jueves, 18 de abril de 2019

LA DOLOROSA AGONÍA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL EL HUERTO DE GETSEMANÍ, Segunda Reflexión para el Jueves Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"


            En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 

Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
y de Mis confidencias con las almas. 




            Getsemaní Josefa, ven Conmigo, vamos a Getsemaní... Deja que tu alma se penetre de los mismos sentimientos de tristeza y amargura que inundaron la mía en aquella hora.

               Después de haber predicado a las turbas, curado los enfermos, dado vista a los ciegos, resucitado a los muertos... después de haber vivido tres años en medio de Mis Apóstoles para instruirlos y confiarles Mi Doctrina... les había enseñado, con Mi ejemplo, a amarse, a soportarse mutuamente, a practicar la caridad lavándoles los pies y haciéndome Su alimento. Se acercaba la hora para la que el Hijo de Dios se había hecho hombre... Redentor del género humano, iba a derramar Su Sangre y dar Su vida por el mundo... En esa hora quise ponerme en oración y entregarme a la Voluntad de Mi Padre. ¡Almas queridas! 

               Aprended de vuestro modelo que la única cosa necesaria, aunque la naturaleza se rebele, es someterse con humildad y entregarse a la Voluntad de Dios. También quise enseñar a las almas que toda acción importante debe ir prevenida y vivificada por la oración, porque en la oración se fortifica el alma para lo más difícil y Dios se comunica a ella, y la aconseja e inspira, aun cuando el alma no lo sienta. Me retiré al huerto con tres de Mis Discípulos para enseñaros, almas amadas de Mi Corazón, que las tres potencias de vuestra alma deben acompañaros y ayudaros en la oración. Recordad con la memoria los beneficios divinos, las perfecciones de Dios; Su Bondad, Su Poder, Su Misericordia, el Amor que os tiene. 

               Buscad después con el entendimiento cómo podréis corresponder a las maravillas que ha hecho por vosotras... Dejad que se mueva vuestra voluntad, a hacer por Dios lo más y lo mejor, a consagraros a la salvación de las almas, ya por medio de vuestros trabajos apostólicos, ya por vuestra vida humilde y oculta, o en el retiro o silencio por medio de la oración. Postraros humildemente, como criaturas en presencia de su creador, y adorad Sus designios sobre vosotras, sean cuales fueren, sometiendo vuestra voluntad a la divina. Así me ofrecí Yo para realizar la obra de la Redención del mundo. ¡Ahí ¡Qué momento aquel en que sentí venir sobre Mí todos los tormentos que había de sufrir en Mi Pasión: las calumnias, los insultos, los azotes, la corona de espinas, la sed, la Cruz!... Todo se agolpó ante Mis ojos y dentro de Mi Corazón.

               Al mismo tiempo vi las ofensas; los pecados y las abominaciones que se cometerían en el transcurso de los siglos, y no solamente los vi, sino que me sentí revestido de todos esos horrores y así me presenté a Mi Padre Celestial para implorar Misericordia. Me ofrecía como fiador para calmar Su Cólera y aplacar Su Ira. Pero viendo tanto pecado y tantos crímenes, Mi naturaleza humana experimentó terrible angustia y mortal agonía, hasta tal punto, que sudé sangre. ¡Oh! Almas que me hacéis sufrir de esta manera, ¿será esta Sangre salud y vida para vosotras?... ¿Será posible que esta angustia, esta Agonía y esta Sangre sean inútiles para tantas y tantas almas?... Aquí nos quedaremos hoy, Josefa. Permanece a mi lado en Getsemaní y deja que mi Sangre riegue y fortifique la raíz de tu pequeñez. 


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez




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