíprocamente); con este sofismo, decíamos, se pretende hoy hacer entrar toda clase de impiedades, errores y hasta inmoralidades en el sagrado recinto de la verdad revelada, para que al desplome de la distinción entre la verdad y el error le siga fatalmente el derrumbe de la distinción entre el bien y el mal.




sábado, 1 de abril de 2017

PRIMER SÁBADO DE MES: DESAGRAVIEMOS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA



     Sor Lucía, la que fuera niña vidente de Nuestra Señora de Fátima, era en esos días una joven religiosa dorotea, que vivía en Pontevedra (España). 

     El 10 de Diciembre de 1925, tiene lugar una nueva Aparición de la Santísima Virgen con el Niño Jesús.

     El  Niño  Jesús  dice  a  Sor  Lucía:

     "Ten  piedad  del Corazón de tu Santa Madre circundado de espinas que los hombres ingratos lastiman a cada momento."

     La Virgen Nuestra Señora, apoyando la mano sobre la espalda de   Sor   Lucía,  agrega:

     "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación"



     La Devoción de los Primeros Sábados, tal como la pidió Nuestra Señora a Sor Lucía, vidente de Fátima, lleva la aseguranza de la salvación. Para sacar ganancia de tan grande promesa de nuestra Señora, sin embargo, debe entenderse bien la devoción y llevarse a cabo debidamente. Los requisitos, según los estipuló nuestra Señora, son:
  1. Confesión.
  2. Comunión.
  3. Rezo del Santo Rosario.
  4. Meditación sobre uno o más de los Misterios del Rosario por un cuarto de hora.
  5. Hacer todas estas cosas en el espíritu de reparación al Inmaculado Corazón de María.
  6. Observar estas prácticas el Primer Sábado de cinco meses consecutivos.



miércoles, 29 de marzo de 2017

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, DISPENSADOR DE GRACIAS

    "...conviene mucho que se acostumbre al pueblo cristiano a invocar con especial piedad y ánimo confiado, juntamente con la Virgen Madre de Dios, a su castísimo Esposo, el bienaventurado SAN JOSÉ… lo cual por motivos ciertos juzgamos que ha de ser agradable y conforme a los deseos de la misma Santísima Virgen.


     A la verdad, en esta devoción, de la cual por primera vez diremos algo en público, constituye ya una devoción popular no solo muy preferida sino ya prosperando en su desarrollo fijo… y esto porque el culto de José que en anteriores épocas, los Romanos Pontífices procuraron fomentar y propagar ampliamente, hemos visto, en estos últimos tiempos, hacer por doquiera seguros progresos, especialmente desde que Nuestro Predecesor PÍO IX, de feliz memoria, a petición de muchísimos Obispos, declaró al Santísimo Patriarca patrono de la Iglesia católica.

     En verdad, pues, hay motivo para que todos, de cualquier condición y lugar, se encomienden al patrocinio del bienaventurado SAN JOSÉ y confíen en él. En JOSÉ tienen los Padres de familia el modelo más excelente de la vigilancia y previsión paternas, tienen los esposos el dechado perfecto del amor, concordia y fidelidad conyugal, las vírgenes tienen el modelo y al mismo tiempo el protector de la protector de la virginal integridad. Poniendo ante sus ojos la imagen de JOSÉ, aprendan los que nacieron de linaje noble a conservar, aun en la ruina de sus fortunas, la dignidad… comprendan los ricos cuáles son los bienes que deben principalmente apetecer y con todas las fuerzas reunir.

     Mas los proletarios, los obreros, cuantos poseen inferior fortuna, a JOSÉ deben con derecho propio acudir, y de él aprender lo que han de imitar. Porque el, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y más santa de todas las mujeres, padre, en la opinión de los hombres, del Hijo de Dios, a pesar de todo esto, pasa su vida trabajando, y con el trabajo de sus manso y el ejercicio de su arte procura cuanto es necesario a la sustentación de los suyos. No es, por lo tanto, si se busca la verdad, vil la condición de los más pobres… y no solamente no hay en el trabajo de los obreros deshonor alguno, sino que puede, cuando se le junta la virtud, grandemente ennoblecerse el trabajo manual. JOSÉ, contento con lo suyo, aunque poco, sufrió con ecuanimidad y altura las estrecheces que iban necesariamente unidas a la escasez de los medios de sustento, o sea, que siguió el ejemplo de su Hijo, el cual, habiendo tomado la forma de siervo, con ser señor de todas las cosas, abrazó voluntariamente la mayor pobreza e indigencia. 


Papa León XIII, Carta Encíclica

“Quamquam Pluries“






sábado, 25 de marzo de 2017

LA ANUNCIACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, DÍA PRINCIPAL DE LOS ESCLAVOS DE NUESTRA SEÑORA




     San Luis María Grignión de Montfort, el Apóstol de la Esclavitud Mariana, tenía la Festividad de la Anunciación de Nuestra Señora, como el día principal para los Esclavos de María, pues en aquél día Nuestra Madre Bendita pronunció aquellas palabras que son compendio para un verdadero católico:


"Yo soy la esclava del Señor; 
hágase en mí lo que me has dicho".




PRÁCTICA EXTERIOR DE ENTREGA
como Esclavo de Amor a Nuestra Reina y Señora
 La Purísima Virgen María


     La primera es entregarse, en algún día señalado, a Jesucristo, por manos de María, cuyos esclavos nos hacemos, comulgar al efecto en ese día y pasarlo en oración. Y esta consagración ha de renovarse por lo menos todos los años en el mismo día.
      La segunda dar todos los años en el mismo día un pequeño tributo a la Santísima Virgen en testimonio de servidumbre y dependencia; tal es siempre el homenaje de los esclavos para con sus señores. Consiste, pues, este tributo en alguna mortificación, limosna o peregrinación, o en algunas oraciones. Lo importante es que, si no se le da mucho a María, debe al menos ofrecerse lo que se le presente con humildad y agradecido corazón.
       La tercera es celebrar todos los años con devoción particular la fiesta de la Anunciación, que es la fiesta principal de esta Devoción establecida para honrar e imitar la dependencia en que el Verbo Eterno por amor nuestro en este día se puso.


ORACIÓN DE LOS ESCLAVOS
 DE MARÍA NUESTRA SEÑORA


     Te saludo, María, Hija predilecta del Padre eterno. Te saludo, María, Madre admirable del Hijo. Te saludo María, Esposa fidelísima del Espíritu Santo. Te saludo, María, mi amada Madre, mi amable Señora, mi poderosa Soberana. Te saludo, mi gozo, mi gloria, mi corazón y mi alma. Vos sois toda mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por justicia. Pero todavía no lo soy bastante. De nuevo me entrego a Vos todo entero en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada ni para mí, ni para otros.


     Si algo veis en mí que todavía no sea vuestro, tomadlo en seguida, os lo suplico, y haceos dueña absoluta de todos mis haberes para destruir y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrade a Dios y plantad, levantad y producid todo lo que os guste.

     La luz de vuestra fe disipe las tinieblas de mi espíritu; vuestra humildad profunda ocupe el lugar de mi orgullo; vuestra contemplación sublime detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; vuestra continua vista de Dios llene de Su presencia mi memoria, la caridad de vuestro Corazón abrase la tibieza y frialdad del mío; cedan el sitio a vuestras virtudes mis pecados; vuestros méritos sean delante de Dios mi adorno y suplemento. En fin, queridísima y amadísima Madre, haced, si es posible, que no tenga yo más espíritu que el vuestro para conocer a Jesucristo y su divina voluntad; que no tenga más alma que la vuestra para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón que el vuestro para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como Vos.
     No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales. Para Vos el ver claro, sin tinieblas; para Vos el gustar por entero sin amargura; para Vos el triunfar gloriosa a la diestra de vuestro Hijo, sin humillación; para Vos el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto, sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de Dios.


     Esta es, Bienaventurada Virgen María, la mejor parte que se os ha concedido, y que jamás se os quitará, que es para mí grandísimo gozo. Para mí y mientras viva no quiero otro, sino el experimentar el que Vos tuvisteis: creer a secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas; morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte por Vos, sin interés, como el más vil de los esclavos. La sola gracia, que por pura misericordia os pido, es que en todos los días y en todos los momentos de mi vida diga tres amenes: amén a todo lo que hicisteis sobre la tierra cuando vivíais; amén a todo lo que hacéis al presente en el cielo; amén a todo lo que hacéis en mi alma, para que en ella no haya nada más que Vos, para glorificar plenamente a Jesús en mí, en el tiempo y en la eternidad. Amén.


EL SECRETO DE MARÍA
por San Luis María Grignión de Montfort




miércoles, 22 de marzo de 2017

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, VIVE EN CUERPO Y ALMA EN EL PARAÍSO


Acerca de la piadosa creencia de que el Glorioso San José, al morir para este mundo, no conoció la corrupción de la carne puesto que fue resucitado y ascendió a los Cielos con Cristo Nuestro Señor

     San Francisco de Sales:”¿Qué nos queda ya que decir sino que no debemos dudar ni en un punto que este glorioso Santo tenga gran valimiento con aquel que lo magnificó hasta llevárselo consigo en cuerpo y alma al Cielo?...Si es verdad lo que debemos creer que en virtud del Santísimo Sacramento que recibimos en nuestros corazones, nuestros cuerpos resucitarán en el día del Juicio Cómo podemos dudar que nuestro Señor haría subir consigo al cielo en cuerpo y alma al glorioso San José, que mereció la honra y la gracia de llevar con tanta frecuencia en sus benditos brazos a Jesús que en ellos tanto se complacía? ¡Cuántos besos le dio tiernísimamente con su boca bendita para recompensar en algún modo sus trabajos! Luego, sin duda ninguna, San José está en el Cielo en cuerpo y alma”.(Sermón de San José.



     San Bernardino de Sena (+ 1444) lo afirma claramente: “Piadosamente se ha de creer, pero no asegurar, que el piadosísimo Hijo de Dios, Jesús, honrase con igual privilegio que a su santísima Madre, a su padre putativo; de modo que como a esta la subió al cielo gloriosa en cuerpo y alma, así también el día de su resurrección unió consigo al santísimo José en la gloria de la resurrección; para que como aquella santa Familia –Cristo, la Virgen y José- vivió junta en la laboriosa vida y en gracia amorosa, así ahora en la gloria feliz reine con el cuerpo y alma en los cielos”(Sermo de S. Joseph, a. 3) 


     Padre Bonifacio Llamera, O.P.: "Parece razonable que la Familia Sagrada, integrada por Jesús, María y José, predestinada a iniciar la nueva vida divina del linaje humano con anterioridad a todos los demás cristianos, inicie también la vida gloriosa de la resurrección con anterioridad a todos los demás. Verdad es que Jesús y María son muy superiores a San José, pero esa superioridad no obstó para que el Santo Patriarca perteneciera a la Sagrada Familia y con nexo tan entrañable como el esponsal y paternal. No parece, pues, que estando ya resucitado Jesús, esté sin resucitar su padre, y estando ya resucitada María, esté sin resucitar su dignísimo esposo”...

     "...podemos, por tanto, creer que San José, nuestro amantísimo Patriarca, ha triunfado ya en cuerpo y alma, gozando como todos lo otros santos y de un modo absoluto, de la vida del alma, y también de la vidas del cuerpo, que a él principalmente le es debida, en la divina e inseparable compañía de Jesús y de María (La teología e San José, p. II, c. 6) 




martes, 21 de marzo de 2017

ROSARIO DE ALABANZAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN DESAGRAVIO DE LAS BLASFEMIAS




Existe una sociedad en la que cada miembro 
se compromete a decir, cada día, cincuenta blasfemias contra la Santísima Virgen María, 
en contraposición de la cual se ha publicado el siguiente...

 ROSARIO DE ALABANZAS
 A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
 EN DESAGRAVIO DE LAS BLASFEMIAS
 
 OFRECIMIENTO

¡Oh María, Madre mía Inmaculada! Deseando desagraviarte de las ofensas que recibe Tu Purísimo Corazón, especialmente de las blasfemias que se dirigen contra Ti, te ofrezco estas alabanzas con el fin de consolarte por tantos hijos ingratos que no te aman, y consolar el Corazón de Tu Divino Hijo a quien tanto ofenden las injurias dirigidas contra Ti. Dígnate, Dulcísima Madre mía, recibir éste mi pobre obsequio; haz que te ame cada vez más, y mira con ojos de misericordia a esos desgraciados para que no tarden en arrojarse es tus maternales brazos. Amén.

Dígnate que te alabe, Virgen Sagrada.
Dame virtud contra tus enemigos.

(*) Bendita sea la Excelsa Madre de Dios, María Santísima
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción
Bendita sea su Gloriosa Asunción a los Cielos
Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre
Bendito sea su Corazón Inmaculado
Bendita sea su Pureza Virginal
Bendita sea su Divina Maternidad
Bendita sea su Mediación Universal
Benditos sean sus Dolores y Lágrimas
Benditas sean las gracias con que el Señor la
Coronó como Reina de Cielos y Tierra
Gloria a María Hija del Padre, Gloria a María Madre del Hijo, 
Gloria a María Esposa del Espíritu Santo.

(Desde el * se repite cinco veces, y al final se añade):
Madre mía, te amo por los que no te aman, te alabo por los que te blasfeman,
 me entrego a Ti por los que no quieren reconocerte por Madre.


A.M.G.D. et B.M.V.M.C.


lunes, 20 de marzo de 2017

DE LAS PENAS DEL PURGATORIO



La absolución perdona las culpas mortales y la pena eterna se conmuta con la penitencia dada; pero ésta suele ser tan ligera que ha de continuarse en vida o en el Purgatorio.

Según dice San Vicente Ferrer, por un pecado venial se padece un año de Purgatorio; miremos los pecados cometidos y podremos calcular los años de Purgatorio que nos esperan. Y qué será de los pecados mortales que, aunque perdonados, debamos satisfacer del todo la culpa.

Las penas del Purgatorio parecen más largas de lo que son, porque las Almas saben el largo tiempo que han de sufrir , lo caro que han de pagar tan breves gustos, y que podrían haber podido enmendarse con facilidad y no lo hicieron.


Escucha a las Benditas Ánimas que nos dicen: “Cristianos, mirad lo largos y pesados que son nuestros sufrimientos. Tanto nos amabais antes y ahora nos tenéis olvidados entre atroces tormentos cuando más os necesitamos. Podéis aliviarnos con vuestras oraciones y sacrificios; no endurezcáis vuestros corazones y sed generosos con los que tanto os amaron en vida.”

domingo, 19 de marzo de 2017

NUESTRO PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ, PATRÓN DE LA IGLESIA UNIVERSAL


     Nuestro Padre y Señor San José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Si está indisociablemente unido con su Hijo y Esposa virginales en la Redención objetiva desde los inicios de Nazaret hasta el Calvario , es lógico también que proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio en la aplicación de sus frutos salvíficos en el tiempo de la Iglesia nacida del costado abierto de los tres Corazones unidos de la trinidad de la tierra hasta la Parusía, tanto a los vivos como a los difuntos que se purifican en el Bendito Purgatorio.





     También San José, a semejanza de Nuestra Señora, prestó su libre consentimiento a los planes divinos. El Glorioso Patriarca entregó todo su ser en  manos de Dios y aceptó los sufrimientos que le deben corresponder en el plan salvífico divino, ofreciéndolos en unión del Sacrificio de Cristo Redentor. Su sacrificio, aún sin presenciar en vida mortal el drama sangriento de la Pasión, fue perfecto. San José se inmoló a sí mismo silenciosamente, viviendo de forma anticipada en su corazón la Crucifixión dolorosísima de Cristo, las amarguras indecibles de su Santa Esposa.

     La Santa Iglesia de Dios busca en San José el mismo apoyo, la fortaleza, la defensa y la paz que supo proporcionar a la Sagrada Familia de Nazaret, que fue como el germen en que ya se encontraba contenida toda la Iglesia. 

     El Patrocinio de San José se extiende a toda la Iglesia Universal, la Militante, la Purgante y la Celestial, en todos los tiempos y en todas y cada una de sus necesidades, sin excepción, pues es Corredentor Universal y Mediador paternal de la dispensación del tesoro redentivo que ha contribuido a adquirir para nosotros.





sábado, 18 de marzo de 2017

"UN APREMIANTE LLAMADO A LA TIERRA"...se cumplen las Profecías de La Salette






"He aquí a la bestia con sus súbditos,
 diciéndose salvador del mundo..."


Jorge Mario Bergoglio, que usurpa la Sede de Pedro, besando la mano de unos judíos,
"que no agradan a Dios y son enemigos a todos los hombres".
(II Tesalonicenses, cap. 2, ver. 15)


En un acto "ecuménico" con el presidente de la Confederación Luterana


Con un "obispo" anglicano. El Papa León XIII ya aclaró en su día
 que los anglicanos habían perdido la Sucesión Apostólica 
por alterar el Rito de Ordenación Sacerdotal









viernes, 17 de marzo de 2017

"LA FLECHA DE ORO": PARA DESAGRAVIAR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y ABRIR LOS TORRENTES DE LA GRACIA PARA LOS PECADORES


Sor María de San Pedro fue una monja carmelita en Tours, Francia que vivió de 1816 a 1848.

     El 24 de Noviembre de 1843, Nuestro Señor le comunicó las siguientes palabras:

          La Tierra está repleta de crímenes. La violación de los primeros tres Mandamientos de Dios ha molestado a Mi Padre. El Santo Nombre de Dios ha sido blasfemado, y el Santo Día del Señor profanado, saturado de cantidad de iniquidades. Estos pecados se han acumulado hasta el Trono de Dios y han provocado Su Ira, la cual estallará pronto si Su Justicia no es apaciguada. Jamás han llegado estos crímenes a tal punto”.







     Anteriormente, Sor María de San Pedro había recibido una comunicación especial de Nuestro Señor el 24 de Agosto de 1843:

          “Él me abrió Su Corazón, y juntando allí las fuerzas de mi alma, se dirigió a mí con estas palabras: ‘Mi Nombre es blasfemado en todas partes. Hasta los niños me blasfeman’. Él me hizo entender que este espantoso pecado lastima penosamente Su Divino Corazón más que cualquier otro. Por medio de la blasfemia el pecador maldice el Rostro de Dios, lo ataca abiertamente, anula la Redención y pronuncia su propia condenación y juicio.

          La blasfemia es una flecha envenenada que siempre lastima su Divino Corazón. Él me dijo que desea darme una Flecha de Oro con la cual herir con delicias su Corazón y sanar esas heridas infligidas por la malicia de los pecadores".


     Este es el origen de la oración que casi todos conocemos, "La Flecha de Oro".

     En estos Comunicados del Cielo, se le pidió a Sor María de San Pedro hacer una comunión de reparación por la profanación dominical (pecado contra el Tercer Mandamiento).

     Sor María de San Pedro escribe:

... Nuestro Señor me ordenó comulgar los domingos por estas tres intenciones particulares:

  1) En espíritu de expiación por todas las tareas prohibidas que se hacen los domingos, que como día de observancia debe ser santificado;

  2) Para apaciguar la Justicia Divina que estaba a punto de descargarse a causa de la profanación de los días de guardar;

  3) Para implorar la conversión de aquellos pecadores que profanan los domingos, y para lograr la terminación del trabajo dominical prohibido”.





          Nuestro Señor dijo que esta oración desencadena un “torrente de gracia para los pecadores”. Vemos que el Cielo facilita nuestra colaboración en la salvación de las almas. Podemos aprender de memoria estas oraciones que el Cielo nos ha dado y repetirlas para consolar a Nuestro Señor y hacerle reparación. De eso de trata: el Cielo nos pide constantemente hacer reparación. 




jueves, 16 de marzo de 2017

COMO ÁNGELES ENTRE LOS HOMBRES


   Durante once siglos estuvo excluido del estado de clérigo todo el que hubiera cometido un solo pecado mortal después del bautismo, como lo recuerdan los concilios de Nicea (Can. 9, 10), de Toledo (1can. .2), de Elvira (Can. 76) y de Cartago (Can .68). Y si un clérigo después de las ordenes sagradas caía en pecado, era depuesto para siempre y encerrado en un monasterio, como se lee en muchas cánones (Cor, Iu. Can, dist. 81); y he aquí la razón aducida: porque la santa Iglesia quiere en todas las cosas lo irreprensible. Quienes no son santos no deben tratar las cosas santas (...). Y en el concilio de Cartago se lee: “Los clérigos que tienen por heredad al Señor han de vivir apartado de la compañía del siglo”. Y el concilio Tridentino va aún más lejos cuando dice que “los clérigos han de vivir de tal modo que su habito, maneras, conversaciones, etc., todo sea grave y lleno de unción (...). Decía San Crisóstomo que “el sacerdote ha de ser tan perfecto que todos lo puedan contemplar como modelo de santidad, porque para esto puso Dios en la tierra a los sacerdotes, para vivir como ángeles y ser luz y maestros de virtud para todos los demás” (...). El nombre de clérigo, según enseña san Jerónimo, significa que tiene a Dios por su porción; lo que le hace decir que el clérigo se penetre de la significación de su nombre y adapte a él su conducta (...) y si Dios es su porción, viva tan solo para Dios (...).


   El sacerdote es ministro de Dios, encargado de desempeñar dos funciones en extremo nobles y elevadas, a saber: honrarlo con sacrificios y santificar las almas. Todo pontífice escogido de entre los hombres es constituido en pro de los hombres, cuanto a las cosas que miran a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados [Hebr. 5, 1]. Santo Tomás escribe acerca de este texto: “Todo sacerdote es elegido por Dios y colocado en la tierra para atender no a la ganancia y riquezas , ni de estimas, ni de diversiones, ni de mejoras domesticas, sino a los interés de la gloria de Dios” (In Hebr., 5, lect. I). Por eso las escrituras llaman al sacerdote hombre de Dios [1 Tm 6, 11], hombre que no es del mundo, ni de sus familiares, ni siquiera de sí propio, sino tan solo de Dios, y que no busca más que a Dios. A los sacerdotes se aplican, por tanto las palabras de David: Tal de los que le buscan es la estirpe (Sal 25, 6); esta es la estirpe de los que busca a Dios solamente. Así como en el cielo destinó Dios ciertos ángeles que asistiesen a su Trono, así en la tierra, entre los demás hombres, destinó a los sacerdotes para procurar su gloria. Por esto les dice el Levítico Os he separado de entre los pueblos para que seáis míos [Lev 20, 26]. San Juan Crisóstomo dice: “Dios nos eligió para que seamos en la tierra como ángeles entre los hombres” (...).


San Alfonso María de Ligorio
"La dignidad y santidad sacerdotal"