martes, 17 de septiembre de 2019

LA ESTIGMATIZACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS; el fenómeno místico reservado a las almas santas




               Breve relato de cómo San Francisco de Asís recibió los Sagrados Estigmas de la Pasión:

               "Llegó el día siguiente, o sea, el de la fiesta de la Cruz , y San Francisco muy de mañana, antes de amanecer, se postró en oración delante de la puerta de su celda, con el rostro vuelto hacia el oriente; y oraba de este modo:

          - Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido me concedas antes de mi muerte: la primera, que yo experimente en vida, en el alma y en el cuerpo, aquel dolor que Tú, dulce Jesús, soportaste en la hora de Tu acerbísima Pasión; la segunda, que yo experimente en mi corazón, en la medida posible, aquel amor sin medida en que Tú, Hijo de Dios, ardías cuando te ofreciste a sufrir tantos padecimientos por nosotros pecadores.

               Y, permaneciendo por largo tiempo en esta plegaria, entendió que Dios le escucharía y que, en cuanto es posible a una pura creatura, le sería concedido en breve experimentar dichas cosas. 

               Animado con esta promesa, comenzó San Francisco a contemplar con gran devoción la Pasión de Cristo y Su infinita Caridad. Y crecía tanto en él el fervor de la devoción, que se transformaba totalmente en Jesús por el amor y por la compasión. Estando así inflamado en esta contemplación, aquella misma mañana vio bajar del Cielo un Serafín con seis alas de fuego resplandecientes. El serafín se acercó a San Francisco en raudo vuelo tan próximo, que él podía observarlo bien: vio claramente que presentaba la imagen de un hombre crucificado y que las alas estaban dispuestas de tal manera, que dos de ellas se extendían sobre la cabeza, dos se desplegaban para volar y las otras dos cubrían todo el cuerpo.

               Ante tal visión, San Francisco quedó fuertemente turbado, al mismo tiempo que lleno de alegría, mezclada de dolor y de admiración. Sentía grandísima alegría ante el gracioso aspecto de Cristo, que se le aparecía con tanta familiaridad y que le miraba tan amorosamente; pero, por otro lado, al verlo clavado en la Cruz, experimentaba desmedido dolor de compasión. Luego, no cabía de admiración ante una visión tan estupenda e insólita, pues sabía muy bien que la debilidad de la pasión no dice bien con la inmortalidad de un espíritu seráfico. Absorto en esta admiración, le reveló el que se le aparecía que, por disposición divina, le era mostrada la visión en aquella forma para que entendiese que no por martirio corporal, sino por incendio espiritual, había de quedar él totalmente transformado en expresa semejanza de Cristo Crucificado.

              Durante esta admirable aparición parecía que todo el monte Alverna estuviera ardiendo entre llamas resplandecientes, que iluminaban todos los montes y los valles del contorno como si el sol brillara sobre la tierra. Así, los pastores que velaban en aquella comarca, al ver el monte en llamas y semejante resplandor en torno, tuvieron muchísimo miedo, como ellos lo refirieron después a los hermanos, y afirmaban que aquella llama había permanecido sobre el monte Alverna una hora o más. Asimismo, al resplandor de esa luz, que penetraba por las ventanas de las casas de la comarca, algunos arrieros que iban a la Romaña se levantaron, creyendo que ya había salido el sol, ensillaron y cargaron sus bestias, y, cuando ya iban de camino, vieron que desaparecía dicha luz y nacía el sol natural."




Nuestro Señor concede a San Francisco la gracia
de liberar del Purgatorio a sus frailes y devotos

               "En esa Aparición seráfica, Cristo, que era quien se aparecía, habló a San Francisco de ciertas cosas secretas y sublimes, que San Francisco jamás quiso manifestar a nadie en vida, pero después de su muerte las reveló, como se verá más adelante. Y las palabras fueron éstas:

          - ¿Sabes tú -dijo Cristo- lo que Yo he hecho? Te he hecho el don de las Llagas, que son las señales de Mi Pasión, para que tú seas Mi portaestandarte. Y así como Yo el día de Mi Muerte bajé al Limbo y saqué de él a todas las almas que encontré allí en virtud de estas Mis Llagas, de la misma manera te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al Purgatorio y saques de él, por la virtud de tus llagas, a todas las almas que encuentres allí de tus tres Órdenes, o sea, de los Frailes Menores, de las monjas y de los terciarios, y también las de otros que hayan sido muy devotos tuyos, y las lleves a la Gloria del Paraíso, a fin de que seas conforme a Mí en la muerte como lo has sido en la vida..."


"Florecillas de San Francisco de Asís" 
recopilación de episodios de la vida de San Francisco
y de sus primeros compañeros que se realizó hacia fines del siglo XIII.




La Estigmatización 
fenómeno místico reservado a las almas santas

               Los fenómenos místicos son manifestaciones extraordinarias que normalmente, acontecen en almas que tienen un trato asiduo con Dios; estos fenómenos se pueden desarrollar en el campo intelectual, en el afectivo, en el orgánico o en los tres a la vez. La mayor parte de los fenómenos místicos extraordinarios los producen las llamadas gratis dadas, que tienen por objeto inmediato o directo, no la propia santificación del que la recibe, sino la utilidad espiritual del prójimo, que se concede a un sujeto por encima del mérito de la persona, para que coopere a la utilidad de los demás y a la santificación de la Iglesia. 

              Según que la acción divina tenga su foco y asiento principal en el entendimiento, la voluntad o en el organismo del que los experimenta, podemos clasificar los fenómenos místicos en :

          1) Fenómenos de orden cognoscitivo/intelectual: visiones, locuciones, revelaciones, discernimiento de espíritus, hierognosis y otros. Así las llamadas apariciones marianas se pueden clasificar dentro de los fenómenos místicos extraordinarios, como revelaciones privadas.

          2) Fenómenos de orden afectivo : el éxtasis y los incendios de amor.

          3) Fenómenos de orden natural/orgánico: la estigmatización, las lágrimas y el sudor de sangre, la renovación o cambio de corazones, la inedia o el ayuno prolongado, la privación del sueño, la agilidad, la bilocación, la levitación, la sutileza, la luminosidad, el perfume sobrenatural. 


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